Buenos días, amigos. Debut de Mbappé en la Eurocopa y napias rotas, manda narices. A lo largo de su carrera, el francés se había lesionado menos durante la práctica de su oficio que los Reyes Magos en el desempeño del suyo, y ha sido fichar por el Madrid y fracturarse el apéndice nasal a las primeras de cambio.
Sucedió anoche, ya lo sabéis, Francia se enfrentó a Austria y ganó 0-1 en un encuentro de esos que hacen afición, pero a otro deporte. Nike vistió a Les Bleus como a jugadores de béisbol y Deschamps volvió a intentar que su equipo no arrasase, si uno mira la calidad que atesora este combinado, es difícil entender las alineaciones y planteamientos de su seleccionador.
En un lance del encuentro, Griezmann centró y Kylian, al rematar de cabeza, se dio de bruces contra el hombro de Kevin Danso. Mbappé cayó fulminado y en la siguiente toma de televisión pudimos observar cómo su tabique lucía como el de un boxeador. Hubo de ser sustituido y trasladado al hospital, como indica Marca.
Al cierre de las ediciones de los periódicos aún no se tenía claro el alcance y el procedimiento a seguir para la sanación de Mbappé. Marca así lo muestra y escribe: «pasa pruebas para ver si debe operarse y la Eurocopa corre peligro».
Lo principal es su salud, no la Eurocopa, lo importante es su restablecimiento satisfactorio, aunque nos da en la nariz que en la selección francesa puede que no piensen lo mismo a tenor del comunicado emitido esta madrugada:
Kylian Mbappé regresa a la concentración del equipo francés. Kylian Mbappé sufrió una fractura de nariz durante la segunda parte del Austria-Francia disputado este lunes en Düsseldorf.
El capitán de Francia fue atendido en primer lugar por el personal médico y el doctor Franck Le Gall, que le diagnosticó una fractura de nariz. El diagnóstico se confirmó durante los exámenes de Rayos X en el hospital de Düsseldorf.
Kylian Mbappé ha regresado al campamento base de la selección francesa. Recibirá tratamiento en los próximos días, pero no se someterá a cirugía en un futuro inmediato.
Nos da mala espina que especifique que no se someterá a cirugía en un futuro inmediato, lo cual deja abierta la puerta a que sí se someta en un futuro no inmediato, es decir, cuando se incorpore a las filas madridistas. Nos tenemos que Francia no vea más allá de sus narices, quiera parchear la situación con un apaño para que el jugador pueda disputar la Eurocopa con ellos y endosarle el problema de la operación y la recuperación al Real Madrid. Y al propio Mbappé, que vería retrasada la aplicación del tratamiento necesario.
Por una cosa o por otra, el fútbol de selecciones siempre acaba siendo un problema: durante la temporada, interrumpe rachas y estados de forma, nos arrebata la posibilidad de ver a nuestro equipo favorito, somete a cansancio y desgaste a los deportistas; durante los periodos estivales, priva de parte del necesario periodo de descanso a los jugadores, retrasa su inicio de pretemporada; y, siempre, acarrea lesiones. Estamos hasta las narices.
Al menos Mbappé se lo ha tomado con humor.
Des idées de masques 🎭😅 ?
— Kylian Mbappé (@KMbappe) June 17, 2024
Kylian publicó: «Alguna idea para máscaras». Esperemos que sea indicio de que la lesión no sea tan grave y realmente no sea necesaria la operación ni ahora ni cuando acabe la Eurocopa, y el tratamiento se limite a la utilización de una máscara protectora en los partidos durante un periodo de tiempo. Ojalá las sospechas que hemos mostrado antes sean infundadas y el comunicado de la selección francesa no sea sino un buen augurio y una muestra de que el asunto no es tan severo.
La portada de As es anterior al mencionado comunicado, por lo que aún no sabían que Mbappé no pasaría por el quirófano de inmediato.
El diario de PRISA dedica un espacio a Cristiano, una bestia del fútbol que se convertirá hoy en el primer jugador en disputar seis Eurocopas. También habla de la despedida de Ramos del Sevilla y de que Hezonja elige el Madrid.
Es curioso el destacado de la franja negra que cruza la tapa del periódico: «La presión popular lleva a Arda Güler a la titularidad». Llamadnos locos, pero quizá haya tenido algo que ver su calidad y rendimiento.
Sport también ha optado por dedicar el frontispicio a Kylian y su rotura de nariz. En el faldón podemos leer que «El Barça necesita una venta exprés antes del próximo 30 de junio». El Barça lo que necesita es un milagro de Lourdes o una nueva componenda con la Liga de Tebas que les permita inscribir a cualquier jugador saltándose las normas, una vez más, delante de nuestras narices. Juzgad vosotros cuál de las dos opciones es más probable.
Mundo Deportivo elige el mercado interno y sus principales noticias versan sobre el Barcelona y la selección española. En el ámbito culé publican una encuesta donde los socios dan el sí a Flick y a Nico Williams, que recordemos es un jugador del Athletic Club de Bilbao. Y sobre el combinado nacional vienen con un scoop de los que hacen época.
Titular: «La roja estrecha lazos en la Euro con una comida». Sello en la portada que reza «Fotos exclusivas MD». Las fotos: jugadores de España desplazándose a pie ¡o incluso charlando como personas normales! junto a una barandilla y, atención, dos señales verticales: peligro, señor amontonando arena y peligro, señor grande persiguiendo a señor pequeño. Historia del periodismo.
Nos despedimos deseando una pronta y satisfactoria recuperación a Kylian Mbappé y con la vista puesta en el debut de Güler en la Eurocopa esta tarde a las 18 horas con Turquía. Arda es de esos futbolistas que ilusionan y mantienen las ganas de ver fútbol.
Pasad un buen día.
Ha empezado otra Eurocopa y eso sólo nos dice una cosa, que nos hacemos viejos. Además esta vez se solapa en el tiempo con la Copa América, lo cual es un fastidio porque pocas veces como ahora podremos ver un cambio de época a tiempo real como el que va a tener lugar este verano en el fútbol mundial a los dos lados del Atlántico.
Cristiano Ronaldo y Leo Messi, los dos mejores jugadores de la Historia y los nombres que han marcado el siglo XXI de este juego, disputarán su último gran torneo de selecciones, a menos que la monomanía de CR7 diga otra cosa y lo tengamos pateando dunas en Arabia hasta la próxima Copa del Mundo. Sin embargo, la nueva hornada de supertalentos generacionales está más que lista ya para representar ante el mundo la escena del relevo. De todos los nuevos príncipes que aspiran a ser los reyes del fútbol, los tres más importantes son del Madrid.
Nunca había sentido semejante desapego y apatía con respecto a la selección española de fútbol. En esta Eurocopa no es que me dé pereza España, es que directamente quiero que pierda. Basta con saber que san Morata, bueno y mártir, es el capitán para ya saberlo todo: como querer ir a la Luna en bicicleta. La frialdad es la última etapa de lo que ha sido un proceso gradual desde el Mundial de Sudáfrica, pero con el equipo que dirige De la Fuente me es imposible no ya identificarme sino siquiera simpatizar.
De todos los nuevos príncipes que aspiran a ser los reyes del fútbol, los tres más importantes son del Madrid
No voy a repetirme, ya otras veces escribí aquí mis razones, pero todas se podrían resumir en la cuestión Brahim, el desprecio más grande a una persona que yo haya visto en el fútbol de selecciones y en particular en España, y mira que hemos visto unos cuantos. Más que de los españoles, la selección ha terminado siendo el puerto de abrigo de los periodistas deportivos, el lumpen de la profesión, y una terminal mediática del nihilismo social imperante.
De pequeño sentía una conexión enfermiza con el equipo nacional porque el Madrid me hacía soñar y trascender y en cambio con España todo era puro sufrimiento. No del agonismo heroico que toda la Creación agranda, no, sino del padecimiento atrozmente vulgar del que los aficionados del Atlético de Madrid han hecho toda una filosofía. Era para mí una ambivalencia lacerante porque, al fin y al cabo, ¡yo era español! Tenía que ir con mi país y así me sentía obligado, y al final de las humillantes decepciones y tras cada derrota cargada de victimismo y de excusas me atormentaba una vergüenza interior tremenda.
En el fondo yo sabía que comportarse así no era de hombres y estaba mal porque con el Madrid las cosas funcionaban de otra manera. La derrota en el Madrid es una herida en carne viva que se lava cruelmente con vinagre y luego se cauteriza con fuego, y eso lo aprenden los niños desde el principio, entendiendo que no existe la habitación de las disculpas. Curiosamente, con el ciclo triunfal de la selección, que ya me pilló talludito, aquel cerrojo moral y mental se rompió y me liberé poco a poco de la cargante necesidad patriotérica de apoyar contranatura a un combinado federativo cada vez más orgánicamente antimadridista, por demás.
Los chavales van con Alemania por Kroos o con Francia por Mbappé y las consideraciones identitarias puramente nacionales les tocan un pie
Observo también algo que para el chaval que yo fui resulta inconcebible, y es que los chiquillos hoy no sienten por lo general la menor vinculación con España ni con la selección. Antropológicamente es digno de anotarse y de ser estudiado. Yo creo que forma parte de un fenómeno mayor, más profundo, un reflejo de la tendencia global del fútbol a convertirse en un juego de nombres y no de equipos. Es decir, que las identificaciones colectivas están perdiendo imperceptiblemente peso con respecto a las individuales, un poco como está pasando en todos los demás órdenes en Occidente.
Los chavales van con Alemania por Kroos o con Francia por Mbappé y las consideraciones identitarias puramente nacionales les tocan un pie. En todo caso yo creo que es mejor así y que en eso salen ganando con respecto a los que somos de otras generaciones, porque si al fin y al cabo la patria es pagar el IRPF y el IVA, ¿no es mejor sentirse más cerca de atletas apolíneos ideales como Cristiano que a otros como Pedri?
La verdad es que con la edad las cosas sí que se ven de otra manera. A uno le quedan cada vez menos reservas de energía para pasarlo mal. Personalmente, entre los fines de semana penando con cada visita a domicilio en la Liga española, las eliminatorias de enero en Copa y las tragedias griegas de abril y mayo en Europa, el Madrid me las gasta todas.
En esta Eurocopa me simpatiza Inglaterra y es la primera vez que me pasa en la vida. La culpa la tiene Bellingham, que es El Ungido. Parece mentira pero por fin, con Jude, todo eso que los ingleses cuentan de sí mismos se cumple. Si después del año que ha culminado en su debut con el Madrid Bellingham destruye el malditismo ancestral de los pross podría incluso retirarse con veinte años pues, ¿qué otra cosa le faltaría? ¿Acaso el Balón de Oro? Mucho me temo que la maquinaria de publicidad y propaganda anglosajona conseguiría arrebatárselo a Vinícius en caso de que a Bellingham le diera por liquidar el loserismo inveterado de la selección inglesa.
La Eurocopa de Alemania confronta dos espacios temporales del fútbol: Kroos, Modric, Nacho y Cristiano frente a Bellingham o Mbappé: todos han jugado, juegan o jugarán en el Madrid, lo que constata el monstruoso dominio estratégico de la visión florentinista en los últimos diez años
La Eurocopa de Alemania confronta dos espacios temporales del fútbol, uno declinante, que buscará su canto del cisne, y uno joven y pleno de vigor que buscará fundar definitivamente su nuevo orden. Kroos, Modric, Nacho y Cristiano frente a Bellingham o Mbappé: todos han jugado, juegan o jugarán en el Madrid, lo que constata el monstruoso dominio estratégico de la visión florentinista en los últimos diez años. Podemos hablar ya de la Era Florentino después de Wembley si además nos acordamos de que, por ejemplo, por los campos alemanes también estará correteando Arda Güler, otro que apesta a playmaker del futuro que tira para atrás. En España han empezado jugando, qué menos, también Carvajal y Nacho, los máximos exponentes de la última gran quinta de la cantera madridista. Serán los puntales de un equipo alicorto y vulgar, digo yo, aunque cualquiera sabe qué truco de magia nos puede deparar el equipo técnico de la federación más corrupta de Occidente. Todo el mundo se hace lenguas siempre de La Masía y ahora con tantos futbolistas replicantes, ídolos de la horizontalidad, como hay en la roja es fácil perder la perspectiva, pero entre Gavi, Pedri y Cubarsí no hacen una pierna de Dani Carvajal, que tiene 32 años y seis Copas de Europa.
Getty Images.
Un día en las carreras es una de las comedias delirantes de los Hermanos Marx. La propietaria de un hospital se encuentra en apuros económicos y la viabilidad del centro depende, en gran medida, de una rica paciente. Groucho es veterinario, pero se hace pasar por médico con el fin de conseguir que la acaudalada enferma prolongue su estancia. Además, optan por apostar en las carreras de caballos como solución a los problemas pecuniarios.
El pasado domingo acudí al Jarama Classic. Pensaba que pasaría un día en las carreras y sin embargo disfruté de mucho más, una oferta de ocio bien organizada y diversificada que no solo incluye el aspecto deportivo, por lo que todo el mundo sale ganando, quien acude se divierte más que en una simple carrera de coches y quien lo organiza hace rentable su inversión y puede ofrecer cada vez mejores eventos y experiencias relacionadas con el mundo del motor.
En el circuito, comentaba estas cuestiones con el galernauta Juan Carlos Servera —responsable, entre otros, de la buena marcha del Jarama— y rápidamente salió a colación el Real Madrid en la conversación. Aunque suene a frase de Groucho, el Madrid es un club de fútbol que paradójicamente se ve obligado a explotar una serie de recursos ajenos al fútbol para poder seguir siendo el mejor club de fútbol.
Lo más llamativo del Madrid, y su razón de ser, es la victoria, la cantidad ingente de campeonatos de fútbol y baloncesto que gana, sin que sirva como excusa nada, ni siquiera no contar a priori con el mejor equipo, situación acaecida no pocas veces. La actitud y la exigencia son máximas, y los éxitos continuados en el tiempo lo han aupado al primer lugar de la historia.
Durante los últimos lustros, el Madrid ha renovado sin prisa pero sin pausa una plantilla ganadora con otra que promete darnos alegrías durante muchos años sin apenas barbecho en la cosecha de trofeos; ha mantenido un equilibrio económico ejemplar incluso ante catástrofes imprevistas como la pandemia de Covid-19; está liderando, enfrentándose a quien sea menester —como siempre ha hecho—, la renovación que necesita el fútbol para no morir; ha vencido a numerosos equipos que contaban con más recursos económicos o arbitrales y, mientras tanto, ha ganado Champions como si no hubiera mañana.
A pesar de lo homérico de los logros, considero que no han sido la clave, sino el establecimiento de las bases que permitan continuar durante años en el primer puesto, reinventarse para poder seguir siendo el mismo.
Aunque suene a frase de Groucho, el Madrid es un club de fútbol que paradójicamente se ve obligado a explotar una serie de recursos ajenos al fútbol para poder seguir siendo el mejor club de fútbol
Quizá nunca se pondere como merece el hecho de que Florentino y su equipo fuesen capaces de prever en qué se convertiría el fútbol y tomasen las medidas oportunas con antelación al problema que iba a suponer enfrentarse a clubes con otra naturaleza jurídica y dinero cuasi infinito, al contar muchos de ellos con el apoyo de un estado económicamente exuberante por mor de sus recursos naturales.
La conversión de un buen estadio de fútbol como el Santiago Bernabéu en un lugar capaz de acoger todo tipo de espectáculos y eventos es una de las transformaciones más importantes que ha experimentado el club. La metamorfosis del Bernabéu es vital para la supervivencia del Madrid: crea la fuente recurrente de ingresos necesaria para competir en el nuevo paradigma del fútbol.
El próximo objetivo es conseguir una competición adaptada al día de hoy y preparada para el de mañana, con un formato en el que prime el espectáculo, que permita la viabilidad de los clubes que participen en ella mientras vela por los intereses de futbolistas y aficionados. Para ello es necesaria la supresión de los actores que no aportan valor y solo parasitan. Es el propósito de la Superliga, si bien lo importante no es cómo se llame la competición, sino acometer los cambios necesarios en el sistema para alcanzar estos objetivos.
La vida no es cine y la manera óptima para resolver los problemas no es al modo de Un día en las carreras. La gestión de un club obliga a enfrentarse a multitud de retos para, primero, asegurar su viabilidad y, segundo, intentar encumbrarlo a la cima. No todas las entidades los afrontan de igual manera, unas hacen pasar por médico a un veterinario y apuestan en las carreras contra el futuro para subsistir un día más en el presente, y otras colocan al profesional adecuado en cada puesto y trabajan con anticipación para resolver los problemas del futuro y subir al primer puesto del podio en la carrera del presente: un día en el Real Madrid.
Getty Images.
El 17 de junio de 2007 se certificó un hecho paranormal. El Real Madrid, contra todo y contra todos —en ocasiones incluso contra sí mismo— ejecutó la última remontada de una Liga, la 30º, que siempre será recordada como la más maravillosa y épica de la historia blanca.
En el libro Historia de las míticas remontadas del Real Madrid (Almuzara) se repasan las gestas europeas y todos sus secretos, pero no podía faltar un detallada crónica de aquella hazaña, de la que hoy ofrecemos un extracto de su traca final, que, aunque muchos no lo recuerden, comenzó precisamente contra el Barcelona.
“Justo cuando todo se tornaba oscuro, el Madrid se rebeló contra los problemas, el catastrofismo y los resultados. Lo hizo donde se clavan las banderas, en territorio enemigo: el Camp Nou. Allí se marcó un partidazo sorprendente que si terminó en empate a tres fue gracias al primer fogonazo de un todavía imberbe Leo Messi. El resultado fue lo de menos. Aquella noche blancos recobraron aquello que les hace irreductibles: la fe en la victoria final. Una ola de optimismo casi disparatado y a todas luces subversivo se desató desde Chamartín, que orquestó la campaña con el lema «Juntos Podemos».
La grada respondió sin preguntar, como se demuestra la verdadera lealtad. Abarrotó el Bernabéu para el siguiente partido ante el Nástic (2-0) y para todos los demás de ese año. Restaban once encuentros y los blancos seguían terceros en la clasificación, a cinco puntos de los dos primeros, Barcelona y Sevilla. Dados los precedentes y la querencia del club ese año por nadar entre escándalos, la persecución se antojaba casi imposible. Pero entonces se comprendió que existen discursos más allá del virtuosismo para alcanzar la victoria. La unidad, el compromiso innegociable y la dureza mental serían el alimento de un equipo que, a partir de ese momento, como en las grandes remontadas, iba a expandir la confianza en sus posibilidades a base de esfuerzo y un apetito voraz.
El globo comenzó a inflarse y volar varios partidos hasta la visita a Santander de la jornada 30. Allí llegó lanzado, a sólo dos puntos del Barça y con los rivales empezando a convencerse de que el Madrid, una vez más, iba muy en serio. Pero un planteamiento poco ambicioso después de adelantarse en el marcador y una polémica actuación arbitral favorecieron
la victoria de los locales. Los culés, que ganaron en Mallorca, pincharon la ilusión y pusieron todas las fichas en el puesto de salida. El asalto volvía estar a cinco puntos de distancia.
El golpe hubiera sido definitivo para casi todos, pero la cohesión entre jugadores, entrenador y madridismo no era de cartón. Pese a la derrota, las entradas para el siguiente partido, contra el Valencia, se agotaron en un solo día. Bernabéu lleno y fe a rebosar. Las victorias frente a los ché (2-1) y en la Catedral (1-4) serían el preludio de un final de campaña de ciencia ficción.
El Barcelona, temeroso por primera vez, comenzó a sacar la calculadora. Quedaban cinco partidos y ya sentía el aliento del lobo a sólo dos puntos de distancia.
En el siguiente encuentro, contra el Espanyol, se agotaron las palabras para describir lo sucedido. En el minuto 26 el Madrid perdía por 0-2, e incluso llegó a ir 1-3 por debajo. Pero ya no se trataba de fútbol. Había algo más, una fuerza sobrenatural, un imponderable que conducía al equipo hacia la portería contraria con la determinación del invencible. Fue la noche de Higuaín, que, en el minuto 89, robó un balón en el que sólo creía él y, tras una pared con Reyes, hizo estallar al Bernabéu y a todo el madridismo. El equipo estaba líder después de un empate del Barcelona contra el Betis.
Cuatro campañas después (la sequía no era ningún decir), los blancos veían la clasificación desde arriba. La tercera remontada consecutiva se dio en Huelva, y una vez más en el último minuto, poniendo a prueba los corazones y la confianza de todos los que ya estaban subidos en el carro guiado por Capello. Un tanto de Roberto Carlos arregló un 0-2 que el Madrid había desaprovechado de forma incomprensible (2-3). Los blancos parecían cogerle gusto a sortear campos de minas.
Entonces llegó el instante en el que el tiempo se detuvo. Penúltima jornada de Liga. El Madrid visitaba la Romareda mientras que el Barcelona jugaba el derbi con el Espanyol en el Camp Nou. A falta de tres minutos de ambos partidos, los blancos perdían (2-1) mientras el Barcelona vencía (2-1 también). El vuelco parecía imposible de evitar. La tragedia sólo podría esquivarse con dos goles… o con un gol en cada estadio. Primero marcó Van Nistelrooy, que entró en la historia del equipo al anotar durante siete jornadas seguidas. Había que anotar otro como fuera, y ese como fuera lo consiguió Tamudo 18 segundos después. Indescriptible. Fue el giro de los acontecimientos más dramático y vibrante que nunca se había vivido en la Liga. La felicidad era plena, sin cortapisas, con Calderón incluso atreviéndose a pisar el césped de la Romareda. Las dos desgracias de Tenerife parecieron cobrarse con el Tamudazo.
Quedaba el partido definitivo, en el Bernabéu y contra el Mallorca. Ganar era obligado para conseguir el alirón. Fue el choque más importante del equipo en los últimos años y, quizás, uno de los más sufridos, como no podía ser de otra manera esa temporada. Los bermellones comenzaron por delante y un escalofrío recorrió los cuerpos de los aficionados, que veían cómo la remontada tendría que hacerse sin el mejor soldado, Van Nistelrooy, que se marchó lesionado. Fue la noche de Reyes y Diarra, que pasada la hora de juego marcaron los tres goles que llevaron al Madrid a conquistar la Liga más espectacular, por angustiosa y meritoria, que jamás haya ganado un equipo. La Liga de las remontadas”.
Getty Images.
Buenos días, amigos. Todo lo que hace o dice Mbappé tiene repercusión global. No es novedad. Es una de las consecuencias que acarrea la magnitud futbolística y mediática de los jugadores como él. Si además opina sobre política, tema controvertido por antonomasia, el eco es mayor y lleva a manifestarse sobre el asunto a quienes ni siquiera siguen el fútbol.
Ayer Kylian, en la rueda de prensa que ofreció durante su estancia con la selección de Francia, opinó que las elecciones legislativas de su país son más importantes que el partido de Eurocopa contra Austria, animó a sus compatriotas a votar, especialmente a los más jóvenes, ya que en su opinión se trata de un momento crucial en la historia francesa, y se posicionó en contra de los extremos.
As titula: «Mbappé contra la ultraderecha». Quizá una coma elíptica después de Mbappé no habría venido mal. Después añade que «pide el voto en Francia contra Marine Le Pen». El sentido de las palabras de Kylian en su comparecencia ante los medios parece claro, si bien es cierto que no se expresó literalmente como destaca As.
Marca va por la misma senda de As, pero de manera menos explícita.
Hemos comenzado este portanálisis comentando que las opiniones de estrellas como Mbappé tienen gran resonancia, incluso en quienes se sienten ajenos al mundo del balompié, y que los asuntos políticos generan controversia. Si bien As extrapola las palabras de Kylian de manera que las presenta como una petición del voto contra Le Pen, Marca se limita a tomar distancia con respecto a lo que llama "meterse en política" (al menos tiene la honestidad de entrecomillarlo) y asegura con algún vago desacuerdo —la elección de las palabras nunca es inocente— que Kylian ha "entrado en campaña". De manera harto sutil, ambas cabeceras están posicionándose sobre los temas que suscita el discurso del delantero francés en consonancia con la línea ideológica de sus respectivos grupos editoriales.
Se pueden leer conclusiones de todo tipo en las redes sociales. A nosotros nos parece que Mbappé es libre de opinar lo que estime oportuno, siempre y cuando lo haga con el debido respeto, como ha sido el caso. En el Real Madrid caben personas de todo el espectro político siempre que sus manifestaciones públicas estén regidas por la tolerancia a personas, precisamente, de otro espectro político. En el Madrid de los setenta coexistieron pacíficamente un monárquico de derechas como Bernabéu y un maoísta como Breitner, y se admiraban mutuamente. Si fuera del Real Madrid llueven las balas, no es problema de la institución, que nunca va a incentivar la guerra entre unas posturas políticas frente a otras. El Madrid es tolerancia y entendimiento.
Lo que ha dicho Mbappé es que no le gustan los extremos. A nosotros los extremos que nos gustan son los del Real Madrid que corren la banda y ponen en un brete una y otra vez a los laterales rivales, generando ocasiones para los vikingos. Mbappé el año que viene, bien desde el extremo, bien por el centro, a buen seguro que será un quebradero de cabeza para las defensas contrarias, como lo ha sido Bellingham este y lo sigue demostrando con su selección: ayer anotó el gol de la victoria de Inglaterra y fue el mejor contra Serbia.
La prensa culé ya sabemos que acostumbra a vivir en su burbuja, recientemente hemos comprobado cómo han atribuido méritos en la victoria de un equipo de la NBA, es decir, de baloncesto, a Guardiola, un entrenador de fútbol que hace muchos años que no está en el Barça, así que no puede extrañarnos que Pedri y Lamine sean la «eurosensación».
Ayer, sin ir más lejos, este humilde portanalista acudió a comprar unos filetes de contramuslo y mientras el pollero se los deshuesaba no dejaba de comentarle lo espléndidos que son Pedri y Lamine, y la eurosensación que estaban causando en todo el mercado: el carnicero estaba euroasombrado, la frutera euroepatada, la pescadera eurocautivada. ¿Quién va a preferir a un grupo de veteranos y noveles que ganan una barbaridad de Champions pudiendo quedarse con dos jóvenes que han realizado un buen debut contra Croacia en una Eurocopa? Sería de locos.
Sport, cómo no, también se halla europrendido de Pedri, destacan que recorrió nueve kilómetros en una hora y que en la selección están muy contentos con él. No es para menos, ¿jamás alguien corrió nueve kilómetros en una hora? Además, ¿no es en fútbol lo más determinante correr nueve kilómetros en una hora? Quien no lo pondere como merece, como lo máximo, no entiende nada.
La zona principal de la portada la reservan para las negociaciones entre Barça y Oporto a cuenta de Vitor Roque y Mika Faye. El Tigrinho aterrizó como una estrella hace apenas un puñado de meses y ya le están buscando acomodo en el país vecino.
Es raro, por poco habitual, pero ambos diarios catalanes informan sobre el Espanyol en portada después de la derrota contra el Oviedo por 1-0. El asunto se dirimirá en Cornellá.
También aparece el filial Barça en primera plana, y no nos referimos ni al Atleti ni al Sevilla, sino al Barça Atletic, que está disputando el playoff de ascenso a Segunda División contra el Córdoba. En ese choque aconteció una de estas situaciones esperpénticas que solo ocurren cuando un equipo azulgrana se encuentra de por medio: un jugador verdiblanco aprovechó una mala entrega de un futbolista del Barça Athletic para iniciar una carrera que lo dejaba solo frente al meta rival. La ocasión inmejorable la abortó el colegiado al pitar… al pitar, simplemente, para detener la jugada. Incrustamos el vídeo para que podáis sacar vuestras propias conclusiones.
https://t.co/OTODS7mNqv pic.twitter.com/jCHuU8eXiS
— superninio (@super_ninio) June 16, 2024
Nos despedimos por hoy, os deseamos que paséis una jornada estupenda.
Lo de este muchacho Hezonja, Jésonia o así lo pronuncia Modric, o sea, Modrich, me ponía. Luego lamento que se haya resuelto tan pronto. El Madrid de baloncesto acompaña mucho sobre todo entre semana. Con su Liga me pasa como con la de fútbol, me excita sólo de vez en cuando. Y esas noches de invierno al amor de la lumbre me encantan. Hoy Kaunas, mañana Belgrado. Si la semana termina en Santa Cruz de Tenerife es el acabose.
Y este curso la cosa de la canasta acabó antes que nunca. A la final de la Euroliga, sigue teniendo pelotas que el peor partido del año se te presente en ese momento, le siguió un play off doméstico visto y no visto: 8-0. Deseé que el Barça pusiera el 2-2, después el UCAM, pero nada. En un plis plas nos quedamos sin los muchachos y no volverán hasta septiembre. ¡Qué bajón!
Que saliera Jésonia fue muy de agradecer, no se había ido del todo. Hubiera sido muy interesante que nos contaran que Llull hablaba con el Baskonia. O Deck, con el Boca Juniors. ¡Al Barça, que Hezonja se va al Barça! O al Panathinaikos. Incluso al Partizán nos contaron. Que dejaba el Madrid, vamos. No me lo creí nunca.
Vale. Dejémoslo en casi nunca que en estas cosas entre jugadores, representantes, padres, madres, el vecino del quinto es verdad que puede pasar cualquier cosa. Pero que un tío en sus plenitudes físicas y mentales plenas deje el Madrid… Me costaba creerlo. También estaba convencido de que con o sin él, el Madrid seguiría ganando.
Nos habían contado que club y jugador negociaban y, aunque es verdad que Florentino no ata perros con longaniza en fútbol, baloncesto o esgrima, si un día le da por alumbrar una sección lo natural era que llegaran a un acuerdo, como pasó con Tavares, que anda no tuvo novias.
¿Pero dejar el Madrid, Hezonja? No me extrañaría que Modric le llamara y preguntara en perfecto croata: ¿tronco, estás mal de la cabeza? Quizá también intervino Suker
Porque si el jugador es bueno/buenísimo, el Madrid es el Madrid. Que todos pongan sus condiciones es natural y esperable. El tira y afloja de toda la vida. ¿Pero dejar el Madrid, Hezonja? No me extrañaría que Modric le llamara y preguntara en perfecto croata: ¿tronco, estás mal de la cabeza? Quizá también intervino Suker.
Total, que renovó. Pero sí, me hubiera encantado que la cosa continuara. Que se hubieran publicado fotos suyas caminando por las Ramblas cogido de la mano de Cubarsí. Que ya tiene colegio para los niños allá en la Bonanova. Bueno, no se si tiene niños, es lo de menos. Me refiero a Hezonja. Cubarsí es la pera, pero no tanto como para tener niños todavía. Por si el Defensor del Menor lee esto, no se equivoque.
Y resuelta la cosa me lancé a por otra distracción. La Eurocopa me vale a ratos. Los cinco sentidos los pondré en cuartos, puede incluso que en la semifinal. Esta noche atenderé a Kylian que ayer mostró su cara de activista y opinó sobre la cosa política en su Francia natal.
Es raro que un crack se manifieste al respecto, sí. La va la política y no le gusta la señora Le Pen. Viene al país ideal para profundizar en estos asuntos, completará su formación cosa mala: en cuanto conozca a Óscar Puente se volverá loco de contento, igual hasta escribe una tesis. De su puño y letra, digo.
Luego está lo del Barça y sus gentes. Hace unos días, en una tertulia barcelonista, coincidieron los presentes en que si el Madrid no gana la próxima Liga será un fracaso. Se referían a la de fútbol, pudieron incluir la de baloncesto: se les escapó.
Que si con Mbappé, lo que pueda venir más lo que hay, pues eso: como no gane la Liga será un fracaso, esa palabra utilizaron. Puedo darlo por bueno, fíjense.
Fracaso: suceso inesperado y adverso. Que no ganarla sería algo adverso en blanco, obvio. Inesperado, admisible. A la espera de las nuevas perlas que alumbre La Masía, y lo que se refuercen Girona, Atleti y otros, convengamos que sí, que a día de hoy el Madrid es el gran favorito para ganar la Liga 24-25.
¿Entonces, por qué los autores de esta teoría, y otros, rugen como tigres rugidores cuando algunos decimos que Guardiola fracasó en Europa cuando estuvo doce años, 2011-2023, sin ganar la Champions? Al frente de Bayern y City. Gentes parecidas a Mbappé tuvo a sus órdenes y ná. Doce años. Fariseos.
Getty Images.
N. del E: Este artículo se empieza a escribir y se publica en septiembre de 2023. Reflotamos el texto de entonces, seguido de una fascinante actualización.
No pasó desapercibida la simpática anécdota del viaje del Real Madrid a Río de Janeiro en 1961, que nos contó Canário cuando le entrevistamos. Los blancos cruzaron el Atlántico tras concertar un amistoso contra Vasco da Gama en Maracaná. La expedición llegó cuatro días antes del partido y se les pudo ver paseando por la ciudad, por la célebre playa de Copacabana, y departir con los aficionados brasileños a pie de calle. Canário era el jugador más requerido por sus compatriotas, y estuvo muy solicitado durante toda la excursión. No en vano era el único brasileño que había sido titular con los blancos en la sensacional final de la Quinta Copa de Europa en Glasgow, el legendario 7-3 ante el Eintracht de Frankfurt, partido que ya nos había contado "desde dentro" el propio Darcy Silveira Canário en la serie "Así viví" de La Galerna.
No obstante, lo que más llamó la atención a nuestros lectores fue lo que Canário nos contó sobre el propio viaje en dirección a Río de Jainero. Durante el vuelo, Bernabéu se hizo acompañar en todo momento por el carioca, a quien no sólo asó a preguntas sobre su país natal, con objeto de estar bien informado al aterrizar, sino que se descolgó con una petición muy especial.
En efecto. El presidente quería comprarse un loro autóctono de Brasil, y Canario invirtió mucho tiempo y esfuerzo en hacerse con una mascota con pico que satisficiera a D. Santiago. buscando el ejemplar idóneo. Finalmente lo encontraron, tal y como refleja la prensa brasileña del momento, que nos confirma vía hemeroteca la veracidad de la historia de nuestro entrevistado, si bien con un matiz.
En Revista do Esporte hay una mención a un pájaro que se llevaba el conjunto blanco en su vuelta a España. El medio, sin embargo, asegura que era propiedad de Emil Osterreicher, secretario técnico merengue, y no del máximo mandatario blanco. En la nota se añade que el ejemplar es un “papagaio (falador) de Bahia”. Estos animales son de tamaño medio y robustos, con cabeza grande, alas anchas y redondeadas y cuya cola es corta. El pico es duro y el plumaje varía, pero en todos predomina el verde.
¿Se trata del mismo loro, o es que Osterreicher se hizo con otro para sí? No parece probable que la expedición blanca retornara a Madrid con dos papagayos, pues bastante lío burocrático parecía ser el facturar rumbo a España a uno de ellos, con sus papeles en regla y todo. Más bien nos inclinamos a pensar que la Revista do Esporte yerra al atribuir al secretario técnico la propiedad del alado amigo, y que se esté refiriendo al mismo ejemplar al que aludió Canário, es decir, el destinado a hacer compañía ni más ni menos que al gran patriarca merengue.
El hecho es que los periódicos locales no solamente nos confirman la existencia del guacamayo en cuestión, sino que certifican el testimonio de Canário (no deja de tener gracia nominal que el loro fuese facilitado por "un Canário") en el sentido de que el animal no viajó a Madrid acompañando a la expedición, sino que lo hizo en la bodega de la aeronave.
Obviamente, no nos hemos conformado con esta información, y hemos investigado de manera ardua con el objetivo de saber más sobre el loro, en el cual no hemos dejado de pensar ni un solo segundo desde que la anécdota nos fue revelada. Así somos los mitómanos, amigos.
¿Qué fue del loro? ¿Acabaría en la casita de Santa Pola de D. Santiago, como conjeturábamos durante la entrevista? No ha sido fácil hallar referencias a él en la prensa española desde la fecha de la vuelta de la expedición hasta (digamos) el fallecimiento de D. Santiago. Sin embargo, con mucho ahínco y dedicación hemos alcanzado un cierto grado de éxito en nuestras pesquisas, dado que no sólo hemos buceado en la hemeroteca, sino que también hemos contactado con personas cercanas a D. Santiago.
Uno de sus sobrinos, Ignacio Bernabéu, nos explicó que la familia tiene conocimiento de la existencia de aquella mascota, lo cual nos solazó como el máximo de los hallazgos, por supuesto, si bien sin excesivo nivel de detalle.
La bendita hemeroteca refrenda el testimonio de D. Ignacio y habla de un loro de nombre Pancho, al cual se refiere el propio D. Santiago con gran afecto en alguna entrevista. Se trata de un loro que, en efecto, el mandatario blanco tenía en Santa Pola. Si bien es imposible confirmar que Pancho fuera el mismo ejemplar que llegó de Brasil merced al denuedo de Canário, nos maliciamos, lógicamente, que muy bien podría serlo. Los pormenores tocantes al guacamayo, revelados maravillosamente por el gran hombre en el siguiente recorte, rozan la genialidad. En 1964, en una entrevista en Pueblo, el presidente madridista menciona al animal al que puso de nombre ‘Pancho’, como ha sido dicho. Además, aprovecha para aclarar que “no dice palabrotas como aseguran los graciosos. Es un loro bien educado”.
Avanzando en la búsqueda por periódicos españoles, localizamos una noticia en las que aparece más información acerca de Pancho, cuyo nombre suponemos le debía a Puskas y que vino de Brasil (o no, en el improbable pero no descartable supuesto de que hablemos de un loro diferente). La otra referencia encontrada es en 1968 en el diario MARCA. En otra entrevista a Bernabéu en su casa de Santa Pola, se describe que el mandatario “tenía a su lado a su loro Pancho, del que dice que por las tardes le anima mucho con sus gritos de “¡Hala Madrid!”.
¿Era Pancho el loro que vino de Brasil? ¿Cómo fue la vida de Pancho en Santa Pola? ¿Sobrevivió Pancho a D. Santiago y, de ser el caso, qué fue de él con posterioridad?
Por nuestra parte, hemos continuado la investigación.
La razón de ser de que Santiago Bernabéu acabara comprando un loro en la ciudad de Río de Janeiro la encontramos en su esposa, María Valenciano. Eso nos indican nuestras últimas pesquisas. El animal fue un encargo de ella a su marido, como se hicieron eco en sus páginas el diario Pueblo y MARCA.
Volvemos ahora a la expedición madridista a Río de la cual procede todo. He aquí la nueva revelación. La noche del 5 de febrero la expedición blanca inició el viaje a Sudamérica y doña María fue a la misma pista del aeropuerto a despedir a don Santiago y el resto del equipo madridista. Un avión “Comet-4” de Aerolíneas Argentinas los llevaría a Dakar en una primera escala hacia el destino final: Río. Allí la prensa presente aprovechó para charlar brevemente con la mujer del máximo mandatario merengue. Lo vemos en las páginas de Pueblo.
-¿Qué ha pedido a su esposo que traiga?
-Un loro.
-¿En serio?
-En serio. Si me trae un perro se muere en siete u ocho años. Un loro vive mil.
(Sabemos ya que Dña. María exageraba, pero ahí queda la petición). Un aficionado merengue que escuchó a doña María se metió en la conversación para meter baza y afirmar que “En cuanto se muera el loro, le coge el Atlético al Madrid en la tabla”.
Antes de despedirse, el último ruego de la mujer de Santiago Bernabéu fue que el loro fuese “bien verde y bien parlanchín”.
El periodista Fernando Albert visitó la casa de don Santiago en Santa Pola en 1968 para realizar el reportaje titulado ‘Las confesiones de Bernabéu’. Él fue otro de los testigos que pudo ver y conocer al animal al que describió de la siguiente manera en el diario Informaciones: “El loro que hay en el recibidor se llama ‘Panchito’ y es un loro muy gentil y bien educado, un poco redicho, que saluda muy finamente a don Santiago y al reportero, cuando pasan junto a él, camino del jardín: ‘Buenas noches, buenas noches’”.
El mismo año, en las páginas del diario AS, el corresponsal del medio en Murcia entrevistó al máximo mandatario blanco en el chalé frente al mar en la avenida de Santiago Bernabéu en Santa Pola. La pieza del periódico deportivo llevaba como título ‘Don Santiago Bernabéu entre ‘La Saeta Rubia’, La ‘Santana’ y el loro ‘Pancho’’. En el preámbulo de la charla con Bernabéu se describe al loro de la siguiente manera: “Don Santiago tiene un loro verde, con las puntas de las alas rojas y unas plumitas azules en lo alto de la cabeza. Una preciosidad en “technicolor””. A la pregunta de si “esto del loro, ¿no es cosa de viejas?” Bernabéu responde que “y de viejos. Me acompaña mucho y dice “¡Hala, Madrid!”. Pero ahora no dirá nada, porque por las mañanas no “trabaja””. También se hace constar que aunque se llama Pancho en honor a Puskas, “quien hizo la compra del pájaro fue el padre de Di Stéfano. El papá de Alfredo me dijo que entendía mucho de papagayos. Y de fútbol. Entiende de todo pero eso no lo vaya a poner usted. Esto de las plumitas azules es como la marca de que el loro tiene clase”.
Es fácilmente constatable que el padre de ‘La Saeta Rubio’, de nombre Alfredo, estuvo junto a la expedición blanca en aquella estadía por Río de Janeiro en 1961. Visitó a su hijo y también se le pudo ver con el secretario técnico Emil Osterreicher, como inmortalizó la prensa brasileña en una foto de ambos paseando por la ciudad brasileña. En la primera de las fotos que siguen, vemos a D. Alfredo con su padre. En la segunda, vemos al padre de D. Alfredo con Osterreicher en Brasil.
Esta revelación abre un nuevo interrogante. ¿Quién se hizo con el loro en Brasil? ¿Canário o el padre de Di Stéfano? Seguiremos investigando. Urge resolver este dilema.
Investigación: Alberto Cosín
Texto: Alberto Cosín, Jesús Bengoechea
Resulta casi una perogrullada señalar que la principal dificultad tras un golpe duro es la capacidad para levantarse. Cuanto mayor es la decepción, más posibilidades hay de quedar inexorablemente en la lona. Ni siquiera el -habitualmente considerado- mayor campeón de la resistencia, el Real Madrid, ha logrado mostrarse siempre ajeno a esta circunstancia: por no ir demasiado lejos, en 2014, tras la derrota en la final de Milán contra el Maccabi de Tel Aviv, el equipo -que según la opinión general había practicado el baloncesto más atractivo de la última década en Europa- bajó los brazos y, derruido emocionalmente, entregó la cuchara de la liga ACB a su eterno rival. Dicen algunos cursis que la historia no se repite pero a menudo rima; de manera que este año, cuando el Panathinaikos venció dolorosamente al conjunto de Chus Mateo, algunos se persignaron: “Esto ya lo hemos vivido”. Afortunadamente, si hay un club alejado de la cursilería, ese es el Madrid.
No, la historia no se repitió. La herida de Berlín sirvió de lacerante acicate en la serie de semifinales contra el Barcelona, aplastado de manera inmisericorde con un 3-0 incontestable. Posteriormente, cuando todo el mundo pronosticaba una final a cara de perro contra el Unicaja, con el factor cancha en contra, un loable UCAM Murcia se coló a última hora de forma inesperada. Llegados a este punto, la ansiedad por la obligación compensatoria autoimpuesta no permitió la más mínima relajación, ni aún con la presencia de un meritorio como impensado contrincante.
De repente nos hemos encontrado con que hezonja, cuya continuidad parecía encarrilada, se halla en un trance existencial, acaso ridículamente autoprovocado. La difícil gestión del ego habría colocado a Mario en la desagradable posición de un Fausto que acaricia la oferta mefistotélica
El Madrid afrontó la final de la liga con una seriedad encomiable, añadiendo a la responsabilidad derivada de la derrota europea la voluntad de homenajear el último baile de unos cuantos veteranos. Para la historia quedará la ovación que el Palacio dedicó a Rudy Fernández en el segundo encuentro, la mejor despedida que se recuerda en la historia reciente de la sección. El tercer partido supuso la rúbrica definitiva a la campaña del equipo, y a la vez el reflejo más perfecto de la temporada blanca en la competición nacional: liderazgo de Campazzo, intimidación de Tavares, consolidación de Musa y un cuarto tuyo –casi siempre el tercero- bastará para sanarme.
Con el trofeo en el bolsillo, las declaraciones pospartido de Mateo y los suyos resultaron, sin embargo, elocuentes. Había satisfacción indudable, por supuesto, pero tampoco se podía ocultar un cierto resquemor. Al propio entrenador se le escapó entre dientes en cuanto le colocaron delante la primera alcachofa. Aunque parece una hipérbole, queda claro que un triplete doméstico y la elusión de la debacle anímica de 2014 no son suficientes para aplacar del todo la sensación de anhelo imperante en el Real desde mayo. Lo dijimos ya en caliente: a Edmundo Dantés no le vale sino una respuesta proporcional al dolor provocado. Así que, de modo coherente con la tradición madridista, este final de temporada queda tan abierto como de costumbre -en esta institución, todos los finales son, en última instancia, un nuevo principio-.
A lo que hay que sumar un nuevo condicionante súbito: la ya prevista reestructuración de la plantilla y de los roles puede verse seriamente afectada por el caso Hezonja. De repente nos hemos encontrado con que el croata, cuya continuidad parecía encarrilada, se halla en un trance existencial, acaso ridículamente autoprovocado. La difícil gestión del ego habría colocado a Mario en la desagradable posición de un Fausto que acaricia la oferta mefistotélica; o, aún peor, en la de un Raskólnikov incapaz de salir indemne del atolladero. Sea como fuere, tanto las expectativas por cumplir como las maniobras insospechadas devuelven al Madrid al punto de partida, y ya se trabaja en consecuencia. Comme d’habitude, habrá quien opine que semejante nivel de ambición roza el absurdo, mas no vamos a descubrir ahora que, en cierta medida, el club vive instalado en él. No en vano ha habido directivos que presuntamente estos meses han llegado a tener que peinar la estepa siberiana buscando canadienses en lugar de los polvorones del chiste de Eugenio.
Qué le vamos a hacer, el Madrid siempre se come las perdices pensando en las de mañana. Felicidades por el título y queda inaugurada, pues, la temporada 2024-25. Que vuele el balón.
Getty Images
Buenos días, amigos. España goleó a Croacia en su arranque de la Eurocopa, y el gol de Carvajal, situado en el contexto de esta victoria convincente de la selección, demuestra que hay en la vida eventualidades que son a la vez improbables e inevitables. Por ejemplo, el que un lateral derecho te meta un gol empieza a ser eso -improbable y a la vez inevitable- si ese lateral se llama Dani Carvajal, que hoy ocupa las primeras planas de varios de los diarios deportivos, por ejemplo de As.
Dice As que España debutó "a lo grande", y no se le puede negar la razón. Aquí se ha sido crítico con Luis de la Fuente, pero si su selección apunta no a favorita, pero sí a sorpresa no descartable en este Europeo, se dice y no pasa nada. Jugaron francamente bien ante una Croacia, eso sí, sumamente inoperante, y exhibieron además lo que suele llamarse pegada, o sea, eficacia ante el gol. Recoge la portada de As las declaraciones de De la Fuente, en el sentido de que Fabián es "un jugador de nivel mundial". A los escasos minutos de juego, el de Los Palacios ya había dado una precisa asistencia que Morata coronó en gol, y había marcado el suyo propio en una soberbia maniobra con gran disparo final.
Vale la pena recalcar el protagonismo de Fabián, por cuanto la prensa cataculé pretende otorgárselo a otro jugador más allá de Fabián y Carvajal, otro que también jugó muy bien, sí, pero que ya tenía el partido decantado con un 2-0 cuando comenzó a hacerlo.
"Abrazados a Lamine", titulan los tíos. Vaya por delante que nos parece un jugador muy prometedor, y que su hype es bastante menos artificial que el encumbramiento mediático de otras jóvenes figuras (?) facturadas por la Masía y sobrevaloradas por la prensa propagandística culé (o sea, casi toda, no sólo la de Barcelona). Lamine apunta alto, pero de momento eso: sólo apunta. Ayer mismo, como decimos, empezó a brillar cuando el resultado estaba muy decantado ya. Hay que verle en las grandes citas, con la máxima presión y, a ser posible, sin que su equipo juegue cuesta abajo porque su club tenga comprado al vicepresidente de los árbitros, o colocado a uno del consejo de administración de una filial como proveedor de las imágenes del VAR. Ahí juzgaremos.
-O sea, nunca- os escuchamos apostillar.
Pues puede ser. Puede ser que nunca. ¿Qué le vamos a hacer si el Tinglao montado por el FC Barcelona impide juzgar absolutamente nada con una mirada limpia? No es nuestra culpa. No somos nosotros quienes montamos dicho Tinglao, ni quienes facilitamos al mismo la impunidad para operar a destajo en sus turbios manejos.
Mientras tanto, una cosa que sí podemos hacer es reírnos. Sport recalca que Lamine se convirtió ayer en el jugador más joven en debutar en una Eurocopa. Nuestra réplica, con el debido respeto por el chaval, que (insistimos) nos parece muy prometedor y talentoso, es tan taxativa como monosilábica.
¿Y?
Muy bien. Es el más joven. ¿Y? Jugar siendo muy joven está muy bien, es una curiosidad llamativa, pero en este negocio el triunfo se consigue ganando, no jugando. El tema no es jugar siendo joven. El tema es ganar siendo joven. Raúl fue un fenómeno precoz no por debutar joven (aunque también, porque sin jugar no se gana), sino porque enseguida empezó a encarrilar ligas con Champions Leagues. Ese es el paso que tendrá que dar Lamine Yamal para poder ser reconocido como uno de los mejores del mundo, y habrá de hacerlo sin las graves trampas en las que ha incurrido su club como modus operandi durante no un año o dos, sino décadas. Porque, aunque todo el mundo quiera que se olvide, permítasenos recordar que ganar haciendo trampas, en deporte, no vale.
La Eurocopa será una buena piedra de toque.
Os dejamos con él resto de la prensa del día. Pasadlo bien.
Existe una poderosa corriente entre el periodismo deportivo en España que obliga a que los españoles apoyemos a muerte a la selección nacional.
“Es el equipo de todos”, “no admito que se pueda apoyar a otro combinado”, “un español tiene siempre que apoyar a España”, y decenas de frases similares, tan vacías ellas.
Yo no soy más español que nadie, pero tampoco soy menos español que nadie. De hecho -habiendo nacido en Madrid, pero con otra nacionalidad de origen-, en mi mayoría de edad, por muchos motivos, elegí ser de nacionalidad española para el resto de mis días.
Dicho esto, y quedando claro qué pasaporte es el mío, y a mucha honra, no admito ni una sola imposición sobre mis gustos y preferencias a la hora de elegir mi selección favorita en esta Eurocopa. Lo mismo que en los Juegos Olímpicos apoyaré a la selección de baloncesto de Sergio Scariolo capitaneada por Rudy Fernández, en la Eurocopa 2024 mis gustos están muy alejados del grupo que dirige Luis de la Fuente.
La selección de la corrupta Real Federación Española de Fútbol no me representa, desde hace muchísimos años. En 2010 me alegré como el que más por el triunfo en Sudáfrica ante los Países Bajos, pero las secuelas que dejó dicha victoria me fueron alejando rápidamente de ese título: y es que los antimadridistas – incluso antes que el talibanismo culé del estilo y del falso ADN – se apropiaron de dicha victoria con la connivencia de los Villar, de los Del Bosque y de – casi – todos los medios de comunicación, metiendo de por medio a Mourinho, utilizando la postura de Casillas, atizando sin piedad a los Arbeloa y Xabi Alonso, y elevando a los altares el estilo purista de los Xavi, Iniesta y compañía.
Lo mismo que en los Juegos Olímpicos apoyaré a la selección de Sergio Scariolo capitaneada por Rudy Fernández, en la Eurocopa 2024 mis gustos están muy alejados del grupo que dirige Luis de la Fuente
El deterioro no ha cejado desde entonces, y no está de más recordar bochornosos episodios como el del otrora admirado Luis Rubiales con la destitución de Lopetegui, jaleado por hordas de periodistas que prefirieron despedazar a su propia selección unos días antes de su debut en Rusia 2018 antes de permitir que el seleccionador firmase un contrato de entrenador con el Real Madrid.
La RFEF, nido de corrupción desde hace décadas, con Villar y Rubiales enredados en tramas bochornosas, hogar del siniestro Comité Técnico de Árbitros, organismo bajo evidente sospecha con el tremendo caso Negreira-Barça planeando, y que no ha sido capaz de extirpar el cáncer de la corrupción que anida en ella desde al menos el año 2001, no puede ser, de repente, la casa de una selección de todos los españoles, no lo es. Su inquilino supremo actual, Pedro Rocha, no es más que un hijo, un sobrino o un primo de Villar o de Rubiales, un colega de despacho de Sánchez Arminio o de Negreira, o un protector de Medina Cantalejo o de Clos Gómez, personajes que siguen en sus puestos directivos de la RFEF como si nada hubiera pasado.
Por no hablar de De la Fuente, el bondadoso aplaudidor de Rubiales hace apenas 9 meses, que renegó más veces que San Pedro para seguir disfrutando de su poltrona como seleccionador.
Quien les escribe, durante esta Eurocopa, y como amante del balompié, apoyará a quien le plazca, y no especialmente a una selección que forma parte de una federación de fútbol que debería de ser fumigada desde los cimientos hasta el último despacho de Las Rozas. Y, por supuesto, querrá lo mejor para los componentes del club al que adora, el Real Madrid, y se alegrará si alguno o algunos de sus jugadores logren conquistar el torneo, ya bien sean los alemanes Kroos y Rüdiger, el croata Modric, los franceses Camavinga, Tchouaméni, Mendy y el nuevo jugador Mbappé, el inglés Bellingham, el ucraniano Lunin, el turco Güler o, por supuesto, los españoles Carvajal, Nacho y Joselu.
Este galernauta apoya única y exclusivamente al Real Madrid, en cualquier circunstancia, y desea siempre lo mejor a los suyos. También que, sobre todo, regresen todos a su club, tras sus merecidas vacaciones, para formar en perfecto estado de revista de cara a la temporada 24-25. Y lo mismo desea para los brasileños Vinicius, Militao, Rodrygo y Endrick y para el uruguayo Valverde en la Copa América 2024.
Getty Images