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El delantero más grande que hemos visto y veremos

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

El delantero más grande que hemos visto y veremos

Escrito por: La Galerna14 agosto, 2015
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Buenos días. Cristiano Ronaldo vuelve hoy a la portada de una de las grandes cabeceras deportivas, y lo hace para inocular en nuestros maltrechos corazones madridistas algo de fe, esperanza e incluso caridad, tan necesaria esta última virtud teologal -y si no que nos contradiga el Padre Suances- para sobrellevar los accesos de cólera más impíos a que nos inducen tipos como Piqué. Y el que Cristiano vuelva a protagonizar esta edición de Marca nos sirve para reflexionar un poco a cuenta de un reciente artículo en La Galerna ("Cristiano, asúmelo") firmado por nuestro colaborador Quillo Barrios. Su artículo da para mucho.

Sostiene Quillo que Cristiano debe asumir que, tras haber superado a Messi a lo largo de los últimos dos años, el argentino vuelve a estar por encima. El modo en que Quillo expone la idea está lejísimos de suponer menoscabo alguno para la calidad del portugués. Si Quillo sostiene que a Cristiano le conviene asumirlo, es para que el luso pueda, desde la tranquilidad de haber interiorizado esta idea, remontar de nuevo hasta volver a superar gloriosamente al extraordinario jugador culé. Tal es (nos parece) el espíritu del artículo de nuestro colaborador, lo que nos hace asombrarnos de algunas reacciones tuiteras, o de las cosechadas en los comentarios a su entrada en este mismo foro.

De entre los argumentos refractarios a la aceptación del artículo de Quillo, hay alguno que, no obstante, nos merece alguna atención.

-Aun pudiendo ser verdad, ¿qué NECESIDAD hay de reconocer esto por parte de un madridista?

Es esta una cuestión altamente debatible. ¿Acaso hemos léido por parte de algún culé reconocimiento alguno al hecho de que Cristiano haya superado a Messi en los últimos tiempos? Si esto se ha dado así, no hemos sido desde luego testigos del fenómeno. Bien es cierto, no obstante, que la verdad no busca el quid pro quo, sino que debe imponerse por sí misma sin esperar correspondencia o gratitud en el rival dialéctico. Y la expresada en su artículo es la verdad de Quillo Barrios, pura y simplemente.

Hay algo, además, de paradójica exaltación de la grandeza de Cristiano en el reconocimiento de la grandeza de Messi. La trascendencia de la enormidad de Cristiano reside en su espíritu, intrínsecamente emparejado con el espíritu consustancial al Madrid: Cristiano es (nos atrevemos a decirlo) más grande que Messi precisamente porque nunca ha aceptado la realidad a través de la cual Messi es mejor que él. En otras palabras, Cristiano es mejor que Messi por haber sido igual de bueno que Messi siendo tal vez un punto menos extraordinario que Messi. Añadiremos: ha sido además (y es, y esperemos que en el futuro sea) mejor que Messi por haber sido igual que Messi jugando en un equipo que como media ha sido inferior al equipo en el cual ha jugado Messi (sí: el fútbol, certero tópico, es un deporte de equipo). Cristiano supera temporada tras temporada a Messi a base de competir cara a cara con Messi (a veces, incluso, derrotándole) a pesar de todos los pesares (a saber: excelencia del rival individual, excelencia de su equipo y cuestiones institucionales que arrojan dudas de toda índole sobre los triunfos del adversario individual y coral). Dichos pesares harían rendirse a otro alma menos rebelde, más capaz de aceptar la derrota. Esa incapacidad para la resignación que adorna a Cristiano es la esencia misma del Real Madrid. Cristiano es extraordinariamente grande, y lo es de un modo quintaesencialmente madridista.

Por lo demás, ¿tiene sentido dar vueltas inveteradas alrededor de la calidad o del momento de forma que atraviesa cada uno de estos dos futbolistas? Confesamos que el tema nos aburre y nos interesa bien poco. Volvemos al tópico: el fútbol es un deporte de equipo. Por lo demás, ¿no nos basta con disfrutar mientras podamos con el delantero más colosal que hayan visto los ojos de todos aquellos madridistas que no tuvimos la suerte, por edad, de ver jugar a Di Stéfano, Gento y Puskas? Miradle, disfrutadle y callad. Vuestros ojos no han visto nada igual, y nos atrevemos a asegurar que no volverán a verlo.

Dice Marca que está a punto. Que sea verdad, y que su simpar aportación se traduzca en muchos títulos para el club. Por ejemplo, el que tenemos imperdonablemente arrinconado en nuestro palmarés y a veces se diría que en nuestras ambiciones: la Liga.

mundodeportivo.750 (5) sport.750 (6)Quienes sí están ganando títulos son nuestros adversarios menos queridos, que esta noche van a dejar sentenciada (no tengáis la menor duda) la Supercopa de España. El Barça va a triturar al Athletic de Bilbao ante la atenta mirada de Mario de las Heras, que presenciará el partido en la tele con la vana esperanza (pero gracias por albergarla, Mario) de que los vascos den un susto a los blaugranas para poder traeros una crónica jubilosa.

Lo bueno que tiene la Supercopa de España es que no suena el himno antes. De este modo, personas como la que protagoniza la portada que hemos dejado para el final no tendrán que pasar por el mal trago de atestiguar en el escenario de los hechos la ofensa a dicho himno por parte de decenas de miles de personas mientras en su fuero interno se solaza ante la suerte de contar con una prensa amiga que ni siquiera, después, le va a hacer preguntas incómodas sobre lo contemplado. Y ello a pesar de ser el seleccionador de fútbol del país que ese himno representa.

as.750 (5)Del Bosque sí se queja en cambio, en la portada de As, de un cambio de calendario de la Liga que por lo visto afecta a la selección. Así, llega a nuestros ojos con semblante que denota gran severidad.

Los criterios con arreglo a los cuales administra Del Bosque esa severidad no dejan de asombrarnos. No decimos que no tenga derecho a quejarse por ese cambio de calendario, pero, ¿dónde abandona su derecho a la queja cuando jugadores del FC Barcelona emiten declaraciones que suponen palos en las ruedas de la convivencia de la selección tan graves o más graves que los producidos por determinados comportamientos de jugadores madridistas q