Las mejores firmas madridistas del planeta

Terminó el partido de Copa de Europa en Lille y el ambiente en el Bar Segovia, el establecimiento de mi pueblo donde voy a ver los partidos del Real Madrid cuando juega fuera de casa, era, cuando menos, de ‘melancolía contenida’. No solamente por la derrota, sino por la imagen que el equipo está dando y la preocupación por el devenir de la temporada.

Al mismo tiempo, desde el grupo madridista que tengo en WhatsApp, se alzaban ya voces casi desde el descanso pidiendo que Ancelotti no llegue a Navidad. Sin solución de continuidad, desde Málaga, en un minigrupo que comparto con dos héroes con la camiseta del Madrid en territorio semihostil, me llegaban audios también de desmoralización y de vaticinio de desastre y, para colmo, al día siguiente me encontré por la calle con un madridista de pro, socio como yo, que me aseguró que no había cenado la noche anterior. El mapa del terror.

La exigencia que tiene el Madrid es legendaria. En el Club blanco no todo vale y, llegados el caso, no vale casi nada. El pasado no existe. Todo es el presente y ganar y ganar y volver a ganar. Esa es la diferencia entre este Club y el resto de los equipos del mundo. Pero ante el clima casi tétrico que se desató el miércoles por la noche después de perder en Lille, en un campo donde, visto lo visto, se puede perder, la situación invita a una reflexión.

Esta Copa de Europa de nuevo formato parece muy diferente, pero a la postre es igual que las demás: puedes quedar el 24º en la clasificación que todo se decidirá como durante toda la vida, en las eliminatorias a ida y vuelta. Como ha sido siempre y donde no hay rival más temible que el Madrid

Cierto es que el equipo no está bien. Ancelotti no ha encontrado aún los automatismos que permitan suplir con éxito la baja de Kroos. El Madrid tiene un equipo físico y pensado para correr en ataque, no para que sus delanteros jueguen de espaldas a la portería, aguanten el balón y esperen la arribada de la segunda línea. En ese modelo de juego, el jugador es Haaland, no Mbappé ni Vinícius, y ni siquiera Rodrygo o Endrick.

El estilo de juego del Madrid es la estampida, el balón al hueco, donde los puntas con los que cuenta el italiano no solamente son galgos, sino que son galgos que regatean y desequilibran mejor que nadie en el mundo.

Está claro que el equipo no está trabajado aún, pero así y todo, el Madrid no había perdido ningún partido este año, suma un título, está en la pelea por todo y acumulaba cifras estratosféricas, que muchos de nosotros nunca habíamos visto, de partidos sin derrota.

Que hay que mejorar, sí, que perder no es un verbo que se conjugue en el Madrid y en el madridismo, también, pero de eso a caer en la depresión por perder un partido o por no jugar en este principio de temporada como todos deseamos va un mundo.

Además, esta Copa de Europa de nuevo formato parece muy diferente, pero a la postre es igual que las demás: puedes quedar el 24º en la clasificación que todo se decidirá como durante toda la vida, en las eliminatorias a ida y vuelta. Como ha sido siempre y donde no hay rival más temible que el Madrid, al que nadie querrá ver ni en pintura, aunque haya entrado en el 23º o 24º lugar. Hasta entonces, fuegos de artificio y al tran tran en la Liga, donde pelearemos por todo en cuanto alguien del Madrid, y jugadores con calidad hay muchos, se dé cuenta de que el balón, en largo y al espacio, para que empiece la estampida.

¿A que ya estamos menos deprimidos?

 

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Buenos días, amigos, y bienvenidos a estos días de zozobra y desánimo. El Real Madrid dio frente al Lille todo un espectáculo de impotencia y confusión, con lo cual la prensa lo goza cual dulce cochinillo rebozándose en el fango. Si todo está siempre mal cuando el Madrid gana, imaginad el desastre que es todo cuando pierde. El apocalipsis de San Juan es una tarde ocio en el centro comercial al lado de esto.

Lo del apocalipsis nos recuerda a aquella maravillosa película de José Luis Cuerda, con Fernando Fernán Gómez como Dios padre, Paco Rabal vestido de guardia civil como San Pedro y Gabino Diego como San Juan. Muy preocupado andaba el apóstol tratando de organizar un apocalipsis en condiciones con la escasez de presupuesto que se le ofrecía.

 

Apocalipsis: fin de la historia.

Juicio final y carne resurrecta.

 

Ese era el cántico de los arcángeles por las calles del pueblo español que era el Cielo de Cuerda, aunque el resto de protagonistas de la película no parecían especialmente inquietos ante la perspectiva del final del universo. Nosotros sí estamos inquietos, la verdad, no porque pensemos que se aproxima nada remotamente parecido al fin de nuestro universo (que para esta humilde publicación es el Real Madrid), ni siquiera porque ya esté todo perdido en esta temporada, que no es el caso. Simplemente, no nos gusta que el Madrid palme, no estamos acostumbrados, llevábamos un año natural sin hacerlo. Menos aún nos gusta que el juego se aproxime a la nada y parezca ahogado por factores que por aquí han tratado de diseccionar Nanook, Genaro Desailly y otros colaboradores galérnicos.

Marca

La portada de Marca es de un lúgubre que tira para atrás. Tal es su objetivo, claro. Sembrar el pánico entre las huestes blancas, ya de por sí proclives a dejarse llevar por el tremendismo y montar en cólera (su caballo favorito) en las redes sociales. Hay razones para estar preocupados, eso es innegable, y quizá la mayor contrariedad de esta mañana inhóspita es tener que dar la razón a Marca. Como para perder, para bajar la cabeza ante Marca tampoco estamos preparados.

Dice el diario de todas las aficiones menos una que “el Villarreal medirá el calibre de los daños”. Aquí también tenemos que admitir su acierto. Se suele decir, y con razón, que la grandeza del fútbol es que las penas duran poco, ya que enseguida se solapan con la exigencia y la ilusión del próxima encuentro. Mañana sábado a las 21 llegará la hora de saber la gravedad de la situación, y con ese dictamen (ay) nos iremos a un nuevo parón de selecciones sobre el cual sabes cómo entran tus jugadores, pero nunca cómo salen, o si salen. A veces hablamos de nuestros jugadores como si fueran solo nuestros, cuando resulta que los compartimos con sus países de nacionalidad, con legitimidad que más allá de la tradición de hacerlo está pendiente de ser explicada. Esto agrava indudablemente la dificultad para el logro del juego eficiente y vistoso que el equipo en esta temporada solo ofrece con cuentagotas.

As

El apocalipsis de As es más personalizado. No se conforman con las camisetas, sino que nos muestran las caras abatidas de los nuestros camino del vestuario en Lille. No nos parece mal. Lo que sí nos parece no mal, sino lo siguiente, es que se saquen a colación datos presumentamente negativos que no proceden. “Bellingham aún no ha marcado”. El inglés ha estado lesionado y, además, ahora juega como centrocampista puro. Los goles que marque o dejen de marcar no son indicativos de nada o de casi nada. No es un parámetro que deba utilizarse de manera alarmista. La tarea goleadora recae ahora en la responsabilidad de otros.

Os dejamos con la prensa cataculé.

Pasad un buen día.

Sport Mundo Deportivo

 

 

Mi marido no gozaba de buen humor aquella tarde. Con los músculos tensos y su torso inclinado sobre la mesa, encerrando el plato entre ambos brazos, daba la imagen de un animal traicionado por el entorno.

Verlo así un domingo, día de partido, era rutinario. Lo llamativo, y ya por ese entonces preocupante, era su mirada. La pupila le temblaba, como hirviendo de ira, mientras rodaba de izquierda a derecha por lo blanco de sus ojos, buscando una especie de culpable de todo el mal que lo afligía.

El foco de su atención rebotaba por los rincones del piso. De la heladera al plato, del plato a los botones de mi camisa. Los trepó uno por uno a un ritmo frenético hasta llegar al último, para luego despegar hasta el techo. Fue balanceándose por las telarañas que mi plumero había dado por erradicadas hasta llegar a la ventana, y detrás del cristal encontró un magnetismo sobrenatural.

Se quedó mascando el chicle de la envidia, tensando más y más sus músculos, hasta quedar inmóvil, apuntando la flecha de su odio en sentido a la estructura metálica que reflejaba la tenue luz del sol hacia nuestro comedor. El Estadio.

¿Hasta qué punto puede la pasión torcer la realidad? Me preguntaba mientras veía cómo le brotaban las venas por debajo de su nunca-blanca camisa. Unas columnas revestidas en metal, una camiseta, un escudo redondo y unas decenas de copas podían sonar como objetos inanimados que atentan contra la nada misma, pero desde el punto ciego del raciocinio de mi pareja eran gigantes maléficos que congeniaban contra la paz en el mundo; su mundo. Quién hubiera dicho que, en pleno siglo XXI, me casaría con un Quijote.

Desde ese día, nuestras vidas fueron vórtices anárquicos que derivaban en el titán plateado, ese tal Santiago. Las arrugas en los espejos, el polvo en los muebles, el dolor en sus huesos, todo era por culpa de ese maldito monumento al capitalismo, la avaricia, la maldad, y tantas otras etiquetas que se le ocurrían mientras hablaba por teléfono con sus colegas del Frente. A estas alturas, uno pensaría que la idea de mudarse cobraría cierto atractivo, pero la mente de ese hombre tenía otros planes. Esta era su aventura, su cruzada contra este ente brillante. Sería él quien lo haría caer, incluso si en el proceso se desplomaba todo lo que rodeaba a la bestia (el departamento, los negocios, su matrimonio…).

“¿Escuchas eso?”, me dijo una noche mientras tapaba mi boca cual protagonista de sci-fy. De fondo se podía detectar el ritmo de “Love Story”. “¡Qué canciones compone la muchacha Swift!”, le contesté para seguirle la charla. No era la respuesta que esperaba. Salió disparado de la silla. “Mira, esto ya es una falta de respeto”, se quejaba mientras abría las ventanas de par en par, uso poco práctico de un doble vidrio.

“¿No lo ves?”, me señala un vaso con agua, esperando el temblor de la pisada del gigante. Y nada, ni un T. rex, ni una ola, ni siquiera una mísera mosca que justo le diera el gusto cayéndose de lleno en la copa.

“El ruido, el ruido nos está volviendo locos”, vociferó mientras se señalaba las ojeras. “No nos deja dormir, no podemos ni ver una serie. No podemos tener mascotas, ni invitar a nadie”.

Todo lo que decía era cierto, pero ¿qué tendrá que ver la muchacha estadounidense cantando con sus alergias al pelaje, su indecisión a la hora de elegir qué ver en Netflix, su apatía para con los pocos amigos que nos quedan de antaño? Lo que me daba la impresión, y nunca tuve el coraje de decirle, era que el estadio lo único que producía en él era esa sensación de vejez, de distancia con la modernidad. Aquel templo que rutinariamente maldecía se había transformado en algo distinto, un enemigo al cual no le conocía las mañas, pero amenazaba ya con su mera existencia.

Para colmo, varios le reían las gracias. Óscar llegó hasta a facilitarle unos equipos de medición. Me sonreían mientras los instalaban en el balcón, eran unos niños con su proyecto de ciencias. Soñaban despiertos con tumbar al titán, con los festejos posteriores (en voz baja y respetando a los vecinos, supongo) y la bendición que le caería de rebote al Metropolitano. “Unas moneditas que nunca vienen mal, pero qué lejos están de ser el fin de tan noble actuar”, decía el tipejo mientras se vanagloriaba de la gesta que estaban llevando a cabo. Si los escuchabas a lo lejos, parecía que estaban tirando abajo una asociación terrorista, cuando sus actos se situaban en las antípodas de esta creencia.

No sé cómo, no sé quiénes intervinieron. Lo cierto es que, de la noche a la mañana, mi esposo se había vuelto una entidad reconocida en las redes. Era el líder de un movimiento contra el “ruido” de Santiago. Se pasaba días enteros monitoreando los decibeles, respondiéndole a cada cuenta que refutaba sus pruebas, o amenazando a quienes escarbaban en busca de su verdadera identidad. Llegó hasta a hacerse pasar por madridista. Madre mía, si su padre llegara a leer la sarta de tonterías que subió a Twitter. Esa sí que sería una jornada ruidosa, quizás me la reserve para las próximas Navidades.

Con su flamante fama llegaron los éxitos. El gigante suspendió conciertos (¿qué hago yo ahora con las entradas de Aitana?). Esa semana nada le borró la sonrisa. Llegamos a hablar de tomarnos vacaciones, de las próximas primaveras, de la poesía de los balcones. Era como volver a verle el rostro detrás de esas ojeras de oso panda. Poco nos duró.

Óscar lo llamó para felicitarlo, pero sus palabras destilaban veneno. Le llenó la cabeza con nuevas aspiraciones, más disparatadas, más enfermizas. Había que suspender todo tipo de eventos.

“Es que algo tenemos que hacer” me incluía como si de un equipo se tratara. “Esos altavoces tienen que estar fuera de norma. Hay que medirlos”, comentaba al aire su plan mientras montaba esos aparatos nuevamente. “Los anuncios, los goles, y ¿qué me dices de las bombas de ese nuevo brasilerito? Nos va a explotar las ventanas de una patada”.

Las notas del Real Madrid, 3 - Stuttgart, 1

Las ojeras le crecían día tras día. Era evidente que se pasaba las noches monitoreando a Santiago, registrando su actividad, sus susurros. No me lo admitirá jamás, pero lo he escuchado conversando con la bestia. Creo que algo de todo esto le llegó a avergonzar, porque comenzó a cubrirse el rostro con un pasamontañas.

El cansancio, el paso del tiempo, la angustia, todos síntomas ocultables detrás de una máscara. Todo menos esos ojos. Esa retina quemada con la silueta del templo, esa pupila congelada de tanto apuntar. ¿De qué vas con todo esto? Si ya en la madrugada te pude escuchar. Entre los sonidos de la calle y los ronquidos del gigante, le llegaste a confesar tus miedos. Que incluso después de todo tu esfuerzo, tu dedicación, tu desvelo, él te siga ignorando.

Él te siga opacando.

 

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Hoy no me he retrasado al escribir el artículo. Hoy lo he hecho a propósito. La derrota contra el Lille y las reacciones de cierto sector antimadridista del madridismo me han hecho recapacitar y pensar que, si escribo unas horas después, lo podría hacer con la calma y el sosiego que la ocasión merece.

Se perdió en Lille, se acabó la racha de 14 partidos sin perder en la Copa de Europa y la de 36 partidos invictos en competición oficial. Es cierto, hacía más de 250 días que el Real Madrid no perdía un partido y se perdió en Francia, qué se le va a hacer. El equipo no dio una a derechas, ni a izquierdas, ni arriba, ni abajo, fue todo un despropósito. El equipo francés corrió casi once kilómetros más que los nuestros, los pases no eran correctos, en buena medida porque los franceses llegaban antes, con más fuerza y con más tino. No es mejor equipo que el nuestro, pero el miércoles demostró que cuando un conjunto corre, es solidario, aprieta los dientes y mete la pierna puede ganar hasta al campeón de Europa. Y ganó, ganó muy merecidamente.

Que hacen falta ajustes es algo que llevamos viendo desde que comenzó el curso, que los jugadores deben mejorar en compromiso es algo que llevamos avisando desde el principio, que la actitud que se ve no es la idónea se aprecia desde agosto, pero de ahí a laminar a Ancelotti, querer vender a Mbappé, Tchouaméni, Vinícius y al utillero hay una diferencia abismal. El equipo no funcionó nada, fue un desastre, repito, adoleció de falta de compromiso y de una actitud indolente que desesperaba, cierto, pero estamos a primeros de octubre y, como siempre digo, las notas se ponen en junio.

Que hacen falta ajustes, que los jugadores deben mejorar en compromiso, que la actitud que se ve no es la idónea se aprecia desde agosto, pero de ahí a laminar a Ancelotti, querer vender a Mbappé, Tchouaméni, Vinícius y al utillero hay una diferencia abismal

El madridismo de las redes sociales está muy mal acostumbrado. Siempre considera una obligación ganar. Desde luego que el Real Madrid tiene la obligación de intentar ganar todos los partidos, esa es nuestra esencia, pero de ahí a tener la obligación de ganar hay otro trecho importante, básicamente porque el otro equipo también juega y, normalmente, está lleno de muy buenos futbolistas, que a la élite no llega cualquiera. Decir que el cuerpo técnico no vale cuando la temporada pasada (antes de ayer) se ganó la Copa de Europa sin perder un encuentro, cuando se ganó la liga perdiendo sólo y de mala manera en el Wanda, es tan incierto como injusto.

Todos estos gurús de internet que harían esta u otra alineación, todos estos que mandarían al banquillo a este o aquel jugador, todos estos directivos que no han gestionado ni las cuentas de su casa que ya quieren despedir a Ancelotti y traer inmediatamente a Klopp estaban deseando que pasara lo del miércoles para clamar a los cuatro vientos su “Ya lo dije yo”. Y eso es simplemente infame.

¿Que el equipo debe espabilar? Desde luego que sí. ¿Que si no lo hacen se llevarán más palos que una estera? También, los míos los primeros, pero… A ver, lectores míos. Estos especímenes que hoy claman con que “Hay que ir a Valdebebas a esperarles y abroncarles” son los que el domingo se echaban las manos a la cabeza con los ultras del Frente Atlético. Y quieren hacer exactamente lo mismo. Todos esos que dicen que la planificación deportiva es un fiasco, cuando no saben ni siquiera qué es una planificación deportiva, lo único que hacen es sacar su miseria diaria y lanzarla contra un equipo y unos jugadores que un año sí y otro también nos está llevando a la Cibeles de celebración.

Ningún equipo de las grandes ligas mundiales ha paseado más títulos que el Real Madrid en cualquier competición en los últimos 10 años. Analicemos esto, por favor, un momento, no me quiero liar, pero me debo detener aquí. Fíjense, los grandes ciclos de los clubes no pasan de cinco años, aproximadamente. Ahí tenemos al Madrid “Ye-yé”, que gano cinco ligas seguidas y coronó con UNA Copa de Europa, tenemos al Madrid de la quinta del Buitre, que ganó cinco ligas seguidas y DOS Copas de la UEFA, sin rascar siquiera una final de Copa de Europa. El mal llamado “Dream team” del Barcelona, que arañó cuatro ligas y UNA Copa de Europa (del de Messi no hablo porque está manchado por el negreirismo y por el UNICEF de Zerik), el famoso Ajax de Cruyff, ganó TRES Copas de Europa consecutivas, así como el no menos famoso Bayern de Beckenbauer.

Muchos estaban deseando que perdiera el Madrid el miércoles para clamar a los cuatro vientos su “Ya lo dije yo”. Y eso es simplemente infame

Pues bien, este Madrid que estos especímenes quieren enterrar ha ganado, en las últimas DIEZ temporadas, lo siguiente: 4 ligas españolas, 1 Copa de España, 3 Supercopas de España, 5 Copas de Europa, 4 Supercopas de Europa y 5 Mundiales de Clubs. En total, 22 títulos en DIEZ temporadas, el doble que un ciclo normal de éxitos en el deporte, y no cuento la actual, en la que ya llevamos uno. Esto es, estamos en la mayor y más grande racha de la historia del Real Madrid, en el ciclo más extraordinario de un club de fútbol de la historia del balompié y queremos cargarnos a todos ya. Todo por un partido perdido en Francia contra un equipo menor. ¿Y no les da vergüenza? ¿No se meten debajo de las sábanas de su cama arrepentidos? Verdaderamente, es lamentable, pero no sólo lamentable, es indignante.

Un caso único en el mundo

Repito para terminar. El equipo debe mejorar, el cuerpo técnico debe dar con la tecla del funcionamiento de la plantilla y se debe competir con dignidad en todos y cada uno de los partidos pero, por favor, este ciclo no lo vamos a ver jamás. Y un día se acabará, como todo se acaba en la vida. Me gustaría ver si a algún médico que hay por ahí en las redes pidiendo la cabeza de Ancelotti “YA” le gustaría que le echaran de su trabajo por un mal diagnóstico o porque a fulanito no le ha venido bien el tratamiento… UNA VEZ. Me gustaría ver a ese abogado de la red que clama contra la “desastrosa planificación de Florentino” pidiendo su dimisión qué le parecería que le quitaran la colegiación por perder un juicio o porque se le pasara un plazo de un recurso. Y me gustaría ver a todos estos eruditos del fútbol que lo único redondo que han visto ha sido la cabeza del que tienen delante en el autobús para ir a trabajar si ven justo que les echen a la calle si tienen UN SÓLO FALLO en su trabajo, me gustaría. Pero claro, como decía mi difunto padre, es muy fácil disparar con pólvora ajena y criticar todo, sobre todo cuando uno nunca podrá demostrar que sabe de lo que critica, porque ni por asomo estará en esas responsabilidades, ni futbolísticas, ni técnicas, ni directivas.

Estamos en la mayor y más grande racha de la historia del Real Madrid, en el ciclo más extraordinario de un club de fútbol de la historia del balompié y queremos cargarnos a todos ya. Todo por un partido perdido en Francia

Por favor, dejemos de demonizar a los que tantas alegrías nos dan a diario y apoyemos al equipo, de forma crítica, por supuesto, pero sin infamias, sin injusticias y sin desmanes. Si al final de curso resulta que el cuerpo técnico se ha agotado, que puede ser, por qué no, pues no pasa nada, otro vendrá, pero lapidarles en la plaza mayor del pueblo por una derrota cuando siquiera aún se ha perdido en la liga me parece infame.

Hoy no hay datos, bastantes les he dado ya.

Me despido como siempre, recordando que ser del Real Madrid es lo mejor una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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Una parte de la masa social del Atlético de Madrid, y del antimadridismo en general, tiene una peculiar manera de conjugar el verbo provocar. Por ejemplo, su presente de indicativo sería como sigue: yo no provoco, tú provocas, él provoca, nosotros no provocamos, vosotros provocáis y ellos provocan. Así, cualquier acto, por abyecto y detestable que este sea, queda automáticamente justificado porque ha sido precedido por una ofensa, casi siempre imaginaria. En cambio, el mismo hecho o uno incluso más grave, pero protagonizado por los suyos siempre tiene una consideración positiva. Sobran los ejemplos, recientes y lejanos, que ilustran su peculiar uso de este verbo.

Que un portero al que has estado insultando gravemente segundos antes se gire a celebrar un gol mirándote y haciendo un leve gesto con la mano es una afrenta inadmisible. El posterior (y anterior) lanzamiento de objetos con la intención de hacerle daño no es más que una mera consecuencia, probablemente merecida. En cambio, los continuos aspavientos, bastante más exagerados, por cierto, de tu entrenador hacia la grada en cada uno de los partidos en el Bernabéu desde hace más de diez años son una fantástica muestra de su pasión que a nadie puede enfadar. De hecho, nunca han provocado reacción alguna en la grada.

Una parte de la masa social del Atlético de Madrid y del antimadridismo tiene una peculiar manera de conjugar el verbo provocar. Por ejemplo, su presente de indicativo sería como sigue: yo no provoco, tú provocas, él provoca, nosotros no provocamos, vosotros provocáis y ellos provocan

Un bailecito de Griezmann sacado de Fortnite en el estadio del Madrid en 2018 le convierte en un tipo divertido y acerca a los niños al fútbol. Y no debió de ser lo suficientemente inductor al odio, ya que en ningún momento le arrojaron ningún objeto, ni se generó polémica mediática alguna. En cambio, ese pérfido futbolista llamado Vinícius Junior ha tenido varias veces el atrevimiento de celebrar un tanto moviendo sus caderas, obligando a las aficiones rivales a vejarle sistemáticamente. El brasileño se pasa la vida faltando al respeto a rivales y árbitros sobre el terreno de juego, y esto es algo inapelable que sabemos gracias a avezados lectores de labios. Lástima que aquellos que transcriben para sus reportajes televisivos cada sílaba de cada palabra que pronuncia el 7 madridista no tengan la misma pericia para darnos a conocer la parte de la conversación en la que participan sus oponentes.

Koke, en actitud agresiva, contra Vinícius

Esto recuerda a aquel encontronazo entre Koke y Cristiano Ronaldo en 2016. Pudimos ver perfectamente que el portugués dijo: “Maricón sí, pero lleno de pasta, cabrón”, pero nunca las más de diez veces en que el centrocampista insultó a CR7. Simples casualidades.

Cómo no recordar aquella pancarta abominable en uno de los laterales del Bernabéu en 2017 que rezaba: ‘Decidme qué se siente’, acompañada por un mapa europeo con todos las ciudades donde el Madrid había conquistado Copas de Europa (desde entonces llegaron cuatro más). Aquella brutal afrenta contra el Atlético de Madrid fue sorprendentemente aprobada por la UEFA, que no vio en ella “nada ofensivo, ni insultos, ni nada por el estilo", según el diario Marca. Aquello acabó con el autobús del Madrid apedreado y familias merengues escondiéndose en portales ante la deriva violenta que se vivió en los alrededores del Calderón en el partido de vuelta. Por supuesto, la versión mayoritaria en la prensa fue que aquello se debió a la provocación pancartera. Mucho más animosas y coloristas (recurriendo a la terminología de Relaño) fueron aquellas pancartas tan sutiles como la del coche estrellado, o de un aficionado atlético con un hacha en la mano violando a una vikinga. Virtuosas muestras pictóricas que no se recuerdan, principalmente porque nadie en el bando madridista puso el grito en el cielo y ningún vocero rebuznó indignado en los medios de comunicación.

No hay provocación mayor que jalear a violentos a quienes has tenido que pedir permiso minutos antes para continuar jugando, tras paralizar un partido por el continuo lanzamiento de objetos. Ante ellos desfiló sumisa casi toda la plantilla del Atlético, que eligió agradecer a esa parte concreta de su afición el apoyo prestado, con lo que también aprobaron implícitamente su comportamiento

No se me ocurre una provocación mayor que salir a jalear a violentos a los que has tenido que pedir permiso unos minutos antes para continuar jugando, tras paralizar un partido por el continuo lanzamiento de objetos. Ante ellos desfiló sumisa casi la totalidad de la plantilla del Atlético, que eligió agradecer a esa parte concreta de su afición el apoyo prestado, con lo que también aprobaron implícitamente su comportamiento. Solo hubo una tibia reprimenda a un pequeño número de individuos y una intensa reivindicación de sanciones para el supuesto provocador porque club, técnico y plantilla no han considerado que lo que hizo el Frente Atlético sea reprobable. Y no se tomarán medidas contra esa violencia apelando a cualquier tipo de peregrina y poco creíble excusa. Este episodio se olvidará y volverá a ocurrir algo parecido, o quizás peor, en el siguiente derbi, en un bucle infinito que llevamos décadas viviendo y que se ha acrecentado tras la amargura rojiblanca de Lisboa y Milán.

Jugadores del Atleti aplaudiendo a los neonazis del Frente Atlético

En mi opinión, el único error que cometió Courtois fue no advertir una tercera vez al árbitro de que se seguían arrojando cosas desde la grada tras el parón (Carvajal retiró varios objetos en los últimos minutos). Circunstancia que, según el protocolo, habría provocado la suspensión del partido y que el equipo local perdiera 0-3. Eso y un puñado de partidos con las gradas vacías es lo que merecían los violentos y los que desviaron de ellos el foco de la culpabilidad.

A la postre, todo se resume en que lo que se percibe como una provocación detestable si quien la realiza va de blanco, se ignora por su nimiedad si el protagonista viste otra camiseta

A la postre, todo se resume en que lo que se percibe como una provocación detestable si quien la realiza va de blanco, se ignora por su nimiedad si el protagonista viste otra camiseta. Y esto solo significa que el problema lo tiene el supuesto receptor de la afrenta, cuyo odio cerril al equipo al que más ha visto ganar (y que siga así mucho tiempo) le genera una frustración tan profunda que su mente convierte cualquier detalle en un ataque frontal a sus sentimientos. En ese plano de la realidad paralelo en el que Florentino es el amo del mundo (teniendo a la Liga, la UEFA y la RFEF en su contra), la prensa es totalmente madridista y los árbitros no dejan de beneficiar a su gran rival, a pesar de que se les haya condicionado en su contra con un delito continuado de corrupción deportiva, la mera existencia del Real Madrid ya es una provocación que los antis no pueden digerir.

 

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Casi no nos acordábamos de la última vez que nuestro equipo encajó una derrota. Había que hacer memoria para encontrar el sabor de ese trago de hiel, amargo como el desconsuelo. Tuvo que venir un equipo menor a zarandearnos y explicarnos que el Madrid puede perder.

La derrota como tal no es especialmente dolorosa, pues hay tiempo de sobra para rehacerse y convertirla en anécdota. Lo que hace daño es levantar la vista, intentar vislumbrar el futuro y no ver señales que lleven al optimismo. No es preocupante que el equipo no juegue a nada, pues hemos sublimado el arte de no jugar a nada para ganarlo todo, pero hay señales preocupantes en grado sumo, al menos para quien esto escribe, por lo que se garantiza subjetividad absoluta.

No es preocupante que el equipo no juegue a nada, pues hemos sublimado el arte de no jugar a nada para ganarlo todo, pero hay señales preocupantes en grado sumo

El primer signo de inquietud es el propio Ancelotti. Algo le ocurre a Carletto, pues parece inquieto, cansado o ambas. No tengo dudas de que la percepción que tenemos de él depende de los resultados. Las victorias le otorgan una imagen de viejo zorro, un hombre tranquilo, un sabio bon vivant con un punto paternalista con los jugadores, mientras que la ausencia de triunfos lo convierte en un técnico caduco y pasado de vueltas, reservón y timorato en su gestión de los grandes nombres del vestuario. No puedo negar que mi actual percepción es esta última.

Fue Ancelotti quien mencionó el rock and roll hace relativamente poco. Me cuento entre los que interpretaron esto como un giro al juego rápido y físico, óptimo para los titanes del mediocampo madridista. Camavinga, Valverde, Bellingham y Tchouaméni galopando a campo abierto y combinando con el pie sublime de Modric y Güler, mientras que las flechas de arriba, Mbappé, Vinícius, Rodrygo o Endrick, perforan las redes contrarias. El escenario teórico era ese. En la práctica, el juego es lento, previsible, propio de alguien hastiado, ahíto de ganar.

Tchouaméni

Otra sensación que me recorre esta temporada es que todos los jugadores parecen peores de lo que realmente son. Si eso ocurre, igual es momento de empezar a mirar a quien los gestiona.  Valga como muestra el cuarto de hora durante el que Julen Lopetegui entrenó al Real Madrid y el comunicado del club cuando lo destituyó, dando a entender que no eran admisibles ese juego y esos resultados cuando había no sé cuántos aspirantes al Balón de Oro en la plantilla. Empieza a resultar intolerable que unos tipos tan buenos jueguen tan mal y que la solución para los problemas sea sacar al campo a Lucas Vázquez y/o a Fran García, con todos los respetos para ambos.

Otra sensación que me recorre esta temporada es que todos los jugadores parecen peores de lo que realmente son. Si eso ocurre, igual es momento de empezar a mirar a quien los gestiona

No resulta válido el argumento de las lesiones, pues los hombres que pueblan la enfermería, quizá excepción hecha de Alaba, eran jugadores con un rol relativamente residual en el equipo. Ancelotti ha infrautilizado a Brahim Díaz, quizá no tanto como lo ha hecho con Arda Güler, pero no parece que la gestión de los recursos de la plantilla esté siendo la más acertada. El respeto a las jerarquías, que no es sino un eufemismo difícilmente distinguible del tan dañino “con todo lo que nos ha dado”, parece colisionar con el manejo del talento joven, piedra angular de la estrategia actual de fichajes del Madrid. El conservadurismo de Ancelotti, disfrazado de proteccionismo a los jugadores más jóvenes, menoscaba el valor de la plantilla, y creo que no somos pocos a los que los partidos del Real Madrid últimamente nos provocan un hastío y aburrimiento parecido al que transmite el juego del equipo, ausente de caras nuevas que puedan mover a la ilusión, al menos, hasta el minuto 75.

El disputar competiciones podridas de corrupción como las españolas tampoco ayuda nada a que los jugadores adopten una actitud combativa, las cosas como son, pero reconozcamos que una traca como la de anoche contra el Lille en una competición todo lo limpia que puede estar lo que ha pasado por las manos de la UEFA, desanima al más optimista de los aficionados.

Con un poco de suerte, y estaré encantado de que así ocurra, Carletto podrá callarme la boca, demostrándose una vez más, que no tengo ni idea de fútbol.

 

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En una de sus últimas apariciones públicas, y sin que nadie le preguntara al respecto, Florentino Pérez se lanzó a vaticinar que esta sería una temporada muy difícil. Personalmente, me impactó la seguridad y el aire de certeza con que lo aseveró, y me pregunté qué pasaba exactamente por su mente. Transcurridos ya unos cuantos partidos, parece intuirse.

Por salud mental convendría dejar de hablar de Kroos, pero se permitirá una (pen)última alusión al imponente centrocampista alemán para dar acuse de recibo de su grandeza. Maniatemos la nostalgia, pero no aislemos el factor. Está costando el cambio de paradigma, y se prevé que siga costando. Con un mohín casi tan lúgubre como el de Florentino, Schuster lanzó su propia profecía allá por julio o agosto: sin Kroos tengo dudas, afirmó. De centrocampismo, Schuster sabe algo.

Florentino Pérez se lanzó a vaticinar que esta sería una temporada muy difícil. Personalmente, me impactó la seguridad y el aire de certeza con que lo aseveró, y me pregunté qué pasaba exactamente por su mente. Transcurridos ya unos cuantos partidos, parece intuirse

Hay un ramillete de extraordinarios futbolistas en esa posición, todos muy buenos técnicamente pero cuyo buen desempeño exige una robusta condición física. Ahora mismo no la poseen, seguramente porque Pintus les tiene en modo “valle inicial”, por así decirlo, previendo la extensión de la temporada. Cuando Tchouaméni, Camavinga, Jude y Valverde (este parece que lo tiene, lo que es estupendo e inquietante a la vez) adquieran su mejor versión física, otras virtudes distintas a las de Kroos podrán empezar a brillar como deben.

Entretanto, y quizá también más allá del momento en que ese cuarteto esté convenientemente tonificado, se antoja importante agregar a la formación un jugón a la vieja usanza, un maestro del recurso técnico y, de paso, alguien también que sepa lanzar córners y faltas. El balón parado es recurso esencial para desatascar partidos que nacen embotellados, es decir, el noventa por ciento de los que disputa el Madrid. Los mejores minutos en lo que va de campaña han tenido sobre el campo a Modric y/o Güler. Hasta nueva orden, uno de los dos, como mínimo, debe estar sobre la cancha en todo momento.

Güler y Modric

Los mejores minutos en lo que va de campaña han tenido sobre el campo a Modric y/o Güler. Hasta nueva orden, uno de los dos, como mínimo, debe estar sobre la cancha en todo momento

Para acomodarlos, especialmente al turco, se recomienda explorar un 4231 que tendría la ventaja, además, de devolver a Bellingham a una posición menos escorada y más cercana a la mediapunta, donde tan espectacularmente triunfó el pasado año. Volcado hacia la derecha, donde a pierna cambiada mejor desarrolla sus diabluras, Arda encajaría también en su puesto ideal.

Hay también una sensación de cansancio (sobre todo mental) que la gente tiende a emparentar automáticamente con falta de actitud, cuando no es exactamente lo mismo. La inmensa mayoría de jugadores de la plantilla no han disfrutado de unas vacaciones como Dios manda y eso pasa factura. Como quien dice, acaban de jugar Eurocopas o Copas América, y su cerebro no quiere más fútbol aunque su corazón sí lo quiera. Mi sensación es que el visible estado de enojo y/o frustración en que parece sumido Ancelotti desde hace dos meses tiene que ver con el constatarse incapaz, por el momento, de revertir esto. No debe culparse. No ha de ser nada fácil.

Carlo y Davide Ancelotti

Hay también una sensación de cansancio (sobre todo mental) que la gente tiende a emparentar automáticamente con falta de actitud, cuando no es exactamente lo mismo. La inmensa mayoría de jugadores de la plantilla no han disfrutado de unas vacaciones como Dios manda y eso pasa factura

Esta lectura que hago ahora no es necesariamente optimista sobre el futuro. Sí, es solo cuestión de que se extinga el cansancio mental, pero no hay garantías de que tal cosa vaya a suceder (ahora viene otro parón de selecciones). Siguen en pretemporada, sí, pero no sabemos cuándo harán CLIC sus cabezas. No sabemos si harán ese CLIC, de hecho. No sería la primera vez que una pretemporada se prolonga durante la temporada entera.

No lo quiera Dios. Mientras no llegue el CLIC, proseguirá este andar con muletas. La ventaja es que, con tanta calidad, aun tullida sabe esta escuadra sacar partidos adelante. Imaginad como eche a andar, pero no lo imaginéis con demasiado ímpetu, porque en ninguna parte está escrito que eso deba suceder.

 

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Buenos días. El mundo está lleno de pesimistas, es una doctrina que goza de predicamento y una tendencia humana natural en una buena parte de la población. Abundan los pesimistas ilustres. Arthur Schopenhauer afirmó que «La vida es un anhelo opaco y un tormento» o que «La vida sin dolor no tiene sentido» (hay quien asegura que Nietzsche desveló que el bueno de Arturo era del Atleti). En El rey Lear, William Shakespeare escribió que «Al nacer, lloramos porque entramos en este vasto manicomio». Ingmar Bergman nos legó una definición de la existencia acorde a esta doctrina del desánimo, aunque cargada de aséptica realidad: «La vida es una ininterrumpida e intermitente sucesión de problemas que sólo se agotan con la muerte».

En La Galerna queremos poner contrapunto al pesimismo y lo hacemos el día después de la primera derrota del Madrid de la temporada. Ya lo sabéis, 1-0 frente al Lille y en Champions. Repaso del equipo francés. El partido fue un desastre, como afirmó Ramón Álvarez de Mon en su crónica.

Portada Marca

Marca, el diario de todas las aficiones menos una, tilda la noche como negra, habida cuenta de que además del Madrid perdieron el Girona y Atleti, este último por 4-0 frente al Benfica.

El Madrid tuvo una noche negra que no fue sino una continuación del inicio nefasto, en cuanto a juego, de temporada. Rara vez los problemas tienen una sola causa y, para disgusto de muchos, no creemos que Ancelotti sea el único culpable, aunque como máximo responsable técnico ha de asumir buena parte de la carga.

Un argumento recurrente para explicar el tétrico juego blanco es la ausencia de Kroos. No tiene mucho sentido seguir hablando de Toni porque no está, es un debate yermo como la oquedad craneal de un miembro del Frente Atlético. Con sus carencias, como todas, ya que no existe ninguna perfecta, el Madrid tiene una plantilla lo suficientemente fértil como para realizar un juego que no empuje al espectador a golpearse la cabeza contra la pared cuando lo observa.

El equipo, de repente, parece compuesto por jugadores que no hubieran jugado nunca juntos. No hay coordinación, ritmo ni, en general, fútbol. El músculo imperante en el centro del campo se muestra incapaz de imponer su fuerza. El cerebro que deben aportar los futbolistas más clarividentes tampoco está lúcido.

El Madrid es una partida de dominó en la que quien ha de mover ficha —dar el siguiente pase— nunca tiene una válida para arrojar sobre la mesa. A Carlo se le ve enfadado y apesadumbrado. Hay una sensación general de hastío que inunda al equipo. Es bastante probable que el cansancio mental sea más importante que el físico en la situación del equipo, como apuntaba Jesús Bengoechea en el chat de La Galerna.

Después de algunos partidos horrendos de esta campaña, muchos sostenían que no se podía jugar peor. Pero en La Galerna no queríamos caer en este pesimismo, porque, como se demostró anoche frente al Lille, siempre se puede empeorar. Tiene mucho mérito hacerlo tan mal contando con tan buenos mimbres. Recurrimos ahora a Jean Rostand: «Me siento muy optimista sobre el futuro del pesimismo».

Portada As

As opta por responsabilizar al partido del domingo del descalabro de Madrid y Atleti en Champions: «El derbi sale caro». No estamos de acuerdo, el Madrid lleva toda la temporada sin funcionar adecuadamente.

En el diario de PRISA leemos que Competición clausura la grada del Frente Atlético por tres partidos y multa al club con 45.000 euros. Nos apostamos una de gambas a que la raquítica sanción se reducirá y quedará en algo aún más ridículo. La ministra Pilar Alegría había anunciado una «sanción contundente y severa» contra el Atlético de Madrid. Ha sido tremenda, ¿verdad? Hay gente que se pasa la vida viendo nazis donde no los hay y, cuando se encuentra miles de ellos juntos a la vista —literal— de todo el mundo, los reprende con un «vete a tu cuarto a pensar un rato». En España es barato ser neonazi. Pero luego el Mundial nos lo puede quitar Vinícius. «Resurrección del nazismo» podríamos titular esta triste historia.

En el faldón del diario madrileño, sobre el asunto de la Federación, leemos: «Presidente o suspensión. FIFA y UEFA amenazan a España si antes de 2025 no hay presidente en la RFEF».

Para los estamentos internacionales del fútbol es más grave que no haya presidente de la RFEF a que un club pague millones de euros a la cúpula de los árbitros durante décadas o a que otro ampare y justifique públicamente a neonazis en su estadio. Es una muestra de lo que le interesa de verdad a FIFA y UEFA: que se mantenga el establishment.

No obstante, en este asunto también somos optimistas, no faltarán quienes piensen que después de Villar, Rubiales y Rocha no puede haber un presidente más dañino para el fútbol español, nosotros creemos que sí, que siempre se puede empeorar. Optimistas sobre el futuro del oprobio.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Os mostramos las portadas de la prensa culé, insustancial como el juego del Madrid, que, según hemos dicho, demostró que siempre se puede empeorar. Pero irónica e históricamente el Madrid ha dado lo mejor de sí mismo en las situaciones límite más catastróficas.

Como dijo Churchill: «Con el Real Madrid soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa». Si no con esas palabras, con otras muy parecidas.

Pasad un buen día.

Arbitró el italiano Mauizio Mariani. En el VAR estuvo Daniele Chiffi.

Casero casero el transalpino. No influyó en el resultado pero los córners y saques de banda en caso de duda iban a favor de los locales.

La jugada clave del partido fue el penalti por mano de Camavinga. No lo vio Mariani y necesitó de la ayuda de su compatriota. La pena máxima era clara porque el francés tenía la mano abierta y extendida.

En cuanto a las tarjetas, masacró al cuadro blanco en la segunda mitad e igualó estadísticas con las dos mostradas a jugadores del Lille en el descuento.

Camavinga en el 58', Bellingham en el 77, Rüdiger en el 78' y Modric en el 80' fueron los tarjeteados en los blancos, y David en el 93' y Diakité en el 96' por el cuadro francés.

Mariani, DISCRETO. No gustó en demasía.

 

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Lunin: 6. Salvo una ocasión muy importante.

Carvajal: 4. Muy impreciso en el pase.

Rüdiger: 5. Estuvo cerca de marcar.

Militao: 5,5. Tuvo diversas molestias que no le impidieron cumplir.

Mendy: 5. Aporta poco en ataque y en estos partidos se nota.

Camavinga: 5,5. Fue de más a menos. Algo lógico dada su inactividad.

Tchouaméni: 4. Mejor de central que en el centro del campo.

Valverde: 6. Está siendo de los más destacados siempre.

Bellingham: 4. Partido muy flojo.

Vinícius: 4. No pudo entrar en juego.

Endrick: 5,5. Hizo una gran jugada, pero apenas recibió en posiciones ventajosas.

Fran: 4. Mal en los duelos.

Modric: 5. Su entrada no mejoró demasiado las cosas, pero dejó un gran centro a Güler.

Mbappé: 4. Apenas intervino.

Güler: 5,5. Por lo menos tuvo un par de buenas ocasiones.

Ancelotti: 4. Su equipo hizo un partido inexplicable.

 

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