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Crónica del Valencia, 2 ; Real Madrid, 2

Crónica del Valencia, 2 ; Real Madrid, 2

Escrito por: Mario De Las Heras4 enero, 2016
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El primer detalle que vi fue un mantenimiento de balón de Kroos (el jefe con pata chula) con baile de cancán. Luego le pisaba Marcelo en un córner a Cancelo, que es como llamarse Cerrojo, un hombre con los lados de la cabeza rapados (niños, no os rapéis los lados de la cabeza), y la grada mestallista intentó hacerse honor al nombre sin lograrlo. Lo intentó durante toda la noche con Ronaldo (“vamos a pitar a Ronaldo esta tarde, qué diver”, se debió decir el valencianismo al despertar el domingo por la mañana), pero el portugués no se lo permitió jugando al pizzicato, con el que además participó en un gol de antología.

Se oían cánticos en honor de Benítez, un entrenador glorioso por allí en Levante cuyo culmen madridista está siendo la llegada de un pie tierno al Oeste atado de pies y manos a una mesa de saloon volcada mientras los autóctonos hacen prácticas de tiro. Falta por ver si saldrá de la ciudad sobre un poste embadurnado de alquitrán y plumas, y eso casi nunca era justo sino salvaje.

Allí sobre la hierba había algo diferente. Luego diría Ramos no sé qué del orgullo, pero no era nada más que un acierto casual. Ramos tiene tres frases en el caletre y de vez en cuando alguna le sirve. Lo que ya casi no le sirve al Madrid es su fútbol, amortizado (y sin embargo renovado) el futuro del Madrid que veía en él Mourinho.

Benzema aceleraba y salía humo del tubo de escape. Lo hemos visto muchas veces, pero no le habíamos visto pasar una y otra vez como el ruido de todas aquellas Vespinos durante una siesta de verano en la sierra. A mí no me dejó dormir, y su desempeño fue como volver a disfrutar del resto de olor de un ciclomotor canicular conducido por Natalia y con Verónica de paquete en bañador.

André Gomes era el problema, como si nos fuera a robar a las chicas. Yo veía a Pepe nervioso y a Gomes haciendo chirriar la tiza en la pizarra en su cara como para empezar a darle vueltas la cabeza igual que a Linda Blair, que de poseída en la pantalla acabó apareciendo desnuda en Playboy, quien sabe si como acabará el pobre Kovacic, a lo mejor posando junto a Danilo.

El brasileño no fue el de siempre. Yo le vi recorrer la banda, lo cual ya es algo (incluso con Bale en la misma dirección), e irse a los medios como es habitual en él antes de llegar al área contraria. Aunque también llegó. Yo creo que lo que quiere es brindarle desde allí un toro al personal, y luego cortarse la coleta.

Gareth Bale ejercía de trapecista jugando colgado de las corvas, mientras Benzema seguía pasando una y otra vez para mi disfrute casi sicalíptico. Recuperaba Kovacic que salía con soltura, aunque era levantar la vista y toparse con la niebla, la niebla que lo explica todo, como decía Camba de la de Londres.

Fue en el dieciséis cuando se disipó. La controlaba Cristiano en el área pero se le marchaba un poco. Luego apareció Benzema que la cogía y se hacía un eslalon bello de Alberto Tomba antes de frenar para Bale, que no quiso mirar para enviársela (la pelota) de tacón a Cristiano, que sintió envidia y tampoco quiso mirar antes de devolvérsela a Karim, que marcó gol ajustado al palo. La faena fue del francés, el pellizco del galés y el remate por bajo del portugués. La BBC, amigos, para la posteridad, casi nunca mejor dicho porque Ronaldo, esta vez, ya no parecía jugar en Technicolor sino ser de cera.

karim en valencia

André Gomes seguía percutiendo, como apostado en una esquina soplándose el flequillo mientras las niñas le miraban al pasar, y no se caía. El árbitro no pitaba nada y Mestalla se rasgaba la ropa. Yo veía volver a planear los pases de Kroos al tiempo que Benzema se abría el pecho como para que Elizabetha le chupara la sangre. Había tanto romanticismo en él que una pelota de Modric se le quedaba enganchada entre las ruedas de la moto, la de Natalia y Verónica en bañador.

Luka fallaba un poco gripado. Cancelo casi marca de cabeza y Danilo se anticipaba en alguna ocasión. Todo era un rebote como si el balón de unos niños golpeara constantemente en la calle a los transeúntes. El comentarista Robinson decía ver un Madrid correcto (uh, qué valiente) y Kovacic seguía rellenando huecos como un camarero los cuencos de aperitivos en una fiesta. Era curioso observar cómo parecía hacer retumbar el suelo cuando trotaba y todo lo contrario en su correr liviano, una explicación que requiere de la Física.

Al filo de la primera parte hubo un penalti a Bale que Sánchez Martínez prefirió no mirar, como el galés a su taconazo, y de ahí un contraataque de André que desestabilizó a Pepe a fuerza de cambios de ritmo, al que acabó haciéndole echarse sobre él con los miembros descontrolados como conminándole al sexo. No es que lo tirara, como Orban a Bale, sino que se lo tiró.

La segunda parte comenzó con Benzema y su espada en lo alto como si no pudieran quitarle la libertad. El francés era Maradona y Marcelo un tronco sin cintura en algún lance que salvó Kovacic (hasta encontrarse con la niebla) cargando en todo momento con la bolsa gigante de las galletitas. Danilo continuaba queriendo ser artista diciéndoselo a mamá, como Concha Velasco, y yo era verlo intervenir y acordarme de aquella canción: “En el espejo de mi habitación/ soñaba una chica en camisón/ en vez de preocuparse de jugar/ le daba solamente por soñar…”.

Era Gomes, joder con Gomes, quien se las llevaba de calle a pesar de Benzema, pero estaba Keylor para salvar nuestro honor de pandilla como un superhéroe. El rebote ya era una exageración. Modric, que había dado señales de ahogo, se arrojaba. Luka juega arrojándose como Karim derramándose hasta que llegó la sustitución misteriosa.

Salía Lucas Quinto por el francés y uno pensaba en que Benítez había firmado su renuncia oficial al artisteo. Algo debía de haberle pasado a Benzema. Ronaldo, convertido en perdiz, era derribado en vuelo por Abdennour, pero Sánchez Martínez tampoco vio caer al portugués en barrena, inerte, al prado. Luego llegó Kovacic tan tarde a por la pelota que Cancelo se dolió en diferido y al croata lo expulsaron en directo.

No cambió el partido a pesar de la descompensación. Salió el orgullo con el que Ramos hoy acertó de chiripa (otro que también se rapa los lados de la cabeza: niños, no os rapéis los lados de la cabeza), y vi a Bale marcharse por la izquierda a tal velocidad que a Barragán se le aparecía entre las manos un caja de ACME, y después  a lo lejos, una pequeña nube de polvo.

Dejaba pasar Luka, incansable, el balón para Lucas Quinto, justo antes de que Kroos pusiera el balón para el gol de Bale en el treinta y séis, una cabeza a la escuadra con efecto que hizo equipo, piña, en la banda, mientras Benítez se llevaba a Toni a un reservado para tratar de conservar aquello mientras los niños festejaban. Pero ni con esas pudo ser. Un minuto después marcaba Alcácer, un fantasma, como si hubiera marcado Del Bosque.

LAS NOTAS:

Keylor: Destaca (D). Salvó el empate al final.

Marcelo: Progresa Adecuadamente (PA). Sus detalles como sus labores. No acababa de subir como un globo con demasiado lastre.

Pepe: Progresa Adecuadamente (PA). Estuvo bien. Fue seducido por Gomes y eso lo desconcentró.

Ramos: Muy Deficiente (MD). Y se rapa los lados de la cabeza.

Danilo: Necesita Mejorar (NM). También se rapa, pero en él se entiende. Quiere ser artista.

Kovacic: Progresa Adecuadamente (PA). Tarjeta roja. Hay que disiparle la niebla. Lo hizo bien.

Modric: Destaca (D). Arrojo.

Kroos: Destaca (D). Ingeniería alemana.

Cristiano: Progresa Adecuadamente (PA). No estuvo mal en su papel secundario, pero no es el goleador salvaje que conocíamos.

Bale: Destaca (D). Si yo fuera un niño sería mi jugador favorito.

Benzema: Destaca (D). Tiene que oler a crema bronceadora y a chicle de sandía.

Lucas Quinto: Exento.

Benítez: Progresa Adecuadamente (PA). Quizá debió parar el partido en los momentos clave de algún modo que no fuera dar instrucciones a sus jugadores porque no parecen escucharle. Qué sé yo: fingir un desmayo o salir desnudo al terreno de juego.

EFEMÉRIDE DESTACADA:

Nace Sergio Leone (1929).

Mario De Las Heras