A continuación publicamos un extracto del capítulo cuarto de «La pelota sí se mancha» (Última línea), el nuevo libro de Salva Martín publicado un año después de su éxito «Historia de las míticas remontadas del Real Madrid» (Almuzara).
Le cambiaron el nombre. Se afianzó como el club más importante de España. Fichó al ‘galáctico’ de la época. Arrebató al Barcelona a su jugador más emblemático. Fue incautado. Casi desaparece. Lo que bien podría ser el argumento de una novela, resultó el asombroso —y muchas veces ocultado— tránsito del Real Madrid por la II República y la Guerra Civil. Ya es hora de iluminar aquella época.
El inflamable debate sobre la relación del Real Madrid con la dictadura franquista ha restado foco a un período, el inmediatamente anterior, que resultó vital para el destino del club. Durante la II República, años de combustión continua, el Madrid, como España, alcanzó cotas inauditas, pero también pudo terminar en el sumidero de la Historia. Fueron tiempos de banderas y furia, de héroes, mitos, revolución y sangre. También para el club más importante del mundo del fútbol.
Con la izquierda venida arriba, la derecha monárquica dividida y la imagen de la Corona dañada sin posible enmienda, el 14 de abril España cambió radicalmente el paso […].
El fervor republicano coincidió con los primeros pasos de la Liga, una competición cuyo parto no resultó sencillo. Hasta finales de los años 20, en España se disputaban las competiciones regionales y el Campeonato de España, origen de la actual Copa del Rey […]. La profesionalización, que llegó en 1926, necesitaba de un torneo regular, de todos contra todos, para asentar sus consecuencias: calendario, viajes, fichas, contratos […].
En la primera edición, jugarían en Primera División los seis ganadores del Campeonato de España (Athletic de Bilbao, Real Sociedad, Real Madrid, F.C. Barcelona, Real Unión y Arenas de Guecho), los tres subcampeones (Athletic de Madrid, Español y Europa) y el Racing de Santander (que superó una eliminatoria previa). El resto de equipos (Sporting de Gijón, Sevilla, Iberia, Alavés, Betis, Real Oviedo, Valencia, Deportivo y Celta) inauguraría la Segunda División.
El 10 de febrero de 1929, el jugador del Español, Pitus Prat, se convirtió en el primer goleador de la competición, cuya edición inaugural acabó en las vitrinas del F.C. Barcelona […].
La profesionalización y la Liga implicaron un cambio histórico en el mercado de fichajes, que pasó de regional y limitado a nacional y organizado. Esto modificaría para siempre la estructura de los clubes, que dejaron de ser organizaciones amateurs en las que opinaban hasta los veteranos a modo de asociación y se transformaron en estructuras con carácter empresarial.
El Real Madrid, que partía con la ventaja de disponer de un colchón económico de lustre gracias a las taquillas de Chamartín y al buen hacer de sus presidentes, eligió bien al responsable de consolidar el nuevo modelo: Pablo Hernández Coronado […].
La renovación en 1930 fue total. Llegaron excelentes refuerzos en todas las líneas, como Bonet, García de la Puerta, Leoncito y los vascos Eugenio, Gurruchaga y Urretavizcaya. Pero, sin duda, el Madrid rompió la baraja con el hombre del momento. El primer futbolista capaz de arrastrar a la multitud y fijar toda la atención mediática. Y jugaba de portero, aunque no era un cualquiera: se trataba de Ricardo Zamora divinizado en vida como el emperador Domiciano […].
Zamora era un portero soberbio, un adelantado no sólo por su conocimiento del juego y la técnica, sino por su explotación de la fama. Si el Español lo utilizaba como reclamo para giras y llegó a alquilar sus servicios a otros equipos para amistosos, él no desdeñó lo que llegaría a ser una mina para los futbolistas: su imagen. Se elaboró una indumentaria propia, con boina y jersey encima de la camiseta del club, acuñó una parada característica (la zamorana) e hizo una aparición cinematográfica en Por fin se casa Zamora (1926). Entre el cielo y la tierra, estaba Ricardo Zamora.
Cuando el Madrid negoció por El Divino sabía que compraba mucho más que a un jugador. Y así se reflejó en su precio y sueldo: 150.000 pesetas para el Español, 50.000 de prima de fichaje para Zamora y 3.000 mensuales. «Una cifra de ministro», se destacó por aquel entonces, a lo que él respondió con la soberbia tranquilidad de los mitos: «Lo que me van a pagar lo encuentro suficiente y no deseo más». Touché.
El revuelo mediático y social en su llegada resultó inédito. Por primera vez, el fichaje de un futbolista copó todos los titulares y las conversaciones de la calle. En España no se hablaba de otra cosa y el resquemor también comenzó a enseñar la patita: el diario catalán Mundo Deportivo caricaturizó a Zamora con dos alas y un maletín lleno de billetes rumbo a Madrid. Pero el madridismo lo tuvo claro: fue fichar Zamora e incrementarse los socios en un millar.
Sin embargo, a las primeras de cambio, la operación estuvo a punto de ser un fracaso. En su segundo partido de blanco, un derbi contra el Athletic de Madrid en Chamartín con todo el papel vendido, Zamora se lesionó de gravedad. Fue en una acción, como tantas otras, en las que se lanzó a los pies del delantero, en este caso Buiría, para evitar su lanzamiento a gol. Fractura longitudinal múltiple de la escápula izquierda y luxación del húmero. Si suena mal, la incertidumbre fue peor. No se sabía si volvería a jugar. El mismo Zamora, en un artículo escrito en el diario Ya, expresó su desasosiego: «¿Habré terminado definitivamente de jugar al fútbol? Sé que no lo debo preguntar, que no me contestarán categóricamente, y, a pesar de todo, no puedo dejar de pensar en lo mismo».
Finalmente, el susto se quedó en tres meses fuera tras ser operado por el doctor Antonio Oller. Zamora se perdió gran parte de la Liga, y el Madrid, en la que fue la tercera edición del campeonato, no pasó del sexto puesto.
En el verano de 1931, perdida la corona del escudo y la denominación ‘Real’ por imposición republicana, el Madrid acometió el paso definitivo para los grandes éxitos que le esperaban. La premisa era clara: a la calidad, había que sumar el espíritu de lucha que desde entonces quedaría impreso en su ADN […].
Aquel Madrid ganador utilizaba el sistema habitual de los comienzos del fútbol, con dos defensas (Ciriaco y Quincoces), tres medios (Leoncito, Prats y Ateca, más Esparza y Bonet como alternativas) y cinco jugadores arriba (Lazcano, Regueiro, Olivares, Hilario y Olaso). Fortaleza, toque y remate.
Desde la primera jornada, la ilusión fue desatándose: el empate contra el Athletic de Bilbao (1-1) después de haber encajado un doloroso 0-6 el año anterior dio pábulo a la tesis de que ese año sí se podría competir por el título. Los vascos eran el rival a batir. Tan caldeados eran los partidos entre ambos que, en la vuelta (3-3), la policía tuvo que convencer a Hilario para que abandonara el campo tras ser expulsado. El suspense se mantuvo hasta el final, y todo se decidió en el campo del que sería el futuro gran rival de los blancos, el F.C. Barcelona. Un empate le valió al Madrid para hacerse con los 28 puntos que le llevarían a cantar el alirón y ser recibidos en Atocha, a su regreso, por una gran multitud. El secreto, como se preveía, vino de la autoridad atrás. El Madrid sólo encajó 17 goles en toda la temporada, lo que significó un promedio de 0,83 por partido.
La importancia de este título trascendió los números y las victorias. El Madrid llevaba nada menos que 14 años sin conquistar una competición de postín (se adjudicaba casi todos los Campeonatos regionales, eso sí). Esta primera Liga sucedió al Campeonato de España logrado en 1917 (antes había ganado cuatro seguidos, de 1905 a 1908) e inició una época dorada que sólo pudo truncar la tragedia de la guerra […].
En la siguiente temporada llegó la primera bomba mediática entre Madrid y Barcelona. José Samitier, después de 14 años liderando a los culés, se pasaba al enemigo. Sentimentalmente, el shock resultó más profundo que el caso Figo, pues el jugador había nacido nada menos que en el barrio de Les Corts, donde estaba el estadio culé, y había sido catapultado como símbolo del orgullo catalán desde los años 20 […].
La última Liga antes del levantamiento del 17 de julio, la 35/36, fue acorde a la situación de España: intrigante hasta el final. En la penúltima jornada, Madrid y Athletic, segundo y primero a sólo un punto de distancia, se enfrentaron en Chamartín. Una victoria blanca le acercaría al título, mientras que el triunfo rojiblanco lo sentenciaría. Por dos veces se adelantó el Madrid, pero los vascos, al final, consiguieron la igualada y el título voló hacia Bilbao.
La gloria eterna, por cómo se produjo y lo que significó, llegó para el Madrid en la Copa. Primero eliminó al Arenas de Guecho en el partido de desempate. Luego doblegó en los dos partidos de cuartos al Athletic. En semifinales tocó el Hércules. El 7-1 de la ida hizo estéril la derrota por 2-1 en la vuelta, y el Madrid se plantó en la final, que se disputaría en Valencia el 21 de junio de 1936.
El partido fue inédito y no pudo contener más simbolismo. A menos de un mes del golpe de Estado, Madrid y Barcelona, centralismo frente a federalismo, se veían las caras por vez primera en un encuentro definitivo. El destino quiso apostar fuerte y sumó este enfrentamiento a cara o cruz, a vencer o morir, a una atmósfera ya de por sí excesivamente cargada de embrutecida exaltación. Según cuenta Alfredo Relaño, de la capital acudieron 3.000 aficionados, mientras que 10.000 culés llegaron a Valencia y se añadieron a los simpatizantes locales, inclinados hacia los azulgranas.
Zamora, que a estas alturas únicamente disputaba los partidos relevantes, sería el protagonista absoluto de la final.
El encuentro lo manejó el Madrid, hasta el punto de ponerse 2-0 en el marcador con goles de Eugenio y Lecue. Pero el Barcelona no se rendiría y acortó distancias forzando a los blancos a replegarse y tratar de evitar el empate. Entonces, casi al final, se produce la jugada que se hará icónica, evocada durante años y merecedora de entrar en la mitología del fútbol.
El formidable delantero Escolà recibe en el área un pase de Ventolrà. Está solo ante Zamora y puede elegir el lado por donde clavar el gol. El madridismo se encoge, los culés levantan los brazos en espera del gol. El chut, fuerte y ajustado, va al palo izquierdo de Zamora. Es un disparo imparable. Imparable para todos menos para el portero blanco, que, con una inverosímil estirada, no despeja, sino que atrapa el balón y alcanza la inmortalidad.
Había dado el último título republicano al Madrid en una acción de fe y calidad. Pura raza blanca. Consciente de ello, el portero no escatimará cierta altivez en sus Memorias a la hora de recordar aquel instante: «Absoluta posesión de lo que me pertenece, de lo que nadie debe disputarme: el balón. ¡No ha sido gol! ¡No ha sido gol! Óyese a mi alrededor. Es el título, es la Copa […] Veinte años de fútbol están ahí, en ese instante». Fue su última parada, el perfecto epílogo a una carrera sin parangón.
El país se derrumbaba mientras el Madrid enamoraba. Ese podría ser el titular de la victoria en la Copa del 36, el postrero título de fútbol antes de que la asonada de julio, iniciada en Melilla, diera voz a las balas, silenciara los estadios y borrara las sonrisas de los españoles.
Para entonces, el Madrid ya estaba completamente imbricado en la ciudad. A través de los éxitos, su liderazgo y las emociones despertadas, había trascendido el plano deportivo para formar parte de la identidad de una capital que, si resultó un escenario clave en el período tricolor, más lo sería durante los años de la guerra […].
Uno de los lamentos más recurrentes en este comienzo de liga por parte de los parroquianos blancos que viven más pendiente del vecino de enfrente que de lo que sucede en casa propia es aquel referido a la escasez o ausencia de canteranos en la primera plantilla del club vikingo, en contraposición con la abundancia de los mismos que presenta el club negreiro.
No pretendo entrar en el debate que zanjó el propio Carvajal, canterano blanco por excelencia, cuando justificó esta circunstancia alegando que las situaciones económicas de ambos clubes eran tan distantes que, mientras que al Barcelona no le quedaba otra opción que recurrir a su, por qué no reconocerlo, bien trabajada y gestionada cantera; el Real Madrid podía permitirse el lujo de acudir al mercado en busca de los mejores jugadores del mundo, como Bellingham o Mbappé.
Sin embargo, esto sería evitar el tema mayor que pulula con malicia desde las entrañas del periodismo patrio y el antimadridismo (si es que acaso no se puede agrupar a los primeros en el grupo de los segundos) y que deja caer, como quién no quiere la cosa, que el Barcelona trabaja mejor sus perlas que el Real Madrid. Yo no soy quién para valorar y finalmente dictaminar quién las trabaja mejor, pero sí que me parece que se está produciendo un falso juicio sobre el Real Madrid y su cantera.
En el primer equipo del Real Madrid podemos contar como canteranos no sólo a Carvajal, Lucas Vázquez y Fran García, sino también a Vinícius, Valverde, Rodrygo y Camavinga según la normativa de la UEFA, así como en los próximos años a Arda Güler y Endrick. Es decir, que de esos 7 canteranos (más el tercer portero que se inscriba y que suele proceder de la cantera), no creo que sea descabellado aventurar que 5 de ellos son de los mejores jugadores del mundo en sus respectivas posiciones. A pesar de que el Barcelona ha sacado magníficos proyectos como Lamal, Araujo, Pedri y Gavi, no sé hasta qué punto podríamos decir que el Madrid le va a la zaga. De hecho, creo que es bastante objetivo pensar lo contrario.
Trabajar la cantera no se reduce simplemente al trabajo que se realiza con los jóvenes en las categorías inferiores. El trabajo de cantera consiste en desarrollar a los jóvenes talentos hasta conseguir explotar el máximo potencial. Y el Madrid ha desarrollado un modelo en el que consigue realizar ese desempeño de manera casi exclusiva en el primer equipo
Porque trabajar la cantera no se reduce simplemente al trabajo que se realiza con los jóvenes en las categorías inferiores. En ese caso no podríamos considerar canterano a alguien como Pedri, fichado de Las Palmas con 18 años y que pasó al primer equipo con premura. El trabajo de cantera consiste en desarrollar a los jóvenes talentos hasta conseguir explotar el máximo potencial posible. Y el Real Madrid ha desarrollado un modelo en el que consigue realizar ese desempeño de manera casi exclusiva en el primer equipo.
No considero justo desestimar el trabajo que ha llevado a cabo el club blanco con Vinícius, jugador que vino con 18 años al Real Madrid y que está a punto de recibir su primer Balón de Oro. ¿O acaso el jugador que llegó del Flamengo es el mismo que va a recoger el dorado galardón dentro de un mes? No. Con Vinícius, por poner el ejemplo más visible, el Madrid fichó a una promesa que “sólo” era élite en el regate, pero a la que tuvo que pulir paulatinamente a nivel técnico mejorando su capacidad de disparo, su toma de decisiones en el último tercio de campo, su inteligencia táctica para saber cómo y cuándo es más dañino rompiendo al espacio con su endiablada velocidad e incluso su versatilidad en ataque, enseñándole a jugar no sólo pegado a la banda izquierda sino también más cerca del área como segundo delantero. Por no hablar del trabajo de gestión emocional que el club realiza con los chavales que llegan, no lo olvidemos, al mejor club del mundo apenas cumplida la mayoría de edad, con todas las vicisitudes que ello puede implicar.
El equipo blanco cogió a un joven que apuntaba alto pero del que todo el mundo se mofaba durante sus primeros años y lo moldeó hasta conseguir tener al jugador más desequilibrante de Europa. Si eso no es trabajar bien la cantera, igual deberíamos replantearnos los términos y condiciones de esta cuestión.
Del mismo modo que con Vinícius, el club blanco ha trabajado con Valverde hasta convertirlo en un todocampista que, además de ser uno de los mejores centrocampistas del mundo, sabe desenvolverse como pivote defensivo, como mediocentro en un doble pivote, como interior llegador e incluso como extremo derecho, sacando pleno rendimiento de sus cualidades en cada uno de los diferentes roles que ha aprendido a desempeñar.
Las modas siempre me han resultado inexplicables y la que ahora impera en el madridismo es denostar a Rodrygo, pero es otro gran ejemplo de cómo el Real Madrid se trajo a un extremo izquierdo y ahora tiene a un atacante que ha jugado en todas las posiciones del frente de ataque y que sabe lo que es marcarle 4 goles al máximo rival europeo actual, el Manchester City, en 4 partidos de semifinales de Champions. Las comparaciones son odiosas, pero no sabría decir si, hasta la fecha, alguno de los tan anhelados canteranos blaugranas ha logrado acercarse mínimamente a tal gesta.
El madridismo es universal y, además de ser este posiblemente el valor más potente e importante que albergamos, permite no sólo a cualquier persona del mundo sentirse representada por el Real Madrid sino también soñar a cualquier niño del mundo, nazca donde nazca, llegar algún día a ser canterano del club de sus amores
No digo que la gestión de la cantera sea perfecta —pues yo mismo considero que algunos de los últimos canteranos destacados como Arribas o Nico Paz perfectamente podrían estar hoy ocupando un rol de secundario o revulsivo— que resulta fundamental en esta plantilla, tanto por lo que puedan aportar dentro del campo como por lo que proporcionen fuera de él, pero los tiempos de cada jugador son un mundo, e igual que Lucas, peso pesado de la plantilla (más de lo que la mayoría piensa) tuvo que salir fuera un año antes de volver, Joselu hizo toda su carrera fuera del club y volvió para ocupar un rol que acabó siendo trascendental para alcanzar la gloria.
Entiendo las ganas de los aficionados de ver a jóvenes madridistas representando al club, pero es que resulta que todos estos jóvenes fichados de fuera a raíz de esta nueva y magnífica política de mercado de Florentino y su equipo que han crecido en el club no sólo son tan madridistas como cualquier muchacho nacido en la capital española, sino que además ya han adherido a su ser los valores que el club blanco bien se precia de representar. Porque el madridismo, queridos, es universal y, además de ser este posiblemente el valor más potente e importante que albergamos, permite no sólo a cualquier persona del mundo sentirse representada por el Real Madrid sino también soñar a cualquier niño del mundo, nazca donde nazca, llegar algún día a ser canterano del club de sus amores.
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Endrick es un fenómeno, casi no se había bajado del avión cuando comenzó a maravillarnos con sus goles y su valentía. Una bestia precoz, sin duda.
Hoy, fcQuiz ha ideado una serie de cuestiones para poneros a prueba. ¿Podréis acertar todas?
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Buenos días. Las portadas del día carecen de interés, pero hay asuntos que reclaman nuestra atención urgente aunque no aparezcan en ellas.
El domingo, como sabéis, se juega el derbi en el Metropolitano, y las redes sociales de los hinchas más radicales del Atlético de Madrid están dando una lección de neonazismo y xenofobia que debería preocupar a las autoridades. Esto de hoy no es un portanálisis: es una llamada, un aviso a la autoridad.
Aficionados que imaginamos vinculados con el Frente Atlético (grupo neonazi que su club auspicia y alienta) están incitando a sus correligionarios a acudir al estadio con mascarillas para poder insultar a Vinícius y proferir cantos racistas sin ser identificados. Por si la cosa no inspiraba suficiente repugnancia y pavor, aluden sarcásticamente a la “viruela del mono”, de la cual se protegerían con las mascarillas en su mente podrida.
Nos extrañan muchísimo todas estas manifestaciones de racismo, por cuanto teníamos entendido que en España no había de eso. A Vinícius le han dicho de todo por pedir que se acrecienten los esfuerzos de las autoridades y de los medios contra gentuza como esta. Algunos, en aras de cierto patriotismo de hojalata que considera innegociable la concesión de un Mundial a España, poco menos que estigmatizan como antipatriota a quien denuncia que esto existe. Barrer bajo la alfombra la escoria de tu país es un patriotismo de mierda, si se nos permite decirlo así. El patriotismo consiste en limpiar tu casa para merecer el Mundial (o lo que sea), priorizando esa higiene por encima del propio Mundial. Es ahí donde demuestras que quieres a tu país.
También ayer, curiosamente, se dieron a conocer unas manifestaciones públicas de Uche, jugador del Getafe, en las que se quejaba amargamente de los insultos racistas que recibe por los campos de España.
Christantus Uche, jugador del Getafe, en ESPN: "Me llaman puto negro y los árbitros no hacen nada. El jugador no puede hacer nada. Me pegan enfrente de los árbitros y no hacen nada, es muy doloroso. Los árbitros en España son muy malos". https://t.co/LzRLAeUzyh
— Albert Ortega (@AlbertOrtegaES1) September 25, 2024
Caramba, qué sorpresa. Pensábamos que los insultos xenófobos en nuestro país se circunscribían a Vinícius, de quien se dice aquello de “algo habrá hecho”. Resulta que el “algo habrá hecho” no solo es vil sino también fraudulento, pues parece que hay otros futbolistas que “también han hecho algo”. En el partido Elda-Gijón, muy reciente, se registraron más incidentes de esta índole. Hay decenas de denuncias de este tipo.
¿Tomarán nota las autoridades sobre esta alerta? ¿Lo hará también el alcalde de Madrid, o se posicionará por inacción en el lado de los racistas? Sus últimas declaraciones sobre Vinícius nos hacen temer lo peor.
Y esto es lo que hay, amigos. Lamentamos haber estropeado con náuseas vuestro desayuno. Os dejamos con las portadas del día.
Ay, Muñiz Ruiz... Continuando la frase de anoche de Alberto Cosín, si los árbitros fueran tan valientes con sus jefes como lo son con los jugadores del Real Madrid, igual resultaría empresa factible creer en su honestidad e inocencia. Para inocencia la mía, que sueño despierto con un fútbol en el que el dedo acusador de un colegiado no señala a un jugador vestido de blanco, sino conjuntamente con el de todos sus compañeros hacia Negreira, Sánchez Arminio, Medina Cantalejo y todos los demás implicados cuando se descubre el mayor escándalo de corrupción de la historia del deporte. “La vida es sueño” escribió Calderón de la Barca. Ojalá no se hubiera equivocado.
Pero lo hizo, al igual que los colegiados españoles cada vez que arbitran al Real Madrid, si es que podemos llamar error al trabajo que ellos parecen saber perfectamente cómo están desempeñando. El bueno de nuestro Carletto, tan inocente como yo, fue a pedirle explicaciones al final del partido acerca de las numerosas tarjetas amarillas que nos mostró. El árbitro desestimó sus preguntas con un “yo hago mi trabajo”. Y es así, Carlo. Hacen su trabajo. No creo que haga falta esclarecer cuál es.
Ayer el Real Madrid volvió a realizar un partido en el cuál realizó menos faltas que su rival y se llevó más amarillas que éste. La primera fue una verdadera declaración de intenciones y una magnífica explicación de lo que está siendo el arbitraje esta temporada (y lo que nos espera). Fede Valverde conduce el balón mientras un rival lo agarra de manera constante y le traba en repetidas ocasiones hasta que el halcón cae de bruces contra el suelo. El colegiado señala falta y nada más. El uruguayo, con toda la razón del mundo, solicita la clara tarjeta amarilla al rival y cuando el árbitro la deniega, Fede hace el esfuerzo de volverse para lanzar un gesto de desaprobación, mientras el árbitro, con una arrogancia impropia de quien se supone está impartiendo justicia le está llamando con el dedo de manera despectiva y, cuando ve el gesto de Fede, acude raudo a él y, esta vez sí, desenfunda la amarilla con la celeridad de un pistolero de un western de Leone.
El bueno de nuestro Carletto fue a pedirle explicaciones al final del partido acerca de las numerosas tarjetas amarillas que nos mostró. El árbitro desestimó sus preguntas con un “yo hago mi trabajo”. Y es así, Carlo. Hacen su trabajo. No creo que haga falta esclarecer cuál es
Lo mismo sucedió con Vinícius ayer, o con Vinícius, Bellingham y Mbappé el pasado sábado ante el Español. De las 15 tarjetas que ha visto el conjunto blanco, 9 han sido por protestar. Especialmente sangrante fue la de Kylian en el Bernabéu el sábado, cuando una protesta mínima conllevó no sólo la amarilla sino también la reprimenda, por no decir turra, de un Munuera Montero que también hizo acopio de la misma chulería que Muñoz Ruíz anoche, mostrándole la tarjeta con un gesto despectivo. Decía Paco González que es como si un juez cuando lee dictamina la sentencia de un condenado por un delito, agrega un “toma”, al final. En realidad, lo que estamos viendo se asemeja más a un juez que en lugar de castigar al delincuente, castiga a la víctima y además se vanagloria de ello en la atónita cara de la misma.
La premisa arbitral con el Real Madrid esta temporada parece ser, a falta de aprender de manera discreta cómo prevaricar con el VAR (en el Estadio de la Cerámica comprobamos que están en ello) la de desquiciar a los jugadores blancos permitiendo a los rivales cortar el juego blanco mediante faltas sin señalarles por norma general amarillas (a veces ni falta) y, en cambio, mostrar cartulinas a la mínima oportunidad o protesta de un jugador del Real Madrid, que observa tan impotente como estupefacto cómo un equipo que apenas realiza faltas y que trata de jugar al fútbol es el más severamente castigado de toda la competición. Y eso acaba teniendo su evidente repercusión en el juego, tanto en el jugador rival, medrado en su labor defensiva sabedor de que puede valerse infinitamente de las faltas para detener el avance blanco, como en el jugador vikingo, al que estas injusticias continuas pueden desquiciar y sacar del partido o simplemente hastiar y cómo en el propio partido, disminuyendo el ritmo de juego del mismo.
Evidentemente, el debate arbitral llevado a cabo por los voluntariosos medios de comunicación, se centrará única y exclusivamente en Endrick y en la jugada en la que debió ser expulsado. Debió ver la roja el joven carioca, sí, pero también un Mouriño que, además de merecer la tarjeta por una fuerte entrada sobre Vinícius, se pasó todo el partido realizando esto que llaman “el otro fútbol” sin balón, empujando, agarrando y pegando pequeñas patadas en los tobillos cuando el balón ni siquiera estaba cerca de su zona de influencia. De hecho, previo a la jugada de Endrick, si las repeticiones hubieran querido extenderse (no sé por qué no lo habrán hecho) habríamos visto al defensor agarrando de manera ostensible al delantero brasileño. En la jugada anterior había sucedido lo mismo hasta el punto de que Endrick cayó en el área debido al agarrón del defensor del Alavés.
Al buen momento del equipo que pagó a Negreira durante al menos 24 años se suma la complicidad de los colegiados que inexplicablemente siguen protegiéndolos, hasta el punto de pedir a un entrenador rival que no les hagan entradas fuertes para aumentar la dificultad de conseguir una liga a la que cada vez se le pone más pinta de quimera. La grandeza de este club reside en que cuando más imposible parece un reto, más alto vuela para alcanzarlo. Pero cabría preguntarse algún día de estos el por qué de la actitud chulesca, burlesca y altanera de estos trencillas viniendo de donde vienen (caso Negreira), y por qué esta tiene como destinatario al club rival de aquel que es el culpable de que nadie pueda creer ya en el arbitraje. La actitud procede de su sensación de impunidad, sí, pero quizá esta no sea tan eterna como ellos mismos deben de pensar…
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Nueva victoria frente al Deportivo Alavés en un partido plácido que acabó de forma surrealista. El Real Madrid realizó una primera parte soberbia y decidió desconectar los últimos 10 minutos. Junto al partido frente al Espanyol, el de anoche dejó grandes cosas para destacar, como la verticalidad del equipo, el control total de la situación y un trabajo entre líneas de jugadores como Fede Valverde o Jude Bellingham. La función de conector del británico sobresale por su brillantez pero también por su importancia: Bellingham cose a este equipo con una maestría sorprendente. A veces, eclipsado por su talento de cara al gol y su capacidad para el esfuerzo, olvidamos lo buen centrocampista que es este chico.
El Alavés llegó al Bernabéu con una gran trayectoria previa. Su entrenador Luis García Plaza decidió introducir ocho cambios y dejar a algunas de sus figuras en el banquillo. En menos de un minuto el Madrid se adelantó en una jugada que empieza con un cambio de juego de Valverde, seguido de un control genial de Vinícius. Tras una de sus arrancadas, el brasileño le sirve en bandeja el gol a Lucas Vázquez. Para cerrar una primera parte magistral, Mbappé y Bellingham tejieron una pared sobresaliente que el francés supo definir con la calidad única que atesora.
A la vuelta del descanso, Rodrygo hizo una de esas jugadas de eslalon que cada cierto tiempo se fabrica y definió con un disparo imposible de atajar. El mediapunta brasileño está realizando un arranque de temporada más que notable. Ya en los últimos minutos el Madrid decidió dormir el sueño de los justos y tras los cambios de Endrick, Modric y Arda Güler, se les sumó Vallejo. El Bernabéu le exigió a Ancelotti que lo introdujera entre vítores y aplausos para el jugador maño que no atraviesa un buen momento personal. En esas estábamos cuando el Alavés consiguió dos goles seguidos y a todos se nos puso cara de tontos.
Bellingham cose a este equipo con una maestría sorprendente. A veces, eclipsado por su talento de cara al gol y su capacidad para el esfuerzo, olvidamos lo buen centrocampista que es este chico
Este correctivo final suele pasar cuando un equipo tiene suficiente ventaja para abandonarse a la indolencia. Puede ser interesante que los jugadores hagan examen de conciencia. Porque de lo contrario darán razones a a su técnico para que se muestre inmovilista ante posibles rotaciones masivas en partidos teóricamente sencillos. Cuando se rumoreaba que Carlo Ancelotti iba a hacer rotaciones, el italiano salió de inicio con un once plagado de titulares. Lucas Vázquez era la única novedad para dar descanso total a Dani Carvajal. Se daba por hecho que Endrick sería de la partida como Arda Güler lo fue frente al Español. Si el pasado fin de semana Vinícius Júnior descansaba toda la primera parte para salir de revulsivo de lujo en la segunda, frente al Alavés volvía a ser titularísimo. Al brasileño ya se le está poniendo cara de balón de oro. Muchos de sus fans, entre los que me encuentro, celebraremos el galardón de France Football con verdadera emoción.
Puede ser interesante que los jugadores hagan examen de conciencia. Porque de lo contrario darán razones a a su técnico para que se muestre inmovilista ante posibles rotaciones masivas en partidos teóricamente sencillos
Por cierto, tras la victoria frente al Español, el Madrid completó 38 jornadas sin conocer la derrota. Es decir, una temporada entera. Cosa seria. Recordemos que en la pasada temporada el equipo solo conoció la derrota frente al Atlético de Madrid. Y recibió apenas 26 goles en contra. Una proeza vista en perspectiva. No sé hasta qué punto la inmensa mayoría de los madridistas valoran esto. Venimos de ganar Liga, Champions, Supercopa de España y Supercopa de Europa y es como si fuera otro día en la oficina. En tan solo un mes y medio de competición, para muchos han saltado todas las alarmas.
Si bien es cierto que el Madrid no juega como los dioses, tampoco podemos ignorar que sus números son muy positivos. Ha ganado todos los partidos menos dos. Y esos dos han sido empatados al arranque de la Liga. ¿Qué más se quiere? Hay muchas piezas claves que llevan poco tiempo de competición y otras que directamente han sufrido bajas. Basta con ver cómo la vuelta de Aurélien Tchouaméni y Jude Bellingham ha dado alas al equipo. Y aún queda que Eduardo Camavinga vuelva a la dinámica.
Entiendo que muchos aficionados aspiren a ver un mejor fútbol y que su equipo gane algunos partidos por goleada. Bien, es una aspiración legítima teniendo entre tus filas a algunos de los mejores futbolistas del mundo. Para muchos a estas alturas ya teníamos que ir de manita en manita pues tenemos a Vinícius, el más que posible próximo balón de oro, al crack mundial de Bellingham y a Kylian Mbappé, el mejor jugador de la actualidad para muchos. Es decir, los tres mejores jugadores del fútbol mundial comparten vestuario.
Lo que pasa es que hablamos de fútbol y el fútbol es más complejo de lo que parece. Comprendo que muchos madridistas quieren ver a su equipo en la excelencia pero la vida es dura. Por ejemplo, sin ir más lejos, yo quisiera estar ahora mismo tomando café con Scarlett Johansson y, sin embargo, aquí me tienen escribiendo esta columna mientras apuro un té. Como dijo el filósofo Mick Jagger, no siempre obtienes lo que quieres.
Respecto al fútbol español, hemos tenido unos días curiosos. El señor Tebas tuvo a bien personarse en el célebre canal de YouTube del archiconocido Jordi Wild y allí soltó algunas perlas. La anécdota más chirriante fue sobre el amaño de un partido de un presidente de la zona de Castellón, que si tal que si cual. Para sorpresa de nadie, a la inmensa mayoría de la prensa deportiva esto o le hace mucha gracia o, simplemente, lo ignora en sus programas.
Decía Nicolás Maquiavelo que la experiencia siempre ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos. Este es el marco en el que nos movemos y con estos bueyes tenemos que arar. No es de extrañar que tantos cientos de miles de aficionados, entre los que me encuentro, deseemos con devoción que arranque la Superliga ya antes que otra historia. Al fin y al cabo, necesitamos como respirar un fútbol moderno, de élite y gestionado de forma óptima. Y además, de lejos, el modelo de la Superliga es mucho más atractivo. Dios quiera que no se demore más.
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El entusiasmo, alegría y apoyo incondicional a nuestro equipo jamás deberían hacernos acríticos para con él, pues la mesura ática es una virtud en sí misma, y su abandono nos dejaría en terrenos más propios de la ceguera y, en última instancia, del fanatismo, más propio de otras latitudes, incluso dentro de nuestro país. Esto incluye el enjuiciamiento a Vinícius, al que me referiré después.
Somos madridistas. Ello implica de manera intrínseca excelencia, profesionalidad que nos llevarán al gozo y solaz, especialmente en primavera. El reverso a ello, tenebroso o no, es la exigencia en la búsqueda de la excelencia para con todos los que componen nuestro club, ya sean directivos, jugadores o técnicos. Es perfectamente lícito y sano ser conscientes de los errores que cometemos nosotros mismos y la gente que compone nuestro club.
La perfección es inalcanzable, sí, pero en el Real Madrid sabemos mucho de eso de vencer imposibles. Es ese espíritu, y no otro, el que lo ha convertido en el mejor club deportivo de la Historia.
El actual Real Madrid tiene mucho, muchísimo de bueno, sin duda, y no hay espacio en esta Galerna para glosar todas sus virtudes, pero también tiene defectos. Institucionalmente, sigue una política de comunicación en la que resulta muy sencillo confundir el virtuoso término medio platónico con la blandura. A nivel deportivo, hay individuos que, en opinión de quien esto escribe, no están actuando de manera correcta, si bien es muy probable que los resultados lo refuten y demuestren que no tengo ni idea de fútbol, y seré el primero en alegrarme de mi error. No me gusta, es más, me produce pereza la alineación que sacó ayer Ancelotti. Pertenezco a esa clase de aficionados con ansia por caras nuevas, y deseando estoy en cada momento ver en el once titular al mago turco Arda Güler y al Orzowei brasileño Endrick, pues son el futuro del club. No estoy conforme con la gestión de Carletto de las “ierarquías”, que, en mi simpleza, confundo con hipotecas morales, en Román paladino, con ese tan dañino “con todo lo que nos ha dado”.
Tampoco estoy de acuerdo con la decisión de sacar a Vallejo por aclamación cuando se trata de un jugador que no tiene nivel físico ni técnico para jugar en el Real Madrid por muy buen profesional que sea y muy buen ambiente que cree en el vestuario.
No me gusta la actitud de Vinícius Junior con los árbitros. Los árbitros prevarican y hay barra libre de patadas y provocaciones contra él, de eso no parece que haya duda. Vini cobra por jugar al fútbol, y parte del juego es saber gestionar la provocación, adquiriendo la fuerza mental necesaria para no caer en ella, máxime cuando en esta temporada las protestas realizadas por jugadores del Real Madrid están siendo sancionadas con (aún más) saña en las corruptas competiciones españolas por los corruptos árbitros españoles, dependientes del corrupto CTA y sus corruptos dirigentes. Mi sensación es que Vinícius empezó la temporada con la cabeza en Arabia, ofreciendo un nivel de juego de todo punto inaceptable. Quién no lo haría si son ciertas siquiera la mitad de las cantidades que se dice que le ofrecieron. Como no tengo ni idea de fútbol, yo, en el lugar de los directivos madridistas, habría aceptado la oferta, habría cogido una cantidad de dinero mareante y la habría empleado para fichar un delantero centro de nivel mundial y restar saturación a la nómina de atacantes con querencia por la banda izquierda. Sí, me refiero a ese delantero, a ése, al de la motosierra.
Aún ahora, habiéndose entonado el bueno de Vini, sigue manteniendo actitudes de todo punto perjudiciales para él y para el equipo. Comprendo su indignación con los corruptos colegiados y su, en el mejor de los casos, sibilina forma de arbitrar contra el Madrid, pero cobra, y no poco, también por mantener la cabeza fría. La vehemencia y, no podemos negarlo, histrionismo con que se maneja sólo van a redundar en su perjuicio y en el del equipo, pues le granjearán amonestaciones que amenazan su presencia en el campo.
Vini cobra por jugar al fútbol, y parte del juego es saber gestionar la provocación, adquiriendo la fuerza mental necesaria para no caer en ella, máxime cuando en esta temporada las protestas realizadas por jugadores del Real Madrid están siendo sancionadas con (aún más) saña en las corruptas competiciones españolas por los corruptos árbitros españoles, dependientes del corrupto CTA y sus corruptos dirigentes
La inteligencia se demuestra peleando las batallas que podemos ganar y no luchando en causas que, aunque justas, nos asemejan más a Quijotes lanzándose contra molinos que al mejor club de la historia. Antes de que nadie diga nada, no me estoy refiriendo en absoluto en la lucha contra el racismo que Vini abandera, causa ésta tan justa como necesaria.
La corrupción la combatiremos desde los despachos si Florentino Pérez así lo estima, pero, en el campo, lo que toca es, salga quien salga, jugar y, como casi siempre, ganar.
Hala Madrid.
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Buenos días, amigos, y bienvenidos a esta mañana madridistamente agridulce. Las victorias de nuestro equipo en La Galerna se celebran, pero no podemos negar un cierto sinsabor por el final del partido. Lo que estaba destinado a ser una goleada gozosa se convirtió en un ligero suplicio, con el Alavés cerca de remontar tres goles y el Madrid pidiendo la hora.
El 3-2 final nos sirve para sumar tres puntos y llegar bien posicionados al derbi del próximo domingo. Sin embargo, la descarada reserva de fuerzas del final (otros lo llamarían siesta) añade un filtro de insatisfacción. La guinda del pastel de amargura lo trajo el colegiado, CTA de pura casta, que sancionó con tarjeta amarilla cualquier muestra de desaprobación de sus (excéntricas) decisiones por parte de los jugadores blancos, perdonando en cambio tarjetas claras por juego brusco a los futbolistas del Alavés. Siete faltas del Madrid, cuatro tarjetas; diez faltas del Alavés, cero tarjetas. Podéis leer aquí la desabrida crítica a la labor arbitral por parte de nuestro experto Alberto Cosín.
As habla de “sinfonía incompleta”, y nos parece hasta generoso. El hombre que trae a portada el diario madrileño es Mbappé, cuyo gol fue acaso el primer golazo kyliano como tal que ha facturado en la liga española. La jugada que tejió con Bellingham es un lujo al alcance de pocos, y el regate final en el área define a un extraterrestre, un monumento al fútbol sobre dos piernas. Le falta aún para ser el Mbappé que deslumbró al planeta, pues está recobrando su mejor forma tras una temporada extenuante. Pero ahí anda.
Antes de ese gol, de hecho antes de casi todo, se había registrado el tanto de Lucas Vázquez tras formidable jugada de Vinícius. El brasileño volvió a ser determinante, y dejó para el recuerdo gambeteos y carreras que solo pueden salir de su cosecha. También brilló Rodrygo, cuyo tercer gol, al comienzo del segundo tiempo, hizo albergar la esperanza de una goleada que después, como ha sido dicho, se quedó por el camino.
Dice Marca que el Madrid “jugó con fuego” y no se equivoca, pero sí actúa con astuto sectarismo cuando agrega que Luis García reclamó la expulsión de Endrick, por todo apunte relativo a la cuestión arbitral. ¿Nada que decir sobre la fijación utilitaria de Muñiz Ruiz con los futbolistas blancos, a quienes no les permitía ni levantar el brazo, mientras no sancionó con una sola tarjeta amarilla las entradas peligrosas de tipos como Mouriño? Lo sintetizó perfectamente el genio Marselle en su viñeta, que reproducimos. El Madrid se reserva, el CTA no.
Se supone que el nuevo reglamento auspicia el tarjetear sin ton ni son por meros gestos de desaprobación hacia el árbitro, pero ni en la fantasía más negreiril y tebista del mundo se concibe que Vinícius pueda ver tarjeta por instar a su propio público a animar mientras le pueden romper el tobillo sin ver tarjeta. Se supone que el capitán es ahora el único que tiene derecho a dirigirse al colegiado, pero entonces ¿por qué amonestó a Modric, que SÍ es el capitán?
Por otro lado, ¿nada que decir, Marca, sobre el grosero agarrón a Mbappé?
Los medios no escritos tampoco tienen hoy nada que decir sobre la nueva manifestación de negreirismo vivida ayer en el Bernabéu. Al contrario: ponen el foco en la jugada de Endrick (muy al final del partido) y una supuesta expulsión perdonada a Vinícius por reírse al ver el descuento aplicado por Muñiz. Es el relato nuestro de cada día, amigos. Nada podemos hacer nosotros, salvo denunciarlo un día sí y al otro también.
Así vivimos, queridos galernautas. Así nos manejamos en el fango permanente que es el fútbol español, por utilizar la terminología al uso. Os dejamos con la prensa cataculé.
Pasad un buen día.
Courtois (5)
Sin mucho trabajo hasta que le enchufaron por sorpresa dos chicharros en un minuto.
Lucas Vázquez (7)
El gallego infalible.
Militao (6)
Sin sobresaltos… hasta que se fue.
Rüdiger (6)
Contuvo las acometidas al final.
Mendy (5)
Insustancial.
Tchouaméni (6)
Buen partido.
Valverde (8)
A los motes animalescos de Pajarito o Halcón habría que añadir el de Pulpo, por la pila de balones que roba. Qué despliegue.
Bellingham (8)
Con él, el Madrid juega a otro deporte, Pepe Kollins dixit.
Mbappé (7)
La manera de la que se deshizo de su marcador en el gol es ballet.
Vinícius Jr (7)
Incisivo y mortal en el primer minuto… pero se va a liar y aún no sabemos por qué.
Rodrygo (8)
Velocidad, desborde… y gol. Con noches como esta se reivindica Goes.
Modric (6)
Proporcionó temple en los momentos de zozobra.
Vallejo (5)
Proporcionó zozobra en los momentos de temple.
Endrick (6)
Incontenible. Es una furia. Va con todo contra todos.
Güler (5)
Irrelevante.
Fran García (-)
Sin tiempo.
Ancelotti (6)
La merengada tiende a reprochar a Ancelotti lo tardío de sus cambios.
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Júbilo, regocijo. Albricias. Acostumbrados al eterno baldío que constituyen los primeros tiempos en Liga para nuestro Madrid, esta vez los de Carletto sólo tardaron 54 segundos en abrir el marcador ante el Deportivo Alavés en el Bernabéu. Un excelso y kilométrico cambio de juego de Fede Valverde —¡ay, madre, como añada la precisión tierra-aire de Alonso o Becks a su repertorio!— y un demarraje supersónico de Vini ante un defensor babazorro que aún estaba ajustándose la espinillera fueron suficiente para que Lucas Vázquez apareciera por sorpresa para hacer el 1-0, el segundo de los goles anotados en el primer tiempo por el Real Madrid en lo que llevamos de temporada. El último, Goes en Mallorca en la jornada inaugural de los blancos, informa la central de datos del chat de La Galerna.
Tuvo que ser Lucas Vázquez, el gallego infalible, para desesperación de Luis García Plaza en recuerdo de aquellos memorables e iracundos espasmos incontenibles que le provocó un gol noventoide del Madrid en Mendizorroza la temporada pasada. También fue entonces obra de Lucas Vázquez, la única novedad de un once tradizzionale de Carlo, en el que esperábamos más cambios, máxime considerando lo maltrecho del hombro de Jude y que en cuatro días viajamos a territorio comanche donde nos esperan con el Tomahawk entre los dientes. No obstante, ya sabemos que Ancelotti con esto de las rotaciones es como el legendario Rotato Potato de la teletienda de madrugada.
Adelantarse tan pronto en el marcador sentó bien al Madrid, que acogotó a su rival sin mayores complicaciones por más que la infografía en televisión informara del empate a una ocasión de gol para ambos equipos. Debió ser por un despeje peculiar de Rüdiger o un tiro raso que detuvo Courtois sin mayores complicaciones. En cualquier caso, un Alavés timorato poco a poco se fue sumiendo en la indiferencia, siendo lo más reseñable una carrera perdida del trompetero Villalibre ante las extravagantes rodillas levantadas de Rüdiger.
Entretanto, el colegiado anulaba por claro fuera de juego una pieza de la Filarmónica de Chamartín con Bellingham como director de orquesta. El Rock&Roll se lo reservaba Vini, que dejó un roto impresionante sobre Mouriño —con “ñ”— que castigó con una falta intempestiva al carioca. Fue entonces cuando Muñiz Ruiz, así se llama el susodicho del pito, amonestó a Vinícius por encorajinar al público con un vamos carallho. Mbappé, flipando, aunque, claro, más fliparía su marcador pocos minutos después.
Al filo del descanso, Kylian descargó de tacón sobre Bellingham que, sutil como acostumbra, filtró un medido pase interior al 9 merengue. Fue entonces cuando Mbappé, para anotar el segundo, en único, fino y veloz movimiento, se deshizo no sólo de este Diarrá del Alavés, sino de todos los Diarrás balompédicos del mundo. 2-0, golazo, no hay quinto malo.
Con el partido prácticamente resuelto compareció el Real Madrid en el segundo tiempo para a los tres minutos de la reanudación resolverlo del todo. O eso parecía. El caso es que Rodrygo, reivindicativo esta noche, aprovechó el ensimismamiento babazorro para avanzar, avanzar, avanzar y hacer el tercero entre las piernas de Sivera. Dada la situación —y sin tener que jugar en el Metropolitano el domingo— el Alavés comenzó a mover el banquillo mientras Ancelotti seguía mascando chicle.
Con el partido prácticamente resuelto compareció el Real Madrid en el segundo tiempo para a los tres minutos de la reanudación resolverlo del todo. O eso parecía
Los primeros cambios llegaron, fiel al estilo Carletto, en torno al 70´. Un ovacionado Valverde y un muy buen Rodrygo Goes esta noche dejaban su lugar a Modric y a Endrick, con veinte minutos por delante, ante una especial expectación del Bernabéu.
Poco tardó nuestro joven James Brown brasileiro en abrir el tarro de las esencias con un disparó seco desde la esquina del área que astilló la cruceta del arco del Alavés. Poco después dejaba un recadito en una tarascada con Mouriño, un tipo especialmente indigesto. Mucho de Endrick en poco tiempo. No obstante, la felicidad era incompleta. Nos faltaba Aladin Güler. Incluso Vallejo, que contemplaba el partido en la banda con el chaleco de los suplentes, en espera de una oportunidad que llegó en el 78 entre la aclamación de un estadio que aún recuerda los críticos minutos que disputó con solvencia en aquella memorable eliminatoria contra el City. Ambos entraban en liza en sustitución de Militao y Mbappé.
En aquel momento, todo parecía plácido y feliz .
Entre tanto cambio, Protesoni, que es un futbolista del Alavés, no un medicamento, recortó distancias en el 85´con un fenomenal disparo desde la frontal que provocó el cabreo de Ancelotti, molesto por cierta relajación merengue, dejadez que desataría su cólera apenas un minuto después cuando Kike García, que siempre nos moja, puso un sorprendente 3-2 en el marcador tras una pérdida madridista.
Que inesperadamente el partido recobrara toda su emoción, el precio de la falta de concentración de un Madrid que se despistó en los cambios que tanto reprochamos tardar hacer al bueno de Carlo. Y nosotros, incautos forofos, que esperábamos una noche tranquila y nos enchufan seis minutos de descuento. Para jugarlos entraba Fran García en lugar de Vinícius, que se fue despotricando con no se quién en la banda. Se viene lío portanalítico. Endrick, muy activo, pudo sentenciar tras un buen pase de Modric mientras el Alavés balón largo a balón largo y córner a córner llevaba la zozobra a las gradas. Afortunadamente no hubo tiempo para más, salvo la discusión que, concluido el partido, mantuvieron García Plaza y Ancelotti ¿a propósito de Vinícius?
Que inesperadamente el partido recobrara toda su emoción fue el precio de la falta de concentración de un Madrid que se despistó en los cambios que tanto reprochamos tardar hacer al bueno de Carlo
En cualquier caso, maquillajes del marcador y lapsus de concentración —que en otras latitudes futbolísticas pueden ser mortales— al margen, —si es que tal cosa es posible— el hecho es que el Madrid acumula toda una Liga sin perder, con el Metropolitano en el horizonte, allá donde sufrimos nuestra última derrota para deleite indio.
El domingo llega la hora de la venganza.
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