Las mejores firmas madridistas del planeta

José María García, aka Butano, no era en aquella legendaria Antena3 Radio más que el telonero de Pumares, que salía a escena cuando a García le daba la gana terminar (hay teloneros bastante tiránicos) y constituía el auténtico aliciente de la noche. Lo del “telonero” es hallazgo que me cede Pepe Kollins y, aunque probablemente García duplicaba o triplicaba el sueldo del crítico de cine al que ayer dijimos adiós, no hay una verdad más grande que esa. No recuerdo a nadie que, una vez seducido por los primeros acordes de Stardust Memories, no decidiera quedarse más allá del fin de la Hora Cero para paladear el auténtico plato fuerte de la madrugada.

No creo que haya existido en la historia mundial de la radio un programa doble tan salvaje y flamígero como ese. No trataremos de engañar (ni siquiera a nosotros mismos) quienes lo escuchábamos , declarando que pretendíamos ser acunados hasta dormir. Como manos que mecían la cuna, ni García ni Pumares eran las más suaves, si bien había diferencias. La de García era una beligerancia interesada y manipuladora, mientras que la mala leche de Pumares era natural, biológica. Identificabas en ella tu mal despertar de algunos lunes, con la particularidad de que ese mal despertar le duraba al conductor de Polvo de Estrellas hasta el jueves a las cuatro de la mañana. Era el cascarrabias más puro y generoso del mundo, por cuanto administraba su cabreo, potencialmente, contra cualquiera que llamase al programa, sin reparar en la ganancia o pérdida que su maltrato al oyente pudiera deparar, sin distinguir tampoco por religión, sexo o ideología. Regañaba a cualquiera a quien le gustara el cine. Era un maltrato regocijante que tomaba a su audiencia a la vez como prisionera y como cómplice. Sólo había una cosa que te hacía gozar más que oírle: el saberte a salvo, por no ser tú el que en ese momento estaba hablando con él.

Pumares actuaba como los abonados del Bernabéu en un partido de liga: tú eras el Madrid y tenías que ganarte su favor. No iba a aplaudirte de primeras. Como buen pipero, te dedicaba la música de viento de su desdén -o hasta de sus chillidos, literalmente- si no le entretenías con tu juego

Salvo para algunos programas especiales (mítico su recurrente Monolito), no había guión. Los micrófonos se abrían para los oyentes, que preguntaban a Pumares lo que querían. Pumares ahí actuaba como los abonados del Bernabéu en un partido de liga: tú eras el Madrid y tenías que ganarte su favor. No iba a aplaudirte de primeras. Como buen pipero, te dedicaba la música de viento de su desdén -o hasta de sus chillidos, literalmente- si no le entretenías con tu juego. Más te valía haber hecho los deberes, que básicamente consistían en preguntar cosas interesantes y no volver sobre las mismas películas acerca de las cuales ya había hablado. O sea, tenías que ser un fiel del programa, y un fiel cualificado.

-Carlos, ¿qué te parece Pretty Woman?

-A ver, ya hablé de ella ayer y anteayer. Está bonita.

A la noche siguiente.

-Carlos, ¿qué te parece Pretty Woman?

-Ya hablé de ella ayer, anteayer y hace dos noches. Siguiente pregunta.

A la noche siguiente.

-Carlos, ¿qué te parece Pretty Woman?

-(…)

-¿Carlos?

-No la he visto.

-(…)

-(…)

-¿Todavía no?

-No.

-Ah. Pues no sé.

-Yo sí.

Aquellos silencios eran más lacerantes que sus berridos. Podía ser cortante como una entrada de Savic, histérico como un puntapié de Gavi, pero siempre latió en sus borderías el aliento inconfundible de lo genuino. No hubo en el recorrido de Pumares una micra de artificialidad, lo que lo ubica no sé si como madridista, pero sin duda como ferviente anticulé. Esa relación de amor-odio con su audiencia era metáfora, lo reitero, de la del Madrid con sus fieles. Turbulenta. Morbosa. Hiperexigente. Era como Míchel marchándose del campo porque el público le abuchea, solo que Pumares se iba del campo todas las noches, aunque se quedara en la emisora, y con la salvedad también de que en este caso era él quien abucheaba a la concurrencia. En el arte del berrinche, era equipo y afición.

Las redes sociales andan estos días recuperando momentos memorables, desde el día en que mandó a Spielberg al psiquiatra hasta el momento en que destripó Twin Peaks para convencer a los oyentes de que no fueran a verla, pasando por su diatriba contra los tortilleros concebollistas en el programa de Sardá. La escuela de escritores que demandan un esfuerzo a sus lectores murió con Proust. La de los músicos que hacían lo propio con su audiencia falleció con Genesis. Pumares puede haber sido el último genio de la comunicación que fustigó a los advenedizos de su propia causa, a los que no daban la talla como seguidores. No hay manera más exacta e incómoda de sublimar la excelencia, y en eso Pumares sí que es madridismo hasta el morir.

Los parones de selecciones constituyen un desierto árido que cada uno se ve obligado a atravesar de la manera menos mala posible. Espero que nadie se atreva a rebatir el hecho de que se trata de una prueba de supervivencia nada desdeñable. No, no se rían ni me llamen exagerado. Ahora que Halloween está más o menos próximo, cualquier día temo encontrarme una sombra en el espejo que se identifique como “el chico del parón” y me haga estremecer al señalarme con una mano inerte una hoja del almanaque mientras afirma con voz trémula que “en esa jornada FIFA se mató él”. Bromas aparte, como mínimo convendrán conmigo en que no está el mundo especialmente llevadero para renunciar a los escasos refugios que nos quedan. De modo que comprenderán que, para superar la abstinencia, se recurra a lo que sea. Y cuando digo lo que sea, me refiero a las peores aberraciones que uno es capaz de imaginar. Desde iniciarse en la escalada a, qué sé yo, leer a Murakami. O incluso, horresco referens, bucear por el catálogo de Netflix.  

No estoy orgulloso, pero he de confesar, ustedes me perdonarán, haberme inclinado por la tercera opción en un arrebato de pura desesperación. No sean muy duros, les aseguro que en el pecado llevé la penitencia: como era de esperar, la asombrosa combinación de inanidad y de morbo aumentaron exponencialmente mi desidia antes que aliviar mi alma. En un momento dado mi imagen fue la de la más pura decadencia: medio cuerpo fuera del sofá, la cabeza suspendida en una posición diagonal incompatible a medio plazo con la vida, mientras pasaba ante mis ojos toda una ristra de ficciones “basadas en hechos reales” acerca de los más truculentos criminales que en el mundo han sido. Solo faltaba Jaime Chávarri con una cámara. A estas alturas, hasta el más cínico de los lectores habrá sentido siquiera una pizca de compasión. Sin embargo, los cristianos saben que incluso en Sodoma siempre hay un puñado de justos, y también en semejante acumulación de fruslerías audiovisuales se puede, de vez en cuando, encontrar algún plato apetecible. Así que, cuando ya me hallaba al borde del colapso, de repente surgió un rostro familiar, cálido, amable, que me invitó a pulsar el play. Recordé en aquel instante balsámico que hubo un alcalde en el Madrid de los ochenta que dijo que Dios nunca abandona a un buen madridista, o algo similar. La cara, por cierto, ya habrán adivinado a quién pertenecía. No podía ser otra que la del incontestable protagonista de los últimos días en la plataforma de las letras rojas. Me refiero, cómo no, a David Beckham.

En efecto, el soma que me está permitiendo capear este parón de selecciones es la miniserie documental recién estrenada en Netflix acerca de la carrera del último de nuestro Galácticos. Y reconozco sin ápice de vergüenza que la he disfrutado mucho. No tanto por la calidad del producto, que a mi juicio adolece de varios defectos, los cuales mi condición puntillosa me obliga a comentar. En primer lugar, la duración de los capítulos es algo excesiva, lo que contribuye a una sensación de cierta reiteración cuando el guion da vueltas a un mismo suceso durante demasiados minutos. En segundo lugar, no dudo del sufrimiento de la familia Beckham con el acoso de los tabloides y de la despreciable prensa del corazón, si bien me cuesta algo más empatizar con los lamentos repetidos por tantos cambios de domicilio y hogar; sin pretender caer en la demagogia, conviene ser proporcionado a la hora de valorar determinadas cotidianidades como terribles dramas si uno quiere evitar acabar caricaturizado como una versión noventera de Los ricos también lloran. Por último, todos estos biopics comparten un problema común: una vida humana no tiene sentido narrativo, pero la película o serie lo necesitan, y tratan de buscar ese sentido narrativo en la vida que pretenden recrear, intentando que esta encaje en la estructura planteamiento-nudo-desenlace. Como si todos los hechos sucedidos desde el inicio en la vida de una persona ya hubieran ido perfectamente encaminados hacia la conclusión, como si existiese un destino que se proyecta sobre lo previo.

Pero no sería justo quedarse únicamente con lo mejorable. Los capítulos se gozan incluso cuando aparecen personajes desagradables. Memorable el papel de Simeone, prestándose con cierta gracia a hacer de malo oficial en el affaire de la expulsión de Becks en el Mundial de Francia; termina reconociendo con una media sonrisa irónica que efectivamente exageró la agresión del inglés, pero qué se le va a hacer, Giacobbe, el mundo es así y no lo he inventado yo. El mismo Álex Ferguson, figura insoportable -“al Madrid no le vendería ni un virus”dijo una vez, al borde del cólico miserere; lo que nunca pudo hacer el pobre hombre fue eliminarlo con su Manchester United- que yo temía que fuese edulcorada en virtud de sus “cualidades paternales”, aparece adecuadamente retratado con sus luces y con sus abundantes sombras. Por otro lado, el rostro angelical de David no solo nos saca una sonrisa cuando refulge al enfundarse la zamarra blanca; también cuando se permite juguetear con el sarcasmo en su relación con Victoria y sus hijos, preguntando a la Spice pija por la marca del coche en la que la llevaba su padre, tras haber presumido la Adams de orígenes working class.

Finalizada la serie, entre los posos de buen rollo queda flotando una cuestión muy actual que alude al madridismo. A menudo se ha reflexionado acerca de cómo debe afrontar el Real Madrid el relato que vende al exterior de sí mismo como institución. Esta clase de documentales vuelve a poner el foco en el asunto. Sobre este particular alguna vez me he extendido: personalmente creo que el Madrid no debe imitar a otros equipos que se han construido relatos identitarios cerrados, arquetípicos, prefabricados, que establecen las condiciones para ser correctamente de un equipo –“somos el equipo del pueblo”, “somos el equipo de tal país”, “somos el emblema del estilo tiki-taka”- y que aglutinan al rebaño –“los de fuera no lo pueden entender”- pero al mismo tiempo lo constriñen.

el rostro angelical de David no solo nos saca una sonrisa cuando refulge al enfundarse la zamarra blanca; también cuando se permite juguetear con el sarcasmo en su relación con Victoria y sus hijos, preguntando a la Spice pija por la marca del coche en la que la llevaba su padre, tras haber presumido la Adams de orígenes working class

No, el Madrid debe dejar que cada simpatizante merengue viva su afición y su relación con el club de la manera en que lo estime oportuno, sin un patrón predefinido, la camiseta blanca dispuesta a ser un lienzo donde cada uno vuelca sus motivos más íntimos. Sin embargo, en mi opinión sí debe hacer por extender su propio relato de otra forma: no como una homilía oficialista sino narrando, acaso en forma de miniseries documentales, todo ese crisol de historias, tanto de estrellas galácticas como de personajes secundarios, que han ido conformando la argamasa de la entidad. Sé que Real Madrid Televisión ha trabajado en ello, mas quizá una apuesta más ambiciosa, que involucre a las grandes distribuidoras -un poco lo que se trató de hacer con Apple, pero más pulido y más hacia el mainstream-, sea una buena solución.  Imaginen en el estreno de una miniserie similar sobre un jugador, entrenador o -¿por qué no?-presidente madridista en cada parón de selecciones. Un antídoto simultáneo contra el antimadridismo y contra el desencanto de estas fechas. Soy consciente de que empecé este artículo con un cariz humorístico, pero verdaderamente creo que merece la pena darle una vuelta. Al fin y al cabo estos días, ay, tenemos tiempo para hacerlo.        

Buenos días, amigos. En fútbol España ganó anoche 2-0 a Escocía, cuestión que al parecer se basta y se sobra para prácticamente eliminar de las portadas la histórica paliza del Real Madrid de baloncesto al Efes en suelo turco (80-103). El baloncesto es considerado minoritario por la prensa deportiva que padecemos, sí, pero si el otro día Marca dedicó su primera plana a un deporte mucho menor aún, como es la maratón, ¿no habría podido llevarse hoy los honores (o al menos algunos honores) la monumental exhibición de los hombres de Chus Mateu en Estambul? ¿No será que el problema es que quienes protagonizaron la hazaña lo hicieron vestidos de blanco, y eso suscita los remilgos de quienes aspiran a presentarse como el periódico de todas las aficiones (menos de la madridista, nos atreveríamos a aventurar)?

-Pero ¿qué dice usted, hombre? Habiendo ganado la mal llamada Roja, ¿cómo no iban a darle la portada, moviéndose como se mueven las grandes cantidades de dinero que circulan entre la Federación y los medios?

Pues tiene usted razón, imaginario o no tan imaginario lector. Volvemos a la vieja y maravillosa cita de Serrat: “Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio”.

Fijaos en que el espacio que da Marca a la gesta de los Yabusele, Hezonja, Causeur, Campazzo, Poirier y compañía. “Madrid y Baskonia vencen en Estambul y Berlín”. El Madrid no tiene ni su propio recuadrito en la esquina inferior izquierda, sino que lo tiene que compartir con Baskonia, y sin una mala foto que llevarse uno a la boca. Es ofensivo. Hasta la noticia de que Jorge Vilda ha fichado por el fútbol femenino marroquí viene con más espacio y una foto del susodicho.

Pero ¡un momento! As otorga algo más de espacio al Madrid de los canastos y además con exclusividad (“Recital blanco en Estambul”), pero el espacio sigue siendo ridículo. Lo que llama la atención es que para referirse a España han optado por un titular idéntico al de Marca (la foto de la celebración del segundo gol es ligeramente distinta). No es la primera vez que As y Marca coinciden en el mismo titular, lo que vuelve a desatar en nuestras mentes conspiracionistas la teoría de que hay un topo de As en la redacción de Marca. Y/o viceversa.

No hay otra explicación. Coinciden demasiadas veces. Bien es verdad que “Paso de gigante” no es ningún hallazgo, y que como buen lugar común puede ser accedido a través de diferentes caminos, de manera natural, por mortales muy comunes asimismo. Pero no. Estos se copian. ¿Quién copia a quién? No lo sabemos, y no estamos en contra del espionaje industrial. De hecho, esta hipótesis da algo de intriga e interés a una plomiza mañana postpartido de selecciones. Pon una buena trama de micrófonos ocultos, agentes dobles y microfilms en una mañana de parón de selecciones, y la cosa mejora ostensiblemente. Esto tiene que ser como Infiltrados, la película de Scorsese, pero con Forjanes y Roberto Palomar como Di Caprio y Matt Damon, respectivamente. (Nota: decimos esos nombres a título de ejemplo, no estamos sosteniendo que Forjanes y Roberto Palomar sean de hecho los topos). Sean quienes sean, pueden considerarse afortunados de que Mourinho no sea el editor de ninguna de las dos publicaciones.

Decimos que no nos parece mal el espionaje industrial, cuánto más si nos alivia el tedio de un parón, pero pensamos que el asunto no está del todo bien enfocado. Si As tiene un topo en la redacción de Marca, infiltrado allí para enterarse de la portada del competidor y soplársela a Vicente Jiménez (la portada), debería ser para evitar coincidir en la portada, no para buscar poner la misma.

Asimismo, si es Marca quien tiene un agente doble en la redacción de As, debería ser para sortear el riesgo de poner lo mismo en la primera plana, no para buscar la coincidencia. Urge que Jiménez y Gallardo se reúnan en cumbre bilateral para analizar con frialdad para qué quieren disponer de mutuos topos en la redacción del otro. Jiménez y Gallardo serían aquí como Mark Wahlberg y Jack Nicholson en la película, sin que por ello estemos sugiriendo que ninguno de los dos sufra la adicción al sexo que el personaje de Nicholson manifestaba en la obra cinematográfica del maestro neoyorquino. O sea, que Gallardo y Jimenez  serían Wahlberg y Nicholson pero no necesariamente de forma respectiva, quede claro. Nos estamos metiendo en un jardín, sí, pero, si no nos han denunciado hasta la fecha ni unos ni otros, no creemos que vayan a hacerlo ahora, sorpresivamente, después de más de ocho años de portanálisis diarios.

Y ¿qué más queréis? Ah, sí, España. Los chicos de Luis de la Fuente, el hombre que no volverá a aplaudir (otro gran título cinematográfico), jugaron horrorosamente en la primera parte y mejor en la segunda. Es un equipo que transmite bien poco, aunque está bien posicionado para acceder a la Eurocopa. Tiene tres jugadores reconocidos (Rodrigo, a quien no sabemos por qué siguen llamando Rodri, Carvajal y Morata), una panoplia de promesas que solo están en ciernes y otra de promesas de quienes no es exagerado decir que nunca llegarán a gran cosa. Con esto último, por supuesto, no estamos señalando a Gavi, por dos razones: primero, porque ya tiene su premio Golden Boy, a diferencia de Bellingham y Camavinga que por supuesto (sisisisisí) son mucho peores; y segundo, porque la posibilidad de que Gavi venga en persona a lanzarse en plancha para afearnos el comentario hiela la sangre en nuestras venas.

Sport dice en su letra pequeña, precisamente, que “Gavi puso el ritmo” en el partido de la selección. Si a la hiperactividad desnortada le llaman ritmo, no podemos estar más de acuerdo. Se refiere también Sport, en chiquitito, al milagroso aumento de sueldo de João Félix, que de repente multiplica por diez sus emolumentos en Can Barça. No es que lo de los 400.000 euros fuera una mentira y que en realidad cobraba lo que ahora se reconoce lo que cobra pero en dinero B, nonononono, ¿desde qué caverna de delirios mesetarios podéis dar pábulo a una teoría semejante?, sino que se ha producido eso, una multiplicación de panes y paces que para ti querrías de la noche a la mañana, querido lector.

Para terminar, está lo de Mundo Deportivo, que además de la selección nos habla del fichaje por parte del Barça de Mitoma, a quien llamarán Miti según entre por la puerta. Es un extremo japonés que juega en el Brighton. Esto casi no tiene pinta ni nada de que el bueno de Jan vaya a agarrar una comisioncilla, nononono. Asimismo, se nos comunica que el FC Barcelona ya tiene su licencia para construir el nuevo Camp Nou, lo cual está muy bien considerando que el viejo ya ha sido derrumbado y los clubes juegan al fútbol en estadios. Que se lo digan al Madrid, que ya tiene el mejor del mundo casi a punto sin que por ello, Dios nos libre, queramos establecer ningún tipo de comparación entre la situación de un recinto y el otro.

Pasad un buen día.

20 cosas peores que el parón de selecciones me encargar hacer Bengoechea, que en mi vida me he visto en tal aprieto… No va a ser esto uno soneto como el que le dedicó Lope de Vega a Violante porque aquello se trataba de hacer poético un burlón desafío, mientras que, en este caso, no hay manera humana ni divina de embellecer estos malditos parones anticlimáticos cargados por la FIFA y el diablo, si es que acaso no son el mismo; ni siquiera poniéndolos en una comparativa que los haga parecer menos lúgubres. Entiendo que la ausencia de la coma del vocativo y el final de Lost (que yo defiendo, por cierto, o al menos no lo considero el horror que la mayoría pregona) ya están cogidos por el jefe, de modo que no voy a andarme por las ramas y voy a ir directo a lo fácil (dentro de lo que cabe pues, si bien es fácil encontrar cosas que odiemos, no lo es hallar algo que nos repela más que estos parones):

  1. La (escasa) limpieza de la competición que el Real Madrid tiene la desgracia de competir cada año. La liga española de las palancas, los chanchullos del presidente de la liga y el de la rfef, los pagos al vicepresidente del CTA y el resto de delitos que ya conocen ustedes sobradamente y que no nos vamos a poner a enumerar de nuevo por respeto a su tiempo y estómago.Negreira, Laporta y la contradicción
  2. La continua prestidigitación de un Joan Laporta que le permite, con la eterna connivencia de su colega Javier Tebas, seguir dando patadas hacia delante mientras el mundo del fútbol elige mirar hacia cualquier lado que no sea el que ocupa el club azulgrana, y el presidente culé se engaña a sí mismo pensando que nos engaña a nosotros también, los aficionados de bien.
  3. La prensa española. La prensa española durante los parones de selecciones. Voy a ser bueno y contar este punto como uno sólo. No creo necesario explicar nada más.
  4. El declive de los premios Oscars, cuyo prestigio y rating lleva años sufriendo una caída libre sin saber exactamente en qué momento empezó la misma.
  5. La tortilla de patatas con cebolla. Reconozco que esta sólo la pongo para provocar al estadio después de marcar un gol.
  6. La música trap y sus derivados. ¿En qué momento se le ocurrió a alguien la idea de considerar género musical, o música, ya puestos, a ese repulsivo conjunto de sonidos?
  7. El civismo, o más bien la ausencia del mismo, de la sociedad actual. Quizás les cueste creerme, pero hubo un tiempo en el que los jóvenes se levantaban de su asiento en el metro para cedérselo a un anciano o embarazada. No les digo ya sobre el respeto a las normas de convivencia.
  8. La política española, o más bien en lo que se ha convertido.
  9. El final del parón de selecciones, cuando descubrimos, medio horrorizados, medio exasperados, que varios de los jugadores vuelven tocados o lesionados. Nunca nos cansaremos de defender que las selecciones jueguen cuando haya terminado la temporada de clubes, como se hace en otros deportes.
  10. El final de Juego de Tronos. No el televisivo, que yo no he visto aún, sino el que llevamos una eternidad esperando los lectores, como si fuera precisamente el sempiterno final de un parón de selecciones, desde hace más de 12 años, cuando salió el antepenúltimo libro de la saga.
  11. Esas malditas guerras en las que se matan entre sí personas que ni se conocen ni se odian simplemente porque se lo ordenan personas que sí se conocen y se odian, pero que sólo participan en las guerras para mandar a los suyos a la muerte.
  12. El cinismo de los comunicados de Gil Marín.Gil Marin expulsión Frente Atlético
  13. Las piruetas léxicas de los Pável Fernández e Iturraldes de la vida para justificar cualquier error arbitral creyendo que los están convirtiendo en aciertos.
  14. La concepción de la Fórmula 1 como un deporte en lugar de como una competición de equipos constructores.
  15. Los atascos de Bogotá. Créanme, los de Madrid no son nada.
  16. Su bus o metro, ya saben ustedes a cuál me refiero. Ese que ven marchándose justo cuando ustedes están llegando a la carrera a la parada.
  17. El mosquito que espera pacientemente al momento en el que empieza uno a quedarse dormido para deleitarle con su concierto.
  18. El relato del Madrid, Franco y las Copas de Europa. Podía tener cierto sentido hace un tiempo, cuando no había el acceso a la información como actualmente y se podía engañar fácilmente al aficionado medio, pero a día de hoy, que ya nos sabemos todos la historia, no produce sino hastío.
  19. Misterchip criticando a los que criticamos los parones de selecciones mientras llama al resto de la temporada “parones de clubes”.
  20. El hecho de que Bengoechea haya demandado 20 cosas peores que los parones de selecciones en lugar de 19, justo cuando ya casi lo tenía… Uy, esperen, ya están.

 

El pasado sábado el Real Madrid se impuso por 4 goles a 0 al Osasuna. Lo hizo prácticamente sin despeinarse. Dando vuelo a unos jugadores tocados con la varita del dios del fútbol. Este Madrid juega a otra cosa, es fútbol élite y moderno. Tercer partido consecutivo que se deja a cero la portería de Kepa Arrizabalaga. En esta ocasión Aurélien Tchouaméni tuvo que desempeñar el papel de central diestro en lugar del sancionado Nacho FernándezJude Bellingham sigue en estado de gracia y contra Osasuna anotó dos goles más para su casillero. El papel del británico está siendo estelar, estratosférico. La afición alegre y risueña está encantada. Las cuentas tuiteras de los madridistas no cesan de elogiar al centrocampista. Richard Dees llegó a comparar su celebración con los brazos abiertos con el Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci. Golazo de Vinicius emulando al gran Ronaldo Nazario y asistencia de dulce para que Joselu hiciera el cuarto y cerrara la goleada.

Kepa, Rüdiger, Llull y Rudy tampoco se llevan

Estamos en lo mejor y nos llega el parón de selecciones. Cuando más disfrutamos del equipo, la ruptura. Dos semanas en las que nos secuestran nuestra cita con el Madrid. Es un jarro de agua fría. Cuando estamos en dinámica positiva lo único que queremos es seguir disfrutando de nuestro equipo y no tener que tragarnos encuentros entre selecciones que no interesan a absolutamente nadie. No acabo de entender bien la lógica del calendario FIFA. En lo que va de temporada ya hemos sido interrumpidos dos veces y habrá una tercera en noviembre. ¿No sería más oportuno aglutinar los partidos de selecciones antes o después de la temporada regular? Y más cuando muchos aficionados nos tememos que normalmente el calendario FIFA acaba  derivando en el temido y archiconocido Virus FIFA.

Aprovechando este nuevo parón es bueno siempre detenerse en la situación del equipo y en los jugadores que más destacan en este primer tramo de la temporada. Antonio Rüdiger está imperial. El central alemán se ha convertido en el referente defensivo de este Madrid.  Con la baja de Éder Militão, el ex jugador del Chelsea entró en juego. Esta temporada ha de jugar todos los partidos difíciles, es más titular que nunca. Desde su llegada al Real Madrid, Rüdiger tuvo que lidiar con dos centrales de primerísimo nivel: Alaba y Militão. La participación del alemán la temporada pasada fue notable pero con la lesión de Éder Militão estaba obligado a dar un paso hacia delante. Y hasta ahora está siendo impecable su participación. Mención especial también para Aurélien Tchouaméni. El francés sustituyó a Nacho por su sanción y lo hizo con mucha sobriedad. Hemos ganado un central para momentos de auténtica necesidad. Por cierto, una cosa buena del parón de dos semanas por el fútbol de selección es que David Alaba estará de vuelta con casi total seguridad según apuntan todos los medios.

Estamos en lo mejor y nos llega el parón de selecciones. Cuando estamos en dinámica positiva lo único que queremos es seguir disfrutando de nuestro equipo y no tener que tragarnos encuentros entre selecciones que no interesan a absolutamente nada

Nos alcanza el parón de selecciones cuando estamos en lo mejor. El parón siempre es un disgusto y más cuando se está disfrutando. El Madrid es el líder de la Liga y líder de su grupo de Champions. Es un balance positivo que deja a las claras el potencial del equipo. Y además, siendo sinceros, las carencias que demuestran Barcelona y Atlético jornada tras jornada me empujan a estar tranquilo. A buen seguro que habrá que competir hasta el final pero, con el corazón en la mano, veo difícil que alguien nos arrebate el liderato. Somos un equipo serio en defensa, efectivo en la delantera y que cuenta con el mejor centro del campo del campeonato. Así pues, se nos harán largas estas dos semanas, pero al menos podremos paladear ser líderes.

 

Getty Images

Hace unos días se cumplieron 23 años del debut liguero de uno de los jugadores clave en la historia del Real Madrid de comienzos de siglo. Quizás no tuvo el nombre de otros. Es seguro que no disfrutó de la vitola de titularísimo. Pero, cada vez que salió al campo, dignificó la camiseta con su entrega, clase y personalidad. Hablamos de Santiago Solari, un tipo de futbolista deseable para cualquier entrenador, imprescindible a la hora de sumar títulos. No alza la voz, mete la pierna. No altera vestuarios, aúna esfuerzos. Rinde y calla. Una clase media muy alta.

El Madrid siempre ha contado con varios ‘Solaris’ destacables, y es justo recordar su trayectoria. La siguiente lista sólo responde a criterios subjetivos, por lo que no duden en rebatirla (o alabarla, dado el caso) en los comentarios y a través de las redes sociales.

Comenzamos con uno de los jugadores más eficaces de la historia blanca. Desconocido para algunos, Pepillo sólo tuvo un inconveniente. Pero era el más grave. Compartió vestuario y posición con Alfredo Di Stéfano. Nacido en Melilla, comenzó a destacar desde muy jovencito en el equipo del barrio del Tesorillo, hasta que el club de la ciudad lo fichó con sólo 16 años con un sueldo de 1.200 pesetas. Tras dos años como azulino, el Sevilla consiguió atarlo antes de que lo hiciera el Atlético. En el equipo hispalense terminó por descollar y logró la internacionalidad. Debutó en 1955, ante Egipto, curiosamente en Chamartín. El Madrid lo fichó para la temporada 59/60, en la que aprovechó su oportunidad al sustituir a La Saeta cuando estaba lesionado. Además, acaparó portadas tras conseguir cinco goles en la histórica victoria por 11-2 ante el Elche. En la siguiente campaña, Juan Cruz Sol le cerró el camino, por lo que terminó cedido en River Plate para regresar y coger rumbo a Mallorca. En junio de 2003, ya fallecido, recibió un homenaje en su tierra natal que enfrentó a la U.D. Melilla contra un combinado del Real Madrid, Mallorca y Sevilla (4-3). En total, disputó 30 partidos de blanco y anotó 28 goles, un promedio de 0,93. Y lo ganó todo: una Copa de Europa, dos Ligas, una Intercontinental y una Copa.

El siguiente es Paco Llorente, talento y madridismo por las venas. Sobrino de Gento, llegó al Madrid en 1897, con Leo Beenhakker en su segunda temporada al mando. Jugaba en el Atlético, donde incluso se ganó el apodo de ‘El Butragueño del Calderón’, cuando Mendoza lo fichó por 50 millones gracias al nuevo decreto 1006/85 que al fin permitía este tipo de operaciones. De regate vertiginoso, nunca dispuso de continuidad debido, en gran medida, a su coincidencia con La Quinta del Buitre. Y el día que apostaron por él, en la vuelta de los cuartos de la Copa de Europa de 1989 contra el PSV, el resultado sí fue positivo (2-1), pero no así la repercusión mediática y en el propio club. Jugó por Emilio Butragueño y aquello provocó tal seísmo que Mendoza llegó a advertir al técnico que el “patrimonio del club” no se tocaba. Paco Llorente conocía su papel, aunque nunca se resignó y, cada vez que salía, resultaba un revulsivo más que eficaz. Se marchó de Chamartín en 1994 tras ganar tres Ligas, dos Copas y cuatro Supercopas de España.

Ese mismo verano, procedente del Real Valladolid, llegó Emilio Amavisca. Oro olímpico en Barcelona 92, fichó sin apenas levantar sospechas de lo importante que resultaría en la Liga 94/95, la que terminó con la hegemonía del Barcelona de Cruyff (Tenerife mediante). El único que sospechó, aunque erróneamente, fue Jorge Valdano, que pretendía excluirlo antes de que realizara una gran pretemporada, al igual que sucedió con su gran socio ese año, Iván Zamorano. Ganaron jugando un fútbol espectacular pero, con el paso de las temporadas, Amavisca perdió protagonismo al despuntar un tal Raúl González Blanco. Con todo, siempre aportó compromiso y mucho trabajo no exento de calidad en el área. Ganó una Copa de Europa, dos Ligas, una Intercontinental y dos Supercopas de España.

Coetáneo a Santiago Solari fue Iván Helguera, el jugador de la lista que gozó de mayor regularidad. En su caso, la elección deriva de sus valores y actitud en el club. Llegó en 1999, con Lorenzo Sanz todavía a los mandos. Fichó como centrocampista y en esa posición se inició también en el Real Madrid, formado un gran tándem con Makelele. Corte y distribución. En silencio, sin copar titulares, nunca bajó del notable en sus actuaciones. Terminó de central, ya fuese en defensa de cinco o de cuatro. De blanco le llegó la llamada de la Selección. Icónica fue su reacción después del escandaloso robo ante Corea. Ese día, todos fuimos Helguera. Ganó dos Copas de Europa, tres Ligas, una Intercontinental, una Supercopa de Europa y dos Supercopas de España.

Las notas del Real Madrid, 2 - Getafe, 0

Por último, destacamos a un actual jugador de la plantilla blanca. Incombustible, pura raza y madridismo: Lucas Vázquez. Canterano desde su niñez, el gallego hizo la mili en el Espanyol (14/15) antes de regresar a Chamartín. Extremo polivalente, ha llegado a jugar como delantero y de lateral, puesto que ocupa en la última fase de su carrera. Siempre hace algo más que cumplir. Es un auténtico incordio para la defensa rival por su llegada e insistencia. Nunca desfallece. Pero, además, no se amilana jamás. En la memoria blanca quedó su imagen antes de lanzar el primer penalti de la Undécima. Jugueteando con el balón en las manos, su aplomo tranquilizó la taquicardia madridista. Lucas Vázquez es el perfecto ejemplo para cualquier canterano que aspire a jugar en el Real Madrid. Jugar, sumar y callar. Hasta 2023 ha ganado cuatro Copas de Europa, tres Ligas, cuatro Mundiales de clubes, tres Supercopas de Europa, una Copa del Rey y tres Supercopa de España.

 

 

Ahora que la temporada empezaba a coger vuelo y el Madrid a jugar bien, llega otro parón. La cosa es, de verdad, insufrible, anticlimática a más no poder. El fútbol de selecciones es un coñazo impuesto por esas instituciones que le roban la luz a la vida como son la UEFA y la FIFA, patios de Monipodio y nidos de gente que, estoy seguro, odia el fútbol. Pero vive estupendamente de él y necesitan estas “fechas FIFA” de mierda con la que castigarnos a todos a la vez que ellos se lucran. En el fútbol el aficionado ya no cuenta para nada y los partidos entre selecciones fuera del verano sirven para recordárnoslo a cada poco, el memento mori de las élites reguladoras de un juego que se está estupidizando al mismo paso acelerado que la mayoría de los adultos occidentales.

Hay pocas cosas peores que un parón de selecciones. En realidad, hay pocas cosas peores que las selecciones, que son proyecciones fantásticas del antiguo espíritu nacional que sólo tienen sentido realmente en verano, cuando hay Eurocopa o Mundial. No es que vivamos ya en un tiempo en donde el patriotismo es una reminiscencia del pasado que al común o le hace gracia como anécdota o sencillamente, lo detesta. Es que vivimos en la era post-nacional. Viendo el primer episodio del muy recomendable documental en Netflix sobre la vida de Beckham, tanto él como su padre admiten que jugar para Inglaterra era lo más grande, mucho más que vestir la camiseta del Manchester United. Como digo, eso puede aún tener sentido en lugares así, como Inglaterra o Italia, y cuando hay competiciones de verdad en las que todavía perdura el sabor del fútbol viejo que conocimos. Pero, lo que es hoy, y sobre todo, en España, la selección no es más que el equipo de la federación, no del país, en el que sólo creen por otra parte cuatro gatos. Se da la curiosa circunstancia de que, últimamente, los más fervientes seleccionistas suelen identificarse políticamente como muy poco o nada patriotas, lo cual nos da un barrunto de por dónde van los tiros. ¡Ya hasta convocan a niños festejan abiertamente sus derrotas! Estos parones absurdos de la actividad de los clubes están justificados por el hecho irrebatible de que los mandamases federativos deben seguir lucrándose. Los rolex que gasta Medina Cantalejo no se van a pagar solos.

Un parón de selecciones mata el amor y hasta el deseo, es como escuchar a Manolo Lama vendiéndote un estimulante contra la disfunción eréctil

Así las cosas al madridista se le impone a Gavi antes que a Bellingham, y a Luis de la Fuente en vez de Carletto, quien, por cierto, ejerció de patriota mejor que el Bruto con aire de sugar daddy que tiene la selección por técnico. Preguntado por la ciudad mejor para acoger la final de ese disparate de Copa del Mundo que le han adjudicado a España para el año 2030, De la Fuente dijo, sorpresón, que cualquier ciudad española le parecería correcta, mientras que Ancelotti, recordándonos que es un hombre de un mundo pasado y mejor, contestó a la misma pregunta con una sencilla respuesta: Madrid, claro, que es la capital de España y que tiene el mejor estadio del mundo. Pero es normal que De la Fuente no se moje. La última vez que lo hizo, aplaudiendo de mil amores la lisérgica comparecencia de Rubiales en su último acto como presidente de la corrupta RFEF, tuvo que contorsionarse en menos que canta un gallo y darle de metafóricas puñaladas a la toga del capo para conservar un puesto que ni él mismo se cree todavía que ostenta. Hay que seguir comiendo y el hombre no se ha visto en otra igual. En la España de hoy decir la verdad es ser radical, y como no hay nación en la que nadie crea ni defienda, su selección de fútbol tiene que representar cualquier cosa, menos a España.

en España, la selección no es más que el equipo de la federación, no del país, en el que sólo creen por otra parte cuatro gatos. Se da la curiosa circunstancia de que, últimamente, los más fervientes seleccionistas suelen identificarse políticamente como muy poco o nada patriotas, lo cual nos da un barrunto de por dónde van los tiros

Los parones de selecciones son peores que pasar una resaca sin ibuprofeno. Son peores que levantarse temprano un sábado para salir a hacer running. Son incompatibles con la vida, al menos con la que merece la pena vivirse. Ahora que hace un tiempo primaveral y que lo va a seguir haciendo todavía unos días más, quizá unas semanas, uno tiene que renunciar al Real Madrid hasta el 21 de octubre, por que sí, para que las federaciones del mundo sigan sosteniendo el trampantojo de una competición entre naciones que cada vez son más de mentirijillas. Por el camino llenan sus opacas cuentas de dinero a costa de exprimir a los futbolistas en bolos infumables. Un parón de selecciones mata el amor y hasta el deseo, es como escuchar a Manolo Lama vendiéndote un estimulante contra la disfunción eréctil. Es como pensar en ir a ver Ocho apellidos vascos, un completo nonsense.

Pero eso es lo que tenemos. Hay que seguir alimentando una bestia cada vez más enflaquecida, la bestia del fútbol profesional contemporáneo. Me gustaría saber a cuánta gente congrega frente a un televisor un España-Escocia o un España-Chipre. Es gracioso porque se apela a un sentido nacional, a un amor por el terruño, para justificar que los países se sigan enfrentando en un terreno de juego, pero luego las Copas del Mundo o, como ya vimos con la última, las Eurocopas, se disputan en veinte sitios diferentes. España, a lo mejor como premio a la podredumbre inveterada de su federación, ha sido “premiada” con un Mundial que empezará entre el río Guaraná y el de la Plata, y que quizá acabe al sur de la cordillera del Atlas. El mundo se desnacionaliza y sus élites, sin arraigo ninguno con el supuesto suelo que comparten con las clases trabajadoras, siguen haciendo dinero a espuertas vendiendo hasta los picaportes de ese viejo palacio que se llamaba civilización occidental. El fútbol era el ocio y la identidad del proletariado europeo a cuya vocación aspiracional pertenecía: Bernabéu hizo un estadio gigante para la clase media que nacía en Madrid, por eso se pudo fichar a Di Stéfano y se ganaron cinco Copas de Europa seguidas. Se siguen agitando banderas que ya no significan nada y en base a ello al madridista medio se le priva de su jamón, el único que ya va pudiendo comprar, para cambiárselo por chopped.

Un parón de selecciones es como escuchar por las tardes a Julia Otero, es peor que un discurso de Cuca Gamarra, o como reírse con un chiste de Broncano. Lo más insufrible de todo es que cada vez que hay selecciones toman la pista de baile los periodistas deportivos con su indigerible retórica de mamadores profesionales. Gente que no se ha leído en su vida ni la etiqueta del champú nos saturan durante dos semanas con su delirante patriotería. Si el periodismo deportivo per sé maltrata el lenguaje hasta el punto de hacer salir a Cervantes de su nicho con los ojos puestos en blanco, cuando se trata de la selección todo toma la forma de una pesadilla de David Lynch. En todos los escándalos de corrupción deportiva que uno se imagine, los periodistas, primero, hacen como si no se enteraran de nada, y cuando la mierda apesta que da gusto hacen todo lo posible por quitarle hierro a asuntos de gravedad extrema, por legitimar a los tramposos, por exonerarlos ante el tribunal de la opinión pública. Son unos sicofantas de campeonato, con una desvergüenza sólo a la altura de su indigencia intelectual. Sufrimos aquí desde hace décadas el antiperiodismo en su manifestación más pura, y ese antiperiodismo tiene a la selección por objeto sagrado de culto, por lo que se vienen días de gloria como en todos los parones, días en los que desconectarse de la información como si fuésemos el Simón del Desierto de Buñuel.

En definitiva, los parones de selecciones son peores que la web de RENFE. A uno lo sumen en la más honda postración. Ver al Madrid un sábado o un domingo redondea una jornada estupenda de fin de semana en familia o con amigos, colma esa maravillosa embriaguez del asueto. Incluso cuando juega en martes o en miércoles uno afronta los desvaríos ordinarios de la vida con otro ánimo, como si saliera a enfrentarse al mundo con una coraza. Hasta eso quieren quitarnos. Los parones de selecciones eran la vanguardia de la Agenda 2030 y no nos dábamos cuenta: no tendrás nada y serás feliz. A la selección, me imagino, se sentará la gente a verla como mi padre se ponía las etapas del Tour en verano, para dormirse la siesta. En el mejor de los casos es un ruido de fondo. El español que honestamente aún ame su selección debe saber que hoy no es más que un instrumento de los enemigos del país al que supuestamente representa, el equipo de una federación emponzoñada por algo mucho peor que un beso. Como el Atlético en una final de la Copa de Europa, los parones de selecciones vienen, siempre, cargados de malos presagios, como votar a Yolanda Díaz y esperar encontrar trabajo.

El Real Madrid femenino derrotó (2-1) al Vålerenga FD en el partido de ida de la segunda ronda previa de la Champions League femenina. Claudia Zornoza y Rocío Gálvez vieron puerta para dar una mínima ventaja a las blancas de cara al viaje a Noruega de la semana que viene.

A cara de perro, sin brillo, sin imaginación y regalando sobresaltos nada recomendables para el sistema nervioso. De esa forma disputó el Real Madrid femenino la primera mitad de la eliminatoria a doble partido que decidirá media temporada. En una nueva demostración de que el fútbol se juega con la cabeza, y no tanto con las piernas, el entramado defensivo desplegado por el Vålerenga cortocircuitó al equipo de Alberto Toril.

El partido había comenzado con el guion perfecto. En apenas cuatro minutos, Athenea del Castillo apareció por la derecha para que Signe Bruun empezase a ajustar la mirilla y, un suspiro después, la cántabra se teletransportó al costado izquierdo para rescatar un balón sobre la línea de fondo. Sin nada que perder, lanzó un centro chut con veneno al que a duras penas llegó la guardameta Jalen Tompkins. Su rechace de urgencia, sin dueño a dos palmos de la meta, lo mandó a la red Claudia Zornoza para dibujar una sonrisa en la cara de los madridistas. Sería la última en lo que quedaba de tarde-noche.

A cara de perro, sin brillo, sin imaginación y regalando sobresaltos nada recomendables para el sistema nervioso. De esa forma disputó el Real Madrid femenino la primera mitad de la eliminatoria a doble partido que decidirá media temporada

El reinicio del juego desde el centro del campo, sin aparente relación de causa y efecto, lo cambió todo. El cuadro noruego indicó que un 1-0 en el Alfredo di Stéfano no estaba tan mal, que su disposición defensiva en 5-4-1 seguía siendo válida, y que ese autobús reluciente aparcado frente a la portería visitante no molestaba a nadie. Al Madrid, que nada de eso debía sorprenderle, se le cayó el alma al suelo. Poco a poco, el campo fue achicándose; cada combinación sin intención entre centrales desactivaba a las jugadoras de perfil ofensivo, conocedoras de que el caramelo blanco y redondo que se intercambiaban difícilmente les llegaría.

Sin movilidad, sin espacio y sin verdadera decisión tras comprobar la superioridad evidente del Real, el partido perdió la tensión competitiva que merecía la cita. El único premio palpable del subcampeonato logrado durante los nueve meses de temporada anterior pasa por salir vencedor de estos 180 minutos de fútbol. Antes de la media hora, las futbolistas blancas estaban tan desesperadas que prefirieron empezar a jugar a la ruleta rusa. Voló un balón alto, Rocío Gálvez despejó de cabeza hacia atrás y Kathellen Sousa perdió el duelo físico con Felicia Rogic, la única rival en el horizonte. No importó que hasta entonces no hubiese sucedido nada: Rogic entendió que esa podría ser su única bala y su disparo seco sorprendió a una Misa Rodríguez que aún andaba ajustándose los guantes.

El 1-1, como el principio de incertidumbre de Heisenberg, sorprendía y no sorprendía al mismo tiempo. Era una de esas noches en las que la debacle puede atisbarse, aunque no tenga sentido ni lógica. Cada pase errado, cada bote de más del balón sobre el césped abría las puertas al desconcierto. Y a la fiesta se sumó la delantera Mimmi Löfwenius, que tuvo el 1-2 en un nuevo fallo de marcaje de las centrales madridistas. Su intentona la despejó con mérito Misa, y el fútbol regaló al Real inmediatamente después la oportunidad para la redención.

Teresa Abelleira sirvió uno de sus córners bien medidos buscando la zona entre el palo corto y el punto de penalti, la defensa se mostró débil y al encuentro con el balón llegó imperial Rocío Gálvez para cabecear a gol. Su grito hizo olvidar por momentos el descalabro defensivo en la otra mitad del campo, pero la vuelta del descanso no cambió nada. El autobús todavía estaba allí.

Por mera inercia, quizás por vergüenza torera, el Real Madrid siguió intentando ampliar la distancia en el marcador. No había nada que rascar. Quizás la próxima semana, en Oslo y ante un estadio más eléctrico, con el borde del abismo ya visible, el Real sienta que puede ser el Real. Sólo entonces, oliendo la Champions, temiendo la muerte, las futbolistas recordarán lo que mueve al club para el que juegan.

Buenos días, amigos, y feliz Día de la Hispanidad. A uno y otro lado del Atlántico estamos unidos por un idioma común, y también por el Real Madrid, qué demonios.

La fiesta no empapa las portadas del día. Son sosas, aburridas, carentes de sustancia. Son portadas de parón de selecciones y, en ese sentido, ofrecen lo que se espera de ellas, es decir: nada interesante. Os las vamos a soltar todas ahí, a lo bestia, de sopetón, para que tengáis el arrojo de buscar en ellas algo salvable. Los parones de selecciones son así. Todo lo sumen en un maremágnum de desidia y absurdez.

En La Galerna, para entretenernos, nos hemos puesto un reto. Se trata de dar con 20’cosas que sean peores que un parón de selecciones. No es fácil. Vamos a empezar nosotros, para que luego, en los próximos días, algunos de nuestros más celebrados colaboradores aporten sus listas. Tratar de encontrar 20 cosas peores que un parón de selecciones es misión ardua.

Pensamos modestamente que lo hemos logrado.

  1. Voyage voyage (Desireless)
  2. Babel (Alejandro González Iñárritu). El disparo entre por una ventanilla a la derecha del autobús y la bala se incrusta en la sien izquierda de Cate Blanchett que viaja al otro lado, siendo éste el menor de los problemas de la película.
  3. La puntuación de los tuits de Manolo Lama.
  4. Las escandalosas opiniones sobre las Spice Girls vertidas por algunos miembros del Consejo de Redacción de La Galerna muy recientemente.
  5. El nivel de conocimiento de Miquel Iceta, Ministro de Cultura y Deporte, sobre el asunto Negreira.
  6. La web de RENFE.
  7. La parte rápida de “Say you, say me” de Lionel Richie.
  8. La cancelación de Alfonso Pérez y la retirada de su nombre del estadio del Getafe por sus (muy poco chocantes) argumentos sobre el fútbol femenino. Leed a Itxu Díaz al respecto.
  9. Pegar a un padre con una camiseta sudada de y por Jordi Alba a pleno sol, a las cuatro de la tarde de un cuatro de agosto, y abanicarle luego con el Sport.
  10. El cilantro. En Perú le llaman culantro. Enough said, Your Honour.
  11. La peste bubónica (con matices).
  12. Una entrevista de José Ramón De la Morena (¿no podríamos jubilar también a los parones?).
  13. La frase “El Barça fue víctima de Negreira”. Nada justifica la violencia. Ni siquiera esa frase.
  14. Las cremalleras, deficientes ya de fábrica, que ahora traen todas las prendas y maletas, con independencia de la marca, y el monopolio mundial que imaginamos sostiene este sindiós.
  15. La expresión “sinvergüenza NO, LO SIGUIENTE”, aplicada o no a Jan Laporta.
  16. El hecho de que, al nadar, sea necesario tomar aire. Nos parece un engorro. Lo tenemos muy hablado en La Galerna.
  17. Un calcetín desparejado.
  18. Murakami. Alguien tenía que decirlo. Murakami es muy probablemente culé, y considera que en el asunto Negreira el Barça ha sido víctima de una estafa.
  19. Iturralde González.
  20. Tratar de conectarte a internet en los alrededores del Bernabéu (ni qué decir dentro) en día de partido.

Esta es nuestra aportación. Lo hemos sudado. Sabemos que casi todas son discutibles, pues no es sencillo hallar cosas peores que un parón. Pronto se pronunciarán nuestros colaboradores. Vosotros podéis dejar ahí abajo la vuestra si os place.

Pasad un buen día.

Se está perdiendo en España la sabiduría popular y es una lástima porque, después de todo, a cada cerdo le llega su San Martín, no hay mal que por bien no venga, y, adonde quería llegar, lo que se da no se quita. La historia de esta vieja expresión es casi tan triste como el carajal que han montado en Getafe para retirarle los honores al ex madridista Alfonso Pérez. Santa Rita de Casia es abogada de causas imposibles, entre otros títulos. Tras su canonización en 1900, una chica que era más fea que un pulpo le encomendó la ardua tarea de encontrar novio y Santa Rita obró el milagro pero poco. La muchacha encontró pareja, pero el tipo puso pies en polvorosa poco después, con lo que acudió de nuevo a la santa, visiblemente cabreada, y le dijo el ya célebre: “Santa Rita, Santa Rita, lo que se da, no se quita”. Quizá lo más triste de la historia es que la santa, tal vez con buen criterio, hizo oídos sordos esta vez.

Como sea, la expresión ha calado en la cultura popular porque nada hay más burdo, tosco, y cutre, que retirar algo que has regalado a alguien. Y si ese algo es más sentimental que material, peor aún. Es de una grosería insoportable retirar un homenaje solo para zaherir al homenajeado. Pero la buena educación ya no puede presuponerse. Y la lealtad tampoco. De modo que quizá sea mejor que no te rindan tributo los que no te merecen.

Alfonso no dijo nada escandaloso sobre el fútbol femenino. con todo, es irrelevante que esté de acuerdo yo con la opinión de Alfonso y que me parezca de sentido común. Podría ser al revés, y resultarme igualmente perturbadora esta cacería mediática y política a la que ha sido sometido por no arrodillarse al maldito discurso oficial de los censores

Me gustaba Alfonso y es extraño porque le tengo manía a todos los que de alguna manera pretendieron heredar el trono de mi ídolo de niñez, el Buitre. No es algo racional ni algo justo -¿el fútbol lo es?-, desde Llorente hasta Raúl, pero no lo puedo evitar. Sin embargo, Alfonso podía haber sido el heredero, tenía las condiciones, si las inoportunas y graves lesiones, y Raúl, se lo hubieran permitido. Lloró como ninguno el día que se fue al Betis, al despedirse de su Madrid. Y aún estando allí, repitió hasta la saciedad que sus ídolos fueron los chicos de la Quinta del Buitre. Terminar en el Barcelona fue como perpetuar lo que iniciaron las lesiones, un desastre que es mejor olvidar.

Por lo demás, el getafense Alfonso Pérez, como deportista y como persona, fue un ejemplo para su ciudad y por eso, cuando se hizo una votación entre el pueblo para elegir el nombre del estadio, el suyo fue el elegido. Últimamente andaba en el horizonte un cambio de nombre, porque el club está negociando el patrocinio con alguna empresa para obtener beneficios, y el futbolista dio su bendición a la operación. Pero todo se aceleró, y de hecho saltó por los aires, porque Alfonso Pérez concedió una entrevista a El Mundo donde comentaba, con su experiencia, diferentes asuntos deportivos. Y entonces se salió del redil que marcan los que eligen lo que está permitido decir y lo que no. De ahí a quedarse sin estadio solo hubo el calentón de una alcaldesa, cuantificado comúnmente en media décima de segundo de trending topic en Twitter.

Alfonso Pérez pasó de héroe a villano en cinco minutos, como tantos otros antes, y le cayeron una cantidad insoportable de insultos de gente que, por otra parte, no tenía ni idea de quién era. Resulta aterrador que demos por bueno este asfixiante ambiente dictatorial, que nos parezca razonable que un cargo público castigue a un ciudadano reconocido por el pueblo por su forma de pensar, que se pueda linchar toda la carrera de un deportista de élite solo por dos frases filtradas con el pasapurés del entrevistador.

Alfonso no dijo nada escandaloso sobre el fútbol femenino. La equiparación de salarios con el masculino con independencia de los ingresos que genere, es un chascarrillo que me resisto a comentar, a menos que en el debate vayamos también a exigir que el cirujano, el pintor, el repartidor de pizza, el piloto de avión, el camarero, el político, y Manolo el del Bombo cobren lo mismo.

Con todo, es irrelevante que esté de acuerdo yo con la opinión de Alfonso y que me parezca de sentido común. Podría ser al revés y resultarme igualmente perturbador esta cacería mediática y política a la que ha sido sometido por no arrodillarse al maldito discurso oficial de los censores que, por otra parte, ni siquiera sabemos quiénes son, a qué dedican el tiempo libre, y en qué madriguera se ocultan durante el día.

Antaño el fútbol era el hogar de la paz ideológica, de libertad, de solaz, un paréntesis en la agobiante disputa política de cada día, y a veces lo único que lograba poner de acuerdo a las dieciochomil Españas. Hoy también se lo están intentando cargar. Y si nos descuidamos ya no nos quedará nada que no esté manoseado por políticos y prostituido por ideologías. Y tendremos un país peor, una vida peor.

La reacción de Alfonso ha sido la de un caballero. No ha mostrado indiferencia, más bien dolor, pero tampoco ha exagerado el drama. No ha rectificado sus palabras porque no le ha salido de las pelotas opinar algo diferente a lo que opina sobre un tema en el que tiene bastante más autoridad que cualquiera de sus censores. Ha perdido un estadio, sí, pero ha ganado libertad. Y mis respetos.

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram