En su manual de 50 secretos mágicos para pintar, Dalí les decía a los jóvenes pintores que la instrucción más importante de todas era un verbo conjugado en imperativo: ¡pintad! Del mismo modo Luka Modric pareció decirle el domingo por la noche, cuando saltó al campo, lo mismo a Arda Guler, que estaba allí en la banda mirándolo en representación de la juventud del talento mundial: ¡juega!
Como los genios como Dalí o Modric son inimitables, parece imposible fundar sobre su inmenso y disparatado talento ningún tipo de escuela. En esencia, son resplandores que ciegan. Crean todo un mundo de belleza colosal a su alrededor y lo único permitido a los mortales es disfrutarlo. Para entenderlos hay que esperar a que, como decía Hegel, anochezca y entonces levante el vuelo la lechuza de Atenea.
Modric amaneció para el Madrid con un trallazo remoto en Manchester y, del mismo modo, su crepúsculo, una herida luminosa abierta en el costado de la Liga, fue otro obús en el Bernabéu para encarrilar el título número 36. Ese sentido de la circularidad es tan madridista que lo inscribe dentro de la dorada tradición histórica de un club que está hecho de una obsesión demente por el futuro. La posteridad y el ayer son las dos caras de un mismo palimpsesto.
Con los años, el fútbol de Luka Modric se ha ido haciendo tan sobrio, conciso, mínimo e incluso místico como el gótico marítimo catalán, inclinado a lo esencial por la presencia constante y próxima de la infinitud del mar. Para Modric, el infinito es el Real Madrid, esa extensión inabarcable y majestuosa de grandeza, un horizonte abierto por el que dejar correr la imaginación sin encontrar detrás ningún límite. El gol al Sevilla es el ejemplo. Realiza en un movimiento lo que la práctica totalidad de los futbolistas profesionales del mundo habrían hecho en dos: el control y el acto de perfilarse, es decir gana un tiempo precioso con un gesto con las piernas que es pura decantación cinética de siglos. Es lo que le permite accionar la pierna y golpear el balón sin oposición alguna. Su poderosa musculatura y el toque divino de su pie derecho consiguen el resto.
Para Modric, el infinito es el Real Madrid, esa extensión inabarcable y majestuosa de grandeza, un horizonte abierto por el que dejar correr la imaginación sin encontrar detrás ningún límite
Un gol que es toda una culminación artística, un clímax. Luego apareció dos o tres veces, siempre con pocos toques, haciendo de su colocación en el campo la herramienta de trabajo fundamental. Saber colocarse, por ejemplo, es media tauromaquia. Este Modric crepuscular de los últimos años tiene bastante de sabio del toreo, le podríamos llamar el II Papa Blanco, el sucesor de Ricardo Torres Bombita pero sólo de nombre: la suerte nos ha conservado a Luka sin graves lesiones, a diferencia del famoso torero sevillano, y con su eruditísimo conocimiento del juego, es el futbolista largo, ancho y profundo de nuestro tiempo, por no decir de todos los tiempos.
Cuesta imaginarse a un centrocampista como él en el fútbol que vino antes. Modric es como la síntesis del balompié previo a su irrupción en la élite, un Di Stéfano de la medular, narrador omnisciente del intríngulis de los partidos. Domina todas las suertes, es capaz de dominar a todos los rivales, situaciones, “contextos”, tempos y lances, y además al jugar despierta una emoción íntima única que hará que lo recordemos mucho tiempo después de que cuelgue las botas. Prescinde de lo superfluo porque el cuerpo ya no le da para más. Me acuerdo de la asistencia que le da a Camavinga, de espaldas a la dirección de la jugada y al primer toque con el empeine, para lanzar al francés en la jugada del 1-0 al City en el Bernabéu en las últimas semifinales. Fue un trincherazo con la muleta baja y genial y el botón de muestra de lo que digo.
Modric es el Sumo Pontífice del fútbol de nuestras vidas. Su gol al Sevilla, además, fue como un tajo furioso en un tronco muy podrido, el del árbol del Campeonato Nacional de Liga. Un tronco que hay que derribar a machetazos. Me repito más que el ajo en esta tribuna porque cada semana digo que este circo es inadmisible, pero qué se le puede hacer. Al Madrid pueden birlarle otra Liga, esta es una posibilidad muy real que todos deberíamos tener ya presente. Los ocho puntos de ventaja sobre el Barcelona no significan nada.
Modric es como la síntesis del balompié previo a su irrupción en la élite, un Di Stéfano de la medular, narrador omnisciente del intríngulis de los partidos. Domina todas las suertes, es capaz de dominar a todos los rivales, situaciones, “contextos”, tempos y lances
A La Javineta, vamos ya a quitarle la equis en honor a Carletto y su maravillosamente sarcástico itañol (cuando llamó Javi a Xavi Hernández hizo, sin seguramente él pretenderlo, el mejor humor de crítica política que se ha hecho en este país desde que cerró La Codorniz), la están empujando para que alcance el segundo puesto y ya veremos si un traspiés inopinado del Madrid no la aproxima a la pelea por el título. Todo parece “peligrosamente preparado” como diría el Cholo, otro que tal baila.
Qué país de farsantes. La hora de arbitraje del Madrid-Sevilla perpetrada por Díaz de Mera tuvo tintes siniestros, gangsteriles. Los árbitros españoles son muy malos y muy chulos, la mayoría, y además sobre ellos pende desde hace justo un año la sospecha, instruida por la Guardia Civil, de que además están comprados. O lo estuvieron, por lo menos durante veinte años. Que se sepa. Si hay pruebas, y cada vez se recopilan más, de que el vicepresidente del Comité Técnico Arbitral de la Real Federación Española de Fútbol recibía dinero del Fútbol Club Barcelona para adulterar la competición en perjuicio de sus rivales, sólo cabe inferir que La Liga es una competición amañada.
El videoarbitraje no deja de amontonarse más indicios en ese sentido: el gol anulado a Lucas Vázquez es de juzgado de guardia, sobre todo observando el codazo que recibe el propio Nacho al, supuestamente, cometer la falta que motiva la invalidación del tanto. Luego al propio Vázquez le marcaron la ceja a gusto y por supuesto al videoarbitraje le pillaría en un receso: a lo mejor los de la sala se estaban echando un cigarrito en Las Rozas con los operarios del VAR 2, el para-VAR de la Federación del que ya no se sabe nada ni nadie pregunta más por él aunque hubiera árbitros que admitieran en su momento su existencia e incluso periódicos catalanes informaran de ello.
El Madrid tiene que tomarse lo que queda como preparó Zidane los once partidos que siguieron al lockdown de 2020: como si fuera una mini Copa de Europa. Sólo conservando el temple, sin caer en las provocaciones habituales, rituales y tribales, mantendrá la ventaja y ganará la Liga.
En ese panorama emponzoñado llegó Modric y chutó desde muy lejos, con mucha fuerza. Fue un trallazo cauterizador. Hay que sellar con el fuego santo del talento las heridas purulentas que le inflingen por todas partes al Madrid en este país de pantomima en el que denunciar algo de forma explícita y decir la verdad sin rodeos ni parábolas está peor visto que el mal en sí.
Lo de Modric ue un trallazo cauterizador. Hay que sellar con el fuego santo del talento las heridas purulentas que le inflingen por todas partes al Madrid en este país de pantomima en el que denunciar algo de forma explícita y decir la verdad sin rodeos ni parábolas está peor visto que el mal en sí
Eso es lo que pasa con los vídeos de Real Madrid Televisión que denuncia el Sevilla. Es curioso porque el Sevilla de Pepe Castro es casi el único club, además del Madrid, que tuvo la decencia de postularse públicamente a favor de llegar hasta el fondo del asunto Negreira-FC Barcelona, pero se ve que aquello le pasaría factura en la viciada ciénaga que rodea, en provincias, la actualidad mediática de clubes así. Pero los árbitros españoles no requieren vídeos de denuncia, sino autos de fe. El niño de Zadar les hizo uno automático el domingo por la noche sobre el minuto 80 de un partido enquistado desde el gol anulado, que sacó de sus quicios al equipo de Ancelotti por pura frustración e impotencia.
Pero el chut desde lejos, el golazo, tiene algo de redención instantánea, remite a las formas primitivas del hombre, da una felicidad bruta que no hace falta explicar. Es una sensación salvaje de estar aplicando justicia sin prolegómenos ni burocracia, justicia directa y ancestral. Modric nos regaló ese instante de paz en medio de una guerra permanente contra la desvergüenza y la falta de escrúpulos, un regalo que acerca al Madrid a la Liga: una Liga donde es insultantemente superior a todos los demás, y que sin embargo sigue viva porque hay todo un sistema clientelar corrupto hasta la médula empeñado en ello.
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El alzamiento de Luka Modric tuvo lugar el 25 de febrero de 2024. El general croata fue izado a mayor gloria del madridismo por el coronel Rüdiger hacia la grada del Santiago Bernabéu en presencia del alférez Vázquez, del teniente Mendy, de los comandantes Valverde y Goes y del teniente coronel Vinícius tras marcar el gol que permitió al ejército blanco conquistar los tres puntos frente al Sevilla, frente a Díaz de Mera, frente al González Fuertes y frente al ejército tecnológico.
El momento fue inmortalizado por una cohorte de reporteros gráficos, emitido en directo por televisión y difundido por millones de civiles a través de las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea, hecho que contribuyó decisivamente para que la imagen, tanto fija como animada, quedase clavada para siempre en todo lo alto de nuestra memoria.
La estampa del alzamiento pugnará por imponerse en el particular ranking de recuerdos de cada uno precisamente con el momento precedente y causante de la misma: el del gol de Modric, porque Luka tiene su propio gol, el que anotó por primera vez hace más de una década en pugna con tropas de la pérfida Albión y repitió anoche ante los destacamentos hispalenses.
LUKA MODRIC ES ETERNO ✨ A sus 38 años, decidiendo un partido clave en la carrera por @LaLiga 💥
El gol que decidió el Real Madrid - Sevilla #LALIGAenDAZN ⚽ pic.twitter.com/yIrKPMIl5o
— DAZN España (@DAZN_ES) February 25, 2024
El asedio merengue sobre las tropas de Nervión era infructuoso, las huestes sevillistas hallábanse atrincheradas en torno a su marco y defendíanse de los ataques madridistas con una eficiencia que, en caso de flaqueamiento, era apuntalada por los jueces de la lid.
Corría el minuto 75 de la contienda cuando el capitán general Ancelotti decidió reorganizar sus tropas con el ánimo de lograr la victoria. Ordenó retirar del campo de batalla al capitán Nacho, su puesto en la retaguardia lo ocupó Tchouaméni —nada intrascendente durante la campaña— bajando desde la zona media para dejar hueco de ese modo al general de Zadar en el tablero blanco sin mermar de efectivos la vanguardia.
El alzamiento de Luka Modric tuvo lugar el 25 de febrero de 2024. El general croata fue izado a mayor gloria del madridismo por el coronel Rüdiger hacia la grada del Santiago Bernabéu en presencia del Alférez Vázquez, del teniente Mendy, de los comandantes Valverde y Goes y del Teniente Coronel Vinícius
La táctica del estratega italiano permitió a Luka incrustarse con pericia entre las divisiones enemigas en busca de la ocasión que permitiese dirimir la contienda. Y la ocasión llegó: el comandante Valverde conectó un envío aéreo sobre el rival que fue achicado de cabeza por Badé, cuyo despeje aterrizó en el radio de acción del general croata.
El control rápido, preciso y orientado del diez desarmó al combatiente enemigo y lo dejó en posición franca, aunque compleja, de efectuar un disparo desde la semiluna del área grande. Luka armó la pierna, percutió el proyectil esférico con el pie y lo disparó contra el interior del poste izquierdo de la meta sevillista fuera del alcance de las defensas aéreas de Nyland.
Se desató la locura. El general croata corrió hacia la grada poseído por la dicha para celebrarlo con los devotos seguido por sus oficiales, quienes lo felicitaron con merecido fervor. Su paladín más fuerte, Antonio Rüdiger fue el encargado de llevar a cabo el alzamiento de Luka Modric y Fede Valverde, de arriostrarlo.
En los anfiteatros del Bernabéu retumbaron las palabras de aquel estratega luso: «La clase de Modric enamorará al Bernabéu». Te quedaste corto, Mourinho.
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A poco de llegar a Madrid le llamé así, El Atérmico. Y sigo. Fue un flechazo. Es un tipo que no suda ni siente frío. Viste igual en Sevilla, 20 de agosto, y en Leipzig, mediados de febrero. Su manguita corta. Su pelo lo mismo. Sale. Corre. Se para. Pasa. Tira. Le da de cabeza si es menester: triunfa y se va a su casa. Un genio impasible.
¿Que es alemán? Mi amigo Konrad también y duerme con dos mantas. En Barcelona, concretamente. Y suda la tira. Puede que influyan los 100 kilos que pesa el tío. Es del Dortmund y del Madrid. Acostumbra a comer durante los partidos, conguitos y esas cosas. Y mamar güisqui. Si juegan seguido, esta vez pasó, a media tarde unos y a las nueve los otros, no le llamo: es imposible entenderle. Anoche pudo decir algo así como que menudo pase le dio Marco Reus a Modric en el 1-0. Es apasionante.
También Kroos. Los hay que dicen que es el Federer del fútbol. Por lo fácil y elegante que lo hace. La raqueta es para el suizo un apéndice de su cuerpo, un añadido. Cuando nació le dijeron a su madre: enhorabuena, señora. Pero no se asuste. Ha tenido usted un niño y una raqueta.
El tranquilo Kroos se encabritó ayer, fue la primera vez que vimos así a Toni en los tropecientos años que lleva aquí, pueden sumarse los que pasó en la Bundesliga
En Can Kroos pasó más o menos: ha tenido usted un niño y una pelota. A ambos les une además una capacidad especial para no alterarse. Juegan igual esté el marcador 0-0 ó 15-40. Es verdad que marcador en contra lo tuvieron/tienen pocas veces. Eso también imprime carácter, claro.
El tranquilo Kroos se encabritó ayer, fue el momentazo del partido que sobre todo lo demás tuvo eso y el golazo de Modric, qué delicia deliciosa. Minuto 80: mi más sentido pésame a quienes... Eso. Lo de Luka ya pasó, recuerdo cosa parecida en Old Trafford, ‘Manchéster’ pronuncia Mourinho. Pero fue la primera vez que vimos así a Toni en los tropecientos años que lleva aquí, pueden sumarse los que pasó en la Bundesliga.
El tío va, viene, rechista poco. Esta vez sí. No me extraña que se plantee decir adiós y que a nuestros árbitros los aguanten otros. Es tremendo. Venía calentito por la anulación del gol de Lucas y fue a por una pelota junto a un contrario cerca del área. Este le vio venir y se desmayó. El árbitro pitó falta de Toni que ni le rozó. Y enloqueció. Y vio la amarilla. En ese momento pensé que se retiraba. Sí, sí. Ahí mismo.
Esa cara desencajada. ¡Este se va! Recapacitó, imagino, y siguió jugando. Gracias. Pudo influir también la curiosidad, saber cuántas veces más le tomarán el pelo. La verdad es que tuvo mérito sacarle de sus casillas. Pagar durante 17 años al dos de la cosa arbitral y decir que no fue nada, todo eso es muy meritorio, mucho. Pero excitar a Kroos, casi que más. ¡Qué arte, sí! La leyenda sigue aumentando.
No me extraña que Kroos se plantee decir adiós y que a nuestros árbitros los aguanten otros
También fue muy comentado, y de agradecer, el interés del VAR y alrededores por confirmar que los goles del Madrid son legales todos. Cuesta un huevo que los den a la primera. Creo que lo hacen por respeto a la historia merengue: sus goles deben ser ejemplares. Todos. Un homenaje a Di Stéfano y cía. Una exigencia.
En el anulado, el árbitro no vio falta, sí el VAR y se salió con la suya. ¿No habíamos quedado que si el árbitro no pita no se le corrige? ¿O era al revés? ¿O ni una cosa ni otra? Lo pregunto porque como cambia cada quince días, no me atrevo a pronunciarme. Total, que lo anularon.
En el otro lo intentaron. Pero el árbitro de Primera RFEF que saltó al ruedo tras la cogida, es un decir, que sufrió el titular se mantuvo firme: Rüdiger no intervino en la jugada, se apartó de ella. EL VAR chinchó, pero el hombre debutante se mantuvo firme y empezó a escribir su historia grande piteril. Les contará a sus nietos que una noche en el Bernabéu dio gol del Madrid protestado por el adversario. Y con el VAR escudriñando.
No sé, este muchacho Fernández Buergo… No digo que no llegue a Primera, incluso a la internacionalidad absoluta. Ojalá que sí, parece buena gente y brindó media hora interesante. ¿A que no tendrá vídeo? Pero bien, lo que se dice bien, redondo, no estuvo en su estreno. Se lo harán saber, hoy mismo. Igual el vídeo se lo hace Cantalejo.
Fernández Buergo bien, lo que se dice bien, no estuvo en su estreno. Se lo harán saber, hoy mismo. Igual el vídeo se lo hace Cantalejo
Total, que el Madrid ganó otro de esos partidos en el alambre por bajas y similares y pinta que el próximo podrá juntar a Carvajal, Camavinga, Bellingham y Joselu. Sólo necesitará siete más para formar un equipo. Igual a Ancelotti le pasa lo que a Kroos y se pone de los nervios. No está acostumbrado a poder elegir, puede afectarle. Que cuente Chendo, es capaz de salir con doce.
Doce, las jornadas que quedan, hoy Girona-Rayo. Divertido será ver cuántas faltitas hacen los vallecanos. Doce para el final de la Liga. La gana el Madrid aunque acabe con camisa de fuerza.
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Buenos días, amigos, y bienvenidos a la cercanía del final de una liga que cada jornada se pone más del color que menos gusta al sistema que la sustenta. El Madrid se sobrepone domingo tras domingo a las asechanzas de dicho sistema, ya sean decisiones arbitrales, ya sean tretas antideportivas del rival, y sobre todo decisiones arbitrales que dan por buenas tretas antideportivas. Leed hasta dónde está de los árbitros un tipo tan ponderado como Alberto Cosín, por ejemplo, en su análisis arbitral de ayer. Si Alberto manifiesta este nivel de hartazgo, siendo como es el hombre más desprovisto de fanatismo hooliganesco que conocemos, es que el madridismo tiene sobradísimas razones para estar hasta los mismísimos.
Anoche logró el equipo de Ancelotti una victoria sufrida en la que hubo de superar una táctica del murciélago (todos colgados del larguero) de los hombres de Quique Sánchez Flores, unas 7.200 lesiones y otras tantas sanciones acumuladas, un gol que se resistía y otro que al sistema no le gustó que marcara. Pero, como titulaba Jesús Bengoechea en su crónica, "Luka Modric es más fuerte que el sistema".
LONG LIVE OUR MAESTRO 🎩👑🤍 #Hustle #AlwaysBelieve #HalaMadrid #Cleansheet pic.twitter.com/MpznO66Oit
— Antonio Rüdiger (@ToniRuediger) February 25, 2024
"Maestro", llama Antonio Rüdiger al héroe del partido de ayer, al héroe de tantos y tantos partidos de ayer. Resulta que también puede ser el héroe del partido de hoy, y del de mañana. Tal vez ya no del de pasado mañana, pero ¿a quién le importa eso cuando Modric todavía puede perfilarse y chutar como en Old Trafford, en su primer gol vikingo, tan parecido al que podría ser el penúltimo?
"El que sabe, sabe", titula Marca. Convocamos a otro maestro, el de lengua, para que nos aclare si en alguna ocasión se pueden separar sujeto y predicado con una coma (¿quizá en este caso sí por la coincidencia de los verbos?). El caso es que un maestro como Luka tiene por fuerza que saber. ¿En qué mundo estamos, si ya no saben ni los que deben enseñar?
"Maestro" es también el título de una película que a buen seguro va a valer el próximo Óscar de Hollywood al actor Bradley Cooper. Ni siquiera la hemos visto, pero cualquier interpretación más o menos atinada en un biopic es carne de estatuilla, y aquí encarna Cooper a Leonard Bernstein. Hay en Youtube un vídeo delicioso en el que Bernstein, el de verdad, babea de gusto hablando de los Beatles. Se rumorea que en ciertas instancias de Valdebebas alguien guarda bajo llave uno similar de Luka Modric contando maravillas de Vinícius y Rodrygo, de Bellingham y Brahim, de Camavinga y Lunin. Los maestros son así, y cuando no están convirtiendo el mundo en un lugar más edificante lo transforman anotando goles de incalculable belleza plástica y moral como el de ayer al Sevilla. Ese gol fue Bernstein marcando un tanto vindicativo al reggaetón, que en cambio, a diferencia de los Beatles, le habría dado un asco insoportable de haber llegado a conocerlo.
Luka es armonía. Luka es un halo de confianza en el ser humano, un manantial de calma. Pero hay días en que a Luka no se le pone en la punta del rabo que ganen los malos (o sea, el sistema), y en esos días a Luka puedes pillarlo destemplado y desabrido. No traicionará sus impecables maneras, pero igual le da por cerrar el buzón a los malajes controlando como un demonio en la frontal y poniéndola en la esquina del marco rival, que es lo más homologable a un par de hostias que se gasta este hombre.
Este hombre que es "eterno", como reza la portada de As. Llevábamos toda la semana creyendo que la noticia era que volvía Sergio Ramos, y resulta que la noticia era que Modric no se había ido.
Después de hablar de Modric, cuesta mucho cambiar el foco a Sport o Mundo Deportivo. De manera que lo vamos a dejar por hoy. Os acercamos (eso sí) las portadas de dichos medios cataculés, porque a lo mejor tenéis algún interés antropológico en el estudio de los medios de propaganda en las épocas de las vacas flacas, cuando (casi) todo el sentido del año consiste en coadyuvar a lo estipulado por Rubiales y Piqué para poder quedar segundos.
Pasad un buen día.
Arbitraron Isidro Díaz de Mera Escuderos, del comité castellano-manchego y, tras su lesión, Carlos Fernández Buergo. En el VAR estuvo González Fuertes.
Los dos profesionales intentaron por todos los medios que el Real Madrid no sumase los tres puntos. Les salió el tiro por la culata.
Su actuación fue digna de Joan Gaspart. Desquiciaron a los jugadores del Madrid con decisiones erradas a sabiendas.
Al menos el partido nos demostró que la corrupción, de momento, no llega a otras categorías del fútbol español porque el joven trencilla que salió por la lesión de Díaz de Mera estuvo bastante correcto. Le faltó alguna amarilla, pero no fue tendencioso ni parcial como sus colegas.
El gol anulado a Lucas tras falta de Nacho previa se puede pitar si acaso en directo. Pero no es una acción clara y manifiesta en las que entra el VAR. Salvo si es el Real Madrid, por lo que parece.
El dúo Díaz de Mera-González Fuertes se tragó poco después un agarrón de Badé a Rüdiger en el área. Fans de Sergio Dalma, pero uno no bailaba.
El culmen fue la amarilla a Kroos a un metro del castellano-manchego por una falta que solo pitas si te lo pide en las reuniones del comité la pareja Medina-Clos, que no saben por dónde les da el aire. O, bueno, realmente sí les gusta si viene del Mediterráneo.
En el gol del triunfo merengue, Rüdiger estaba en fuera de juego pero lo hizo genial porque ni interviene, ni molesta, ni interfiere; se inhibe totalmente de la jugada. Ya no tenía excusa ahí González Fuertes para avisar.
El resto de amonestados fueron Ocampos, Sow y Nianzou. Este último por una entrada muy dura a Ceballos.
Díaz de Mera Escuderos, CENSURABLE, IGNOMINIOSO y TERRORÍFICO. González Fuertes, ídem. Fernández Buergo, BIEN.
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Lunin: SOBRESALIENTE. Hizo precisa y exactamente lo que se espera de un portero del Real Madrid: ver el partido desde lejos hasta que te toca, una sola vez pero decisiva, encaramarte al sol.
Lucas V: APROBADO. A diferencia de su homónimo croata, no fue mas fuerte que el sistema y le anularon el gol.
Mendy: APROBADO. Firme en general, con algún despiste.
Nacho: APROBADO. Poco exigido, pero solvente.
Rüdiger: APROBADO. Misma consideración que Nacho.
Tchouaméni: BIEN. Impuso su ley en el medio centro y, cuando le tocó, en medio de la defensa.
Kroos: NOTABLE. Hizo el partido de siempre, o sea, el que para el resto es el de nunca.
Valverde: NOTABLE. Incansable.
Brahim: NOTABLE. Muy incisivo y peleón. Jugadas de mérito por la derecha.
Vinícius: NOTABLE. Clase y sacrificio. Una amenaza continua.
Rodrygo: APROBADO. Apagado, pero siempre voluntarioso.
Modric: SOBRESALIENTE. Sobran comentarios.
Ceballos y Álvaro: sin calificar por falta de tiempo.
ANCELOTTI: Bien. Sigue haciendo encaje de bolillos pese a las bajas.
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El Madrid se impuso al Sevilla (y al negreirato 2.0) merced a un mito del fútbol cuya vigencia es eterna en los libros y perdurable en el verde: Luka Modric.
El partido comenzaba con un ambiente de vaga nostalgia propiciado por el retorno de Ramos. El club, vía speaker, lo gestionó con la inteligencia que da el cariño cuando es somero y se ve amablemente arrinconado por la urgencia de los puntos. Su nombre, contradiciendo la aritmética de los dorsales, fue enunciado al final de la alineación sevillista para cosechar una gran ovación, la misma que ya había recibido en el calentamiento. Al primer balón en juego, pitos para el camero. ¿Esquizofrenia o refinamiento en el homenaje? Lo segundo: él venia a ganar, y el Bernabéu a que perdiera. Se te quiere, Sergio, y ahora, a ser posible, se te gana. Sería posible, sí, gracias a un icono todavía más señero que el de Camas.
Los primeros minutos serían de lo que los clásicos llaman tanteo, aunque un remate franco de En-Nesyri, a las nubes, propició la primera congoja. Para compensar, enseguida, Vinícius hizo gala de una visión de juego que no se le pondera la suficiente para dejar solo a Lucas Vázquez ante Nyland. El gol del coruñés fue anulado por el VAR por presunta falta anterior en el centro del campo, desatando en el público gritos de "corrupción en la Federación" que se acrecentaron por una posible agresión al propio Lucas a renglón seguido. Desde la grada no apreciamos bien ninguna de las dos jugadas, aunque el chat de La Galerna parecía compartir plenamente el criterio del madridismo congregado en Chamartín.
Dominaba el Madrid, que desaprovechó una buena incursión de Vinícius por su reciente obsesión por el pase con el exterior. Pero el brasileño también levantó al público de sus asientos con un sombrero para morirse. Bien organizado, con cinco atrás, el Sevilla neutralizaba bien el peligro blanco. Los de Ancelotti tenían a Vinícius y Rodrygo estorbándose algo por la izquierda. Superada la media hora, el primero volvió a crear peligro desde la esquina con un chut que se fue fuera.
En el minuto 34, volvió a desatarse el cántico relativo a las corruptelas federativas cuando el colegiado ignoró una falta al borde del área sevillista para a continuación señalar otra a Kroos y amonestarle. Todo es una broma muy pesada. ¿Y sabéis lo mejor? Que va a durar para siempre. Una excepcional jugada por la derecha de Brahim la remató Tchouaméni al exterior de la red, pero el partido seguía incómodo para los de Carlo, en gran parte por el nerviosismo generado por el lamentable trencilla. Manos al borde del área no pitadas, tarjetas de manual perdonadas a los de Quique... La gloria bendita habitual. El tipo tuvo a bien añadir cuatro minutos a la primera mitad, cuando sólo en anular el gol del Madrid había tardado más tiempo. Quítennos goles si no hay más remedio, pero ¿serían tan amables de devolvemos el tiempo que invierten en robárnoslos?
Con el 0-0 inicial nos fuimos al descanso. Aparte del asunto arbitral, el Madrid manifestaba lo mismo que en los últimos partidos: cierta falta de frescura y acuse de recibo de las bajas, en particular la de Bellingham. A este cronista le amenizaron el descanso, desde su localidad, amigos que le mandaban videos de la jugada por la que se anula el gol de Lucas y el mayestático cabreo de Kroos por su tarjeta. Uno no calculaba que dedicarse a opinar de fútbol pudiera acarrearle nunca tamaña mala sangre. Me pasaré a opinar de política.
Al poco del reinicio, Valverde la arrojó al palo tras otra gran internada de Brahim. No pudo precisar su remate, dando la impresión de que se resbalaba. Quizá el charrúa tenía tiempo hasta de pararla. El malagueño constituía el elemento más desestabilizador en el ataque vikingo. Lunin sacó una pierna prodigiosa en un tiro a bocajarro, Rodrygo chutó fuera después de hacerlo todo bien y Vinícius obligó a Nyland a sacar otra gran mano, todo en cuestion de segundos. Vini lanzó un chut espectacular, fuera por poco. ¿Da todo esto igual, en medio de la putrefacción del sistema? Nosotros ya lo ignoramos todo.
Decidido a que Nyland no fuera, en sus saques de puerta, el único protagonista en el arte de la pérdida de tiempo, el árbitro detuvo el partido por unas molestias suyas. "Que salga Negreira", coreó esta vez la grada. "Mejor Cantalejo, que es lo mismo, pero puede deslumbrar a los de Ancelotti con el rolex", apuntó mi vecino de abono. Al final no sé si salió otro árbitro. Qué más da. Son todos iguales. Los mejores minutos del Madrid ya estaban arruinados por la interrupción. El catenaccio de Quique aguantaba en pie.
Ancelotti dio entrada a Modric en lugar de Nacho. Mano (o pie) de santo. Luka maniobró en la frontal y soltó el zapatazo del partido. Recordó a su gol clásico en Old Trafford. Por poco lo anulan desde la sala Z del VAR. Gran enfado de Clos. Esto se podía haber gestionado mejor, hombre.
En el descuento apretó el Sevilla. Ramos se fue arriba, a ver si la noche se aupaba a su leyenda. Pero en la noche no había mas hueco para otra leyenda que la de Luka.
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Buenos días, amigos.
Básicamente son tres los motivos centrales del día para lo que aquí nos ocupa. Cuentan los papeles que el Barcelona se va pareciendo a lo que se supone que debe parecerse, que el Atleti ya tal con su empate en Almería y que hoy visita el Bernabéu el Sevilla de Sergio Ramos, uno de los nuestros. Podríamos terminar aquí este portanálisis, pero nos lo impide nuestra tendencia habitual a la palabra, la obligación contraída con nuestros lectores y todo aquello que no cuentan los papeles, todo aquello que se mueve, digamos, en medios de comunicación menos tradicionales.
Sonríen en Can Barça. Tanto, que hasta Xavi, conocido en los cines de la Ciudad Condal por llorar con todas las películas que va a ver y hasta con las que se monta en su cabeza, ha abierto su boca ya no para expresar sus habituales quejidos y lamentos, sino para decir que aún hay tiempo, que en la Champions está todo abierto y que la liga es posible, curiosamente desde que anunció su dimisión diferida. Calculadora y VAR en mano, no le falta razón. Son ahora cinco puntos los que separan al Negreira FC del liderato (a falta de que el Madrid, ojalá, gane hoy al Sevilla y entonces sean, aún más ojalá, ocho) y el sanador resultado que obtuvo ayer la xavineta contra el Getafe bien está para camuflar (otra vez) una patada en el muslo dentro del área a un jugador de Bordalás, de esas que solo se pitan si, pongamos por caso, la patada la recibe Koundé, a la sazón defensa del -oh, sorpresa- VARcelona. Esto, cómo no, no lo cuentan los papeles; de ahí que este portanálisis, que podría haber acabado en su tercera línea, aún no lo haya hecho.
Arruga el gesto el cholismo. Tanto, que la central lechera acude al rescate, tratando su empate a dos en Almería desde el acierto local, con el protagonismo de Luka Romero, y no desde el desacierto visitante, no vaya a ser que la opinión pública se atreva a cuestionar algún día al entrenador mejor pagado del mundo, a la rutilante estrella francesa que se sentaba en la misma mesa que Cristiano y Messi, o al delantero español de pasado madridista que tuvo anoche la victoria en sus botas en franco remate que mandó no sabemos si al cielo de Mojácar o de Lucainena de Las Torres, pueblos almerienses con encanto que algunos portales de internet recomiendan visitar por si alguien encuentra el balón que allí pudo lanzar Morata.
Pero no. Cómo nos atrevemos. Es ley que el Atleti siempre debe caer bien, caigan donde caigan sus balones. La fórmula es perfecta y está consolidada desde antiguo. Si gana el Atleti es un primor la táctica del Cholo, experto en intensidad y rigor. Si empata el Atleti, qué bueno es Luka Romero y cuánta gallardía la del Almería. Y si pierde el Atleti, cantamos todos a coro que no se puede competir de igual a igual con los grandes, que esto es un sentimiento y que a caer de pie solo nos ganan las palancas del Barcelona. Así se las ponían a Felipe II, o a Fernando VII, o a Diego Pablo Simeone.
No se altera el Madrid. El Sevilla denuncia ante LaLiga los vídeos de análisis arbitral de Real Madrid TV en las vísperas del partido sin caer en la cuenta de que, seguro por despiste u olvido, no se ha personado en la causa contra el Barcelona por el Caso Negreira, que tal vez algo tenga que ver con corrupción arbitral. Tampoco se ha percatado el Sevilla de que su propia televisión ha hablado de "prevaricación" arbitral cuando se ha sentido afectado, pero eso será porque ellos sí tienen razón y porque pueden hacer lo que quieran con esta razón desde su medio oficial, no como el Real Madrid, cuyo medio debe tratarse como si fuera un medio de todos y cada uno de los españoles antimadridistas, Iturralde incluido. Es lo que tiene el "consejos doy que para mí no tengo", el "a Dios rogando y con el mazo dando", o ya puestos, el descaro que hay que tener para denunciar en otro lo que yo mismo he hecho sin que nadie haya osado, faltaría más, afeármelo a mí, aunque solo sea porque, ya se sabe, Sevilla tiene un color especial, me gusta su duende y huele a azahar.
Y, por último, espera el Madrid. Regresa Sergio Ramos al Bernabéu para enfrentarse, con su actual Sevilla, al equipo con el que se convirtió en leyenda. Lo nuestro debe ser ganar, pero no sin antes rendir el reconocimiento debido a una de nuestras figuras, inscrita para siempre en la historia que tú hiciste, esa cuya principal consecuencia es abrir la historia por hacer. Sin duda, Sergio supo recibir esa historia y abrir nuevos posibles, encarnados para los restos en un cabezazo prodigioso bajo el cielo de Lisboa, ciudad de conquistadores.
Estamos seguros de que Ramos sabrá comprender mejor que nadie que esta noche, una vez comenzado el partido, no conozcamos más labor que la victoria ni a más jugadores que los que hoy visten de blanco.
Feliz día, amigos.
Buenos días, amigos. No merece la pena discutir ciertas verdades que hay en la vida. El agua moja, el cielo es azul, el fútbol femenino español sigue cosechando éxitos (a despecho de polémicas) y Superdeporte es un vertedero moral. Ayer nos tocó felicitar a Sport por la crudeza de su imagen, centrada en el agresor sexual Dani Alves, y hoy, en cambio, nos toca señalarlo por su portada, que llama la atención sobre el resto.
Aunque no destaca por lo que creéis, pero ya llegaremos a ello. Las portadas se centran en el éxito de las jugadoras de la selección española de fútbol, las cuales, tras la goleada a Países Bajos, han logrado la hazaña de la clasificación de España para los Juegos Olímpicos por primera vez en nuestra corta historia de éxitos. Una historia recién comenzada con el pasado Mundial y que podría aumentar la próxima semana en la final de la Nations League.
Algo tiene el fútbol femenino español, cuando es capaz incluso de sobrevolar polémicas tan agrias como paralizantes. Quieren que sea un nido de controversias (con el caso Rubiales/Hermoso copando titulares y causas judiciales), pero ni aun así logran que siga constituyendo una genuina fuente de goce deportivo para el aficionado, y una que además está al alza. Cuentan que G.K. Chesterton, agnóstico por entonces, acudió a una misa católica y se convirtió a dicha religión, con el siguiente argumento: si este culto se ha mantenido durante 2000 años con gente como esta hablando en sus púlpitos, sólo puede ser porque es la verdadera.
Sí aún no te has convertido a la causa del fútbol femenino, después de ver cómo siguen ganando a pesar de tantas y tantas ramitas en las ruedas, es que no te gusta G.K. Chesterton.
Los diarios se centran hoy en el fútbol femenino y nos parece acertado, como As, con una foto de la propia Jenni Hermoso mirando hacia esas gradas.
La vista se nos va hacia el faldón inferior, porque nuestros ojos han leído eso de “el Barça no saca bandera blanca”, lo cual es más que entendible, dada su alergia a esos colores, mas el titular no va por ahí, sino por el doble objetivo firme de Xavi: La Liga y llorar. “Insiste en que el equipo peleará por la Liga”, de lo cual no nos cabía ninguna duda, habida cuenta de los millones de euros en juego para la Federación, y “se queja por jugar el sábado”. Acostumbrado a los favores "negreiriles”, “VARiados”, “calendáricos” y sistémicos, le molesta cuando no todo es cuesta abajo y sin rival.
El diario madrileño Marca muestra el gesto de rabia de Jenni Hermoso tras anotar uno de los goles.
El éxito de las jugadoras contrasta con el faldón superior, que nos recuerda el “luto de toda España” por la tragedia ocurrida en Valencia, una desgracia con la que se solidariza toda La Liga, como nos recuerda el titular. Hay otros medios de comunicación como Superdeporte (aunque estos no son ni medios, ni tercios, ni cuartos, son como mucho “millonésimos de comunicación”) que prefieren seguir expandiendo su hedor y su odio, incluso en estos momentos de dolor para los habitantes de la ciudad que no se merece esta publicación. A media mañana de ayer publicaron este mensaje en sus redes sociales.
“Olvidaron” al Real Madrid, que fue uno de los primeros en sumarse a la consternación general y a la emisión de un comunicado de apoyo a las víctimas y familiares de la tragedia. Para disimular, dejaron fuera de su mensaje a otros, como su rival de este fin de semana, el Granada, o el Almería. Es lo normal en ellos; saben que el odio vende y por eso llevan un mes vomitando portadas bochornosas sobre Vinícius. Luego se extrañarán si un nutrido grupo de aficionados se acerca a la llegada de los futbolistas del Real Madrid al estadio para proferir insultos que nos negamos a reproducir en estas páginas. Una buena muestra de que el odio vende, y no así los mensajes conciliadores, está en el impacto que tuvieron el lamentable tuit y su posterior rectificación (a medias) un par de horas más tarde.
Mundo Deportivo reparte su portada entre el “baño olímpico” de las futbolistas, con las culés Aitana Bonmatí y Salma Paralluelo, y esa “otra batalla” consistente en colocar al Barça en segunda posición. En puestos de Supercopa, por decirlo de otra manera.
Y os dejamos ya con la portada discordante, la del diario Sport, no solo porque no lleva al lugar principal el éxito de la selección femenina de fútbol para mostrarnos en su lugar el rostro radiante y eufórico de Frenkie de Jong…
… sino por las declaraciones de José Bordalás: “Soy cruyffista, ha sido mi ídolo”. Una aseveración que sin duda ha provocado varios infartos en la ciudad de los puretas del estilo y la impostura del tiki-taka. O kiti-atraka con los secuaces de Negreira y Medina Cantalejo.
Pasad un buen día.
Me aburre mucho Mbappé. Muchísimo. Me recuerda a una charla que el filósofo John Cook Wilson impartió en Oxford en 1889. Llevaba por título “Sobre una teoría evolucionista de los axiomas”, que suena a juerga loquísima. Wilson se explayó a gusto durante más de dos horas seguidas de disertación, al final de las cuales carraspeó un poco y, sin levantar los ojos de sus notas, dijo: “Después de estas observaciones preliminares…” y comenzó a dar la conferencia.
Al lado del entorno de Mbappé, Wilson es un principiante. El “Mbappeverso” lleva cerca de un lustro torturándonos con observaciones preliminares y ahora acaba de empezar la conferencia, que vaya usted a saber lo que durará. Supongo que, como comprometido colaborador La Galerna, debería manifestar una opinión al respecto si no quiero perder mis privilegios secretos de galernauta, como el politono de Sergio Ramos felicitando la Nochevieja en cantonés o mi carnet personalizado del Club Carrefour con la foto de Prosinecki. Pero si les soy sincero, sobre el tema Mbappé no tengo una opinión mucho más formada que la tengo sobre la teoría evolucionista de los axiomas.
Billy Wilder trabajó con Marilyn Monroe en Con faldas a lo loco y la actriz convirtió el rodaje en un suplicio. A pesar de las quejas de Wilder, Arthur Miller, que estaba casado con la actriz, no perdía la oportunidad de defender la profesionalidad de su esposa: “Marilyn es un tesoro, un privilegio; es la sal de la tierra”, escribió en un telegrama para Wilder. “Ayer la sal de la tierra mandó a todo el equipo de rodaje a tomar por el culo”, respondió el cineasta. Me pregunto si meter a Mbappé en el Madrid no será como fichar a Marilyn Monroe con Faiza Lamari en modo Arthur Miller. Yo qué sé. También es verdad que cuando Billy Wilder veía las pruebas de cámara de Marilyn se olvidaba por completo de sus berrinches y salidas de tono, porque Marilyn era pura magia en la pantalla, igual que Mbappé es pura magia en el césped.
El tiempo dirá si al Madrid le merece la pena el esfuerzo. En este momento a mí la saga Mbappé me atrae poco. Por más que me esfuerzo, no encuentro interés en analizar si su juego es conveniente para el Madrid, en su valor estratégico de mercado o en si cuando fiche, si es que ficha, será un problemón gordísimo para Ancelotti; porque todo el mundo sabe que lo que más odian y temen los entrenadores de fútbol es tener a demasiados jugadores buenos en su plantilla.
Enorme bostezo. Nada de eso me importa.
Me interesa mucho más Andriy Lunin, por ejemplo, quien se está convirtiendo en un portero de élite justo delante de nuestras narices. Frente al Leipzig, el ucraniano igualó el récord de paradas en una eliminatoria de Champions que ostentaba Courtois, así que vamos a dejarnos de tonterías y vamos a empezar a hablar en serio de una vez de Andriy Oleksiyovych Lunin.
Yo creo que hay que estar un poco mal de la cabeza para ser un buen portero. Las pocas veces en mi vida que he jugado al fútbol siempre lo he hecho de guardameta, así que sé de lo que hablo. No hay soledad en el mundo que pueda compararse a la que existe en el espacio conformado por tres palos y una red. Todos los buenos porteros tienen algo de personaje lovecraftiano, que de tanto contemplar el vacío acaban perdiendo la cabeza. "Miro el abismo/ El abismo me mira/ Somos lo mismo", escribió José Bergamín. El abismo es lo que está bajo los palos.
Ser portero exige la fortaleza mental de un bloque de feldespato. Quizá por eso a lo largo de la Historia las porterías siempre han parido genios. Karol Wojtyla jugaba de arquero en las categorías inferiores del MKS Cracovia antes de recibir la llamada divina y ser coronado Papa como Juan Pablo II. Y estoy seguro de que la inmensidad de los misterios de la fe le parecía una maceta al lado de la distancia que tenía que cubrir entre poste y poste cuando se le acercaba un delantero rival. También fue portero, y muy bueno según dicen, Arthur Conan Doyle; concretamente en el Portsmouth Association FC, y acabó en su vejez creyendo en hadas y en fantasmas. También como portero solía jugar Salvador Dalí, lo que demuestra que cada vez que uno se enfunda los guantes de arquero da un paso más en el camino hacia el surrealismo. Que se lo digan si no al Mono Burgos.
No sé cuál es el destino que le depara a Andriy Lunin cuando deje los terrenos de juego, si se dedicará a pintar relojes derretidos, a escribir novelas de detectives o a ser romano pontífice. De todo parece capaz el ucraniano salvo de una cosa: sonreír.
Lunin es un tipo que apenas sonríe, mide casi dos metros y sus ojos son heridas de cuchillo que manan sangre azul eléctrico. Lunin no es un portero, es una esfinge; por eso es tan bueno. En la mitología griega, la Esfinge plantea a Edipo un acertijo con la amenaza de devorarlo si no lo resuelve. Cuando un delantero rival se planta con el balón ante la mirada de Andriy Lunin entonces escucha su voz en su cabeza plantando un acertijo: “Tú, insignificante mortal, ¿cómo pretendes meterme un gol?”; y ese infeliz delantero de pronto siente (de pronto sabe) que si no lo resuelve en una décima de segundo, Lunin se lo comerá vivo. Se pone nervioso y falla, claro. Lunin es un portero apotropaico: mantiene el mal lejos de sus dominios infundiendo pavor.
Guardando la portería, con esos ojos entornados y esa total, completa, profunda y absoluta incapacidad para esbozar una sonrisa en condiciones, se me asemeja Lunin al soldado veterano de una guerra perdida, parapetado en la trinchera y sujetando con los dientes el hilo de bramante con el que se está suturando él mismo la herida de bala en el estómago. Lunin es, probablemente, en lo que se reencarna alguien que en la otra vida la palmó arrojándose sobre una granada a punto de estallar para salvar a los niños de un orfanato.
Hay algo misterioso en la forma que tienen los ojos de Lunin de mirar el mundo, en esa expresión que no se altera nunca, como si además de porterías custodiase un secreto que solo él conoce y que los demás ignoramos por nuestro bien. Una verdad espantosa que a cualquier otro mortal le volaría la cabeza en pedazos, pero no a Lunin, cuya mente está hecha de roca fundida. Es como el poema que William Blake le dedicó a un tigre:
¿Qué martillo, qué cadena,
en qué horno fue tu mente?
¿En qué yunque? ¿Qué medrada opresión
osa estrechar el terror más implacable?
¿Qué mano inmortal, qué ojo
osó forjar tu terrible simetría?
El misterio que oculta la “terrible simetría” del rostro de Andriy Lunin me recuerda cierto artista igualmente enigmático. Es probable que muchos de ustedes que, a diferencia del que aquí suscribe, han empleado su tiempo en cosas más productivas que estudiar Historia del Arte no hayan oído nunca hablar de Carlo Crivelli. Crivelli fue un pintor veneciano del siglo XV de gran talento, pero que tuvo la mala suerte de vivir en la misma época que otros grandes genios más populares como Leonardo da Vinci, Rafael o Tiziano; de igual modo que Lunin pasó mucho tiempo oculto por la sombra de Courtois.
Crivelli, que era un grandísimo pintor, tenía la costumbre de incluir un elemento en todas sus obras, como una especie de firma: un pepino. Siempre el mismo pepino. Daba igual lo que representara el lienzo: ya fuera una Madonna, una Anunciación, un retablo lleno de santos, una Crucifixión… En todos ellos, y en un lugar bien visible, Crivelli pintaba un pepino. Incluso en la Última Cena que hizo para el monasterio de Santo Domingo de Camerino, Crivelli representó a Cristo y a los apóstoles comiendo (¿adivinan qué?) pepinos.
A día de hoy ningún experto tiene ni la más remota idea de por qué Crivelli firmaba todas sus obras con esa hortaliza. Nadie sabe qué significado tiene o qué demonios quería decirnos Crivelli con sus pepinos. Es uno de los misterios más extraños y peculiares de la Historia del Arte.
“Solo el misterio nos hace vivir. Solo el misterio”, dijo García Lorca. El Real Madrid tiene sus propios enigmas irresolubles. Uno de ellos es el secreto que oculta su portero que nunca sonríe. El pepino de Andriy Lunin. Un personaje sin duda mucho más interesante que la turra interminable sobre Kylian Mbappé.
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