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El desencanto

El desencanto

Escrito por: Mario De Las Heras8 enero, 2016
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Ha venido a decir Gistau que lo de Florentino es gilismo. Yo mientras lo leía me santiguaba compulsivamente al mismo tiempo que se levantaban a mi alrededor los oscuros muros de una abadía cisterciense a través de las cuales se oían rezos y lamentaciones y susurros en latín. Hacía frío y el ambiente era tétrico. Por un momento pensé que era Lutero el que hablaba y yo me tapaba con las manos los oídos corriendo desesperado al refugio de mi celda.

Desde entonces no me atrevo a salir de ella. Sé que Benítez ya no está, como deglutido con una voracidad desconocida por el agujero aquel al que querían echar, pasado por la quilla, a Luke Skywalker. También sé que el jedi no era él sino Zidane (pónganle una capucha monástica a Zinedine: le queda mejor que una de Mango) y que Florentino ya no es un ser superior a pesar de que lo dijera Butragueño.

Todas estas novedades sólo pueden ser obra del Maligno que ronda la Casa Blanca a la que todo el mundo, incluso Gistau, pinta de negro como a aquel Supermán de mirada turbia. Me resisto a ver dibujado al presidente hasta por los fieles como al senador Palpatine (el emperador de esta guerra de los galácticos) atrayendo al lado oscuro del banquillo a su más joven valor.

Me santiguo y retrocedo ante esto empuñando mi pequeña cruz de cadena como si fuera aquella enorme y pesada de Caravaca que llevaba consigo como un fetiche Juan Luis Panero y mostraba junto a un caballito japonés, una navaja automática, una fotografía de Albert Camus y otra de Scott Fitzgerald en la terrible exposición de 'El desencanto'.

El-Desencanto

Veía hace poco esa película sobre los Panero y me imaginaba al Madrid resquebrajándose del mismo modo, arruinándose como los restos de aquella familia puesta a secar prendida por las débiles pinzas de la poesía que se le iban escurriendo. El Madrid en blanco y negro sacándose en público los trapos sucios es un espectáculo grotesco y perturbador. Yo he visto, entre otros, a los mejores entrenadores de mi generación, como a aquellos mejores hombres de Ginsberg, destruidos por esta locura.

No veo el gilismo sino al Maligno definitivamente instalado en la abadía. El gilismo era un capricho neroniano, coreano del norte, y el florentinismo es la vida en el asedio a pesar de la opulencia interior. El único exorcismo posible, la única alternativa, es, de una vez por todas, la victoria (y más que eso su sensación) de la que habló sin tapujos y sin adjetivos Zidane, el penúltimo caballero poseedor de la Fuerza. Si no lo consigue quizá haya llegado la hora de echarlo todo, una verdadera lástima, por ese agujero de Tatooine.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

5 comentarios en: El desencanto

  1. Aunque Florentino y Gil en apariencia no se parecen en nada, uno tiene pinta de monje y el otro la tenía de facineroso; sin embargo sí se parecen en la forma de llevar el club en lo deportivo. Ambos son presidencialistas a tope, y aunque uno era el "dueño" y el otro dice no serlo se conducen los dos de la misma forma. Ellos hacen y deshacen a su gusto y como está claro que de fútbol ambos han demostrado tener poca idea pues así va el Madrid, sin rumbo fijo y d