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El partido acaba cuando el Madrid lo dice

El partido acaba cuando el Madrid lo dice

Escrito por: Hank3 agosto, 2022
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Hace ya unos días, las casas de apuestas dieron a conocer una lista de favoritos para ganar la próxima edición de la Champions League, cuya final tendrá lugar el 10 de junio de 2023 en el Estadio Olímpico Atatürk de Estambul (por si quieren ir reservando la fecha). Debo confesar que no me sorprendió demasiado no encontrar al Real Madrid en la primera plaza, pese a ser el actual defensor del título. El favorito, como cada año a pesar de no haber llegado más que a una final en los últimos 6, es el Manchester City comandado por Josep Guardiola. Suponemos que se considera el fichaje de Haaland como la pieza maestra que le faltaba al proyecto del catalán en el equipo británico y que, ahora sí que sí, la Champions caerá por su propio peso.

Haaland motosierra

Algo más me sorprendió ver al equipo blanco (reitero, actual campeón) tan abajo en la lista: quinto y empatado en porcentaje al Chelsea con un 6,4%, y por detrás de prácticamente todos los equipos a los que batió en las rondas finales de la pasada edición: City (22,3%), Liverpool (15,2%), PSG (12,8%) y Bayern (10,4%). De la misma forma, la UEFA publicó esta pasada semana el ranking de equipos y el Madrid, pese a haber conquistado la última Orejona y haber llegado a semis en la anterior edición, apenas supera al Chelsea en la cuarta posición y permanece por detrás de Bayern, Liverpool y Manchester City respectivamente. Sí, sé que el ranking se refiere a los últimos cinco años, pero es que tampoco veo a ningún otro equipo con un bagaje como el del Madrid, único equipo que de las últimas cinco Champions ha ganado dos (y unas semis). Igual deberían replantearse ese seguramente ultra complejo sistema de puntos con el que cuentan en la actualidad cuando el único equipo que ha ganado dos veces en los últimos cinco años no está ni en el podio siquiera.

Voy a resistir la tentación y no soltar esa frase tan manida y arrogante como cierta de “no han aprendido nada” con respecto a la constante infravaloración del equipo vikingo, principalmente porque nunca me han importado excesivamente estos rankings. Y, sobre todo, porque nada tienen que ver con una competición tan indómita, salvaje e impredecible como la Champions League. Es una competición tan caótica que en ocasiones nadie la entiende, y precisamente por este motivo un equipo tan acostumbrado a navegar entre los mares de la incertidumbre y surcar los oleajes de las dudas y las críticas como el Real Madrid es el que en más ocasiones se la ha llevado a casa.

Escuchaba a Pepe Herrero hace poco (lamento no recordar con seguridad en qué colaboración para poder citarla) que cuando participó en el programa GH que acabó ganando con la mayor autoridad jamás vista, planteó con su equipo una estrategia basada en el objetivo no de ganar Gran Hermano, sino de no perderlo. Y creo que no hay mejor comparación posible para definir lo que verdaderamente significa la Champions League: una copa que pocas veces gana el “mejor equipo de Europa” sino el que mejor sobrevive a ella. Se recuerdan en los últimos años como grandes favoritos han tenido una noche extraña o mala ante rivales supuestamente inferiores que les ha costado abandonar cabizbajos el sueño de la Champions, como la noche del Barça ante la Roma o las del City ante el Mónaco o el Lyon. Reconozco que estos ejemplos han sido estratégica y cuidadosamente elegidos, sí.

Tanto PSG como Chelsea o City han vivenciado con ojos desencajados no solo cómo el Madrid se levantaba una y otra vez tras cada uno de los gol(p)es que recibía, sino que cuando los devolvía lo hacía con una contundencia demoledora que les fue dejando uno a uno sin respuesta posible

La Copa de Europa es una competición que exige a los equipos algo más de un 100% de concentración y un plus extra de capacidad de respuesta ante las adversidades, que siempre aparecen. No en vano, estoy convencido de que cada madridista es capaz de recitar de carrerilla cada momento de dificultad que el equipo atravesó a la hora de conseguir aquellas cuatro de cinco Champions. Los minutos de Casemiro en Dortmund y el sufrimiento previo al gol de Ramos en Lisboa en 2014; la eliminatoria con remontada ante el Wolfsburgo en 2016; la eliminatoria contra el Bayern en 2017 y el amago de remontada del Atleti antes de la obra de arte de Benzema sobre la línea del Calderón; y las vueltas ante la Juve y Bayern en 2018. En todos esos momentos, el Real Madrid tuvo que llevar al límite cuanta cualidad le pilló a mano para sobrevivir a semejantes agonías: oficio, solidaridad, calidad individual, esfuerzo físico…y fútbol, por supuesto. Ese Real Madrid, y ahora lo vemos con perspectiva, era un equipo repleto de auténticas leyendas en su plantilla. El mejor equipo de Europa. Y aun así sufrió de lo lindo para colocar cada una de esas hermosuras en su respectivo lugar de nuestras vitrinas. Por todo esto se me antoja tan complicado e injusto relacionar la palabra “favorito” con este torneo. Sólo hay una cosa que me produzca una mayor contrariedad, y es pensar, aunque sea mínimamente, que a ese mismo equipo al que vimos hace apenas unos meses ganar la competición más difícil del mundo (aunque algunos insistan en que son solo siete partidos de nada) de la manera más místicamente imposible que pueda alcanzar la imaginación, se le conceda apenas un mínimo beneficio de la duda.

Benzema gol Chelsea

Decía Ramón Álvarez de Mon en la presentación de su libro que lo que para el Madrid ha sido el más maravilloso e increíble de los sueños para otros ha sido una auténtica pesadilla. No voy a acordarme en estos momentos de los antimadridistas porque bastante tienen ya con lo suyo. Pero sí me gustaría hacer hincapié en esos otros pobres desgraciados que han tenido la mala fortuna de ver cómo sus caminos se intercomunicaban con el nuestro… y solo había un carril. Tanto PSG como Chelsea o City han vivenciado con ojos desencajados no solo como el Madrid se levantaba una y otra vez tras cada uno de los gol(p)es que recibía, sino que cuando los devolvía lo hacía con una contundencia demoledora que les fue dejando uno a uno sin respuesta posible.

El célebre escritor británico Joe Abercrombie utiliza en su trilogía La Primera Ley el término “La Gran Niveladora” para referirse a la muerte. Ya saben, esa que iguala a ricos y pobres, a reyes y campesinos, a bondadosos y malvados. Un sino inevitable e ineludible que a todos nos llega y que en la pasada Copa de Europa vimos reflejada en el Real Madrid. El equipo de La Castellana fue más vikingo que nunca y fue aplastando y masacrando como si de un martillo pilón se tratara a cada rival que se le ponía por delante, por mucho que estos hicieran por evitarlo. Ya podía haber metido Grealish cualquiera de las que tuvo en los minutos finales que lo único que habría logrado es que la humillación fuera mayor cuando los citizens, con Guardiola en el banquillo a la cabeza, observaran incrédulos e impotentes el hat-trick de Rodrygo en el 93’. Daba igual lo que intentara o hiciera cada equipo que se enfrentaba a los nuestros, pues la metamorfosis ya estaba completa. Más allá del fútbol y de la vida misma, el Madrid ya se había vuelto algo inevitable, se había transformado en un concepto tan imparable como el propio destino. Se había convertido en la Gran Niveladora Blanca.

Courtois Chelsea

Y no sólo a este equipo, sino también a este concepto, se vuelve a pretender hacer de menos en los rankings y casas de apuestas. El Real Madrid tiene prácticamente la misma plantilla con la que hizo historia la temporada pasada, a la que ha sumado los rocosos fichajes de Rüdiger y Tchouaméni, que vienen a darle una mayor consistencia si cabe a nuestra defensa y mediocampo que, en la línea de la estrategia de Pepe Herrero, no nos hará más fácil el camino al gol acercándonos a la victoria, pero sí que dificultarán el camino al gol de nuestros rivales, haciéndonos uno de esos equipos para los que hay que sudar sangre si se nos quiere vencer. Evidentemente, el no haber adquirido a Mbappé en este mercado estival puede quizás no penalizarnos, arriba pero sí hacer que no podamos evitar preguntarnos en determinados momentos de nuestra temporada cómo sería nuestra fortuna de cara al gol si Kylian hubiera acabado llegando. De cualquier manera, con el Balón de oro y el mejor jugador joven de la pasada Champions quizá no nos vaya tan mal.

El Real Madrid tiene prácticamente la misma plantilla con la que hizo historia la temporada pasada, a la que ha sumado los rocosos fichajes de Rüdiger y Tchouaméni, que vienen a darle una mayor consistencia si cabe a nuestra defensa y mediocampo y que dificultarán el camino al gol de nuestros rivales, haciéndonos uno de esos equipos para los que hay que sudar sangre si se nos quiere vencer

Por último, y en relación a la expresión que usó Ramón en su presentación, recuerdo haber escrito en 2018 (y como verán el mundo ha cambiado mucho desde entonces pero el Madrid no) tras la enésima infravaloración al equipo blanco, que acabó ganando aquella Champions, lo siguiente: “El Real Madrid es la mayor pesadilla jamás diseñada. Es ese malo de la película al que le disparas, le clavas un cuchillo en el corazón, lo decapitas y arrojas su cabeza al fuego, lo despedazas y coges sus pedazos, los metes en un saco atados a un bloque de hormigón y los arrojas al mar. Y cuando te detienes exhausto, jadeando y sudando por el esfuerzo, pero a la vez aliviado, y por fin comienzas a saborear la victoria, sientes que un escalofrío te recorre la espalda entera. Te das la vuelta y compruebas anonadado y aterrorizado que ahí está de nuevo el Real Madrid, de pie como si nada. Porque el Madrid no es otra cosa que lo más parecido a la inmortalidad que veremos en esta vida. La debilidad como mayor fortaleza. La muerte como una mera excusa para renacer.”

Modric exterior Chelsea

El Madrid de aquella temporada fue dado por muerto en octubre y noviembre tras un mal comienzo en liga, y cuando llegó a los octavos de Champions precisamente también ante el PSG, dio un golpe en la mesa y comenzó su renacimiento. Ese equipo apenas necesitó de unos meses muerto para resurgir de sus cenizas y volver convertido en el que levantaría la decimotercera ese año. Sinceramente no sé quién ganará la Champions en 2023. Tampoco me atrevería a pronosticar una lista de favoritos. Únicamente puedo afirmar con certeza que si ya me parecía más una locura que una falta de respeto descartar o poner fuera del podio de favoritos a un equipo capaz de resucitarse a sí mismo en apenas un par de meses, imaginen lo que pienso de descartar a uno que ha aprendido a hacerlo en menos tiempo de lo que dura un partido y lo ha convertido en su rutina favorita. Tenemos una plantilla repleta de jugadores, tanto veteranos como jóvenes, que lo saben. Saben que, sin importar lo mal que se esté jugando, lo duro que sea el rival o el poco tiempo que quede… Saben que el partido no se acaba hasta que el Madrid no lo diga. Y no se me ocurre una mayor forma de demostrar ignorancia que descartar o hacer de menos a un equipo así.

 

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2 comentarios en: El partido acaba cuando el Madrid lo dice

  1. Viendo la foto de Haaland con la sierra eléctrica no dejo de pensar que bueno hubiese sido para el Madrid... aunque confío en que sus delanteros puedan dar lo mejor de sí (solo la duda con Hazard)

  2. Brillante escrito. Y eso que Pepe Herrero es un comunicador madridista al que no profeso simpatía. Y ver su imagen ya me da un poco de grima. ¡ Qué le vamos a hacer ! Para gustos, colores.

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