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Cristiano el villano

Cristiano el villano

Escrito por: Jesús Bengoechea11 diciembre, 2018
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Solo el tiempo podrá dictaminar si dejar marchar a Cristiano fue o no fue un error por parte del Real Madrid. Tampoco hará falta mucho tiempo. Esta temporada consiste para el mundo del fútbol en un pulso entre Cristiano y el Madrid post-Cristiano, y bastará para dictar sentencia: si Cristiano logra ganar la Champions con la Juve será el más grande del fútbol contemporáneo de manera inequívoca, y quedará probado que el Madrid se equivocó; si el Madrid post-Cristiano se hace con el mismo y fundamental entorchado (y lo haría por cuarta vez consecutiva), refrendará de modo aún más abusivo su dominio del balompié mundial, y demostrará que el adiós del de Madeira fue un acierto. Un escenario intermedio -con Cristiano ganando la Serie A, el Madrid la Liga y un tercero haciéndose con el gran título continental- definirá un empate técnico. Es, no nos engañemos, el escenario más probable, aunque los destinos de la Champions son veleidosos.

si cristiano logra ganar la champions con la juve será el más grande del fútbol contemporáneo de manera inequívoca

Aun no pudiendo juzgarse todavía la conveniencia de la venta de Cristiano a la Juve el pasado verano, sí puede establecerse una medición de nostalgias recíprocas con resultados en los que, sorprendentemente, lo deportivo no va necesariamente de la mano con lo emocional. Es posible que en lo competitivo sea el Madrid quien eche de menos al portugués, pero en lo emotivo resulta evidente que la tendencia se invierte. Cristiano presume muchísimo de que no echa nada de menos su anterior club, señal inequívoca de lo contrario.

Que si la Juve sí que es una verdadera familia (por oposición al Madrid, se entiende), que si en la Juve no hay prima donnas como en Valdebebas. Esta última y muy reciente declaración resulta chocante, a menos que se trate de una forma giratoria de hablar de sí mismo: en el Madrid había una prima donna que era por supuesto yo, y en la Juve no hay ninguna porque yo he dejado de serlo. No creo ni que haya dejado de serlo ni que sea eso lo que quiere decir, pero me sorprendo aún ofreciéndole coartadas, a pesar de que ya no hace falta, a pesar de que ya no está. Comprendo ahora el esfuerzo en la generosidad de las hipótesis con que siempre le defendí, y me asombro ante la inercia. Falta de reflejos en mi madridista corazón.

Miro a Cristiano retrospectivamente y no solo me encuentro ante el tipo que sacó de mí lo máximo en términos de goce futbolero y sentido de pertenencia a la tribu, sino también ante el sujeto que más veces ha puesto a prueba mi dialéctica. Es un sistema de defensa que cuesta frenar una vez se pone en movimiento. Veo ahora que defendí a Cristiano llevado por el afán de sacudir a quienes le denigraban más que por sus méritos intrínsecos para ser defendido (méritos extrafutbolísticos), a la par que me enfrento a una reflexión incómoda: el hecho de ser atacado de continuo por cretinos y con cretineces no te exime a ti de la opción de serlo y alumbrarlas.

Con todo, y como decimos, las chinitas que el siete lanza al club (porque no falta al presidente, falta al club en su conjunto, incluidos sus compañeros) no son tanto señal de falta de luces como de genuina nostalgia. Es ese amigo que se pasa el día justificando el haber plantado a su mujer tras una larga convivencia: mira lo pesada que era y fíjate en que la nueva, aunque sea más joven (aquí ni eso: la Vecchia Signora), posee una madurez muy reseñable. Es ese amigo que, a base de hablar mucho y muy alto, trata de convencerse a sí mismo más que de convencer a los demás. El error a lo mejor no es irse del Madrid, sino irse del Madrid y hacer como si te hubieras ido de cualquier sitio. A Cristiano le está pasando eso: nos cuenta todo el rato que la Juve es mucho más guapa, y no solo es que no creamos que lo es, sino que no hay forma más clara de proclamar sus saudades blancas. Este mensaje, que hace de menos a sus ex compañeros en comparación con quienes ahora comparten vestuario con el luso, es además un arma de doble filo: se pueden empapelar las taquillas con él, como antaño con las bravuconerías de Oliver Khan. Quizás sea eso. Quizás sea solo que un jugador tan grandioso sólo puede desempeñar, tras emplearse durante años como héroe, el papel de villano, menos agradecido pero igualmente primordial. Villano añorado, villano amado. Pero villano al fin.