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Demasiadas emociones

Demasiadas emociones

Escrito por: Nacho Faerna3 octubre, 2017

A punto están de conseguir que deje de divertirme el fútbol. No sé si ustedes se dan cuenta de la dimensión de la tragedia. Imaginen que de niños les hubieran castigado para siempre sin recreo. El colegio habría sido insufrible sin esa media hora a mitad de la mañana. Pues lo mismo pasa con la vida. A medida que uno crece disfruta de menos cosas, o lo hace con menos intensidad de la que acostumbraba. A mí al menos me pasa. Los placeres obvios pasan factura si abusas de ellos. La edad no perdona y la moderación se impone. Y el verdadero placer no conoce la moderación. En mi caso, me queda el Madrid. Es lo único de lo que no me canso y que no amenaza mi salud ni la del prójimo. No hace daño a nadie. Pues también me lo quieren quitar.

La diversión es una gran conquista de la civilización. Para divertirse en serio hay que aparcar la razón, olvidarse de que existen las leyes, incluso las físicas. La de la gravedad, por ejemplo. Un parque infantil es una invitación a desafiarla de todas las maneras posibles; toboganes, columpios y balancines son instrumentos para burlarse de Newton. No digamos ya un parque de atracciones con sus montañas rusas y lanzaderas. O el puenting. Pero los niños no hacen puenting. Y para montarse en algunas atracciones deben medir más de metro veinte, o sea, no ser tan niños. Tampoco hay columpios para adultos. Porque con la edad, como decía antes, cada vez se disfruta con menos intensidad. Al principio te basta con columpiarte, siempre que papá o mamá supervisen la operación. Luego quieres hacerlo solo y exiges al progenitor que se aleje. ¿Qué es lo siguiente? Saltar en marcha. Cada vez necesitamos una dosis mayor de riesgo controlado para pasarlo bien. Todo lo bueno es adictivo. Esos descerebrados que se lanzan al vacío en caída libre con un traje con alas no supieron parar a tiempo. Son yonquis. Unos empiezan con un porro y otros con un columpio.

Así las cosas, no es fácil divertirse a lo grande cuando uno se hace también grande. Ignorar las leyes físicas, hacer como que no existen, se convierte en algo sonrojante o letal. No sé ustedes, pero yo tengo acusado el sentido del ridículo y ninguna prisa por morirme. Y lo mismo pasa con las otras leyes, las recogidas en el código penal y en el civil, o las de urbanidad. Emborracharse o drogarse a los cincuenta como lo hacías a los veinte es sonrojante y puede ser letal. Ya no tiene gracia. Por eso digo que la diversión es una gran conquista, porque es muy difícil para un adulto fingir que no es civilizado y regresar a ese estado primitivo en el que gozamos como perros, como marranos en una charca, es decir, como seres irracionales. Es una sofisticación exclusivamente humana, porque los animales experimentan y sufren pero no entienden las leyes, ninguna ley.

El fútbol es mi charca. Mi puenting, si lo prefieren. Lo veo en la tele, casi siempre solo. Antes quedaba con amigos, pero ya no. Me sonroja que me vean rebozándome en el lodo. Tampoco me columpiaría ya en público. Para disfrutar como el enano que fui tengo que renunciar a pensar demasiado, la lógica de la diversión no es lógica. También tengo que esforzarme por no entender demasiado de fútbol. Al niño no le cuesta nada burlarse de Newton porque aún no lo ha estudiado en el colegio. El conocimiento es como la moderación, un enemigo del placer. Ustedes quizá disfruten de otra manera, allá cada cual.

El caso es que mi inofensivo e inocuo placer está seriamente amenazado. Siempre lo ha estado; la realidad es una aguafiestas. Las millonadas de los traspasos, la corrupción arbitral, la prensa deportiva, son capaces de acabar con la libido del más pintado. Hay que ignorar su existencia, como con Newton y los columpios. No es muy complicado. Sólo leo La Galerna y cuando llegan los deportes zapeo. Veo los partidos por la tele sin prestar verdadera atención a los comentaristas y nunca me pierdo las ruedas de prensa de Zidane en Real Madrid TV. Con esa dieta, mi disfrute y diversión estaban a salvo.

Hasta ahora.

Un montón de conciudadanos han decidido tomarse la vida como si fuera una diversión, o sea, a cachondeo, y han optado por ignorar e incumplir las leyes, y desgraciadamente no la de la gravedad, lo que, paradójicamente, no sería tan grave. Se han lanzado en caída libre y me temo que no han calibrado la magnitud del metafórico batacazo. Para colmo, otro grupo de conciudadanos ha pensado que la mejor manera de convencer a los primeros de la necesidad de que en la vida real todos respetemos las leyes es golpeándoles brutalmente, como si la cosa consistiera en elegir entre romperse la crisma metafórica o literalmente. Algunos de esos conciudadanos, de ambos grupos, son además nuestros representantes democráticos. La frivolidad de los del primer grupo es fruto, más paradojas, de tomarse las cosas demasiado en serio. Por eso sus declaraciones son grandilocuentes y sentimentaloides. La brutalidad de los del segundo grupo nace, no menos paradójicamente, de su falta total de verdadera autoridad. Quiero pensar que en medio de los unos y los otros estamos una mayoría de ciudadanos a los que nos gusta divertirnos con diversiones y que los que nos gobiernan lo hagan sin aparcar ni la razón ni las leyes.

¿De qué manera amenaza este grave problema político a mi fuente de diversión? Muy fácil, un equipo de fútbol, el supuesto eterno rival del mío, ha decidido mezclar sin pudor alguno churras y merinas, velocidad con tocino, y se ha declarado expresamente a favor de una de las partes del conflicto. Eso, inevitablemente, tiñe de ideología los enfrentamientos que tendrían que ser exclusivamente deportivos. El domingo, la directiva de ese equipo decidió jugar su partido de Liga a puerta cerrada para expresar "su condena". Si yo quisiera mezclar fútbol y sentimientos nacionales, seguiría a la Roja, cosa que no hago. Y me niego a que me obliguen a hacerlo. El otro día, un diputado del primer grupo le exigía en las Cortes al máximo responsable del otro grupo que sacara "sus sucias manos" de sus instituciones. Pues bien, yo exijo a ambas partes que saquen sus manos, sucias o limpias, me da igual, de mi patio de colegio y me dejen disfrutar tranquilo de mi recreo. Que se vayan con sus banderas nacionales a otra parte.

Y para lo demás, ya se ocupará Newton de poner orden.

Número Tres

 

Nacho Faerna, el tercero de los Faerna, es guionista y novelista. O sea, que le pagan por mentir, pero tuitea gratis en @nachofaerna y @galernafaerna. Se toma muy en serio sus placeres. El Madrid es uno de ellos.

21 comentarios en: Demasiadas emociones

  1. Me estaba gustando el artículo hasta que he leído eso de que una parte golpeaba brutalmente a la otra... En primer lugar, está usted poniendo al mismo nivel a los que están dando un golpe de Estado que a los que (con más o menos acierto) están intentando evitarlo. En cuanto a lo de la brutalidad, ¿qué tiene que hacer la policía cuando está acosada y no le dejan cumplir con su trabajo? ¿Repartir caramelos? La policía se ha defendido de unos energúmenos que les impedían el paso y les acosaban y ha reaccionado de la única manera que podía hacerlo. En las imágenes que han salido hay mucha mentira y manipulación, sacando escenas de hace cinco años para hacerse las víctimas.

    Por favor, no hable de "ambas partes" como si todos fuesen iguales. Pronúnciese y díganos qué piensa realmente de todo esto.

    Yo pienso que es una vergüenza que se esté permitiendo que unos sediciosos estén consiguiendo lo que quieren y que los grandes culpables son todos los gobiernos desde hace 40 años que han permitido esto dando alas a los separatistas...

    Y pienso que ojalá se arregle y quede España unida. Me importa mucho más una España unida que el Real Madrid (y mira que soy madridista...)

    1. Ya somos dos. Y mira que he festejado y llorado con mi Real Madrid desde la niñez.
      Pero contemplar la destrucción de España sería para mí de una tristeza inimaginable.

    2. Suscribo todo lo dicho por J.

      Nacho, repasa vídeos de los mossos en actuaciones pasadas para que puedas comparar y valorar la prudencia que tuvo ayer la Policia, siguiendo las órdenes que recibieron de una autoridad competente. Sin duda son hechos muy desagradables y tristes, pero dejemos también la adolescencia al valorar cosas serias.

      Dicho esto, Hala Madrid!

  2. Estimado J, lo que pienso realmente de todo esto es lo que he intentado explicar en el artículo, pero elaboro el argumento si usted me lo pide. Yo no hablaría de "golpe de Estado" porque el concepto tiene connotaciones militares, "armadas", que, afortunadamente, no se aplican al caso. El comportamiento del gobierno catalán es gravísimo, irresponsable, inadmisible y delirante. Creo que cualquier nacionalismo es por definición xenófobo. Y anacrónico. No creo en sentimientos nacionales sino en derechos de ciudadanos. La gestión de este problema por parte del gobierno de Rajoy me parece lamentable, de una ineptitud colosal. Los responsables de Interior la han pifiado espectacularmente. Los antidisturbios sólo deberían intervenir cuando enfrente hay individuos inequívocamente violentos. Su actuación el domingo fue claramente desproporcionada, ineficaz y contraproducente, como ha quedado en evidencia. No culpo a los policías, sino a los dirigentes políticos que les dieron las órdenes equivocadas. Y, por último, concuerdo con usted en que estamos donde estamos porque las cosas se han hecho muy mal históricamente, dando pábulo a los nacionalistas "civilizados" a cambio de sus votos en las Cortes. Un saludo.

    1. En primer lugar, le agradezco la respuesta. Y estoy en gran parte de acuerdo con la misma. No lo estoy en lo de la actuación desproporcionada de la policía, ni en su concepción de golpe de estado. En el resto, coincido casi punto por punto. No así con parte del artículo porque -como decía en mi primer comentario- me da la impresión, puede que sea yo el que lo esté malinterpretando, de que pone a todos en el mismo nivel y (aun estando de acuerdo en lo pésimamente que lo está haciendo el gobierno) no creo que sea así. En cualquier caso, quedo agradecido por su explicación. Un cordial saludo.

    2. Que no se puede hablar de golpe de Estado, ¿pero qué me estás contando? Claro que es un golpe de Estado, pero que muy evidente. Asociarlo exclusivamente a militares es un error. Y esto se va cocinando desde 1975, poco a poco, primero cambiando el lenguaje y con él nuestra visión de la realidad y acaba con esto.
      Es también curioso cómo el marxismo cultural se ha incorporado a la mentalidad de Occidente, y lo veo en su concepto de nación, es mejor ciudadano. Vamos a ver, claro que somos una nación, una de tantas. Ahora es de "progre" e "intelectual" desprenderse del concepto de nación y abrazar el de ciudadano del mundo; pues vaya al extranjero y ya me dirá.
      Por último recomiendo el libro de Imperiofobia y Leyenda Negra, de Elvira Roca, una obra maestra que abre mucho los ojos a la actualidad de este país, todavía llamado España.

      1. Insisto en que "golpe de estado" tiene connotaciones que aquí sólo enturbian la discusión. Eso no significa que lo ocurrido no sea gravísimo, como dije antes. Yo no he hablado de "nación" sino de "sentimientos nacionales", esa abstracción que los nacionalistas invocan para limitar los derechos de otros ciudadanos, concepto que usted atribuye al "marxismo cultural" y que yo identifico con la Ilustración. Lo que no le consiento es que me llame progre ni intelectual. Ni entre comillas merezco esos apelativos. Le agradezco la recomendación literaria y le correspondo con otra: "Dioses útiles. Naciones y nacionalismos" de Álvarez Junco. Un saludo.

        1. Le pido perdón con total sinceridad por el comentario de "progre" e "intelectual". Sí he de decir que observo esa actitud en mi entorno. Saludos.

    3. Sólo puntualizarle un par de cosas de su respuesta a J.
      Afortunadamente, hoy vivimos en una sociedad en la que la información está al alcance de la mano (o más bien de un dedo o un click). Repásese videos y enlaces y verá que:
      1) enfrente tenían, en numerosas ocasiones, a individuos inequivocamente violentos.
      2) fotos fake, relatos falsos, heridos imaginarios, etc... Los datos de según que fuentes son tan fiables y reales como el propio pucheréndum.

      Y, sí, es un golpe de estado. Se quiebra el orden constitucional por la vía de la fuerza (que no de la ley). no hay armas y uniformes (más allá de los de algunos policías y bomberos autonómicos que se enfrentaron a GC y PN) porque, afortunadamente, de momento Puigdemont no tiene un ejército a su servicio. Dele tiempo.

      1. Aprovecho para hacer otra recomendación bibliográfica que puede complementar perfectamente a la de José Luis: “El conocimiento inútil” de Revel. Trata justamente de cómo, en el tiempo en el que todos tenemos los datos más a mano, y podemos contrastar la realidad de los hechos a tiempo casi real, acaba por imponerse una lectura que no tiene por qué ajustarse necesariamente a esa realidad. Y convertirse finalmente en la versión definitiva de lo sucedido.

        Eso ha pasado aquí también, que aunque el número de heridos y la entidad de las heridas haya sido de pequeñísimo alcance, o haya habido más heridos entre la policía que entre la población civil, la versión que se impone mayoritariamente, el puñetero “relato” que acaba asumiendo casi todo el mundo, es que ha habido brutalidad policial desproporcionada. Y esto servirá para justificar lo que vendrá en los próximos días, que por supuesto está ya guionizado.

        Vamos, una racioncita de desinformación como la que se le aplica generalmente al Madrid en los medios de comunicación

        1. Gracias, Ossip, por la recomendación. Lo digo sin ninguna ironía. Dice mucho de los lectores de La Galerna que aporten no sólo sus opiniones sino que las respalden con argumentos de autoridad.

          1. No se arrepentirá si lo lee, Nacho. O sí, porque su lectura repleta de datos incontestables deja un poso de amargura importante.

            La misma sensación, por cierto, que deja el libro de Elvira Roca, que no es un panfleto nacionalista ni una historia rosa para oponer a la leyenda negra, como he leído por ahí. Son datos y más datos que muestran cómo los españoles tenemos lo que nos merecemos por haber por haber dejado la tarea de contar nuestra historia a nuestros enemigos.
            Un saludo

      2. A Juan decirle que estoy convencido de que era posible haber evitado la apertura de colegios electorales sin necesidad de exhibición generalizada de cascos y porras. Presuponiendo, por ejemplo (para lo que no había que ser muy listo), que los mossos iban a ponerse de perfil. Es cierto que en las RRSS se ha magnificado y manipulado el nivel de las agresiones, pero en estos tiempos que corren, una única foto de una anciana ensangrentada se eleva a categoría de símbolo. Eso también hay que tenerlo en cuenta al gestionar la respuesta policial. Sobre el golpe de estado, me remito a la respuesta a José Luis. Un saludo.

  3. Perdonen que me meta donde no me llaman. Nacho Faerna ha escrito un artículo lamentando que le nieguen su derecho a encontrar en el fútbol (y ni siquiera eso, a encontrar en el Real Madrid) un espacio libre de seriedad y de querellas de adultos, y ustedes tienen la crueldad de contestarle con sus preocupaciones políticas. Están ustedes en su derecho también, pero demuestran muy poco respeto por los sentimientos ajenos porque su artículo dice lo que dice completamente en serio.
    Eso sí, todos ustedes dan sus opiniones muy correctamente y sin querer aparentar que están en posesión de la verdad. Unas serán más compartibles que otras, es la esencia de toda opinión, pero bastaría con que a nuestros gobernantes les hubieran enseñado en algún sitio esto que ustedes hacen con toda naturalidad para que no estuviéramos donde estamos.
    Si acaso, creo que el comentario inicial de José Luis amagaba con salirse un poco de esa línea, pero no hay nada como ser comedido en las réplicas para apaciguar al interlocutor y retornar al respeto inmediatamente (otra lección que parece que no se les imparte a nuestros gobernantes en las escuelas esas de verano de sus partidos). Aunque sospecho que José Luis no ha entendido del todo por qué Nacho dice que él no es "progre" ni "intelectual", bien está si de esa forma se calman los ánimos.
    Yo no voy a aportar bibliografía, pero le sugiero a José Luis que reflexione un momento sobre su afirmación "claro que somos una nación" (mejor si lo hace en su fuero interno y no por aquí, en consideración a mi hermano Nacho). ¿Necesita que la aceptemos todos, o le basta con que usted pueda pensarlo así sin que nadie se ofenda o le ofenda a usted por pensarlo? Porque mire, no existe un registro de naciones, ni un detector de naciones, ni siquiera una definición de nación que cumpla los requisitos mínimos de claridad lógica, mal que les pese a Junqueras o a Rajoy. Tampoco hay ciudadanos del mundo, por cierto (aunque no es un concepto progre, lo acuñaron los estoicos hace más de dos mil años). A veces pienso que los catalanes o los vascos se habrían avenido perfectamente a ser naciones sin Estado si España hubiera probado a ser alguna vez un Estado sin nación, con todos sus ciudadanos dotados de los mismos derechos, ni uno más ni uno menos, incluido el de adorar cada uno en privado a sus propios lares. A los romanos no les funcionó mal durante un largo tiempo.

    1. Tampoco al imperio español le fue mal durante un tiempo sobre esas bases que apunta Vd. Aunque al final terminara como el romano. Bueno, todavía no ha terminado por que está aún ahí, ahí, en las últimas fases de su descomposición propia, y de su disolución en otro imperio.

      Todos tenemos sentimientos, Ángel. Y nos gusta identificarnos con algo de carácter colectivo que conlleve unos logros históricos de los que enorgullecerse, aunque personalmente no hayamos tomado parte en ellos. Yo lo hago con España porque no tengo otra cosa con qué hacerlo, aparte del glorioso Real Madrid, que al fin de cuentas es solamente un club deportivo.

      El problema que yo veo en su respuesta es que acepta con alegría que Cataluña y el País Vasco sí son naciones (en la quinta línea del final de su escrito) y eso debería conferirles derechos y potestades exclusivas de las que los demás carecemos. Pero cuando se trata de España, ay, entonces el concepto de nación se vuelve ya indefinible, discutido y discutible, un dios útil y todas esos subterfugios (para aplicar la ley del embudo, o para equiparar cosas que no son iguales) acuñadas por historiadores e intelectuales del s. XX, uno de los siglos más desnortados de la historia de la humanidad, y una de las épocas más oscuras de la razón, tal como se enseñará en las escuelas del s. XXIII (esto último lo digo en tono de broma, pero siento en el fondo de mi corazón que no va descaminado).

      Perdón por la extensión y por la tozudez (espero que no contumacia) a la hora de responder. Cómo si no tuviera más cosas que hacer.

      Saludos

      1. Una puntualización, Ossip. El concepto de nación no se vuelve indefinible cuando se trata de España, es igual de indefinible en cualquier otro caso. Le trataba de decir a José Luis que no hace ninguna falta que los demás acepten que España o Cataluña son naciones si uno mismo y sus connacionales lo sienten así y eso se respeta. Mis últimas líneas eran un simple juego de palabras que quizá no se ha entendido bien: avenirse a ser una nación sin Estado significa para mí renunciar a traducir tu sentimiento identitario en derechos políticos especiales (que es lo contrario de lo que hace el soberanismo catalán), y probar a ser un Estado sin nación es definir los derechos políticos de todos los ciudadanos españoles sin referirlos a ningún sentimiento identitario en particular (que es lo contrario de lo que hace el nacionalismo español o "españolismo"). O sea: acepto con la misma alegría (o resignación) que Cataluña, el País Vasco y España sean naciones para quienes así lo sienten, pero la lealtad política (que no sentimental) debería serlo hacia un Estado democráticamente constituido, que es aproximadamente lo que hoy tenemos.

        Sí, todos tenemos sentimientos (aunque Bertrand Russell decía, para defender la tolerancia religiosa, que la democracia consiste en aceptar que a uno le hieran los sentimientos de vez en cuando), y el de pertenencia a una comunidad es uno de ellos y fundamental. Los sentimientos son naturales, pero las naciones y el derecho son construcciones culturales que formalizan una parte de ellos, y precisamente el siglo XX nos ha enseñado que el nacionalismo político (hacer de la nación una fuente de derecho) lleva al desastre aunque durante el siglo XIX sirviera para alumbrar los Estados modernos. Pregúntese de qué se siente orgulloso un nacionalista político alemán, o polaco, inglés, francés, estadounidense, francés, y saque sus conclusiones. Y mira que tenían dónde elegir.

        Ni tozudez ni contumacia, amigo Ossip, estamos todos muy preocupados y se nos nota. Y aunque seguro que tiene muchas cosas que hacer, la que hace es imprescindible en estos días que corren: hablar, explicarse, escuchar. Intento hacer lo mismo. Abrazos.

  4. Estoy totalmente de acuerdo con el artículo. Me indigna y me apena profundamente la actitud de algunos que han comentado en el foro al aplaudir y justificar la brutalidad policial el pasado 1 de octubre, a los que hablan de manipulación les recomendaría que se pasasen por algunos medios internacionales y que dejasen de creerse lo que dicen los medios de desinformación del país, estoy totalmente seguro que la unidad de España no se consigue a golpe de porra!!!
    hala Madrid y nada más!!!

    1. ¿Brutalidad de la Policía? Han actuado con una moderación que no se ve en las policías de esos países que nos critican. No se indigne por esto porque no es verdad. Nada se habla de los insultos, patadas, escupitajos a la policía, ellos son autoridad. Mire, si una votación es ilegal lo es y punto. Si no están de acuerdo con la ley se presentan a unas elecciones, obtienen escaños y consiguen cambiar dicha ley. Desearía que estuviese en el lugar de la PN y la GC para supiese lo que se cuece de verdad. Y hablar de la prensa internacional reflejando mentiras que aquí las sabemos. La imagen de la Justicia está representada por esa figura de una mujer con los ojos vendados y en una mano tiene la balanza que representa dar a cada uno lo que se merece (definición más auténtica de Justicia) y en la otra mano tiene una espada en posición de utilizarla ¿contra quién y cuándo? Contra el que no cumpla su sentencia y en el mismo momento.

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