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Cuidado, Solari

Cuidado, Solari

Escrito por: Antonio Hualde1 noviembre, 2018
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En 1739, el Caribe estaba infestado de piratas y contrabandistas. Barcos de guerra españoles vigilaban sus aguas para combatirlos en la medida de lo posible. Uno de ellos interceptó a un buque corsario inglés, al mando de un tal Robert Jenkins. El capitán inglés debió ponerse farruco, ante lo cual su homólogo español, Julio Leon Fandiño, decidió cortar por lo sano -nunca mejor dicho-: sable en mano, le cercenó al inglés su oreja izquierda al tiempo que  advertía: “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. Este hecho fue relatado por el propio Jenkins -ya con una oreja de menos- en la Cámara de los Comunes, lo que hizo que Gran Bretaña declarase la guerra a España. Duraría hasta 1748 y se saldaría con una estrepitosa derrota británica, destacando especialmente la humillación sufrida durante el sitio de Cartagena de Indias a manos de Blas de Lezo –con 6 barcos derrotó a 150-.

Ahí fuera la proporción es similar. Todo el mundo nos  tiene unas ganas tremendas. El Barça es el adversario respetable; el Madrid, el enemigo al que intentar humillar. Solari, tipo leído, debe tener presente que entra en una guerra con varios frentes: prensa, club y jugadores.

El primero de ellos, el periodístico, está aguardando la más mínima ocasión -y si no la hay la crean- para saltar a la yugular del Madrid. Ser amigo de Diego Torres y José Sámano le dará algo de tregua, pero hará mal en confiarse.  Suele afirmarse sin sonrojo alguno que la prensa deportiva es madridista. Falso y ruin por igual. Que se hable de algo no significa que se ame ese algo. Aquí es justo al revés, de hecho. El Madrid es una mina porque hace que se vendan periódicos. Hasta en los digitales generalistas -créanme, sé de lo que hablo- las noticias que generan más pinchazos son las relativas al Real Madrid. Y cuanto más tendenciosas, mejor. Otros equipos se quejan de tener menos protagonismo. Es verdad. Sin embargo, esos mismos equipos no tienen que padecer el escarnio permanente al que se somete al Madrid a diario, ni las fake news ni la adulación -o menoscabo, según toque- constante a sus rivales.

El segundo, el club, tiene su aquel. No conocí a Bernabéu, ni tampoco vi jugar a Di Stefano, por lo que puedo asegurar sin rubor alguno que Florentino ha sido el mejor presidente que he visto, y Cristiano el mejor jugador. Los méritos económicos, societarios y deportivos de Florentino son tan incontestables como poco valorados en ocasiones, y para algunos decir esto equivale a ser tildado de oficialista. Pero están también los talibanes que no admiten crítica alguna a la actual junta directiva, y que tachan de enemigos del Madrid a quienes nos atrevemos a no decir amén a todo. Se han hecho cosas muy bien, cierto, pero también otras muy mal. Las comparaciones siempre son odiosas, y creo que se equivocan quienes comparan fútbol y basket: distintos deportes, distintas aficiones, distintos modelos de negocio y, mal que nos pese a algunos, distintas rentabilidades. Sin embargo, algo sí es extrapolable -o creo que podría serlo- de nuestra sección de baloncesto: allí Sánchez y Laso trabajan sin tanta presión marketiniana ni tanta “opinión de arriba”. Eso parece, al menos. La consecución de las tres últimas Champions fue un éxito rotundo, vaya por delante. Pero tras su brillo hay sombras tales como el abandono en Liga y Copa o una cierta sensación de que el traje empezaba a descoserse sin que nadie tomase medidas al respecto. Y ahora está roto.

Solari, dure lo que dure, debería tener mando en plaza, y eso nos lleva al último frente: los jugadores. Perder al tipo más determinante de los últimos tiempos pasa factura; a la vista está. Cristiano es insustituible, eso está claro. ¡Pero no traer a nadie de gran categoría en su lugar es suicida! Nunca me he escondido al afirmar que no me gustan Bale ni Benzema, y es un hecho que lejos de asumir galones tras la marcha del portugués han optado por dar un paso atrás. Modric, por su parte, atraviesa una pájara notable: mundial, edad y fatiga son factores decisivos. Eso mismo es extensible a casi la totalidad de la plantilla, mal planificada y deficientemente renovada por parte de la junta directiva -sí, sigo echando de menos una dirección deportiva visible y “deportiva”-. Además, hay algunos hábitos de vestuario que convendría encauzar -no exclusivos del Madrid, pasa lo mismo en todos los grandes clubes-.

Esto es lo que tiene ante sí Solari. Yo le deseo toda la suerte del mundo: es el entrenador de mi equipo, me cae bien, y además está emparentado con el mejor centrocampista de todos los tiempos: Fernando Carlos Redondo. Solo por eso ya merece devoción.