Ganó el Madrid el martes pasado contra el Atleti en Champions. Y lo hizo en un partido cerrado: sin muchas ocasiones, sin que pasaran demasiadas cosas, pero con dos goles gracias a sendos chispazos de genialidad de Rodrygo y Brahim.
El primero, tras recibir un gran pase en profundidad de Federico Valverde, recortó hacia dentro desde el pico del área, y con su pierna izquierda mandó un balón inalcanzable para Jan Oblak. El segundo, y tras una gran triangulación entre Vinícius, Mendy y el propio jugador marroquí, provocó uno de los pocos desajustes en defensa del Atlético de Madrid, terminando con el balón en los pies del 21 blanco, que tras una jugada de funambulista y de trilero, escondiendo el balón y sentando a Giménez, definió con un disparo raso al palo largo del meta esloveno.
El equipo de Ancelotti se llevó el primer asalto y saldrá el miércoles por la noche al Metropolitano sabiendo que está por delante en la eliminatoria. Sin embargo, es un resultado muy peligroso aun partiendo con ventaja. El miércoles espera un ambiente tremendamente hostil, como no puede ser de otra manera debido a la rivalidad que hay entre ambos equipos y por lo que hay en juego.
Espero a un Atlético de Madrid muy asfixiante e incisivo en los primeros minutos, buscando replicar la fórmula que le llevó a recortar en dos goles la diferencia que había obtenido el Madrid en aquel 3-0 de la ida de semifinales en 2017. Creo que Simeone intentará empatar la eliminatoria con un arranque fulgurante, pero, en el caso de no conseguirlo, virará su plan a uno más parecido al que diseñó ante el Manchester City en 2022: buscar que no pasen muchas cosas y, a partir del minuto 70, introducir a Alexander Sørloth para buscar centros laterales y que el punta noruego gane duelos a los centrales merengues para buscar segunda jugada.
Espero a un Atleti muy asfixiante e incisivo en los primeros minutos, buscando replicar la fórmula que le llevó a recortar en dos goles la diferencia que había obtenido el Madrid en aquel 3-0 de la ida de semifinales en 2017
Esta vez no hay una renta tan amplia del partido de ida. El Real Madrid tiene que estar preparado y concentrado para aguantar el envite inicial de los colchoneros y de esta manera comenzar a enfriar el partido. Durante esta fase, la figura de Tchouaméni debe ser clave. Tras tocar fondo en otoño, sus últimas actuaciones están dejando un buen sabor de boca. No es ningún virtuoso con el balón en los pies, pero defensivamente está siendo más que correcto.
Esta vez el Madrid volverá a tener en frente a uno de los mejores atacantes el mundo. Un jugador que puede cambiar el rumbo de una eliminatoria con una jugada que nadie pueda intuir. Julián Álvarez es esa clase de futbolista. En la ida dejó constancia de que no le hace falta que el resto acompañe. Basta con que tenga un hueco, una oportunidad, para que haga saltar por los aires todo un planteamiento. La gran esperanza de Simeone. Su "jugador trampa".
La pregunta es: ¿tiene el Real Madrid jugadores de este tipo? Sí. Y de hecho tiene varios. Y en mayor cantidad que el Atlético de Madrid. Pero algunos no están actuando como tal. Me quiero centrar en los dos más evidentes: Vinícius y Mbappé.
El partido de ida de ambos fue realmente pobre para lo que se les exige a jugadores de su nivel, aunque hay cierta diferencia. Vinícius estuvo impreciso. Lo intentó, pero no le salió nada. Un regate exitoso en cinco intentos es una estadística muy mediocre teniendo en cuenta que hablamos de Vinícius. Y Giménez lo contuvo muy bien las dos veces que tuvo que bloquear sus disparos.
Lo de Mbappé es más preocupante. Venía de una noche estelar ante el Manchester City, en la que volvió a recordar a ese jugador devastador en la definición y letal al espacio. Pero el martes ni compareció. No recuerdo ninguna jugada en la que el francés diera sensación de peligro. Lo único a destacar de su desempeño fue un disparo manso con la zurda que terminó entre los guantes de Oblak. Estuvo inexistente e impreciso, con un 83% de acierto en pases completados. Y, además, desperdició una ocasión inmejorable para dejarle en bandeja a Vinícius el 3-1 tras una gran recuperación de Lucas Vázquez, que hubiera supuesto un punto de inflexión en la eliminatoria.
La vuelta de Bellingham al once es una gran noticia, teniendo en cuenta que sustituiría a un Camavinga errático durante gran parte de esta temporada, pero el Madrid necesita que ambos den una versión mucho mejor de lo visto en la ida, porque en estas instancias, y en un escenario como el Metropolitano, es donde los jugadores hechos para este tipo de partidos deben responder y ser decisivos. Y ellos lo son.
Julián les retó en la ida con uno de los goles de la temporada. Les toca responder.
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Si fuera un coche, sería una de esas berlinas discretas que bajo una línea elegante y atemporal esconden el motor más potente del mercado, que por la mañana sirven para llevar a los niños al cole, por la tarde cargan con la compra del Mercadona y el fin de semana también son perfectos para darse unas vueltas en el Jarama. Desde luego que no sería uno de esos coches horteras pintados de amarillo chillón con franjas rojas y aletas excesivamente gordas, que hacen mucho ruido para erogar menos prestaciones, aptos solo para portar un minion en el asiento trasero y que si los sacas de un circuito se quedan atorados en un resalte de dos centímetros a la salida del aparcamiento del Carrefour.
Hablo de Florentino Pérez, no era muy complicado deducirlo, sobre todo después de leer el título de esta pieza. Hoy es su cumpleaños, y en nuestra civilización es costumbre felicitar a las personas en los aniversarios de su nacimiento. Felicidades, Florentino.
La gestión define al presidente del Real Madrid, y una buena gestión principalmente significa trabajar bien, de manera constante y alejada de la espectacularidad de los fuegos de artificios vacuos. Es más útil la diligencia en silencio que la exposición constante e impostada de quienes, en el fondo, solo buscan «el suyo beneficio político», como diría Mariano.
A pesar de la sobriedad inherente a su mandato, Florentino se aupó a la presidencia del mejor club de la historia merced a un órdago. Si bien es cierto que no iba de farol, pues contaba con la carta de Figo entre los naipes que sostenía en la mano. Sabía que era la única manera de llamar la atención de un electorado que, como se había comprobado en las anteriores elecciones, valoraba más el chascarrillo y el gracejo que la promesa de diligencia en la dirección.
No es extraño, el futbol siempre había tenido un matiz de frenopático circense en el que tipos como Gil o Lopera manejaban clubes del mismo modo que Telecinco producía programas de entretenimiento. Los aficionados no estábamos acostumbrados a una gestión seria y, en el fondo, nos ponían las bravuconadas de forofo de nuestros dirigentes.
Florentino cambió el paradigma del fútbol, aplicando la gestión seria y eficiente a un deporte-espectáculo tan ligado a lo pasional, lo emocional, a los afectos y desafectos. La unión de cerebro y corazón, por lo que parece, no ha funcionado del todo mal, ¿verdad?
Por supuesto que la presidencia de Florentino no es perfecta, principalmente debido a un pequeño inconveniente: la perfección no existe. Quien más y quien menos puede señalar aspectos que él piensa que podrían haberse acometido mejor —siempre, eso sí, desde fuera y sin conocer las razones que motivaron las decisiones tomadas—. Pero en el cómputo general, es difícilmente mejorable su administración.
Florentino cambió el paradigma del fútbol, aplicando la gestión seria y eficiente a un deporte-espectáculo tan ligado a lo pasional, lo emocional, a los afectos y desafectos
Alguien puede decir que tendría que haber retenido a Mourinho, o a Ozil, o a Cristiano, o haber fichado a aquel joven central deslumbrante en lugar de haber aguantado con lo puesto, pero ¿de verdad puede plantearse una gestión alternativa que hubiese obtenido más de 6 Champions en 10 años? Parece poco probable. Es decir, existen controversias puntuales, pero globales es complicado encontrarlas de calado. Lo de los renglones torcidos, ya saben.
Tampoco falta quien le acusa de excesivo celo empresarial y de primar lo económico sobre lo deportivo. En primer lugar, obtener éxito deportivo habitual sin estabilidad económica es harto complicado. En segundo lugar, lo de antes, ¿es posible lograr 6 Champions en 10 años dejando a un lado lo deportivo?
Seguro que a estas horas ya habrá recibido felicitaciones de todo el mundo. Quizá algún deslenguado de barra de bar haya torcido el gesto, tal vez algún vendehúmos de libro haya aprovechado para promocionar su deyección editorial, acaso algún contenedor chillón de hidrocarburos gaseosos haya sufrido un pinchazo en la úlcera.
Sus detractores lo acusan de mover los hilos no solo del fútbol, sino del país. La acusación se desmonta sola, si Florentino ejerciese un control omnímodo en España, quienes lo afirman estarían vendiendo pipas en la Puerta del Sol en lugar de encabezar instituciones, organismos o medios.
Florentino Pérez cumple hoy los mismos años, 78, que la fecha del siglo pasado, 1978, en la cual nos dejó el otro titán de la presidencia blanca, Santiago Bernabéu. Mi total descreimiento sobre todo tipo de cábalas o conjunciones planetarias me lleva a afirmar sin atisbo de dudas —ni pruebas— que esta coincidencia numérica solo puede significar que este año Florentino colocará la 16 junto a sus 15 hermanas. Contra todo pronóstico, sobre todo propio. Pero ¿cuándo diantres ha ganado el Madrid una Champions sin haber sido dado por muerto ya en agosto?
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“La camiseta del Real Madrid es blanca. Se puede manchar de barro, de sudor y de sangre, pero jamás de vergüenza”. Es la frase mítica de Santiago Bernabéu con la que deberían comulgar todos aquellos jugadores que tienen el privilegio de vestirla.
Si hay alguien en la actual plantilla que refleja todos los días esta frase es Federico Valverde. El ‘8’ del Madrid disputó su partido número 300 con la cinta de capitán en el derbi de Champions. Qué mejor escenario que ese. Además, siendo el mejor del partido en una posición que no es la suya. Y esa es la grandeza de Fede, que es probablemente el centrocampista más completo del mundo, y aun así entiende la necesidad que tiene el equipo y se sacrifica por los suyos, como buen capitán. No hay que olvidar que ante el Atleti Valverde jugó entre algodones, arrastrando una lesión en los isquios que no le permitió jugar los últimos partidos.
La carrera de Valverde en el Madrid se define con dos palabras: esfuerzo y calidad. No recuerdo ni un solo partido donde al uruguayo le hayan faltado una de esas dos características. Su despliegue sobre el terreno de juego le permite estar presente tanto en defensa como en ataque en cuestión de segundos. Es curioso que como lateral sea quizás donde más pueda explotar la mayoría de sus características. Su capacidad para leer las jugadas y anticiparse a lo que hace el rival le permite recuperar y tener todo el campo por delante. Eso hace que él inicie la jugada de ataque, ya sea conducir en velocidad, un cambio de banda a Vinícius, o un pase en profundidad como el que le dio a Rodrygo y que altera cualquier tipo de sistema defensivo.
Federico Valverde es uno de los futbolistas que mejor representa los valores del Real Madrid. Sobre todo porque el ‘8’ es alguien que entiende que no se trata de la historia que ya hizo, sino de la que tiene por hacer
No creo que exista en el fútbol actual un jugador más completo que Valverde. Durante su carrera en el Madrid, tanto con Solari como con Zidane o Ancelotti, le ha tocado cumplir distintas funciones. A veces de extremo derecho (donde cerró una temporada fantástica con la asistencia a Vinícius en París), a veces de ‘box to box’, donde acompañado por Kroos y Modric entendió que tenía más libertad para recorrer todo el campo y aprovechar su pegada. También en ocasiones se he desempeñado en el doble pivote, donde entiende que tiene que ser más inteligente para ser el ancla del equipo. En todas estas funciones Valverde ha cumplido con sobresaliente, y eso es lo que lo diferencia del resto.
“Estoy muy contento y orgulloso. Quiero agradecer a mi familia y a mis compañeros, que son los que siempre están en las buenas y en las malas, y por supuesto a la afición, que apoya y nos brinda el cariño que necesitamos para seguir luchando. En este club siempre hay que seguir aprendiendo de lo que es este escudo, seguir mejorando, y cuando ves a tu familia en la grada y al estadio cantar son cosas que te motivan a seguir acá”.
Hace dos días el Real Madrid cumplió 123 años de historia, y estoy seguro de que Federico Valverde es, con media carrera por delante, uno de los futbolistas que mejor representa los valores del Real Madrid. Sobre todo porque el ‘8’ es alguien que entiende que no se trata de la historia que ya hizo, sino de la que tiene por hacer.
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Buenos días, queridos amigos.
Te levantas temprano, revisas las portadas, bostezas, resoplas… Ana Peleteiro, cabeceras moradas, vuelve la mugrienta liga Negreira… y decides que hoy no es día para sacar la recortada, así que le pides a ChatGPT que haga el Portanálisis por ti. A ver qué sale de este intento.
PA: Voy a pedirte ayuda para escribir pequeños textos sobre diferentes temas y me gustaría que me contestaras a cada pregunta con un párrafo de unas cuatro líneas, ¿de acuerdo?
CH: ¡Por supuesto! Pregunta lo que necesites y te responderé con un breve párrafo.
PA: ¿Cómo definirías la práctica de esos medios de comunicación con cierto tufillo machista que cuando llega el 8M se ponen la cabecera de morado y hacen esfuerzos por parecer feministas?
CH: Esa práctica es un ejemplo de purplewashing, un intento superficial de mostrarse feministas sin un compromiso real con la igualdad de género. Durante el 8M, estos medios cambian su imagen y publican contenidos afines al feminismo, pero el resto del año perpetúan estereotipos, dan menos voz a las mujeres o toleran artículos claramente machistas. Es una estrategia de marketing que busca limpiar su imagen sin transformar realmente sus estructuras o su línea editorial. Al final, es más oportunismo que convicción.
PA: ¿Puedes hablarme de Ana Peleteiro y su reciente medalla de oro en el campeonato de Europa indoor de Apeldoorn?
CH: Ana Peleteiro ha conquistado la medalla de oro en el Campeonato Europeo de Atletismo en Pista Cubierta de Apeldoorn 2025, logrando un salto de 14,37 metros, su mejor marca de la temporada y la tercera mejor a nivel mundial. Este triunfo es especialmente significativo, ya que marca su regreso a la élite tras su maternidad en 2023 y una etapa de desafíos personales y profesionales.
PA: Enhorabuena, en cualquier caso, para ella, un gran éxito que queremos destacar aquí. También obtuvo medalla el saltador Lester Lescay, otro en la larga tradición de saltadores cubanos nacionalizados españoles.
CH: Lester Lescay, nacido en Cuba en 2001, es un destacado saltador de longitud que recientemente ha comenzado a competir bajo la bandera española. Tras obtener la nacionalidad española en enero de 2025, acaba de debutar con España en este Campeonato de Europa en Pista Cubierta, donde ha conseguido una medalla de bronce con un salto de 8,12 metros.
La incorporación de Lescay se suma a una notable tradición de atletas cubanos que han optado por representar a España. Joan Lino, Orlando Ortega o Jordan Díaz, quien obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París 2024 con un salto de 17,86 metros. Esta tendencia refleja la capacidad de España para atraer a talentos internacionales, enriqueciendo su panorama atlético y consolidándose como una potencia en disciplinas de salto y vallas.
PA: Me interesa esto de la atracción de talento. En la parte inferior del diario As aparece el excoordinador de selecciones de la Federación de Fútbol, que dice que “lo de Brahim fue mala suerte”. No lo creo, y desde luego, lo que no creo es que fuera mala suerte, como dice este tipo.
CH: Decir que perder a Brahim Díaz para la selección española fue “mala suerte” suena más a una justificación que a un análisis realista. Marruecos llevaba tiempo trabajando para convencerlo, mientras que la Federación Española no mostró un interés fuerte hasta que ya era tarde. Más que mala suerte, parece una falta de gestión estratégica.
PA: En otras ocasiones se dieron mucha prisa por seleccionar a otros jugadores con doble nacionalidad, ¿no te parece?
CH: Sí, es curioso cómo la Federación Española reaccionó rápido en otros casos, especialmente con jóvenes talentos del Barça como Lamine Yamal y Ansu Fati, asegurándose de que debutaran pronto para bloquear cualquier intento de otras selecciones. En cambio, con Brahim Díaz, que ya había mostrado su talento en el Real Madrid y el AC Milan, no hubo la misma urgencia. Esto da la sensación de que hay una gestión desigual según el club del que provengan los jugadores o según el momento en que la Federación decide actuar. No fue casualidad que Marruecos se adelantara, sino una falta de visión por parte de España.
PA: Bien, te veo bastante al día de lo que se cuece en España y en la Federación, así que vamos con la Liga, que vuelve hoy a “deleitarnos” con una nueva jornada. ¿Ocurre algo en La Liga española que explique por qué en las últimas dos décadas el Real Madrid ha triunfado más en competiciones internacionales que en España, mientras que en España es el Barcelona el que domina, un equipo que lleva una década haciendo el ridículo en Europa?
CH: Sí, hay varios factores que explican esta curiosa dinámica entre el Real Madrid y el Barcelona en las últimas dos décadas (aquí da unas razones políticamente correctas como el enfoque en las competiciones o la gestión de la presión, pero vamos a quedarnos con la número 4):
PA: ¿Cómo, cómo, cómo…?, ¿que el Barça ha tenido más influencia en la Federación y en la gestión del arbitraje?
CH: El Barcelona ha tenido una influencia notable en la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y en la gestión arbitral en las últimas dos décadas, y hay varios factores que lo explican:
El mayor escándalo que refuerza esta percepción es el Caso Negreira. Durante casi 20 años (2001-2018), el Barcelona pagó más de 7 millones de euros a José María Enríquez Negreira, ex vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA). Según las investigaciones, estos pagos no tenían una justificación clara, lo que ha generado sospechas de intentos de influir en los arbitrajes. Aunque el club afirma que eran informes técnicos sobre los árbitros, la falta de documentación detallada ha aumentado las dudas sobre si buscaban un trato favorable.
Recientemente, ha habido presidentes de la RFEF con una relación cercana al Barcelona. Un ejemplo es Ángel María Villar (1988-2017), quien tuvo una excelente relación con la directiva culé y permitió que el club tuviera peso en decisiones clave.
Si bien los errores arbitrales afectan a todos los equipos, en los últimos años han existido numerosas decisiones polémicas en LaLiga que han beneficiado al Barcelona en momentos clave. Durante la era Messi, se observó una tendencia en la que el Barça recibía menos penaltis en contra y más a favor que otros grandes equipos. Además, expulsiones y tarjetas rojas eran menos frecuentes en su contra en comparación con el Real Madrid u otros clubes.
El Barcelona ha tenido una fuerte representación en el Comité Técnico de Árbitros (CTA) y en la Liga de Fútbol Profesional (LFP). Esto ha facilitado que sus intereses sean escuchados y, en algunos casos, que ciertas decisiones les favorezcan. Por ejemplo, en el pasado, hubo cambios de horarios y calendario que beneficiaron al club en momentos cruciales de la temporada.
Medios de comunicación han jugado un papel clave en presionar a los árbitros e instalar la narrativa de que el Barcelona es un equipo “perjudicado” por el arbitraje, lo que ha podido influir en las decisiones arbitrales. Al mismo tiempo, estos medios minimizan los errores a favor del Barça y magnifican los errores en su contra, creando una sensación de injusticia que podría condicionar a los colegiados.
En contraste, en competiciones europeas, donde los árbitros son designados por la UEFA y no están bajo la influencia de la RFEF, el club no ha tenido el mismo respaldo y ha sufrido derrotas humillantes.
PA: Sorprende lo bien que conoces el fútbol español. Leemos que el Barça de Flick prepara rotaciones, como si nos interesara, ¿algún pequeño chiste sobre las rotaciones que le permiten liderar la competición?
CH: Claro, aquí tienes un chiste sobre el tema:
—El Barça de Flick prepara rotaciones.
—¿De jugadores?
—No, de árbitros, para que nunca falte el penalti a favor.
PA: Jojojojo… muy bueno. Sorprende el avance de la Inteligencia Artificial, casi tanto como el retroceso de la humana.
Os deseamos que tengáis un buen día, especialmente a Florentino Pérez, quien hoy cumple 78 años. Una de las mayores leyendas de la historia del Real Madrid cuya inteligencia no es nada artificial.
Buenos días, amigos. La tradición del juego de palabras en los titulares de las portadas de los periódicos procede, si no nos equivocamos, de los tabloides británicos, que en general son lamentables, pero que en el arte concreto del juego de palabras (pun, lo llaman ellos) acostumbran a resultar bastante magistrales.
La tradición se importó a España, concretamente a nuestra prensa deportiva patria, con resultados manifiestamente mejorables.
En la primera plana con la que se descuelga hoy Mundo Deportivo hay un juego de palabras (o calambur, lo llamaba Quevedo) en la mejor (?) tradición de esta estirpe. Es un calambur francamente jodido por cuanto no hay quien lo entienda, pero por lo menos cuando te lo explican comprendes que es tan malo como anticipabas.
A raíz del meritorio triunfo de los de Flick en tierras portuguesas, donde vencieron al Benfica pese a jugar casi todo el partido con un hombre menos, y a raíz sobre todo del extraordinario partido de su portero polaco (no pun intended) Szczesny (pensamos que lo hemos escrito bien), el diario de Godó se marca un IMPRESIONANTEK, con las letras en tamaño creciente de izquierda a derecha para más impacto, por si no fuera todo suficientemente hortera.
Nosotros hemos tenido que preguntar por ahí, porque no teníamos ni idea de que a Szczesny (pensamos que lo hemos escrito bien) le llamaban Tek, lo que hace el juego e palabras, amén de lamentable, difícilmente inteligible salvo para el lector más especializado.
Parece también que Szczesny (pensamos que lo hemos escrito bien) tiene por nombre de pila Woijcech (disculpas si no lo hemos escrito bien), y que de dicho nombre de pila se deriva el diminutivo Tek, imaginamos que a través de la misma regla de tres por la que 8 millones de euros a la cúpula arbitral durante 17 años se derivan en una buena cosecha de títulos. Porque otra regla de tres, la verdad, no se nos ocurre.
El caso, en otro orden de cosas y en clave madridista, es que Bellingham vuelve después de sus respectivas sanciones en liga y Champions, y que la prensa capitalina se hace eco de la importancia de esta recuperación.
Fijaos en que Marca dice que Jude “vuelve para los dos derbis cruciales”, y lo cierto es que el comentario nos deja rascándonos la cabeza durante un rato, pensando cuál será el segundo derbi crucial al que se puedan referir. Al cabo de un rato, caemos en que este fin de semana ¡hay liga!, que el Madrid juega de local contra el Rayo y que, al tratarse de un equipo tan madrileño como Real o Atleti, el choque puede catalogarse dentro del epígrafe “derby”. Lo cierto es que es un partido más de la Mugrienta Liga Negreira, de la cual ya casi nos habíamos olvidado, y que está hecho un sándwich (no porn pun intended) entre los dos derbis europeos de estos dos últimos equipos.
Seamos sinceros: ¿a quién le importa un partido random de una competición débil y amañada en medio de dos choques del más alto voltaje competitivo? Dudamos, de hecho, aunque se libere de su sanción, que sea una buena idea alinear a Bellingham en este encuentro ante el cuadro rayista.
Nosotros propondríamos el siguiente once para recibir al Rayo.
Bajo los palos, Manolita Chen.
En defensa: Chendo, Liberace, José Luis Rodríguez el Puma y el segundo oboe de la Orquesta Sinfónica de Bratislava (hola, @laboreiro).
En el centro del campo: Pablo García, Bienvenida Pérez y Pepe el Ladrón (propietario de una legendaria tienda de ultramarinos en Santiago de la Ribera, Murcia).
En la delantera: Leroy (el de la serie Fama), Cuca Gamarra y Mbappé (tiene que entonarse).
Os dejamos con la portada de Sport, que tal vez alguien querrá ver. Sois veleidosos y tenéis estas cosas.
Pasad un día excelente.
Buenos días, amigos. Damos por hecho que alguna vez os habrá dolido una muela. Potencialmente es uno de los dolores más insufribles que pueden sobrevenirte en este mundo. En la obra maestra de Paul Schrader “Aflicción”, Nick Nolte se pasaba toda la película con un dolor de muelas brutal, y pocos minutos antes del clímax final se arrancaba la pieza dental en cuestión con unas tenazas y una botella de whisky, llorando delante de un espejo. Veías la escena y te dolía a ti.
Bien podía Schrader haber previsto en el guión una visita del protagonista a un odontólogo que le aliviara de sus males vía la realización de una endodoncia, pero convendremos que la cosa habría sido menos cinematográfica. La muela era la muela pero era una cosa simbólica también, como si extrayéndola a lo bestia exorcizara sus terribles traumas.
Otro a quien le han sacado una muela hace poco, asimismo, es Kylian Mbappé. Parece que fue la muela del juicio, y menos mal que no se enteraron los de Marca de que era concretamente esa, porque tal vez entonces se habría recrudecido la malísima leche y el incalificable piperismo que trae consigo esta primera plana. No habría faltado algún ramplón juego de palabras.
Sí, amigos. Aprovechando que el Sena pasa por Paris, o sea, que todo el mundo sabe que a Mbappé le han sacado una muela, los chicos de Gallardo se descuelgan con este titular, que tiene la gracia en el culo y el culo de vacaciones en alta mar. Lo decíamos al principio: una muela duele muchísimo, duele una animalada, y no nos parece que el madridismo esté viviendo como una agonía de ese tipo la presencia de Kylian Mbappé (28 goles hasta el momento) en su equipo, ni muchísimo menos. Es una exageración dramática de caracteres tan hiperbólicos que da la risa.
El madridismo puede estar preocupado, que seguramente lo esté, pero de ahí a decir que sufre a Mbappé como quien sufre un dolor de muelas hay un trecho muy considerable. El madridismo, simplemente, está mosqueado por el horroroso partido del francés en la ida ante el Atleti, partido en el que no le salió nada de nada.
Pero sabe también (el madridismo, se entiende) que hace ¡días! este mismo medio y casi todos los demás estaban rendidos al talento del delantero y cautivados por su triplete al City, que no es precisamente cualquier equipo. La temporada de Mbappé tiene claroscuros, pero el máximo goleador del equipo no puede ser nunca un “dolor de muelas” para los fieles seguidores blancos.
Kylian, no te preocupes. Estas portadas te las hacen estos señores porque son muy amigos de Al Khelaifi, persona que te quiere mal, y juegan con él al pádel todos los domingos y fiestas de guardar. De ahí su inquina, ¿sabes? Y todo lo bien que se llevan con el bueno de Nasser se convierte en animadversión cuando se trata de medir su relación con Florentino, que en cambio te quiere bien.
Lo que es un dolor de muelas, querido Kylian, es Marca, para ti y para todos los madridistas que no estén dispuestos a dar credibilidad a un medio entregado a Tebas cuya mayor ilusión, por tanto, es mantener al madridismo en un estado de permanente insatisfacción. Cabe recordar que el Madrid acaba de obtener un muy buen resultado en su partido de ida de Champions, y sin embargo Marca se concentra en lo negativo con un afán de hacer la puñeta digno sin duda de mejor causa, tal como si el Madrid hubiera palmado y hubiese que buscar en Mbappé un chivo expiatorio.
Pero no. Resulta que el Madrid ganó. Resulta que no hace falta buscar ningún chivo expiatorio, aunque la parroquia esté algo alarmada por el bajo rendimiento del astro en la ida de Champions contra el cholismo. Esperen por lo menos a que (no lo quiera Dios) nos eliminen en el Metropolitano para poder cumplir a rajatabla su sacrosanta vocación de dolor de muelas, ustedes sí que sí, señores de Marca. “Me cago en tuh muelah”, solía exclamar el mítico Chiquito de la Calzada. No sabemos por qué nos ha venido ahora la frase a la cabeza.
As, en cambio, se centra en lo positivo. Habiendo ganado el Madrid, no parece tan difícil, ¿o sí? Comenta el diario prisaico (que no prosaico, aunque muchas veces también) que el equipo demostró carburar mejor con Modric y Brahim, quienes “corren y deciden”. Aboga As por la titularidad de ambos y no nos parece ninguna mala idea, si bien para poder alinearlos en el Metropolitano habría que tomar alguna que otra decisión dolorosa. Solo pueden jugar once.
En todo caso, tanto el malagueño como el croata sonríen en la portada. No vemos sus muelas, pero sí sus dientes frontales. Ya lo decía la Pantoja: “Dientes, dientes, que es lo que les jode”.
La prensa cataculé dedica hoy toda suerte de elogios a sus héroes blaugranas, quienes con cierto mérito se sobrepusieron a la expulsión temprana de Cubarsí y se hicieron con la victoria ante el Benfica. “¡Jabatos!”, exclama Sport. ¿Jabatos? ¿De verdad? ¿Qué horterada es esa? El último “jabato” que conocimos nosotros, y eso que hemos visto de todo, protagonizó un cómic junto al gigante Taurus. Tiene más años que el sol ese tebeo, si bien es muy posible que por entonces el club catalán ya tuviera en nómina a Negreira, o a algún precursor de sus muchos méritos.
Y poco más que deciros, amigos. Solo recordaros que hay especialistas para aliviar cualquier eventual dolor de muelas. No vayáis a tirar por la tremenda como Nick Nolte, cuyo personaje en la película era sin duda lector asiduo de Marca, el drama queen de la prensa deportiva patria.
Pasad un buen día.
Me resisto a redactar un artículo como si me hubiera poseído el espíritu de Roberto Gómez, por mucho que durante mi reciente y demasiado corta estancia en Italia haya disfrutado de la excelencia de los restaurantes locales.
Los italianos son grandes maestros del marketing, siendo especialistas en la elaboración de envoltorios fastuosos para cosas normales o directamente peores que las realizadas por la competencia, y afectando a cosas tan dispares como los coches, el aceite de oliva o el vino. Eso sí, es país de artistas. Italia es estética, arte, desenvoltura, picaresca y fútbol, mucho fútbol.
Nápoles, ciudad con un indudable encanto canalla, directamente respira balompié, si bien canalizado por la veneración unánime que sienten por Maradona, una obsesión enfermiza que da un punto aún más pintoresco a una ciudad en extremo peculiar, en la que la Juventus, sobre la que recae una especial inquina según pude pulsar, es percibida como el equipo favorecido por los árbitros.
En la vieja Parténope, concretamente en su barrio Spaccanapoli, encontré una deliciosa mofa a los triunfos turineses consistente en colgar once camisetas de la Juve en las que los nombres de los jugadores eran reemplazados por los de árbitros italianos, destacando la delantera formada por Rocchi, Orsato y Rizzoli.
No puedo negar que me pareció una idea brillante, perfectamente exportable, esto sí, a España.
Encuentro como principal diferencia que la Juventus fue despojada de los títulos ganados en las temporadas en las que cometió delitos de corrupción, fue descendida a segunda división y penalizada con 30 puntos, mientras que, en España, un equipo paga durante 17 años 8,4 millones de euros al vicepresidente de los árbitros de manera comprobada y no ocurre nada. Déjennos al menos formar un once de eminencias arbitrales favorables al equipo en cuestión.
Su portero, el guardián de las esencias, debería ser Victoriano Sánchez Arminio, el que tomaba el aperitivo en un bar que, casualmente, era sede de la peña barcelonista de Santander. Por la derecha, tenemos incorporándose con alegría al ataque, Mejuto González, el de “Rafa, no me jodas”, mientras que, por la izquierda, el canario Hernández Hernández resulta un valor seguro a pesar de su juventud.
La dupla de centrales la forman Evaristo Puentes Leira, linier que anuló el gol de Milla en Tenerife en 1992 asistiendo a Celino Gracia Redondo, y que posteriormente fue árbitro titular de acreditada solvencia en cuanto al llamado “saldo arbitral” acuñado por Alfonso Godall.
El otro perfil de la zaga sería para el inefable Gil Manzano, central rapidísimo, sobre todo a la hora de decretar el final de los partidos.
El pivote estaría ocupado por Martínez Munuera, el hombre que pitó el penalti de Militão contra el Sevilla por interpretar intencionalidad en la mano del brasileño pese a estar de espaldas, y que acabó dando el campeonato al Atlético de Madrid.
El todocampista Munuera está acompañado en las labores de creación e inventiva por De Burgos Bengoetxea, hombre aseado y aplicado, de abrumadora regularidad que muy bien podría valerle el apodo de “el Metrónomo de Bilbao”. Tocó fondo en la Supercopa en la que expulsó a Cristiano Ronaldo por sufrir un penalti de, sorpresa, Mascherano, y desde entonces sólo ha sufrido recaídas.
El otro interior sería para Rodríguez Santiago, que a las acrisoladas virtudes que le adornan añade la tolerancia a la hora de ver legales los goles con la mano de maravillosos jugadores argentinos bajitos nacidos en Rosario, pero sólo Esos.
En la vanguardia, ríanse de cualquier terna histórica de atacantes. En un extremo estaría Iturralde González, rápido, histriónico, iracundo e infalible. Aunque retirado, el toque y el sesgo nunca se pierden, y continúa aún hoy sentando cátedra desde los micrófonos de la Cadena SER.
La otra banda sería jurisdicción de Medina Cantalejo, creo que sin su jersey de cuello de cisne, por mucho que más que un cisne parezca Lonesome George, y sin ese Rolex que le hace andar inclinado y que pondría en peligro la integridad de los rivales.
Por último, no se sabe si regatea, cobra un cheque o baila una muñeira, con el dorsal 10, Enríquez Negreira. No hay presentación posible que haga justicia a los méritos contraídos para la causa, cualquiera que sea, por don José María.
¿Acaso podría juntarse más talento en una escuadra? La respuesta es afirmativa, porque podríamos completar el banquillo con otros tantos y dejar a alguno más en la grada. Si nos abrimos al plano internacional, brillan con luz propia los De Bleeckere, Aytekin, Bussacca y, por supuesto, el más refulgente de todos, Tom Henning Øvrebø.
No quisiera cerrar este escrito sin mandar un abrazo enorme a mis amigos de Renato e Luisa, uno de los mejores restaurantes de Roma, donde nos trataron de maravilla…
¡Rápido, llamen a un exorcista!
Fografías: Nanook The Eskimo y Getty Images
Hace 123 años se tendió el mayor puente entre Cataluña y Madrid que haya conocido la historia. Dos catalanes, Juan y Carlos Padrós, unidos a antiguos miembros del Foot Ball Club Sky, decidieron fundar un club de fútbol sin llegar a concebir que estaban creando el mñas valioso embajador de la capital y del país.
Y hace apenas dos días, tanto el equipo como su afición demostraron por qué siguen concitando admiración y rencor, amor y odio, pasión y envidia. En su hábitat natural, la Copa de Europa, el destino y las bolitas le reservaron al Madrid una efeméride envenenada: el partido 500 en la competición sería frente al vecino, que además venía de favorito.
Con la frescura de una eliminatoria menos, un fondo de armario más nutrido y la confianza de los últimos resultados ligueros, un sector madridista contenía la respiración antes del partido del Bernabéu. Pero los genios viven de brillar en el rescate, y ahí estuvieron dos exquisitos folloneros del balón, Rodrygo y Brahim, para conseguir una renta —escasa, sí— para el partido de vuelta. Que sirva de toque de atención.
Pero decía que no sólo el equipo honró los valores del Madrid, sino que la afición demostró, una vez más, que la decencia no es una bandera, sino una forma de entender la vida. Así, cuando gran parte de la grada atlética decidió insultar la memoria de un fallecido por cáncer, Javier Dorado, con sus pitos y cánticos de “Madridistas, hijos de puta”, el Bernabéu decidió romper en aplausos. Hay ocasiones en las que la fiera no merece el látigo, sino el desprecio del elegante ejemplo. Como cabía esperar de los cabestros sostenidos por el club colchonero, no quedaron satisfechos y, tras la derrota, también tuvieron tiempo para mancillar la figura de Juanito.
No sólo el equipo honró los valores del Madrid, sino que la afición demostró, una vez más, que la decencia no es una bandera, sino una forma de entender la vida
El malagueño, despreciado en el Manzanares cuando comenzaba su carrera, será siempre una espina clavada para los atléticos, incapaces de soportar con decencia sus estrepitosos errores. Por eso vomitan su rabia cobarde ante quien creen que no puede defenderse. Pero sí lo hace. Porque Juan permanece en la camiseta blanca, en su estadio, en el corazón del madridismo. Y eso es lo que verdaderamente les duele.
Ahora sólo queda rematar en el Metropolitano y que la honra al aniversario del club sea completa, certificando una vez más quién manda en la capital.
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Durante la tarde de aquel martes barrunté la idea de que, si había un día para meterle mano al Madrid, era ese. Si Dios había marcado en su agenda una fecha para que el Atlético diera un puñetazo sobre la mesa en la Copa de Europa, era entonces. Si las venganzas de la Décima y la Undécima pudieran consumarse, si por asomo pudieran tan sólo olvidarse mínimamente, tendría que ser un martes sin Bellingham, sin Ceballos, sin Carvajal y sin Militao al comienzo de un frío y lluvioso mes de marzo.
Pero el Madrid ganó 2-1 y yo respiré tranquilo. Hoy no es ese día, dijo Brahim como también lo dice Aragorn frente a las Puertas Negras, y decidió responder al Cholo con el lenguaje de la verdad: aquel en el que sólo intervienen un jugador estratosférico y un balón. Habla ahora, le dijo también Brahim a Simeone. Se dijeron muchas cosas bonitas, anoche.

Demostró Brahim que el verdadero lujo no está en comprarse un bolso de Hermès desgastado para hacer ver que te importa poco gastar miles de euros en una pieza que cuelga del brazo o, en el mejor de los casos, del hombro. El verdadero lujo es poder elegir y de él goza Carlo Ancelotti: entre Modric y el travieso mediapunta (Jabois dixit), se decidió por el segundo, en contra de lo que pensó, manifestó y creyó intuir Diego Pablo Simeone en la previa.

La demostración de que el lujo reside en contar con un buen abanico de opciones cayó también bajo Fede Valverde, tras un nuevo constatar de que estamos ante un jugador capaz de marcar una época. Su versatilidad desafía las etiquetas. Concebido como mediocampista, el uruguayo aceptó el reto de colmar el vacío dejado por la lesión de Carvajal y la discontinuidad de Lucas Vázquez. Como Michael Corleone, parece decidido a ir más allá de cumplir su cometido; este Valverde audaz y poderoso está empeñado en ser él quien conceda los favores, en ostentar el anillo que debe ser besado.
Gozar de la posibilidad de usar jugadores que se reinventan casi a voluntad es un lujo incomparable que debería hacernos reflexionar sobre la belleza de la adaptabilidad. Esta debe de ser la verdadera resiliencia y no ese concepto ultraliberal con el que los ciudadanos creemos imbuirnos cuando vienen mal dadas o no queremos pasarnos de sindicalistas.

Valverde anda demostrando que el lujo real no radica en lo material, sino en tener la capacidad, quizá económica, de tomar elecciones basadas en el placer y no en la necesidad. Podríamos pensar que si el uruguayo juega de lateral derecho es porque era la mejor opción dadas las circunstancias, pero no olvidemos que prescindir de un centrocampista puede ser, a la larga, más problemático que cojear de un lateral. Así las cosas, recordemos también que Lucas Vázquez estaba disponible.
Carletto, sin embargo, optó por el lujo. Partió más la alineación, casi se descolgó con un 4-2-4. Si total ya, qué más da, si total ya, hay dos que no bajan, si total ya, hay dos que no corren para atrás. El lujo fue prescindir de Valverde en el centro, para esa misión eligió a Tchouameni y a Camavinga, apoyados a veces por los voluntariosos Brahim y Rodrygo. El lujo fue elegir a Valverde para el lateral en vez del centro para usarlo de quitanieves en su carril. Otra vez, un lujo digno de ser celebrado en la grada y en cada crónica y en cada columna. Un lujo verdadero, puro placer enmascarado de necesidad.
En la primera temporada de Yellowstone, John Dutton dice que, si alguien tuviera todo el dinero del mundo, compraría esto. Con esto se refiere a su rancho y con su rancho, a la posibilidad de elegir vivir rodeado de robles, de caballos, de montañas, de nubes esponjosas, de cielos azules que a veces se tornan en naranja, de aire fresco, de silencio, de libertad. Se anticipó el personaje encarnado por Kevin Costner a todo el madridismo y al germinar de un nuevo lateral de época: igual que el lujo no está en vivir en el campo, sino en poder decidirlo, el verdadero lujo no residía en firmar a Mbappé sino en tener a Valverde y no usarlo de mediocentro si no era necesario.
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Hoy, 5 de marzo de 2025, se cumplen doce años de uno de esos momentos que los madridistas guardamos en el mismo lugar de la memoria que las mañanas de Reyes de nuestra infancia: el gol de Luka Modric al Manchester United en Old Trafford. Lo presenciamos el 5 de marzo de 2013, pero en realidad ese gol ya existía, y existirá para siempre, porque es eterno.
El Real Madrid se jugaba la vida en los octavos de final de la Champions League frente al gigante inglés. El partido estaba trabado, el ambiente era hostil y el equipo blanco parecía tambalearse. Hasta que Luka, ese pequeño croata con la voz del mayordomo de Drácula —como dice Mario de las Heras— decidió que el fútbol no entiende de imposibles. Recibió el balón a unos 25 metros, lo acomodó con un toque sutil y, sin pensarlo dos veces, desató un derechazo que astilló el palo izquierdo de David de Gea y se coló hasta el lateral de la red del lado opuesto de la portería. Golazo. Éxtasis. Historia.
⚪️ Luka Modrić #OTD in _______⚽️#UCL | #OnThisDay | @realmadriden pic.twitter.com/Tm2c6VbHGH
— UEFA Champions League (@ChampionsLeague) March 5, 2020
Doce años después, todavía se nos pone la piel de gallina al escuchar el estruendo del poste al recibir el obús de Lukita. Aquel disparo sigue resonando en la memoria colectiva del madridismo como el símbolo de lo que Luka Modric ha sido desde que llegó al Real Madrid en el verano de 2012: una botella de agua en el desierto, un superdotado del fútbol, un hombre que transforma lo complicado en sencillo con una naturalidad insultante.
Ese 5 de marzo de 2013 no solo marcó el pase a cuartos de Champions; también fue el instante en que Modric empezó a ganarse el corazón de una afición que, al principio, lo miraba con cierto recelo. Venía del Tottenham y algunos dudaban de su capacidad para liderar la medular de un equipo como el Madrid. Entre quienes más dudaban, abundaban los expertos —de todo pelaje o ausencia de él— del fútbol, que como todo el mundo sabe son los que menos saben de este deporte tan instintivo.
Lo presenciamos el 5 de marzo de 2013, pero en realidad ese gol ya existía, y existirá para siempre, porque es eterno
Desde entonces, Luka ha tejido una carrera legendaria en el Real Madrid. Seis Champions League, seis Mundiales de Clubes, cinco Supercopas de Europa, cuatro Ligas, dos Copas del Rey… Los números son apabullantes, y aunque se trata del jugador más laureado del club más laureado de la historia, Modric es mucho más que estadísticas. Es elegancia, es inteligencia, es sacrificio. Es el futbolista que corre como un juvenil a los 39 años, que lee el partido como si tuviera Google Maps instalado en el bulbo raquídeo, que convierte pases en obras de arte. Si el fútbol es un lenguaje, Luka es su gramática.
«El gol de Modric en Old Trafford», como se le conoce habitualmente, no fue casualidad. Fue la culminación de todo lo que Modric traía en su maleta cuando aterrizó en Madrid: visión periférica, técnica depurada y una capacidad innata para aparecer cuando más se le necesita. En aquel partido, Mourinho lo sacó del banquillo en el minuto 59, y en apenas un momento ya había cambiado el rumbo del encuentro (hay cosas que nunca cambian, sirva como ejemplo el partido de anoche contra el Atleti). El 1-1 de Luka allanó el camino para que Cristiano sentenciara poco después. Fue una lección de lo que significa ser decisivo sin estridencias. Modric no grita; Modric actúa.
Y así ha sido durante más de una década en el Real Madrid. Cuando Özil se fue, muchos temieron un vacío en la creación. Luka lo llenó con creces. Cuando Xabi Alonso dejó el timón, Modric asumió el mando junto a Kroos y Casemiro, formando un tridente histórico que dominó Europa. Cuando el equipo se ahoga en transiciones rápidas, ahí está él para poner pausa, para bajar pulsaciones, para recordarnos que el fútbol también es cabeza. Cuando el equipo se duerme en la inacción, ahí está él para acelerar el ritmo, para inyectar adrenalina como Travolta en Pulp Fiction, para recordarnos que el fútbol también es corazón.
Hoy, con casi 40 años, sigue siendo un pilar insustituible en un Madrid rejuvenecido con jóvenes estrellas de talento descomunal. Eterno, incansable, inmortal.
Si el fútbol es un lenguaje, Luka es su gramática
Más allá de su talento, a Modric lo define su humildad. Nunca busca titulares ni reclama protagonismo. Hace lo que tiene que hacer porque sí, porque esta convencido de que es lo mejor y lo necesario, porque es su maldita obligación. Su grandeza está en los pequeños detalles, que son lo más importante de la vida: un giro imposible para zafarse de la presión, un pase al hueco con el exterior que nadie más ve, una recuperación en el minuto 90 que evita un contragolpe, un córner perfecto en el 93. Es el antihéroe perfecto en un deporte lleno de egos desmedidos. Y no es un héroe porque es un dios. Un dios que de vez en cuando baja del Olimpo para cosas mundanas como arrebatar un Balón de Oro de los pies a Cristiano y a Messi.
Doce años después de aquel gol en Old Trafford, Luka Modric sigue siendo el alma del Real Madrid. Su contrato termina en junio, y aunque el tiempo no perdona ni a los genios, cuesta imaginar el césped del Bernabéu sin su figura menuda llenándolo por completo. Luka no es solo un futbolista; es un símbolo de lo que este club representa: resiliencia, excelencia, magia. Aquel derechazo en Manchester fue el primer capítulo de una historia interminable. Modric para seguir soñando con que lo imposible, como aquel 5 de marzo de 2013, vuelva a ser posible.
Gracias, Luka.
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