Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
El Madrid no se puede quejar

El Madrid no se puede quejar

Escrito por: Ismael Ahamdanech8 marzo, 2020
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Hace unos años, a principios de los ochenta, un economista llamado Arthur Laffer cenaba en un restaurante de comida china cuando tuvo una idea genial. Cogió una servilleta, dibujó dos puntos y los unió con una curva, bajo una hipótesis atrayente por su simplismo y vacuidad: con unos tipos impositivos nulos la recaudación sería, evidentemente, nula; por el contrario, con unos tipos impositivos muy altos nadie tendría incentivos para trabajar, por lo que la recaudación sería, también, cero. Reagan le compró la idea, y aplicó en los Estados Unidos una política económica de bajada de impuestos que llevó al país a un déficit fiscal brutal que, desde entonces, no ha dejado de crecer y que en cualquier otro país hubiese supuesto la bancarrota.

Pero a pesar de eso, y de que nadie ha podido demostrar empíricamente que la curva de Laffer exista tal y como él la definió, algunos economistas siguen teorizando insistentemente sobre ella. Y, lo que es peor, en ocasiones, convenciendo de su bondad a políticos que creen en fórmulas mágicas y soluciones sencillas y solo encuentran después realidades nefastas que empeoran el nivel de vida del conjunto de la sociedad. La pregunta que cualquier persona razonable se hará es: ¿por qué hay gente que sigue creyendo es esa teoría que no se aguanta desde el punto de vista empírico? Pues porque el papel, incluso la servilleta de un restaurante chino, lo aguanta todo.

El papel, tuiter, repeticiones elegidas por un productor nada imparcial y, por supuesto, las palabras que se escuchan a través de ese invento único y maravilloso que es la radio.

El papel lo aguanta todo, de la misma forma que las palabras moldean la realidad y el pensamiento al antojo de quienes tienen un altavoz lo suficientemente potente como para que su discurso se imponga. Y los que tienen el altavoz hoy en día han impuesto el discurso de que el Madrid no se puede quejar bajo ningún concepto, y en ningún caso, de los arbitrajes. Y punto. No valen razonamientos, no hay nada de lo que discutir. El Madrid no se puede quejar. Ya está. Lo dice el papel, lo dejan claro algunas imágenes congeladas elegidas con objetividad y lo propalan a los cuatro vientos todos los programas deportivos de la radio española.

Y los que tienen el altavoz hoy en día han impuesto el discurso de que el Madrid no se puede quejar bajo ningún concepto, y en ningún caso, de los arbitrajes. Y punto. No valen razonamientos, no hay nada de lo que discutir. El Madrid no se puede quejar.

A mí, sin embargo, me gusta razonar, y lo intento lo mejor que puedo pese a que en los tiempos que corren es difícil hacerlo, porque todo lo ocupa lo que ha pasado en el último instante y solo se puede argumentar en función de los hechos que acaban de ocurrir, como si no tuviesen un contexto, como si no guardasen relación con el pasado y, también, con el futuro que algunos quieren para todos. Es una de las consecuencias de las redes sociales, en la que los trileros de la razón se mueven como pez en el agua. Pero, como nada es bueno ni malo absolutamente, las redes también tienen muchas cosas positivas. Por ejemplo, a través de ellas un tuitero con el nick de Maketo_Lari va mostrando las estadísticas de las actuaciones arbitrales de partidos de Madrid y Barcelona. Y las diferencias son tan agudas, tan exageradas, que cualquier persona con unos conocimientos mínimos de estadística entendería rápidamente que no pueden deberse al puro azar. Es más, son estadísticamente significativas (en el sentido, permitidme la redundancia, estadístico de significatividad), de manera que es inmediato inferir que hay un patrón no casual en dichas diferencias.

Podría seguir desmenuzando los datos, pero paro. Paro aquí porque los altavoces han impuesto un discurso que contradice la evidencia y que han comprado todos los antimadridistas y también algunos madridistas, como mi amigo Luis que me llama llorón cada vez que le expongo el mío. Paro porque no quiero que me tomen por un loco que cree lo que ven sus ojos y no lo que le dice el papel o lo que le cuentan desde la radio.

Que, por cierto, ya está dicho de antemano.

Escribo esto después del partido que acaba de perder la Real Sociedad por unas manos que… bueno, no sé cómo calificar. Y, a continuación, el Madrid jugará contra el Betis. El mismo equipo ante el que el árbitro, en la primera vuelta, se comió un claro penalti por unas manos que sí se pueden calificar como clarísimas en el Bernabeú. El mismo equipo cuya afición (o al menos una parte), después de sufrir un arbitraje terrible contra el Barcelona en su estadio, se arrancó a cantar que estaban hasta los huevos del Barça y del Madrid. El poder de las palabras para transformar la realidad, ya está dicho. Pues pase lo que pase en Sevilla, el discurso ya está escrito. Si el árbitro favorece al Madrid se dirá que el Madrid no se puede quejar porque los árbitros siempre le favorecen. Y, si le perjudica, será porque los árbitros son muy malos, pero que en cualquier caso el Madrid no se puede quejar.

El Madrid jugará contra el Betis. El mismo equipo cuya afición (o al menos una parte), después de sufrir un arbitraje terrible contra el Barcelona en su estadio, se arrancó a cantar que estaban hasta los huevos del Barça y del Madrid.

Porque, como repite hasta convertir en verdad un famoso locutor radiofónico, el Madrid y el Barça nunca se pueden quejar de los árbitros. Nunca. Jamás. Y punto. ¿A quién va a creer, a sus ojos o a mí? Y al final quizás haya que darle la razón. Si estamos como estamos puede que lo merezcamos como afición y como club por no hacer nada.

A fin de cuentas, el papel lo aguanta todo, sobre todo cuando nadie hace nada por refutarlo.