Las mejores firmas madridistas del planeta

El fútbol tiene la capacidad de implantar recuerdos antes de que uno sea capaz de recordar la propia vida. Aún no tenía conciencia de mí mismo, sin embargo atesoro la reminiscencia de estar en el Bernabéu viendo al Real Madrid con mi primo. Para entrar, mi tío había mostrado la placa de policía al empleado de la puerta: «Jefe, voy a echar un vistazo para comprobar que todo esté en orden». Lo recuerdo así, aunque aún no supiese lo que era la coma del vocativo.

No me había percatado todavía de mi existencia cuando acudía en autobús vestido de Santillana con mi madre y mi abuelo a ver la presentación del Real Madrid, para agarrarme a la valla y recriminar a Stielike un marcaje demasiado duro sobre mi ídolo en un partido reciente de selecciones.

El fútbol tiene la capacidad de implantar recuerdos antes de que uno sea capaz de recordar la propia vida

Cuando uno supera la edad preescolar, comienza a coleccionar recuerdos con más facilidad y, tiempo después, cuando le da la vuelta al casete de la vida, empieza a olvidarlos con la misma sencillez. Sin embargo, los primeros no se borran nunca, aquellos que incrusta el fútbol en el hipocampo, que no es otra cosa que el hipogeo del cerebro, por más que la cubierta capilar comience a perder densidad.

El Bayern de Múnich forma parte de ese universo primigenio formado tras el Big Bang de la generación que se vestía de Santillana. El papel que representaba el equipo bávaro era el de lo imposible, aquello que estaba fuera de nuestro alcance. En la mente de un niño, el Bayern simbolizaba Alemania entera, era la parte por el todo, la sinécdoque. Uno sabía que los alemanes eran aficionados a perder guerras mundiales, pero el resto lo ganaban todo.

Bayern campeón de Europa 1974

Además de representar lo imposible, los del Bayern tenían unos nombres monstruosos, de marca de antibiótico con ácido clavulánico, su escritura era inviable y su pronunciación correcta, utópica, algo que los alejaba aún más y aumentaba su inaccesibilidad.

El Bayern de Múnich forma parte de ese universo primigenio formado tras el Big Bang de la generación que se vestía de Santillana. El papel que representaba el equipo bávaro era el de lo imposible, aquello que estaba fuera de nuestro alcance

Un poco después, en el 87, los del Bayern seguían siendo más feos, fuertes y formales, cualidades que suenan a música celestial para la práctica del fútbol o el desempeño como héroe de western. Los chicos del Madrid de la Quinta del Buitre eran más guapos, habilidosos y bohemios, en España eran imparables, pero en Alemania les endosaron cuatro goles como cuatro óperas de Wagner. Poco se pudo hacer en el Bernabéu.

Aquellos niños llegamos a la conclusión de que si con Butragueño, Míchel y Hugo en el cénit de sus carreras, los que habían sido capaces de desbancar a nuestros primeros —y por ello imperecederos— ídolos de la titularidad, el Madrid no era capaz de batir al Bayern, no podría hacerlo nunca.

Michel contra el Bayern Munich

Solo hizo falta esperar un año para darnos cuenta de que las certezas basadas en nuestros juicios, las sujetas a nuestras predicciones, tienen la consistencia del poliespán cuando se le acerca una llama. Ahí comenzamos a comprender que la vida no es más que una sucesión de etapas en las cuales uno descubre lo equivocado que estaba en la anterior.

Solo hizo falta esperar un año para que el Madrid burlara la vulnerabilidad de lo imposible que representaba el Bayern y todos aquellos infantes sentimos un clic en el cerebro que derribaba un muro infranqueable. No sería el único muro en caer.

El mejor recuerdo que nos ha legado el Real Madrid a los niños que nos vestíamos de Santillana es una enseñanza de futuro: que lo imposible es vulnerable

Desde entonces, el Madrid, que ya era el mejor club del mundo, no ha dejado de burlar imposibles y, paradójicamente,  tal vez el mayor peligro al que se enfrentan los de Ancelotti esta noche es a la no aparente imposibilidad que supone el reto del vencer al Bayern.

El mejor recuerdo que nos ha legado el Real Madrid a los niños que nos vestíamos de Santillana es una enseñanza de futuro: que lo imposible es vulnerable.

Santillana y Breitner

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Buenos días, amigos. Hoy es el día. No le deis más vueltas. A las 21 horas echará a rodar el balón. Ese sí que dará vueltas, y en su deambular (tejido por los pies de los futbolistas, pero no por ello ajeno a cierta aleatoriedad) dictaminará si el Real Madrid juega la final de Champions League número 18 de su historia en el estadio de Wembley, el próximo día 1 de junio. Todo esto suena muy solemne, ¿verdad?

Es que lo es. Es el día y la hora más solemne.

Portada Marca

El rival que ya —es un decir— espera en Wembley es el Borussia Dortmund, que se deshizo del PSG de Luis Enrique y Mbappé ganando también la vuelta, en el Parque de los Príncipes parisino. Marca utiliza una suerte de sticker para contárnoslo, arriba a la izquierda, denotando que no es una noticia que le produzca solaz tener que anunciar. Los lazos Marca-PSG son por todos conocidos, y el rotativo marquista se queda así sin su favorito entre los semifinalistas que quedaban vivos. Hoy se verá si, al menos, el menos favorito se queda también fuera y la final de Wembley es germánica. Sería un pequeño alivio para ellos.

"Alma" es la palabra que Marca utiliza como clave, y no nos parece mal. Cada jugador del Madrid debe hoy incorporar a la suya propia las de millones de madridistas en todo el planeta. Afortunadamente, las almas no pesan. De lo contrario, la carga sería abrumadora y las piernas no responderían. Pero las almas no se hablan con la ley de la gravedad, por lo que uno puede ser Vinícius y surcar la banda llevando a hombros al madridismo en su conjunto y sin acusarlo como un lastre, al contrario: correrá más veloz aún.

Portada As

Pero no es sólo Vinícius, claro. Están Bellingham y Rodrygo, que acompañan a Vini en la portada de As, más clásica, con los rostros de las estrellas del partido imbuidos de solemnidad (otra vez), y están todos los demás. Las millones de almas blancas se ponen en las manos de Lunin —no concebimos que hoy juegue otro portero— y en las botas del resto de héroes en nómina para que escriban otra página de gloria: la cualidad granítica de Mendy; la locura de Rüdiger, ese beatiful freak, como cantaba Eels; el recorrido sin desmayo de Valverde; la batuta docta de Kroos, que ya deslumbró en la ida... y todos los demás. El corazón, ese corazón mancomunado del madridismo, duele hoy de pura grandeza, se desboca, y los Sagrados Corazones (nunca el nombre de una plaza estuvo mejor escogido) bombearán sangre blanca en los prolegómenos.

Portada Mundo Deportivo

En la que tal vez sea la portada más fea de la historia del periodismo y las artes gráficas desde la Segunda Guerra Mundial, Mundo Deportivo divide, de manera harto antiestética, su primera plana entre el Parque de los Príncipes, el Bernabéu, el Palau y Simmons, que es un futbolista del Leipzig que se llama Xavi, lo que nos conduce a alguna confusión. "El exculé Xavi..." Ya pensábamos que había dimitido el eximio entrenador blaugrana, quizá para pensárselo mejor y renovar contrato para ser cesado a renglón seguido y al final no irse.

Para aludir al Clásico europeo de esta noche en el Bernabéu, Mundo Deportivo dice: "Choque de titanes definitivo en el Bernabéu". ¿Hemos visto bien? ¿Acaban de llamar "titán" al Real Madrid? ¿Hemos alcanzado tal nivel de grandeza que incluso esta gente nos la reconoce (la grandeza)?

Portada Sport

Sport personaliza en Mbappé el fracaso del PSG. ¿A qué se debe ese ensañamiento? Qué preguntas. Se debe a que todo indica que Mbappé jugará en el Real Madrid el año que viene. Esta portada de Sport constituye el intento de palo al Madrid dotado de mayor anticipación que se recuerda. Sacudir al Madrid sin que ni siquiera pase por allí, pegándole una patada en el culo de un futbolista que todavía no está en la nómina blanca.

Qué tíos.

En fin, amigos. Nosotros a lo nuestro, y lo nuestro es la gloria. Un nuevo episodio de la misma se insinúa ya en los alrededores de Concha Espina. Es esta noche, a las nueve. Gritad. Llorad. Rezad. Reíd. Pero sobre todo, hacednos caso: disfrutadlo, porque volvemos a estar allí.

Pasad un buen día, si es que aguantáis la tensión.

No es sino por una digresión de lo realmente objetivo que uno tacha, a día de hoy, al Real Madrid como un proyecto fallido. Como español, reconozco bien lo que es dejarse llevar por la corriente cortoplacista, por el deseo inmediato de saciar el apetito de ahora, a expensas del hambre del mañana.

Me remonto al año primero después de la marcha del que haya sido la mayor figura del madridismo, al menos, en la era moderna. Llamaremos a esta época el Crack del 18, para los entusiastas de las crisis y de las catástrofes cíclicas. Como buenos humanos, al sentir el frío que deja el vacío más desolador, intentamos llenarlo con novedades, por más que sepamos a ciencia y conciencia que no son cosa digna de ocupar ese lugar en nuestra casa. Al Real Madrid, que también lo dirigen humanos, llega Julen Lopetegui; se le otorga el dorsal siete, el de los días de la semana, el de la suerte y, hasta ese mismo verano, el del autor de 451 tantos, a un joven Mariano Díaz. No se demora en llegar la primera gran derrota de este ciclo, contra el Atlético de Madrid, frente a los ojos juiciosos de toda Europa. Las derrotas en liga y la mala imagen en Champions despiden a Julen. «Pobre hombre», llegó a decir mi abuelo; «Dos despidos en cosa de tres meses es cosa seria», se preocupaba por él. El resto nos preocupábamos por motivos distintos y, en más de una ocasión, estoy seguro de ello, los madridistas se toparon con la pesquisa en sus mentes: «¿Se acabó todo esto? ¿Ya no va a haber más de lo que hemos visto?».

Aficionado del Real Madrid

Pero el Real Madrid, si de algo se ha nutrido para salir adelante, es de nunca y bajo ningún concepto darse por vencido, de izar sus banderas y partir con sus pendones disimulados, sin llamar la atención de los piratas, confiando en los vientos alisios, en las mareas, en el oleaje, en la luna y, por encima de todo, en el tiempo. Quijotesco fue el presidente al confiar en el tiempo al mostrar su tranquilidad. No tardaron las chanzas de bufones velazqueños, con ansia por ver a la embarcación hundirse. Las mofas hacia los recién llegados, que en el presente son figuras que reflejan grandeza, no tardaron en pasarles factura y, al no fijar su atención en el espejo, en las señales, en la realidad, las barbas de los chanceros hoy se cortan sin haberlas puesto a remojo.

Hoy, el Real Madrid, tras varios años desde aquello, se puede meter en una final de Champions, en la segunda en tres años, habiendo vencido a gigantes por el camino, tras haber acallado a la opinión pública con actos heroicos, con el éxito llegado desde el silencio

Hoy, el Real Madrid, tras varios años desde aquello, se puede meter en una final de Champions, en la segunda en tres años, habiendo vencido a gigantes por el camino, tras haber acallado a la opinión pública con actos heroicos, con el éxito llegado desde el silencio. Hoy, el Real Madrid llega a puerto y trae consigo una tripulación de veteranos y noveles de la mar, de feligreses de la verdad, del sacrificio, de la libertad y de las ganancias ganadas por el trabajo durante años.

Por ello, querido Sancho, confía siempre en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.

 

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Y la liga número 36 ya está en nuestras arcas. Enhorabuena a todos los madridistas. Ha sido una temporada muy meritoria para el Real Madrid. Nuestros jugadores se han dejado la piel en el campo y el staff técnico ha sacado soluciones tácticas cuando más mermados parecíamos. A lo largo de las últimas semanas venimos haciendo balance de esta temporada que termina y hasta ahora es de sobresaliente. Sinceramente, no puedo más que felicitar a todo el club por el trabajo bien hecho. Seguro que ya está todo dicho acerca de este campeonato liguero y muchos de mis compañeros en La Galerna ya han escrito fenomenalmente sobre ello. Os invito a echar un vistazo si aún no lo habéis hecho. Especialmente recomendable, la Guía para superar la liga 36 que publicó este lunes Luis Montero Manglano. Es desternillante.

¿Y ahora qué? Pues a por la matrícula de honor. Hoy tenemos una oportunidad de oro para ponerle la guinda al pastel. El rival será de tronío pero las tenemos todas con nosotros. Si un partido entre el Real Madrid y el Bayern de Múnich siempre es especial, aún más lo es cuando te estás jugando el pase a una final de la Champions. El Santiago Bernabéu lucirá sus mejores galas como en sus inolvidables noches europeas suele hacer. Un marco incomparable donde se vivirá un ambiente emocionante. La llegada del autobús del equipo volverá a agitar el ambiente y todos sentiremos un pellizco en el estómago como en los días grandes. En definitiva, como dijo el gran Karim Benzema poco antes de la ya mítica vuelta de semifinales en la Champions del 2022, todos sabemos que el equipo va a hacer cosas mágicas como ganar.

Busiana Sagrados Corazones

El colegiado del encuentro será Szymon Marciniak. La UEFA ha designado al polaco de 43 años por su experiencia en la máxima competición continental. De hecho, Marciniak fue el encargado de arbitrar las últimas grandes finales del fútbol mundial: la final de Champions de 2023 entre Manchester City y el Inter de Milán, la del Mundial de Catar entre Argentina y Francia o la del último Mundial de Clubes entre el City y el Fluminense. Esperemos que el contexto sea favorable y el arbitraje sea una mera anécdota en el partido.

¿Y ahora qué? Pues a por la matrícula de honor. Buena parte del éxito del Real Madrid pasará por saber mantener el tipo cuando la presión sea más fuerte

El Bayern llega al encuentro tras perder 3-1 frente al Stuttgart, su inmediato perseguidor en la Bundesliga. En el partido de ida en el en el Allianz Arena los teutones ya dejaron claro cuál es su punto fuerte como equipo: un ataque vertical con las bandas de Leroy Sané y Jamal Musiala, Thomas Müller como media punta flotando por las zonas de peligro y un Harry Kane con libertad para moverse por todo el frente de ataque e incluso bajar a recibir al centro del campo. Leon Goretzka es el único capaz de mantener el timón del medio campo, el único con capacidad para ordenar el equipo y filtrar pases con peligro. Presumiblemente, el lateral izquierdo Alphonso Davies volverá a partir desde el banquillo y será el único gran revulsivo real,  junto al media punta Serge Gnabry, que para mí tiene el Bayern en la recámara. No obstante, la baja a última hora de Guerreiro puede que fuerce a Tuchel a poner a Davies como titular. Veremos.

Tuchel

Será fundamental mantener el pulso del Bayern de Múnich los primeros minutos del partido. Doy por hecho que Thomas Tuchel querrá que su equipo presione muy arriba e imprima velocidad en el campo del Madrid. El entrenador alemán suele plantear una salida agresiva de sus equipos para tratar de asfixiar a sus rivales. Lo vimos el martes pasado en el Allianz Arena o en todas las ocasiones en las que nos hemos cruzado con él. Nuestros duelos con el Chelsea son los ejemplos más claros de esto. Buena parte del éxito del Real Madrid pasará pues por saber mantener el tipo cuando la presión sea más fuerte.

En la rueda de prensa previa, Carlo Ancelotti comentaba que “es una enorme motivación vivir un día así” y Carvajal confirmaba ese cosquilleo especial ante una cita tan grande. Saber manejar los nervios es una virtud y en esto tanto la plantilla como el staff tienen una licenciatura cum laude. Queridos amigos, estamos pues a un paso de la gran final en Wembley. Todos deseamos vernos ese sábado 1 de junio levantando la Champions. Primero derrotaremos al Bayern y luego tomaremos Londres. ¡Hala Madrid!

 

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Un paradigma es un conjunto de teorías o supuestos cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar y que sirve como base para resolver problemas y avanzar en el conocimiento.

El concepto anterior tiene serias implicaciones más allá de la simplicidad de la mera definición. Al punto que en la vida diaria los paradigmas pueden influir en cómo percibimos nuestras posibilidades ante cada reto, en cómo actuamos para alcanzar nuestras metas y, por lo tanto, en los resultados que obtenemos en muy diversos ámbitos.

Para ilustrar mejor este punto aprovecharé dos ejemplos que mencioné en mi último artículo ("Otra razón para creer"). En él, comenté que fue solo después de que Roger Bannister completara una milla (1.600 metros) en menos de 4 minutos en 1954, y que Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaran la cumbre del Everest en 1953, que miles de personas comenzaron a creer que estos logros, aparentemente imposibles, podían ser alcanzados y se sumaron a la estadística de éxito en ambos casos. En otras palabras, el paradigma del resto cambió gracias a estos pioneros, abriendo un nuevo horizonte de posibilidades para los demás.

Tenzing Norgay

Esta idea es de vital importancia para nuestras vidas, ya sea en el ámbito económico, emocional, laboral, profesional…, porque sugiere que si tu mente percibe algo como imposible, probablemente lo será. En cambio, si crees que algo es posible, incluso ante la dificultad aparente o manifiesta, tus posibilidades de lograrlo aumentan significativamente, especialmente si a esa disposición le añades un plan, trabajo arduo y resiliencia ante la adversidad. Consolido este argumento citando al gran Henry Ford: “Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, tienes razón”.

Con esto en mente, quiero reflexionar sobre el paradigma del Real Madrid y sus posibilidades de llegar a ese partido en el mítico estadio de Wembley el próximo sábado 1 de junio, donde podría tener la oportunidad de ganar la decimoquinta Champions League de su historia. En ese sentido, sinceramente pienso que, a pesar de la indiscutible fortaleza técnica, táctica y física del Bayern de Múnich, posiblemente equiparable a la del Madrid, creo con rotundidad que los de Ancelotti, en lo que respecta al paradigma bajo el que funciona su mentalidad, tienen una clara ventaja en comparación a su oponente de turno. A continuación, explico por qué.

No es descabellado pensar que quizá el propio paradigma de los jugadores del Bayern sea que, de una forma u otra, este Real Madrid, al final, siempre consigue la forma de ganar

Dado el impacto que los paradigmas pueden tener en nuestros logros, y considerando lógico presuponer que los jugadores del Real Madrid estén absolutamente convencidos de que pueden superar, una vez más, la semifinal, pienso que el madridismo tiene razones para ser optimista. Y es que estos futbolistas han tenido éxito tantas veces, en circunstancias variadas y en muchas ocasiones contra todo pronóstico, que su confianza es natural, espontánea y absoluta, lo cual combinado con su capacidad de sufrimiento y su extraordinario talento, aumenta tremendamente sus probabilidades de éxito en el partido en cuestión.

Rodrygo City

Mientras, por su parte, el Bayern de Múnich, un equipo impresionante y muy respetable en cualquier sentido que se nos antoje traer a colación, quizás tenga que hacer un esfuerzo tremendo intentando "hackear" con visualizaciones específicas las mentes de sus jugadores para intentar programarlas para el éxito en este caso, tarea ardua, especialmente si tenemos en cuenta que no es descabellado pensar que quizá el propio paradigma de los jugadores del equipo alemán sea que, de una forma u otra, este Real Madrid, al final, siempre consigue la forma de ganar. Esa sugestión, en el momento cumbre y decisivo de la eliminatoria, pudiera resultar definitiva.

Ante ese panorama, y entendiendo desde mi muy humilde punto de vista, y en el peor de los casos, que este Bayern no es mucho mejor equipo que el Real Madrid, me inclino a pensar que lo razonable es que la moneda cayese del lado de los blancos. No obstante, los de Múnich atesoran una historia tremenda, admirable, que me invita a no confiarme y a optar por esperar paciente, y con la fe que este equipo único me ha inculcado, una nueva posibilidad de hacer historia y llorar otra vez de alegría.

¡Vamos, Real, hasta el final!

 

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A esta edad, que uno se acomoda al cuerpo y la mente como puede, las ideas se plantan en la cabeza sin previo aviso, de sopetón. Fue un trino —o como haya de decirse ahora que nos han cambiado el pajarito por una X— del mosquetero de La Galerna, nuestro querido Athos, el que despertó la exactitud matemática, aquella que Pitágoras proclamaba esencia universal. El Real Madrid conquistó su trigésimo sexta liga el pasado fin de semana ¡justo el triple de las que conquistó Paco Gento en su dilatada carrera!

¡Releches! —pensé— ¡cuánta grandeza!, quizás esto último por influjo del ilustre Bengoechea. Después del fogonazo comencé a cavilar. Doce de las ligas y casi la mitad de las Copas de Europa pasaron de alguna forma por sus pies. ¿Cómo habría celebrado el nuevo triunfo?

Gento

En el estadio habría sonreído y su pecho habría doblado su diámetro. Esta era una de las formas de medir su madridismo, su plena satisfacción con los triunfos del equipo que latía por sus venas. Un rostro feliz, pero sereno, una expresión prudente acompañada por un lenguaje corporal exultante y casi oculto, sólo perceptible porque los botones de la chaqueta parecían querer sumarse a la traca final por el nuevo triunfo.

¿Y si hubiera estado en su casa? Habría gritado un ¡vamos, ya está!, o algo parecido junto a un fijo ¡Hala Madrid!; se habría levantado con un rugido de satisfacción y habría movido la cabeza mientras decía para sí mismo, “el Madrid, siempre el Madrid”. Luego, la calma. Después de la Galerna, siempre llega la calma, la quietud, las cosas en su sitio. El Madrid, donde le corresponde. Y Paco, don Paco Gento, feliz.

 

PD: La madre de Paco se llamaba Prudencia.

 

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Volar en un avión es ser parte de un pequeño milagro. Más de ciento ochenta mil kilos de metal y plástico suspendidos a cuarenta mil pies de altura entre Madrid y EEUU, como un prodigio de estabilidad y silencio. Hay tanta planificación y juicio razonado en esos vuelos para que todo cuadre como un puzle, hay tanta tecnología al servicio de la ausencia de malas noticias, que parece imposible. Todos los intervinientes juegan un papel clave y, generalmente, único. En cierto modo, conseguir que un proyecto como el del Real Madrid sea, a su manera, aburrido en cuanto que pobre en titulares sensacionalistas para el rival y su prensa de cabecera, gestionar con éxito constante al Real Madrid, se asemeja al vuelo de uno de esos mastodontes de variables masivas.

La tensión competitiva es una alimaña que muerde el cuello y la espalda. Es cierto que el deporte no da soluciones pero da alegrías (Alfredo Relaño dixit), pero esas alegrías, como un vuelo plácido, no son fruto del azar. La planificación de ingeniero y la estabilidad nos acercan a una grandeza que es una constante desde hace muchos años.

Volar en un avión es ser parte de un pequeño milagro. gestionar con éxito constante al Real Madrid se asemeja al vuelo de uno de esos mastodontes de variables masivas

A pesar de que la pelota acaricie la cesta o bese la red, la autoexigencia real (no la impostada, Sr. Hernández) impide la autocomplacencia. Los títulos son una consecuencia de lo anterior pero, a su vez, solo una muesca más en el revolver, de modo que las celebraciones de hoy miran al título siguiente. Esa adicción por la victoria abona la posteridad y vence cualquier Lista Engel de rivales. En el frontispicio,12 de las 14 últimas semifinales de Champions y 9 de las 11 últimas Final Four. Y treinta y seis ligas ya. Vertiginoso.

Herr Kroos

En el 84, Charing Cross Road de Londres ahora hay un restaurante de comida rápida pero el Real Madrid permanece inalterado por el tiempo como un monolito. Hace unas fechas trascendió una frase atribuida al actor Cillian Murphy que puede emparentar con el estado de ánimo de la estabilidad del madridismo actual:" Mi vida es muy simple. Leo muchos libros. Veo muchas películas. Escucho mucha música. Paseo al perro. Cocino con mi familia". Tal vez la estabilidad sea el secreto y a su vez la clave. Incluso nuestro juego, no carente de energía, se ofrece maduro y taimado cuando corresponde, sin concesiones al pánico ni tan siquiera en los peores escenarios.

Ahora que llegar a semifinales o a la Final-Four es un hábito, toca mirar atrás sin miedo y recapitular, sabiendo que vendrán más noches mágicas. Por eso, a las puertas de cada partido del siglo, en los que solemos estar nosotros y no otros, no hay miedo al futuro porque ya nada es urgente

Toni Kroos es probablemente la personificación de ese estado de ánimo. Como un cuadro de Jan van Eyck o Vermeer, su juego, precioso a primera vista, guarda lo mejor en los detalles. Control del partido y pausa, como un pulcro cirujano del fútbol de inmaculada bata blanca. Hablando de pausa, de la que carecía hasta hace no mucho, Vinícius es ya un jugador consagrado, con números de crack mundial. Se ha hecho mayor. Ancelotti puede ser el mecánico ideal de esta cadena de montaje con freno y marcha atrás, un tecnócrata de los vestuarios que ha resultado otro acierto organizativo, reflejando que alguien sabe lo que quiere y cómo lo quiere.

Ancelotti

Junto al legado estrictamente deportivo, que alumbra además de un presente gozoso un futuro prometedor, "el vil metal". La cuenta de resultados es incontestable año a año, con el mérito añadido de haber sido hostigados por las mayores amenazas posibles. Y ahí seguimos, como el capitán de un barco atado al timón. El nuevo estadio, una formidable madre de metal que parece sacada de la "Metrópolis" de Fritz Lang, corona esa gestión.

Ahora que los días de partido, esos que nos sorprenden en el trabajo a media mañana como un flash en forma de pellizco en el estómago, se afrontan sin drama; ahora que llegar a semifinales o a la Final-Four es un hábito, toca mirar atrás sin miedo y recapitular, sabiendo que vendrán más noches mágicas. Por eso, a las puertas de cada partido del siglo, en los que solemos estar nosotros y no otros, no hay miedo al futuro porque ya nada es urgente.

Pero no cabe contorsionarse para evitar caer en la adulación o en el halago fácil. Se piensa hoy en los éxitos venideros y se trabaja para mantener el pulso y la estabilidad mientras otros sudan tinta para pagar los sueldos del mes. No puede ser casualidad. El ingeniero de todo esto tiene nombre y es ingeniero de caminos. Es justo recordar a Florentino Pérez ahora y agradecer su inconmensurable tino. Cuando ya no esté al frente, será demasiado fácil. Y mucho de lo bueno que venga habrá sido por su culpa.

 

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Buenos días, amigos. Se acerca el momento, y vosotros ahí tan tranquilos. El Bayern de Múnich llegará mañana al Bernabéu, y pondrá en juego todo su peso específico en Europa, que es mucho, para privarnos del sitio en la final de Wembley que pensamos merecer. ¿Cómo no vamos a merecerlo, si somos los reyes de Europa de manera completamente abrumadora? ¿Cómo no vamos a considerar que esa final debe ser nuestra, como lo fueron tantas y tantas antes que ésta? Nuestra relación con la Champions es atávica, y después de la hombrada del Etihad, después del excelente resultado de la ida ante los bávaros, tenemos la sensación de que nada nos va a parar.

As abre boca con una entrevista a Karl-Heinz Rummenigge, la cual trae a portada con toda justicia y acierto. Es una pieza excelente, firmada por José Carlos Menzel, donde el viejo zorro alemán repasa minuciosamente, de manera casi entrañable, la rivalidad entre ambos clubes, así como diferentes asuntos de actualidad. No tiene desperdicio y os la recomendamos con todo afán. Recuerda quien fuera extraordinario delantero una goleada en un amistoso que picó al Madrid, hasta el punto en que los bávaros llegaron a arrepentirse de habérnosla inflingido, tan brutal fue nuestra respuesta en partidos posteriores a consecuencia del orgullo blanco herido. "Tuve que ponerme de central para que Camacho no me asesinara" es una frase de época. Tanto la anécdota como la entrevista en su conjunto reflejan de manera elocuente el odio fraternal que rige, desde tiempos inmemoriales, la relación entre ambas instituciones.

A nuestro juicio, patina Rummenigge en su visión de la batalla Superliga vs. Champions, pero lo hace desde una postura tan afectuosamente tranquila, tan teñida en el fondo de admiración, que todo en esta portada y esta entrevista se nos antoja edificante al máximo. Es una pieza tan bonita, en el mejor sentido de la palabra, que casi nos pasan desapercibidos los bajos de As, hoy dedicados al problema que tiene el Barça con sus camarillas de poder a cuenta del asunto Vítor Roque, que llegó como la respuesta culé a Vinícius y ahora no saben qué hacer con él, o los problemas de índole similar que tiene el Atleti con Joao Félix, delantero que costó ¡¡¡120 millones!!! y a quien nadie quiere ahora, ni el Atleti ni ningún potencial comprador, y sin que esta descomunal cagada haya sido criticada por los medios afines a los indebidos apropiadores del segundo club capitalino, o sea, por ningún medio.

Portada Marca

Marca va partido a partido, en clara muestra de la devoción cholista compartida con tantos otros medios, y no se fija en lo del miércoles sin antes prestar atención a lo de hoy mismo. Porque esta noche, en el Parque de los Príncipes, lucharán por el otro puesto en la final PSG y Borussia Dortmund. Llegan los alemanes con ventaja de un gol, y la responsabilidad de la remontada recae en Mbappé, a quien Marca, en atinada referencia cinematográfica, pone ante su "último tango en París". Kylian deja el PSG (a estas alturas no hará falta especificar a dónde), de ahí lo de que el tango sea el último. Prosiguiendo con la referencia, no nos cabe duda de que el crack francés ya está preparando la mantequilla para aplicar al Dortmund la misma política que Marlon Brando ejecutaba en el largometraje de Bertolucci . No sabemos si los alemanes, dignísimo rival, se dejarán.

Portada Sport

Por lo demás, nos unimos a Messi y a Joan Manuel Serrat en nuestra felicitación a Sport por sus 45 años de existencia. Nos parece, eso sí, enormemente elocuente el que Sport no sea capaz de autofelicitarse sin cagarla con la coma del vocativo. Qué gloriosa manera de sellar 45 años de... pues eso, de Sport. Dice Serrat que dicho rotativo lleva eso, 45 años siendo "su Biblia". No debemos nunca juzgar a los grandes genios por sus vicios, por oscuros y sórdidos que se nos antojen, y Serrat es indudablemente un genio. Estamos esperando que alguien le pregunte un día por Negreira, a ver qué opina, pero mucho nos tememos que esa entrevista no verá nunca la luz.

Conformémonos con la de As a Rummenigge, y riamos, amigos, riamos, ante el alud de fichajazos imposibles con los que Mundo Deportivo lobotomiza hoy a los incautos que puedan quedar.

Pasad un buen día.

Portada Mundo Deportivo

Después de que el Real Madrid ganase LaLiga el sábado, esta semana no podía faltar un cuestionario de fcQuiz que pusiese a prueba vuestros conocimientos sobre el campeonato doméstico.

El objetivo es que acertéis las ocho preguntas.

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Con respecto a la palabra alirón existen dos versiones acerca de su significado. Por una parte están quienes defienden que es la españolización del grito, en inglés, all iron! Así, cuando en las minas, en el XIX, sobre todo en Vizcaya, se encontraba una buena veta de hierro, todo el mundo festejaba pues eso significaba la buena ventura económica para los trabajadores de la explotación: all iron era prosperidad, se colgaba un cartel a la entrada de la mina y la gente de los alrededores cantaba el alirón. La otra versión sin embargo remite al árabe andalusí, al verbo al-i-lán, es decir, proclamar o pregonar.

La etimología vascuence conecta con lo británico y con lo industrial, que está en el origen mismo del foot-ball y da un sentido muy propio a ganar la Liga, que es casi como bajar a la mina, un trabajo duro, ingrato y peligroso que renta mucho sudor y poca gloria. La etimología andalusí vincula el acto jubiloso de festejar el campeonato con lo poético de las cosas, que al fin y al cabo está en la base de nuestra afición adulta por el fútbol, un amor que no tiene nada de material y que alimenta el espíritu en la lucha cotidiana por la existencia que Baroja con acierto tituló La busca.

Hay decisiones que sólo se explican desde la mala sangre. Tebas es un sieso de órdago y les hurtó a los niños que fueron con sus padres al estadio la posibilidad de echar un ratito inolvidable viendo cantar y bailar a Bellingham, Carletto, Camavinga y Vinícius

El Madrid, el sábado, cantó el alirón. Ocurrió casi tres horas después de ganar su partido con el Cádiz. A la Liga de Tebas no le dio la gana que el madridismo pudiera cantar victoria con su equipo en alegre y familiar comunión sobre el césped del Bernabéu y puso el Girona-Barcelona dos horas después. Hay decisiones que sólo se explican desde la mala sangre. Tebas es un sieso de órdago y les hurtó a los niños que fueron con sus padres al estadio la posibilidad de echar un ratito inolvidable viendo cantar y bailar a Bellingham, Carletto, Camavinga y Vinícius.

Bellingham y Ancelotti

En términos puramente mercantiles, LaLiga, que ahora se escribe así, todo junto, cosas del marketing, se comporta con el Madrid como si el Museo del Prado tuviera expuesta Las Meninas en el cuarto de los contadores. Los desprecios y descalificativos y los intentos continuados de desacreditar, minusvalorar y perjudicar a la marca deportiva más poderosa del mundo son realmente ridículos teniendo en cuenta, por lo demás, que el campeonato español es un torneo de interés menguante, como demuestran las audiencias.

Los jugadores celebraron en frío y en chándal. Como no iba a haber de todos modos rúa por La Cibeles para no fastidiar la preparación de la vuelta con el Bayern, la gente se quedó chasqueada y con la sensación de haber ganado el trofeo Teresa Herrera. Tebas se gasta mucho en rebranding y en meter cámaras dentro de los vestuarios, para poder ver a los futbolistas en pelotas, pero poco en tecnología para evitar goles fantasma y menos en potenciar el “contenido de calidad” de su cortijo.

LaLiga, que ahora se escribe así, todo junto, cosas del marketing, se comporta con el Madrid como si el Museo del Prado tuviera expuesta Las Meninas en el cuarto de los contadores

Tiene estas cosas la Liga. Se sufre tanto para ganarla y, sin embargo, ¡cunde tan poco! Qué país, qué tropa. El Madrid ha ganado esta liga fraudulenta a pesar de todo, la liga de Negreira y de Medina Cantalejo, del Comité Técnico Arbitral podrido y de la Real Federación Española de Fútbol con la mierda hasta el cuello y en vías de judicialización. El Madrid ha vuelto a imponerse y ya son 36 veces, ha vuelto a ganar un campeonato hecho ad hoc contra él, levantado y construido desde hace tres décadas contra el Madrid y contra el madridismo.

Gil Manzano muestra la tarjeta roja a Belllingham

Es la segunda liga en tres años, la tercera en los últimos cinco campeonatos y podría ser la cuarta en un lustro pero, ¡cuántas ligas no nos han dejado ganar! Todas aquellas otras ligas, como la que le regalaron al Cholo en 2021 o la que ganó la Xavineta en 2023, con todo el pastel de compraventa de influencia arbitral saliendo a borbotones por la alcantarilla federativa y mediática.

¡cuántas ligas no nos han dejado ganar! Todas aquellas otras ligas, como la que le regalaron al Cholo en 2021 o la que ganó la Xavineta en 2023, con todo el pastel de compraventa de influencia arbitral saliendo a borbotones por la alcantarilla federativa y mediática

El madridista contemporáneo ha hecho huesos viejos perdiendo ligas absurdas que por ese afán de mirarse uno por dentro antes que culpar a los demás de las desgracias propias ha achacado antes a la desidia de los jugadores de blanco que a las artimañas de los enemigos del Real. Pero aunque algunos comentaristas de DAZN no entiendan las frases subordinadas, la verdad es la verdad, ya la diga Agamenón o su porquero: el Madrid ha sobrevivido a todo un siglo XXI plagado de corrupción sistémica en los órganos reguladores del fútbol español y de malquerencia continuada del establishment opinativo y mediático y sigue siendo no sólo el equipo que ha ganado ocho copas de Europa desde 1998 sino también el mejor equipo de España. El campeón de España. La última gloria de un país en descomposición a todos los niveles.

Al Real Madrid se le enfriará la cena

36 ligas de 92 son muchas ligas, y eso que entre 1933 y 1954 el Madrid no ganó ninguna. Ganar la Liga es honrar el legado de Gento, que conquistó doce, y de todos los grandes Madrid premodernos: el Yé-Yé, que dominó la década de los 60, el de los García, con tres seguidas en los 70, o la Quinta, con un lustro entero a finales de los 80. Es como si no tuviera ningún valor, pero la Liga es el campeonato que compromete el esfuerzo colectivo de nueve meses y el que obliga a batirse contra todo tipo de rivales, en todo tipo de escenarios. Es el torneo de la madurez, el que con sus alegrías, las menos, pero sobre todo con sus amarguras, las más, prepara moralmente para la explosión intensa y salvaje de la Copa de Europa.

el Madrid ha sobrevivido a todo un siglo XXI plagado de corrupción sistémica en los órganos reguladores del fútbol español y de malquerencia continuada del establishment opinativo y mediático y sigue siendo no sólo el equipo que ha ganado ocho copas de Europa desde 1998 sino también el mejor equipo de España

Hay que recordar todas aquellas otras ligas que no nos dejaron ganar, las que pusieron plata en nuestras sienes y nos llevaron a la cama insomnes en domingos por la noche apocalípticos, porque ellas nos ayudaron a superar los lunes como todos esos amores no correspondidos nos enseñaron, a la postre, a reconocer al verdadero.

Mano Felipe

El Madrid de Ancelotti, que hasta ahora tenía fama de pierdeligas, lleva ya 2 de 3 campeonatos nacionales, por no contar la Copa del año pasado y las 2 Supercopas árabes en 3 años. Con la descomposición aparente del Barcelona de Laporta parece coger el camino del Bayern en la Bundesliga o del PSG en Francia, aunque una cosa así, en el circo español, no se pueda aventurar con demasiada ligereza. Uno nunca sabe a qué retorcidos ardides serán capaces de acudir para impedir el establecimiento de una hegemonía madridista comparable a la que hubo cuando la Quinta. Yo no viví aquella época pero según dicen los que sí, los alirones de aquel tiempo se debieron parecer mucho al del sábado pasado, en diferido y en la víspera de la gran semifinal europea. Cosas así van contra el disfrute y la joie de vivre característicos del madridismo epicúreo y feliz, pero qué vamos a hacer si contra el patrón Tebas no manda ningún marinero.

Hay que recordar todas aquellas otras ligas que no nos dejaron ganar, las que pusieron plata en nuestras sienes y nos llevaron a la cama insomnes en domingos por la noche apocalípticos, porque ellas nos ayudaron a superar los lunes como todos esos amores no correspondidos nos enseñaron, a la postre, a reconocer al verdadero

Es curioso, pero al partido de vuelta de semifinales de la Copa de Europa el Madrid llega pareciéndose al Bayern y el Bayern, al Madrid. En los últimos tiempos el Madrid solía liberarse de todos sus demonios domésticos en la Copa de Europa y llegar hasta el final en ella durante campañas terribles en España, con la Liga perdida desde febrero y cosas así. La Copa de Europa era el Santo Grial al que empeñaban su vida entrenadores desahuciados y futbolistas sin reputación. El Bayern, en cambio, era el modelo envidiable de hegemonía nacional y tranquilidad a la hora de preparar las grandes batallas europeas, con la Bayernliga ganada desde Navidad y un ambiente interno de socialdemocracia europea en que lo más interesante que ocurre en meses es la subida de medio punto del IPC.

Redondo y Effenberg

Ahora es al revés y esto es un mérito de Florentino Pérez que no veo ensalzarse más. El presidente de los galácticos y del galacticidio, de las estrellas malcriadas y de la picadora de carne en el banquillo ha transformado su modelo deportivo en una dirección técnica estable, segura e incluso previsible. El vestuario está protegido admirablemente de la toxicidad periodística y ambiental, que no logra penetrar en Valdebebas. En cambio el Bayern viene de perder todos los torneos alemanes y sin entrenador para el año que viene.

Cuando yo era pequeño y el Madrid se enfrentaba al Bayern en la Copa de Europa veía con envidia en los telediarios cómo en Munich se posponían las celebraciones de las copas y de las ligas hasta los partidos con el Madrid mientras que aquí todo era vodevil, estrambote, portadas del Marca y declaraciones altisonantes. Qué cosa misteriosa es la vida. En este paisaje, no obstante, las figuras volverán a ser las mismas de siempre: once caballeros vestidos de blanco cargando sin pasado ni futuro, colina abajo, contra la fealdad del mundo. Porque, como reza la mirada silenciosa de Nacho, todas las Copas de Europa están siempre por ganar.

 

Getty Images.

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