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Chamartinizar, ¿a Neymar?

Chamartinizar, ¿a Neymar?

Escrito por: José María Faerna12 marzo, 2018

Un fantasma recorre los mentideros futbolísticos. O más bien un virus, dada su reproducción infecciosa y silente. Todos los días circula por ahí un nuevo link periodístico que nos murmura al oído sobre las aproximaciones y los magreos de Neymar y Florentino, de Florentino y Neymar. Yo no sé cuánto de verdad pueda haber en ellos. Ya conocemos el método del periodismo deportivo español, en todo semejante al de augures, videntes y otros proveedores de supercherías: anuncio hoy una cosa y mañana su contraria, de modo que cuando fatalmente acierto saco pecho con la predicción ganadora y guardo cinco minutos de silencio por la fallida, como Hawk-Eye Pierce por el vermú en su receta del dry Martini. Lo que sí sabemos todos es que el hijo de su padre estaba en Brasil mientras sus atribulados compañeros del PSG pasaban por las horcas caudinas en el Parque de los Príncipes, y no me refiero a que no jugara –no se puede jugar con un pie roto–, sino a que no estaba allí para decirle a sus compañeros y a la afición que confiaba en ellos, que también podían ganar sin él; o, cuando perdieron, que hay derrotas que empiedran el largo camino a la gloria. Lo que sí sabemos es que Le Parisien daba la noticia –esta sí, una noticia, un hecho concreto y no una intención vaga– de que el director deportivo del PSG había admitido ante un jugador ajeno que la permanencia de Neymar en el club el año que viene no está asegurada. Lo que sí sabemos es que quien puede no ha desmentido esto aún.

Yo en realidad dije aquí hace ya dos años casi todo lo que tenía que decir contra un hipotético fichaje de Neymar por el Madrid, porque este era un asunto recurrente incluso cuando el personaje vestía de blaugrana. Lo releo ahora y no cambio una coma. En la anterior entrada faernauta abundaba Número Tres hace unos días con argumentos similares desde un punto de vista diferente. Sin embargo, como al Madrid lo dan por amortizado en la Liga y llegado marzo las jornadas de Champions se esponjan y dejan más espacio para la cháchara ambiente, parece que el tema no tiene trazas de amainar, así que aunque hoy iba a escribir de otra cosa me parece imperativo volver sobre esta. Si de lo que se trata es de crear climas de opinión, allá vamos los Faerna con nuestro modesto cuarto a espadas para lo que pueda servir. Y eso que lo hago a contraestilo, que en el Madrid está uno para disfrutar y si los trances amargos tienen que llegar no es cosa de anticiparlos y saborear la hiel antes de tiempo.

Se ha popularizado en estos días en la redacción de La Galerna el término chamartinizar. No hay acuerdo sobre si lo parió la autoridad senatorial de Manuel Matamoros o la léxica de Mario de las Heras, tanto da porque tanto monta. Dícese del proceso al que tendría que ser hipotéticamente sometido el cuitado Neymar en caso de fichaje para que sus muchas taras fueran solubles en madridismo. En sentido amplio, puede decirse incluso del que cualquier recién llegado debe pasar para incorporarse a la materia misma del Madrid. Es un hecho que ese proceso iniciático no lo salvan todos con el mismo grado de aprovechamiento. Quienes vienen de la cantera ya lo traen de fábrica, ya me contarán qué chamanismos o chamartinismos pueden precisar Carvajal o Lucas Vázquez. También hay quien lo trae aprobado de cuna, como Gareth Bale, que se cayó de niño en la marmita de un Panoramix de Cardiff. Otros lo completaron con reservas, aun cuando alcanzaran tanto predicamento entre una parte de la parroquia como Mourinho, al que no hubo manera de hacer comprender que lo significativo no es lo que él hubiera hecho o dejado de hacer frente a este o aquel club en el pasado, sino lo que fuera capaz de hacer el Madrid con su concurso. Un chamartinizado exitoso de libro es Cristiano, que acabó por entender a la perfección que su poderoso orgullo individual solo podía realizarse sumido en la infinidad abrumadora del orgullo blanco (“Ese no es el coche que te conviene, Cris”, le dijo Ferguson cuando le comunicó que se quería ir al Madrid. “Pero es el coche que quiero, míster”).

¿Podría Neymar chamartinizarse de modo análogo? Apenas se me ocurre un argumento favorable: el brasileño estaría quemando sus naves. Si viniera al Madrid y fracasara en su empeño de ocupar el trono de Pelé, Cristiano y Messi ya no tendría dónde intentarlo, cualquier tentativa posterior sería un epílogo, un teatro de añoranzas. Como un Maradona de la vida, quizá pudiera valerse de la caja de resonancia privilegiada de la canarinha y coronarse en un Mundial, pero en el fútbol de clubs, donde se forjan los mitos, poco podría hacer excepto campeón local y ocasional a un Nápoles cualquiera. Ni Di Stéfano ni Cruyff ni Cristiano ni Messi han necesitado un Mundial para ocupar su sitio en el Olimpo. Además, para convalidar ese argumento sería imprescindible no solo que Neymar quisiera venir al Madrid, sino que entendiera hasta qué punto tendría que dejar de ser Neymar propiamente dicho para que el matrimonio funcionara. Transformar a alguien es una cosa; convertirlo en otro, una bien distinta que no creo que esté al alcance ni siquiera del Madrid.

Esto tiene además una derivada estrictamente futbolística. Muchos de los que viven como una pesadilla la imagen de Ney con la blanca y radiante -¡Vade retro! Hasta escribirlo duele– conceden el reconocimiento de su valía futbolística. Ni asumiendo que podría efectivamente ocupar el trono a que aspira desean que lo haga en el Madrid. Yo no concedo ni eso. La capacidad técnica puede ser un ingrediente fundamental en la construcción de un gran jugador de fútbol, pero no basta; como no basta una mano solvente para construir un gran pintor o una pluma capaz para levantar una obra literaria de época. La historia del arte y la de la literatura están llenas de pintores de técnica tan depurada como la de Vermeer o escritores de verbo más florido que el de Shakespeare perfectamente irrelevantes; la historia de la música abunda en virtuosos que jamás pasaron a sus anales. Cualquier ojeador de los que examinan aspirantes en la cantera de un club grande sabe que no hay que dejarse engatusar por la calderilla técnica. La solidez, como decía Leonardo de la pintura, es cosa mentale, y nada sólido atisba Neymar en sus perspectivas. Un jugador dotado, no cabe duda, pero insoportablemente, constitutivamente banal. No hay chamán chamartinero que chamartinice tanto. Un exorcista, si eso.

Número Uno

El mayor de los Faerna es historiador del arte y editor, ocupaciones con las que inauguró la inclinación de esta generación de la familia por las actividades elegantes y poco productivas. Para cargar la suerte, también practica el periodismo especialista en diseño y arquitectura. Su verdadera vocación es la de lateral derecho box to box, que dicen los británicos, pero solo la ejerce en sueños.

23 comentarios en: Chamartinizar, ¿a Neymar?

  1. Todos los jugadores que jueguen en el Real Madrid CF tienen mi completo apoyo, los de hoy y los del futuro. Dicho eso, lo de los culebrones veraniegos (que ya no lo son, pues duran todo el año, o varios años) son pura especulación. De Cristiano Ronaldo decían por 2009 que era un cani macarra aficionado a quemar motores V12, e incluso decían que era fiestero, homosexual, etc etc... los medios de desinformación lo pintaban como tal cúmulo de vicios y maldades que, a su lado, las leyendas negras sobre Felipe II y el Duque de Alba realizadas por ingleses y holandeses parecen leyendas rosas...y ya veis, al final todo lo que dijeron los medios de desinformación era mentira en estado puro; de cada 10 palabras que se escribían en los medios de manipulación, 11 eran mentira.
    Así que pido calma y no caer en la histeria. Ninguno conocemos personalmente a Neymar, y aunque los chanchullos de su padre no son para nada buenas referencias, es mejor no hacerle el juego a la prensa enemiga, que va a inventarse todos los defectos posibles e imposibles de cualquier fichaje o hipotético fichaje del Real Madrid.

    1. Un simple matiz: yo no quiero a Neymar por lo que cuentan los periódicos de su vida privada, que me interesa bien poco.
      Yo no quiero a Neymar por lo que si conozco de él, y estoy de acuerdo al 100% con el artículo. Neymar es un megacrack, nadie lo pone en duda. Pero no lo quiero por varios motivos:

      - el principal: su marrullería. Es un jugador sumamente marrullero, siempre busca la trampa para sacar beneficio. Se tira en exceso, pega cuando pierde los nervios, y lo que es peor: se ríe de rivales a la cara. Al margen de que este comportamiento no me guste en absoluto, y no lo crea necesario para un jugador del Real Madrid, debemos comprender de una