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Dioses y monstruos

Dioses y monstruos

Escrito por: Antonio Valderrama30 junio, 2016
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Los antiguos caballeros que se batían en justas, o marchaban por la vida faziendo y desfaziendo entuertos, usaban como emblema un símbolo identificativo. Bien de algún rasgo destacado de su personalidad, bien una alegoría de su propio apellido, o cualquier asunto similar. Casi siempre eran conocidos por estos emblemas que, pintados en el escudo, labrados en el pomo de la espada o insertado en la heráldica familiar, les acompañaban a todas partes como una parte más de ellos mismos. El Madrid tiene su propio emblema y es Cristiano, quien representa al equipo que defiende y al que ya ha adscrito su leyenda para los restos: la afinidad entre club y jugador franquicia trasciende el mero liderazgo deportivo, como este año 2016, tan disparatado, tan inolvidable, se ha encargado de demostrar.

Superando la disyuntiva clásica, maniquea, del héroe y del villano, Ronaldo, como el Madrid, es más. Ha somatizado los defectos y las virtudes que constituyen la esencia de la institución; es un dios Jano terrible cuyas dos cabezas son inseparables e igual de ininteligibles, tan fascinantes en la victoria como en la derrota. Trágico y cómico, cuando Cristiano parece acabado resurge y se proyecta hacia la gloria como un águila alzando el vuelo. Cuando refulge como el oro y no se le ve el techo, el techo se le desploma abruptamente y sin saber por qué. Así ha sido siempre un club total, simiente de mitos sin igual; un club que ha atrapado a Cristiano Ronaldo condicionando sus inevitables tendencias megalómanas a la trayectoria inabarcable del propio Real, nunca ahíto de leyenda.

cristiano Dios

Cristiano ha perdido potencia. Sus diagonales devastadoras cada vez son menos absolutas. Cada vez abarca menos espacio, y cada vez puede ser menos tirano frente a defensas que intuyen su desgaste como las hienas huelen la flaqueza del león. Cada vez es menos franquicia, pero todavía puede sostener el mundo él solo con sus hombros de bronce, como demostró contra el Wolfsburgo. En Milán estaba tieso y durante media temporada pareció pegarse contra su reflejo triste en el cristal. Como el Madrid. Olía a ceniza en el vestuario cuando empezó 2016, y quizá fue Zidane quien hizo alguna nigromancia bereber. Pero el Madrid volvió a cabalgar a lomos de Ronaldo, porque él, como el Real, lleva tatuado en los genes eso de victoria o barbarie.

El Madrid es un poco así. No sabe firmar un empate, y huye de cualquier análisis científico como si le diera miedo que le pusiesen bajo el escrutinio de una lupa. Como si eso lo vulgarizase, y lo convirtiera en un club como los demás. El Madrid es el Madrid, dicen los madridistas para autoafirmarse, sobre todo cuando temen una escabechina o sufren el escarnio de verse por detrás de cualquiera. Pero es que el Madrid, sí, es el Madrid. A pesar de su presupuesto multimillonario, a pesar de su estructura profesional, a pesar de la metodología de trabajo y a pesar de todo, en la hora sublime el Madrid no se rige por parámetros cuantificables sino por la guía de hombres excepcionales dispuestos a todo por conquistar la victoria. Como Ronaldo, que es así también: ególatra, narcisista y monomaníaco, como Lebron James, Kobe Bryant, y todos los grandes campeones de verdad.

Esta voluntad de la que se impregna todo en el club más grande del mundo, es la misma que impulsa cada día a Ronaldo. La contraindicación es lo expuesto que los deja, a la institución y al jugador, hecho líder por la gracia de su naturaleza, cuando no se puede ganar. Cuando hay otro mejor y la opinión pública, nunca justa, siempre acechando la caída de los valientes y de los desacomplejados, condena sin piedad por ese mismo afán de superación: Cristiano quiere jugarlo todo, siempre; el Madrid quiere ganarlo todo, siempre, y eso es imposible. No hay futbolista moderno, como Cristiano Ronaldo, que reúna en sí lo que hace único al Madrid. En lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad. También en la pulsión mística que recorre al Madrid y al madridismo como una corriente eléctrica exaltándolo en los momentos culminantes. A nadie puede parecerle extraño que Ronaldo tuviese una visión en la prórroga de San Siro: otra cualidad de este club es difuminar los límites de la realidad, y convertirlo todo en un cuadro del Bosco.

Antonio Valderrama
Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

2 comentarios en: Dioses y monstruos

  1. Es increible como el Madridismo se cansa de sus idolos. A algunos, como es logico, se les pasa el arroz. Otros, como es el caso de Cristiano, solo es q llevan mucho en el club marcando muchos goles, y eso aburre. Hay q buscar a otro tio.
    Un tio q lleva marcado mas de 50 goles durante 6 años consecutivos, pichichi de las 3 ultimas champions (2 de ellas ganadas por el Madrid, supongo q sus goles habran influido).
    Pero es q ya tiene 31 años, esta mayor, hay q venderlo y sacar dinero. Alucinante
    31 años, si, Modric los hace en un par de meses. Habra q venderlos a los dos....
    Luego se pedia el fichaje de Pirlo hace como un par de años, cuando ya tenia 35 años. Locuras de humor.
    Luego te saltan con q "si por ti fuera seguiria jugando Gento". Mi respuesta es bastante simple, si siguiera siendo la galerna del cantabrico, corriendo como un gamo y siendo tan bueno.... si, seguiria jugando Gento.
    Yo siempre crei q lo q incapacita a un jugador para seguir en un club era una bajada alarmante de rendimiento. Parece q eso ha cambiado, ahora lo q incapacita a un jugador es la edad, aunq su rendimiento sea similar
    Suerte tenemos de q los q toman las decisiones son otros...