Las mejores firmas madridistas del planeta

La final de Champions contra el Borussia Dortmund será el último partido de Toni Kroos con la camiseta del Real Madrid.

Los amigos de fcQuiz no podían dejar pasar la oportunidad de preguntaros ocho cuestiones sobre la carrera del ocho blanco. ¿Podréis acertarlas todas? Demostradlo.

Getty Images.

Llega un aroma extraño ante esta final de Champions, algo que no había ocurrido de una forma tan llamativa en el pasado, un olor peligroso: demasiado favoritismo para el Real Madrid. Si nos retrotraemos a las previas de las últimas finales, Atlético, Juventus, Liverpool, incluso Leverkusen o Valencia, no recuerdo ese ambiente de lujuriosa superioridad. Tampoco nos podemos mentir y arrojar falsa humildad, porque el equipo blanco es bastante superior al alemán, y sí, es la mayor diferencia de potencial que recuerdo de las finales jugadas pero, primero, es un equipo alemán, segundo, es un solo partido y, tercero, el Borussia es un conjunto muy irregular que ante un Madrid acomodado puede darle un gran disgusto. Es un equipo que ha ganado al Bayern de Múnich, no ha sido superado por el Leverkusen en duelos directos y ha vencido a Atlético y PSG con una muy buena imagen. En su lado oscuro aparecen hundidos en la Bundesliga debido a sus marcadas debilidades, pero hay que saber aprovecharlas, algo que no hicieron de forma óptima Luis Enrique ni Simeone.

Klopp

 

1.- Herederos de Klopp

 

Jürgen creó una escuela exitosa de la cual la ciudad de Westfalia no se olvida. Rock and Roll eléctrico. Desde Tuchel hasta el actual Terzic han asumido la agenda programada en el Signal Iduna Park en la última década y el equipo actual no se aleja de esa tradición. Lo que fue el fútbol de posesión del Barcelona y el mantra “ganar o ganar” del Real, en Dortmund sigue siendo la electricidad, ese es su estilo. Aun así, a este equipo le cuesta llegar al nivel adrenalínico de los anteriores.

El Borussia es una escuadra irregular que sabe sufrir. Camina a chispazos y es capaz de absorber en defensa multitud de ocasiones y ser efectiva en ataque, pero depende mucho de que todo le salga muy bien. Necesita un partido perfecto de Kobel, su portero; que Hummels sea el del PSG y no el del Atlético; que Jadon parezca Benzema y que Füllkrug vuelva a rememorar a Alan Shearer. Cuidado, porque los partidos perfectos se dan cuando menos te lo esperas.

 

2.- Partirse como punto fuerte

 

El equipo del Rurh convive muy bien con la separación de su línea de ataque y defensa. Su 4-2-3-1 de partida suele separarse en dos bloques de 6 defensas y 4 atacantes con llegadas por sorpresa de su lateral izquierdo o de su box-to-box Sabitzer. Jugadas rápidas y sin especulación.

En todo este cisma entre ataque y defensa, destaca un buen amigo de Bellingham, Julian Brandt, mediapunta o interior con apariencia de pesado y lento pero con muy buena técnica e inteligencia. Su misión será hacer daño a las espaldas de Camavinga y Kroos.

Por otro lado, frente a un equipo más fuerte que ellos, como se observó contra el Leverkusen o Bayern de Munich, seguramente bajen el bloque y busquen más el contraataque. Alternan momentos de alta presión con bloque bajo y contragolpe. Tienen un buen ejemplo en el planteamiento de Tuchel en la vuelta de semifinales en el Nuevo Bernabéu, pero Terzic no tiene tan buen producto como los de Munich.

Jadon

 

3.- ¿Centro del campo? ¿Para qué?

 

Pese a contar con dos mediocentros de buen nivel, Can y Sabitzer, el equipo suele prescindir de ellos para la creación de jugadas. Tocan poco el balón y no son muy precisos. El mayor flujo en ataque del Dortmund está en la banda derecha y esto es debido a la resurrección de Jadon Sancho, que demostró contra el PSG ser un jugador diferencial. En la banda izquierda, Maatsen y Adeyemi se han consolidado como una dupla rápida y peligrosa.

En muchas ocasiones, su central Schlotetrbeck también suele puentear al mediocampo y filtra pases a Brandt y Sancho, o son más directos usando los balones en largo sobre el delantero centro Füllkrug, nueve clásico, proletario del esfuerzo y el remate.

Supongo que, para contrarrestar esto, Ancelotti potenciará las bandas con Valverde y Bellingham, con un 4-4-2 más clásico, siempre dejándoles libertad para hacer daño por dentro. Jude tiene que jugar al escondite con su doble pivote, debe hacerse invisible.

 

4.- Bandas fuertes-bandas débiles

 

Pero los alemanes tienen dos problemas muy importantes: Ferland Mendy Y Vinícius. El mayor especialista defensivo de la banda condiciona partidos y estrategias, mientras que el mayor agente ofensivo de la Champions genera caos. Terzic tiene un gran dilema ya que su mayor exponente ofensivo, Jadon Sancho, flota por las inmediaciones de Ferland. Puede que elija cambiarlo a la banda izquierda e intentar hacer daño a la espalda de Valverde.

En cuanto a Vinícius, el jugador más creativo y determinante del mundo, si se mueve con inteligencia entre Ryerson, lateral lento, y el renacido Hummels puede encontrar su final soñada. El brasileño está ante el partido más importante de su carrera, todas las miradas se hallan sobre él y su oponente puede no tener respuesta para su momento de forma y eficacia. Por el otro lado, Rodrygo tiene la labor de fijar a su lateral más ofensivo, Maatsen, hundirlo y marcar la diagonal hacia el centro, dejar espacio a Carvajal para recibir los que serán los últimos pases en largo de Toni Kroos.

Vinícius

 

5.-Koos y compañía

 

Seguimos tocados por la despedida de la leyenda pero, como él ha dicho, hay que olvidarse cuanto antes. El equipo blanco tiene mejor mediocampo que todos los equipos eliminados por el Dortmund en Champions, por eso siguen vivos, porque se han enfrentado a los Kokes y Fabianes.

Es un partido perfecto para Toni, ya que el equipo alemán sufre ante los cambios de juegos y los mediocentros móviles. Ancelotti debe plantar a Camavinga, Valverde y Bellingham por delante de Kroos en la salida del balón y buscar las debilidades de Brandt, Can y Sabitzer. Defender bien las bandas y atacar bien por el centro.

Kroos, Camavinga, Valverde y Bellingham son muy superiores técnica y físicamente. Tanto Valverde como el inglés tienen que recuperar su mejor puesta a punto y moverse mucho entre Brandt y el doble pivote, generar superioridad, ganar duelos y cubrir bien sus subidas por sorpresa. Tendremos que estar atentos por si a Terzic le entra un ataque de pánico y decide cambiar el esquema, poblando el mediocampo, dándole entrada a Nmecha. Yo lo haría.

Toni Kroos, el hombre frente al mar de niebla

 

6.-No marcarse un “Real Madrid”

 

El Real Madrid gana, gana y gana. Remonta, remonta y remonta, sí, pero también… se relaja. Este Borussia se siente bien frente a la presión y tiene muchas vidas. No podemos permitirnos volver a ir por debajo en el marcador, no podemos darle ninguna vida más a este equipo porque se agarra muy bien a los partidos del KO.  Ellos van a jugar sin presión, van a ser muy agresivos en cada balón y van a morir con las botas puestas.

El Madrid no está obligado a hacer un partido perfecto, solo tiene que estar concentrado y saber explotar las debilidades de un rival imperfecto. Pero bueno, si toca remontar, se remonta. Por eso somos el Real Madrid.

 

Getty Images.

Buenos días, amigos. Por mucho que hayamos disputado más finales que nadie, por mucho que hayamos ganado más Champions que ningún otro club, uno no se acostumbra nunca, y los días previos a jugar una final de Copa de Europa los nervios nos sabotean las tareas que debemos realizar, alojándonos en el centro de nuestra atención el partido contra el Dortmund. Uno baja a la pescadería dándole vueltas a la posible alineación y, cuando el pescadero le pregunta: «¿Se va a llevar hoy una lubina o una dorada?», responde sin pensar: «Courtois, limpio y con cabeza, a la mitad, para el horno. Lunin quizá merezca jugar, pero Thibaut es mejor. Y un kilito de mejillones, por favor. Gracias».

La pasión nos posee y, al igual que la alergia, nos provoca una reacción exacerbada de nuestro propio organismo ante un agente externo no tóxico —la final de Champions—, que condiciona nuestro día a día. Parece que la semana lleve en marcha veinte días y tan solo estamos a martes.

Portada Marca

Fede Valverde sintetiza bien estas sensaciones en el titular de Marca: «Una final es el partido de tu vida». Es decir, uno puede jugar 47 finales, pero cada una de ellas es el partido de su vida. Antonio Valderrama lo explica, como es habitual, mejor que nadie en su artículo de hoy: «Sólo con alegría y con un amor ilimitado por el juego se puede ganar una Copa de Europa, que siempre es la primera, aunque vayan en el saco todo un ciento».

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Sport y Mundo Deportivo siguen con Flick anclado en sus tapas y con titulares casi idénticos. Ninguna novedad en los diarios de opinión sincronizada del FC Barcelona. También dedican espacio a la convocatoria de la selección española para la Eurocopa confeccionada por EHQEABAM (ver portanálisis de ayer), personaje de nombre real Luis de la Fuente, conocido también como Lluís de la Font por sus indiscutibles méritos.

La selección, no es novedad, hace tiempo que dejó de ser el equipo que vertebraba a las distintas aficiones de España para convertirse en el combinado predilecto de los antimadridistas, por lo que no es extraño el desencanto que un sector del madridismo siente por el equipo de Baena, Morata, Fermín y compañía. Si bien es igual de respetable que otros muchos sigan apoyando al equipo nacional con fuerza. Es lo bonito de la libertad.

Libertad precisamente es lo que en último término defiende la Superliga, pero algunos no se encuentran cómodos en un ecosistema libre. Se deduce que As es uno de ellos.

Portada As

Los detalles siempre dan más información acerca de la verdad que el meollo de la cuestión, y la forma despectiva de comunicar la última noticia sobre la Superliga no hace sino retratar a quien así actúa. «La Superliga logra que una jueza reconozca el “abuso de posición dominante” de FIFA y UEFA», rotula el diario de PRISA sobre fondo negro, como si Sport o Mundo Deportivo anunciasen una nueva Champions para el Madrid.

Imaginad que una banda toma rehenes durante el asalto al banco central a la vista de múltiples cámaras de seguridad y, una vez juzgados y condenados los malhechores, suponed que un diario titula: «Los retenidos durante el atraco al banco central logran que una jueza reconozca “la toma de rehenes” por parte de los delincuentes».

La frase de As destila resentimiento y desprecio hacia el proceso, hacia quienes defienden la libertad y hacia la propia justicia, representada por la magistrada, ninguneada con esa forma de redacción.

Vamos a intentar explicar el asunto brevemente.

Una vez que se anunció la Superliga en 2021, la UEFA amenazó con una serie de durísimas sanciones a los clubes que quisiesen participar en la misma y a sus jugadores. La Superliga acudió al Juzgado de lo Mercantil nº de 17 de Madrid, presentó una demanda y solicitó medidas cautelares para que no se les pudiese sancionar mientras se dirimía el proceso. Medidas que se concedieron, por lo que los clubes rebeldes pudieron seguir participando en la Champions.

Este tribunal de Madrid elevó una serie de preguntas al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que en diciembre de 2023 respondió que, efectivamente, UEFA y FIFA abusaron de su posición dominante ejerciendo un monopolio que va en contra de la libre competencia europea y que estos organismos no tienen la potestad para impedir que se creen cualesquiera otras competiciones —no solo la Superliga— ni pueden sancionar a quienes promuevan nuevos campeonatos.

Ahora, lo único que ha sucedido es que ese mismo Juzgado nº 17 de lo Mercantil toma nota de la respuesta a las consultas elevadas a la justicia europea y falla poniendo negro sobre blanco el asunto.

Es algo de sentido común, aunque por desgracia no estemos acostumbrados a que el mundo del fútbol se rija por la coherencia. Esta última sentencia no es que dé vía libre a la Superliga, como han titulado algunos medios, sino a cualquier competición que, en el uso de sus libertades, pueda organizar quien lo desee.

Lo que de momento ha conseguido la Superliga, que no es poco, es el triunfo de la libertad, incluso sin haber comenzado siquiera a disputarse.

Es como si en un descampado de titularidad municipal una serie de jubilados empiezan a jugar a la petanca, poco a poco acude público a verlos y el semanario del pueblo publica reseñas sobre las contiendas. A alguien se le ocurre cobrar una pequeña entrada. Al cabo del tiempo, los más avispados, llamémosles jubilados alfa, se hacen con el control de las partidas, se quedan con un buen pellizco del dinero de las entradas a cambio de mandar sobre todos y exigen al semanario local una cantidad económica si quiere informar sobre lo que allí sucede. Entonces, varios jugadores se asocian para organizar otro torneo en ese mismo campo de titularidad municipal, pero el jubilados alfa pretenden impedírselo con coacciones. Los rebeldes acuden al ayuntamiento y este dicta que los jubilados alfa han ejercido abuso de poder y que en esos terrenos públicos cualquiera puede jugar a la petanca con quien quiera.

Nada más publicarse la sentencia, todos estábamos esperando a la reacción de Tebas para ver de qué manera mentía esta vez. Su tuit fue el siguiente:

Sobre la estimación parcial de la demanda de European Superleague, es importante aclarar que (en la misma línea que el TJUE) la Juez exige a FIFA y UEFA una reglamentación sobre nuevas competiciones transparente y garantista, pero no valida la Superliga. Es más, se considera un… pic.twitter.com/dhZQBJpOiF

— Javier Tebas Medrano (@Tebasjavier) May 27, 2024

El consentidor de Laporta vuelve a intentar desviar la atención con la misma argucia de que el fallo no valida la Superliga. Él sabe de sobra que el asunto no ha ido nunca de validar o no la Superliga, sino de que la justicia deje claro que UEFA y FIFA no pueden prohibir la organización de torneos al margen de ellos ni, por supuesto, sancionar a quienes los promulguen.

La Superliga en su momento tendrá que ser validada por los organismos europeos y deberá cumplir con toda la normativa vigente para poder echar a andar, hecho que no ha sido el objeto de discusión en la presente demanda.

En este asunto, como viene siendo costumbre, la mayoría de los medios se posicionan del lado del monopolio, aunque incumpla la normativa europea, por intereses propios. Marca y Sport lo hacen silenciando la noticia, As, informando de manera torticera, y solo Mundo Deportivo dedica un pequeño espacio para decir: «Nuevo triunfo de la Superliga en los tribunales».

Nosotros, ahora mismo, en lo que estamos centrados es en un nuevo triunfo del Madrid en Champions. Ya lo sabéis, el próximo sábado en Wembley.

Nos despedimos con los mejores deseos para Rafa Nadal, deportista y madridista ejemplar, que ayer quizá jugó su último partido en Roland Garros.

Pasad un buen día.

El sábado por la noche el Madrid jugará por su decimoquinto título de campeón de Europa en Wembley. De las dieciocho finales que el Real ha disputado hasta ahora, tres han sido en las islas británicas: dos en Glasgow y una en Cardiff. En Wembley, sin embargo, sólo ha jugado una vez, contra el Tottenham, hace seis temporadas, en la fase de grupos. Es curioso porque Wembley, que es una de las grandes catedrales del fútbol, quizá la cuna, por ser el estadio mítico de Londres, es el campo que más finales de la Copa de Europa ha albergado en las sesenta y ocho, hasta hoy, ediciones disputadas. En el viejo Wembley se estrenó el Barcelona, que también, después, ganó otra en el nuevo. El equipo que más veces ha jugado el partido más grande de todos y la sede que más veces ha acogido este partido se van a conocer por fin ahora.

Wembley

El Madrid, que es por antonomasia parisino, junto al Sena ha ganado tres de sus catorce trofeos, cruza el canal como Julio César, en busca de la posteridad, del más allá. En el centésimo primer aniversario del estadio de fútbol del imperio británico, el Madrid se enfrentará al Borussia y al destino. A sí mismo y a los fantasmas de lo nuevo: nadie ha ganado nunca tanto, ni tantas veces. Nadie ha ganado jamás nueve finales sin perder ni una.

El equipo que más veces ha jugado el partido más grande de todos, el Madrid, y la sede que más veces ha acogido este partido, Wembley, se van a conocer por fin ahora

El Borussia de Dortmund ha estado en las dos copas más grandes de la era moderna. En la Séptima fueron el penúltimo escollo, los vigentes campeones que vieron caer porterías más allá de Orión. En la Décima fueron los rivales más duros, los demonios amarillos que casi descarrilan el ferrocarril de la Historia, que Ancelotti se había encargado de pintar de blanco. A veces todavía recuerdo el gol a puerta vacía que falló Mkhitaryan, uno de esos medios rapidísimos, bajitos e hipertécnicos que cultiva el Borussia desde que Klopp estableciera un patrón cultural allí. Desde entonces siempre son el mismo equipo ultrasónico, afilado y valiente, da igual quién juegue, un equipo tan capaz de golear como de ser goleado y que siempre deja las puertas abiertas para que corra el aire antiguo del fútbol, sin ese afán totalitario y kafkiano con que Guardiola pretende esclavizar un juego que, desde que lo inventaron los ingleses en el XIX, es un canto salvaje a lo imprevisible.

Mkhitaryan

Wembley es un estadio lleno de historias que nunca ha contado nada del Madrid. Es el estadio del gol de Puskas a Inglaterra, donde Best con el United de Busby derrotó a la muerte y al Benfica de Eusebio, y el estadio del gol fantasma con el que los ingleses le robaron un Mundial a los alemanes. Será el estadio que vea a Kroos jugar por última vez de blanco. Su década en el Madrid abarca un tiempo de prodigios y de regalos. Junto a un puñado de hombres extraordinarios, ha refundado el fútbol. Allí, en Wembley, Kroos ganó su primera Copa de Europa precisamente al Borussia de Klopp, con el Bayern. Quizá la posibilidad de cerrar el círculo de su carrera legendaria, la cábala de grandeza, haya determinado su decisión de cortarse la coleta después de la final: un tipo cuya especialidad era detener el curso de las cosas y alterar el orden natural de los acontecimientos cuando los volcanes entraban en erupción ya sólo puede moverse por impulsos de esa grandeza.

Kroos en la final de Wembley 2013

Kroos y Modric, los directores del mejor Real Madrid de todos los tiempos, compartirán escenario en Wembley por última vez ante nuestra mirada melancólica. Tendrán la posibilidad de cerrar el mundo de ayer ofreciendo al mañana el regalo extraordinario de un triunfo único, total, imperecedero. Su legado ya es inmortal, pase lo que pase el sábado. Pero la visión, que no se puede marchitar, de ellos dos, príncipes rubios al servicio de un deber innegociable, ordenando una noche más el caos del Universo alrededor del balón, será la herencia luminosa con la que crecerá otra generación de madridistas, embrión de sueños que no tendrán en Wembley su final, sino su comienzo.

Si el fútbol un día fue la posibilidad de ganar para los que pierden siempre, el Madrid lo encarna mejor que nadie

En Wembley los alemanes, durante el Blitz, tiraron más de nueve mil bombas. Los habitantes del barrio respondieron juntando dinero para levantar una pista de aterrizaje de Spitfires y ayudar a construir barcos con los que ganar la guerra. Ha sido el hogar de hazañas olímpicas y recreo de nostalgias imperiales. Wembley es el corazón de lo que siempre creímos que era Inglaterra, madre del juego más popular de la Tierra. El fútbol nos ha hecho soñar a generaciones enteras de individuos terráqueos con existencias ordinarias, alejadas remotamente de cualquier posibilidad de belleza o epicidad. Ha redimido infinidad de vidas anodinas y ha regalado a cientos y cientos de miembros de la working class people de todos los confines de la Humanidad ilusiones permanentes, esperanzas incondicionales y una forma de entender con pasión la vida.

El Real Madrid es la quintaesencia de esa invención británica llamada foot-ball. Su color blanco es el de la inquebrantable confianza que canta el poema, contiene toda la alegría. Sólo con alegría y con un amor ilimitado por el juego se puede ganar una Copa de Europa, que siempre es la primera, aunque vayan en el saco todo un ciento. Si el fútbol un día fue la posibilidad de ganar para los que pierden siempre, el Madrid lo encarna mejor que nadie. Una multitud sin número ni nombre de parias de la Tierra volverá a congregarse en torno a un televisor, un transistor o cualquier pantalla el sábado a las 9 de la noche. Todos vestirán una camiseta blanca cargada de electricidad. Jugarán los que son y todos los que fueron. La idea es darle algo hermoso a todos los que vendrán. En el nombre del fútbol.

 

Getty Images.

 

Es inevitable, en el fútbol y en la vida, el trasiego de personas. Llegar a algún lugar conduce inexorablemente a tener que dejarlo en algún momento. Y por mucho que pueda doler, las despedidas también ocurren con nuestros ídolos, con futbolistas que nos han hecho felices y que serán perfectos en nuestros recuerdos, aunque en algún momento dejen de serlo sobre el terreno de juego. Ya se sabe que el padre tiempo no perdona y que a todos, incluso a los mejores, nos acaba alcanzando. Siendo conscientes de todo ello, aún no estábamos preparados para la salida de un jugador y un tipo como Toni Kroos, que desde una posición vertebral, dirigía sin hacer ruido. Un puntal invisible para los highlights, pero crucial conduciendo a sus compañeros por el carril del éxito.

Cabe preguntarse si este Real Madrid histórico, una de las dos grandes generaciones en términos absolutos del equipo de fútbol más exitoso que ha existido, soportará el adiós de sus últimos jerarcas o se convertirá en otra cosa. Ni peor ni mejor, simplemente distinta. Es lo que cuestiona la paradoja de Teseo, si cuando a un objeto se le sustituyen todas sus partes, este sigue siendo el mismo, como ese barco al que se le reemplazaron poco a poco, pero sin descanso, la totalidad de los tablones que formaban su estructura inicial.

Cabe preguntarse si este Real Madrid histórico soportará el adiós de sus últimos jerarcas o se convertirá en otra cosa. Es lo que cuestiona la paradoja de Teseo, si cuando a un objeto se le sustituyen todas sus partes, este sigue siendo el mismo

La gallega respuesta debería ser sí y no. Obviamente, un equipo es un ente vivo, un grupo de personas que es casi imposible que se mantenga inmutable en dos campañas diferentes. El vestuario cambia porque llegan y se van futbolistas o miembros del cuerpo técnico, e incluso por la variación de equilibrios que depara la competición. Siempre existe el caso de quien partía como indiscutible y acabó en un segundo plano y el que parecía desahuciado y a la postre disfrutó de los focos.

Vinícius y Hazard

El gran Madrid jerárquico no va a volver, como no regresarán los goles de Cristiano, los controles de Marcelo, el liderazgo de Ramos, la precisión quirúrgica de Kroos o las galopadas de Bale. Queda un último resquicio, un puñado supervivientes que, como ocurre desde que la humanidad se reunía en tribus, preparan a sus herederos para que les reemplacen. De los Modric, Nacho, Carvajal y Lucas, gloriosos vestigios de un pasado cercano que se extingue sin remedio, solo tenemos confirmada la continuidad del 2. Y, por supuesto, llegará un momento en el que no haya representantes de esta edad dorada. No se buscará replicarles porque son insustituibles y, también, porque es tan inevitable como gozoso seguir avanzando. Se puede y quizás se debe ser nostálgico con los que contribuyeron tanto a épicos triunfos, sin perder nunca de vista lo brillante que apunta a ser el presente y el futuro.

Si hay algo que distingue al Madrid es que nunca llora demasiado a quien se va, sea cual sea el motivo. Esto es una demostración práctica de que la entidad ha conseguido mantener una esencia única, y trascender por encima de cualquier individualidad

Si hay algo que distingue al Madrid es que nunca llora demasiado a quien se va, sea cual sea el motivo. Cuando arranque la siguiente temporada, la exigencia volverá a ser extrema, y jamás se considerará como un atenuante de un potencial fracaso la marcha de cualquier futbolista, sin importar su nombre. Esto es una demostración práctica de que la entidad ha conseguido mantener una esencia única, y trascender por encima de cualquier individualidad. Dirigentes, aficionados y la mayoría de los jugadores son conscientes de que el escudo, la camiseta y el club prevalecen sobre cualquiera de ellos. Incluso lo harán por encima de un Florentino Pérez que siempre me ha parecido la pieza presente de más compleja sucesión.

Kroos y Florentino

Primero, siempre el Real Madrid, la obra completa, el ente deportivo más grande del planeta, mejor club del siglo en el que se fundó y manteniéndose a la cabeza en el presente. Su grandeza solo se abarca con anchura de miras, pero también se puede disfrutar poniendo el foco en cada pieza del mosaico, en la aportación de miles de personas, contribuyentes esenciales en la forja de la leyenda como Bernabéu, Florentino o Di Stéfano, cruciales como muchas otras estrellas del presente y el pasado, e importantísimas pero anónimas como otros dirigentes, técnicos y empleados, e incluso socios y aficionados.

Todos han ido sumando para ser a la vez el mismo Real Madrid de siempre y otro completamente diferente cada día, como ese estadio Santiago Bernabéu que se ha ido reinventando desde un ambicioso campo de hormigón a las afueras de Madrid, hasta un referente futbolístico, tecnológico y cultural que late en el corazón de la misma ciudad. El Real Madrid no es solo un grupo de futbolistas, directivos y seguidores. Es más que todos nosotros juntos. Por eso nos sobrevivirá.

 

Getty Images.

“Cada pequeño momento de alegría es infinitamente valioso”.

Toni Kroos.

 

En una época de sobreactuación e histrionismo constantes, la madura emoción que se vivió en el Bernabéu en la despedida de Toni Kroos, sus ojos hinchados de no llorar hasta abrazarse a sus hijos, sus pequeños representándonos un poco a todos, el inmenso cariño que le profesan equipo, cuerpo técnico, médico y afición, fue un verdadero regalo.

Yo no vengo a hablar de fútbol porque hace demasiado tiempo que para mí Toni Kroos es, sin conocerlo de nada, mucho más que un jugador de fútbol.

Toni representa todo aquello que hoy nos gritan que un hombre no debe ser: honesto, generoso, amante, fiel, familiar, comprometido, alegre, padre amoroso, trabajador, y, entre otras muchas cosas, excelente profesional. A Kroos se le respeta también porque es firme en sus convicciones y pone límites ante lo que cree injusto, no acepta dimes y diretes, ataja cualquier polémica antes de empezar y huye de la ambigüedad. Esa honestidad se reconoce instintivamente, no hay que ponerla negro sobre blanco cada vez para que el aficionado la intuya.

A Kroos se le respeta porque es firme en sus convicciones y pone límites ante lo que cree injusto, no acepta dimes y diretes, ataja cualquier polémica antes de empezar y huye de la ambigüedad

Con una fortaleza mental increíble, vive por y para su familia, tanto la que está creando, y hemos disfrutado estos días, como de la que procede. Junto a su valiosísima mujer, Jessica, ha formado el mejor equipo que podría soñar, con la que descansa también en la sencilla rutina de los hijos.

Toni y Jessica Kroos

Ahora recuerdo ir descubriéndolo en su principios de blanco, cuánto talento y elegancia juntas. Aún sin tatuajes visibles, con la pulcra imagen de un niño que acabara de hacer la Primera Comunión, fue haciéndose dueño del medio campo y construyendo ese tamiz de maravilla que conformó junto a Case y Modric. Pero mi mirada pronto cambió.

En marzo de 2017, cuando la gesta podría ser ganar dos Champions seguidas, mi sobrino Edu, de catorce años, sufrió un derrame cerebral masivo que le produjo un daño cerebral severo. Un tsunami arrasó con su vida tal y como la conocíamos, y la de toda su familia. En plena sacudida emocional, durante esas semanas de temor ante lo desconocido, horas de espera en el pasillo de la UCI, de partes médicos, silencios y vigilias, de búsqueda de información sobre el cerebro y las posibles consecuencias del derrame, el algoritmo me devolvió la que ha sido, hasta el momento, su mejor aportación. Entre mis manos estaba el mismísimo Toni Kroos sonriendo y acogiendo a niños en aparatosas sillas, hablando con los padres, sonriendo siempre, y yo sin entender nada porque no sé alemán. Me llamó la atención que no parecía algo de un día, eran épocas distintas, diferentes escenarios, no daba la sensación de un evento ocasional, así que seguí buscando.

la Fundación Toni Kroos está enfocada principalmente a ayudar a niños y adolescentes con parálisis cerebral y enfermedades terminales y a sus familias, tanto en la vida como tras el posible desenlace

Resulta que a raíz de una de las visitas que los jugadores del Real Madrid hacen por Navidad a hospitales infantiles, Toni se conmovió profundamente y le dijo a su mujer que tenían que ayudar de algún modo. Poco tiempo después nacería la Fundación Toni Kroos, enfocada principalmente a ayudar a niños y adolescentes con parálisis cerebral y enfermedades terminales y a sus familias, tanto en la vida como tras el posible desenlace.

Fundación Toni Kroos

Desconozco qué les llevó a elegir ayudar a los que padecen este tipo de necesidades, no sé si lo vivieron de cerca o simplemente pensaron que hacía falta, pero que alguien escogiera sentarse voluntariamente en ese mismo pasillo de la UCI en el que estábamos nosotros para ayudar a todos los Edus que pudieran, a personas como mi hermano, mi cuñada y mis sobrinos, me parecía de una generosidad asombrosa. Encontrar un rostro tan inopinadamente familiar hablándome desde el escarpado y desconocido camino que se abría frente a mi sobrino y su familia, fue el hilo suficiente para, desde mi impotencia, confiar en que encontrarían a personas que sí podrían ayudar, que sabrían ayudar.

Pocos días después de traer a Madrid esa segunda Champions consecutiva, venciendo su timidez, un emocionado Toni Kroos decía durante la gala de su Fundación: “Tengo una mujer estupenda y dos hijos estupendos, pero hay gente a la que no le ha ido tan bien. Sentía un deseo profundo de ayudar. Generalmente me preguntan si estoy orgulloso de lo que he conseguido y lo estoy. Cuando mis padres, mi mujer, mis hijos y mi hermano se sienten orgullosos de mí, lo estoy. Pero de lo que más orgulloso estoy es de haber podido regalar a estos jóvenes un buen día en este tiempo. De eso estoy orgulloso”. Y ya nunca fue para mí sólo un jugador de fútbol, aunque fuera el mejor del mundo en su posición.

Toni no tiene que enfrentarse a un vacío tras el fútbol, sino que vivirá desde la grandeza que él mismo ha ayudado a construir. Kroos es, sin menoscabo de ningún otro, referente del hombre bueno que se debe ser

Esos minutos de quietud frente a la grada, acompañado de sus pequeños, permitiendo que la afición se despidiera de él, manifiestan una humildad grande. Toni ha entendido que amar a los demás no se gasta sólo en darse, sino también en recibir el afecto que otros le profesan. Hay que ser muy sencillo y generoso para plantarse ahí, sin atisbo de engreimiento, y recibir el cariño de tanta gente porque era lo que había que hacer, pues también en los afectos hay que ampliar la jugada y dar la asistencia necesaria para que otros den.

Algunos se preguntan cómo se puede vivir después de la grandeza que ha experimentado en el Madrid, qué podrá haber después de esto. Se olvidan de que Toni no tiene que enfrentarse a un vacío a partir del Bernabéu, aunque, lógicamente, lo eche de menos, sino que vivirá desde la grandeza que él mismo ha ayudado a construir. Toni Kroos es, sin menoscabo de ningún otro, referente del hombre bueno que se debe ser.

Te queremos, Antonio, eres hermoso. Tu belleza bebe del inmenso bien que haces. Gracias por todo.

 

Getty Images.

Buenos días, amigos. La derrota es siempre sumamente difícil de digerir para un madridista. Se nos hace bola, hasta al punto en que afecta a nuestro estado de ánimo no sólo como una desgracia (menor frente a otras, desde luego, pero desgracia al fin), sino también como algo sorprendente, inaceptable, que nos desarma. ¿Cómo puede ser que el Madrid pierda?

Bueno, pues pierde. Duele, pero hay que sobrellevarlo con resignación, sobre todo cuando uno sabe que no hay más tiempo para lamentarse del estrictamente necesario, estando tras la esquina, como está, la semifinal de la ACB frente al FC Barcelona. Hay que sufrirlo con entereza. Al fin y al cabo, si según Valdano el fútbol es la más importante de las cosas que no importan, el baloncesto ha de ser como mucho la segunda.

Ayer pudisteis leer la crónica de Paco Sánchez Palomares y hoy encontraréis en La Galerna más contenidos al respecto. El Madrid sucumbió por 80-95 ante Panathinaikos en la final de la Euroliga, truncándose así la posibilidad de retomar el estatus de campeón de la competición por dos veces consecutivas, cosa que no sucedía desde los tiempos de Ferrándiz, allá por los 50. Fue un partido excelentemente jugado en el primer cuarto y parte del segundo, a lo que siguió un descalabro colectivo como pocas veces se ha visto en la élite de este deporte. Ayudados por un fuerte sesgo arbitral a favor, los griegos remontaron de forma notable y terminaron anulando completamente a los de Chus Mateo, cuyo índice de aciertos en tiro a canasta, especialmente en triples, se desmoronó estrepitosamente.

Marca divide salomónicamente su portada entre el batacazo euroliguero de los de Chus Mateo y Luis de la Fuente. Os aseguramos que quizá no el último rostro que hoy queremos tener cerca, pero sí el penúltimo o antepenúltimo, es con el humor que nos gastamos en esta mañana primaveral el de Luis de la Fuente, también conocido por las siglas EHQEABAM. El Hombre Que Empujó A Brahim A Marruecos, conocido también en otros foros como EHQAALR (El Hombre Que Aplaudió A Luis Rubiales), dará hoy su lista para la Eurocopa.

-¿A qué hora?- os preguntaréis anhelantes, a fin de programar la jornada en torno al acontecimiento.

No lo sabemos, y de verdad que lamentamos no saberlo. Lo que sí conocemos, gracias a Marca, es que antes de la Eurocopa habrá dos amistosos, nada más y nada menos que ante las todopoderosas Andorra e Irlanda del Norte.

-¿¡Qué días!? ¿¡A qué horas!?- podemos escucharos, exasperados ante la necesidad de conocer más detalles y organizar vuestra agenda en torno a ambos encuentros en la cumbre.

Pues tampoco lo sabemos, la verdad. Ignoramos incluso si el seleccionador andorrano es Gerard Piqué, o si anda demasiado ocupado desviando fondos de la UEFA a su bolsillo y organizando competiciones chungas en suelo arábigo como para dedicarse también a otros menesteres. En cuanto a Irlanda del Norte, sólo sabemos que la capital es Belfast y que Elton John y Bernie Taupin le dedicaron esta bella canción. No confundir con la otra Irlanda, cuya capital es Dublín, cuna de los fabulosos Dubliners.

Como habréis observado, nos aplicamos a lo único que está a nuestro alcance en esta mañana de amarga derrota: ofreceros buena música y consuelo de amigos, mientras en la sección de baloncesto del Real Madrid se estudia qué pasó para tomar las medidas oportunas en pos de la excelencia completa.

Para esto sí que no estábamos preparados. Resulta que los lunes, en la foto del portanálisis que aparece en el slide, sale Camacho leyendo la prensa, y hoy se ha encontrado consigo mismo diciendo cosas estrafalarias. Ah, que es publicidad. Se refiere a la selección también, y lo cierto es que no nos importa que el Piponazo (o el piperío) colme las esencias del equipo nacional. Preferimos eso a que triunfe en el madridismo sociológico, como decía aquel.

Oh. Volvemos a encontrar el Piponazo, esta vez en la primera plana de Sport. Obsérvese que en esta portada, a diferencia de la de As, el dedo índice de la mano izquierda del exseleccionador nacional (y leyenda blanca) apunta en dirección a la portada "de verdad" del día, mientras que en As, si es lo que se pretendía, la portada no queda donde señala el dedo. La portada "de verdad" dice "Hasta siempre, Xavi". Mentira. Dice "Hasta siempre Xavi". Será porque la coma del vocativo ha sido también cesada, no sabemos si con problemas para cobrar el finiquito o no.

También Sport se despide del técnico que dijo reírse con sus jugadores, en el vestuario, del caso Negreira, y que culpó de sus derrotas al horario, el sol, el sempiterno césped y la artritis reumatoide de la cocinera de la Masía. En este caso, al menos, se despiden de él usando la coma del vocativo, lo que es de agradecer.

Y con esto os dejamos, amigos. Ojalá la lista de EHQEABAM cumpla todos vuestros deseos, como sucede con los Reyes Magos. Damos por hecho que al menos Nacho, Carvajal y Joselu estarán en ella, de lo cual nos alegraremos simplemente porque a ellos les alegrará. Son héroes del madridismo, un madridismo que ya tiene sus miras puestas en exclusividad en el próximo día 1, el sábado, en Wembley, allí donde espera la gloria balompédica que mucho habrá que afanarse y mucho habrá que acertar para conseguir.

Pasad un buen día.

 

 

 

Sí, sí. Aquí Kroos y después gloria

 

Sí, señor. Este aquí Kroos y después gloria fue el titular del Portanálisis de La Galerna, el domingo. Obra del gran Paquito Sánchez, ¡qué tío! El mejor de todo lo que he leído y escuchado. Cinco palabras, un monumento. Así que voy y lo repito porque es eso: aquí Toni y después, la 15. Bordao.

Y bueno, anoche, el mejor equipo de Europa perdió la final de la Euroliga ante uno de los otros mejores, el Panathinaikós, acentuado en la o. Así lo pronuncia mi amigo Giannis, para mí, Zorba. El griego, claro. Anthony Quinn y tal.

Zorba significa ‘aquel que vive cada día’ y vive Dios que el equipo de Ataman lo hizo todos y cada uno de los que te llevan a la victoria final. En la segunda parte los tíos bailaron un sirtaki tremendo, el Madrid no tuvo respuesta.

Poirier

La cosa me trasladó a mi juventud. El Madrid fui yo, un negado en lo de mover el esqueleto, nada que hacer ante mis amigotes/rivales en guateques, verbenas y similares. Por ahí palmaba seguro, por 15 como poco. De pronto, sonó Theodorakis, el llamado PAO se puso a bailar y el Madrid se sentó… Como me sentaba yo.

Los árbitros pincharon muy bien en la discoteca de Berlín, sobre todo a Tavares que salió del vestuario con dos personales encima. Es sabido que si al Madrid le quitas o casi a su pivot titular, miau marramiáu. Cariñosos con Campazzo tampoco estuvieron. Influyó el arbitraje —pitan Grimau, Jasikevicius y Epi y no lo hacen igual— y, desde luego, la peor segunda mitad blanca en todo el campeonato. Nadie estuvo a la altura cuando se cocían las papas de la verdad, desde Mateo al resto de evangelistas del Madrid. Entre todos la mataron...

Influyó el arbitraje —pitan Grimau, Jasikevicius y Epi y no lo hacen igual— y, desde luego, la peor segunda mitad blanca en todo el campeonato. Nadie estuvo a la altura cuando se cocían las papas de la verdad, desde Mateo al resto de evangelistas del Madrid. Entre todos la mataron...

Total, que el madridismo vivió momentos casi olvidados, pues vio cómo su equipo se iba deshaciendo. Lo parece, pero el Madrid no gana siempre, pues no siempre cabeza y piernas responden. En una final estás muerto. Momento duro que viven solo los que están ahí el día de la verdad. Pena por los viejos rockeros, el Chacho, Causeur y Rudy. Son los primeros que saben que no se gana siempre.

No pudo el Madrid ligar otro momentazo que acompañara a la Euroliga juvenil y el adiós de Toni Kroos, de sobra cantado. Le queda por volver a Cibeles y, como me conozco al personal, si ha lugar, Nacho le invitará a acompañarle cuando suba a ponerle la bandera a la diosa. Se paseó Toni por el Bernabéu, le falta hacerlo por las calles.

Kroos por el Bernabéu

¿Podrá? Creo que ese partido, a puerta cerrada, lo gana el Madrid nueve de diez veces. Porque es mejor. Pero se juega con las puertas abiertas de par en par y una sola vez, luego puede pasar cualquier cosa. Huele a 15, pero prepárense para una noche de cuchillos largos.

La primavera es muy dura para el Madrid. No hay semana sin sufrimiento. O dos. Fútbol y baloncesto. A menudo pienso lo feliz que es la mayoría. Hemos competido, lo hemos intentado, el año que viene volveremos. Y están en casa, tan tranquilitos. Pensando que son los mejores, que sólo les falta suerte. El madridista está condenado a un sinvivir. En fin…

La primavera es muy dura para el Madrid. No hay semana sin sufrimiento. A menudo pienso lo feliz que es la mayoría. Hemos competido, lo hemos intentado. Y están en casa, tan tranquilitos. Pensando que son los mejores, que sólo les falta suerte

Ah. Terminó la Liga. Xavi la cerró con su equipo ganando en Sevilla. Mucha suerte en adelante. El Barça trae a Flick, cuentan que es buena gente. ¿Mejor que Xavi? Más recorrido tiene, sí. En el Bayern ganó el sextete (2020) y de la selección alemana lo echaron después de que Japón les hiciera cuatro a domicilio, 1-4. Como en Qatar no superaron la fase de grupos, Alemania, ¿eh?, esa coña nipona le supuso la puntilla. Alemania sin Kroos, también es verdad.

Flick

Flick ha ganado y perdido. Como todo quisque, vamos. Y que viene porque su agente es íntimo de Laporta, también. Le lleva otro y ve el Camp Nou cuando acaben las obras. Bueno, habrá que ver qué le traen, qué le quitan. Con este Barça acabaría más o menos como Xavi, entre diez y quince puntos lejos de este Madrid. Una ventaja tiene: no sabe qué es el estilo, ojo.

Uno de los ganchos del verano es qué emboliques hace Laporta y qué traga Tebas. Objetivo: fichar como si no existieran deudas, límites salariales, esos engorros. Que pueden conseguirlo no tengo la menor duda. Tengan ustedes una buena semana y un gran sábado. Pero no se fíen. Ni de su sombra.

 

Getty Images.

“(…) el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma”.

Aldous Huxley.

 

Explicar comme il faut un partido de baloncesto requiere siempre de un análisis polifacético. Hay que atender a la pizarra, sin obviar por otro lado la lectura de las diferentes rachas de acierto, influidas a menudo por el estado físico de los jugadores. También, por qué no, se ha de poner el foco en la actuación arbitral, si lo merece. Pero ante todo resulta fundamental atender a la gestión emocional, infravalorada clave que no puede soslayarse si de verdad se pretende desentrañar lo ocurrido. La confianza, el ímpetu, la frustración… son detalles que marcan el rumbo de una final. Sin embargo, en Berlín hubo otro sentimiento diferente condicionando todo el encuentro; de forma sorprendente si se tiene en cuenta la larga experiencia madridista en estas lides. Por desgracia para todos, el hilo común que definió la trama de esta tragedia griega —permítase el irónico desahogo— no fue otro que el miedo.

Chus Mateo y Yabusele

El primero de los momentos en que el temor atravesó los rostros del banquillo madridista fue muy al inicio. No se habían cumplido ni cuatro minutos de la final cuando el silbato del árbitro señalaba la segunda falta personal de Tavares, lo que prácticamente condenaba al gigante caboverdiano a no volver a pisar la pista hasta la segunda parte. Al Madrid le arrebataban su red de seguridad en defensa con una prisa inusitada para un encuentro de estas características. Chus Mateo se percató enseguida y vociferó de inmediato, con un rictus quebrado, dolorido, poco acostumbrado. Su lamento, más afligido y aterrorizado que amenazador, como de Cristo del barroco, no tuvo el peso que suelen tener las quejas del resto de sus colegas en los banquillos: fue castigado con una técnica que le despojaba de la posibilidad posterior de presionar. Y a fe que iba a hacer falta.

El hilo común que definió la trama de esta tragedia griega —permítase el irónico desahogo— no fue otro que el miedo

Los espectadores poco avezados aún no se habían dado cuenta. El acierto blanco del primer cuarto había sido sublime: treinta y seis puntos, con Musa demostrando el desparpajo que se le pide y hasta con un valiente Ndiaye encestando triples con autoridad. Algún futbolero que solo ve cuatro citas al año seguramente hasta se echaría mano al reloj con un ademán impaciente: chico, tráeme ya la cuenta. Al fin y al cabo, en el segundo cuarto el Madrid se estaba permitiendo juntar en el mismo quinteto al Chacho, a Causeur, a Rudy y más tarde a Llull. Pero en el minuto 12 se produjo el punto de inflexión. Las tres faltas de Nunn habían dejado toda la responsabilidad en Sloukas, probablemente el base más en forma de Europa, quien no defraudó. La defensa del Panathinaikos subió varios peldaños, aprovechando que el criterio de Difallah y Belosevic estaba decidido de antemano: no importa qué sucediese bajo cada canasta, el contador de personales iba a ser forzosamente salomónico. Antes un tratado diplomático que un sello notarial: una para ti y otra para ti, y lo que suceda en el medio cuénteselo a otra ventanilla. Si no lo vemos, no es ilegal. La frustración de varios jugadores fue creciendo hasta dejar paso a un indisimulado desasosiego. De +14 a marcharse a los vestuarios con un 54-49.

Sloukas, Poirier y Hezonja

A la vuelta del descanso, sin apenas tiempo para pensar, llegaron la tercera de Tavares y de Campazzo. En ese instante el pánico cundió ya sin cortapisa. Grant y Lessort habían cerrado el aro heleno, y los de Ataman culminaron la remontada poco a poco, sin prisa pero sin pausa, mientras el Madrid se afanaba en fallar triples. 0 de 11, cada uno de los intentos casi peor que el anterior. La falta de alternativas era inexplicable, y la precipitación no respondía a ninguna lógica, salvo a la del terror. Por qué no se buscó alguna penetración causeriana que intentase variar los ataques con opciones menos predecibles es un enigma que jamás tendrá respuesta. Para más inri, el Panathinaikos tampoco apabullaba todavía a esas alturas, se iba despegando en el marcador como a cámara lenta, igual que se perciben los accidentes aeronáuticos y los hundimientos de edificios. Llull consiguió en un arrebato el espejismo de un acercamiento —76-79—, y Mateo quiso recurrir en defensa al truco de zona, destruida esta vez sin contemplaciones por varios misiles de un imponente Sloukas. Las manos de los madridistas continuaron encogidas, las dos torres y Campazzo acabaron eliminados por faltas, y el título se terminó de perder en medio de una atmósfera irrespirable, espantosa.

La derrota deja un sabor terrible, solo parcialmente subsanable si se transforma en rabia en el próximo choque contra el Barcelona. La liga ACB de repente se convierte en una obligación absoluta, si bien conviene no engañarse: la herida de Berlín únicamente puede cerrarse del todo en la próxima Final Four. El Madrid se ha visto, de manera inesperada, como Edmundo Dantès en el castillo de If: ha pasado de un futuro prometedor a un impensado —e inmerecido— castigo. Condenado a pelear a cara de perro un título menos ilusionante y a lamerse las heridas. Para lograr la redención, necesitará de un abate Faria que le recuerde, de modo insólito a estas alturas, que, más allá de victorias y derrotas, el miedo es aquello que nos separa de lo que realmente somos.

 

Getty Images.

Ni siquiera el Madrid, máximo obrador de milagros del planeta, pudo sobreponerse al colapso total que sufrió en la segunda parte de una final que concluyó con la victoria de Panathinaikos por 80-95.

El club blanco ha cogido la manía de plantarse en finales de la Copa de Europa, en ocasiones, con una frecuencia de dos veces por semana. Mientras los de Ancelotti preparaban sus músculos y neuronas para Wembley, los de Chus Mateo afrontaban su tercera final de Euroliga consecutiva tras ganar a Olympiakos gracias a esa cualidad que algunos llaman oficio y José Luis Llorente Gento prefiere dignificar como conocimiento. La tarea no era sencilla, para hacerse con el cetro europeo, tenían que salir vivos del bosque verde de Panathinaikos, plagado de árboles altos y peligrosos. Al final no encontraron la salida.

El encuentro comenzó con tres triples seguidos, dos de un inspirado Ndiaye y uno de Grant. El Madrid se situaba 10-6 arriba después de los tres primeros minutos de la final. Veinte segundos después, pitaban la segunda a Tavares y una técnica a Chus, quedaba patente por qué Difallah y Belosevic arbitraban por cuarta vez consecutiva a Panathinaikos después de que su extravagante dueño, una suerte de malo de película de Vin Diesel, se quejase tras perder aquel partido de playoff contra el Maccabi. Tavares, al banco, y no a sacar dinero precisamente.

Tavares

El relevo anotador del Madrid lo asumió Musa, pero los griegos se empeñaban en no quedarse atrás, en muchas ocasiones de tres en tres, para frenar el vigor que insuflaban acciones como el mate de Poirier (los colegiados estimaron oportuno no pitar la falta de Lessort). Ambos equipos las estaban enchufando y se devolvían los golpes. Si la clavaba Slucky Luke desde la guarida de los hermanos Dalton, a la siguiente era Yabusele quien la colaba de tres.

Mateo afrontó el final del primer cuarto con Causeur, Llull y el Chacho a la vez sobre la pista, acompañados de Rudy y Poirier, para cerrarlo once arriba con unos rollizos 36-25. No obstante, sabíamos que no iba a ser nada sencillo.

El segundo cuarto comenzó con un triple de Yabusele y un robo de Rudy. Seguía el intercambio de golpes, por parte de los griegos de manera literal, a Causeur casi lo noquearon, pero, tras revisar la jugada, los árbitros no tuvieron a bien señalar antideportiva.

El Madrid empezó a mostrarse más desacertado en ataque (y en defensa) y Panathinaikos le endosó un 0-8 de parcial, 41-35, suficiente para que Chus pidiese tiempo muerto. Pero el Madrid seguía off en ataque. Tavares regresaba a la cancha cuando la ventaja blanca había mermado hasta los cinco puntos. Para colmo, antideportiva a Musa tras pérdida.

Chus Mateo

Después de varios días con sus noches correspondientes, el Madrid volvió a anotar, un triple de Hezonja, pero Grant y Vildoza respondieron con otro cada uno para ponerse a solo un punto. Sabíamos que iba a tocar sufrir, pese al buen comienzo.

El Madrid se agarraba a un par de canastas de tres de Campazzo y Mussa para no verse sobrepasado en el marcador y devolver la ventaja parcial a 7 puntos a falta de pocos segundos para finalizar la primera mitad, con el juego detenido por tiempo muerto. Solukas se encargó sobre la bocina de volver a mermar la distancia. 54-49, cinco arriba los de Chus y todo un segundo tiempo por delante para sufrir varios infartos de miocardio.

La segunda parte terminó como la primera, con Sloukas anotando, un auténtico incordio para los intereses de los blancos, que seguían desafortunados desde el perímetro, si bien enlazaron varias buenas acciones defensivas.

Cuando restaban siete minutos para finalizar el tercer cuarto, Campazzo y Tavares circulaban ya cargados con tres personales. Los griegos, de nuevo a uno, y el Madrid, maniatado por los hombres de verde y los de naranja, lo veía negro. Parecía un mal sueño.

Madrid

Se veía venir, un nuevo triple de Panathinaikos lo colocaba por primera vez por delante, 56-58, con un 15-31 de parcial. Los merengues, cero de nueve en triples. Desde cerca, igual de mal. Las muñecas blancas parecían escopetas de feria.

Los árbitros, en cambio, en plena forma: de una tacada, tercera a Poirier y técnica para endosarle cuatro personales.

En Madrid estaba en parada cardiorrespiratoria y tenía que volver Tavares. Tercer cuarto nefasto, tenebroso. 61-64. Lo mejor, ir perdiendo solo de tres.

La cosa empeoró en el último cuarto y los griegos se marcharon ocho arriba. El Madrid, impotente. No entraba absolutamente nada. Para más inri, los árbitros seguían apoyando la causa verde de manera descarada.

Y Chus plantó la zona y, poco después, triple de Llull. Los griegos respondieron con otros dos. Y luego Llull, otro. El balear era el único que encestaba. A falta de cuatro minutos el Madrid se colocó a tres. Pero el desacierto era evidente y Panathinaikos se escapó de diez con el Facu eliminado. Solo restaba un milagro.

Quinta de Poirier y doce abajo. No había nada que hacer.

El Madrid colapsó y el partido terminó 80-95.

La Decimosegunda tendrá que esperar, al final no hubo milagro.

 

 

Getty Images.

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram