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El Real Madrid de Cristiano Ronaldo y el Barcelona de Leo Messi

El Real Madrid de Cristiano Ronaldo y el Barcelona de Leo Messi

Escrito por: Quillo Barrios7 septiembre, 2019
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Hace años, cuando el Barcelona se mostraba casi intratable, los ojos del mundo futbolístico se posaban sobre Pep Guardiola. Había implantado un estilo reconocible y que funcionaba. El equipo blaugrana basaba su superioridad en una posesión elevada que casi siempre acababa por dentro pese a que muchas veces nacía en los costados. La figura del entrenador flotaba por encima del resto, aunque existía otra que, en la mayoría de encuentros, ponía su acento para darle sentido a todo: Leo Messi.

Han pasado los años, y el tiempo, juez impasible y siempre honesto, ha acabado arrojando la conclusión de que aquel Barça, ese que trituraba a los rivales hasta que Mourinho llegó a España para triturarlo a él, tenía más acento argentino que catalán. Messi era el silencioso contexto en el que basaba sus planteamientos Pep Guardiola. Sin Leo, el técnico ha sido incapaz de hacer algo importante en Europa. No pudo mantener en la cumbre continental al Bayern y no está sabiendo trasladar a la Champions League el dominio del Manchester City en Inglaterra.

En el Real Madrid pasa algo parecido, aunque el debate se intuye más profundo, quizá por la cercanía de los hechos. El equipo blanco conquistó tres Champions seguidas bajo la batuta de Zinedine Zidane. Sería de necios obviar el impacto positivo que tuvo el preparador francés en el equipo. Cogió un vestuario deprimido y lo devolvió en lo más alto. De hecho, sigo manteniendo que su gestión humana y futbolística en la temporada 2016/2017 fue revolucionaria. Sin embargo, el nombre de Cristiano Ronaldo se pronuncia muy poco -o eso me parece a mí- cuando se recuerda la maravillosa etapa. Será por su marcha, dolorosa y algo turbia, o por ese carácter indomable que convertía su relación con el madridismo en algo parecido al amor-odio, pero lo que es evidente es que muchos le niegan su extraordinaria importancia en ese inolvidable Real Madrid.

Mi intención no es la de menospreciar a Zidane y tampoco infravalorar su trabajo -ya he hablado de su impacto y de esa gestión revolucionaria-. Tampoco voy a decir que Cristiano Ronaldo ganó los títulos él solito. Lo que sí pienso es que fue el Real Madrid de Cristiano. Hay que comprender que estamos ante un futbolista de época, de esos que se ven una vez cada treinta o cuarenta años. Sus comienzos en el Santiago Bernabéu no fueron fáciles, ya que llegó a un club en (re)construcción y ante un Barcelona -el de Messi- imponente. Pese a ello, acabó imponiendo su ley -primero con una Copa inolvidable, luego con una Liga incontestable y más tarde siendo un rodillo en Europa-.

Cristiano Ronaldo fue tan importante que él mismo era el estilo. Era capaz de definir la forma de jugar del equipo o de darle sentido a todo. Hablamos, además, de un hombre que ya había ganado la Champions League con Carlo Ancelotti y Sir Alex Ferguson. ¿Cuántos futbolistas en la historia pueden decir que conquistaron Europa con tres entrenadores diferentes siendo siempre decisivos? La mágica noche ante el Woflsburgo, la brutal eliminatoria contra el Bayern, la noche en la que trituró al Atlético de Madrid, el doblete en la final de Cardiff, su irrupción para evitar que la Juve firmase una remontada histórica en el Bernabéu...

Han pasado unos cuantos meses y el Real Madrid ha perdido su seña de identidad. No sabemos a qué juega y tampoco qué pretende cuando tiene el balón. Quizá tampoco se sabía en muchos momentos de los últimos años, pero, de repente, Cristiano Ronaldo entraba en contacto y todo cobraba sentido. Algunos responderán a esto diciendo que el portugués no ha ganado la Champions League con la Juventus, algo que minimizaría el debate hasta casi el ridículo. Para empezar porque su mejor etapa ya pasó, y para terminar porque, evidentemente, aquel Real Madrid que él mismo lideró tenía una plantilla descomunal -muchos de sus futbolistas estaban en su plenitud futbolística- y un entrenador que supo entender y cuidar a Cristiano. Precisamente Zidane fue el primero en darse cuenta que aquel equipo era del portugués. Los descansos programados, su reconversión en delantero centro, las acciones diseñadas para él. Conectar con Cristiano dentro y fuera del campo era sinónimo de victoria.

¿Os acordáis del Real Madrid de Di Stéfano? ¿Y de la Argentina de Maradona? ¿Volvemos al Barcelona de Messi? Hay equipos grandes y etapas gloriosas, pero, en ocasiones, los derechos de autor no son colectivos y tampoco están en el banquillo.