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En la peluquería

En la peluquería

Escrito por: Van Cleef13 agosto, 2018
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Rigoberto se miró al espejo y llegó a la conclusión de que ya tocaba peluquero. Además, le apetecía que Remigio, el principal accionista y empleado de Remigio's Style Hair, le informase sobre los principales acontecimientos acaecidos en el barrio, en la ciudad y en el mundo en general, mientras le iba cortando el pelo al son de ese rapidísimo castañeteo de la tijera que solo él sabía manejar con tanta destreza.

Salió de casa y se encaminó hacia Remigio's. Pero al llegar al local se llevó un buen chasco al ver la trapa bajada. "CERRADO POR VACACIONES", rezaba un cartel escrito a mano y pegado en el cristal, justo al lado de la foto de un adonis que lucía un envidiable pelo perfectamente cortado y que sonreía abiertamente, como siendo consciente de que su belleza era exclusivamente producto de haber elegido Remigio's para el arreglo de su cabellera.

- ¡Maldita sea! -exclamó Rigoberto.

Hacía solo un par de días que había visto el local abierto. Y como Remigio se tomaba siempre un mes completo de vacaciones, ese sería más o menos el tiempo que debería esperar para su corte de pelo. Pero no podía esperar tanto. Ya lo tenía demasiado largo; especialmente las cejas, que comenzaban a dificultarle la visión. Decidió que iría a cortárselo a otro sitio.

Recordó que a un par de manzanas había otra peluquería de las de toda la vida. Desde que tenía uso de razón siempre la había visto allí. Había pasado mil veces por delante y recordaba ver a un hombre alto, de pelo blanco, dedicado concentradamente a su tarea. Y recordaba también el sonido de ese castañeteo de la tijera, a la vieja usanza. Sí; podía ser una buena opción. Decidió dirigirse allí.

Comprobó al acercarse que el negocio estaba abierto. "PELUQUERÍA PASCUAL", decía un viejo cartel al que le faltaban un par de letras. Abrió la puerta y entró con cierta curiosidad. El recinto era pequeño. Suelo de baldosas blancas. Un único sillón, estilo siglo XIX, para acomodar a los clientes, y que en ese momento estaba ocupado por un caballero al que Pascual le cortaba el pelo. Tres sillas vacías para los clientes en espera, un perchero vertical de madera y un revistero con algunos periódicos y revistas colocados en él de cualquier manera era casi todo el mobiliario.

- Buenas tardes -saludó Rigoberto- ¿Tiene hoy más clientes, además de este señor?

- No -respondió el peluquero- Enseguida acabo con él. Siéntese un momento y lea la prensa si quiere.

Rigoberto obedeció y se sentó en una silla. Estuvo observando durante un minuto las maniobras profesionales de aquel tal Pascual con el cliente, como si quisiera cerciorarse de que lo de "acabar con él" no tuviese que ver con ninguna práctica delictiva. Luego echó un vistazo al revistero y cogió un par de periódicos. Todos hablaban en su portada de la noticia paleontológica del siglo. Unos nuevos yacimientos habían aflorado los restos fósiles de Tyrannosaurus Rex mejor conservados del mundo. Quedaba demostrado de manera incuestionable que los Tyrannosaurus tenían una lengua casi idéntica en sus características a la de las mariposas. A pesar del aspecto terrorífico de su dentadura, quedó probado que los Tyrannosaurus se alimentaban exclusivamente del néctar de las numerosas y grandes flores que poblaban el Mesozoico. También se descubrieron restos muy bien conservados de su piel, que no era, como siempre se había especulado, ni de color marrón ni verdoso, sino fucsia pálido, salpicada con simétricos lunares amarillos. No faltó quien bromeara asegurando que parecía un dinosaurio ataviado por Ágatha Ruiz de la Prada...

La noticia había conmocionado al mundo entero. Aquellos terribles lagartos, en el fondo se comportaban cual gigantescos mariposones alimentándose de flor en flor... El mismísimo Steven Spielberg se vio obligado a pedir disculpas públicamente.

Pero aquello no le interesaba demasiado a Rigoberto. Dejó aquellos periódicos y cogió otro al azar. Era el As. Se alegró. Así podría informarse debidamente de todo lo relativo al Real Madrid. Pudo saber, por ejemplo, que el club estaba interesado en un 9; además de en un 4, un 6, un 8 y un 11. Y había varios candidatos para cada uno de ellos. También aseguraban que algunos se dejaban querer. De otros, mostraban sus pensamientos íntimos, asegurando que querían dejar el club y las razones personales para querer hacerlo.

Le dio un poco de pena que el actual cliente se levantase para irse y que ya le tocara a él mismo sentarse en el sillón, sin haberle dado tiempo a empaparse de aquellas noticias tan interesantes.

Tras marcharse aquel cliente, el peluquero le indicó que se sentara en el viejo sillón. Le cubrió con una sábana hasta el cuello y le preguntó mirándole a través del espejo:

- Bueno, amigo. El pelo. ¿Cómo lo quiere?

- ¿Sería capaz de dejármelo tal cual está, pero un poco más corto?

- ¿Que si soy capaz? ¡Está usted hablando nada menos que con Pascual! ¡El peluquero de peluqueros! ¡Cincuenta años de experiencia me avalan! ¿Quiere que empiece por las cejas? Así podrá usted ver con claridad cómo le corto el resto.

- Buena idea. Comience.

- No le he visto nunca por aquí, ¿verdad? -preguntó Pascual mientras trajinaba con la tijera y el peine.

- Soy nuevo en la ciudad -mintió Rigoberto, para evitarse el rencor del peluquero por no haber sido cliente suyo con anterioridad.

- Es una buena ciudad, sí señor. Tiene de todo. Y buen equipo de fútbol. ¿Le gusta el fútbol?

- Sí, un poco.

- ¿De qué equipo es? Si no es indiscreción, claro...

- Del Madrid -respondió Rigoberto recordando el As en el revistero. Le constaba que cualquiera que leyera el As era madridista por definición; y no quería llevarse mal con alguien armado de tijeras tan cerca de él. Además, era muy cierto que era seguidor del Madrid.

- Así me gusta. Un tipo que sabe elegir bien. Yo también lo soy. Lástima que sucedan cosas tan malas en nuestro club. ¿Le gusta que hablemos de fútbol o prefiere hacerlo del "tiranosaurio" ese de las narices? ¡Tengo un nieto que no ha parado de llorar desde que se enteró!

-¿Qué cosas malas suceden en nuestro club? ¿A qué se refiere?

- ¡Pero hombre! ¿No lee usted el As, o el Marca? Son los que mejor informados están acerca del Madrid. Todos los madridistas los leemos si queremos estar al corriente. ¿Usted no?

- Solo lo que me da tiempo en las peluquerías...

- Pues sepa que la cosa no anda nada bien. Falta gol, falta portero, falta defensa, sobra centro del campo...

- Así no vamos a ninguna parte... Pero el caso es que hace nada hemos ganado la tercera Champions consecutiva.

- Sí; pero no siempre vamos a tener tanta suerte, ni siempre nos van a beneficiar esos arbitrajes que llegan a ser escándalos mundiales.

- ¿Y qué nos recomienda hacer la prensa madridista?

- Fichar. Y cuanto más mejor. Eso es lo que hay que hacer. Pero claro... el club no debe de tener ni un céntimo para ello.

- ¿En serio? ¿Eso dice la prensa?

- Al menos es lo que dejan entrever. Si hubiera dinero se ficharía, ¿no? ¡Y todo por culpa de este presidente! ¡Que encima es el que hace las alineaciones!

- ¿El alineador no era Zidane?

- ¡Pero hombre! ¿Cuánto hace que no se corta usted el pelo? Zidane ya no está. Ahora es Lopetegui el entrenador...

- Vaya, vaya...

- Pero da lo mismo quién sea, mientras continúe Florentino al mando...

- Pues se comenta que va para largo.

- Ese es el problema. Ya le dije que la cosa no andaba nada bien. Y menos mal que tenemos al As y al Marca para informarnos de los chanchullos en los que debe de andar metido el Madrid...

- ¡Con toda esa corrupción, a veces dan ganas de cambiarse de equipo! Una vez estuve a punto de hacerme del Atlético...

- Pues por lo menos no se les conocen tantos tejemanejes como al Madrid. Yo le voy a confesar que una vez estuve a punto de cambiarme al Barcelona. Ningún escándalo, ningún problema, ningún lío... Y cuando ganan lo hacen de manera limpia y espectacular. ¿Recuerda la remontada ante el PSG...?

- No pude verla, pero leí que fue apoteósica.

- ¡Una gesta! Todos los periódicos y todos los programas deportivos estuvieron de acuerdo en ello.

- Pues si lo dijeron ellos, que de esto de fútbol saben un rato, tuvo que serla de verdad.

- Nosotros ganamos Champions, sí. Pero con penaltis dudosos y lesionando a los contrarios...

- ¿Eso está demostrado?

- No. Pero si la prensa lo insinúa, es porque tienen serias razones para hacerlo. ¡No van a hablar mal de un equipo español gratuitamente!, ¿no cree?

- Desde luego que no. Y menos del Madrid, que todos dicen que es el equipo favorito de los medios...

- Lo que pasa es que la prensa tiene que ser objetiva. Y cuentan lo que ven, lo que oyen, lo que intuyen y la información fidedigna de que disponen. Nos guste esa información o no.

- Como no puede ser de otra manera.

- Por supuesto. ¡Bueno, pues ya he terminado! ¿Qué le parece? ¿Se lo corto más?

Rigoberto había estado distraído con la conversación y apenas había echado un par de miradas al espejo durante la misma. Ahora veía por primera vez el resultado final.

- ¡Pero si me lo ha cortado al cero!

- ¡Anda! Pues es verdad... Confieso que me vino la imagen de Rubiales a la mente (se parece usted un poco a él) y me he dejado llevar. Pero no se preocupe; le cobraré lo mismo que por un corte normal y corr