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Conversación con don Fútbol

Conversación con don Fútbol

Escrito por: Antonio Valderrama20 abril, 2016
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Una inusualmente fría mañana de abril un hombre joven entra en un bar. Está vacío. La hora de los desayunos ha dejado cierta blandura melancólica en el ambiente. Acaso se echen de menos los retruécanos de los parroquianos habituales. La tele está puesta y en ella sale Mariló, hablando de sus cosas. La feligresía del bar la compone a esa hora tan sólo un viejo. Está tocado con una boina gris, sus pantalones son de tela igual de gris que la boina y que los pelos que se escapan por debajo, sobre las orejas también peludas. Viste una rebeca granate que deja entrever una camisa ocre, de cuadros verdes y azules, y abierta dos botones sobre el pecho. Sentado en una banqueta, al final de la barra, lee el As, al parecer muy atentamente. De vez en cuando le echa miradas libinidosas a la pantalla y resopla. El camarero trastea arriba y abajo, moviéndose, una circunstancia que está muy bien vista siempre por quienes acuden a los bares.

El hombre joven se sienta en una silla, apartado, y mira la pared. Está llena de amarillos carteles de toros llenos de polvo. Fotografías antiguas de parroquianos largo tiempo muertos, que enseñan los dientes y sonríen a la cámara con desdén y cierto apuro. Cerca de la tela hay una jaula con un canario dentro. El canario parece triste. El joven piensa en cuántos analistas gafapastas de aterciopelada voz, en cuántos comentaristas de Bein Sports, no quedarían en ridículo si ese canario supiera hablar y hablara de fútbol.

Titanic

—A ver si se va la cachonda esta ya, y ponen el resumen de anoche.

El viejo habló a lo recio. Captó la atención del joven, quien se atrevió a preguntar.

—¿Es usted del Madrid?

Desde la barra, el muchacho recibió una mirada de desprecio.

—Qué preguntas tienen los niños de hoy.

El camarero se acercó como respondiendo a una llamada imperceptible y le puso delante un vaso de anís al viejo, quien seguía mirando al periódico. En la tele, Mariló dio paso a un avance informativo. La derrota del Barcelona contra el Valencia apareció sobreimpresionada en los letreros móviles de la parte inferior de la pantalla. El viejo meneó la cabeza, como negando alguna cosa.

—Esa gente ha violado las reglas del fútbol.

El joven lo miró con atención.

—Se ha puesto interesante la cosa.

—Claro. Era normal. Lo de esa gente... Del Titanic decían los que iban dentro que no lo podía hundir ni Dios. Hoy casi todos son esqueletos en mitad del Atlántico.

—¿Ganaremos la Liga?

El viejo volvió a mirar al joven, que seguía sentado como un pasmarote delante del televisor, viendo imágenes bobas: Parejo reflejándose en la luna sucia de un coche, su imagen deformada hasta parecerse un segundo a la de Redondo, etcétera. Su expresión pareció suavizarse un poco.

—Yo entiendo que los chavales estéis entusiasmados. Pero no os queda nada, todavía.

—El Barcelona parece ir en picado hacia abajo.

—No te fíes. No es tan fácil.

—Y Messi no aparece…

—Escúchame. El fútbol tiene reglas, ¿entiendes? Leyes, códigos. Sólo un imbécil cree que eso no existe. Pero Messi... Messi es el único fulano libre de reglas. Las leyes no son capaces de obligarle a nada, ¿entiendes?

—Sin embargo, ¿qué me dice del Madrid? Zidane ha pulsado la tecla.

—No te voy a negar que siempre que he visto renacer así a un equipo... Pero hay cosas importantes en contra.

—Sí, ya nos toca perder una final. Por estadística. ¿Cuántas hemos jugado? Diez ganadas, de doce o trece. No hay un porcentaje de victorias igual en el mundo.

—Y el Atlético de Simeone no va a perder dos finales, y menos contra el Madrid. Aunque por otro lado...

—¿Qué?

—Corren el riesgo de ser como los holandeses, que perdieron la tercera final. Hay precedentes, y cuando hay precedentes, el fútbol suele moverse en latitudes extrañas. ¿Te acuerdas del Valencia de Cúper? Nadie decía que iban a perder la segunda final, y mira.

—Y en San Siro fue, además.

—¿Y si llega Guardiola?

—Entonces al Madrid le toca perder. Con el Bayern es así. Una para ellos y otra para nosotros. Aunque...

—¿Aunque qué?

El viejo sonrió, lobuno.

—Ellos rompieron esa paridad. En 2012. Nos ganaron en 2007 y en la siguiente otra vez. ¿Te acuerdas de Van Bommel? ¿Cuando marcó y se puso a hacer cortes de mangas? Luego llegó la semifinal de Mourinho, la del penalti de Ramos. Los precedentes, niño. Te lo tengo dicho. Y luego está que el Bayern pierde más finales que juega. Eso es importante también.

El hombre joven pareció tardar un poco en asimilar lo que el viejo le contaba. En la tele volvió a salir Mariló y perdió el hilo de sus pensamientos. El viejo parecía concentrado en la pantalla.

—Por otra parte, Guardiola lo cambia todo.

—¿Por qué?

—Sería como jugarla contra el Barcelona en diferido. Una nació, una selecció y todo eso. Os lo tengo que explicar todo a los pipiolos de hoy en día. Cataluña hecha carne y transfigurada en el Moisés calvo de Santpedor, y tal.

—A ver si Simeone…

—Estará interesante. Es un buen rival el Cholo. La narrativa victimista se la tiene ganada. Guardiola funciona mal cuando va por detrás en lo emocional. Cuando no funcionan sus trucos de mago moral. Fíjate con Ancelotti, perro viejo, que no entraba en la disputa por el corazón de la masa. Su veneno le resbaló por la piel de cocodrilo.

El muchacho abrió muchos los ojos y no pareció comprender. Tras una pausa, reacción.

—Creo que llegaremos. El City no es rival.

—Eres más tonto de lo que pensaba. ¡Que el City no es rival! ¿No te acuerdas de todos los hijos de la venganza que han jodido al Madrid alguna vez?

El hombre joven pareció animarse tras un instante dubitativo. No parecía estar recordando a nadie, en efecto. Sonrió con timidez y se acercó a la barra. Pidió una cerveza.

—No deberías beber antes de las doce. Eso es de viejos acabados, como yo.

—Es que creo que vamos a ganar la Liga también.

—¿También? No te precipites, coño. ¿Acaso no has escuchado nada de lo que te he dicho?