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Courtois, el hombre que terminó con el debate

Courtois, el hombre que terminó con el debate

Escrito por: Antonino De Mora5 marzo, 2020
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Desde que tengo uso de razón, el Real Madrid ha adolecido de un mal que, salvando ocasiones puntuales, siempre ha traído de cabeza a la mayoría de los entrenadores que han pasado por ese banquillo: la portería.

Mi inicio en el madridismo coincidió con la época final de Buyo y trajo consigo un vacío que se ha ido alargando en el tiempo desde entonces. Primero fue Bodo Illgner el que intentó llenarlo y, con él, vino la séptima Copa de Europa. Bizarri, Cañizares y César ocuparon su lugar después sin continuidad hasta que un chaval de Móstoles, con habilidades pocas veces antes vistas bajo los tres palos, se erigió en rey de la portería blanca durante toda una década. Desde 2004 a 2010, Casillas fue, alternándose con Buffon, el mejor portero del mundo como así lo atestiguan todos los galardones que consiguió durante esos años. Quién sabe si por dejadez, por saberse el mejor o simplemente por el paso de la edad, aquel beso del Mundial de Sudáfrica significó el principio de su decadencia y, con ella, la vuelta a empezar para encontrar un sustituto.

Primero fue Diego López a petición de Mourinho el que ocupó el puesto de guardameta blanco y tuvo que salir de allí por la que, a todas luces, fue la campaña mediática más asquerosa que este país ha visto contra un deportista. Y luego, claro, llegó Keylor.

Navas padecía las mismas virtudes y defectos que Iker: un grandísimo portero en el mano a mano y con unos reflejos de felino pero que fallaba por alto e iba muy mal con los pies. Con él se consiguieron tres Copas de Europa y, al menos dos de ellas, fueron por grandísimas actuaciones suyas. Keylor Navas, sin duda, es leyenda viva del Real Madrid.

Pero la edad no perdona y el club, inteligentemente, se apresuró a buscar un sustituto, no tanto de cara a ese mismo año, pero sí a un futuro próximo y encontró en Thibaut Courtois una de las mayores gangas del mercado actual: treinta y cinco millones de euros por un portero de apenas veintiséis años y que, a todas luces, estaba por aquel entonces entre los cinco mejores del mundo.

De nuevo llegaba el debate al que este equipo está condenando por su grandiosidad y también, todo hay que decirlo, porque demasiada gente vive de él: ¿Keylor o Courtois? ¿La leyenda de las tres Champions o el chaval que va a defender la portería blanca durante una década? Yo, desde el primer momento, lo tuve claro: Thibaut.

Cuando uno elige al mejor por delante de la historia parece, indirectamente, que desprecia a la segunda… y no tiene por qué ser así. Ni mucho menos. Keylor había cumplido con creces en el Real Madrid, había sido fundamental en la consecución de ese ciclo histórico irrepetible, pero los que creemos de corazón en esa meritocracia mourinhística no podíamos consentir que un portero mejor que él quedase relegado al banquillo. Porque, no nos engañemos, Thibaut Courtois es mucho mejor portero que Keylor Navas: es más completo, va infinitamente mejor por alto, juega mejor con los pies, aporta seguridad al bloque y, en los momentos puntuales, puede competir en cuanto a reflejos con el costarricense. Y, además, tiene seis años menos.

Por supuesto, a un tipo larguirucho, con pasado atlético y marcado acento belga no le iba a ser fácil adaptarse a la ruindad de la prensa deportiva madrileña ni a ese sector cafre y con olor a naftalina de la afición del Real Madrid, y más con actuaciones, a principio de año, en las que dejaba ver un cierto nerviosismo y, en ocasiones puntuales, algún error de bulto. Sin embargo, ahí están los datos: el mejor Madrid defensivamente que uno alcanza a recordar y el único que ha conseguido dejar a cero al FC Barcelona en una temporada. Un seguro de vida bajo palos que será, si Dios quiere que se gane esta Liga, uno de los culpables más directos de alzarse con el título. Y, lo verán ustedes, uno de los grandes artífices de todo lo grande que está por llegar. No me cabe ninguna duda.