Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
¿El crepúsculo de Marcelo?

¿El crepúsculo de Marcelo?

Escrito por: Athos Dumas21 febrero, 2019
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Vaya por delante mi absoluto cariño y admiración por Marcelo Vieira, uno de los mejores jugadores que he tenido la oportunidad de ver en casi cincuenta años de partidos en Chamartín. Para muestra, el texto que escribí sobre él, hace casi dos años, y que hoy suscribo hasta la última coma. Es más, desde aquel texto, Marcelo volvió a ser fundamental en la liga de Zidane, en la Champions de Cardiff y también en la de Kiev – con sendas maravillosas asistencias a Asensio y a Bale, respectivamente -.

Pero mi desazón ante su estado de forma actual, me obliga, pese a mi amor por él, a reflexionar sobre lo que se antoja la recta final de su carrera en el Real Madrid. Puede parecer un tópico, sin duda, decir que ya hemos visto sus mejores partidos. Aún no ha cumplido 31 años, una edad que hoy en día significa que le puede quedar mucho carrete todavía. Su mayor hándicap, sin embargo, es que lleva casi 500 partidos disputados con el Madrid, y da la impresión de que a sus 30 años su desgaste es muy superior al de sus coetáneos. Tampoco ayudan sus frecuentes lesiones musculares, que cada año le suponen unos periodos de baja de un par de meses.

Es triste contemplar el declive de los grandes, ver desde mi butaca de grada de fondo norte, la lenta decadencia de figuras absolutamente adoradas: en el mismo puesto que Marcelo, vi debutar, madurar, triunfar y lentamente apagarse a auténticos colosos de la banda izquierda, como Camacho y San José (ambidextro éste último); luego llegó Rafa Gordillo procedente del Betis que nos dio tardes de gloria con la Quinta; y el inolvidable Roberto Carlos, traspasado incomprensiblemente - ¡gracias, Dios mío! ¡Gracias, Hodgson! – del Inter al Madrid en 1996 a un precio de auténtica broma.

Marcelo consiguió, durante muchos años, no arrinconar, pero sí por momentos hacernos olvidar del mejor lateral izquierdo ofensivo que yo he visto en toda mi vida, Roberto Carlos. Incluso en títulos (20 conseguidos frente a 13) y en Copas de Europa (4 frente a 3) ha sido capaz de adelantar al gran RC3. Durante años, Marcelo le ha dado una alegría, una magia, una colección de malabarismos y arabescos al público del Bernabéu por los cuales le estaremos eternamente agradecidos. Y un afán indomable para ir siempre a por la victoria, con jugadas imposibles y goles milagrosos en momentos delicadísimos.

Lástima que parece que la llama ya empieza a apagarse y, al contrario que sus predecesores, mucho más rápidamente. Esta circunstancia se está percibiendo profundamente desde que comenzó la temporada actual.

Ya venía Marcelo de un mediocre Mundial de Rusia con Brasil, en el que sufrió alguna lesión, además de la prematura eliminación de su selección ante Bélgica. Comenzó el curso – sin hacer pretemporada - a las órdenes de Lopetegui, y como muchos otros (Ramos, Varane, Modric, Kroos, Casemiro), en una forma física lamentable.

Su primer lunar vino en la final de la Supercopa de Europa, en Tallin, cuando, por no querer dejar salir fuera un balón en su lateral - con el marcador 2-1 a favor y la final claramente decantada para los merengues –, permitió que los colchoneros resucitasen y Diego Costa empatara una final que finalmente se perdió 2-4 en la prórroga.

Poco después, a finales de agosto, tuvo un incidente con Lopetegui en Gerona al ser sustituido, según él, en “un cambio que no había sido pactado”. Palabras desafortunadas que hicieron daño. Era la segunda jornada, y pese a la victoria blanca por 1-4, este pescozón de Marcelo a su entrenador quizás empezó a marcar el principio del fin del guipuzcoano.

Durante varias jornadas, parecía que los rivales jugaban todos sus balones de ataque a la espalda de Marcelo aprovechando su falta de fondo físico. Hoy en día, aquella percepción de principio de temporada es una realidad absoluta y, por desgracia, los técnicos adversarios se frotan las manos en cada partido que Marcelo juega de titular.

Imanol Alguacil, entrenador de la Real Sociedad, confesó sin tapujos  en rueda de prensa que gran parte de su estrategia atacante, en el partido que acabó 0-2 en el Bernabéu, se había basado en esa circunstancia. Incluso el Villarreal, por aquel entonces en puestos de descenso, había logrado zaherirnos unos días antes por medio de Cazorla, pese al desgaste defensivo que había aportado en las ayudas Vinicius Jr. a su compatriota.

De este modo, el mejor lateral izquierdo del mundo en los últimos 10 años se ha convertido, ya de forma habitual, en nuestro eslabón más débil. No pocos goles nos ha costado dicha flaqueza, en especial en jugadas de contrataque de nuestros adversarios, que suelen aprovechar esa carencia de velocidad – impropia de un jugador de 30 años – corriendo hacia atrás, una lentitud que también provoca  que muchas veces rompa el fuera de juego que intentan sus compañeros al no reaccionar a tiempo al compás de la línea defensiva. No hay más que repasar la segunda parte contra el Girona el domingo pasado.

A diferencia de sus compañeros Ramos, Varane, Modric, Casemiro, que estaban desaparecidos hasta diciembre, por una baja forma y una pésima preparación física, Marcelo no ha sido capaz – todavía - de recuperar el tono medio de la plantilla, que sin duda ha mejorado con los métodos redivivos de Antonio Pintus.

El año pasado, su competencia, por decir algo, era básicamente Theo Hernández, pero a las pocas semanas de llegar se vio que Theo iba a hacer poca sombra al carioca. Esta temporada, pese a que Lopetegui cubrió las ausencias de Marcelo con Nacho, e incluso con Carvajal, la competencia se llama Sergio Reguilón, un canterano que defiende como Camacho y que todavía – es pronto – no ataca como Gordillo, pero que fija su posición y posee energías suficientes para cubrir y para turnarse con Vinicius Jr en labores ofensivas. Por supuesto que no hay comparación posible, son jugadores muy diferentes, pero lo cierto es que hoy en día todos los madridistas estamos más seguros cuando juega Reguilón. Y, lo más importante: nuestros rivales se encuentran mucho más incómodos con el canterano en el campo.

Todo madridista preferiría la mejor versión de Marcelo antes que al mejor Reguilón. Sobre todo, de cara a la recta final de la temporada, la zona gourmet del año. Pero ahí radica el meollo de la cuestión. ¿Volveremos a ver a aquel Marcelo Vieira que era capaz de burlar a cualquier defensa ya bien como extremo o como interior? ¿Asistiremos a una resucitada “Cabalgata de las Valquirias” o tendremos que v