El penalti de Carrasco ha provocado que corran ríos de tinta en algunos medios y en redes sociales, no por el resultado del mismo, sino por si el partido debió acabar ahí o tras los rechaces posteriores.
La pena máxima se produjo en la última jugada del encuentro, en un córner ejecutado por los rojiblancos cerca del minuto 95. El colegiado francés Turpin señaló el final al ver que la jugada acabó sin peligro. Sin embargo, unos segundos más tarde se echó la mano al pinganillo porque su colega Jerome Brissard en el VAR estaba viendo la jugada. Finalmente le avisó y fue al monitor para comprobar si una mano del central ecuatoriano Hincapié era punible. Después de cotejar las imágenes decretó los once metros. Para aclarar esta situación hay que decir que desde la instauración del VAR se puede volver atrás, sin ningún problema, aunque se haya señalizado el final del partido o pongamos por caso el del primer tiempo. En el fútbol alemán, por ejemplo, los protagonistas llegaron a estar ya en el vestuario en el descanso y tuvieron que regresar porque el trencilla, tras unos minutos de comprobación, acabó por pitar un penalti.
La gran polémica de la jugada del pasado miércoles entre Atlético de Madrid y Brujas viene a continuación. ¿La última acción debía ser la ejecución de Carrasco o podía permitirse un rechace?
La regla 14 del reglamento oficial de la IFAB dice lo siguiente:
De esas palabras se entiende que si el tiempo ha finalizado solo se permite el disparo del lanzador y nada más. Acabe en gol, fuera o parada del portero es la última acción del choque. También es cierto, como ha sucedido ya con otros artículos, que la redacción es mejorable y podría ser bastante más clara. En Argentina, por cierto, hubo un caso similar en un Talleres – Unión hace diez días pero el árbitro advirtió primero a los jugadores de campo y luego al arquero que “patea y termina”.
Aquí están las imágenes:
— Alberto Cosín (@albertocosin) October 28, 2022
Sin embargo, Turpin no indicó nada ni al portero ni al resto de jugadores. Y todos se colocaron fuera del área esperando la resolución del lanzamiento. Es aquí donde entra la teoría de que el trencilla consideró que el penalti se produjo con más tiempo todavía por jugarse. La famosa interpretación del colegiado tantas veces declarada y buscada para las acciones más polémicas que se vienen dando en el fútbol últimamente.
Varios árbitros analistas en diferentes medios han dado su opinión y estaba más inclinada a que solo debió de tirar Carrasco y lo que llegó a continuación ya no valía. Mientras que otros han dedicado su tiempo y sus palabras a comentar más la parte de que el penalti debió de repetirse por invasión de jugadores del Bayer Leverkusen en el área rojiblanca.
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Por la presente queda convocado el I Certamen de Cuentos Madridistas de Terror de La Galerna con arreglo a las siguientes BASES:
1. Los cuentos participantes tendrán por temática el Real Madrid y/o el madridismo, y además darán mucho miedo y/o participarán de la imaginería macabra intrínseca a la fecha de Halloween.
2. La extensión de los cuentos será de un mínimo de 500 palabras y un máximo de 2.500.
3. El plazo de entrega se abre el 5 de octubre de 2022 a las 23:59 y se cierra el 29 de octubre a las 12 de la noche entre campanadas lóbregas, truenos y abundante aparato eléctrico resonando al unísono con el himno de las mocitas.
4. Los relatos participantes se enviarán al correo madridaxis@gmail.com, indicándose en el apartado Asunto las palabras Certamen de Cuentos de Halloween/Cuentos de Terror.
5. La dotación del premio es una camiseta del Real Madrid firmada por una leyenda del club. Asimismo, el cuento ganador se publicará en lagalerna.com el día 1 de noviembre.
6. La Galerna se reserva el derecho de publicar con anterioridad a dicho momento, y con posterioridad al cierre del plazo de presentación, cualesquiera otras obras presentadas que considere del interés de sus lectores.
7. El premio podrá declararse desierto.
8. Cada participante podrá presentar un solo cuento al Certamen.
Creíamos que el año de la Liga con público zombie en las gradas, el de la pandemia, en el que descubrimos lo tedioso que es ver rodar el balón escuchando todas las modalidades de gemidos, golpeos e insultos posibles por televisión, sería el más extraño y surrealista que viviríamos. Nos equivocamos. Aún faltaba el 2022 de las mil roturas de ligamentos, el de las alineaciones imposibles, y el de los jugadores calculando a cada instante si meter o no el pie, sabedores de que a la vuelta de la esquina está el abrasador Mundial de Qatar, escenario ideal para que no se nos olvide la maraña corrupta en que respiran las organizaciones de los intocables amos del fútbol.
En lo deportivo, la temporada no puede ser más confusa y a la vez más peligrosa. La sucesión de partidos sobrepuestos hace que el aficionado termine por vivir con cierta indiferencia los encuentros menores, recordatorio de que sigue teniendo sentido la Superliga de Florentino, y los jugadores tienen serias dificultades para mantener la tensión y concentración en cada duelo, como vimos en el último partido de Champions del Real Madrid. Ni el mejor equipo de psicólogos deportivos del mundo podría mantener el espíritu competitivo de un equipo que tiene la cabeza en todas las competiciones, y a su vez en el inminente Mundial, en aquellos partidos que inevitablemente vienen etiquetados con la banda sonora de la indiferencia.
solo nos quedará rezar para que nuestros muchos internacionales merengues hagan un buen Mundial, y que la acumulación extenuante de partidos no se traduzca en lesiones en la segunda mitad de la temporada, que será de una intensidad, competitividad, y una tensión desconocidas hasta la fecha
Por si fuera poco, las estadísticas nos recuerdan que octubre y noviembre son los dos meses del año en que se produce el pico de lesiones. A final de temporada sabremos qué consecuencias ha tenido apretar el calendario de todas las competiciones y sumar en muchos jugadores todo un mundial. Mi teoría es que terminaremos la temporada jugando con medio Castilla.
Por otra parte, la acumulación de competiciones en los meses otoñales hace que se pierda el foco sobre las que realmente son importantes. Con un Mundial por el medio partiéndolas todas, tanto el espectador como el jugador se ven obligados a distribuir su atención, que igual al final hemos de dar una rueda de prensa para anunciar que hemos ganado tal o cual título porque cabe la posibilidad de que nadie se entere en medio de este endiablado calendario de 2022-2023.
Quizá todo lo que hay que escribir sobre el Mundial de Qatar lo ha dicho Toni Kroos, que con su franqueza habitual ha venido denunciando las cifras escalofriantes de obreros inmigrantes muertos en condiciones de esclavitud durante los preparativos del Mundial. Me pregunto si las élites futboleras con la FIFA a la cabeza, tan sensibles siempre a todo tipo de campañas –ya sea el racismo, o la guerra en Ucrania- ordenarán guardar un minuto de silencio en cada partido en memoria de estos pobres hombres y sus familias, y pondrán una mosca conmemorativa durante las retransmisiones. Me lo pregunto, pero me lo pregunto de coña, claro.
Por otro lado, como madridista temo por nuestros jugadores no musulmanes, que son unos cuantos. Entre las bondades del régimen qatarí se encuentra un trato crecientemente salvaje hacia las minorías cristianas, que se ha visto incrementado en violencia y acoso tras la pandemia. Espero que no haya francotiradores apostados en la puerta de los vestuarios abriendo fuego contra cualquiera que ose santiguarse al saltar al campo. Como hemos visto en otros escenarios vergonzantes de mundiales y olimpiadas, cuando hay pasta en juego, hasta los más sectarios gobiernos son capaces de disimular la inercia de su violencia durante las semanas que dura la competición. Supongo que para eso se hace.
A final de temporada sabremos qué consecuencias ha tenido apretar el calendario de todas las competiciones y sumar en muchos jugadores todo un mundial. Mi teoría es que terminaremos la temporada jugando con medio Castilla
Con todo, y sin entrar a comentar más la conveniencia del ya inevitable Mundial de Qatar, deportivamente será un año heroico para equipos como el Real Madrid. Aquellos conjuntos que logren alzarse con las grandes competiciones tendrán mucho más mérito que cualquier otra temporada. Y tampoco hemos de sorprendernos si, después de todo, equipos con pocos internacionales, que no acostumbren a tener un papel protagonista en las grandes ligas y competiciones europeas, logran optar a títulos que en otras temporadas les resultarían inalcanzables.
Al final, con permiso de los mandamases de Qatar, solo nos quedará rezar para que nuestros muchos internacionales merengues hagan un buen Mundial, disfruten de las rejillas de aire acondicionado en plena calle, y que la acumulación extenuante de partidos no se traduzca en lesiones en la segunda mitad de la temporada, que será de una intensidad, competitividad, y una tensión desconocidas hasta la fecha. Personalmente, cada vez que echo un vistazo a su calendario, me agoto y, si supiera dónde coño están, me dolerían muchísimo los abductores y los isquiotibiales.
¿Que por qué? Pues porque el mejor western de la historia se titula prácticamente igual: “The Ox-Bow incident”. Y como casi nadie el mundo sabe, la película trata de un grupo de medio-cowboys medio-alcohólicos –aquí el orden de los factores no altera nada el producto– que, en su ansia por endilgarle unos muertos a unos vivos, terminan por ahorcar a los hombres equivocados. Más tarde, a su vuelta al salón en el que la orgía de sangre comenzara, y ya conscientes de su horror que no error, por no tener no tienen ni el valor de mirarse a la cara los unos a los otros mientras la conciencia del crimen poco a poco vivifica sus almas muertas, que diría Gogol, aquel delantero de fino bigote del Torpedo de Moscú.
Y es que pienso yo: ¿cómo si no interpretar las reacciones posteriores a la nuevavieja debacle europea del F.C. Barcelona? Porque donde ayer dije sextete, hoy digo reconstrucción; porque donde dije triplete, digo proceso de aprendizaje; donde dije “y si el Barcelona ahora es candidato a la Champions, pues se dice y no pasa nada”, digo “si al Real Madrid le hubiera tocado el grupo del Barcelona, estaría eliminado. Y eso lo saben hasta las ratas de la estación de metro de Lavapiés”; donde dije hemos vuelto, digo estamos llegando; donde dije plantillón, digo refuerzos en enero. Y así y asá. Y todos en silencio, bebiendo cara a la pared, al mismo tiempo odiándose los unos a los otros, avergonzados los unos de los otros: directiva, cuerpo técnico, jugadores, afición y prensa, sobre todo prensa, la de ayer –periodistas– y la de hoy –streamers, youtubers y cualquier anglicismo que mejor defina a los que no hablan ni tres palabras de inglés–. Todos huelen el pedo, pero nadie quiere mirarse las palmas de las manos el primero. Yo no quise… quizás nos dejamos llevar… el entusiasmo… había tantas ganas… parecía culpable, culpable de gloria, pero el método, el método es correcto, tiene que serlo. ¿No lo crees? ¿Dudas? No, no dudo. ¡Y sí, lo es! La culpa es nuestra, no de la idea, no del concepto. ¿No lo entiendes? Si ha fallado, si ha vuelto a fallar, no es por él, es por nosotros, esta vez sí, la próxima funcionará, la 23-24, seguro. ¡Seguro! Se trata solo de insistir, de encontrar a aquel, a aquellos que sepan aplicar la teoría, porque la teoría es infalible, lo falible es el ser humano, yo, él, tú, sobre todo tú, que yo soy de aquí y los de aquí sabemos lo que funciona aquí y lo que nos gusta aquí. Este año nos hemos equivocado, pero no volverá a suceder. Volveremos al camino, al final volveremos, cueste lo que cueste y cueste cuantos cueste. No llores más. Confía. Confía en mí.
Fin.
P.D: Delirios míos aparte, queridos galernautas, la única verdadera diferencia con el clásico de Wellman es que, contra lo que ocurría en la película, aquí al inocente no lo mata nadie. Y no por nada, en realidad, no por sentimiento de bonhomía ninguno, sino porque, como bien nos suelen recordar los supervivientes de otros holocaustos zombies semejantes al perpetrado el miércoles en el Camp Nou, todo el mundo sabe que a lo que ya está muerto no se le puede matar.
Buenos días, amigos. ¿Qué tal estáis? Así, en general. Bien, ¿no? No, por nada. Porque se nos ocurre que tal vez podáis estar bien. ¿Por algún motivo en concreto? Erm, no, así, en general. Os tenemos por gente contenta y feliz, y por eso nos viene a la cabeza, nada más saludaros, la posibilidad bastante razonable de que estéis bien.
¿Que si ha ocurrido algo en concreto que potencialmente puede teneros dichosos? No, nada. ¿Que si han ocurrido dos algos en concreto que potencialmente pueden haceros felices? Pues dejadnos pensar pero juraríamos que no. ¿A vosotros se os ocurre algo? A nosotros tampoco.
¿Algo que aconteció anteayer, decís? Caramba, no caemos. Ah, sí. Nah, como explicaba ayer Jesús Bengoechea, el madridismo está muy por encima de las cuitas de sus insignificantes enemigos, a los que el propio Jesús dudaba si calificar realmente como tal. Para ser enemigo de alguien tienes que compartir competición con él, tienes que tenerlo frente a frente en el escenario europeo, que es el realmente importante en relación a la depauperada Liga de Tebas, y no encontramos a Barça ni a Atleti en una rápida mirada alrededor. Nada. Nothing. Rien de rien. Niente.
Al Atleti, de hecho, no lo encontramos tampoco en las portadas de hoy. Hay que buscarlo con prismáticos, como si fuese un paquidermo que huye a lo lejos, en la sabana, espantado por su propia inutilidad.
Marca viene con el hipotético fichaje de Endrick por el Madrid. Muy prometedor jugador. Muy interesante fichaje potencial. Pero ¿dónde está el Atleti, que se pegó anteanoche el batacazo más morrocotudo y aparatoso que se recuerda en la historia del deporte moderno? ¿Dónde está el luto que debería guardarse en honor a uno de los dos equipos de la capital, donde se publica Marca? ¡No será que Cerezo ha dado instrucciones de borrón-cuenta-nueva-aquí-no-ha-pasado-nada-circulen-circulen!
El hecho es que para encontrar en la portada de Marca una mínima referencia a las consecuencias de la hecatombe atlética, un acuse de recibo respecto a la gravedad del hecho de que el Atleti pueda incluso quedarse sin Europa League, hay que mirar debajo de la rodilla de Endrick.
Sí, literalmente. Coged la foto de portada, buscad la rodilla izquierda de Endrick, que tiene clavada en el pasto, y bajo su peso hercúleo es posible que halléis, aguzando un poco la vista, un escudo del Malakito de Memphis (más Malaquito de Memphis que nunca) junto a una referencia a la cantidad de pasta que el equipo de Cerezo y Gil pierde a cuenta de esta eliminación.
La imagen no puede ser mas involuntariamente poderosa. Un chico de dieciséis años, convertido en gigante impío, ya somete al Atleti, rodilla en tierra, sin ni siquiera haber fichado aún por la entidad de Chamartín.
La prensa culé, entretanto, da cuenta del otro descalabro y su aftermath como buenamente puede. “Reacción y títulos”, suelta Sport, que en un momento traumático como este suena como decir “Sergio y Estíbaliz” o “Rinconete y Cortadillo”.
“La directiva confía en Xavi y no se plantean medidas drásticas” (ejem: ¿tipo qué?, ¿tipo Koeman?, ¿tipo Setién, que ya pace feliz con sus vacas a orillas levantinas?), “pero sí hay una advertencia para elevar el nivel de exigencia del equipo”. Ah, todo bien entonces. Una vez que el equipo ya conoce que debe elevar el nivel de exigencia, seguro que el año que viene no cae de la Champions en fase de grupos después de 200 millones de palancas. Lo único es, ejem: ¿qué hacemos con este año?
La respeta es múltiple, que es como decir que es inexistente, y figura en la propia portada de Sport. “Reforzar el equipo en el mercado de enero”. “Salidas de Gerard Piqué y Jordi Alba”, que al parecer tienen la culpa de todo. Y lo mejor, lo más supercalifragilísticoespialidoso, lo que dice el título del artículo (?) que se anuncia en páginas interiores y que firma el acosacolegiados y presunto periodista Iván Sanantonio: “El Barça está obligado a ir a por Messi”.
Nosotros, la verdad, si fuéramos culés estaríamos tranquilísimos con esta panoplia de decisiones, fruto de un plan plenamente convincente para salir del hoyo. Que no cunda, pues, el pánico en Can Barça. Todo está pensado y requetepensado por el hombre que ayer declaraba ufano lo siguiente: “Estaba previsto que hubiera altibajos en el proyecto”.
Altibajos.
Culé, te toman por imbécil, y no eres menos culé ni menos catalán (si lo eres) y ni siquiera menos indepe (si lo eres) si levantas la mano para indicar que te das cuenta de que te toman por gilipollas.
Abajo, en pequeñito, aparece Koeman, y casi se puede escuchar el suspiro melancólico del redactor de portada: “Siguen los problemas sin un año sin Koeman”. Que vuelva el holandés. Se le necesita.
Mundo Deportivo también habla de planes, pero al menos tiene la dignidad de llamar a las cosas por su nombre: “fracaso”. “La consigna es ir a por Liga, Copa y Europa League”. Ah, ¿sí? Pensábamos que la consigna sería desdeñar fuertemente Liga, Copa y Europa League para concentrar todos los esfuerzos en la FA Cup y el Torneo de Verano de las Amigas Guipuzcoanas de Yoko Ono.
Os dejamos con la portada de As, que habla de la posible renovación, ya firmada, de Vinicius. No tenemos noticias de esto, pero lo aplaudimos caso de ser cierto, pro supuesto.
Pasad un buen día.
Diego Pablo Simeone tiene bula en el Atlético de Madrid y en los medios de comunicación españoles. El ‘Cholo’ vive dentro de una burbuja de protección a pesar de que sus resultados distan mucho de estar en sintonía con su caché de entrenador mejor pagado de Europa.
Simeone, según publicaron varios medios europeos el pasado mes de marzo de 2022, percibe cada mes 3,3 millones de euros brutos, muy por encima de los siguientes en la lista de técnicos mejor pagados como Pep Guardiola (1,89); Jurgen Klopp y Antonio Conte (1,49); Allegri (1,17) y muy lejos de Carlo Ancelotti, que según estas fuentes, ingresa 0,9 millones de euros brutos al mes, que no está nada mal, pero todos convendremos que está a distancia sideral del argentino tanto en sueldo como en rendimiento y títulos conseguidos.
El ‘Cholo’ vive dentro de una burbuja de protección a pesar de que sus resultados distan mucho de estar en sintonía con su caché de entrenador mejor pagado de Europa
Con ese salario digno del Rey Midas, el Atlético de Madrid debería estar a la cabeza de los clubes europeos, compitiendo de igual a igual con gigantes como el Manchester City, el Bayern de Munich, Liverpool, Chelsea y, por supuesto, el rey de reyes del fútbol en el Viejo Continente, el Real Madrid.
Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Simeone tiene a su disposición una gran plantilla. Es el plantel que él ha querido tener porque en el Atleti, el que hace y deshace es el Cholo. Que nadie se lleve a engaño. El equipo rojiblanco está formado por el grupo de jugadores que Simeone considera idóneos para su idea y forma de entender el fútbol.
No habría problema alguno si esa forma de trabajar le diera para competir y ganar títulos, pero lo cierto es que su trayectoria es descendente y firma ridículos como la eliminación en la fase de grupos de la Champions League en un cuadro en el que competía con el gran Brujas de Jutglà, el Bayer Leverkusen y el Oporto.
El Atlético de Madrid ha ganado un partido de cinco y, para remate, el esperpento final del penalti para la historia con el partido terminado vivido en el Metropolitano ayer miércoles 26 de octubre. En el baúl de los recuerdos también está la famosa eliminación ante el Qarabag y, para hacer más grande la herida aún, las dos derrotas en las finales de la Copa de Europa ante el Real Madrid. Cualquiera de estos hechos harían insostenible la situación de cualquier entrenador en el Real Madrid y casi en cualquier otro club del mundo con vitola de grande.
Ahí radica precisamente la diferencia entre el Madrid y su ‘hermano menor’, el Atleti. La exigencia en un lado es máxima y eso lleva a competir siempre con el cuchillo entre los dientes, hasta el último segundo del cualquier partido y en cualquier competición. En el Atleti no ocurre lo mismo. El victimismo y la justificación constante están en el ambiente y eso hace que la bula que tiene Simeone se haga cada vez más y más grande.
Ahí radica precisamente la diferencia entre el Madrid y el Atleti. La exigencia en un lado es máxima, pero en el Atleti no ocurre lo mismo. El victimismo y la justificación constante están en el ambiente y eso hace que la bula que tiene Simeone se haga cada vez más y más grande
Muchos aficionados atléticos presumen de ser la mejor afición de España, de llevar a su equipo en volandas. Precisamente, la última Liga que ganaron, la de 2021, la levantaron sin público en las gradas del Metropolitano a causa de la pandemia, en el último partido y previa actuación de Hernández Hernández, que escamoteó el penalti, mucho más evidente que el ‘penalti de la risa’ de Carrasco, de Felipe en el derbi ante el Madrid y que hubiera supuesto, de haber sido transformado, la victoria para los de Zidane y, a la postre, el título de Liga. Lo de ganar la Liga justo cuando tu afición no está presente es de traca también. Da para pensar.
A todo esto, Simeone, el entrenador mejor pagado, tiene un porcentaje del 68% de partidos ganados en Liga; del 60% en Copa del Rey y del 56% en Champions League. Números de equipo mediano, no de grande ni en España ni en Europa. Y aun así, es intocable para la prensa y para los aficionados. Cifras que dan que pensar. Simeone tuvo su época, pero parece que ya fue hace bastante tiempo de eso y mientras tanto vive con el viento a favor con la permisividad de tantos que consideran un empate del Madrid como una crisis sistémica. Diferencia entre equipos grandes y pequeños. Esa es la clave.
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En un lugar con palancas, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de copa en cenadero, carmín rancio y algo montador. Consiguió erigirse en gobernador de la Ínsula Barçataria por ventura de una pancarta dispuesta en la villa de Madrid y dedicose a desfacer agravios y facer palancas contra molinos de viento a lomos de su rocín Roures.
En este tiempo solicitó don Laporta a un labrador vecino suyo, hombre de bien, pero de muy poca sal en la mollera. En resolución, tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió, que el pobre jardinero se determinó de salirse con él y servirle de escudero. Decíale entre otras cosas don Laporta que se dispusiese a ir con él de buena gana, porque tal vez le podía suceder aventura que ganase, en quítame allá esas pajas, alguna copa en alguna ínsula de Europa, y le dejase a él por gobernador della. Con estas promesas y otras tales, Xavi Panza, que así se llamaba el labrador, dejó Catar y a sus camellos y asentó por escudero de su vecino don Laporta a lomos de su rucia Xavineta.
Dio luego don Laporta orden en buscar dineros, y, vendiendo una cosa y empeñando otra y malbaratándolas todas, llegó una razonable cantidad que gastó con liberalidad en caballeros de medio pelo adornados, eso sí, con el valeroso y valiente Amadís de Lewandowski.
Las mentes sensatas de la corte advirtieron al hidalgo la poca industria de sus andanzas y planes, pero don Laporta de Palanca andaba obsesionado por conquistar a una moza aldeana a quien llamaba Dulcinea de la Champions, mas en realidad fue bautizada por sus padres con el nombre de Aldonza de la Europa League.
Los augurios más oscuros se cernieron sobre el grupo de caballeros reunido por el ingenioso hidalgo y dirigido por su escudero Xavi Panza a lomos de la rucia Xavineta. Una vez volcada esta de manera cruel a las orillas del camino de la perdición, don Laporta tomó las rienda del duelo y una noche se topó en Barcelona con el caballero teutón de la Blanca Luna, que vino a contender con él desde tierras lejanas conocidas como Múnich. El colegiado del duelo dio la señal de arremeter. Como el caballero de la Luna Blanca era más ligero, llegó a don Laporta a dos tercios andados del partido y allí le encontró con tan poderosa fuerza, que sin necesidad de tocarle ni una palanca dio con rocín Roures y don Laporta por el suelo en peligrosa caída europea.
Don Laporta, molido y aturdido, sin alzarse la visera, como si hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma, como en desvarío, dijo:
—No merecimos perder. Viva la posesió. ADN Barça. La Masía es el mejor aceite de oliva del mundo.
A lo lejos, Xavi Panza, atorado en su volcada y rucia Xavineta, gritaba con voz que recordaba a C. Tangana:
—¡Dígale vuestra merced que Dulcinea de la Champions es cruel, dígaselo!
Mientras tanto, don Laporta, muy castigado y sin escuchar las palabras de su escudero jardinero dirigíase al caballero teutón de la Blanca Luna:
—Dulcinea de la Champions es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la palanca y quítame la vida, pues me has quitado la honra nuevamente.
Mas el caballero de Múnich le perdonó la vida exigiéndole solo que se retirase a casa por un año, hasta la siguiente contienda de la Champions, para poder abusar otra vez de él con disfrute y denuedo.
Se escribieron ríos de tinta del enésimo descalabro culé. Mostramos aquí algunas publicaciones recién llegadas de la imprenta.
Observen vuestras mercedes que incluso el parcial Mundo Deportivo no tiene empacho en reconocer la realidad, aunque sea solo por una vez: “El Barça cae a la Europa League por segunda temporada consecutiva, víctima de su propia inoperancia”. Un incunable.
Junto a estos libros, han llegado también otros, como los conocidos Marca y As, que versan sobre andanzas de caballeros menores.
Ambas publicaciones narran la derrota del Cholo, el caballero de la pupa figura, que también pugnaba por conquistar a la deseada Dulcinea de la Champions. Simeone, sin embargo, no padece los problemas de dineros de don Laporta de Palanca y volverá a la posada donde se aloja repleto de ganancias millonarias pese al nuevo fracaso.
«Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así».
Pasen vuestras mercedes un buen día.
El madridismo no se regocija en la desgracia de nadie porque no presta atención a nadie. Muestra una displicencia absoluta respecto a lo que hagan todos los equipos que sean lo suficientemente ordinarios como para no ir de blanco, lo cual es en algunos momentos arrogancia y, en otros, agradecible silencio ante el escarnio ajeno, renuencia a hacer sangre o meter el dedo en el ojo como otros harían con él por muchísimo menos. El Atleti se fue a Segunda dos años y los madridistas mostramos solidaridad sincera y continua con nuestros amigos, primos y vecinos del Atleti. También con los taxistas madrileños, inexorablemente colchoneros con algunas excepciones. Con el Barça tampoco hemos hecho nunca demasiada sangre. Palmó una Final de Copa de Europa contra el Steaua de Bucarest en Sevilla en los penaltis, marrando todos y cada uno de los lanzamientos, y los madridistas esbozamos una leve sonrisa contemplativa para, a continuación, seguir con nuestras vidas como si nada. En años muy recientes, el Barça ha sido goleado sistemáticamente en sus tristes devenires europeos, y nos hemos tomado sus humillantes fracasos (con Messi y sin Messi) como poco más que una risueña nota a pie de página en el transcurso de nuestras existencias.
¿Qué clase de enemigo es uno al que es metafísicamente imposible que te enfrentes porque no es nadie en Europa, que es el terreno donde se dilucida la grandeza?
Sucede que los otros nos odian tanto que llega un punto en que (sin llegar a corresponderles en su odio, porque el madridista tiene cosas más importantes que hacer que odiar a equipos cuyo prestigio ni le roza) nuestra alegría ante la hecatombe del rival pasa a manifestarse en algo más que un somero levantamiento de cejas.
El Barça empezó anoche a jugar su partido ya eliminado, lo que viene a ser como si el Destino hubiera querido dar una lección a Xavi, que se quejaba de la “crueldad” de la competición. Esto es crueldad intolerable y no lo que decías, ni la de los Coen con Clooney y Zeta Jones, Xavi. Tener que jugar en el Camp Nou —contra el Bayern, encima— sabiendo que eres ya matemáticamente carne de Europa League, por segundo año consecutivo, no es algo que quepa desear ni a tu peor enemigo. Ocurre que el Barça quiere ser nuestro peor enemigo pero no le da. Para ser el peor enemigo de alguien, tienes como mínimo que estar presente en las competiciones que juega ese alguien. ¿Qué clase de enemigo es uno al que es metafísicamente imposible que te enfrentes porque no es nadie en Europa, que es el terreno donde se dilucida la grandeza?
Lo del Atleti, por mucho que no les odiemos, por mucho que su aborrecimiento hacia nosotros no nos toque más que tangencialmente, fue algo memorable. Dice Tarantino que hace cine para que el espectador no sepa qué sentir ante sus escenas. Yo, ante el penalti póstumo y circense de Carrasco, me encuentro desarmado, como cuando ves a Travolta clavar a Uma Thurman una inyección de adrenalina en el esternón y no sabes si huir, descojonarte o solidarizarte. Es una escena de grand guignol. Tiene algo macabro y excesivo, como el desmembramiento público de un borrico. No puedes alegrarte y no puedes no alegrarte, porque necesitas un tiempo para asimilar algo tan grotesco. Yo aún no lo he hecho. Si le pides a Dios que encapsule la esencia del Atleti en tres segundos, no le sale algo mejor. Un penalti de ultratumba, más allá de la vida, un tiro rechazado por el portero a Carrasco, un rechace mandado al larguero y un tercer remate que se estrella en el propio Carrasco, lanzador del penalti. El belga puede ser el primer jugador en la historia del balompié que rechaza el lanzamiento de su propia pena máxima, y la paradoja, intrínsecamente colchonera, es que Carrasco me parece su mejor jugador. Te enrolas en el Atleti y sales de allí jibarizado, reducido a una esencia de pupismo que es ya museística, abrumadora. Su otro mejor jugador es Joao Félix, que es como el niño que presencia la masacre desde la banda, con los ojos palpitantes ante el despliegue de casquería.
Para otro día dejamos lo que habría pasado si es al Madrid a quien le DESPITAN el final del partido para traerlo de vuelta al mundo de los vivos a través de un penalti. Si eso sucede con el Madrid, el Papa Francisco vuela de urgencia desde Roma para excomulgar el Bernabéu en obras desde la grúa más alta. La diferencia, claro, es que el Madrid habría metido el penalti. Solo el Atleti es capaz de ser resucitado para darse una vuelta distraída, quitarse el polvo del ataúd, y volver al cofre musitando el himno de Sabina.
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El Real Madrid femenino empató esta semana sus dos encuentros de dificultad alta frente a Levante (2-2) y Paris Saint-Germain (0-0). El equipo de Alberto Toril, llevado casi al límite ante rivales de envergadura, mostró las carencias de un proyecto aún embrionario pero consiguió aguantar en pie hasta el final.
Dependiendo del punto de vista, el vaso del Real Madrid en su tercer año de existencia puede estar medio lleno o medio vacío. Cara a cara con la élite europea, al equipo todavía se le notan las costuras, queda trabajo por hacer. En la tarde del miércoles en Valdebebas llegó el PSG, exponente de la exuberancia física, y el chirrido remitió a ese plano del fútbol. Viniendo de jugar tres días antes, y con futbolistas rivales como Grace Geyoro o Oriane Jean-François ocupando el centro del campo, esconder las imperfecciones de la plantilla se convierte en un trabajo imposible.
Cabe recordar que este mismo PSG arrolló al Real hace un año, y en estas mismas circunstancias: 4-0 en París y 0-2 en Madrid
Alberto Toril, consciente de que la longitud de la manta todavía no da, viene afanándose en repartir minutos para que la cuesta no se haga demasiado empinada. Al músculo de las francesas respondió con Sandie Toletti y Freja Olofsson en el medio como el castor que frena incansable la corriente con lo que tiene a mano. El primer objetivo era tapar la vía de agua; de fútbol hablaríamos después. Si bien para el aficionado madridista clásico hablar en estos términos roza lo surrealista, cabe recordar que este mismo PSG arrolló al Real hace un año, y en estas mismas circunstancias: 4-0 en París y 0-2 en Madrid.
Teniendo en cuenta los precedentes, las blancas bien podrían defender su causa argumentando que el vaso sí va llenándose. Misa Rodríguez mantuvo al equipo en el partido con un puñado de intervenciones de mérito —la mejor, un mano a mano ganado a Kadidiatou Diani—, recordando que cumple con los requisitos necesarios para defender la meta del Madrid, y por delante Rocío Gálvez defendió con seguridad durante los 90 minutos a pesar de tener un prado abierto a su espalda. El equipo tembló en cada córner y debió agradecer la ausencia de la delantera Marie-Antoinette Katoto, pero las primeras ramas fuertes y adultas de las que dispone este Real Madrid empiezan a servir para mantener el tipo.
Lo mismo sucedió tres días antes en el estadio Ciudad de Valencia cuando el Levante, un rival llamado a pelear por la tercera plaza de Liga, remontó el gran gol inicial de Teresa Abelleira con dos golpetazos de los que cuesta levantarse. A cuenta del calendario, Toril tenía a su equipo en modo ahorro de batería y jugando al trantrán, ocurrió la desgracia previsible, y aun así devolvió el golpe. En momentos críticos como estos es cuando debe medirse la capacidad de respuesta, y el Madrid ha demostrado que sabe responder hasta llegar el límite de sus prestaciones. Queda por añadir al motor una sexta marcha, claro está, la que verdaderamente permita al club alzar su primer trofeo en el fútbol femenino.
En Valencia Nahikari García rescató un punto con una bonita vaselina ante la salida de la guardameta, y cerca estuvieron las blancas de terminar de dar la vuelta al resultado. Athenea del Castillo pudo resolver mejor en una contra casi definitiva en aquel duelo liguero, y de la misma forma tanto Caroline Weir como Claudia Zornoza anduvieron cerca de dar la estocada al PSG en un par de ataques prometedores. Es, qué duda cabe, el colmillo demoledor que tan bien reconocemos en el Real Madrid de Karim Benzema. Aún no ha salido.
Exigir contar con ese arma de destrucción masiva en el arsenal de un proyecto que sopla su tercer cumpleaños suena a injusto, pero sabemos que el aficionado que poco a poco va incorporándose a seguir las andanzas del equipo femenino lo pedirá a los Reyes Magos con insistencia. Mientras tanto queda la brega, la construcción de automatismos y el aprender a sobrevivir en el alambre.
En septiembre del año pasado, el Levante vapuleó 4-0 al Madrid cuando tenían la mente puesta en superar su primera ronda previa de Champions. Esta vez, llegando casi directas de jugar en una ciudad recóndita de Albania, aguantaron el tipo. Lo mismo puede decirse, pues, de este primer duelo contra el PSG: en apenas doce meses, lo que fue un sparring inanimado vestido de blanco se ha convertido en un chaval respondón.
Este Real Madrid femenino, inmerso en su pubertad, cambia cada día, mejora cada día, tropieza y sorprende a partes iguales. La salida sencilla sería desistir y desesperarse, pero ¿acaso no merece la pena confiar en el porvenir?
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