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El artículo más oficialista de la historia

El artículo más oficialista de la historia

Escrito por: Jesús Bengoechea8 agosto, 2019
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Se ha instaurado como un mantra inapelable la sentencia según la cual el Real Madrid, tal y como está confeccionada la plantilla a día 7 de agosto, no ilusiona a la afición. Yo creo que los cálculos, de ilusión o de lo que sea, deben hacerse cuando la plantilla esté cerrada, pero no me parece esta una mala situación para reflexionar sobre el concepto mismo de la ilusión. ¿Qué es la ilusión, entendida como foco principal de la relación entre una afición y su equipo de fútbol? ¿Es lo mismo la ilusión hoy que antaño? ¿Es crear ilusión lo más importante? ¿Cuán relevante es crear ilusión?

Empezando por el final, lo cierto es que no conviene minusvalorar la importancia de la variable. La creación de la ilusión, mayormente a través de fichajes galácticos, está en el centro mismo del madridismo en la era Florentino. Es un concepto menos etéreo de lo que parece por cuanto termina envolviendo a patrocinadores que ponen sobre la mesa muchos millones que a su vez generan ilusión. Dicho esto, la ilusión no tiene fecha de caducidad o, si la tiene, ésta no puede de ningún modo ser el 7 de agosto. Y hasta el aficionado más ávido de ilusión reconocerá que aceptaría de buen grado no ilusionarse en agosto a cambio de campeonar en mayo, situación que se da no pocas veces. Lo que no se da es que el no ilusionado en agosto se prive en mayo de acudir a Cibeles por coherencia.

Hay gente que jamás se ilusiona con la plantilla del Madrid. Jamás. Todos conocemos a alguien así o somos alguien así. Con esto no quiero decir que la actual plantilla sea ilusionante. Soy tan escéptico como el que más con la recuperabilidad del mejor valor futbolístico de ciertas piezas históricas de la plantilla, pero una cosa es el escepticismo y otra el catastrofismo. Creo que vendrán buenos fichajes antes del cierre del mercado y que habrá un cierto índice de recuperabilidad cumplida para determinados jugadores. ¿Lo suficiente para ilusionarme? Lo suficiente para ganar. Eso es lo que pido.

Por otro lado, sería interesante ensayar una evolución histórica de la ilusión. Me parece indiscutible que la gente se ilusiona ahora con muchísima más dificultad que en el pasado. Para un porcentaje elevado de madridistas, la ilusión se cifra en un nombre: Mbappé. A lo mejor resulta, empero, que el fichaje de Mbappé es imposible y que al aficionado le toca ahora realizar un ejercicio de combinación de ilusión y realismo.

Echo de menos los noventa. El Madrid fichaba a Balic y la gente se ilusionaba con Balic, sin haberlo visto jugar en la vida, PORQUE LO HABÍA FICHADO EL MADRID. ¿Suponía eso una garantía absoluta? No, pero sí suponía un cierto aval. Ahora campa por sus respetos, en cambio, la más absoluta desconfianza respecto a los movimientos del club, y la desconfianza no ayuda a asentar la ilusión. Los movimientos del club tienen que ser discutibles para todos los que creen saber de fútbol, pero habría que medir el impacto de este espíritu resabiado en la ilusión. La ilusión es de los niños, y no hace falta ponerse excesivamente bíblico para proclamar que el que no se haga un poco niño no podrá ilusionarse a menos que venga Mbappé. Y resulta que Mbappé no va a venir porque es imposible.

La ilusión, amigos. ¿Cuánta ilusión genera Mendy? Poquísima porque la gente no le conoce, y al desconocimiento la gente le llama ilusión cero. El que a la gente le ilusione Mendy (o no) no tiene implicación alguna en qué tal jugador sea Mendy, tampoco en las posibilidades de Mendy de hacernos campeones de Liga y de Europa. La gente ya no está abierta a la ilusión, al menos no a la ilusión de ver caras nuevas y confiar en que alguien de quien conviene fiarse ha visto el éxito en esas caras. Para que haya ilusión tiene que haber un mínimo de ingenuidad, una cosa un poco naíf, sin que esto implique tener unas tragaderas descomunales. No hay ilusión sin fe porque la fe es ilusión.

La gente exige que le traigan al que le gusta, y desprecia a todo el que no conoce sin dar margen alguno a la posibilidad de que ese tío al que no han visto jugar en su vida termine haciéndoles felices.

Hay gente (mucha gente) que ya ha puesto la cruz a Mendy y a Jovic, por ejemplo. No son Mbappé y por tanto son una mierda. Como no los he visto jugar, son muy malos. Todo está dominado por un cinismo asfixiante y así no puede haber ilusión. Con esto no afirmo que todo se esté haciendo bien. Afirmo que, si todo se estuviera haciendo bien (bien dentro de las restricciones del sistema, que está lleno de petrodólares y excluye a Mbappé) la gente estaría igualmente desilusionada porque es la era del escepticismo. La afición del Madrid es un viejo cascarrabias que quiere que el cuidador le traiga la sopa con cinco croutons y no con seis. No hay ilusión en los viejos. No hay forma de crearla. Solo ven muerte y desolación a su alrededor. A lo mejor el oficialismo es esto que voy a decir, pero si no eres como uno de estos niños que hace un acto de fe (¿qué es la fe sino ilusión?) no entrarás en el Reino de los Cielos. Este ambiente catastrofista es irrespirable. Dejadme que crea que hay alguien al mando, que las cosas que no salen bien no salen bien porque es difícil que salgan, y que dentro de eso conseguiremos hacer un gran equipo, aunque quizás aún no lo haya a 7 de agosto.

Dejadme que lo crea y, si eso no sucede, llamadme imbécil. Prefiero sufrir a presufrir. Prefiero sufrir cuando toca, sin desdeñar la opción de que, al final del camino, inopinadamente, sin yo merecerlo más que por no haberlo descartado, me aguarde el éxito.