Las mejores firmas madridistas del planeta

Amadeus

Escrito por: Mario De Las Heras6 mayo, 2020
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Habrán visto ustedes el tuit. Yo no puedo verlo. Lo he visto durante un instante, pero ya no puedo verlo más. Me ha pasado lo mismo que dicen que le pasó a Stendhal cuando viajó por Italia: sufrió de mareos, vértigos y malestar general al no poder soportar toda la belleza artística que contemplaba a su alrededor. A mí me ha pasado eso con Rubén Uría, el Miguel Ángel tuitero. No todo el mundo está capacitado para apreciar el arte de este Buonarroti colchonero. Observen, yo me taparé los ojos:

¿No les tiemblan las canillas? ¿No les asaltan sudores incontrolables al contemplar esta obra maestra? Yo no puedo verlo más de un segundo. Yo es que aprecio la verdadera belleza. No como, por ejemplo, Jep Gambardella emocionándose con aquella exposición fotográfica del rostro de una misma persona durante unos cuarenta años, una foto por día. La foto que le hace un padre a su hijo todos los días de su vida. Y a eso lo llaman La Gran Belleza.

Lo de Uría (disculpen por la asonancia, pero todo es rima) es auténtica belleza. Tan auténtica que no lo podemos entender la mayor parte de las veces. Hay que estar muy atento a la finezza. Michelangelo Uría nos presenta información de calado, controversión, polémica. Nos va a explicar (a mí no porque no puedo verlo, yo soy el Stendhal de este viaje romántico) cómo van a afectar los ERTEs a la política de fichajes de los clubes que se han acogido a ellos.

¿Lo ven? ¿No? Observen la fotografía de la derecha. Es Benzema. ¿No les amenaza el vahído? Benzema es jugador del Real Madrid. El Real Madrid NO ha realizado un ERTE. Barcelona, Atlético de Madrid, Alavés, Espanyol, Osasuna, Sevilla y Valencia, sí. ¿Todos? No. Osasuna tampoco se ha acogido a ningún ERTE. Se lo advierte al artista un admirador. El genio lo comprueba, da las gracias y rectifica públicamente.

¿Lo ven? Yo casi no puedo respirar al relatarlo. Es el Moisés, el David, la Capilla Sixtina del tuiteo revenido. La foto de Benzema continúa allí. Alguien lo advierte: En el Real Madrid no hay ERTE. Silencio. Y Benzema continúa en el tuit. Rubén Buonarroti no rectifica. Ni siquiera responde. Está subido en el andamio escribiendo tuits con arneses en paralelo a los techos. No puede responder. Dejen trabajar al maestro.

El público insiste. Hay un error. Mutis del pintor. Benzema sigue estando entre las fotografías de los clubes afectados por el ERTE. Cuánta belleza. No insistan. Es la historia de la creación antimadridista. ¿No sienten el repelús? El alipori me sofoca, ahora sí. Este hermoso tuit tiene un efecto embriagadoramente lipotímico porque no es un error sino una mentira a conciencia.

Es la representación sublime del embuste. La que pretende hacerlo pasar por descuido. Es obscenamente bello, deliberadamente atlético. Es la obra de un creador obsesivo, profesional, autoritario y sibilino, democrático y burdo. Lo es casi todo. Hemos visto muchas veces esta técnica, pero no deja de admirarnos. El Real Madrid rige la vida de este artista inmortal (como la de tantos otros) a su pesar. Hay un poco de Otelo (en Yago). De un Ripley cañí. Y otro poco del Salieri de Milos Forman. Podría ser el Salieri de la Villa y Corte narrándonos la historia de su odiado y admirado Wolfgang Amadeus Mozart, narrándonos su propia historia de celos y admiración inconfesada y sin embargo escandalosa por el Real Madrid.