Pancho Puskas aterrizó en el Real Madrid en el verano de 1958 con 31 años, sobrado de kilos, tras un parón de 22 meses sin jugar debido a una sanción de la FIFA y con mucha incertidumbre. Fue un fichaje arriesgado, pero acabó siendo un éxito rotundo. No se vio al jugador magiar de principios de los años 50, en su mejor estado físico cuando jugaba en el Honved y la selección húngara, pero todavía resultó diferencial. Algunos de sus compañeros en el equipo blanco alucinaron con las capacidades de Cañoncito Pum y se preguntaban que, si era así en ese momento, cuál debió de ser su nivel en la plenitud. Los datos que dejó Puskas en su bagaje merengue en cuanto a partidos y goles fueron extraordinarios: 262 encuentros y 242 tantos, a una media de 0,92 por choque.
Para la historia del club madridista legó varias tardes prodigiosas. En seis oportunidades perforó la red rival en cuatro ocasiones consiguiendo un póker (Elche por dos veces, Cultural Leonesa, Eintracht Frankfurt, CD Mestalla y Feyenoord) y en una alcanzó el repóker frente al Elche. Pero su mejor día en la faceta goleadora se produjo el 18 de junio de 1961. El Real Betis visitaba el Santiago Bernabéu para la ida de las semifinales de la Copa en la temporada 60-61. Puskas anotó seis tantos y batió un registro anotador histórico que sigue vigente en las estadísticas globales del Real Madrid. Es el jugador que más goles ha marcado en un partido oficial con la zamarra blanca. El único que llegó a la media docena.
El Real Madrid había conquistado la Liga con Puskas como trofeo ‘Pichichi’ con 27 dianas y en la Copa, que se celebraba al final del curso, continuó con el punto de mira muy afinado. Antes de medirse al cuadro verdiblanco había marcado en todos los partidos coperos menos en uno. Acumulaba siete tantos al anotar un doblete al Hércules tanto en la ida como en la vuelta en dieciseisavos, un gol al Racing en El Sardinero y otro en el Santiago Bernabéu en octavos, y un tanto contra el Athletic Club en San Mamés en la ida de cuartos.
su mejor día en la faceta goleadora se produjo el 18 de junio de 1961. El Real Betis visitaba el Santiago Bernabéu para la ida de las semifinales de la Copa en la temporada 60-61. Puskas anotó seis tantos y batió un registro anotador histórico que sigue vigente
Miguel Muñoz alineó todo su arsenal para la ida ante los béticos en el Santiago Bernabéu, donde quedó sentenciada la eliminatoria. La delantera, debido a la baja de Canario porque los extranjeros no podían disputar la competición, la formaron Mateos, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento. El Real Madrid venció por 7-1 y los espectadores vivieron un verdadero festival ofensivo. A la fiesta anotadora de Cañoncito Pum se unió Mateos, que consiguió el otro tanto merengue.
Los seis goles de Puskas los explicó así Jesús Fragoso en su crónica del encuentro en las páginas de MARCA. El primero a los 12’: “Puskas pasa a Del Sol y este a Gento, que, desde el extremo, devuelve a Del Sol, para que el interior derecho pase a Puskas, quien, a media vuelta, dispara bombeado y a la izquierda de la puerta de Otero y marca”.
El segundo a los 26’: “Gento pasa sobre Casado adelantado. El defensa corre en misión de extremo izquierdo y centra muy bien. Puskas, de cabeza, marca por el lado izquierdo de la meta bética”. El tercero a los 66’: “Grau pasa mal y la pelota se la lleva Del Sol, que la envía sobre Puskas y este, de un gran tiro cruzado a la izquierda, logra un nuevo tanto”.
El cuarto a los 78’: “Puskas, en posición dudosa, recoge una pelota en jugada sin aparente peligro. Ante la impasibilidad de los béticos, incluido Otero, que había abandonado el marco, Puskas llega solo bajo los palos, coloca la pelota en la línea de puerta y luego, suavemente, la da con el pie y marca”.
El quinto a los 83’: “tras un barullo ante el marco bético, Di Stéfano pasa a Puskas, que tira y marca por la derecha de la puerta de Otero”. Y el sexto a los 90’: “Gargallo zancadillea dentro del área de Del Sol. El penalty es ejecutado por Puskas, que marca por la derecha, mientras Otero se lanza al lado contrario”.
Al final del choque Puskas era el gran protagonista y todos los medios de comunicación buscaron sus declaraciones a la salida de vestuarios. En el diario Pueblo y en MARCA recogieron sus palabras: “Estoy contento, muy contento. No se meten todos los días media docena de goles; pero no puedo precisar si ha sido esta la primera vez en mi vida que lo he hecho”. Añadiendo respecto a los nervios que afloraron en algún momento en el terreno de juego que “en esos casos, pienso que mis compañeros se tienen que ganar la vida con las piernas. Y procuro no perder la tranquilidad, porque me da pena darles un golpe”.
Puskas: No se meten todos los días media docena de goles, pero no puedo precisar si ha sido esta la primera vez en mi vida que lo he hecho
En la prensa los halagos y los elogios al delantero fueron abundantes y cuantiosos en diferentes crónicas y columnas de opinión de varios periódicos. En MARCA, Rafael Martínez Gandía escribió: “de los siete goles si no vi yo mal, Puskas metió seis. ¡Qué bestia! Digo, ¡qué bárbaro! Pancho es más conocido desde el domingo por la noche por ‘Puskas, 6’”. En el diario Pueblo, Matías Prats Cañete comentó: “Puskas destacó poderosamente por encima de todos los demás. Su gran partido como realizador fue insuperable. Si se contabilizan sus tiros a puerta y el número de goles conseguidos, habría que concederle un porcentaje de eficacia verdaderamente asombroso. Seis tantos de los siete que subieron al marcador tuvieron a Puskas como artífice directo. Por ello, quizá sea orientador buscar en él, en su manera de jugar, siempre adelantado, como punta amenazadora, en la burla consumada que hizo del marcaje de Lasa, una de las claves del partido”.
En ABC, Lorenzo López Sancho opinó: “la lancha rápida la tuvo el pentacampeón cuando Puskas, en la segunda parte, puso el motor fuera borda a su magnífica canoa. El magiar estuvo espléndido”. Y, por último, Jaime Campmany, en el diario Arriba, no escatimó ni una alabanza en su pieza titulada ‘Puskas, el zorro’: “Silencioso, suave, astuto, ladino, solapado, feroz, pacienzudo, habilidoso y escurridizo. Os hablo, claro, de Puskas. Dentro de ese breve pero asombroso parque zoológico que es la delantera del Madrid, a Puskas corresponde la labor del zorro. Viejo zorro del fútbol europeo, viejo por sabiduría, como si en él se juntaran y confluyeran los saberes de esta vieja Europa, que tanto sabe, Puskas a sus treinta y tantos años, ha dado una de las más asombrosas y regocijantes lecciones de astucia que haya visto el fútbol de todos los tiempos. Zorro cazador que conoce la paciencia de la espera y la ciencia de la oportunidad, cobró seis piezas difíciles. Seis goles de un mismo jugador son demasiados goles para no dedicar al goleador elogios muy especiales. Yo saludo a Puskas, el goleador de Chamartín, como quien saluda al más preciado ejemplar del fútbol y la zorrería. ¡Oh!, silencioso, suave, astuto, ladino, solapado, feroz, pacienzudo, habilidoso y escurridizo. Puskas: zorro plateado e incazable de ese zoológico breve y curioso que es la delantera del Real Madrid”.
Fotografías: archivo Alberto Cosín.
Suele decirse que el deporte es la recuperación periódica de la infancia, de ahí que nos mostremos tan vulnerables durante los partidos de nuestros equipos. Además, a menudo los hinchas utilizamos metáforas y referentes infantiles para explicarnos lo que estamos viendo, ajenos a la trama táctica y emocional que guía el rumbo de los acontecimientos. Personalmente, mi condición pesimista acostumbra a instalarme, como en una letanía, en la fábula de Pedro y el lobo, buscando a la fiera escondida en cada nueva posesión; todo ello con independencia de que el marcador señale una ventaja de treinta puntos. Y no resulta descabellado considerar que, si existe un lobo en el baloncesto europeo, se trata de Olympiacos.
No obstante, durante el primer tiempo parecía que ni siquiera los más cenizos íbamos a tener argumentos para escondernos debajo de la mesa. El Madrid salió de manera apabullante, con un acierto en el lanzamiento exterior que probablemente desconcertó a sus rivales, que fueron zarandeados inmisericordemente. Tres triples seguidos sin fallo de Hezonja —bajaría su nivel a partir de ahí—, un puñado de puntos de Musa, Tavares repartiendo tapones con su matamoscas… La fluidez era tal que Chus Mateo se permitió dar algún minuto más de lo previsto a Ndiaye, seguramente aferrado a la conveniente creencia de que no hay que tocar lo que está funcionando. Recordemos que el entrenador madridista ganó una Euroliga plantando una zona durante más de media hora sin que le temblase el pulso: imposible no acordarse de Zidane, su expresión inocente y sus encogimientos de hombros. Daimiel estaba en la grada y alguien podría haberle preguntado por qué todos los calvos sonríen igual. En el siguiente período la segunda unidad del Madrid respondió tan bien como la primera, con un Causeur y un Chacho extraordinarios y con Rudy lanzándose por los suelos para robar un balón como si tuviera veinte años menos. La única mota de polvo fue el triple final regalado desde casi el centro del campo, pero en semejante contexto —-ventaja máxima de 25 puntos— nadie se atrevió a alzar ninguna ceja.
Este domingo los merengues pueden lograr su segundo entorchado consecutivo. Sería el más difícil todavía, contra otros griegos aún más duros que estos
Craso error. Tras la reanudación, el lobo asomó las fauces. Olympiacos cerró la sangría del rebote y apretó en defensa, dispuesto a vender cara su piel. Los lanzamientos que hasta entonces había errado el obtuso Walkup comenzó a jugárselos el dañino McKissic, mientras que Peters se convertía en el auténtico punto de inflexión, al ganar las peleas en la pintura y añadir oxígeno desde la anotación. A los mandos de todo se situaba Williams-Goss, dispuesto a castigar con la ley del ex sin mover un músculo de su taciturna expresión facial. Por otro lado, el aro heleno parecía haber disminuido su diámetro varios centímetros, al Madrid le costaba encestar incluso los tiros libres, y la atmósfera exultante desapareció. Un par de arranques de Llull ayudaron a gestionar con mayor optimismo el aciago parcial: en realidad Olympiacos no terminaba de acercarse a una distancia peligrosa, pero había una sensación extraña. Un temor sordo, como el que uno siente cuando se imagina que lo observan. O que lo acechan.
En los últimos minutos la brecha se redujo por debajo de los psicológicos diez puntos, y el criterio tremendamente permisivo cambió para señalar una cuarta personal a Tavares, que acabaría eliminado antes de lo previsto. En ese instante, dos genios que juegan en la misma demarcación asumieron la responsabilidad. Sergio Rodríguez, al percatarse de las dificultades del equipo para circular con claridad, dijo que todos los balones se los dieran a él. Por su parte, Facundo Campazzo, poco inspirado en la parcela ofensiva, se centró en secar a Goss y encadenó una serie de robos que a la postre resultaron decisivos. Mateo tuvo la valentía de mantener a los dos bases simultáneamente en la pista y le salió bien: Musa ejecutó y el madridismo respiró aliviado. Si bien en una Final Four hay poco lugar para la autocomplacencia.
Este domingo los merengues pueden lograr su segundo entorchado consecutivo. Sería el más difícil todavía, contra otros griegos aún más duros que estos. Aunque conviene no dejarse llevar por la ansiedad y el pánico. Al fin y al cabo, alguno, releyendo los cuentos infantiles para intentar tranquilizarse en las horas previas, puede llegar a la conclusión de que quizá el verdadero lobo es el Madrid.
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Ante la atenta mirada de Bill Murray, los fantasmas inquietaron algo pero no llegaron a atacar al Jefe, y el Real Madrid se plantó en la final de la Euroliga por tercer año consecutivo, esta vez en busca de la Duodécima. De lograrla, serán dos seguidas, y habrá igualado un récord que viene de los 50 y del Madrid legendario de Ferrándiz.
El partido comenzó con una exhibición brutal de ambos equipos desde el exterior, con Musa y sobre todo Hezonja francamente inspirados y una respuesta acorde por parte del equipo griego. La acostumbrada eficiencia defensiva de Tavares, con un gran tapón, y algunos robos de balón, dieron pie a un ligero despegue blanco, con 14-8 en el ecuador del primer cuarto bajo la dirección maestra de Campazzo.
El Madrid se iba haciendo dueño del rebote y Musa no aflojaba desde el perímetro, lo que reforzaba el ascenso del Madrid, sostenido sobre una gran defensa que forzó varias pérdidas de balón de los de Barzokas. Para colmo de males griegos, Tavares empezó a carburar en ataque también. El Madrid anotaba desde fuera y en la pintura, acrecentando la sensación de impotencia de sus desarbolados oponentes. Yabusele se sumó a la exhibición, implacable de tres y en penetración.
Al comienzo del primer cuarto se llegó con un rotundísimo 28-10 y la sensación de que mucho tenían que estropearse las cosas para bloquear el camino a la Final. El Madrid era una máquina impía.
Aunque el segundo cuarto comenzó con una pájara ofensiva notable, todo volvió a cobrar un cariz de normalidad a resultas de un gran triple de Musa, que había entrado en acción junto al Chacho y Poirier. Un maravilloso alley oop del francés, canónicamente asistido por el Chacho, asentó las sensaciones de que las cosas volvían a la senda apalizadora.
El Madrid seguía forzando innumerables pérdidas de balón y afianzaba su seguridad en el rebote. Al ecuador del segundo cuarto, un 2+1 de Yabusele hizo al Madrid doblar a Olympiakos en el marcador (42-21). Un triplazo de Sergio Rodríguez y otro alley oop de Poirier hicieron el marcador aún más apabullante (47-24), dando la sensación de que la pregunta era más por cuánto que otra cosa. Barzokas pedía tiempos muertos enternecedores, suplicando a micrófono abierto a los suyos, desdibujadísimos, que no bajaran los brazos. Lo decía literalmente, habida cuenta de la pasividad defensiva de su escuadra. Llull también se sumaba a la fiesta, reduciendo poco a poco la ambición de los griegos a la opción de bajar de los veinte puntos de margen. Al descanso lo lograba. 56-37. Enhorabuena, sólo 19. Yabusele, no obstante, advertía al descanso de la tendencia de Olympiakos a remontar marcadores abultados.
El comienzo del segundo tiempo hizo pensar que no andaba desencaminado el de Dreux. Un 2-14 de parcial sembró la inquietud, aunque un tapón de Hezonja y un posterior triple del mismo calmaron las aguas. Dos triples de Williams-Goss (la ley del ex también sirve en baloncesto) certificaron la reacción de Olympiakos, que además de recortar puntos parecía recuperar parte de su juego habitual, totalmente extraviado en la primera mitad. Los blancos la perdían con la misma facilidad que sus oponentes en el primer tiempo, pero unos inspiradísimos Musa y Hezonja y las chapas de Edy aplacaban algo la reacción. Un triple de Peters, no obstante, dejó la ventaja en unos psicológicos 10 puntos que obligó a Chus Mateo a pedir un tiempo muerto del que el Madrid retornó con una mandarina providencial de Llull. Dos tiros libres de Poirier desembocaron en un 71-58 al término del tercer cuarto.
Peters descerrajó al comienzo del último cuarto un triple que devolvió los 10 puntos de distancia. El baloncesto nunca deja de demostrar que un simple segundo es un mundo. Yabusele respondió con otro, pero lo propio hizo un homérico Williams-Goss. Tan cierto era que el marcador era más inquietante como que el Madrid no se descomponía, a pesar de que Hezonja estragó su acierto desde el triple. Williams-Goss volvió a elevarse, mortífero, y reventó la barrera psicológica de los 10 puntos, colocando el 76-67 que acrecentó la preocupación. Quedaban 6 minutos y algunos segundos. Un mundo.
Con 79-69, el Chacho se elevó para dos puntos tranquilizadores, pero los griegos habían recuperado definitivamente el acierto exterior y las metían de tres. Para colmo de angustia, Tavares cometió la quinta, aunque la ventaja no bajaba de los 9-10 puntos. El Madrid carecía de inspiración pero tiraba de oficio, en contraste con la ingenuidad de Olympiakos. A falta de 1:34, Campazzo robó un balón que cedió a Musa para su canasta fácil. Se antojó una jugada decisiva, y cuando Musa volvió a anotar tras una asistencia de lujo del Chacho todo indicaba que lo peor había pasado. 15 arriba y el susto había pasado.
"Así, así, así gana el Madrid" en la grada, Bill Murray incluido, y a la Finalísima.
PD: No está documentado que Bill Murray lo cantara, pero tampoco lo contrario.
Las partes en calidad de investigados recurrieron el auto de 27/09/2023 dictado por el juez instructor, donde atribuían un delito continuado de cohecho, sin perjuicio de mantener la calificación alternativa de delito de corrupción deportiva del articulo 286bis 4 del codigo penal. En este auto pasaba a ser investigado el actual presidente del FCB.
La mayoría de los recursos se basan en el carácter de entidad privada de la RFEF y en la no condición de funcionario publico de Enríquez Negreira.
El Real Madrid se opone a estos recursos indicando que el vicepresidente del CTA Enríquez Negreira desempeñaba funciones publicas y ello tenía cabida en el concepto penal de funcionario publico, basándose en jurisprudencia de las audiencias.
La Audiencia Provincial de Barcelona resuelve admitiendo los recursos de los investigados en base a los siguientes aspectos:
1.-La Audiencia, con la redacción de la actual ley del deporte 39/2022, indica que las federaciones son entidades privadas de naturaleza asociativa y que gozan de un régimen especial por la actividad que desarrollan y por las funciones publicas delegadas que le son encomendadas, respetando su naturaleza. Esto también era recogido en la antigua ley del deporte (ley10/1990).
Pero es curioso que el articulo 50 y 51 de la ley antes mencionada señala que las federaciones ejercen bajo la tutela del consejo superior de deportes, las funciones publicas de carácter administrativo. No obstante la Audiencia indica que, aun ejerciendo funciones públicas de carácter administrativo, se debe respetar su naturaleza.
2.- La Audiencia considera que Enríquez Negreira no es funcionario público, a pesar del concepto amplio al que se refiere el articulo 24.2 del Código Penal, en la jurispurencia del Tribunal Supremo.
Descarta la condición de funcionario, debido a que para ser considerado tal debe ser nombrado por autoridad competente. y el juzgador no contempla que el Presidente de la RFEF cuente con el ejercicio de mando necesario para considerarlo autoridad competente.
Asimismo, las funciones en el CTA no son funciones de carácter publico ni catalogadas de interés general, además de no ser ejercidas por delegación del CSD.
Al ser desestimada la investigación por delito de cohecho, el presidente actual del FCB deja de estar en la condición de investigado.
Persiste la misma contra las mismas personas físicas y jurídicas por los delitos señalados en la denuncia inicial del ministerio fiscal. (Delito de corrupción en el ámbito deportivo 286 bis 4 Código Penal, administracion desleal 252 y siguientes del Código Penal y falsedad documental 390 y siguientes del mismo Código).
A partir de este momento, se producirán las diligencias de interrogatorio de partes, testificales y las que se soliciten. concluyendo el juez con un auto de apertura de juicio oral si estima que puede haber indicios de delito, o auto de sobreseimiento si considera que no hay indicios suficientes.
Para el supuesto de que se emita auto de apertura de juicio oral, será enjuiciado por la audiencia provincial de Barcelona si supera( la peticion de pena de cualquiera de las partes) los cinco años sumados todos los delitos. porque se tramita por el procedimiento sumario ordinario.
Si no supera los cinco años, irá por el procedimiento abreviado, siendo el órgano enjuiciador el Juzgado de lo Penal de Barcelona.
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El fútbol es un juego de mentiras. Hablábamos del valor doble de los goles marcados fuera de casa cuando en realidad no lo era. Era más acertado decir valor extra para referirse a que, en caso de empate a goles en la eliminatoria, pasaba el que hubiera marcado más tantos como visitante. Lo del valor doble era una inexactitud para deshacer empates pero se recicla perfectamente para explicar el gol de Ramos en Lisboa. Un gol embustero, un gol que no supuso el empate, como dijo el marcador, sino la victoria, como adivinó el corazón; el de los rojiblancos, congelado, el primero. Todo el mundo sabe que el Madrid ganó la Décima gracias al gol de Ramos. Que los goles de Bale, Marcelo y Cristiano fueron réplicas del terremoto que había desatado el central blanco en el epicentro de la segunda etapa más gloriosa del club.
Rebobinas la jugada y resulta que hay un córner antes del gran córner. Modric lo saca en corto para Carvajal, que se la devuelve al croata, este aborta la primera idea de centrar y se la da a Isco, que no se atreve a tirar porque hay menos huecos que en el metro en hora punta. Acaba chutando Di María, que siempre tuvo un punto de inconsciente, desde la izquierda, con un rival a medio metro. El balón sale rebotado hacia ninguna parte, hacia un lado del área donde el peligro estaba destinado a morir, donde Modric y Villa fingen un conato de pugnar por el balón y lo reviven. Otra vez córner. Y otra vez Carvajal que se ofrece a Luka para que saque en corto. Pero Modric ni lo mira. Porque el croata es una de esas personas que no olvida los lugares por los que pasó antes, y sabe reconocer desde el inicio un callejón sin salida. Ante la misma circunstancia tomó dos decisiones diferentes separadas por 30 segundos, el abismo temporal que va de la derrota más dolorosa al éxtasis más intenso de la historia, porque cuando marcó Mijatovic todavía quedaban 24 minutos para que pudiera empatar la Juventus, pero tras el gol de Ramos solo había una opción: restaba media hora para que el madridismo se reprodujera.
Con el balón todavía en el aire, toda Lisboa es ocupada por Sergio Ramos. No hay compañeros ni rivales en kilómetros a la redonda. Solo él y el balón para conectar un cabezazo cáustico, capaz de resumir una historia centenaria en unos pocos segundos. El Madrid nunca se rinde, el Madrid siempre cree. Ese gol congela a Ramos para la eternidad en sus 28 años, con pelo corto y barba, porque será la imagen que quede en el futuro de él. Los que no lo vivieron en directo sabrán quién fue Sergio Ramos por esa imagen.
cuando marcó Mijatovic todavía quedaban 24 minutos para que pudiera empatar la Juventus, pero tras el gol de Ramos solo había una opción: restaba media hora para que el madridismo se reprodujera
Un gol redentor para una leyenda del madridismo que habría sido señalada -justamente- por su error en el tanto encajado. El beso de Casillas a Ramos es el beso del rehén a su liberador. El mayor infierno que vivió el entonces capitán blanco en su última etapa como jugador del Madrid se dio en su cabeza desde el gol de Godín hasta el minuto 93. La famosa santidad de Iker también ayudó a poner el balón lejos del alcance de Courtois. El portero belga, víctima de la instantánea, llegó al vestuario del Madrid cuatro años después y encontró en las instalaciones de Valdebebas una foto en la que nunca alcanzará el balón. Espero que, después del rendimiento aportado, alguien haya tenido la delicadeza de pixelar la cara del guardameta, como si formar parte de la plantilla del Real Madrid fuera como entrar en un programa de protección de testigos: uno comienza una nueva vida cuando se pone la camiseta del Real Madrid. Y alcanza un nuevo estadio, el de la leyenda, cuando le da al Madrid una Copa de Europa. Fue el gol doble de Sergio Ramos.
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Buenos días, amigos. Os proponemos una cosa. Vamos a jugar a la ignorancia.
Vamos a jugar a que no sabemos, por ejemplo, que Piqué y Leo Messi trataron (¿consiguieron incluso?) cobrar a través de fondos de solidaridad de la UEFA, destinados en principio a la sostenibilidad de clubes europeos pequeños durante la pandemia, el dinero que su club les recortaba por causa de la propia pandemia. Vamos a jugar a que tampoco sabemos que, por si no fuese suficiente, utilizaron para ello al presidente de la RFEF, un sujeto llamado Luis Rubiales, y que en su bochornoso intercambio de WhatsApps con el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, este último insultó al presidente del Real Madrid llamándole "idiota y racista".
Os lo contábamos todo en el portanálisis de ayer, pero dado que ninguna portada de ayer ni de hoy (ni de nunca) detalla estos pormenores sin importancia, hagamos como si no supiéramos que si eso mismo (desviar fondos de la UEFA que eran para el futbol modesto en la pandemia, a fin de completar sus millonarios emolumentos) lo hubieran hecho Modric y Ramos en lugar de Piqué y Messi, hoy el Madrid tendría que echar el cerrojo y lanzar la llave al pozo de la desvergüenza culé, que es el más profundo y umbrío.
Vamos a jugar a que ignoramos esas y otras cosas de las que no hablan los periódicos deportivos, verbigracia que el FC Barcelona pagó durante 17 años (que sepamos) al vicepresidente del CTA para garantizarse arbitrajes favorables.
Si no supiéramos estas y otras tantas cosas más, podríamos enfrentarnos a las portadas de hoy (que por supuesto hacen caso omiso de todo ello) con ojos de inocencia, como si realmente fuéramos capaces de soslayar su complicidad tácita con tanta inmundicia.
Intentémoslo.
As pone el foco sobre la semifinal de la F4 que esta tarde disputan Real Madrid y Olympiakos. Si no pueden hablar del escándalo cuadrangular Piqué-Messi-Rubiales-Ceferin nos parece bien que, por un día, centren su mirada sobre el baloncesto, deporte en el cual el Real Madrid también es el rey de Europa.
Rey que esta tarde debe dar el primer paso para hacerse con la que sería su Euroliga número 12. El desafío es mayúsculo ante el equipo griego, pero los de Chus Mateo cuentan con una plantilla histórica (ya ganaron la Euroliga el año pasado) que deslumbra allá donde va. A portada trae As a Campazzo, Llull y Tavares, verdaderos puntales de la escuadra de gloria baloncestística que gozamos: Rudy, Poirier, Chacho, Musa, Hezonja, Yabusele y tantos otros. Ya el año pasado volvieron con el triunfo en todo lo alto, con esa canasta mágica casi sobre la bocina de Llull, y este año no esperamos menos.
¡Vamos!
Os contaremos lo que ocurra.
Marca, que tampoco quiere liarse cuestionando a figuras fundamentales en el Tinglao como son Leo y Geri, tapa el feísimo asunto con una entrevista con Van Nistelrooy. Nada que objetar a una entrevista con el grandioso Van the Man, al contrario. Lo que nos molesta es la ocultación de lo otro. Messi y Piqué presuntamente trataron (¿lograron?) de desviar fondos UEFA a sus bolsillos para completar la ficha que el Barça no podía pagarles en su totalidad por culpa de la pandemia, con Rubiales de presunto comisionista. Y a nadie le importa lo profundamente inmoral (y seguramente ilegal) de la iniciativa. Nadie interpela a los señalados por el escándalo. El detritus, como siempre bajo la alfombra.
Aparte de mucho fútbol femenino, que es lo único a lo que pueden aferrarse ahora, en los alrededores de Can Barça fluye el rumor de que Flick podría ser el próximo entrenador, pero atención al glorioso titular de Sport: "Atan a Flick a la espera del futuro de Xavi". ¿No es formidable?
-Ya tenemos a Flick.
-Ah, qué bien.
-A la espera del futuro de Xavi.
-¿Cómo?
-Sí, aún no sabemos qué vamos a hacer con él.
-Pero entonces...
-Ni cómo vamos a pagar su finiquito en el supuesto de que finalmente le echáramos, cosa que haríamos con muchísimo alivio si no fuera por el asunto este del finiquito. De hecho, aún no sabemos cómo pagaríamos el sueldo de Flick en caso de habernos apañado para pagar el finiquito de Xavi antes. Además, a la cola para cobrar están aún Koeman y las vacas de Setién.
-Pero...
-¡Calla, esbirro de Floren, fascistoide españolazo, animal de las cavernas!
Y así son las cosas, mientras el mundo entero conoce la perpetua corrupción del Barça, de la Federación y de la UEFA y, aparentemente, nadie puede y/o quiere hacer absolutamente nada al respecto.
Nosotros, con la mente en Berlín y en Londres, si tanta inmundicia nos permite concentrarnos en lo nuestro.
Hala Madrid y feliz día.
Decían de Van Basten que te devolvía la pelota perfumada. Kroos te hace lo mismo y además te regala bombones, y te pasea al perro si tú andas liado.
Los centrocampistas. Esos tipos que igual te arrancan la máquina, te achican agua o se ponen a organizar el tráfico. Tipos que juegan a lo ancho, que juegan a lo largo, obligados a descifrar lo que tienen por delante, obligados a vigilar lo que dejan por detrás. Para nadie es más grande el campo que para ellos. Suelen ser los tipos más valientes, y es que, si te quema la pelota, no vales.
Dice Kroos, ese billarista con marcada raya al lado, que lo deja. Pero quedará para siempre el trazo de su compás. Llegó al Madrid sin mayor alboroto e incluso bajo una cierta sospecha, ¿cómo era posible que el Bayern, y especialmente Guardiola (forofo de los centrocampistas, capaz de reconvertir en medio centro al tipo de Orange que te instala la fibra), dejasen ir a un pura sangre? El fútbol y sus futboladas.
Tú le miras así, como de medio lado, como al trasluz y le ves enseguida la marca de agua de los deportistas superlativos, de los talentos naturales. Al igual que Federer, ese célebre pintor suizo, que no se ensuciaba ni los calcetines al deslizarse sobre el polvo de ladrillo de Roland Garros y soltar aquellas divinas pinceladas de revés, Kroos te mueve el mundo con el interior de la bota sin romper a sudar.
Decían de Van Basten que te devolvía la pelota perfumada. Kroos te hace lo mismo y además te regala bombones, y te pasea al perro si tú andas liado
El jefe de máquinas siempre fue fiel a su catecismo: entreno, compito y para casa. Ni un punto de demagogia, ni un gramo de tontería. Y siempre te devolvía el precio de la entrada.
Está muy bien lo de los títulos, los éxitos y las estadísticas, pero la magia está en otro lado. La magia suele venir en algún pliegue del talento, en un control orientado, en un toque de billarista, en un centro combado, en la ecuación entre precisión y velocidad, en la batuta del director que lanza o frena la orquesta.
Y cuando llegue su último partido, no cuesta imaginarlo partir con sus eternas Adidas, anudadas y descansando sobre un hombro.
Gracias interminables y gloria eterna, maquinista.
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“Mi ambición siempre fue terminar mi carrera en la cima.”
Toni Kroos.
En 1923 el alpinista George Mallory se disponía a tratar por tercera vez de alcanzar la cumbre del Everest. Su anterior intento había fracasado de forma trágica cuando un alud sepultó a nueve hombres de su grupo. La preguntaron a Mallory por qué ese empeño en domar una montaña tan salvaje. Su respuesta fue escueta.
“Porque está ahí”.
Mallory subió al Everest y nunca regresó.
¿Por qué escalamos montañas? Quizá empujados por el ansia de alzarnos hasta las cotas más altas con la esperanza de vislumbrar lo sublime. O puede que solo para tocar estrellas. En cualquier caso, la magnitud del reto, lo inhumano de su altura, nos tienta de forma insoportable. La montaña “está ahí”. Nos llama. Nos desafía: “Súbete a mis hombros a contemplar el infinito”. Pero no todos tienen la fuerza de responder la llamada.
Hace 34 años, en un lugar de Alemania llamado Greifswald, nació un muchacho llamado Toni Kroos que un día decidió escalar una montaña en busca de lo sublime. Se calzó unas botas de fútbol y comenzó, poco a poco, su ascenso a la cima. No fue un impulso racional, sino que estalló de pronto en su corazón. Toni Kroos se fue a conquistar los cielos por un arrebato de “Sturm und Drang”. La Tormenta y el Ímpetu. Porque Toni Kroos era, es y seguirá siendo (esperamos que por mucho tiempo) el último romántico.
Toni Kroos era, es y seguirá siendo (esperamos que por mucho tiempo) el último romántico
El hecho de que Kroos sea alemán ha confundido a muchas personas que se dejaban llevar por el tópico. Muchos, en el fondo de sus almas, veían a Toni no como un alemán sino más bien como el típico “boche” de las caricaturas: cuadriculado, frío, disciplinado y eficaz. Eso sobre todo: muy eficaz en lo suyo. “Toni Kroos, eficacia y fiabilidad alemana”, escribían los titulares mientras el 8 del Madrid seguía escalando la montaña en busca de lo infinito brincando de victoria en victoria.
“Eficacia y fiabilidad”. Menudo dislate. Como si Toni Kroos no fuese sino una lavadora o un motor diésel. Un mecanismo sin alma y sin corazón. Un ente programado. Ni caso. Eso es una estupidez.
“En mi patria daríamos la vida por la democracia”, le dijo a Agustín de Foxá el embajador de cierta república bananera, muy poco democrática, por cierto. “Perdone usted, pero eso es como dar la vida por el sistema métrico decimal”, fue la respuesta.
“Eficacia y fiabilidad”. Menudo dislate. Como si Toni Kroos no fuese sino una lavadora o un motor diésel. Un mecanismo sin alma y sin corazón. Un ente programado. Ni caso. Eso es una estupidez
El Real Madrid no llora cuando se despide una máquina como no lloraría por el sistema métrico decimal. Millones de hombres y mujeres de todo el mundo “sangran lágrimas de fuego” (que escribió Schiller) porque quien les dice adiós no es un robot fiable y eficaz. Es el maldito Toni Kroos. Y si el motor del coche de Fede Valverde un día se gripara, es muy poco probable que el céfiro uruguayo le escribiera que “nunca dejé de ser ese niño que siempre te admiró. Te quiero y una parte de lo que soy es gracias a vos”. No. Tal sentimiento no lo provoca un producto de la ingeniería.
Toni Kroos no es un autómata, es un poeta. No es un “boche”, es un romántico puro. Es Goethe, es Hölderlin, es Brahms, es Hoffman y los hermanos Grimm vestido de blanco y con la piel tatuada. Kroos es un soñador que un día se dispuso a escalar una montaña solo porque quería sonreír a la cara a los planetas.
“Todos vivimos en el fango —escribió Oscar Wilde—, pero algunos levantamos los ojos hacia las estrellas”. Todos vivimos en el fango, pero algunos hemos visto jugar a Toni Kroos, a quien su tortuoso camino hasta la cumbre de la montaña le llevó primero hasta Múnich pensando que la cima estaba allí. No lo estaba, Toni, pero no andabas muy desencaminado. Querías coronar el Everest pero te confundiste de ruta y por poco acabas muriéndote de asco a las faldas del K2. Por suerte, esa fuerza sublime e intangible que andabas buscando con tu alma de poeta siempre pone las cosas en su sitio.
Rummenigge vendió a Kroos al Real Madrid por 25 millones, tal y como Judas vendió a Cristo por 30 monedas. Aunque en descargo de Judas podemos decir que cumplía un plan divino trazado antes del inicio de los tiempos. Rummenigge simplemente hizo el imbécil. Pero gracias a ello la escalada de Kroos regresó a la senda de su Everest y desde entonces jamás volvió a desviarse.
Toni Kroos no es un autómata, es un poeta. No es un “boche”, es un romántico puro. Es Goethe, es Hölderlin, es Brahms, es Hoffman y los hermanos Grimm vestido de blanco y con la piel tatuada. Kroos es un soñador que un día se dispuso a escalar una montaña solo porque quería sonreír a la cara a los planetas
Con Kroos el Real Madrid no fichó a un alemán cualquiera sino a un Príncipe Elector. Como aquellos que en la Edad Media decidían con sus votos quién debía ser el Sacro Emperador de Europa; y a Toni Kroos le dio la gana que esa corona la luciese el Madrid hasta en cinco ocasiones. Fue, además de príncipe, un maestro constructor que trazaba líneas de catedrales con la punta de sus botas mientras Casemiro abría los cimientos y Modric hacía estallar luz de colores a través de las vidrieras. Levantaron entre los tres templos de fútbol de estilo gótico alemán, como la catedral de Colonia, que es la más alta del mundo con sus 157 metros desde la nave hasta la aguja, pero que no alcanza ni por asomo la altura de espíritu de Toni Kroos. Porque Kroos no se conformaba con catedrales. Kroos, queda dicho, tono solo se conformaba con alcanzar el techo del mundo.
Fue, además de príncipe, un maestro constructor que trazaba líneas de catedrales con la punta de sus botas mientras Casemiro abría los cimientos y Modric hacía estallar luz de colores a través de las vidrieras
Diez años después, el camino que comenzó en aquella remota ciudad costera de Alemania ha llegado a su fin.
Silencio.
Silencio, por favor. Que no se escuche ni una lágrima. Contened la respiración. Detened el fragor del mar y el temblor de la tierra. Silencio. Silencio. Porque Kroos ha llegado a la cumbre.
Caspar David Friedrich pintó en 1817 el “Hombre frente al mar de niebla”. Veo ahora el lienzo y al fin comprendo lo que la escena representa: es Toni Kroos conquistando la montaña. Es el poeta de Greifswald encontrando al fin lo sublime.
Pero allí no hay nada. Solo un mar de niebla.
San Bernardo de Claraval dijo que la esencia divina era equilibrio, número y medida. La esencia divina es, en definitiva, un pase al área de Toni Kroos. Es la sabiduría celestial que decidió hacerse corpórea para jugar al fútbol en el Real Madrid y, para que lo tuviéramos bien claro, se puso en la espalda el símbolo del infinito.
La esencia divina es, en definitiva, un pase al área de Toni Kroos. Es la sabiduría celestial que decidió hacerse corpórea para jugar al fútbol en el Real Madrid y, para que lo tuviéramos bien claro, se puso en la espalda el símbolo del infinito
Así pues, cuando el poeta finalmente alcanza la cima frente al mar de niebla no es extraño que de pronto sienta una revelación: “Lo sublime eres tú, Toni Kroos; lo sublime eres tú.” Y de este modo acaba el camino.
Entonces, ¿qué ocurre a continuación? Conquistada la cumbre, lo lógico es iniciar el descenso. Pero Toni Kroos se niega. Quiere quedarse allí para siempre. ¿Acaso lo ha ganado todo, lo ha conquistado todo… solo para descender? Se siente como el pastor del poema de Schiller, que después de dominar la tierra le pregunta a Dios qué debe hacer a continuación. Y éste responde:
Sobre la tierra nada
me resta ya con qué colmar tu anhelo;
ajeno el bosque, la heredad cercana…
Vente conmigo, si te place, al cielo,
¡que desde hoy libre te daré la entrada!
Entonces Toni Kroos, en la cumbre de la montaña, da un paso al frente, hacia el mar de nubes de un color blanco como el que viste en su corazón. La niebla lo rodea con sus brazos y poco a poco Toni Kroos se funde con ella. De tal modo el blanco sublime que tanto ama concede a Toni Kroos la eternidad que su humana condición le había negado.
Justo al llegar a la cima.
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Por mucho que nos apene el adiós de Kroos, el foco ha de estar en la gran final de Wembley. El Madrid se juega la 15 frente al Dortmund el próximo sábado 1 de junio.
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Lo más difícil para un deportista es saber irse. Cuando están en la élite, tienden a pensar que siempre les queda un año más y, en la mayoría de los casos, terminan yéndose por la puerta de atrás.
A lo largo de su carrera, Toni Kroos ha sido el ejemplo del futbolista ideal. Un solo peinado, un solo par de botas y un solo pase le bastaban para marcar la diferencia. El ‘8’ será recordado por su 94% de acierto en pases, sus cambios de frente y por su frialdad dentro y fuera del campo.
Kroos es ese futbolista capaz de decir adiós al final de una de sus mejores temporadas (si no la mejor). El ser humano siempre recuerda la última imagen, por mucho que las anteriores sean mejores. Y la última imagen de Kroos en el Real Madrid será disputando su sexta final de la UEFA Champions League. Que, como en su primera, también tendrá lugar en Wembley y contra el Dortmund. Además, si le falta motivación por ser su último partido con el Real Madrid, en aquella final de 2013 que ganó el Bayern, él no pudo jugar por lesión.
Si bien este será su último partido a nivel de clubes, el final de su carrera será aún mejor. Con su vuelta a la selección Alemana, Toni disputará la Eurocopa y colgará las botas jugando en su país, ovacionado por la gente que lo vio crecer.
La última imagen de Kroos en el Real Madrid será disputando su sexta final de la UEFA Champions League. Que, como en su primera, también tendrá lugar en Wembley y contra el Dortmund
Durante esta temporada hemos visto a un Toni Kroos suelto con el balón, dando asistencias y preciso en cada centro. Pero hemos visto una nueva faceta de él. Lo hemos visto efusivo, protestando, celebrando el gol de Joselu como si ese fuese el último gol que va a ver del Madrid en el Bernabéu en un partido de Copa de Europa.
Durante los últimos diez años, como en su día dijo Casemiro, el Real Madrid ha jugado a lo que quería Toni Kroos. Con su salida de balón, él dictaba el juego con su próximo pase. Si era corto, el equipo jugaba tranquilo, si el juego pedía un cambio de frente, él lo hacía, y si había que dar un pase en profundidad, Toni lo daba desde cualquier parte del campo.
El Madrid perderá futbol con su marcha, Ancelotti a su jefe dentro del campo y el vestuario se quedará sin uno de sus grandes líderes. El jugador que se secaba el pelo durante el descanso de la final en Kiev y el padre que le decía a sus compañeros que ganarían más tarde cuando se pospuso la final de París.
Dicen que la pelota no se mancha, y Toni nunca la manchó. Es el único futbolista que marca goles dando pases a la red, y eso es lo que mejor describe la clase de Toni Kroos.
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