Las mejores firmas madridistas del planeta

Anoche me llamó Javi, como casi todos los días, como cada vez que juega el Madrid. Ya saben que su enfermedad le impide escribir y yo lo hago en su lugar, así que me llama para ponerme al día, darme las estadísticas más relevantes y comentar el partido. Anoche llamó un amigo desolado a otro amigo desolado para rumiar la desolación. El cabreo entre los dos era y es monumental. No se puede repetir el desastre del Bernabéu, no se puede. Ni Arabia, ni viajes, ni calendarios ni nada. Lo de anoche fue una humillación sin precedentes, un partido que empezó con el espejismo del gol de Mbappé, que ya es nuestro Mbappé, pero que poco rato después se tornó en pesadilla en forma de goles del Código Penal andante, con fallos defensivos que no vi ni en el partido de infantiles de la mañana de mi sobrino, con un equipo partido ya no en dos, sino en tres, sin volver a defender, sin presionar la salida del balón del contrario, sin dar tres pases seguidos y con una espesura en ataque que parecía una mayonesa con exceso de aceite. Un desastre total, una debacle sin paliativos y, lo peor, una verdadera vergüenza.

Lo de anoche fue Un desastre total, una debacle sin paliativos y, lo peor, una verdadera vergüenza

Y es una vergüenza porque jugábamos contra el Código Penal andante del fútbol español, porque somos el bien y ellos el mal, el mal con mayúsculas y, como en toda historia que se precie, el bien debe prevalecer sobre el mal y hundirle en la más absoluta de las miserias. El Código Penal andante, que ha utilizado todas sus artimañas extradeportivas para poder inscribir a Dani Olmo (y que, en un alarde de desfachatez, y chulería con 2-5 en el marcador, Flick tuvo la ocurrencia de sacarle al campo para reírse de todos nosotros), se presentó en Arabia para culminar su trampa. Y nosotros, en vez de luchar hasta la extenuación para derrotarles, para decirles que esto no es así, para demostrar al mundo que los malos no ganan, nos quedamos mirando la pelota y cómo corrían esos condenados para abrirles la portería de par en par y permitirles hacernos una goleada histórica, por recurrente, que tardará mucho tiempo en salir de la meninge blanca.

El cabreo que tenemos mi amigo y yo y, por ende, el resto de madridistas, es monumental. El equipo no se merece sino una buena pitada cuando entre en el campo el jueves a jugarse los octavos de final de la Copa de España contra el Celta, para que se curtan y sepan que con el orgullo madridista no se juega, que si hay que manchar la camiseta de sangre, se mancha, porque la gloria, amigos míos, la gloria se trabaja, no viene caída del cielo. Y el Real Madrid es la gloria personificada, el Real Madrid es la grandeza de los más grandes y, para llegar hasta ahí, muchos jugadores, casi novecientos, se han dejado la piel partido tras partido y entrenamiento tras entrenamiento dando gracias al cielo por poder vestir esa camiseta. Así que el Bernabéu debe responder a esta ofensa repetida como ha hecho siempre, demostrando su enfado y mandando el mensaje de que ya no valen excusas, que no se pasa una más de este calibre.

El Bernabéu debe responder a esta ofensa repetida como ha hecho siempre, demostrando su enfado y mandando el mensaje de que ya no valen excusas, que no se pasa una más de este calibre

Pienso en los madridistas que hoy entran en el bar de confianza a tomar café, en los que van a la oficina a ver la carita sonriente de ese compañero culé o atlético que les está esperando con la mano abierta, en esos niños de ojos abiertos como platos que sueñan con ser Vinícius, Mbappé o Bellingham y que hoy tienen que entrar en el cole con la cabeza más gacha de lo habitual, sabiendo que les van a caer más palos que a una estera por parte de esos compañeros que, por esporádico, esperan con ansiedad el momento de devolverles las veces (las más) que, altaneros, han entrado en clase con la camiseta del Madrid puesta con orgullo. Me acuerdo de ellos como me acuerdo de los madridistas que se han desplazado al sindiós de Arabia, que ahora tienen que rumiar un vuelo de muchas horas que, posiblemente, han perdido días de vacaciones y mucho dinero para ver a su Madrid vencer al mal, claro que me acuerdo de ellos, y mucho.

Amigos lectores galernautas, ustedes saben perfectamente que ni mi amigo Javi ni yo somos vinagres sociológicos universales, es más, somos beligerantes con el vinagrismo y no lo entendemos sino como un signo de debilidad con los colores de nuestro corazón, por eso no voy a pedir la cabeza de nadie. Todos, desde la directiva, el cuerpo técnico y los jugadores ganan los partidos y los títulos y, por ende, todos ellos perdieron ayer estrepitosamente. Es muy injusto pedir la cabeza del entrenador cuando los jugadores no dieron una a derechas, es más injusto pedir la cabeza del presidente cuando el entrenador no puso a los que estaban física y anímicamente mejor y los jugadores, eso, que no dieron una a derechas. Es muy injusto y yo no lo voy a hacer. Pero lo que sí que voy a hacer es exigir, que no pedir, que se tomen las medidas necesarias para que esto no se vuelva a repetir, para que la temporada termine de forma exitosa y para que, lo más pronto posible, se devuelva al madridismo el orgullo de serlo y se corrija el oprobio en el próximo enfrentamiento con el Código Penal andante, porque no son mejores, tienen peor plantilla y representan lo peor del deporte, por esas razones urge la reparación de la humillación sufrida en Yeda, urge la conjuración de verdad de una goleada en el estadio donde quiera que jueguen otra vez, urge, por el honor de la verdad, por el honor del bien y por el honor de los millones de personas que confían en la destrucción del mal. Por el honor del madridismo.

Lo que sí que voy a hacer es exigir, que no pedir, que se tomen las medidas necesarias para que esto no se vuelva a repetir

El partido en sí sólo trajo como dato relevante que Camavinga entró en el top 100 de jugadores con más partidos oficiales disputados en el Real Madrid, al cumplir sus 161 encuentros. Nada más que añadir a una estadística que, estoy seguro porque le conozco, Javi ha actualizado con mucho dolor y mucho sufrimiento, con desazón pero con la profesionalidad que le caracteriza y que ha hecho que su nombre se escriba con letras de oro en el madridismo militante. Por eso también, voy a decir algo que puede que chirríe después de lo que han leído. Real Madrid, si en las buenas te quiero, en las malas, te amo. Ahora es el momento de apoyar al equipo, con una buena regañina, sí, como los buenos padres apoyan a sus hijos cuando meten la pata, con contundencia, pero demostrándoles el infinito cariño que les profesan.

Tampoco me parece bien el linchamiento público al entrenador, al presidente o a cualquiera de los jugadores por lo de ayer. El vinagrismo y el antimadridismo vestido de blanco se ensañó en las redes sociales de una forma bestial, rayando la crueldad como si lo estuvieran esperando para soltar toda su bilis y su porquería. Así no. ¿Enfadados? Mucho, ¿desolados? También mucho, ¿decepcionados? También, ¿impotentes? Por supuesto, pero de ahí a insultar, vilipendiar y dar lecciones de entrenamientos, tácticas, técnicas, alineaciones, marcajes y demás fundamentos del fútbol, a toro pasado, que es más fácil, poniendo de vuelta y media al entrenador o a este o aquel jugador, personalizando, vaya, me parece infame. Así no, repito, así no. Un padre no corrige a su hijo delante de sus compañeros cuando se porta mal, le corrige en casa, en privado, sin testigos, no le cuelga de la Cruz del royo de un pueblo castellano cual hereje juzgado por la Inquisición. Lo hace en casa, en la intimidad del hogar. Pues eso, aprendan, por favor, que bastante tenemos con los antimadridistas, como para darles pábulo nosotros mismos.

Les dejo con el cabreo encima, pero no sin antes repetir la frase de mi amigo de todos sus artículos. Ser del Real Madrid (y en estos momentos, más) es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

Getty Images.

¿El Madrid sólo puede ser ‘esto’?

 

¿Qué tal el sofoco? Estaría bien un cuento de La Galerna relatando cómo vivieron ‘La Cosa’ en sus casas. A mí no me llamaron ni mis amigos culés. Sólo uno de mis nietos. Saqué la muleta: chato, cada noche no pasan los Reyes.

Estaba ‘desbordao’, criaturita. En su vida ha tenido más copas de Europa que sonajeros y episodios así le descolocan. Pensando en lo que le espera es muy interesante, ¿verdad? El trompazo curte.

El caso es que el crío dejó una pregunta capital: ¿cómo puede jugar el Madrid tan mal? Ahí le duele. Dejó escrito Dumas, el gran Athos, que durante una hora pareció la Minera aquella noche del 0-5: perfecto. Un equipo inferior persiguiendo sombras y sacando de centro una y otra vez.

Fueron cinco entonces, como ayer. Y como ayer pudieron ser ocho, nueve… Pasadas unas horas de la ‘Catastroff’ veo que se trata de sacudirle a Tchouaméni, Lucas y Ancelotti, por supuesto. Ya. También que el único que estuvo presentable fue Kylian. Pues sí.

El misterio es cómo el Madrid no da con la tecla de una cierta regularidad. Cómo le es imposible caminar en línea recta. Parece que sí, de pronto parece apreciarse un cierto avance. En resultados trampea, es la Liga. En juego, en empaque, en confianza, no hay estabilidad. No es capaz de mantener una cierta jerarquía. En esta ocasión ni siquiera compitió. El madridista no sufrió por el desenlace sino por el marcador. La Minera. El rival jugó solo.

Sí, sí. Las bajas de Carvajal y Militao son terribles. El muro Mendy tampoco existe ya. Tres de cuatro defensas no están. Se fue Kroos, OK. Pero cuesta creer que este toro no tenga más pases. Y eso señala al entrenador. El Madrid no elige bien su once titular, sale mal y se planta peor. No crea ni destruye. El rival va a 120, él, a 70.

No puede creerse que el Madrid sólo pueda ser ‘esto’. ¿No les parece?

No se puede jugar con sólo dos defensas de oficio. Lucas no será jamás un marcador y más ante un tipo como Raphinha. Luego urge ayudarle, a él y al equipo. Tchouaméni debe pensar que no vale para esto, y tampoco es así. Vale para lo que sabe. Que no es ser Fernando Hierro.

Tampoco da con una pareja que gobierne 'algo' desde el eje. Parecía Camavinga-Ceballos y Valverde a lo suyo: lo dicho, parecía. Bellingham no puede ser el tercer volante o el cuarto no sé qué. Tampoco los de arriba están por una labor fundamental, impedir que el rival te domine por incomparecencia de marcadores/acompañantes. Rodrygo, Mbappé, Bellingham y Vinicius juntos no da en noches peliagudas. Sobra uno, el que falta en la zona de máquinas en partidos de riesgo. No fue esta la primera vez.

Sí, quizá no le dé a este Real para ser el del año pasado, aquella máquina implacable y ganadora. Es más: ni se le pide. Lo que no se explica es que sea incapaz de comportarse, seguido, como un equipo notable. Ya no sobresaliente.

Un déficit que empieza en la organización, esto vamos a ser. Y en el saco van todos, Ancelotti y jugadores. A Courtois lo enfocaron al final de la primera parte: sonreía. Para no llorar.

Es raro todo, sí. Insisto: un año glorioso no asegura que el siguiente lo sea. Pero de ahí a lo de ahora va un trecho enorme. No puedes quitarle la razón a quienes hablan de fin de ciclo… pese a que se anunciaba uno nuevo y triunfal, no en vano venía quien vino.

Tampoco les vas a quitar la ilusión a quienes se agarran a que es enero y ya veremos. Pero la sensación que venimos comentando, que el niño viene de nalgas este curso tampoco tiene discusión. Y no hay manera de darle la vuelta. No, no puede creerse que el Madrid sólo pueda ser ‘esto’. ¿No les parece?  Ah. En lo de fichar no me muevo: sólo un indiscutible. Complicado, o sea. Seguramente más que hacer un equipo presentable.

 

Getty Images.

De encontrar el equipo tras varios meses de prueba a que ardan las redes pidiendo su destierro; de ganar el segundo título —la Intercontinental— y alcanzar el liderato de la Liga, a ser atropellado en la Supercopa y ver cómo el Atlético alcanza la cima doméstica. Así es la vida del Madrid, puro trampolín en el que tan pronto estás arriba como abajo.

La llegada de Mbappé y la perseverancia de Ancelotti en determinadas piezas que nunca han terminado de encajar, llamémosle Aurélien, provocaron no pocos quebraderos de cabeza al entrenador del Madrid para encontrar el equipo y el juego. Se trataba de encajar a los cuatro fantásticos y que su francés de referencia encontrara un hueco, ya fuera en la media o más guarecido (o eso creía) en la defensa. Y los últimos partidos, especialmente el de Mallorca en las semifinales de la Supercopa, parecieron dar la razón al técnico italiano por enésima vez: Tchouaméni atrás, Valverde y Camavinga como medios para todo y los cuatro atacantes repartiéndose los espacios y las emboscadas. No sonaba mal, hasta que Flick volvió a descubrir las costuras de un sistema que puede pervertirse en un 4-2-4 a poco que la tensión defensiva disminuya. Y sí llegó la segunda catástrofe de la temporada. Curiosamente, los dos peores partidos del curso han sido contra los blaugranas, lo que nos deja, entre otras enseñanzas, que la justicia contra los tramposos también hay que lucharla.

Tras la debacle, si uno se asomaba al paredón en que se convierten las redes, la demanda era clara y notoria: Ancelotti, una vez más, no debería seguir. La situación recuerda al año 74, cuando el aficionado de Chamartín, cansado de los resultados del equipo y su juego, decidió sentenciar a su entrenador gritando aquello de “¡Fuera, Muñoz!” que tanto removía del sillón a Bernabéu.

Los dos peores partidos del curso han sido contra los blaugranas, lo que nos deja, entre otras enseñanzas, que la justicia contra los tramposos también hay que lucharla

Quizá el Florentino de la primera etapa aprovecharía para pulsar el botón nuclear, pero no parece ser el caso. Ambos, Bernabéu y Pérez, comparten las pocas dudas antes de cambiar al inquilino del banquillo durante sus primeros años. 13 cambios se dieron en los 17 primeros cursos del presidente eterno. Muñoz, tras 14 años, finalmente cayó después de una derrota contra el colista Castellón. Su libreto, se dijo, había quedado anticuado ante la nueva era de la preparación física, con Helenio Herrera como máximo exponente. Curiosamente, fue Molowny, su sustituto, el que encajó el 0-5 del Barça de Cruyff, pero pudo resarcirse con un 4-0 contra los blaugranas en la final de Copa.

Ahora toca tomar decisiones, corregir aquellas que seguramente puedan ser válidas contra equipos con menos dominio en el centro, y volver a competir. Casi nada. Y todo en pocos días, pues el jueves llegan los octavos de la Copa del Rey a partido único.

 

Getty Images.

“Con la palabra en la boca” es una de esas expresiones que nuestro idioma exhibe. Sin poder de réplica, el interlocutor deja su respuesta para mejor ocasión. No hablo de la final de Supercopa, sino de aquel oprobioso 0-4. Otra expresión es “aprender la lección”, un recurso estilístico acorde a las aspiraciones de revancha, conectada con el amor propio y la asertividad.

Es difícil raspar el hielo de la luna del coche mientras en tu puesto de trabajo aguarda un compañero barcelonista, conservador por otro lado en lo político, bandera de España en la muñeca, pero barcelonista. Uno de esos contrastes propios de las novelas de don Camilo que confieso que nunca entendí.

Supongo que la mañana después de cada desastre de Annual madridista es un campo trufado de esas setas que todos hemos contemplado. El día del orgullo era ayer, no contra el Celta. Creo que los reinados pasan por someter al rival y nos están sometiendo ellos. Creo que el futbol es pasión, no solo estadística. Y creo que, aunque ganáramos la Liga (no aspiramos a mucho más con esta plantilla limitada en defensa) este será recordado como el año de las humillaciones ante el Barcelona, por eso precisamente, porque el fútbol es pasión. Y quedan uno o dos enfrentamientos más al menos. Una o dos piedras en la uretra que expulsar con dolor.

Ancelotti, posiblemente, ve la temporada en su conjunto, e igual esta nos sale a devolver, pero no a compensar porque perder contra esta agua estancada y así no es de recibo. No puede salir gratis, para mí el año va a ser gris quede lo que quede, que no va a ser mucho con esta defensa.

Vinícius ya trotaba en el minuto 15 siguiendo el partido en la distancia. Sabíamos que el 1-0 era una anécdota porque sabemos lo que es este equipo mordiendo y no mordían. Porque hemos visto a un Madrid campeador en campo rival y conocemos esa sensación que nos recorre la espina dorsal desde el cuello al coxis. Y ayer no había magia, solo dolor y silencio. Y lo que es peor, la indolencia propia de una sobremesa de sábado, de estómagos calientes y sol de invierno, de esas que nos hacen buscar el sofá como el toro que busca las tablas.

Es culpa de ellos, de los jugadores que admiramos (y lo seguiremos haciendo) y soñamos conocer fugazmente, pero también de Ancelotti. Pero Florentino no va a hacer revoluciones, ninguna. En algún momento habrá que abrir el melón de cómo el Real Madrid de Ancelotti y Pérez le ha dado al Barcelona sus mejores noches de gloria en su peor momento. Porque también Marco Aurelio mereció críticas y un “recuerda que eres mortal” a tiempo y en el momento preciso es un giro de guion que el madridismo espera y necesita. No, la crítica no siempre es vinagre. Tampoco guarda un horizonte lisérgico porque hay lo que hay y porque nada recompone un jarrón roto. Tan solo nos queda seguir oyendo a los vecinos follar mientras subimos el volumen de la tv.

 

Getty Images.

Buenos días. El Barça goleó al Real Madrid. Fue en la final de la Supercopa, pero no importa cuando lo leas. El aficionado se está acostumbrando a este oprobio. Pasa por las humillaciones del Barça como quien pasa la ITV, solo que las primeras son bastante más frecuentes. ¿Hacemos recuento? Habíamos ganado cuatro de los últimos cinco mal llamados clásicos, pero la buena racha se quebró con una goleada infame en el Bernabéu, una que recordó un pasado traumático. Pero por lo visto hay alguien ahí que no hace suyos los traumas de la afición, de suerte que el horror se ha repetido.

El madridista se ha levantado hoy con una desazón y una especie de cólera difusa. Cómo puede ser, masculla entre dientes. Decíamos que se ha acostumbrado. Es mentira. El madridista no se acostumbra ni se acostumbrará jamás a perder. Mucho menos a perder contra un eterno rival al que desprecia por sus malas artes. Muchísimo menos a ser zarandeado por él como un pelele. 0-4 y 2-5. Pero esto qué es. Pero de qué vamos. En las empresas norteamericanas, puedes cometer un error, incluso un horror grave. Pero no puedes comentar dos veces el mismo error. No puedes cometer dos veces el mismo error grave. Eso es causa de despido fulminante. Alguien en ese vestuario no tomó nota de la afrenta del 0-4, y se presentó otra vez ante el mismo enemigo con muy parecidos planteamientos y la altivez de pensar que el desastre no podría repetirse. Los desastres se repiten si no aprendes nada de ellos. Ni los jugadores ni Ancelotti aprendieron nada. No aprender es el mayor pecado al pasar por este mundo. Mereces quedar mirando a la pared, de espaldas a la vida o al Madrid, valga la redundancia.

Todo fue un desastre. Solo se salvaron de la quema Courtois y un excelente Mbappé. Lucas Vázquez sufrió un nuevo naufragio defensivo, en parte motivado porque su entrenador puso a ayudarle a un jugador aún menos dotado defensivamente que Lucas. Mendy no pudo con un extraordinario Lamine Yamal. Rüdiger y un nefasto Tchouaméni no fueron capaces de tapar los agujeros. Nadie defendía de mediocampo hacia adelante. Valverde y Camavinga trataban de multiplicarse para tapar esas carencias, pero un error infantil del francés, que cometió un penalti más que absurdo, fue el punto de inflexión que aparejó la condena.

Siempre hemos pensado que Ancelotti es el entrenador perfecto para el Real Madrid, pero esto no está escrito en piedra. Si se empeña en que la actualidad entierre el pasado, dejará de serlo (¿lo sigue siendo?). El equipo, por lo demás, necesita fichajes, en particular en una línea defensiva descorazonadora. Debe acudir al mercado de invierno con urgencia. No es cuestión del Barça. Interpretar lo que llevamos de temporada como si las hecatombes ante el equipo cliente de Negreira fueran la excepción dentro de una dinámica positiva sería un error. Ha habido derrotas lacerantes ante Milan y Liverpool, amén de un empate muy frustrante en el Metropolitano. La sensación ahora mismo es que apenas tenemos posibilidades ante ningún equipo potente. Es verdad que el Madrid tiende a dar un vuelco a las expectativas negativas en virtud del escudo o de la épica, pero ni el uno ni la otra van a resolver siempre la situación.

El Real Madrid vive una era de armonía, pero hay un capítulo donde reina la discrepancia, y ese capítulo es el Barça. La afición detesta a esa institución, paradigma de la trampa, que se compró impunemente el sistema arbitral durante al menos dos décadas. Por esa y por otras vergüenzas pretéritas, el aficionado blanco detesta al Barça, pero no se siente respaldado en ese sentir ni por su equipo ni por la institución. No queda claro si en el seno del club existe consciencia de cómo duelen estos correctivos cuando son aplicados por quienes han hecho del fraude su modus vivendi. El aficionado ve los duelos contra los azulgrana como un enfrentamiento entre el bien y el mal, con la opción de vendetta ante los transgresores de las reglas. La laxitud con la que se preparan estos cara a cara denotan que sus admirados jugadores, entrenador y presidente no lo ven de la misma manera. El Madrid no quiere encarnar el papel justiciero que sus aficionados le exigen.

Marca As Mundo Deportivo Sport

El que a mal árbol se arrima, un olmo en este caso, mala sombra le cobija. Y, sumido en la sombra, salió malparado el Madrid de Yeda después de un primer tiempo inenarrable y un partido de agónico disgusto para el madridismo y verdadero tormento. 5-2 en Arabia… y gracias.

De poco sirvió que Mbappe frotará su lámpara maravillosa en los primeros compases. Antes, no obstante, ya había avisado nuestro adversario. En apenas cuatro minutos, el diplomáticamente inmune Fútbol Club Barcelona había acumulado un par de ocasiones, ambas desbaratadas por nuestro habitual hacedor de milagros belga bajo los palos, al que esta noche se le pidió demasiado. Tras un córner en contra Vini rebañó un balón a Casadó, que quedó plañidero, reclamado una faltita imaginaria, mientras el carioca, fulgurante, volaba sobre la medular y descargaba sobre Mbappe que, a falta de opciones, gambeteó y gambeteó sobre Balde hasta cruzar a gol letal ante Szczesny. No fue, de hecho, un contraataque en balde.

1- 0 a los 13 minutos.

Nos las prometíamos muy felices con un Mbappé volador que en otra de sus explosivas arrancadas se torció el tobillo tras barrer adversarios cual enajenada ratita presumida. Fue el principio del fin. La torcedura de Kylian se pudo vendar, pero hay hemorragias que no. El Barcelona acumulaba ocasiones con su temerario juego suicida, pero quien realmente jugaba con fuego era el Madrid. Con fuego no, sino con sólo dos defensas, apuntaban corrosiva pero atinadamente desde el chat de Whatsapp de La Galerna. Juzguen ustedes.

El caso es que pronto comenzó el incendio merengue. El coloso en llamas. Un solo toque de Lewandowski, oficiando de pívot en el eje de la zaga blanca, desarticuló a toda la defensa de Carletto para que Yamal, cual cuchillo en la mantequilla, penetrara en el área para, tras un humillante regate final sobre Tchouameni plantado cual tiesto, colocar junto al palo de Courtois y empatar el partido. El Madrid respondió con tres córneres consecutivos y alguna diablura distante de Vini o Mbappé, pero muy poco más. Era el preludio del apocalipsis; un inútil y estúpido penalti imprudente de Camavinga sobre Gavi, listo, permitió a Lewandowski voltear desde los once metros el partido muy pronto. Pudo incluso irse a casa Eduardo antes de tiempo tras otro temerario agarrón ya tarjeteado. Prácticamente al instante un delicioso centro de Kounde fue rematado a la zamorana por Raphinha para hacer el tercero.

3-1 a los 38 minutos.

La lesión de Mbappe propició un descuento de nueve minutos con córner a favor del Madrid en el último segundo. Los de Carletto intentaron una jugada ensayada y salió ensayadamente fatal. La calamitosa ejecución de la pizarra permitió una nueva contra azulgrana que culminó Balde para hacer el cuarto y sacudirse el baile que le propiciara Mbappe al inicio.

Fuera como fuera, el Madrid se marchaba con un saco al descanso, consecuencia de unos cortocircuitos dignos del Edificio Windsor. Con nuestro corrupto y fraudulento adversario con los ojos inyectados en sangre, como acostumbra desde su sempiterno, histórico y eterno segundo escalón del podio, prometía una reanudación temible para un campeón noqueado.

De hecho, no pudo empezar peor el segundo tiempo. Vini tuvo una cita con Kounde en su banda al que plantó en un momento dado para servir un delicioso centro al segundo palo que Rodrygo voleó con violencia contra la cruceta. Mal presagio. En la jugada inmediatamente posterior. un único pase lejano de los culés permitió de nuevo volar a Raphinha y hacer el quinto a los 47 minutos. Lucas y Tchou, ilocalizables. Tanto, que Ancelotti fue a buscar al gallego para sustituirlo por el bravo Raúl Asencio. Quitar a Aurelien, catastrófico esta noche, quizás supondría un plan de jubilación anticipado del francés. Fede, aguerrido e incombustible, el mejor en los peores momentos, ocupaba el lateral derecho. Pronto Ceballos sustituiría a Camavinga, particularmente demente bajo la estrellas sauditas.

Y cuando el Madrid caía irremisiblemente al abismo, de repente una esperanza.

Fue exactamente eso. Una esperanza, nada más. Bellingham, desaparecido en combate, ganó de cabeza y con rabia un balón en el centro del campo, que permitió a Mbappe, veloz, encarar mano a mano a Szczesny … y ser derribado por el polaco como último hombre. Roja directa evidente para el orbe salvo para Gil Manzano, el de los pitidos finales con balones aéreos bajo la luna de Valencia, que además tuvo los arrestos de amonestar a Kylian. VAR mediante se la tuvo que envainar y Szczesny se marchó a echar humo al vestuario. Goes se encargo de dar la bienvenida a su sustituto, Iñaki Peña, con un magistral libre directo.

5-2 a falta de media hora y un hombre más sobre el Al-Jawhara. Por un instante el milagro pareció posible. Sin embargo, quince minutos después nos acordamos de Lourdes. El Madrid no supo en ningún caso acorralar a un sereno Barcelona. Nada de nada.

Visto lo visto, y ante el riesgo de enajenación mental de Vini, con amarilla, Ancelotti lo cambiaba por Brahim, al tiempo que Fran García hacía lo propio por Mendy. Mucho milagro que esperar. La remontada o un mísero atisbo de ella, de un gol siquiera, una ocasión, ni llegó ni pudo tampoco esperarse dada la lastimera pinta de un equipo tocado. La expulsión de Szczesny -gracias- tuvo al menos la virtud de contener una goleada que hubiera podido ser germana en Maracaná.

En todo caso, el Madrid, que acumula sendos meneos ante Flick, sale herido de una Supercopa que supura podredumbre desde muchas aristas.

Pero, como diría Conan Rey, esa es otra historia.

Al menos Mbappe ha vuelto.

 

 

Buenos días. Hoy se juega la final de la Supercopa en Yeda, en partido que enfrenta al Real Madrid y al equipo cliente de Negreira, y vamos a empezar por llevar la contraria, de forma directa y frontal, al titular que al respecto nos suelta de buena mañana Mundo Deportivo. No es infrecuente que discrepemos con dicha publicación, eso también es verdad.

 

Nos preguntamos qué hace pensar al insigne rotativo del Conde de Godó, grande de España, que lo que se juega esta noche, a partir de las 20 hora española, es “más que un clásico”. El resto de la portada no lo aclara. Ya es conocida nuestra postura respecto a esta nomenclatura, y consideramos que difícilmente puede ser “más que un clásico” lo que ni siquiera llega a ser un clásico. Nuestro titular sería más bien “menos que un clásico”, y como tal lo hemos hecho constar en este portanálisis.

Difícilmente se le puede llamar “clásico” a un enfrentamiento entre el mejor club de fútbol de la historia y el equipo más tramposo de la misma. Por un lado, quince Copas de Europa y un sinfín de otros trofeos; por el otro, el club que compró el sistema arbitral durante décadas y cuenta con el favor sistémico de las instituciones. Si uno quiere llamar a eso “clásico”, solo puede ser porque considera “clásico” el milenario pulso entre el Bien y el Mal.

Pero ni siquiera. El club cliente de Negreira apenas llega a encarnar un mal con minúscula, cimentado sobre chanchullos de medio pelo, ridículos complejos de inferioridad, absurdas narrativas de victimismo y tratos oscuros y cutres en La Torrada, con manchas de aceite en la solapa y olor a fritanga en el ambiente. Sería un poco pretencioso llamar al Real Madrid el Bien, como también otorgaría demasiados méritos al Barça llamarlo el Mal. Es un mal más de chichinabo, más de andar por casa, y también uno sobre lo que cabe recordar siempre lo siguiente: el que nunca se haya hecho justicia sobre sus crímenes y desmanes no le resta un ápice de iniquidad, más bien se la suma, y aquí estaremos nosotros siempre, junto a otros muchos, para hacer que prevalezca la memoria.

La única forma de justicia que puede conocer esta entidad intrínsecamente corrupta será, por desgracia, en el terreno de juego, y esperamos que esta noche el Real Madrid pueda cumplir ese papel justiciero. Está feo tomarse la justicia por la propia mano, pero alguien tiene que hacerlo, llámese Charles Bronson, Liam Neeson o Real Madrid. En ese sentido, y solo en ese, el partido es importante: en la necesidad de hacer prevalecer la higiene.

Bueno, en ese y en que hay un título en juego, independientemente de quién sea el rival. Se juega la Supercopa y los blancos la quieren, como cualquier otro trofeo.

“La primera de Flick”, suelta Sport. No tan rápido, amiguitos. A ver si, en lugar de eso, va a ser el nosecuantísimo entorchado de Ancelotti, técnico más condecorado de la historia del mejor club del planeta que ayer se avino a estrechar la mano del alemán porque en la vida hay que tratar con naturalidad a gente con más limitado CV. Es verdad que en el partido de liga Flick nos mojó la oreja, pero ambos equipos llegan a este nuevo no-clásico en muy diferentes estados de forma que entonces, con Mbappé mucho más metido en la dinámica y los automatismos del equipo y mucho mejor preparación física.

Veremos.

“Un clásico sin fin”, titula Marca. Nuevamente, no tenemos la menor idea de qué quieren decir. Si ya nos chirría la palabra “clásico”, imaginad el shock cuando quiere transmitírsenos que no tiene fin. Afortunadamente, es falso. Será un acontecimiento finito en el tiempo. Durará noventa minutos, con los posibles descuentos, y si hay igualdad en el marcador al término de los mismos iremos a los penaltis. Ni siquiera habrá prórroga, hasta ese punto tiene un “fin” claro y preestablecido lo de hoy.

Tenéis que disculpar que este partido haga aflorar todo nuestro cinismo, pero ¿qué otra actitud puede tenerse después de todo lo que hemos visto, y lo que nos queda por ver dentro del putrefacto fútbol español?

“Un clásico en carne viva”, suelta As. Definitivamente, hoy no entendemos absolutamente nada. ¿Cómo que “en carne viva”? Es más, insistimos: ¿cómo que “clásico”? Nos parece que la prensa no sabe ya qué inventar para elevar este enfrentamiento a mayores cotas de artificiosa grandeza. Nah. Es un partido de fútbol, nada más. Uno, eso sí, en el cual debe imponerse el Madrid pero no para hacer justicia deportiva por aquel 0-4, como apunta As, sino porque quien cumple la ley debería prevalecer sobre quien delinque.

Si tal cosa no ocurre en la esfera política, socioeconómica, judicial, sociológica y mediática, que ocurra al menos sobre el césped.

Hala Madrid y feliz domingo.

A mis ojos exasperados, transidos de orzuelos producidos por la incredulidad, han llegado las imágenes del Cholo Simeone en su última rueda de prensa. Le pregunta un periodista si no queda claro lo difícil que es competir contra Madrid y Barça después del Caso Olmo y la sanción de Vinícius. El Cholo, como si le hubieran mentado la bicha, se descompone y se larga de la sala de prensa a la voz de “Mejor me callo”.

Siendo el Cholo como es, no iba a desperdiciar la ocasión de ejercer ese derecho folclórico. Estaba escrito en las estrellas. Lo que llama la atención es que exista un periodista capaz de formular una pregunta tan grotescamente desprovista de pudor, una que meta en el mismo saco el permiso administrativo para inscribir cuando y como le dé la gana otorgado al Barça, por un lado, y la sanción de dos partidos al delantero del Real Madrid a cuenta de una expulsión que jamás debió ser tal, por otro.

El videochantaje

Que el favor gubernamental brindado al club cliente de Negreira iba a ser interpretado por medios y clubes antimadridistas en términos de “los beneficios a Barça Y MADRID” (dado que el Madrid pasaba por allí como el Pisuerga por Pucela) era algo que ni cotizaba, y la caspa patria que nos circunda se ha aferrado a la sanción a Vini como podría haberlo hecho a sus trenzas, ya por fortuna eliminadas de su cráneo.

No solamente el Atleti no tiene ninguna razón para quejarse de absolutamente nada, sino que debería más bien estar frotándose las manos ante las nuevas perspectivas arbitrales que se abren en el porvenir colchonero

La sanción de dos partidos a Vini es injusta, ya lo creo que sí, pero por excesiva. Mas aún: es injusta por existente, dado que responde a una tarjeta roja que no habría visto de no haber mediado la prevaricación de Soto Grado y Muñiz Ruiz en Mestalla. Este último error a sabiendas contra el Madrid lo cometió el responsable del VAR, el tal Muñiz, tras ser reprendido por Medina Cantalejo después de haber echado rigurosamente a Flick en el Villamarín. Menos mal que pronto le fue dada la oportunidad de redimirse expulsando a la máxima estrella de la liga de Tebas, quien desde su nombramiento como vicepresidente tiene también el control omnímodo de la RFEF.

Por esa expulsión injusta pretenden que Vini pague, encima, con varias docenas de partidos y siete sesiones de psiquiatra, y están tan indignados con que no se haga INjusticia con el brasileño que meten la cuestión en el mismo saco que lo de Olmo. Lo ha hecho Del Nido Jr., lo la hecho el periodista que preguntaba al Cholo y, con su airada “espantá”, digna de la dama de Pimpinela, lo ha hecho el entrenador del Atlético de Madrid. Tanta testosterona para luego acabar dejando en el aire efluvios pachulescos de drama queen.

No solamente el Atleti no tiene ninguna razón para quejarse de absolutamente nada, sino que debería más bien estar frotándose las manos ante las nuevas perspectivas arbitrales que se abren en el porvenir colchonero. El Barça podría dejar de ser el equipo del sistema. Los cortes de manga se pagan a nivel federativo, y el Comité Técnico de Árbitros sigue formando parte del organigrama de la siniestra organización roceña. Resulta además, como ha sido dicho, que dicha organización es ahora controlada por Tebas, quien podría no estar menos disgustado que su lugarteniente (y no al revés) Louzán por la maniobra laportista acudiendo al CSD. El corte de mangas del lamentable presidente azulgrana no solamente era para ti, para mí y para todos mis compañeros, sino también para Tebas.

Laporta bailando

De manera que no sería descartable que el viento cambiara de dirección. La flecha en la veleta esperando sigue quieta, como cantaba Juan Perro, pero aguardemos acontecimientos. Lógicamente, y por disgustados que estén en la Federación con el Barça, el CTA no va a empezar a cambiar de pronto su (falta de) estima hacia el Madrid, dado que el club blanco sigue personadísimo en la causa judicial del negreirato, por lo cual es detestado por el colectivo tanto como Tebas sigue detestando a Florentino.

Entonces, ¿qué va a suceder? ¿Qué club representa la tercera vía? No caigo, no caigo, pero yo por si acaso estaría muy pendiente de los próximos arbitrajes al Atlético de Madrid. Bien es cierto que, dada la historia de dicho equipo, jalonada de muy románticas derrotas que entusiasmaron el corazón sabinero, quedaría por ver si son capaces de aprovechar la oportunidad.

 

Getty Images

Buenos días, queridos amigos.

No nos sale hablar de Real Madrid-Barça, mucho menos de “El Clásico” de mañana. Tampoco nos hace especial ilusión el hecho de lidiar por un título contra un club que representa lo peor del deporte como si estuviéramos en una competición limpia, pero así intenta venderlo la prensa y nuestro trabajo es comentarlo como si tal cosa. Comenzamos con el diario As, que nos vende el “lujo asiático” de jugar en Arabia Saudí.

Oh, sí, señores, qué ilusión saber que el Real Madrid anda en un país clasificado muy abajo en la lista de derechos humanos solo porque el Rubi y el Geri se repartieron una serie de comisiones a destajo, pero todo se hizo porque “football is for the fans” y todas esas cositas que nos contaron. Nos llena de júbilo ver jugar a los nuestros en un lugar en el que las mujeres eran tan ajenas a los estadios de fútbol hasta hace poco que, cuando acuden a un partido como el del jueves pasado, se ven sometidas a todo tipo de vejaciones por parte de algunos espectadores, cabestros “majísimos” que pasaron del abrevadero del camello a llenar el depósito del Lamborghini sin previo paso por un curso acelerado de modales y educación.

La portada del diario As hace referencia a la valoración de los jugadores, cuatro de los cinco con mayor valor en el mercado estarán mañana sobre el terreno de juego. Cuatro de los más valiosos… según Transfermarkt, que dice que Lamine Yamal tiene un valor superior al de Mbappé e igual al de Vinicius. La realidad nos indica que cuando el Barcelona quiere vender a sus káiseres García o Ansufatis, la cifra que los clubes están dispuestos a pagar tiene al menos un cero menos de lo que les habían contado de manera interesada en estas páginas.

De la portada del diario madrileño destacamos otras noticias, como el movimiento de Javier Tebas para tratar de frenar la cacicada del CSD al conceder la cautelar al Barça, el arranque del Open de Australia, o el extraño viaje de Thomas Heurtel, que trasladó a su familia de China a Barcelona para, sin apenas salir del aeropuerto, terminar en La Coruña. La relación del jugador francés con los aeropuertos y el Barça da para una peli de Spielberg, tipo La Terminal. Comedia negra, sin duda.

Queríamos destacar la parte inferior de la portada, que recoge la enorme victoria del Real Madrid de baloncesto en Kaunas, la quinta consecutiva. Con una importante aportación del banquillo, lo cual impulsa a los nuestros dentro de la clasificación, en la que nos movimos durante meses en posiciones preocupantes. Partidazo de la unidad B y una mejora general de sensaciones en los pupilos de Chus Mateo.

El diario Marca trae a la primera plana el encuentro entre Karim Benzema y Vinícius Jr., del cual ha dicho el francés algo evidente: que es “el mejor”. Resulta curioso que sea precisamente Marca quien tenga ahora estos detalles cuando no hace tanto nos intentaban convencer de que el propio Karim animaba a sus compañeros a no pasarle la pelota al crack brasileiro. Una portada entera, de confección sospechosamente similar a la del día de hoy, pero de 2020, nos contaba:

Nos ha hecho cierta gracia el titular escogido por Marca en el faldón inferior derecho: “Olmo o Gavi, duda azulgrana”. Cautelar o cautelarísima, pensará alguien que no sea Hansi Flick.

La prensa cataculé sigue a lo suyo, tratando de poner en la balanza el nuevo escándalo institucional a favor del Barça con el nuevo escándalo de manipulación del VAR y el CTA que ha costado dos partidos a Vinícius: “El catalán podrá reaparecer tras la cautelar mientras el brasileño sale impune de sus constantes líos”. Dos partidos igual a “impune” para esta gente. Viven en un mundo paralelo en el que no hubo fingimiento por parte de Dimitrevski, ni provocación previa, ni imágenes sesgadas desde el VAR, ni mala información por el pinganillo, ni una redacción del acta equivocada, ni una expulsión rigurosísima que muy bien podría haberse saldado con amarilla. Pero queda “impune”, anda a esparragar, “tirad para allá”, que diría Raúl Asencio con tino.

El titular de la portada del Mundo Deportivo nos suena a coña marinera, así que nos ha dado por pensar a qué llaman “El duelo del morbo”. A un lado se encontrará el actual campeón de Liga, Champions, Supercopa de España y Europa e Intercontinental, mejor club del mundo para la FIFA y la UEFA, y mejor club de la historia en todas las clasificaciones. Al otro lado, el que aporta el morbo, suponemos, el Fútbol Club Barcelona, que, tras 125 años de historia merece un nombre mejor que refleje su esencia. Proponemos Palancautelarísima VARclub Negreirolona. Un apelativo que condense lo mejor de su historia reciente.

Mañana alinearán de salida a:

Sí, un duelo con morbo, de igual a igual. Arbitrado por lo mejor del CTA, con el imputado presidente de la Federación en el palco, junto a un jeque árabe y un Jan Laporta que no sabe comportarse fuera de una discoteca. Ciertamente es el duelo del morbo. Nos “apetece” mucho presenciarlo.

Os dejamos con la portada del diario Sport, que sigue a lo suyo, al fichaje nuestro de cada día… que será inscrito mañana de manera fraudulenta.

Que paséis un gran día.

La primera vez que ves una capibara dudas de lo que estás viendo. Uno se enfrenta a un roedor del tamaño de un perrito, pero por algún motivo no genera el rechazo visceral que tendría que provocarte una rata gigante. Y eso sucede, ni más ni menos, porque al primer vistazo la capibara ya te ha hecho presa de su hechizo.

En mi familia pasó en un zoológico, cuando mi hija hizo la pregunta clave: ¿por qué la capibara se lleva bien con todos? Y es que se trata del bicho que mejor convive con cualquiera. Hasta los depredadores más feroces, entre los que se mueve en armonía, toleran su amable presencia con naturalidad.

Años después de aquella visita, mi hija y yo veíamos correr a Rodrygo. Iba a abrazarse con el autor del centro (uno de esos regalos que un delantero no desaprovecha) y la afirmación de mi hija tuvo la resonancia de las iluminaciones: papá, todos quieren a Lucas Vázquez. Y a mí no me quedó más remedio que darle la razón, porque Lucas Vázquez es la capibara del Real Madrid.

Lucas Vázquez es la capibara del Real Madrid

Su supuesto rol de chico-que-no-molesta le ha permitido sobrevivir en el equipo sin haber sido considerado nunca titular. Ha alternado actuaciones memorables con otras desafortunadas, pero su estatus dentro del grupo le ha permitido reponerse a ambas. Nadie se siente demasiado amenazado por él, pero todos agradecen tenerlo cerca. Y cuando comparece en la banda para entrar en un cambio, hasta los madridistas más vinagres concederán que no se le puede reprochar nada. Lucas da todo lo que tiene. Pero ¿qué es lo que tiene?

Hablamos de un jugador que ha encontrado su nicho ecológico en el ecosistema del Real Madrid —siempre atestado de criaturas letales en el campo y acechado por las enormes sombras de la rumorología de fichajes— abrazado a una característica personal que nunca sobra: Lucas les gusta a sus compañeros y a su entrenador. Sería injusto reducir a eso su extraordinaria carrera (sólo el Milán tiene más Copas de Europa que él, y ya va por 4 mundiales de clubes), pero la imagen que ha conseguido construir para la eternidad del madridismo no será ningún pase extraordinario, ningún gol decisivo, ninguna combinación letal, y ni tan siquiera su lamento en la red tras no alcanzar el balón que nos condenaba, o el modo doloroso en que se ha visto esquinado de los triunfos de su selección nacional... Aunque todo ello ya lo ha vivido varias veces Lucas Vázquez, su legado será el modo en el que afrontó las luces y las sombras, esa cosa tan difícil de definir y de ignorar que es el espíritu.

El legado de Lucas Vázquez será el modo en el que afrontó las luces y las sombras, esa cosa tan difícil de definir y de ignorar que es el espíritu

Hay dos rondas de penaltis en las circunstancias más dramáticas en las que las fieras apretaban los dientes y aullaban. Y ahí tuvimos a la capibara, con su paso juguetón, dispuesto a poner las cosas en su sitio, enseñándonos que el fútbol es, en efecto, un juego, y que sobre todo sirve para aportarnos felicidad. Por eso cada verano los recién llegados —vengan de Brasil, de Birmingham, de París o de donde les plazca— son de pronto primos hermanos de Lucas pues, sin conocerle, a ninguno nos cuesta imaginarlo como a una persona feliz. El tipo al que quieres tener al lado porque va a hacer el paisaje mejor sólo con su presencia.

Habrá quien opine que sus virtudes no son suficientes, pero a él de momento ya le han bastado para alcanzar la capitanía del Real Madrid, cuyo brazalete honra de la mejor manera posible, sudando como el que más y haciendo felices a los que tiene cerca. Ese es el aprendizaje que nos dejará Lucas, un tipo que parece tan buena gente como para hacerse santo súbito de quien se le ponga por delante y al que, en el momento en que se le pida, dejará sobre el césped todo lo que lleva dentro para tratar de levantar otra copa más.

Mientras llega ese día, abracen a la capibara e intenten que se les pegue algo. Ustedes no tienen la culpa de que les guste.

Getty Images.

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram