Buenos días, amigos. Estaba escrito en las estrellas y (por qué no decirlo) también en La Galerna. Dijimos que nos iba a tocar el City en el sorteo y lo clavamos, si se nos permite la inmodestia. En realidad no hacía falta ser Rappel, a quien felicitamos por cierto en su reciente ochenta cumpleaños. Rappel es madridista, en tanto en cuanto sabe cada septiembre que el Madrid casi seguro ganará la Champions unos meses después, y saberlo es madridismo. Este año Rappel no ha dicho nada aún, y quizá sea porque desconfía del equipo de Guardiola. A nosotros nos pasa lo mismo. Ojalá pudiéramos compartir la ola de optimismo casi bravucón que se respira en las calles. No las tenemos todas con nosotros, para ser sinceros (algunas hay que dejárselas a los demás).
Sabíamos que nos iba a tocar el City porque aquí, de calentar alguien las bolas, no es precisamente Florentino. Véase la relación de equipos con los que ha tenido que medirse el Real Madrid para ganar 6 Champions en una década e introdúzcanse después, una a una, las bolas por vía rectal, tan calientes como sea posible. (Párrafo extraído de la posología del prospecto farmacológico del antimadridismo).
Sí, como dice Marca, boooom. Qué le vamos a hacer, pero boooom. Habríamos preferido el chisporroteo leve de un Celtic, pero al final es la explosión en toda regla del petroclub de las 115 infracciones contra el Fair Play. (Decimos 115 porque aún no se han contabilizado las últimas, y de hecho ya se han lanzado a apurar los últimos estertores del mercado para fichar sin duda ilegítimamente un mediocentro que haga daño al Madrid, parece que Nico el del Oporto, ex de la Masía).
Afrontémoslo con la mirada alta, sin miedo al desafío. Practiquemos el petroclubbing, afición a la que nos entregamos en cuerpo y alma casi todos los años, la verdad, con resultados mayoritariamente satisfactorios. Vayamos todos juntos, La Galerna la primera, por la senda del petroclubismo.
As también habla de bombas. No nos oponemos a la retórica bélica, por manida que esté. Pero no conviene olvidar que la primera bomba estalla esta noche, a las 21, ante el Espanyol, y que esto es una carrera de fondo sembrada de minas antipersonales en apenas unos metros (Espanyol-Leganés en Copa a partido único-derbi ante el cholismo-City 1-Pamplona-City 2 en pocos días) y que Carletto tendrá que hacer un uso muy sabio de sus recursos, rotándolos convenientemente. Por reacio que sea el técnico italiano a estas cosas, entendemos que en las fechas venideras no tiene más remedio que hacer un uso racional de sus futbolistas.
La prensa cataculé, por su parte, se congratula ante la renovación de Gavi, “jugador ejemplar” no según Sport ni Mundo Deportivo, no, sino según Marca, el medio de la Central Lechera que puso a Vinícius “en el foco” para que la gente le insultara con mejor visibilidad.
Felicitamos tanto a club como a futbolista. Realmente están hechos el uno para el otro.
Pasad un buen día, coronado a ser posible con una victoria ante el Espanyol.
El Real Madrid de baloncesto cerró hace apenas unos días el fichaje del angoleño Bruno Fernando, procedente de los Toronto Raptors de la NBA que lo cortaron hace unas semanas. Con esta incorporación el cuadro blanco completa su nómina de jugadores interiores de la plantilla. El hecho relevante es que cuatro de ellos son africanos y el restante, aunque nació en Madrid, tiene sus orígenes familiares también en el mismo continente.
Walter Tavares es de Cabo Verde, el mencionado Bruno Fernando, de Angola, Serge Ibaka nació en la República del Congo, aunque cuenta con pasaporte español y ha sido internacional, Eli John Ndiaye es de Senegal y al igual que Ibaka está nacionalizado y pronto se espera su debut con el equipo dirigido por Sergio Scariolo y, por último, Destiny Usman Garuba, que vino al mundo en Madrid, pero sus padres emigraron desde la ciudad nigeriana de Benin City a mediados los años 90.
África nunca ha sido una potencia baloncestística, sin embargo, ha dado excelentes jugadores como el nigeriano Hakeem Olajuwon, el recientemente fallecido Dikembe Mutombo, que era originario de la República Democrática del Congo, o el célebre sudanés Manute Bol, de 2,29 m, quien causó un enorme impacto en la NBA a finales de la década de los 80 y comienzos de los 90.
Chus Mateo cuenta ahora con un poderío interior extraordinario. Físico, altura, músculo y fuerza en cinco jugadores que pueden avasallar en ataque y abrasar a todos sus rivales del continente en el aspecto defensivo. La versatilidad de varios de ellos hace que puedan jugar tanto en la posición de cuatro como la de cinco, por lo que es probable que se pueda ver en pista diferentes parejas. El único center puro es Tavares, pero hasta Bruno Fernando, que llega como reemplazo de caboverdiano para darle descanso, podría jugar de cuatro en Europa en determinados contextos.
Ibaka también con los años se ha reciclado al cinco, sin embargo, gracias a su gran lanzamiento exterior, con el que está más acertado en las últimas semanas, no es descartable que pueda vivir momentos en pista junto a Tavares o Bruno Fernando. Ndiaye es el ala-pivot más claro de la plantilla y el juego versátil y polivalente de Garuba le permite ser un cinco rápido y móvil o también un cuatro en algunas ocasiones. Con este quinteto de la pintura el Real Madrid da un salto de calidad para los últimos meses de la temporada.
La historia blanca cuenta con otros africanos que precedieron o compartieron pista con los actuales vistiendo la camiseta madridista. Aunque no por nacionalidad, hay que mencionar que Lolo Sainz nació en el continente africano en 1940, concretamente en Tetuán, cuando la ciudad pertenecía al protectorado español de Marruecos.
Después ya hay que trasladarse al siglo XXI para encontrar al siguiente: Cheikh Samb. Senegalés de Dakar, fue un temporero que solo estuvo un mes en el equipo blanco. Perteneció al filial culé, el CB Cornellá, en etapa formativa y después se marchó a la NBA a probar suerte. En septiembre de 2009 ante las escasas oportunidades cruzó el charco de vuelta y firmó por el Real Madrid por las lesiones de los pivots belga y lituano Thomas van den Spiegel y Darjus Lavrinovic respectivamente. Los blancos pensaron en Samb y le dieron una oportunidad porque contaba con un físico espectacular y una altura de 2,16cm. Jugó varios amistosos, como ante Utah Jazz, y el torneo de la Comunidad de Madrid y también unos minutos en la semifinal de la Supercopa ACB contra el Caja Laboral. Una vez recuperado Lavrinovic dejó la casa blanca.
Mucho mayor peso en la plantilla blanca tuvo el tunecino Salah Mejri, que vivió dos etapas como merengue. La primera tras un gran rendimiento en el Obradoiro que le permitió fichar por lo blancos en 2013. Después de dos años en los que consiguió seis títulos (una Euroliga, una Liga, dos Copas del Rey y dos Supercopas de España) emprendió camino a la NBA a los Dallas Mavericks. En 2019 regresó a la capital española para vivir una última campaña que redondeó con otra Copa del Rey para su palmarés.
Las bajas interiores de Trey Thompkins y Andrés Nocioni a principios de la temporada 2015-2016 obligaron a moverse al Real Madrid, que en el mes de diciembre de 2015 fichó al senegalés Maurice Ndour. Su paso por el equipo madridista apenas dejó recuerdo debido a su poco protagonismo. Doce partidos en ACB y seis en la Euroliga fueron su bagaje, aunque se marchó con el título liguero y el de la Copa del Rey celebrada en La Coruña en la que no participó.
En los últimos dos años, la prolífica cantera blanca también ha aportado tres africanos a la primera plantilla. El que tuvo más minutos fue el pivot senegalés Ismaila Diagne, del que se recuerda una gran actuación en la Euroliga del año pasado ante el Barça en el Wizink Center. Chus Mateo le dio minutos por alguna lesión de Tavares y cumplió con nota. Abandonó la entidad en verano para irse a jugar a NCAA con la universidad de Gonzaga.
Además, esta misma campaña también han saltado al parqué con la camiseta blanca el senegalés nacido en Dakar Sidi Gueye, que debutó en ACB en el mes de octubre ante el Girona y el burkinés originario de la capital Ouagadougou Gildas Fernández, que ante las ausencias en Murcia de Andrés Feliz, Usman Garuba, Dzanan Musa, Serge Ibaka y Xavier Rathan-Mayes contó con la oportunidad de Mateo.
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En el mismo instante en que el árbitro señalaba el final del encuentro entre el Brest y el Real Madrid, mi teléfono me alertó de la recepción simultánea de varios whatsapps. Todos en el mismo sentido: “entre el City y los escoceses no hay duda de cuál os cae”, “Butragueño ya está calentando las bolas con un soplete”, “no te preocupes, que Florentino hace un par de llamadas y os toca el Celtic, esto está visto”. Servidor, que sin pertenecer al judaísmo jasídico humildemente cree poseer cierta intuición para la cábala futbolística, se fue a dormir convencido de todo lo contrario: solo mi aversión al mundo de las apuestas me impidió meterle las llaves de mi casa a que nos enfrentábamos al Manchester City. Posteriormente, cuando en la mañana del viernes se confirmó lo ineluctable, desistí de enviar la respuesta merecida a la pandilla de provocadores del miércoles. No tanto por subrayar una supuesta superioridad moral, sino más bien por la convicción profunda de que hubiera resultado estéril.
Todas las tipologías del antimadridista —aquí desgranadas en su momento— coinciden en un suelo común: que la realidad no estropee el relato construido y el granítico marco mental de roles ya adjudicados. Cualquiera que se moleste en una búsqueda rápida del historial de los rivales concretos asignados al Madrid en los sorteos de los últimos ocho o nueve años podrá comprobar el carácter espurio de la acusación de supuestos beneficios. Es igual. El antimadridista vive de las sensaciones, de ese jugo macerado en el que se embadurna para evitar encarar la dolorosa realidad. No es que no quieran salir de ahí: sencillamente dudo de que tal empresa sea factible.
El antimadridismo no odia al Madrid por un análisis racional, sino que lo hace a través de una narración ficcional pergeñada a la medida para volcar sus neurosis y fobias
Uno, a pesar de su condición de aficionado merengue, puede hacer un esfuerzo e intentar un ejercicio de ecuanimidad. Más allá del amor, se puede convenir en que el Real Madrid tiene defectos y déficits más o menos objetivos, la mayoría homologables al resto de entidades participantes en la —mal— llamada industria del fútbol. Sin embargo, el antimadridismo no odia al Madrid por un análisis racional de estos defectos, sino que lo hace a través de una narración ficcional pergeñada a la medida para volcar sus neurosis y fobias. Daría igual que el Madrid encarnase la perfección ética en comparación con el resto de integrantes del mundo del balompié: los antimadridistas continuarían viéndolo del mismo modo, puesto que el núcleo de su odio es sentimental, neurótico, fóbico. Irracional. Hubo un antimadridista, especialmente conocido porque tenía de segundo oficio el de jugador de fútbol, que acusó al Madrid de “mover los hilos”; al mismo tiempo, el personaje trataba de tú y con apodos cariñosos al presidente de la Federación, y hacía y deshacía en la configuración de alguna competición que su propio equipo —¡y él mismo!— disputaba. Sin pretender ser piadoso, creo que esta hipócrita doblez es menos hija del cinismo que del fanatismo, aunque habrá quien, para aportar matices en este caso particular, recurra a la filosofía china —“el benevolente ve la benevolencia, el sabio ve la sabiduría”— o al castizo refranero español: “cree el ladrón que todos son de su condición”.
De manera que hay que resignarse: el Madrid va a enfrentarse a la hidra que todos querían evitar y, a la vez, quedará en el ambiente que también (?) fue favorecido en el sorteo. Al fin y al cabo, los mandarines de la intelectualidad futbolística ya están colocándose el vendaje antes de la herida: de repente han descubierto que este City en horas bajas no es para tanto —¡con las glosas que se han llegado a escribir de los citizens!—, y depositan la losa del favoritismo en las espaldas del Sísifo blanco. Resultarán irrelevantes los centenares de millones que el club de Abu Dhabi pueda haber invertido en el mercado invernal. El mismo Guardiola, considerado —a mi juicio, con bastante justicia— como el mayor genio de los banquillos en el siglo XXI, pasa ahora a ser poco menos que un pobre hombre superado por las circunstancias e incapaz de controlar sus impulsos. El capitán de una nave a la deriva. Todavía no he leído a quien aproveche sus avatares maritales para desmerecer su capacidad actual —como si un divorcio no supusiese a menudo un acicate para centrarse en lo profesional—, pero todo se andará.
hay que resignarse: el Madrid va a enfrentarse a la hidra que todos querían evitar y, a la vez, quedará en el ambiente que también (?) fue favorecido en el sorteo
El antimadridismo es voraz, y llegado el caso se permitirá manosear impúdicamente la estela de cualquier ídolo que no sirva a sus pretensiones. Contra esa marea lleva enfrentándose el Madrid muchos más años que contra el City. Y es probable que, a diferencia de a los celestes, a semejante estado de las cosas —“la falta de certeza te oxida las venas, es el odio, ¡es el odio! quien guía tus pasos”— no se le pueda ganar nunca del todo. No obstante, habrá que seguir tratando de desbaratar todos sus obstáculos. Tanto los fácticos como los verbales. No queda otra. Que nuestros muchachos hagan lo suyo el próximo día once en Manchester; yo, colibrí en medio del incendio, prometo que la próxima vez responderé a los whatsapps.
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Buenos días, amigos. En muy pocas horas sabremos, a través del bombo, si tenemos que jugar una suerte de dieciseisavos de final de la Champions con el Celtic o con el City. The Proclaimers o Joy Division. En música preferimos lo que venga de Escocia a lo que venga de Manchester, y en fútbol, por lo que sea, también. No nos ocultamos. Si tienes que competir con alguien por el amor de una bella doncella, es preferible no hacerlo contra Ryan Gosling y, a ser posible, mejor contra Iturralde González, con perdón del Celtic.
Son dos opciones francamente disímiles, hasta el punto de que a la pregunta de la portada de As, lobos o corderos, responderíamos que tenemos muy claro cuál es cuál, aunque los primeros puedan venir disfrazados de los segundos. Sabemos que el City está mal, pero no nos fiamos de estas coyunturas. También sabemos que nos va a tocar el equipo mancuniano, de manera que no sé qué hacemos especulando con todo eso. Está escrito en las estrellas y en los designios de Ceferin, que ese sí que es un calentador de bolas profesional. Y lo dejamos aquí, que ya sabemos los caminos de zafiedad que suele tomar cualquier alusión a las célebres bolas calientes. Haberlas quizá haylas, pero calentarlas no las calienta precisamente el presidente del Real Madrid.
Hoy, en La Galerna, mientras Itxu Díaz lamenta con la sorna habitual lo abstruso del nuevo formato de Champions cuya fase de liga acaba de finalizar, el amigo Jacinto subraya que le da igual quién nos toque. Da igual si le da igual o no, porque nos va a tocar el City. Nos aventuramos a asegurarlo.
En los bajos de As encontramos también una noticia agradable. Hoy, en Mónaco, en la Euroliga, debutará con el Real Madrid de las canastas su nuevo pívot, en quien tenemos puestas tantas esperanzas. Nos referimos al angoleño pero casi yankee Bruno Fernando, a quien no conviene confundir con el también mancuniano y también lusófono Bruno Fernandes, jugador del otro Manchester, o sea, del United. Es todo muy raro. Buena suerte en todo caso a Bruno.
Marca, sabedor de que una portada relativa al sorteo de hoy a las doce tiene una vigencia tan larga como un listado de virtudes de Toni Freixa, se decanta por otros chismes que nos mantengan entretenidos hasta las doce. Le podían echar un poco más de imaginación, porque el comodín de Arabia ya está muy manoseado. Sin ir más lejos, no recordamos si ha sido As o Marca quien últimamente ha estado tratando de meter miedo al personal con ofertas de la liga árabe sobre Vinícius. Ahora le toca a Rodrygo, y se supone, pues si no para qué están pensadas estas primeras planas, que los madridistas hemos de perder el control de esfínteres de puro pavor.
Lamentamos informar a Marca de que nosotros, desde luego, no lo perdemos. Tanto Vinícius como Rodrygo están en el Real Madrid, bajo contratos aderezados por cláusulas de rescisión mareantes. En el hipotético caso de que quisieran irse, el Madrid doblaría tranquilamente su presupuesto anual, pero es que además no quieren irse, ni el Madrid quiere venderlos. Se trata de meter miedo, pero de meter miedo solo a los madridistas, claro. Como que los saudíes son idiotas y no están haciendo ofertas a Lamine Yamal, sabiendo además que acaba contrato. Claro que las están haciendo. Lo que sucede es que, por lo que sea, de eso no se nos informa. Sustituya el amable lector las palabras "por lo que sea" por el más completo sintagma casual "porque a la prensa solo le interesa desestabilizar a un club en concreto, y nunca a sus competidores".
Realmente se creen que somos imbéciles y no nos damos cuenta. Es una cosa pasmosa.
En fin. A la espera de ver salir a las doce la bola del City, os dejamos con la prensa cataculé y su cositas.
Pasad un buen día.
Aleksander Ceferin, que está mutando en bombilla de 220 a gran velocidad, ha logrado que la Champions, la competición más emocionante del mundo, sea para los aficionados tan excitante en su primera fase como la sala de espera de una colonoscopia. Por suerte ya ha terminado lo peor del suplicio pelotero, con cotas de indiferencia de los fanáticos nunca antes vistas, y tal vez de ahora en adelante logremos entender algo sobre cómo coño funciona.
Ayer, al ver la primera parte del Real Madrid frente al Brest, me asaltaba un convencimiento: por momentos tenía la seguridad de que los futbolistas tampoco habían entendido si debían ganar ese partido o no, y si finalmente lo hicieron es porque el ADN madridista es como un destino inevitable, en el que tienes que ganar hasta a las chapas. De hecho, algunos goles parecieron llegar inesperadamente, como si no fueran a propósito.
La noche anterior, en las tertulias deportivas, había larguísimos y soporíferos debates sobre a qué equipos les convenía ganar y a qué equipos les convenía dejarse perder. Debates que no llegaban a ningún sitio, porque los supuestos especialistas en la materia, con las nuevas reglas en la mano, tampoco se ponían de acuerdo en las conclusiones, que por cierto eran muy diferentes y cambiaban por completo el desarrollo de la liguilla en función de quién de los contendientes tuviera razón. Un lío cósmico. Brillantísimo, Ceferin. Emoción a toda vela.
Aleksander Ceferin, que está mutando en bombilla de 220 a gran velocidad, ha logrado que la Champions, la competición más emocionante del mundo, sea para los aficionados tan excitante en su primera fase como la sala de espera de una colonoscopia
Solo espero que después de todo, cuando levantemos el próximo trofeo, el tipo que haga el documental tenga la piedad de ahorrarse esta fase previa, cuya emoción futbolística ha estado a la altura de los primeros dos partidos de cualquier edición de la Copa del Rey. En realidad, para terminar de redondear el círculo del aburrimiento, y desalentar definitivamente al espectador, solo les ha faltaba ponerlos un lunes a las ocho de la mañana y con las luces del estadio apagadas.
Por otra parte, también pensaba que, si gente a la que considero notablemente alfabetizada no fue capaz de entender el sistema de la primera fase de la Champions, ni mucho menos de retener sus mil cruces y detallitos estúpidos, es casi seguro que una parte importante de los futbolistas, en condiciones formativas algo más humildes -excepto los nuestros, que son todos unos máquinas, para qué negarlo-, habrán tenido serios problemas para saber qué debían hacer en el campo, jugando ante rivales que ni siquiera sabrían ubicar en un mapa de Europa. No sé, pienso en tipos que se muevan en la esfera intelectual de un Maffeo, sin ir más lejos, y me cuesta mucho creer que puedan saltar al campo entendiendo algo más que lo de partir tibias y tratar de que la bola entre en la portería.
Sea como sea, hoy es el sorteo, los cruces del Real Madrid serán un infierno, y tendremos que enfrentarnos a eliminatorias imposibles, con la enfermería hasta los topes, jugándonos la vida en estadio enemigo, y remontando partidos en los últimos tres minutos. Es decir, después de todo este circo previo, tendremos que ganar también esta maldita Champions que, en esta nueva etapa, ni siquiera Ceferin será capaz de volver aburrida. A lo nuestro.
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Don Álvaro de Laiglesia, uno de los mejores humoristas y dibujantes que ha dado España en toda su historia, director del famoso semanario satírico La Codorniz, era un hombre muy crítico con la dictadura del General Franco, de tal suerte que, en bastantes ocasiones, la censura imperante decidía cerrar la edición del periódico por meterse en demasía con los poderes fácticos establecidos. Pues bien, harto de estas intromisiones en la escueta libertad de expresión que existía en la España de aquellos años, escribió un editorial en el que decía la siguiente frase:
“Bombín es a bombón
como cojín es a X,
y a mí me importa tres X
que me cierren la edición”.
Pues mire usted por dónde, la referencia a X viene como anillo al dedo con lo ocurrido el miércoles en Guingamp (ayer no pude escribir por problemas personales, que cada uno tenemos lo nuestro). Efectivamente, el Real Madrid se clasificó para el play in o play off, o como gaitas lo quieran llamar, de la Copa de Europa. Las redes sociales, sobre todo X, ardían en lamentos por lo que pueda salir del sorteo, echando pestes de lo que pudo ser y no fue. No entramos entre los ocho primeros, ¡oh, desgracia supina!, nos puede tocar el Manchester City por los desmanes del cuerpo técnico madridista en la competición. ¡Que nos toque el Celtic, por favor!
En el citado semanario también dibujaba el gran Miguel Gila, humorista, actor y dibujante nacido en Chamartín de la Rosa (como no podía ser de otra manera). Me imagino al gran Miguel cogiendo el teléfono y haciendo la siguiente llamada:
- Ring, Ring.,..
- Buenas, ¿Está la UEFA? Que se ponga… Hola, ¿Es la UEFA?, que mire usted, le llamo del Madrid, que la gente está que trina con el sorteo y que a ver si pueden calentar la bola para que nos toque el Celtic, que ya estamos del mal tiempo de Manchester hasta las narices… Ya, que ustedes no calientan bolas, que lo que calientan es poltronas, ya me lo imaginaba. ¿Y si me apunto UNICEF?Ya, que ya está el Barcelona con esa cosas, que es tarde. Pues vaya, qué se le va a hacer…. Pero… ¿Y si apadrino a un niño, aunque no juegue como Lamin Yamal? Que no, vale, lo entiendo, pues nada, que sea lo que Dios quiera, pero que sepa que la gente está enfadada y se lía, que lo se yo, que hay mucho entendido que dice que siempre es igual…. Vale, vale, ya les dejo, que tienen que preparar el catering para el sorteo y hay que probarlo, vale, buenas tardes, adiós.
A mi, personalmente, me importa tres X quien nos toque y lo voy a argumentar. En primer lugar, ya saben ustedes que tengo años suficientes como para hacer la crónica in situ de la extinción de los dinosaurios y para haber compartido con Jordi Hurtado las bodas de Canáan. Por esa razón, recuerdo que hace algunos años, cuando había un sorteo de Copa de Europa, los madridistas estábamos poniendo velas a todos los santos posibles para que no nos tocara este o aquel equipo, generalmente alemán, inglés o italiano, que eran los verdaderos cocos de la competición. Nosotros queríamos que nos tocara un Slovan de Bratislava, un Odense o similar, para estar tranquilos y pasar de ronda. Ahora, con quince Copas de Europa en el zurrón, seis de ellas en las últimas once temporadas, los que temen al Madrid son los demás, se llamen como se llamen. ¿Que me gustaría que nos tocara el Calasparra (con perdón y respeto a la arrocera tierra)? Pues claro, pero como no puede ser, lo dicho, me importa tres X quien toque.
En segundo lugar, porque, después de tantos años de fútbol, he llegado a la conclusión de que para ser campeón de Europa hay que ganar a todos, da igual, tarde o temprano, en cualquier eliminatoria, vas a jugar con un equipo de campanillas, porque si no fuera así, no sería la Copa de Europa, sería la Europa League, la Conference League o la Pachangas League. Por esa razón también, me importa tres X quien toque en el sorteo del viernes.
Y en tercer lugar, porque, por favor, tenemos la mejor plantilla del planeta, el equipo está carburando bien y somos el campeón vigente. ¿Miedos?, para los demás. Las últimas ediciones en las que hemos levantado la orejona hemos jugado y eliminado a los mejores… pues entonces, ¿qué podemos temer? Lo dicho, Bombín es a bombón, como cojín es a X, y a mí me importa tres X quién nos toque en el zurrón.
El partido. Como diría un taurino, faena de aliño del Real Madrid contra un equipo animoso y luchador que no dio demasiadas patadas y que intentó luchar hasta el final. 1º partido contra el Brest, 1º partido en el Stade de Roudourou, 1º partido en Guimgamp, nuestro Mendy cumplió 200 encuentros de blanco contando los amistosos y nuestro equipo obtuvo su victoria n º 100 en competiciones europeas jugando como visitante (esto no lo vais a leer en ningún lado, porque sólo mi gran amigo Javidatos lo sabe, lo escruta y lo cuenta aquí para vosotros en exclusiva, que lo sepáis). Además, Rodrygo Goes marcó el gol total de la historia del Real Madrid (también contando amistosos) nº 15400, que se dice pronto, más goles casi que años que sumamos Jordi Hurtado, Javi y un servidor sevillano de ustedes.
No se apuren, que nos toque el que nos toque afortunadamente será al revés, o sea, nosotros les tocaremos a ellos y, cuando vean la bolita del Real Madrid, un sudor frío les recorrerá la espalda. Porque no lo olviden, queridos lectores, el Real Madrid es el más grande de la competición, el más temido de todos y el que más pavor suscita entre el resto de clubes. Disfrutemos del momento, amigos.
Les dejo con la frase de mi amigo Javi. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
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Buenos días, amigos. Finalizó el engendro de la primera fase del nuevo formato de la Champions con sensaciones agridulces para los madridistas. Más agrias que dulces, cabría matizar. Tras la goleada al Brest (0-3) que ayer nos narró Genaro Desailly, el Real Madrid tendrá que jugar la eliminatoria preliminar que sin embargo, por sus méritos en la competición hasta la fecha, evitarán el Atleti y el club cliente de Negreira, ya clasificados para octavos. Busquemos (o no) consuelo en el hecho de que otros grandes de Europa como Bayern, City o PSG tendrán que jugar como nosotros dicha repesca.
Es el castigo justo a una fase de liguilla que ahora ya, finalizada la misma, solo cabe calificar como decepcionante por parte del Real Madrid. Aun habiendo mejorado mucho en juego y resultados, con resultados muy positivos desde la visita a Bérgamo, al final hemos pagado aquellas horrorosas noches ante Milan y sobre todo Lille (la derrota en Anfield cabe considerarse como “normal”, aunque perder nunca lo sea en el Madrid).
Así las cosas, quedamos a las puertas del sorteo de mañana para saber si debemos dirimir contra Celtic o City el correspondiente puesto en los octavos.
Marca expone el batiburrillo con toda la claridad que el abstruso formato permite. En lo que a nuestros intereses respecta, Ancelotti ya ha dejado claro que no quiere al City como rival. Suponemos que en estos casos casi procede hinchar el pecho de orgullo blanco y salir con lo de “cuanto más difícil mejor” o lo de “al final tienes que jugar con los grandes, cuanto antes mejor” o lo de “el City está hecho unos zorros”, pero no podemos evitar estar de acuerdo con Ancelotti y rezar para que nos toque el Celtic. De lo contrario, quién sabe cuánto podremos llegar a mirar atrás y lamentar noches como la del Lille.
Como explica Alberto Cosin en el chat de La Galerna, “estamos defensivamente vulnerables. Si eres más vulnerable peor si tienes enfrente a Haaland o Foden que a Hyun-Jun Yang y Adam Idah. Cuanto más tiempo tengas para, tal vez, fortalecer la defensa y enfrentarte a rivales gordos, mejor. Si te toca el Celtic tienes otro mes hasta los octavos. Contra equipos importantes nos ha ido mal esta temporada prácticamente frente a casi todos, y la posibilidad de enfrentarnos en una semana de febrero al Atleti en liga y dos veces al Manchester City resulta dura de asimilar”.
Echemos un vistazo al modo en que el resultado final de la fase de liga ha sido encajado al otro lado del puente aéreo, como decían los antiguos.
El club cliente de Negreira y su entorno no tienen abuela, y deberían tenerla, pero no para decirles lo guapos que son, sino para recordarles su propia condición. Que se autoproclamen “grandes de Europa” por haber quedado segundos en una fase de grupos ofrece una idea aproximada de lo cósmicamente lejos que se encuentran del concepto de la grandeza. Nosotros creemos, en cambio, tener una idea aproximada de lo que es la grandeza, pero lo que sí tenemos clarísimo, desde luego, es qué NO es grandeza.
Grandeza NO es el haber fracasado durante toda han década, año tras año, al no haberte aproximado ni remotamente a disputar una final o siquiera una semifinal de la Champions. Grandeza NO es haber sido el hazmerreír de toda Europa encajando en fases primarias goleadas escandalosas ante (que recordemos a vuelapluma) Liverpool, Bayern, Roma, PSG, Juventus… Grandeza NO es pretender sacudirse de golpe toda esta historia de humillaciones por un segundo puesto en una fase de liguilla previa.
Poco más que contaros. A la espera del sorteo de mañana, os dejamos con el resto de portadas.
Arbitró el noruego Espen Eskås. En el VAR estuvo el alemán Christian Dingert.
No gustó en demasía por algunas decisiones poco comprensibles en faltas y tarjetas.
Un gol casi le cuesta al Real Madrid por no señalar una obstrucción clara a Bellingham. A la contra marcó el Brest, pero fue anulado por fuera de juego que tuvo que revisar el VAR.
Además, no señaló un penalti sobre Mbappé de Chardonnet que le golpea en la puntera del pie.
Enseñó amarilla en los locales a Pereira por agarrón a Lucas en el 10' y en los madridistas a Tchouaméni por entrada a Ajorque en el 28', a Rüdiger en el 34' al derribar a Balde y a Bellingham por muy poca cosa ante Chardonnet en el 74'.
Espen Eskås, DEFICIENTE.
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El Real Madrid goleó a domicilio al Brest, pese a lo cual no evitó la ronda extra. En ella se enfrentará a Celtic o City en función del sorteo. Se echan mucho en falta en una noche como la de hoy los puntos de, por ejemplo, el Lille.
El extraño nuevo formato de la competición planteaba una serie de disyuntivas raras. Interesaba quedar lo más alto posible por la improbable opción de ahorrarse una ronda, aunque también por garantizarse una vuelta en casa. Había que ganar.
Ancelotti ensayó un once que encolerizó —más si cabe de lo habitual— a X Madrid, sobre todo por la ausencia de Ceballos y Asencio y la nueva presencia de Tchouaméni como central. No lo veían claro, y menos claro lo vieron aún los espectadores en sus casas según comenzó el partido, por mor de las bengalas de los hinchas franceses. Pensábamos que estas cosas estaban prohibidas en Europa, pero luego nos acordamos del Frente Atlético y se nos agotó la ingenuidad.
En medio de ese ambiente “metropolitano”, Thibaut tuvo que emplearse en un buen lanzamiento de falta de Pereira. Corría el minuto de Juanito y en el partido, de momento, había más ruido (y niebla) que nueces. El ruido se recrudecía cada vez que tocaba el balón Mbappé, a quien al parecer esta gente odia por motivos que se nos escapan.
El Madrid mostraba cierta compostura y poco o a poco iba ganando metros. Mbappé disparó fuera. Bellingham comenzó a impartir magisterio, y también Modric que volvió a habilitar a Kylian para que la mandara fuera, seguramente por el mal estado del césped. Xavi Hernández abandona en este momento el párrafo y la crónica para no volver.
Pese al creciente dominio blanco, los jugadores del Brest propiciaban alguna inquietud con su juego aguerrido y algo primitivo. Se echaba de menos más compromiso defensivo del ataque en algunos momentos. El público francés, entregadísimo, llevaba en volandas a los locales, si bien sin crear peligro.
Sí lo creó el Madrid con un cabezazo de Rodrygo a centro de Lucas Vázquez. La pudo salvar Bizot, pero nada pudo hacer en la jugada siguiente, la quintaesencia de Rodrygo. Se internó por la izquierda con la suavidad que le caracteriza y un quiebro prodigioso. El disparo cruzado tocó en el palo y entró, premiando un primer tercio muy serio de los blancos.
El campo era un desastre, pero ya habíamos expulsado a Xavi de este texto. El Madrid buscaba los espacios con Mbappé, Rodrygo y Bellingham, mientras Brahim se aplicaba más en tareas defensivas. El Madrid asentaba su control del partido, con muy buenas combinaciones y un Rodrygo estratosférico. Ello no era óbice para que el Brest se acercara alguna vez con peligro colgando balones. Baldé inquietó con una volea que se fue alta. Un equipo con más calidad habría creado más peligro. Sendas tarjetas para nuestros dos centrales sembraban incertidumbre. Malísimo, por cierto, el colegiado, hasta el punto de arruinar un buen ataque del Madrid por su mala colocación.
Y con el 0-1 se llegaba al descanso de un partido hasta el momento notable de los de Ancelotti.
El Real Madrid goleó a domicilio al Brest, pese a lo cual no evitó la ronda extra. En ella se enfrentará a Celtic o City en función del sorteo
Se inauguró el segundo tiempo con un contragolpe mortal del Madrid, con bicicleta de Kylian y remate letal que paró Bizot y que Bellingham, incomprensiblemente, no embocó. Seguía la presión racial del Brest, a resultas de la cual marcaron un gol, anulado con justicia por fuera de juego. Envidiable la rapidez con la que se resuelven estos engorros en la Champions, en comparación a la cochambrosa liga de Tebas.
En un balón robado en uno de los furiosos ataques franceses, el Madrid montó un contragolpe sensacional. Mbappé dejó pasar mágicamente el balón, Jude maniobró, Luka se internó y sirvió el balón en bandeja para el tap-in del inglés. 0-2. Había quien hacía cábalas en pos del Top8. Quedaba media hora de este y de otros diecisiete partidos donde no entender nada. Otro paradón de Courtois nos recordó que podían aún pasar muchas cosas. El partido estaba para que entrara Ceballos para relajar un poco el juego, incluso aunque Rodrygo estuviera a punto de anotar el gol del siglo con un eslalon marca de la casa.
La proverbial resistencia de Ancelotti a los cambios hacía temer que, llevado el partido al terreno de lo físico, pasáramos dificultades. Finalmente quitó a un Brahim desfondado y metió en el campo a Güler.
En todo caso, la sentencia definitiva estaba a punto de llegar. Para rematar una de sus mejores noches de blanco, Rodrygo remachó el rechace de Bizot a Mbappé, tras un vertiginoso desmarque del francés. El propio Mbappé desperdiciaría al final dos grandes ocasiones para una goleada mayor.
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-Courtois: NOTABLE. Toda la concentración del mundo y varias manos de lujo.
-Lucas V: NOTABLE. Bastante bien en ataque y defensa, aunque esto sea pecado decirlo.
-Mendy: SUSPENSO. Con las botas cambiadas de pie y, encima, sin cubrir del todo bien su banda.
-Rüdiger: NOTABLE. Imperial e imperioso. Nada que ver con el caballo de Jesús Gil.
-Tchouaméni: APROBADO. Cumplió sin alardes.
-Valverde: NOTABLE. Incansable, como suele.
-Modric: NOTABLE. Se retiró entre aplausos de todo el estadio, de toda Francia y del resto del universo.
-Brahim: APROBADO. Muy abnegado y solidario, aunque aportando poco en ataque.
-Mbappé: APROBADO. Menos lúcido que en los últimos partidos. Falló dos goles claros hacia el final.
-BELLINGHAM: NOTABLE. Clase, distinción, gol y trabajo a destajo. El aristócrata con casco.
-Rodrygo: SOBRESALIENTE. Soberbio de principio a fin. Doblete deslumbrante.
-Güler: APROBADO. Dejó varios pases de ensueño en sus pocos minutos.
-Asencio, Ceballos, Endrick: SIN CALIFICAR.
-Ancelotti: APROBADO. Tardó en los cambios, como siempre, pero poco se puede reprochar con este marcador.
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