Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
La Galerna de los Faerna
Cuestiones de estilo

Cuestiones de estilo

Escrito por: José María Faerna31 marzo, 2016

Ya he escrito más de una vez por aquí que el Madrid es un estilo, lo que no significa necesariamente que tenga un estilo. De hecho, esta cuestión del estilo a menudo lo emborrona todo. En las biografías apresuradas de artistas, escritores y oficios afines se acaba uno encontrando en algún momento una frase como esta: "Fue en la década de tal cuando finalmente encontró su estilo", como quien llega de una vez a la meta. Esa literatura ha hecho mucho daño y el mundo acumula ya demasiadas generaciones de ánimas tiernas que garabatean papeles y pantallas a la caza desesperada del estilo como capitán Ahab que lleva el diablo.

Por si no teníamos bastante con tanto artista atribulado, ahora los futbolistas también aspiran a su estilo como si fueran poetas barbilampiños. Peor todavía, ¡son los clubs, y aun los países futbolísticos, quienes lo anhelan así en colectivo! Y digo ahora porque la cosa es reciente. Hasta los años noventa yo no había sospechado que el fútbol fuera clasificable en términos de estilo. Fue entonces cuando algunos escribidores campanudos y de Bilbao empezaron a teorizar mientras levantaban la barbilla por encima de la papada sobre "el estilo de España". Que no lo tenía, y preferible fuera no tener padre ni madre. La cosa no tardó en complicarse, porque enseguida la demanda acuciante se extendió a los clubes. ¿Habría repertorio de estilos futbolísticos para todos? ¿Cada selección y cada club podrían aspirar a uno para ellos solos o habrían de compartirlos como un piso de erasmus alborotados?

Todo esto deriva de un grave equívoco. Si los poetas mocosos y los escribidores campanudos supieran qué es el estilo nuestra vida y la suya sería más fácil. Así se llamaba el punzón (stilus) con que los escribas grababan las tablillas en la Antigüedad. Según fuera este y según lo manejara el escriba, un ojo avezado podía identificar la caligrafía del escribano correspondiente a cada documento. O sea, que el estilo es un residuo, apenas un rastro que dice nuestro nombre por debajo de nuestras acciones. Cosa muy conveniente cuando hacemos cosas memorables, pero solo si hacemos cosas memorables. A algunos, les identifica; a otros simplemente les delata. El estilo es como la edad: inevitable. Hay que ser membrillo para ir por ahí buscando un estilo si quieres ser artista; pero si quieres ganar la Liga y la Copa de Europa y lo que buscas es un estilo es que eres directamente gilipollas.

Stilus

Nuestra querida prensa, siempre tan atenta, suele decir que no se sabe a qué juega el Madrid, que no tiene un estilo reconocible. Desde que los escribidores campanudos introdujeron este asunto tan refinado viene diciendo eso con más o menos insistencia, da igual si al final ganas la Liga o la Copa de Europa. Para estilo el Barça, claro; esos sí se sabe a qué juegan o, al menos, cómo juegan, porque esto del estilo va del cómo, no del qué. El campeón del estilo fue Guardiola, lo sabe todo el mundo, el tiquitaca y tal. Resulta, sin embargo, que Pep está hasta las narices de la paternidad putativa del dichoso tiquitaca. Yo recomendaría aunque fuera una lectura somera de Herr Pep, el estupendo libro que escribió Martí Perarnau convertido en sombra del entrenador en su primera temporada en Múnich. Allí Guardiola deja claro por activa y por pasiva que la posesión es un instrumento, nunca un fin.  También queda de manifiesto el obsesivo control de la pizarra practicado por ese soñador adolescente que pinta la caricatura de la prensa al uso; a su lado, Benítez o Mourinho parecen ácratas dinamiteros. Una cosa es que Guardiola sea un tipo algo relamido y repelente y otra que se chupe el dedo.

Antes de que la literatura futbolística pereciera anegada en estos manierismos, los grandes equipos, es decir, los que tienen la aspiración permanente de ganar todo lo que juegan, no buscaban la camisa de fuerza del estilo sino la flexibilidad operativa de las opciones múltiples: contratacar si el rival juega con líneas adelantadas y deja espacios; marear la pelota, ensanchar el campo y filtrar pases si se cuelga del larguero como los murciélagos colchoneros de la troupe del Cholo. Si el Barça, ese campeón del estilo, está sobreviviendo con éxito al relevo o la decadencia de muchos de los jugadores que construyeron el equipo de Guardiola es porque Luis Enrique, con una nada despreciable habilidad para nadar contracorriente sin tragar agua, se ha pasado el estilo por el arco del triunfo y hoy anda sobrado en el campeonato aunque tenga peor plantilla que el Madrid (sí, han leído bien: con tridente y sin tridente, la plantilla del Madrid 2015-2016 es mejor que la culé; por eso el madridismo anda revuelto, dolorido y frustrado). Ahí está en cambio España, vigente campeón de Europa y penúltimo campeón mundial, chapoteando en la banalidad pero fiel como un eunuco gordinflón a ese estilo perdido y hallado en el templo con el beneplácito de los escribidores campanudos, que ahí siguen predicando.

¿Pero no era entonces el Madrid un estilo? ¿En qué quedamos?

“Y sobre todo, compórtate –le dice el Lord Byron cinematográfico de Gonzalo Suárez a su hija Allegra cuando la deja al cuidado de las monjas de Bagnacavallo–. Bien o mal, pero compórtate”. Byron y el madridismo saben que el estilo es un patrón de conducta, no un beocio patrón de juego. El estilo del Madrid consiste en que si ganamos el sábado la prensa nunca dirá que Zidane ha dado con la tecla para activar el potencial extraordinario de su plantilla, sino que el Barça es en realidad mucho más vulnerable de lo que parece bajo las apariencias de su tridente dicharachero, ¿o es que la Roma y el Sevilla no eran equipos de aficionados? El estilo del Madrid consiste en que si ganamos el sábado el culerío empezará a sudar frío, aunque hace cuatro días siete puntos fueran un abismo liguero. El estilo del Madrid consiste en oler la sangre hasta el minuto noventa y cuatro sin bajar los brazos, porque todo rival sabe que si al Madrid le queda una opción en el minuto noventa y tres tiene mucho de qué preocuparse. El estilo del Madrid consiste en que, en medio de una temporada llena de negros presagios La Galerna dedique el más hermoso de sus portanálisis a homenajear al héroe caído del rival, mientras el rival acusa recibo en periscopios saltimbanquis, manitas al viento y delirios argentinos de franquitos y mafaldas. El estilo del Madrid consiste en saber que el estilo no se busca. Si haces cosas memorables, ya te encuentra él solo.

Número Uno

El mayor de los Faerna es historiador del arte y editor, ocupaciones con las que inauguró la inclinación de esta generación de la familia por las actividades elegantes y poco productivas. Para cargar la suerte, también practica el periodismo especialista en diseño y arquitectura. Su verdadera vocación es la de lateral derecho box to box, que dicen los británicos, pero solo la ejerce en sueños.

7 comentarios en: Cuestiones de estilo

  1. "ensanchar el campo y filtrar pases si se cuelga del larguero como los murciélagos colchoneros de la troupe del Cholo"

    innecesario

    lleváis todo el año mirando a esos murciélagos desde atrás , y un montón de derbis
    sin ganarles.

    por lo demás , un artículo magnífico.

    pese a no compartir algunas cosas.

  2. Siempre he creído que el mejor profesor es aquel que, en el primer día de clases, pone las expectativas de todos patas arriba, da un golpe sobre la mesa en un "aquí no vamos a perder el tiempo ni a estar con tonterías (por no decir gilipolleces); venimos a aprender". Un profesor que revuelva las conciencias de estudiantes adormilados, acostumbrados a leer y repetir cual lorito en el examen (por no decir vomitar), sin haber digerido nada de los contenidos. ¿A dónde voy con esto?
    Usted, señor José María Faerna, ha escrito hoy lo que un buen profesor entregaría el primer día de cualquier clase de Periodismo Deportivo, y les diría a los estudiantes: "apréndanse esto bien y el que no, puede darse por suspenso".
    Usted, señor José María Faerna, ha escrito hoy lo que un aficionado madridista debería conocer para no seguir las consignas y dislates de periodistas conocidos como 'Much Ado About Nothing'.
    Usted, señor José María Faerna, ha hecho que yo deje mis obligaciones habituales para releer tres veces su artículo, admirar el contenido, reírme con algunos pasajes, y querer imprimir el último párrafo con el fin de ser repartido junto al DNI de cualquier madridista.
    Usted, señor José María Faerna, se merece una gran ovación de pie. Y eso hago para cerrar ya este comentario. ¡Gracias, Número 1!
    ¡Hala Madrid y nada más!