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El comienzo fulgurante del equipo de Laso

El comienzo fulgurante del equipo de Laso

Escrito por: José Luis Llorente Gento2 noviembre, 2017
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Desde que Pablo Laso se hizo cargo del Madrid los comienzos fulgurantes han sido habituales. ¿Qué tiene de particular que este año continúe la racha? Por primera vez en unas cuantas temporadas nadie lo esperaba. Los análisis de comienzo de curso remarcaban la lesión de Llull y la decadencia de Rudy Fernández y de Felipe Reyes, mientras abrían incógnitas en torno a un nuevo estilo de juego y a las incorporaciones. Sin embargo, el equipo lleva diez victorias consecutivas, se mantiene invicto y es líder tanto de la Liga Endesa como de la Euroliga.

La situación dice mucho de la madurez del cuerpo técnico y de los jugadores. Cuando Laso llegó al Madrid, el equipo venía de una etapa oscura con un juego tan poco práctico como aburrido. El entrenador cambió la visión de los jugadores hasta convertirlos en un grupo que, por encima de todo, quería jugar un baloncesto dinámico y atractivo. Solo faltaba añadir la solidez para que las victorias llegaran. Y llegaron.

Sin embargo, en las últimas temporadas el Madrid perdió algunas piezas fundamentales para su estilo. Sustancial en este sentido fue la marcha de Sergio Rodríguez a la NBA. El base canario respiraba la esencia del juego que imaginaba el entrenador y la exhibía en cada partido. Tanto se parecían lo que uno pensaba y el otro ejecutaba, que podríamos decir que Sergio era la versión mejorada del jugador que fue Pablo Laso. La partida del Chacho fue un duro golpe para un conjunto acostumbrado a bailar al son de su ritmo y a que el director corrigiera los compases con golpes magistrales de batuta.

Luego se lesionó Llull, el alma entregada a la causa madridista que nunca se rinde. La rodilla le jugó una mala pasada y todos ansiamos su regreso, porque jugadores así dejan una huella irremplazable. Y los más agoreros hablaban de los años de Felipe Reyes y de que Rudy ya no estaba para muchos trotes: la columna vertebral de muchos años hecha añicos. Para completar el panorama, Ruzmic, el fichaje estrella, decía adiós a la temporada, y Randolph, el anotador más en forma, causaba baja por, al menos, tres semanas. En resumen, un panorama para sacar el paraguas y esperar a que escampara.

Sin embargo, entre los nubarrones ha salido el sol. El equipo ya no es tan brillante, pero es igual de efectivo. Doncic domina en todas las áreas de la cancha; Campazzo y Causseur, grandes jugadores que aceptan de buen grado las tareas más áridas y menos lucidas en aras de la marcha del colectivo, parece que lleven toda la vida en el club,; por Felipe no pasan los años, y Rudy está haciendo casi lo mismo que antes en la mitad de minutos.

Ante las dificultades, el equipo ha cerrado filas y se ha aferrado a la historia y a la naturaleza del Madrid. Cuando vienen mal dadas más nos apiñamos, más bregamos y menos nos excusamos. Hay que seguir hacia delante, porque es la que los madridistas deseamos, incluso exigimos. Y es lo que ha hecho Pablo Laso. Ha introducido variantes tácticas para jugar con hombres más pequeños, ha tirado de la cantera para suplir las bajas (incorporación de Radoncic y minutos para Yusta) y lo que antes hacían los que ahora no están unos ahora lo hacen entre todos.

La transformación del equipo es evidente. Ya no es un equipo de artistas sino de fajadores que luchan por cada balón, en especial en defensa. Esta, es la clave de las victorias, pues le está concediendo muchas canastas fáciles-a través de los contraataques- de las que alivian las situaciones apuradas y ahondan las diferencias cortas.

Hay un hecho curioso en la historia del club que se repite con relativa frecuencia. A los conjuntos de fútbol y baloncesto parece costarles alcanzar su mejor momento de forma simultánea. Tanto es así que nunca han ganado la Copa de Europa el mismo año. Parece que vuelve a repetirse la historia. Todos a estas alturas esperábamos ver al equipo de ZIdane paseándose por donde pisase y al de Laso en periodo de adaptación a los nuevos tiempos. Una vez más se cumple este extraño determinismo que nos ha conducido a la situación de satisfacción parcial. Por suerte, tampoco suele durar mucho.

 

Escritor. Conferenciante. Columnista. Exjugador del Real Madrid y la Selección Española de Baloncesto. Se pasa la vida remontando.

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