Las mejores firmas madridistas del planeta

¿Cómo sería no ser del Madrid? ¿Cómo sería levantarse un día como hoy sin el ronroneo de la 15 aún resonando en el paladar? ¿Cómo sería no disponer de esa fuente de energía renovable de felicidad que aporta el club blanco al, en ocasiones, difícil día a día de cada uno?

Imaginar la respuesta produce vértigo, pero basta con darse un garbeo por los andurriales donde moran quienes tienen la desgracia de no ser madridistas para hacerse una idea de los estragos que produce. El daño, en ciertos sujetos, profundiza a escala genética, alterando las hélices de ácido desoxirribonucleico. Es el caso de Iván San Antonio.

⚪️El Real Madrid es un número

▪️"El club que preside Florentino ha burocratizado la Champions hasta convertirla en una competición menor"

✍️ @sanantheone https://t.co/HeRB3sXXf1

— Diario SPORT (@sport) June 2, 2024

Es digno de estudio médico. Un tipo que no encuentra problema moral alguno en acosar al padre de un colegiado, ante un logro deportivo fruto del trabajo deduce que: «La Champions es una competición que al Real Madrid le resulta un incordio porque lo único que le interesa es seguir añadiendo un número más a esos trofeos faltos de sentido».

Esta víctima del propio odio llega al culmen de lo miserable con: «La Europa del 36. Ganar, ganar, siempre ganar. Ganar por encima de todo y cueste lo que cueste, justificando cualquier cosa que ocurra durante el camino porque el fin lo vale todo». Gravísimo. Igual que su estado.

El día que se cumplen 46 años de su fallecimiento, viene a cuento recordar las palabras de don Santiago Bernabéu —rescatadas por Alberto Cosín en Twitter— sobre el tratamiento óptimo para aquellos aquejados de bilis, como es el caso del tal Iván: «Paciencia. Que tengan paciencia. María, ¿qué es eso que tomas tú para la bilis…? Eso: que tomen ruibarbo con un chorrito de carabaña… Va de maravilla. A ver si cuando salga el sol y la luna les parecen bonitos. Una de las pocas cosas que hay baratas en este país, Rodríguez, es la mala leche…».

Santiago Bernabéu sobre la bilis

Un compañero suyo de nombre Matías Vallés firma otra joya: «El Madrid no salió a jugar, solo a ganar». El cirujano no salió a operar, solo a salvar la vida del paciente. La colitis cerebral que provoca no ser del Madrid después de ganar la 15 guía a este señor a deyectar frases gloriosas como: «Vinícius, que marca porque chuta mal». Si bien reserva para el final la reflexión que denota el daño molecular —irreparable— antes mencionado: « La triste exhibición madridista de Wembley confirma que los blancos no reciban en ningún caso la etiqueta de mejor equipo de Europa, una jerarquía que se reserva rutinariamente para las sucesivas escuadras de Guardiola». La nostalgia del régimen.

¿Cómo sería no ser del Madrid? Aquí va otro ejemplo, el de Jordi Gil.

Sport

Hay, sin embargo, a quien esta circunstancia lo conduce por la vía del surrealismo y se marca un sujétame el cubata de época:

🇪🇸 España reina claramente en Europa con 20 Champions

✍️ @JavierAlfaroFC https://t.co/Nrku60h9w0

— Mundo Deportivo (@mundodeportivo) June 1, 2024

«España amplía su ventaja como país con más títulos en la historia de la Champions League. Los 15 del Real Madrid y los 5 del Barcelona hacen que la cifra quede establecida en 20». Patriotismo guadianesco arqueológico, podríamos denominar a la maravilla de Javier Alfaro, aunque es preferible este recurso, el trampantojo estadístico con dosis de humor, que la maldad anteriormente expuesta.

Manuel Jabois escribió aquel célebre tuit: «No entiendo cómo todavía queda gente que no es del Madrid. Es como renunciar voluntariamente a la felicidad». Lo hizo en 2012, hace 6 Champions. Imaginen la magnitud de este club.

No entiendo cómo todavía queda gente que no es del Madrid. Es como renunciar voluntariamente a la felicidad.

— Manuel Jabois (@manueljabois) September 18, 2012

 

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Se nos quedan cortos hoy los buenos días, amigos, y tampoco alcanzan los buenísimos días. No llegan las palabras a describir la gloria, porque qué gloria sería una que pudiera reducirse a tales o cuales significados acostumbrados. Bellingham aprendió anoche en Londres esa lección, o mejor, tuvo esa revelación, al ser preguntado sobre lo que tampoco se puede preguntar porque no hay pregunta que pueda contener esta sobreabundancia. Entonces a Jude no le quedó más remedio que atropellar las palabras, no pudo más que decir y decir sin centro, como quien busca un hilo y solo encuentra mil sensaciones que pugnan por salir todas juntas sin esperar a que las palabras las contengan. Y Jude lloró, porque las palabras retroceden ante el llanto, porque el llanto vence con todo el cuerpo y toda el alma a quien pretenda dar cuenta exacta por la vía racional de aquello que lo produce.

Portada Marca 02-06-24

Fue también nuestro llanto el de Jude, uno pleno y profundo que ya había acompañado la salida del campo de Kroos, la última salida del campo de Toni Kroos con la camiseta blanca, con un número 8 que el impecable alemán ha resignificado para siempre. Se fue Toni como se fue Juanito, en explosión celebratoria y señalándose el escudo, porque la historia está hecha de variaciones sobre el mismo tema, y ese tema es la gloria cuando la historia la escribe el Real Madrid. ¿Cómo es posible acabar una carrera de esta forma? ¿Cómo hacer que quepa en la cabeza que uno de los mejores centrocampistas del fútbol de siempre consiga dejar tan en alto su legado? No lo es. Es tan imposible como ganar 15 Copas de Europa, como tener más del doble que el segundo club con más Copas de Europa, como lograr 6 Copas de Europa en diez años, como vencer en las últimas nueve finales disputadas... Tan imposible como llamarse Real Madrid y que parezca que esto va solo de fútbol.

Portada As 02-06-24

No alcanza el 4-3-3 para entenderlo. No llega la presión alta para concebirlo, ni la basculación, ni el bloque bajo, ni la pizarra, ni la estadística. Todo eso será necesario, pero nunca logrará ser suficiente para dar con la clave de bóveda, con la proporción áurea, con el fundamento de posibilidad, con el punto de apoyo por el cual el Real Madrid mueve el mundo y lo disloca y lo acelera y lo sublima y lo exorciza y lo reencanta.

Es la voluntad de poder nietzscheana, es el espíritu libre de un niño que juega en la playa desoyendo las razones de quienes pretenden ordenar su vida con patrones ajenos al mar. Es la fuerza desbordante de una promesa en permanente estado de cumplimiento. Es un gran sí sin contrario. Es el bendito peso de una tradición que se renueva porque está forjada con vocación de futuro. Es todo aquello que nos recuerda que lo posible coincide con lo necesario. Es querer querer para que entonces se convierta en querer poder. Es lo concebible conociendo sus límites. Es el blanco cegando de claridad a quienes no saben ver y no lloran porque quieren decir —pobres— lo indecible.

Portada Mundo Deportivo 02-06-24

Fue Carvajal quien, siendo niño, puso la simbólica primera piedra de la Ciudad Deportiva de la mano de Alfredo Di Stéfano, y fue Carvajal quien cerró el círculo de ese simbolismo anoche bajo el cielo de Londres, desde donde Don Alfredo, sin duda, le acompañaba. 1,73 mide Dani Carvajal. Su remate de cabeza se impuso a las torres alemanas para un 0-1 tras el cual no hubo más partido que el que coronaría de nuevo al Real Madrid como campeón de Europa. Quienes traten de explicar cómo fue posible el remate ya han perdido el partido y no solo el partido. Quienes hablen de marcajes en el primer palo de ese córner no habrán entendido nada. Quienes no saben que la memoria está más cerca del corazón que de la cabeza jamás sabrán qué es el Real Madrid.

Portada Sport 02-06-24

Son los mismos que llaman gestor a Ancelotti, que llamaban alineador a Zidane, que llamaban antifútbol a Mourinho; los mismos que se aferran a un esquema, a un estilo, a un ADN, a una razón que palidece y se queda muda —que atropella palabras como cuentos chinos— cuando no deja de pasar lo que volvió a pasar anoche en Wembley. Lloran también, pero sus lágrimas son de rabia, de impotencia y de ignorancia.

Las nuestras, en cambio, las lágrimas que también nos asaltan mientras escribimos este portanálisis, nada tienen que buscar saber, porque han visto y ya saben que el número 8 es el de Toni Kroos, que un chaval de 1,73 se sube a hombros del legado de su camiseta para que el legado se perpetúe, que Bellingham no podía hacer anoche un buen partido porque el recién llegado debe acostumbrarse a que todo lo aprendido en otros sitios sirva poco para alcanzar a comprender tanta gloria. Sus lágrimas del final ya lo han comprendido.

Sirvan las nuestras como enorme abrazo para todos, queridos galernautas, quince veces campeones de Europa.

Ya habrá más días para analizar lo que acaba de suceder en Wembley, con el desenlace esperado por todos, incluidos nuestros dignísimos rivales del Borussia de Dortmund, magnífico contrincante.

 

 

 

Ancelotti

 

 

Valverde

 

 

Joselu

 

 

 

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Si aprendiéramos de una vez que el Real Madrid es indestructible, dejaríamos de sufrir cuando parece quebrarse, pero ¿qué aliciente tendría ganar siempre si no fuera acompañado por un temor que luego se revela innecesario?

15 Copas de Europa. Hace tiempo que nos pasamos este juego y ensayamos otros que tienen que ver con una yuxtaposición de subtramas literarias, propias de la gran saga que el Madrid es.

Esta ha sido la Champions de Courtois, que temimos no volviera a ser el mismo y ha vuelto mejor que se fue, pero como el Madrid es un novelón decimonónico esta Champions ha sido también la de su sustituto, que escribió su propia odisea en Leipzig y en los penaltis del Etihad.

Si aprendiéramos que el Real Madrid es indestructible, dejaríamos de sufrir cuando parece quebrarse, pero ¿qué aliciente tendría ganar siempre si no fuera acompañado por un temor que luego se revela innecesario?

Ha sido la Champions de Carvajal, que ha redondeado la temporada de su vida marcando el gol más importante de la misma y encima en córner botado por Kroos, que es el poema anticrepuscular de esta temporada inolvidable. Al carajo la belleza de la arruga, que Kroos no nos ha dejado ni intuirle. Ha redefinido el concepto de la dignidad, de lo edificante, y ya nadie podrá señalarse los achaques para que le quieran.

Kroos

Ha sido la Final de Champions de Camavinga, jugador que ha venido del futuro para enseñarnos que los cyborgs describirán a veces fintas que nos devolverán la fe en el hombre, en contra de sus propios intereses. Otro héroe de Wembley fue Mendy, el único jugador al que he visto volcar un once entero del rival hacia la otra banda, como si hubiesen anunciado que la barca se hunde y hay que hacer contrapeso. Ha sido la Champions de un Rüdiger colosal que ha dotado a la locura de un deje de seriedad inesperado, y que ha encontrado en la sensatez de Nacho un complemento estabilizador. Que así siga porque él siga.

El Madrid parece decidido a hacerle el amor al mundo, una y otra vez, antes de darle la vuelta como un guante

Y, por supuesto, ha sido la Champions y la Final de Champions de Vini, el atacante más espectacular y temible del planeta, que volvió a marcar cuando se arrugan los memes, categoría en la que trató de incluirle la España triste. Los más ruines prefirieron optar por la xenofobia, directamente, cuando se vio que erraban el tiro. Que se jodan.

Es una saga inacabable que apunta a restallar en el porvenir. La cosa no tiene pinta de parar. No es descartable que Ceferin tenga que entregar a su némesis hasta la Copa correspondiente a la última edición de su trofeo. El Madrid parece decidido a hacerle el amor al mundo, una y otra vez, antes de darle la vuelta como un guante.

 

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Arbitró el esloveno Slavko Vinčić. En el VAR estuvo su compatriota Nejc Kajtazovic.

El compatriota de Ceferin dominó el partido con mano dura, no admitió protestas y dejó bastante los contactos en el juego. Tuvo algún error que no comprometió su labor.

En la primera mitad falló no pitando la obstrucción a Valverde por Schlotterbeck en el 10' y la amarilla a Vini era inexistente porque no hubo falta sobre Kobel en el 34'. Además, enseñó dos por protestar a jugadores amarillos: Schlotterbeck en el 39' y Sabitzer en el 42'.

En la segunda mitad, se equivocó al no mostrar amarilla a Adeyemi en el 62' por una peligrosa plancha a Carvajal y se comió un córner claro a favor del Madrid en el 69'. Se añadió Hummels a los tarjeteados por entrada abajo a Camavinga en el 78'. Por último, el fuera de juego de Füllkrug en el 87' resultó claro y su tanto no subió al marcador.

Vinčić, BIEN.

 

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Courtois (9)

Dio la razón a Carletto. Salvó al Madrid forzando el error de Adeyemi en un mano a mano absolutamente clarísimo. Y no sólo eso.

Mendy (8)

Clinic de Ferland en maestría defensiva.

Nacho (7)

Oficio y la categoría de un capitán del Real Madrid.

Rüdiger (7)

De menos a más.

Carvajal (10)

El tipo que puso la primera piedra de Valdebebas se merece esto en una final de la Champions. Ahora remata córneres el tío.

Kroos (10)

Lo pasó mal en el primer tiempo, pero la lección que dio a balón parado en el segundo en su último encuentro con la camiseta merengue quedará en los libros de historia. ¿Quién nos va a sacar las faltas ahora, Antonio?

Valverde (8)

El Halcón sobrevoló Wembley incansable. Imprescindible.

Camavinga (7)

Eléctrico, dinámico, imprudente, inasequible al desaliento. En fin, lo de siempre.

Bellingham (5)

Ha llegado justo al final, pero supo sufrir sobre el verde y dar el pase para la puntilla de Vini.

Rodrygo (4)

Hay que hablar más en el campo.

Vini Jr. (8)

Cuando el Madrid lo pasa mal la estrategia es pasádsela a Vini. Siempre, siempre, siempre lo intenta, erre que erre, una y otra vez. Partidazo coronado por gol sublimemente definido con la zurda.

Modric (-)

Sin tiempo.

Joselu (-)

Sin tiempo.

Militao (-)

Sin tiempo.

Lucas Vázquez(-)

Sin tiempo.

Ancelotti (9)

La reacción del Madrid en el segundo tiempo a buen seguro tuvo que ver con la Carlettina de Ancelotti al descanso.

 

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Va por ti, Toni

 

Nadie dijo que esto iba a ser fácil. Y así lo demostró la coz germana que recibió un ex Borusser como Bellingham nada más iniciarse el partido. Minutos antes, un espontaneo se apoderó de los primeros compases. Con toda parsimonia llegó al centro del campo donde acabó haciéndose selfies con Jude, ofuscado, y Terzic, su antiguo entrenador, halluziniert en la banda. La reacción de las fuerzas de seguridad de Wembley, indigna de Scotland Yard, fue tan primorosa que el susodicho pudo subir su autorretrato con Bellingham a X, antes conocido como Twitter, Facebook, Instagram, Tik Tok, Snap Chat y otros.

Si embargo, la red, y no precisamente social, la tejió el enjambre amarillo y allí quedo atrapado pronto el Madrid cual polilla en la telaraña. Tiempo ha, la batalla por la Decimoquinta había comenzado en las gradas; el madridismo de ultramar frente a un verdaderamente impresionante Die Gelb Mauer, el auténtico espectáculo por mucho que en los prolegómenos Lenny Kravitz se esforzara por hacer suyo el estadio.

I want to get away, I wanna fly away, recordaba una vieja gloria como Lenny y el hincha merengue parecía hacer suyo el verso. Aparentemente dominaba el Madrid, pero quien sabía muy bien a qué había venido era el Borussia, furiosas avispas aurinegras, una lluvia de aguijones, fulgurantes en transiciones, malintencionadas, irritantes, venenosas. Mientras los de Carletto seguían en busca de su penicilina para tan particular y potencialmente letal fiebre amarilla, el tallo Brandt daba el primer aviso con un remate defectuoso cerca de Courtois, finalmente de la partida ante Lunin con una tan inoportuna como oportuna gripe según quién lo mire. Bingo de Carlo en cualquier caso.

Ancelotti

Y si lo primero fue un aviso, lo segundo fue directamente una amenaza al Rey de Europa, un audaz intento de regicidio. A los 21´, un error al tirar el fuera de juego al alimón por Carvajal y Rüdiger y un lejano pase cruzado permitieron a Adeyemi un mano a mano precisamente ante Thibaut que, de nuevo, se encargó de recordar el por qué de la elección de Ancelotti. En una jugada que pudo resultar catastrófica —gol, penalti y/o expulsión— el belga sacó y retiró su largo brazo a los pies del alemán con el tempo perfecto; se le fue largo el regate a Adeyemi.

No fue gol, pero el Madrid acusó el golpe. Apenas sesenta segundos después, tras una imprudente pérdida en salida de balón de Camavinga, Füllkrug, en aparente VARbitúrico fuera de juego Made in Spain, cruzaba con la puntera al palo de la meta madridista.

Los merengues, inoperantes, apenas Vini lo intentaba, sin suerte casi siempre, pero sembrando el terror las exiguas veces que pudo escaparse. Tanto ímpetu le puso, que vio una irrisoria tarjeta amarilla por presionar al portero del Borussia, Kobel, que saludó su presión con un doble tirabuzón con triple Axel que le valió absurda amonestación señalada por el paisano de Ceferin con silbato. Vini lo intentaba, Vini jaleaba, no obstante, al otro lado, sin noticias de Rodrygo y con Bellingham generalmente por los suelos, con todo el equipo, en definitiva, desnortado. El Borussia permanecía a lo suyo, agazapado, esperando volar para propinar su picotazo. Pudo ser el de Sabitzer, el del moñito, disparo duro y abajo. De nuevo, Courtois.

Courtois

El Madrid sufría y el Muro Amarillo atronaba Wembley hasta que, en lo estertores del primer tiempo, cuando el Borussia acumulaba córneres y Matt Hummels celebraba eufórico tackles exitosos ante Vini, se escuchó Real Madrid, oe, oe, oe en las gradas del templo del football y para esperanza madridista de un mejor porvenir en la reanudación. Por la Decimoquinta.

Tuvo que ser Kroos quien diera el aldabonazo. Una falta en la esquina derecha del área grande, en el flamígero fondo del Borussia, obligó a Kobel a una espectacular estirada a la escuadra para evitar un tanto memorable en la despedida de Antonio. Carvajal cabeceó fuera el posterior magistral saque de esquina botado… por Kroos. La Carlettina, de la que pudimos ver la resaca en el túnel de vestuarios, hubo de ser épica al descanso.

El Madrid trataba de sacudirse, de espantar un enjambre que insistía e insistía, un córner tras otro, y Mendy multiplicándose en defensa. En el banquillo merengue, seis suplentes calentando y Carletto, taciturno. Sobre el verde, Carvajal, bravo, rechazaba las disculpas de Adeyemi tras bloquearlo, codazo en el pecho mediante, ante la pasividad del árbitro esloveno. Precisamente de nuevo el de Leganés avisaba al Borussia al rematar de volea un centro de Vini que salvó Kobel; el triple, cuanto menos, de ocasiones del Madrid en el primer tiempo.

Media hora para el final y las espadas (y el sufrimiento) en todo lo alto; padecimiento que iniciábamos con un violento testarazo de Füllkrug que Courtois, despejaba a lo Mazinger Z: puños fuera. Por si no había quedado claro, el Dortmund demostraba otra vez que iba a vender cara su piel; el Madrid, no obstante, se mostraba más sólido. Mientras tanto, un ponzoñoso centro chut de Vinícius, al que no llegó Jude por flequillo, se fue llorando junto al palo borusser.

Recta final y la leyenda del Borussia Dortmund, Marco Reus, relevaba a Adeyemi, fallón pero un incordio invertebrado. Al tiempo, Vini intensificaba sus diabluras con un regate en la línea de fondo sobre el defensor replicante alemán que bien merece el viaje a Londres. Saque de esquina. Entonces, miré a mi hija Clarita, sobre el sofá, y le reprendí inmediatamente a que se pusiera su gorra-fetiche del Madrid, la gorra de Clarita. Juró que esto es verídico.

Y del córner resultante de la fantasía del carioca, el gol del Madrid a los 75 minutos. El que avisó no es traidor. De nuevo, Kroos desde el córner sirvió su penúltima banana con la camiseta blanca. Y esta vez, sí, Carvajal cabeceó furioso al fondo de la red.

Gol de Carvajal

1-0 que pudieron ser dos. Bellingham, tras varios rechaces y con todo a favor, disparó fuera, cerca del poste desde dentro del área. En realidad, pudieron ser muchos más. Cual aleteo de un lepidóptero, el enjambre había sufrido un efecto mariposa. Ahora era blanco merengue.

Tras Jude, Kroos volvió a obligar desde el tiro libre a otra fenomenal estirada de Kobel. Achicando agua súbitamente cual fontanero del Titanic, palmeó fuera un disparo lejano de Camavinga, así como otro cabezazo de Carvajal tras nuevo córner.  Der Krug schlägt so sehr gegen den Brunnen, dass er am Ende zerbricht, reza un proverbio alemán. Así las cosas, en plena tormenta madridista, enrage como los malos de final de pantalla de videojuego, Bellingham, tras nuevo robo, sirvió a Vini que cruzó sublime con la zurda para hacer el segundo a los 82 minutos, engalanar la Cibeles y empaquetar la Decimoquinta rumbo a Barajas.

Gol de Vinícius al Borussia

Daría un último susto con un gol justamente anulado por fuera de juego del pelón Fullkrug. Digno rival, duro adversario, el Borussia.

Insuficiente sin embargo para derrotar al rey de reyes.

Hala Madrid.

Quince veces campeón de Europa.

 

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No soy supersticioso, en consecuencia, los días que el Madrid juega una final de Champions me limito a repetir a rajatabla los mismos ritos de siempre.

No soy supersticioso, de modo que cuando despierto toco la madera del cabecero de la cama y, al levantarme, apoyo en el suelo primero el pie derecho. Después enciendo 90 velas.

No soy supersticioso, así que repito el mismo desayuno de todas las mañanas de las últimas ocho finales de Champions, a saber: café solo recién molido, que llega a España en formato grano alojado en el marsupio de quokkas fanáticos de Tales de Mileto, acompañado de tostadas restregadas con ajos cultivados en el tercer bancal de la cuarta plantación según entras en Las Pedroñeras a mano derecha regadas con aceite de oliva virgen extra del séptimo olivo de la sierra Mágina y alegradas con sal criada en cautividad sobre la cima del Everest.

Quokka

No soy supersticioso, por lo que escribo a mi amiga con la cual comento los partidos —que tampoco es supersticiosa— para que me confirme si va a observar con pulcritud el mismo patrón de comportamiento de todos los encuentros anteriores y si va a vestir el jersey polar azul, aunque alcancemos los 38 º C a la sombra, que ha equipado en las últimas eliminatorias milagrosas de Champions que ha superado el Madrid.

No soy supersticioso, lo que significa que compruebo varias veces que Fred Gwynne ponga los necesarios y obligatorios sietes y soles en el chat de La Galerna y, como tampoco me pongo nervioso, reviso que el desfibrilador se halle en perfecto estado de revista.

No soy supersticioso, por eso repito los mismos sencillos rituales de todos los días de final de Champions: sacrificar siete brotes de soja amamantados por ballenas árticas cada vez que dan las horas pares, caminar todo el día boca abajo a la pata coja y vestir el uniforme que portó Ike Eisenhower el día D en el Desembarco de Normandía.

No soy supersticioso, luego es normal que compruebe por septuagésimo séptima vez que Jeremy de León se encuentra bien, ha dormido correctamente, ha entrenado sin percance alguno, Carletto le ha rascado la espalda, ha desayunado de manera satisfactoria, está contento y se ha persignado tres veces cada vez que ha escuchado la palabra Champions (#CD).

Jeremy de León y Kroos

No soy supersticioso y en virtud de ello me someto a un exorcismo vespertino llevado a cabo por Anthony Hopkins, contacto con un chamán de cada continente —Antártida incluida— para que me limpie los chacras, dono medio sueldo a cambio de una ramita de romero a la misma gitana de El Retiro e invoco tres veces a Zidane delante del espejo con una camiseta de Lola Flores.

No soy supersticioso, por lo tanto, me ato a la muñeca los 27 chinitos de la suerte comprados en la Manga del Mar Menor en 1987, me aboco a la calle para lanzar arroz a cada pareja de madridistas recién casados que veo, recolecto tréboles de cuatro hojas, lleno la casa de herraduras, delfines, elefantes, tortugas, cuelgo unos dados del espejo retrovisor del baño, abrillanto la cruz de Caravaca, acaricio el cuerno de la abundancia e ingiero píldoras para la tensión, los nervios, el reflujo gástrico, la sinapsis neuronal y la bilirrubina, cuando cuando te miro y no me miras.

No soy supersticioso, por lo que háblame del mar, marinero.

No soy supersticioso, y tampoco religioso, debido a lo cual rezo 36 avemarías, 20 padrenuestros, 8 jesusitosdemivida, 5 cuatroesquinitastienemicama, 2 credos y me santiguo 15 veces (#CD).

¡Hala Madrid!

 

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Buenos días, amigos, ¿cómo va ese nivel de nervios, de excitación? ¿Temblores corporales, convulsiones descontroladas de piernas, relajación de esfínteres, incapacidad de pensar en otra cosa? ¿O por el contrario sois de los que vivís estos momentos con tranquilidad hasta que suena el himno de la Champions (y entonces empezáis con los temblores corporales, las convulsiones descontroladas de piernas, y, por supuesto, la relajación de esfínteres)?

En la redacción de La Galerna lo reconocemos abiertamente: tenemos todos esos síntomas y muchos más. Y (los que no estamos en Londres) sentimientos de envidia hacia todos esos aficionados que estarán esta noche en el estadio de Wembley para arropar a los nuestros en un viaje que solo puede acabar de dos modos: con la (asombrosa) Decimoquinta Champions para nuestras vitrinas, o con una alegría inmensa para los millones de antis que pueblan nuestro país.

Confiamos tanto en los chicos de Carletto que esperamos no darles esa alegría. Como se vio ayer en la rueda de prensa de Ancelotti, la concentración del equipo es máxima y se huye de favoritismos, o de dar por derrotado al rival antes de empezar, como hacen algunos medios.

Portada As

“De Wembley al cielo”, sí, buena traslación del archifamoso “De Madrid al cielo”. El diario madrileño repite esos mantras sobre el “Madrid favorito” y “el sorprendente Dortmund”, como si restara méritos al finalista, a un equipo que ha hecho gala de un instinto de supervivencia que nos recuerda al propio Real Madrid del título de 2022. “Sorprendente” quizás no sea la palabra más adecuada para definir a un equipo que acabó primero en el grupo de la muerte (con PSG, Milan y Newcastle), y derrotó sucesivamente a PSV, Atleti y Qatar Saint Germain en eliminatorias ajustadas. Una roca de equipo, seguro, sobrio, fiable como un motor alemán.

Carletto vuelve a hacer gala de su sabiduría y en la misma portada indica que “el miedo ayuda a hacer bien las cosas”. ¿Alguien dijo miedo?, parece que se cuestionan Bellingham y Vini entre carcajadas. Miedo, risas, nervios, y un objetivo claro, el que nos muestra la portada de Marca:

Portada Marca

“A por la 15”, claro que sí, y a agrandar lo que se define en el subtítulo como “interminable leyenda” del “rey de Europa”. Tocará luchar desde el primer minuto hasta el noventa y tantos, o ciento veintitantos, y será cualquier cosa menos fácil. Como lo es una final. El Leverkussen no había perdido un solo partido en toda la competición de Europa League y perdió el más importante, el que culmina el trabajo de toda la temporada. La Fiorentina tampoco había perdido un solo partido en toda la Conference League y fue a caer en la final. El Real Madrid tendrá que enfrentarse incluso a la estadística: en todos estos últimos años se presentó en la final con alguna derrota en el camino, no así en esta temporada 2023-24. Y luego está la hazaña de superar los gafes de los AIC (Analistas Internacionales Calvos), que han pronosticado nuestra victoria con tanta convicción que solo nos cabe pensar que lo tenemos muy, pero que muy complicado. Pero si alguien puede con todo ello, así como acabar con el deseo confeso de los millones de antis, es el Real Madrid.

Y antes de pasar a la prensa cataculé, no podemos dejar de lado la victoria del Real Madrid de los canastos ante el Fútbol Club Barcelona, lo que pone el 2-0 en el casillero de las semifinales, “a un paso de la final”, como dice Marca, que, esta vez sí, trae el baloncesto a la portada y no lo hace tras una derrota. Volvió Llull con sus estratosféricas mandarinas, las cuales, unidas al dominio de Tavares, el acierto de Musa y la brega de Hezonja, propiciaron una buena victoria que coloca a los de Chus Mateo en una óptima posición para clasificarse para una nueva final de la ACB.

Como tampoco podemos olvidar el fenomenal triunfo del Madrid de los canastos NBA en la final de la Conferencia Oeste, con un descomunal Luka Doncic que se cuela en las portadas. En caso de haberse llegado al sexto partido, se habría disputado hoy por la noche, lo que, según se comenta en los mentideros norteamericanos, provocó que al bueno de nuestro Chico Maravillas le entraran las prisas por finiquitar la serie, razón por la cual se cascó veinte puntos en los primeros doce minutos. Mucha suerte en su primera final de la NBA para Luka.

Y ahora, ya sí, vamos con la prensa catalana, que trata de hacer lo poco que puede hacer en estos casos:

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

“La gran sorpresa”, que sería una hipotética victoria del Dortmund, “final con presión”, “Borussia víctima” y “el pronóstico mayoritario que predice un triunfo de los blancos”. Lagarto, lagarto, ya sabemos de qué va esto, lo hemos visto muchas veces. Si el Real Madrid se hace con el título, como todos los galernautas esperamos y deseamos, el Borussia no será más que un equipo de trabajadores de la BMW al borde de la jubilación que se juntan para su pachanga de fines de semana. Por el contrario, si se rompe esa maravillosa racha de ocho victorias consecutivas en finales de Champions, nos lo pintarán como el gran fracaso de Jude, Vini, Modric, Kroos, Ancelotti y, por supuesto, del proyecto megalómano de Florentino Pérez. Y mencionamos precisamente al alemán porque hoy jugará su último partido de blanco. Y un jugador histórico como Toni solo puede tener un final para su memorable carrera, ¿verdad que sí? Por eso decimos que no vamos a daros esa alegría, amics.

Lo dejamos ya, que tenemos que concentrarnos, pero no podíamos dejar pasar por alto la posibilidad que han perdido en Mundo Deportivo de titular mañana con la noticia del faldón superior de la portada: “Flick da el OK a Westermann”. Un título que muy bien habría podido competir con el célebre y celebradísimo “Valverde da el OK a Bellerín” entre los mejores de la historia del portadismo nacional. Aquello fue en Cardiff 2017, y “solo” fue la 12ª. Vamos a seguir haciendo crecer la leyenda, suerte a los nuestros y ¡¡¡Hala Madrid!!!

El Real Madrid tiene la oportunidad de incrementar todavía más su prestigio en la final de Wembley, un escenario regio en el cual, a pesar de ser un estadio hecho a la medida de nuestro club, éste todavía no ha ganado ninguna Copa de Europa.

Lo ha hecho en territorio británico en tres ocasiones, dos de ellas en Escocia y una en Gales. Yo tuve la satisfacción de ganar la Quinta en 1960 en Glasgow, en el que aún está considerado el mejor partido en la historia del fútbol de clubes, el 7-3 frente al Eintracht de Frankfurt. Precisamente, hace no mucho tiempo jugamos la Supercopa de Europa contra el Eintracht y tuve la ocasión de reencontrarme con varios de los oponentes en esa final legendaria.

Santamaría

Encuentro que el equipo llega en un estado de forma óptimo, y que debe ir a por la victoria desde el principio. Sin embargo, esto tampoco debe suponer perder la cabeza y descuidar las necesidades defensivas. Los defensas no deben nunca olvidar su deber de prudencia. Deben observar siempre el rigor y no irse para adelante sin cabeza. El equilibrio será tan importante en esta final como la ambición ofensiva. En aquel Madrid donde jugué yo, que alineaba cinco delanteros, nunca perdimos de vista la necesidad de defender con pulcritud. Esa era mi tarea, mientras Alfredo se ocupaba de asegurar que todo funcionara allá arriba.

El Madrid es lo más grande. Es más grande que el mundo. A por la 15. Hala Madrid

No querría destacar a ningún jugador por encima de otro de cara a la final. Creo que la clave, precisamente, será hacer un juego parejo por parte de todos.

La institución se presenta a las puertas de este nuevo título europeo sin urgencias, sabedor de que la sala de trofeos es ya la envidia de todo el mundo del fútbol. No necesitamos la 15. Pero la queremos, claro.

El Madrid es lo más grande. Es más grande que el mundo. A por la 15. Hala Madrid.

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