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El culerío de Norman Bates y los navajazos de Ockham

El culerío de Norman Bates y los navajazos de Ockham

Escrito por: Rafael Gómez de Parada30 marzo, 2023
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Se me hace imposible alejar de mi mente los hechos probados en forma de pagos del Barça durante 17 años al vicepresidente de los árbitros, el culegiado Enríquez Negreira. Puede que sea una obsesión, lo reconozco, pero lo que no es normal es que me cueste disfrutar incluso una película sin acordarme de esta inmundicia. El fin de semana pasado estuve viendo Psicosis por enésima vez. Yo creo que no desvelo nada sobre el clásico de Hitchcock que no conozca ya el último de los mortales. El caso es que me fue imposible ver la película sin pensar en el escándalo que nos sorprende cada día con sus novedades.

La protagonista, Marion (la maravillosa Janet Leigh), se fuga con 40.000 dólares, que es un importe similar a “un Negreira”, lo que venía siendo una mensualidad de las empresas interpuestas del “florero-conserje”. Marion vendría a ser una metáfora del fútbol español. Una vez que trinca el primer “Negreira”, está perdida, su naturaleza se pervierte. Su honestidad quedará cuestionada de por vida. Marion se fuga, sabedora de que hace mal. Lo sorprendente es que su jefe la ve, se cruza con ella y no hace nada. Ese jefe que mira extrañado, pero entorna la vista, es Villar. O Rubiales. O Tebas, si me apuran.

Marion Psicosis dinero Jefe Marion Psicosis

Llega al motel de Norman Bates, un tipo de mirada esquiva, aviesa, que parece esconder algo. Es un culé de manual y quizás ese “algo” sea que se deja llevar por su madre, a la cual no vemos, pero de la que escuchamos sus gritos. “Madre” representa a la afición culé, esas voces que proyectan sus odios, miedos o inseguridades de manera contumaz. Gilipolleces irracionales, sin duda, pero con unas formas que llevan a Bates a acatar sus deseos. A Madre no le gustan las mujeres. Las voces culés detestan todo lo que represente el Real Madrid y dominan los actos de Norman.

Marion es plenamente consciente de su delito y quizás se sienta sucia, por lo que decide darse una ducha. Cuando Norman Bates irrumpe en la mítica escena con el cuchillo en la mano, asesina al personaje de Janet Leigh y en mi metáfora, el culé destrozó lo que podía quedar de limpio en el fútbol español. Cada puñalada es una agresión que por sí sola no llevará “al otro barrio”: una puñalada por llegar tarde sin sanción, otra por el cochinillo y otra más por no acatar el cierre del Camp Nou, otra por los gritos racistas “imposibles de identificar” y otra por la alineación indebida prescrita o por la sanción perdonada tras no presentarse a un partido.

Psicosis cuchilladas

Una sola no es letal, pero sí la acumulación, y Norman Bates continúa blandiendo su cuchillo. Con saña. Otra cuchillada por los dos años sin penaltis, por las agresiones impunes de Suárez, por los penaltis que no existieron de Mascherano, y una más por las manos de Piqué o Busquets, por las designaciones arbitrales o las imágenes convenientemente desaparecidas.

Marion está moribunda, ya ni siquiera intenta defenderse. No quiere o no puede. O quizás piense que lo merece. Consiente. Otra más por los chanchullos contables, otra por los delitos fiscales, y otra puñalada más, muy cerca del corazón, por rebasar el límite salarial y falsear las cuentas. La última cuchillada con una hoja en la que ponía Negreira, el último navajazo de Norman Bartomeu Bates, o Norman Laporta, o Sandro Bates, no fue la que la mató. El fútbol español ya estaba muerto.

Marion Psicosis muerta

Vemos caer el agua por la ducha. Es como la prensa con su goteo incesante que arrastra la sangre hacia el desagüe, como si tratara de borrar los restos del delito, de cada herida causada tras cada puñalada. Pero en la bañera hay un cadáver difícil de ocultar, el cuerpo del delito que Norman tratará de hacer desaparecer para continuar llevando una vida normal, como si nada hubiera pasado. Intenta que se volatilicen todas las pruebas, el cuerpo de Marion, el coche, incluso el dinero en efectivo desaparece.

Comienza la investigación para encontrar el cuerpo de Marion, tanto de un investigador privado como de la hermana de Marion, Lila. Ambos llegan al Motel Barçagates, perdón, Motel Bates. Norman se dedica a mentir a todo el que trata de entender qué ha podido ocurrir con Marion, al principio con timidez, luego de manera compulsiva. El investigador descubre el nombre falso con el que se registró Marion en el motel, Marie Dasnil o Nilsad, algo así, y continúa sus pesquisas. Entra en la casa contigua y es atacado de manera salvaje por (aparentemente) una señora mayor, Madre, que protege lo que considera suyo, no quiere que se descubra la verdad. El rellano está repleto de aves disecadas que contemplan impertérritas la escena, con los ojos bien abiertos: son los pájaros valencianistas, sevillistas o atléticos que permanecieron inmutables ante cada tropelía de Madre.

Norman Bates pájaros disecados

Unas escenas después, cuando Lila está cerca de descubrir la verdad, es atacada por la misma anciana, pero el espectador descubre que en realidad era el propio Norman poseído por el espíritu de Madre. Cuando finalmente Norman es detenido, vemos la famosa escena en la comisaría en la que una voz interior le habla. Se cubre con una manta y muestra un aspecto inocente. Indefenso. Está dominado por los celos y la voz que le habla es la de Madre. Sabe que ha obrado mal, pero trata de exculparse. Quería matar a esas chicas, pero al mismo tiempo se autoconvence de que no podía hacerlo. Y además sabe que no está bien hacerlo. Norman finge para salvarse, se comporta de un modo cándido cuando sabe que todas las miradas caen sobre él. Pero su mirada lo delata como lo que es. Porque Norman Bates y la Madre son la misma criatura.

Norman Bates Psicosis manta El culerío de Norman Bates y los navajazos de Ockham

El principio de la navaja de Ockham viene a decir que la explicación más simple suele ser la más probable. Si un club ha pagado durante diecisiete años para influir en los arbitrajes, si ha utilizado empresas pantalla, si durante todo ese tiempo se ha tratado de ocultar, si los informes del receptor de los fondos decidían sobre promociones o descensos, si se han producido anomalías en las competiciones, si se ha mirado para otro lado desde la Federación, La Liga, los medios o el CSD… la conclusión es que Norman asesinó a Marion con la navaja de Ockham. Pero no me hagan caso, el que está de psiquiátrico soy yo.

 

Getty Images.

Rafael Gómez de Parada
AFKAB. Artist Formerly Known As Barney. Dice que corre maratones, juega al fútbol y al baloncesto, pero todo con nivel medio, como en el inglés. Nivel alto solo para escribir y portanalizar en La Galerna. Autor de "Volver al asfalto".

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Se pasó ocho años @antoniohualde despotricando de Bale porque no hablaba español. Ahora le parece que Bellingham en cambio bien... aunque tampoco habla español.

Sin embargo, creo que le entiendo, aunque no comparta su texto.

Estamos ante un escenario -en fútbol y baloncesto- que puede hacer de 2024 el mejor año deportivo de nuestras vidas.
Concentración, humildad y ¡a por ello!
¡VAMOS REAL!

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