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Ceballos y el pantojismo

Ceballos y el pantojismo

Escrito por: Mario De Las Heras23 febrero, 2018
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No pude ver el partido pero oigo los ecos de la salida al campo ayer en Leganés de Ceballos, al que algunos madridistas ya han tomado como los pantojistas a la Pantoja. Pobre Ceballos, no porque Zidane le haya puesto a jugar veinte segundos (algo más viejo y más común que la revolución y hasta el piperismo) sino por el pantojizamiento.

El madridismo guerracivilista se apunta a uno de los dos madrides y ya no se mueve, aunque haya unos cuantos que parezcan estar en un lado y en realidad trabajen para otro, incluso sin saberlo. Es un sostenella y no enmendalla de gran calibre que suele contrastar con el calibre de los madridistas posicionados en esa tesitura que es como el Off-Broadway, o mejor aún, como esas operetas napolitanas con las que se paliaban la nostalgia en la vieja Little Italy.

Aquí la cosa va como de entremés. Algo muy viejo y muy español, algo como hambriento, de café con leche y frío seco, de duros y de mujeres de la vida. El tremendismo por Ceballos es una señora gruesa con abanico, muy madridista, que sufre un vahído en julio mientras todo el mundo grita a su alrededor y algunos piden que vengan hasta los bomberos.

Esa especie de inquina del entrenador, y no digo que aquí exista, por un jugador en concreto es como una tradición. ¿Adónde puede ir un equipo sin su Oliver Twist? Todo equipo debería ser siempre un poco dickensiano. En realidad todos los futbolistas deben querer ser Oliver. Deben querer ser especiales, protagonistas, para luego, tras una época de penalidades, alcanzar la merecida estabilidad.

Todo entrenador, además, necesita ser un poco Fagin. Lo fueron Del Bosque y hasta Queiroz, sobre todo Del Bosque, aunque esto se vio después. Del Bosque fue, no un poco, sino un Fagin perfecto que halló al fin su sitio entre los mejores rateros. Pero no quiero desviarme. Lo peor es darle la importancia indebida a lo de Ceballos: el pantojismo, y menos cuando el protagonista mantiene el tipo, más allá del humano enfado, lo que apunta a madridismo.

No todos los Oliver Twist fueron valientes. Hay muchos que lloraron y patalearon y se erigieron en símbolos de los pantojistas que los llamaban guapos y bonitos, y ellos sacaban al escenario a sus niños y les dedicaban una copla con boca de pitiminí.

Yo he visto cosas de Ceballos que pertenecen al Madrid pero puede que el Madrid no las sienta mientras muchos nos preguntamos inútilmente por qué, cuando son las cosas de la vida, como las cosas del querer, cantaba Miguel de Molina, que no tienen ni principio, ni tien cómo ni por qué. No sé si esto lo cantó alguna vez la Pantoja pero sí estoy seguro que alguna vez lo ha cantado Ceballos, que tiene toda la carrera por delante en el Madrid a pesar de todo, o de nada. No vaya a ser que nos lo saquen los pantojistas entre multitudes medio desmayado y nos lo desgracien para siempre.