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El villorrio

El villorrio

Escrito por: Mario De Las Heras21 enero, 2017
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No se ha ido la flor, que nunca significó algo demasiado importante en comparación a todo lo demás, sino el gol. La metáfora definitiva está en el teñido de Peñaranda, que son varios años de mechitas de Coentrao juntas en una sola tarde de enero. Quince minutos de pases alucinantes acotando el campo no parecen nada sin ese señor con tantas personalidades que no parece querer saber nada del Madrid en los últimos tiempos.

No resuelve Ronaldo ante Kameni, una historia larga y conocida como este Madrid campeón que no ha cambiado, sólo se muestra agotado (y sin goles suficientes para soportarlo) a partir del minuto sesenta, aunque parezca que sí.

Lucas Quinto se echa al foso de las fieras con un cuchillo entre los dientes y una sonrisa y después aparece silbando por detrás de todos los espectadores que miran allí abajo a ver si lo han despedazado.

Kroos no es un futbolista sino un delineante y el campo es un estudio y su pie un portaminas. El susto del Chori y esos pocos minutos en el bosque de Blair no hubieran sido lo mismo con tres goles a favor que hace unas semanas hubieran estado en el marcador para que un sector del Bernabéu no pudiese pitar.

¡Ay!, la flor. Que no, que no se ha ido porque nunca estuvo tanto como para irse. No al menos como Marcelo, qué dolor, el último en marcharse, o como Bale, Cristiano, Isco, Lucas, Kroos... Una plantilla entera abocada a desaparecer por etapas.

El Bernabéu es como un escenario con un foco solitario bajo cuya luz va apareciendo por turnos un futbolista. Paul McCartney cantando Yesterday en el Covent Garden ante la realeza. Nacho bajo el foco interpretando Help. Eso sería al comienzo de la segunda parte. Mucho después, siglos después de los goles de Ramos, embotellados y con polvo en la bodega mientras en la mesa servían 'Juanpi', cosecha del sesenta y dos.

Todos los goles no convertidos del Madrid son una losa. Esos goles vuelven exigiendo una reparación como fantasmas del pasado frente a los que veo luchar a Lucas desde el lateral derecho. Casemiro es uno de los que parece asustado sin acabar de sobreponerse. El fantasma de Cristiano es Kameni y todo lo que le rodea: los palos, su aura, su túnica.

Al Madrid le quedan veinte minutos hecho un castillo de Canterville, frío y con ruidos extraños. La familia yanqui y ruidosa es el Málaga, que sin embargo sufre los rigores de lo impenetrable.

Zidane lo observa todo desde una rama con las cejas juntas y las alas plegadas. Observa el cansancio de sus jugadores, pero mayor es el de la serenata triste de buena parte del público, el réquiem, que se une al vuelo acostumbrado de los buitres.

Gana el Madrid tras una contemporización postrera, un juego indescriptible y válido, porque no le queda más. Un vacío que sube entre el polvo desde las piernas hasta el caletre, como los Snopes haciéndose poco a poco con el villorrio de Faulkner. Que venga ya la primavera.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

3 comentarios en: El villorrio

  1. El gol de Cristiano volverá en Balaidos en forma de hat-trick. Y a la fiesta de CR7 se unirán muchos de los que hoy le pitaban desde la grada.
    Historia por hacer.