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Cristianofobia y jugadores hormonados

Cristianofobia y jugadores hormonados

Escrito por: Antonio Hualde14 noviembre, 2016
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Según Nietzsche, “no se odia mientras se menosprecia. No se odia más que a un igual o a un superior”. Alguien con el curriculum de Cristiano Ronaldo no puede jamás ser menospreciado; en todo caso, odiado. Nada nuevo, por otra parte, y menos en un país donde la envidia es el pecado nacional.

El día que Cristiano ya no esté en el Madrid será cuando muchos empiecen a valorar su descomunal legado. Recordarán entonces que, pese a tener ofertas tan mareantes como reales, el portugués quiso seguir ligado a un club al que ha mostrado una lealtad inquebrantable. Está muy bien pagado, eso es innegable; pero no es menos cierto que los ingresos que él solo es capaz de generar -y sus goles, por cierto- le hacen merecedor de su actual estatus. Ha marcado en encuentros decisivos, ha sido determinante en varias finales y su sola presencia intimida a los rivales. ¿Tanto como para renovarle? Es difícil ser categóricos en este sentido. Hay que tener en cuenta dos factores: la hipérbole que rodea a todo lo que tiene que ver con las estrellas del deporte, y lo que valen sus renovaciones.

En cuanto al primer punto, deportistas como Kobe Bryan, LeBron James, Novak Djokovic, Messi o el propio Cristiano ganan en consonancia con lo que generan, que es mucho. En cuanto al segundo, los contratos de los futbolistas -y Cristiano no es una excepción- suelen acabar en papel mojado. Lo que hoy es amor eterno, mañana es olvido. Que Cristiano -o quien sea- renueve por 99 años no implica necesariamente que los vaya a cumplir. Lo que para el común de los mortales supondría una obligación contractual ineludible, para clubes y jugadores no es más que algo sobre lo que negociar, por muy blindado que se suponga.

cristiano

Cristiano está sano. De hecho, siempre ha llevado una vida muy sana. Reconozco que, cuando le fichó el Madrid, temí por al vida extradeportiva que pudiese llevar. La realidad es que su comportamiento ha sido ejemplarmente profesional. No se le conocen salidas nocturnas, se ejercita siempre al máximo y nadie podrá cuestionar su entrega. Además, las lesiones le han respetado hasta ahora. Es un toro. Otros de su nivel, sin embargo, han requerido cuidados médicos intensivos; con hormona de crecimiento, sin ir más lejos.

No es un tema menor. Si uno busca los posibles efectos secundarios de administrar hormona de crecimiento a un deportista -que, para más señas, no ha acabado creciendo mucho-, el resultado puede llegar a ser preocupante: boca pesada -no excesiva fluidez verbal- globulina hormona-obligatoria creciente del sexo (SHBG), lo que puede traducirse en una función sexual reducida, vómitos, etc.

¿Ustedes imaginan los ríos de tinta que correrían si Cristiano hubiese tenido que seguir ese tratamiento? Habría hasta tsunamis. En cambio, ciertos medios se empeñan constantemente en buscarles las vueltas retorciendo sus declaraciones y fabulando sobre lo que hará en su vida privada. Soy el primero al que no le gustan según qué tipo de declaraciones, las haga quien las haga. Cristiano no siempre ha estado afortunado ante los micrófonos; eso es cierto. Es más noticiable que diga que es “guapo y rico” que la excelente relación que mantiene con todos los empleados del club, por ejemplo. También con sus compañeros de la primera plantilla, y en especial con los jóvenes y recién llegados, quienes siempre dicen el trato y las atenciones que reciben del portugués. Fuera del terreno de juego, su vertiente solidaria es tan amplia como discreta, por expreso deseo del interesado. Pero nada de eso parece importar con tal de enfangar su imagen. Es una especie de Cristianofobia que en ocasiones llega hasta a provocar ternura. Y eso que no está hormonado.

Antonio Hualde
Abogado,historiador en ciernes,investigador en Fund.Ortega y Gasset.Escribo en Diplomat in Spain,El Imparcial,Actuall,La Galerna. Radio Internacional.Scout

7 comentarios en: Cristianofobia y jugadores hormonados

  1. Haciendo una búsqueda rápida por Internet, me encuentro que la hormona del crecimiento presenta, entre otros, estos efectos beneficiosos (http://www.somatropin.cn/es/effects.html):

    Aumento del metabolismo: El cuerpo quema carbohidratos a un ritmo mayor.
    Sistema inmunológico mejorado.
    Mayor rendimiento cardíaco.
    Mejora de la presión arterial.
    Regeneración de tejidos en general.
    Huesos más fuertes.
    Reducción de la grasa corporal.
    Niveles más altos de energía.
    Aumento de la masa muscular.
    Aumento de la capacidad de resistencia y rendimiento al ejercitar.
    Regeneración más rápida después de la actividad física.
    Niveles de colesterol mejorados.
    Vista y audición mejoradas.
    Previene o alivia el desgaste muscular (causado por varias enfermedades).
    Recuperación más rápida luego de quemadas o lesiones severas.
    Crecimiento mejorado en niños de corta estatura (causada por varias enfermedades).

    Y no hace falta decir mucho más.

    Recuerdo haber leído un comentario, aunque no consigo encontrar literatura al respecto, que sugería que había estudios que indicaban que la hormona del crecimiento presentaba otro efecto: el paciente tenía una percepción alterada del tiempo, más lento, con lo que sus reacciones eran más rápidas que las de otra persona para un observador objetivo. Esto explicaría muchas cosas, las cosas que la sobreprotección arbitral no consiguen explicar. Sin embargo, como digo, no consigo encontrar confirmación.