Las mejores firmas madridistas del planeta

En estos días turbulentos donde la opinión pública dicta sentencia más rápido que cualquier tribunal, el nombre de Raúl Asencio, joven jugador del Real Madrid, ha sido arrastrado por una tormenta mediática injusta y desproporcionada. Acusado de estar vinculado a un caso de grabación y difusión de un vídeo sexual en el que aparece una menor de edad, Asencio ha sido señalado, condenado y linchado en las redes sociales y ciertos medios de comunicación sin que se haya emitido aún una sentencia judicial.

Pero repasemos los hechos con objetividad. Raúl Asencio no participó en el acto sexual, no fue quien grabó el vídeo, y no fue quien lo difundió masivamente en grupos de WhatsApp. De hecho, según consta en el sumario, en todo momento colaboró con las autoridades y facilitó ayuda a las víctimas. Lo que sí parece haber sucedido es que estuvo presente en un entorno donde otros sí cruzaron líneas graves. ¿Cometió errores? Posiblemente. Pero, en cualquier caso, no por maldad ni por perversión, sino por inmadurez o desconocimiento. Y eso es precisamente lo que debe valorar un juez, no X.

El verdadero valor de Asencio

Sin embargo, la maquinaria mediática y la voracidad de los haters no han esperado a la Justicia. Le han llamado de todo: violador, corruptor de menores, difusor de pornografía infantil. Palabras mayores, acusaciones gravísimas, muchas de ellas completamente infundadas, que ya han dañado irremediablemente su imagen, su vida privada y su salud mental. ¿Y quién va a reparar eso si finalmente se le declara inocente, o si su implicación resulta mínima? Nadie. Porque el daño ya está hecho. Y ojo no sólo hablamos de anónimos en redes, también de periodistas tribuneros con nombre y apellidos.

Asencio no es un criminal. Es un buen chico, con valores, con educación, con una familia humilde y honesta que lo ha guiado en su carrera. Les conozco. No se ha escondido. No ha mentido. No ha echado balones fuera. Ha dado la cara, ha colaborado, ha reconocido si algo no estuvo bien, y ha confiado en la justicia. Pero la justicia mediática es despiadada y no se rige por pruebas, sino por titulares. Es increíble como el periodismo se ha podrido tanto que hasta en TVE en su programa mañaneros han emitido un vídeo sin rigor y totalmente denunciable sobre este tema. Eso, antes, era impensable.

Palabras mayores, acusaciones gravísimas, muchas de ellas completamente infundadas, que ya han dañado irremediablemente su imagen, su vida privada y su salud mental. ¿Y quién va a reparar eso si finalmente se le declara inocente, o si su implicación resulta mínima? Nadie

Tal vez el verdadero pecado de Asencio sea ser jugador del Real Madrid, haber tenido la osadía de abrirse camino en el primer equipo de uno de los clubes más exigentes del mundo. En esa posición, cada paso en falso se convierte en escándalo, y si no hay paso en falso, se inventa. Él, que menos implicación tiene en el caso, ha sido convertido en chivo expiatorio, mientras otros más responsables se mantienen en el anonimato, lejos del foco y del escarnio público.

Este artículo no pretende encubrir, justificar ni exculpar lo que aún debe ser analizado por un tribunal. Y ante todo, siempre del lado de la víctima o de aquel que se siente como tal y busca una reparación en la Ley. Lo que sí denuncio es el linchamiento prematuro y despiadado que sufre un joven que, en el peor de los casos, actuó con torpeza, no con malicia. A los que hoy se colocan la toga del juez en redes sociales, cuidado: mañana podrías ser tú el juzgado con la misma dureza.

Raúl Asencio saldrá de esta. Con cicatrices, sí, pero también con la fuerza de quien sabe que la verdad no necesita ruido, solo tiempo. Y en ese tiempo, muchos estaremos a su lado. No somos los más ruidosos, pero somos firmes. Y cuando todo esto pase, cuando el juicio real hable y el juicio mediático se disuelva en su propia inconsistencia, veremos a Asencio levantarse como lo que es: un gran jugador y una mejor persona.

Y será entonces, como central del Real Madrid, cuando el silencio de ahora se convierta en aplauso.

 

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En tiempos de pérdidas, abundantes son las ganas de demolición. Pero, más allá de los debates de barra de X, cualquier proyecto serio para el Real Madrid debería cimentarse en base a lo que se ha demostrado válido incluso en una temporada aciaga como la presente.

Las carencias del año son de sobra conocidas. De partida, una evidente mala planificación en lo que pareció una huida hacia la aventura a la espera de que en la selva no aparecieran imprevistos. Pero coincidieron todos y la catástrofe adquirió tintes insólitos. Como segundo plato, las lesiones que han convertido al equipo en un ‘sálvese quién pueda’ y por las que, sorpresivamente, no se están exigiendo muchas responsabilidades hasta la fecha. Y en tercer lugar, las decisiones del timonel, que siempre carga con su responsabilidad. Si no se le puede acusar de traicionarse en ningún momento -Ancelotti ha seguido esta campaña al pie de la letra su modus operandi- sí podemos achacarle que, a nuevos males, no aplicara nuevas soluciones. Aunque qué fácil resulta escudriñar los tiros desde la trinchera… y más a tiempo pasado. ¿Otro entrenador habría logrado mejores resultados con los mismos mimbres?

Courtois

Con todo, y el partido del Mallorca lo refrenda, el equipo presenta evidencias, pilares que deberían sostener el Madrid de Xabi Alonso. De partida, cuenta con los dos elementos que diferencian a los equipos grandes de los buenos: un portero -en este caso el mejor del mundo- y un delantero de referencia, capaz de superar los 40 goles en su primera temporada. También dispone el tolosarra, aunque existen dudas de si en la planta noble lo siguen considerando, de uno de los centrocampistas con más clarividencia y jerarquía de Europa. Modric es un burlador de la edad que ha vuelto a conseguir que, llegados a mayo, desprenderse de él pueda considerarse toda una imprudencia. En tercer lugar, el clavo al que agarrarse, ese cañón con pulmones que es Valverde (aunque habrá que cuidarlo más en el futuro). Y por último, un servicio de emergencias, la cantera, que se ha revelado como solvente, con la aparición feliz de Asencio y la incursión de Jacobo Ramón y Gonzalo.

Ahí está el camino, pero ya veremos el mapa de Alonso.

 

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Anoche, en un Bernabéu con aroma a banquillo interregno y partidos de prolongación vacua del fin, ocurrió algo que no estaba en el guion: Jacobo Ramón, canterano con aspecto gasólico, caponato, al que muchos habían colocado ya en la escalera de regreso al Castilla —a pesar de lo bien valorado que está en la Fábrica—, marcó el gol de la victoria en el último instante. A esas alturas de partido el sueño me había vencido, mas, tras ver el encuentro en diferido, pensé en otro sueño, el de Jacob, pese a que mi almohada es bien cómoda.

Dice el Génesis que Jacob, camino de Harán, se detuvo a dormir con una piedra por almohada —que ya es ser optimista— y soñó con una escalera que unía la tierra con el cielo. En ella, los ángeles subían y bajaban. Dios mismo le habló y le prometió descendencia, tierras y protección.

Algo de eso ocurrió anoche. Jacobo Ramón, que venía a cuestas con un almohada de granito compuesta de nervios, críticas y controles defectuosos, se detuvo en mitad de su incierto viaje y, sin pedir permiso, soñó su propio destino. En el minuto noventa y lo que Dios quiso, la pelota le cayó como caen las revelaciones: sin lógica ni predictibilidad. Centro al cielo —que no celestial— de Fran García, asistencia de Vallejo con el peine y Jacobo, que hasta entonces había sido más Jacob camino del destierro que patriarca, la empujó con una mezcla de fe y necesidad, y la pelota rascó la red con ese sonido que tiene la redención cuando se pronuncia con la garganta seca.

Hasta anoche, Jacobo era un jugador entre paréntesis. Un sector de la afición le veía como quien se cuela en una cena familiar, alguien que está pero no pertenece. Sus primeros minutos con el primer equipo parecían más penitencia que debut: nervioso, impreciso, incómodo. Nada que no se cure con oportunidades y tiempo. Pero había quien le daba por amortizado antes incluso de haberle escuchado hablar. Y sin embargo, como Jacob en Betel, el chico aguantó. Puso la cabeza sobre la piedra, cerró los ojos y soñó.

El gol fue un despertar. No suyo, sino de todos. Porque en el Madrid, cuando un jugador joven acierta en el descuento, no solo marca un tanto: abre una posibilidad, derriba un juicio prematuro, reclama el derecho a escribir su propia historia. Jacobo no solo marcó el gol de la victoria, marcó el gol de su posibilidad como futbolista del Real Madrid.

Jacobo Ramón hoy ha dejado de ser carne de meme para convertirse en relato. La diferencia es sutil pero crucial: los memes mueren con la repetición; los relatos, en cambio, encuentran sentido con ella.

¿Volverá a errar? Sí, como fallamos todos. ¿Se volverá a dudar de él? Seguro. Nadie sabe si se asentará en el primer equipo, si acabará siendo un patriarca de la retaguardia blanca u otro meritorio que necesita hacer las maletas para disponer de minutos. Pero anoche, al menos anoche, subió su escalera. Y al final del último peldaño no había ángeles ni demonios. Solo un gol y la victoria.

Y eso, en el Madrid, es el cielo.

 

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Paso hoy por aquí nada más para quejarme amargamente mientras mastico cristales: ¿era tan difícil confiar en Jacobo? ¿Darle de vez en cuando media hora a Vallejo y descanso a Militao o a Rüdiger? Asiste Vallejo y golea Jacobo contra el Mallorca, cinco segundos después de una celebración rabiosa y carente de inteligencia del suplente Maffeo. El karma. La constatación de que Dios es madridista. Tres puntos más en una liga regalada a los corruptos.

Contra el Leganés en la Copa nos sacó las castañas del fuego el canterano Gonzalo en un remate de último minuto que supuso el pase a semis. Víctor Muñoz, delantero rapidísimo con un gran futuro, estuvo a punto de empatar el clásico. Después del resultado con el Mallorca, habríamos dormido a un punto del Barcelona. ¿Se dan cuenta?

Barcelona, 4 - Real Madrid, 3

¿Era tan difícil? Nadie habría reprochado a Ancelotti los errores que hubieran podido cometer los chavales, después de aceptar las decisiones del club sobre fichajes, aunque hubieran costado puntos. Un año de transición después de ganar una Champions se perdona. Pero se perdona si caes con cuatro canteranos dejándose la vida en el césped a falta de jugadores top por lesiones.

Pero es imposible huir de la estupidez: siempre te alcanza un tuit, un comentario de tertuliano, una frase suelta de un tonto de guardia (los tontos trabajan mucho el 24x7 en internet). Los mismos que piden hoy la guillotina para Florentino habrían forzado a cerrar sus redes sociales a un canterano que concediera un gol por error en la marca sobre Budimir o Ayoze. Son los mismos que insultaron a Victor tras el fallo de Montjuic. Paralíticos emocionales que encuentran en las redes el refugio perfecto para sus miserias, quiero pensar que adolescentes y, por tanto, aquejados de idiocia crónica transitoria. Pero el daño permanece.

Debut en liga con el Madrid de Raúl en Zaragoza

Esto era el Real Madrid. Es lo que siempre fuimos. La camiseta que convierte a los niños en superhombres. Lo sabemos desde siempre, es el talento que acaba esculpido en la peana de los trofeos. Historia del deporte. Valdano lanzó al ruedo a Raúl con 17 años frente al Zaragoza. Falló un gol fácil a puerta vacía y otro más en un mano a mano frente al portero rival. Pero Valdano sabía lo que hacía: insistió. En el siguiente partido, Raulito la clavó en la escuadra en el Bernabéu, contra el Atlético, desde la frontal del área, al primer toque. Ahí comenzó la carrera de un futbolista descomunal que no pudo coronar su carrera con un merecidísimo Balón de Oro.

Quiero verles en el césped. Quiero un entrenador que los ponga, y que insista con ellos cuando fallen, para hacerlos mejores. Algunos se quedarán y la mayoría hará su carrera lejos. Todos saben lo que les espera, porque esto es el Real Madrid, los Navy Seals del deporte. Ser uno de los veinticinco de esta plantilla es un privilegio al alcance de muy pocos. Mantenerse, un milagro. Construir un palmarés para la historia o tener el reconocimiento de la afición, como Nacho o como Lucas (sí, como Lucas, maldita sea), es mucho. Ser leyenda como Carvajal o Raúl es encontrar diamantes en una mina de carbón. Uno entre un millón. Muchos son los llamados, muy pocos los elegidos.

Esto era el Real Madrid. Es lo que siempre fuimos. La camiseta que convierte a los niños en superhombres. Valdano lanzó al ruedo a Raúl con 17 años frente al Zaragoza. Falló un gol fácil a puerta vacía y otro más en un mano a mano frente al portero rival. Pero Valdano sabía lo que hacía: insistió

Están desde infantiles en el Real Madrid. Alguien vio que tenían lo que hace falta y alguien más les ayudó a crecer y les despertó la capacidad de llegar una décima de segundo antes, de pensar más rápido, de ejecutar con fiabilidad desde el minuto uno al noventa. Les enseñaron lo que significa vestir la camiseta, las palabras del himno. Se educaron en la liturgia del vestuario, aprendieron a ser compañeros, a respetar la experiencia. Son patrimonio del club. Son madridistas. No vale sólo señalarse el escudo. Vale dejarse la vida, insistir, caer y levantarse. Ganar o perder, pero pelear hasta el final.

Me dicen que Jacobo es un buenazo. Un chaval humilde, trabajador y que será un central de calidad para la plantilla. Quiero verle jugar. Quiero que tenga oportunidades. Quiero tener una foto suya levantando una Champions. Quiero que sea feliz.

De Vallejo no hay nada que decir. Un misterio. Nunca vio la luz, le tocó el lado oscuro del fútbol. Estuvo en el XI ideal de segunda división com 18 años en 2015 con el Zaragoza. Fichado por el Real Madrid y cedido al Eintrach, llevó a su equipo a la final de la Copa alemana de 2017. Rápido, noble y buen compañero. Le deseo y se merece toda la suerte del mundo dondequiera que vaya.

Necesitábamos una victoria como la del Mallorca. Épica. Trabajo, constancia y más de treinta remates a portería frente a un portero de Marvel. Si repetimos la actitud y las ganas en los dos partidos de liga que quedan, nos iremos de vacaciones un poco más contentos. Pedimos tan poco...

Iremos recibiendo el verano mientras vemos cómo el club y el nuevo entrenador configuran el equipo para la próxima temporada. Y soñaremos, mientras empieza el Tour de Francia, con los siete partidos que nos separan del trofeo del primer mundial de clubes de la historia.

Feliz día de San Isidro.

 

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Buenos días, amigos. Como sin duda sabéis (y si no es el caso podéis aprenderlo leyendo la crónica y las notas de Athos Dumas), el Real Madrid ganó ayer al Mallorca gracias a un tanto en el último suspiro del jovencísimo central Jacobo Ramón, asistiendo con la coronilla por Vallejo. Fue bonito, emocionante y (sí) random, como dicen ahora los chicos de la generación del propio Jacobo. Desde nuestra inextinguible amalgama de madridismo y sintaxis, no entendemos bien cómo habla dicha generación, pero hay que amoldarse a los tiempos, bro.

“Mbappés y Jacobos”, titula As, en un remake bastante forzado de aquel “Zidanes y Pavones” que no trae por lo demás excesivos buenos recuerdos. Mbappé también jugó muy bien ayer, anotando un gran gol que sirvió para empatar antes del éxtasis jacobino, y de ahí el jueguecito conceptual para nostálgicos. No conviene olvidar que, en obediencia al signo de los tiempos, donde predominan el juicio apresurado y la urgencia en su forma más ordinaria, Jacobo había sido ya conminado al saco de las promesas que se truncan  antes incluso de brotar. Unos cuantos minutos de nerviosismo en los ratos que había jugado habían bastado al impío madridismo de las redes sociales para proclamar que no vale para el primer equipo.

Piensen mejor. Es más: piensen.

Tanto As como Marca reflejan el inconformismo del Madrid con su mala temporada y sus baby-stoppers, lo que ha impulsado al club a hacerse con los servicios de un baby-stopper externo. Hablamos ni más ni menos que de Dean Huijsen, cuyo fichaje podemos confirmar que está adelantadísimo, casi cerrado. El espigado central hispano-holandés, que se ha convertido en objeto de deseo de los grandes clubes gracias a su explosión en el Bournemouth, jugará en el Real Madrid a las órdenes de Xabi Alonso. Es un apunte de esperanza en medio de estos tiempos sumamente aciagos. Hablamos de un futbolista sumamente interesante, un central finísimo, rápido, acon personalidad e inmejorable manejo del balón.

Por otro lado, dice Marca que el equipo blanco “no entrega la liga”. Son palabras destinadas a brindar algo de emoción ficticia a un torneo totalmente carente de ella, pero no ahora porque el equipo cliente de Negreira esté a tiro de un punto para ser matemáticamente campeón, sino desde el momento en que echó a andar. Con un Comité Técnico de Árbitros que es hater confeso del Madrid (ver rueda de prensa previa a la final de Copa), compuesto desde sus mismos directivos hasta la mayor parte de los colegiados en activo por los mismos individuos que formaron parte del caldo corrupto del negreirato, las cartas estaban marcadas desde el principio. Se vio en Vallecas, se vio en Cornellá, se vio en Pamplona. Se vio en otros muchos partidos que el Madrid consiguió ganar a pensar de kafkianas actuaciones arbitrales en contra. Luego, además, el equipo contribuyó a la pérdida del campeonato (que se materializará hoy en el propio Cornellá, o si no el fin de semana próximo, es cuestión de tiempo) con un juego manifiestamente mejorable.

La prensa cataculé ya tenía preparado el champán, pero habrá que esperar a esta noche, como muy pronto, para poder descorcharlo y brindar con Medina Cantalejo, Tatxo Benet, el CSD y resto de principales implicados del Tinglao que nos gobierna.

Os mandamos un cordial saludo, con el deseo de que sobrellevéis este penoso trance con entereza, ya suceda hoy mismo o próximamente.

Arbitró Javier Alberola Rojas del colegio castellano-manchego. En el VAR estuvo Figueroa Vázquez.

En el minuto 3 condicionó el partido el trencilla y el del VAR, vaya par. La acción de Copete ante Endrick es penalti y expulsión porque empuja al brasileño que cae y dispara desequilibrado. Además, como es una acción de no disputa del balón conlleva la roja.

Luego estuvo errático en la señalización de faltas o mejor dicho en la falta de señalización. Un par claras en la frontal del Mallorca, sobre todo un agarrón a Arda que casi cuesta una contra peligrosa.

En cuanto al apartado disciplinario las tres amarilla fueron visitantes. Antonio por una patada a Ceballos en el 38', Samu por una entrada abajo a Bellingham en el 54' y Maffeo por agarrar a Fran en el 81'.

Alberola Rojas, MAL.

 

 

Courtois: NOTABLE. Salvó los muebles con su paradón tras el empate de Mbappé.

Valverde: SOBRESALIENTE. No para, es incansable. Un ejemplo para todo el equipo.

Jacobo Ramón: NOTABLE. Empezó como un flan, tuvo un fallo que pudo costar el 1-2 pero se fue asentando. Y al final dio 3 puntos a los suyos.

Asencio: APROBADO. Pudo hacer más en el gol del Mallorca. Resolutivo y muy cansado. Se fue con molestias.

Fran García: NOTABLE. No paró de subir su banda ni de centrar al área. Incansable e impecable actitud.

Modric: NOTABLE. Enorme esfuerzo, enorme jugador. Se merece un monumento a sus casi 40 años.

Ceballos: APROBADO. Floja primera parte, mejoró algo en la segunda.

Güler: NOTABLE. El mejor en el primer tiempo, muy presente en todas las jugadas de ataque.

Bellingham: APROBADO. Intermitente, tuvo participación y alguna ocasión en sus botas. Aunque ya casi no le queda gasolina.

Endrick: APROBADO (raspado). Empezó bien y fue poco a poco hacia abajo. No es hombre de banda. Peleó, sin más.

Mbappé: NOTABLE. El referente en ataque, lo intentó de todas las maneras, y acabó por marcar. Ya van 40 goles en la temporada.

Vallejo: NOTABLE. Poco trabajo ya que el Mallorca no superaba la línea media. Pero fue fundamental al peinar el balón que supuso el tanto victorioso de Jacobo.

Gonzalo: APROBADO. Lo intentó aunque falló una ocasión clarísima.

Ancelotti. NOTABLE. Un profesional como la copa de un pino. Inyectó adrenalina en el descanso y el Madrid salió como un cohete.

La tarde-noche se presentaba rara, todo era extraño. Víspera del puente de San Isidro, tráfico por todas partes, salidas de la capital colapsadas, una tromba de agua una hora antes de empezar el encuentro.

Además de, por supuesto, ser el primer partido tras la consumación de un mes horribilis, empezando por la no remontada del Miércoles Santo ante el Arsenal, la derrota en la prórroga de la final de la Copa del Rey en La Cartuja, y del 4-3 estrambótico (pudo ser goleada en contra tanto como un 4-4 en el último instante) que anunciaba el adiós definitivo a esta Liga Negreira.

Tarde-noche de inminente despedida del gran Carlo Ancelotti, ya con las maletas preparadas para el otoño-invierno de Río de Janeiro. La alineación del Madrid, en cuya convocatoria apenas había 10 fichas de la primera plantilla, completaba el sainete que tenía como rival a un Mallorca ilusionado por entrar en Europa, y con el leñero Raíllo como capitán de su equipo. Tan solo faltaba en el césped el impresentable llorón Maffeo, que iba a empezar calentando banquillo visitante.

En definitiva, parecía que íbamos a ver o bien una goleada (rara avis esta temporada) o bien una pañolada dirigida al palco o hacia los jugadores.

La primera parte empezó con un cuarto de hora muy flojo por parte de los locales, exceptuando una clara ocasión de Endrick que marró tras una gran asistencia de Güler. Tras eso, gol del Mallorca en su única aproximación del Mallorca, un gol que todavía no se cree su autor el haberlo marcado de un zurdazo impecable. Un defensa eslovaco, nada menos, de apellido Valjent, similar al del protagonista de “Los miserables” de Victor Hugo.

Un buen disparo de Bellingham atajado por el héroe ibicenco Leo Román fue lo único destacable hasta bien pasada la primera media hora de juego, si obviamos la entrada brutal de Raíllo que a punto mandó al hospital a su colega de línea defensiva Valjent.

A partir de ahí, se sucedieron una serie de ocasiones a pies de Enridck, Mbappé (2), Modric y Valverde, que fueron todas solventadas por el cancerbero bermellón: Leo Román es ya uno de tantos porteros desconocidos a los que hace internacionales el Madrid en el Bernabéu. En varias ocasiones se pudo escuchar perfectamente una música de viento de desaprobación del respetable que, a decir verdad, bastante paciencia ha tenido en esta temporada tan nefasta.

Y de esta manera se llegó al descanso, al trote cansino de los locales, con 12 tiros infructuosos contra un único disparo (100% efectivo) del conjunto visitante, y con 5 paradas de Román. Apenas pudimos destacar algún destello de Güler y de Modric y la brega incombustible de Valverde. Por el lado negativo, la nula aportación de Ceballos, porque parece otro desde su lesión en Anoeta.

El Madrid salió con otros bríos tras el descanso, Oportunidades de Endrick y de Modric nada más empezar. Iban poco a poco cayendo los córners por el lado merengue. Al final del partido, nada menos que 26 se lanzaron, por ninguno del lado mallorquín.

Leo Román seguía haciendo paradones inverosímiles, acabó atajando 11 disparos, algunos, como uno tras un misil de Fede Valverde, casi increíbles. El partido seguía teniendo historia, ya que Asencio notó molestias, con lo que la defensa madridista estaba formada, aparte de por el inagotable charrúa, por Jacobo, Vallejo y Fran. Nadie se habría creído esto si nos lo cuentan en el mes de agosto de 2024: ni Carvajal, ni Militao, ni Rüdiger, ni Alaba, ni Mendy. Ni tan siquiera Tchouaméni, central de emergencias hoy sancionado.

Empató por fin Mbappé, logrando su gol número 40, tras amagar a tres contrarios tras un buen pase de Modric. Casi de forma inmediata, tras un error de Jacobo, Morey se plantó ante Courtois completamente solo y el belga salvó, una vez más, los muebles. Fue el segundo y último fogonazo balear.

De ahí hasta el final, un asedio absoluto de los locales, sumando córners sin descanso, con centros de todos los colores por parte de Fran, de Güler, de Modric, de Ceballos. Gonzalo falló lo que parecía infallable tras centro preciso de Fran. Mientras tanto, había salido al terreno el incalificable Maffeo, rápidamente amonestado por cometer una de sus habituales tropelías: tras los pitos del primer tiempo, el argentino se llevó una sonora bronca de todo el Bernabéu.

Román seguía parando y los madridistas lanzando córners y tiros a puerta (39 en total, treinta y nueve, 13 de ellos a puerta), hasta que en el ultimísimo minuto se produjo uno de esos increíbles milagros del Bernabéu cuando tras un enésimo balón a la olla, Vallejo – sí, Jesús Vallejo- peinó un balón que el joven Jacobo Ramón fusiló sin piedad y a quemarropa la portería del Mallorca y a su heroico guardameta.

El Barcelona se quedó con las ganas de cantar el alirón tras un tropiezo del Madrid. Tendrá todavía que pasar mañana por Cornellá y doblegar al Espanyol si quiere ser campeón el día de San Isidro. El Madrid, con la enfermería atestada, todavía nos dio una lección de profesionalismo y de amor propio, le dio finalmente una pequeña alegría a todos sus seguidores.

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Al Xabi jugador le sucedió el Alonso entrenador con un meritorio rendimiento.

Esta semana, los amigos de fcQuiz te proponen una batería de preguntas para medir tus conocimientos sobre el hasta ahora técnico del Leverkusen.

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Buenos días. Con todo perdido en la liga (así como en la Champions y en la Copa, pero no lo queríamos decir por no empezar este portanálisis rascando en la costra que volverá a sangrar), el Real Madrid juega esta noche un partido pleno de ingredientes que oscilan entre lo desagradable y lo desconcertante. Marca encuentra un turbio deleite en que el Real Madrid y sus aficionados lo pasen mal, así que están de enhorabuena, porque lo estamos pasando fatal. La hoja parroquial de Javier Tebas se regodea en el horizonte de tres partidos de cara a la galería (a la galería de los fracasos) que le quedan al club de Chamartín antes de que este temporada maldita toque a su fin, y obtiene especial satisfacción centrándose en el compromiso —qué bien traída está esa palabra hoy— de esta noche en el Bernabéu ante el Mallorca.

De toda la serie de catastróficas desdichas que enumera Marca en su portada, no sabemos cuál duele más. Suponemos que será esa que enuncian con un imaginario mohín de desaprobación: “… Y, encima, un tropiezo hace campeón al Barcelona”… con independencia de lo que haga mañana ante el Espanyol, falta añadir. Por un lado, sentimos cierta urgencia porque este sinvivir acabe cuanto antes y el club cliente de Negreira se adjudica ya su mugrienta liga. Por otro, preferiríamos que hoy nuestro equipo no nos hiciera la faena de hacer matemáticamente campeones a esa gente delante de nuestros ojos y sin que ellos tengan que levantarse del sofá sobre el que a esa hora andarán poniéndose vendas unos a otros, presumiendo de cortes de pelo malotes, probándose decenas de pares de gafas unos encima de otros y hablando en dialectos patibularios.

Marca también habla del sinsentido de que el nuevo seleccionador de Brasil sea el entrenador del Madrid sin que dicho club haya dicho nada al respecto, así como del misterio en torno a Rodrygo, de quien no sabemos si le duele una pierna, le duele otra, se quiere ir del Madrid, sufre de ansiedad o todo ello a la vez. El caso es que el brasileño es uno de los muchos habituales que hoy no podrán ser de la partida, como tampoco los lesionados Vinícius, Lucas, Rüdiger, Militao, Carvajal, Mendy, Camavinga… En fin, es más corto enumerar los que sí están disponibles junto a un animoso grupo de meritorios entre los que se cuenta Víctor Muñoz, el joven de la Fábrica que ha tenido que cerrar sus redes sociales por culpa de los insultos de una legión de desalmados que le culpan de la derrota en el mal llamado clásico. Esperamos que hoy reciba todo el cariño del Bernabéu. En todo colectivo hay un porcentaje más o menos elevado de gilipollas. El madridismo está constituido por millones y millones de personas. Imaginad la cantidad de gilipollas que nos tocan a poco que nos corresponda un porcentaje medio.

As se centra en la rueda de prensa de Ancelotti, en la cual se despidió, o comenzó a despedirse. Puede ser el adiós más largo de la historia del fútbol, especialmente si tenemos en cuenta que su club aún no ha puesto oficialmente punto final a la relación profesional. Es todo tan extraño, amargo y deprimente. Al madridismo se le hace muy difícil continuar sin explicaciones que necesita como el comer.

Todas estas sensaciones difícilmente descriptibles, esta amalgama de desorientación y cólera, se mezcla con la pena y la gratitud a Ancelotti en el momento de su adiós (de su larguísimo adiós, que se hará eterno), lo que hace la mezcla de sentimientos aún más ininteligible. Por supuesto, deseamos a Carlo todo lo mejor mientras nuestro corazón tan blanco vira en dirección a Estados Unidos y el Mundial de Clubes, torneo en el cual no sabemos cuántas esperanzas debemos depositar, primero porque no sabemos si el equipo estará en condiciones físicas de afrontar me un torneo importante en pleno verano, y segundo porque en realidad tampoco sabemos cuán importante el torneo es, ya que se trata de la primera edición y por tanto carece de un prestigio consolidado.

Es interesante observar cómo la prensa cataculé, a pesar del buen momento del equipo de sus sueños, centra todo su recreo en el padecimiento blanco. No debería sorprendernos, pero no deja de tener su gracia ver cómo “el morbo del Bernabéu” es lo que realmente les excita, y de un modo casi sexual como vemos (“morbo”). Les pone igual de cachondos ganar la liga que asistir al fracaso del enemigo, y eso que ellos acaban de cosechar su propio y sonoro fracaso en la Champions League, esa que el adversario ha ganado 6 veces en 10 años, década en la cual ellos no han ganado ninguna. Solivianta su malsana satisfacción en la misma medida el hacerse con el título que el refocilarse en los males de Rodrygo o en una imaginaria “autocensura” de Carletto ante los medios.

En fin. Os contaremos lo que suceda ante el Mallorca porque alguien tiene que hacerlo como nosotros lo hacemos. Mientras tanto, os dejamos con la portada de Mundo Deportivo, sin la cual a buen seguro no habríais podido pasar la mañana.

Pasad un buen día.

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