El domingo por la noche, Vinícius salió al campo en Oviedo y en apenas media hora dio un pase y metió un gol. Hizo unos gestos de autoafirmación, que por supuesto no los ha inventado él: en la historia del fútbol sobran los ejemplos de jugadores que se señalan a sí mismos tras marcar un gol. Da lo mismo porque ese no es el cuento. Nunca lo fue.
En Vinícius se está repitiendo lo que pasaba con Cristiano Ronaldo. Es la estrella del Madrid y presume de ello. Eso España no lo perdona. La España ruin de las hormiguitas sólo tolera a los modosos en apariencia.
Vinícius s la estrella del Madrid y presume de ello. Eso España no lo perdona. La España ruin de las hormiguitas sólo tolera a los modosos en apariencia
Es la misma historia de Messi, Iniesta, Xavi o Casillas. Quizá sea la reminiscencia del peso del sacramento de la absolución en la conciencia colectiva, quizá sea la proyección contemporánea del niño, no destaques, santo y seña del franquismo sociológico. El caso es que aquí no gusta que uno tenga su propia fe: la exhibición sin complejos de la propia fuerza, de un cuerpo apolíneo y de una naturaleza desmesurada, causa inmediatamente la condena pública.
Como España es un país de cobardes, que como pueblo no levanta la testuz ni ante las humillaciones más flagrantes, parece que compensara sintiéndose agraviada por un joven brasileño que es consciente de su suerte y se muestra sin escrúpulos tal y como es. Vinícius es una estrella y se conduce como tal. Eso es inaceptable para Fulanito Fulanítez, quien desde el sofá de su casa siente como una ofensa en carne viva la constatación de que en el mundo hay individuos con orgullo que aún se defienden.
Escribía Miguel Hernández en un poema inmortal que España era una raza que no soportaba ni yugos ni trabas: jamás medraron los bueyes en los páramos de España, dijo el malhadado poeta, sin saber que sus versos, hoy, en 2025, no significarían nada. Vinícius es más español que cualquiera. Ante el escupitajo y el insulto es dinamita propagada y, como los toros, cuando muere, lo hace de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
España quiere monaguillos como ídolos aunque luego se sepa que son gente zafia, como Lamine; mezquina, como Messi; o mamarracha, como Piqué. Lo que importa no es la verdad sino su apariencia. Vinícius es Aníbal cruzando los Alpes en elefante: cuando está bien es el mejor, y cuando está mal, un loco arrojándose a un volcán. Demasiada verdad para una sociedad tan acostumbrada a la mentira. Demasiado Real Madrid para un país donde la existencia de este club resulta un auténtico milagro.
Vinícius es Aníbal cruzando los Alpes en elefante: cuando está bien es el mejor y cuando está mal, un loco arrojándose a un volcán. Demasiada verdad para una sociedad tan acostumbrada a la mentira
A todo esto, el que aún censure a Vinícius, como madridista, o es tonto o no sabe ni por dónde le sopla el viento. Es lo mismo que cuando Mourinho pero repetido como parodia. Un millón de moscas criticando al águila: Vinícius y el Madrid pertenecen a una especie muy distinta y el entendimiento, aquí, es imposible. Da igual Oviedo que Valencia, Mallorca que Sevilla, Villarreal que Salamanca: es una guerra donde sólo cabe el aplastamiento. La historia del Madrid prueba que cuando no gana usando su corona de martillo, el único perdón que encuentra es el de la condescendencia. Y ese es el ambiente ideal del Atlético de Madrid, pero el Real siempre ha sido otra cosa. Debe ser otra cosa.
Los españolitos quieren que Vinícius pida perdón y se comporte, es decir, que viva como todo el mundo, como si un tigre pudiera hacerse a comer acelgas o el sol tuviera que salir por el oeste. Pero Vinícius es el Madrid y el Madrid fue concebido para ganar a toda costa; existe sólo por la posibilidad de la victoria, y firmar una tregua, o sea, un empate, es la mayor traición posible a sí mismo.
Lo de Vinícius y España es algo muy cultural pero es lo mismo que con Cristiano. Él era el mejor, era guapo y era rico y con toda lógica no tuvo ningún problema en decirlo. Pero en España sólo el que va de víctima puede decir lo que se le antoje. El Madrid es la proyección del mal para las mentes enfermas, El Poder Absoluto y, por lo tanto, de partida, es el malo. Nunca tendrá la razón y sus mejores futbolistas, es decir, los más peligrosos para los contrarios, son su materialización humana. Vinícius no debe pedir perdón. Si yo pudiera decirle algo sería que celebrara con más ganas. Que no parara de bailar y que, como la Pantoja, enseñe los dientes cada vez que celebre un gol. Porque eso, eso es lo que les jode.
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Vosotros no habíais nacido, pero hace muchos años, en vísperas de uno de aquellos mal llamados clásicos en la Ciudad Condal, Florentino Pérez y Sandro Rosell atendieron a la prensa conjuntamente. Un periodista local aprovechó su turno de palabra para hacer la siguiente pregunta al Presidente del Real Madrid. Hace como digo mucho tiempo, pero voy a parafrasear las palabras del reportero.
—Señor Pérez, el autobús de su equipo ha sido apedreado a su llegada al hotel. ¿Qué cree usted que la entidad que representa hace mal para merecer estos recibimientos?
Ahí, en realidad, estaba ya todo. El Real Madrid no solo no debe quejarse de ser agredido, sino que es responsable de ofrecer explicación a dichas agresiones. El tema de debate no es el apedreamiento, sino qué acto concreto o segmento de la nefanda historia blanca lo legitima esta vez. Porque se parte de la base de que dicha historia es negra y el apedreamiento está legitimado. Da igual si las piedras son literales o verbales, y es indiferente si llueven sobre el autobús, sobre la Quinta del Buitre en Pamplona, sobre Mourinho por ir a ver jugar a su hijo, sobre Bale por gustarle el golf o sobre Vinícius por no ser un negrito bueno que se deja fostiar sobre el césped y llamar mono desde la grada sin rechistar.
Vini es solo el último eslabón de la cadena de oprobio. Le denigran en los estudios de televisión y radio, le dedican cánticos xenófobos por esos campos de Dios, le expulsan después de prometerle falsamente que le van a proteger de dichos cánticos (hola, Richi), y se asume que la culpa es suya. La culpa es suya, debe reconocerlo, debe explicar por qué le pasa eso (como Florentino con el apedreamiento del bus) y debe poner los medios para que no vuelva a pasarle.
El Real Madrid no solo no debe quejarse de ser agredido, sino que es responsable de ofrecer explicación a dichas agresiones
¿Y cuáles son esos medios? Los que le recomienden los medios, valga el juego de palabras. En las tertulias patrocinadas por Tebas hay un montón de señores del Atleti (o similar) en los que reside la sabiduría. Ellos indicarán precisa y exactamente a qué altura de la rodilla debe caer la minifalda para que no se produzca la violación.
Decimos que son tertulias patrocinadas por Tebas y decimos bien. En la mente del presidente de la liga, siempre en impulsiva ebullición, se juntan hambre y ganas de comer. Por un lado, vive para perjudicar al equipo del que dice ser hincha y de cuyo máximo mandatario es mayor odiador. Por otro, aborrece al propio Vini desde que este se quejó públicamente de la nula protección de la liga ante los ataques xenófobos que sufría ya por entonces. Tebas respondió a esas quejas con la vehemencia acostumbrada, regañando a la víctima de manera también pública. No ha olvidado que uno de los deportistas más afamados del planeta, comprometido en la lucha contra el racismo, le señalara como parte del problema y no de la solución. Es rencoroso, y a la menor ocasión azuza a sus medios afines (es decir, la inmensa mayoría) para que resuciten la polémica de Vini como si realmente fuese la polémica de Vini, como si Vini tuviera que hacerse cargo de los gritos guturales en el gentío, como si tuviera que explicarlos mientras se flagela por no se sabe qué culpas, como si correspondiera a él el ponerles remedio. Tebas azuza a los medios y los medios azuzan a las masas. Es un plan sin fisuras.
No. No es la polémica de Vini. Es el eterno pecado nacional de la envidia plasmado en el rencor al mejor, que es el Madrid, y es ese rencor plasmado a su vez en el acoso preciso, concreto y pestilente a uno de los pocos elegidos que deberían ser tratados como los auténticos reyes del negocio.
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Buenos días, amigos. Hoy comenzamos con la portada del diario Marca, donde aparece Mbappé tapándole la boca a Vinícius y el titular: «Con Xabi se habla en el campo».
Parece querer decir que Vinícius habla fuera y no dentro del campo, por eso durante el tiempo que jugó fabricó un gol y dio otro. Suceda lo que suceda, la hoja parroquial de Tebas transmite al lector algo negativo relativo al Real Madrid.
Sin embargo, Marca nunca se hace eco de nada peyorativo de la Mugrienta Liga Negriera, ni siquiera los sonidos racistas proferidos de parte de la afición del Oviedo hacia Kylian o Vini. Tampoco la botella arrojada al césped tras el gol del brasileño. Solo se permite denunciar hechos reprobables cuando la víctima no guarda relación con el club de Concha Espina.
Tampoco se tiene en cuenta a la hora de analizar los motivos de la suplencia del 7 que el Madrid se encuentre en pretemporada. Ni siquiera se comenta que hubo más teóricos titulares que tampoco comenzaron de inicio en el Tartiere.
El tratamiento de los medios a Vinícius es nauseabundo en todos sus términos, pero el referido al racismo hiede. Dazn pone en liza un arsenal de cámaras y micrófonos capaces de captar cualquier gesto del brasileño que pueda ser malinterpretado o cualquier cántico ofensivo que le dedique la afición rival. Cánticos luego reproducidos en directo por individuos como Quirante. Pero, milagrosamente, toda esa tecnología no es capaz de recoger las ofensas racistas. E individuos como Quirante tampoco son capaces de contarlos.
De este modo, se crea el relato contra el jugador, la acefalía reinante en España lo asimila y las pruebas —casualmente siempre salen a luz después de las retransmisiones— que demuestran este acoso ya no sirven para revertir el estado de opinión creado por quienes quieren crearlo, que son los mismos que gestionan el dinero.
Por eso Marca no tiene problema alguno en contribuir al agravamiento del clima racista. Contra Vinícius, claro, porque si esta lacra afecta a alguien ajeno al Madrid le dedican la portada entera a denunciar el hecho (haya o no pruebas). Cuando afecta a Vini la culpa es suya.
🔥"Lo que pasó en el Tartiere es problema de Vinicius, estas situaciones sólo le pasan a él" https://t.co/wsNzDx1Mhh
— Radio MARCA (@RadioMARCA) August 26, 2025
As dedica su portada a Rodrygo, afirma con rotundidad que se queda en el Madrid y disputará la banda izquierda a Vinícius. Para la prensa todo es tajante hasta que sucede lo contrario y actúan como si nunca hubiesen defendido otra tesis. Nosotros no os vamos a asegurar lo que va a suceder, entre otros motivos porque no lo sabe nadie.
Solo hay un asunto en el que es posible mojarse sin riesgo de errar: el FC Barcelona siempre será tratado con cariño por organismos, estamentos e instituciones ligadas al fútbol para conseguir sus objetivos, con independencia de la legalidad vigente. Porque el Barça es el enchufado de los jefes.
Con Flick no se habla en el campo, Hansi no «educa» a sus jugadores con suplencias, porque el entrenador del Barça realiza cambios de alineación para tenerlos a todos enchufados. Su método es «gestionar esfuerzos en una campaña larga y estimular la competencia». «Flick ya ha alineado a sus 19 jugadores de campo en un Barça más coral y sin rezagados». Dicho así suena más bonito. De hecho puede leerse con la voz del NO-DO y queda estupendamente.
El trato dispensado por la prensa de su provincia al Barça no es comparable al que padece el Madrid en la prensa de la suya. Porque la sede social del diario no es lo capital, sino precisamente el capital, y si el origen del parné proviene de lugares con los mismos intereses, la línea editorial es la misma.
El protagonista para Sport es el Camp Nou. Dice que el Barça apura para obtener cuanto antes el certificado de final de obra y contar con luz verde del ayuntamiento. Es decir, el club de Laporta no se apresura por concluir las obras, sino para obtener el certificado. Del mismo modo que no intenta cumplir el Fair Play, sino conseguir el OK de Tebas. Puro ADN Barça. Es su manera de proceder.
Si el Barça fuese un alumno, no estudiaría para aprobar, sino que pasaría la víspera del examen de fiesta en Luz de Gas y después se valdría de su «diplomacia» para conseguir que el profesor falseara las notas.
Pasad un buen día.
De niño fui un delantero extraordinario, siempre que no le preguntes a mis compañeros de clase. Mi ingente capacidad goleadora dependía de un hecho ajeno al fútbol, pero no a la psicología de masas: jugar siempre con los mejores, algo que lograba con habilidad en cada partido en el recreo en el transcurso de las negociaciones previas. Hay quien desestima los éxitos obtenidos en esos breves partidos de patio de colegio, en beneficio del prestigio de las grandes competiciones juveniles oficiales. Craso error. El fútbol de verdad estaba ahí y de eso no me mueve ni —Ricardo— de Burgos Bengoetxea.
Aquellos eran partidos improvisados de 20 o 25 minutos. En ocasiones jugábamos en divertido desequilibrio, quince contra doce, y juro que he participado también en encuentros de una clase contra otra en los que competíamos 80 niños divididos en dos equipos en un campo de fútbol sala, y todos vestidos igual. El principal riesgo de estas competiciones no era marcar goles, o incluso evitar darle el balón a un rival, sino lograr terminar el partido sin haber impactado con la cabeza contra el cráneo de cualquier otro futbolista, fuera del equipo que fuera, y terminar ambos en las camillas de la enfermería viendo pajaritos piando en círculo.
La asignatura de la recuperación del balón la hemos superado con sobresaliente. Y, sin embargo, a los nuestros les sigue costando la genialidad individual al borde del área rival. Y que salga bien, claro
La inmediatez y la prisa lo cambian todo. En ese fútbol de emergencia no sirve de nada la posesión. El mejor Barcelona de la historia habría perdido todos los partidos contra nosotros entonces. Lo único que allí servía de algo era marcar más goles que el rival y hacerlo lo bastante rápido como para que la sirena del final del recreo no te dejara fuera de juego. La consecuencia era un fútbol netamente ofensivo, repleto de individualidades.
Me acordé de esta historia en los dos últimos partidos del Real Madrid. El sistema ha cambiado. Los nuestros juegan juntitos, no pierden el balón y, en caso de que ocurra, el esfuerzo defensivo se redobla en todas las líneas para recuperarlo cuanto antes. Felicísimo cambio que muchos hemos venido pidiendo jornada tras jornada durante la pasada campaña. El Madrid perdía balones arriba con extraordinaria habilidad y la mitad de la plantilla se sentaba a esperar que alguno de los defensas obrara el milagro de recuperarlo. El fútbol de hoy requiere otras maneras.
En cierto modo, el fútbol de ahora se parece mucho a mis partidos de escuela. La proximidad de líneas es inevitable cuando juegas en un campo de fútbol sala con equipos que duplican o hasta cuatriplican el número reglamentario de jugadores establecido en esta disciplina. Es más fácil ejercer presión en grupo cuando al contrario no le queda sitio, literalmente, para jugar, salvo enfrentándose cara a cara con los otros.
La asignatura de la recuperación del balón la hemos superado con sobresaliente. Con todo, sigue habiendo un problema cuando los equipos se instalan en bloque en su área. La posesión infinita, no arriesgar el balón, y recuperarlo rápido son útiles, pero no son cosas definitivas. El primer partido de liga del Real Madrid fue eficaz, pero durmió a las ovejas. Contra el Oviedo pudimos ver otras cosas.
Y, sin embargo, a los nuestros les sigue costando la genialidad individual al borde del área rival. Y que salga bien, claro. Franco, con felicísimo desparpajo, lo intentó cien veces, y la mayoría no salieron; entre otras razones porque, al pisar área ovetense, los jugadores contrarios tenían orden de aplacarlo de tres en tres, aprovechando que De Burgos estaba De Cañas. Rodrygo y Vini lograron llegar más lejos en esas tentativas individuales. Y alguien debería explicarme por qué Brahim ha dejado de arriesgarse al uno contra uno esta temporada; hoy es mucho más eficaz como jugador de equipo, sí, pero hemos perdido, confío en que momentáneamente, uno de los metales escasos del fútbol moderno: el talento de la individualidad. Quiero suponer que no lo intenta porque no se ve con la condición física o moral necesaria para salir con éxito del lance, pero haría bien el Madrid en llevarlo al taller cuanto antes, porque sospecho que, titular o suplente, volverá a ser determinante esta temporada, si vuelve a su mejor versión.
La viveza de Mbappé, que ha empezado el curso con el motor engrasado, y el recurso a Gonzalo nos dan esperanzas sobre cómo el entrenador logrará dar mayor dinamismo a nuestro esquema en el campo para afrontar la actitud ultradefensiva de gran parte de nuestros rivales más coñazo, futbolísticamente hablando. Y ya sé que nos falta aún por ver cómo se comportarán los nuestros con equipos de más categoría que nos jueguen de tú a tú, como dicen los comentaristas ahora, como si hubiera equipos que nos jugaran de tú a otro.
Una de las razones para ilusionarse con el equipo este año es que pocas veces se ve con tanta claridad la influencia de un nuevo modelo de juego y de un nuevo entrenador. Cada cosa en que pone el acento durante la semana se plasma en el campo, siendo la presión de los delanteros una de las más evidentes. Yo ahora estoy deseando que ponga el acento en las maneras de romper el muro cuando un rival se encierre en su propia área; sin contar solo con los zapatazos desde donde De Burgos perdió el silbato.
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Buenos días, amigos. Como madridistas que sois, y gente aplicada que hace sus deberes, todos sabéis que anoche el Real Madrid dio buena cuenta del Oviedo en su primera visita al feudo carbayón en 23 años. Fue un gusto volver allí, reencontrarse con un rival muy querido y (por qué no decirlo) endosarle un rotundo 0-3 que, tanto por el marcador como por las sensaciones, permite soñar.
“En modo killer”, titula Marca, y aunque la foto de portada nos hace intuir que se refiere a Mbappé, autor de un doblete esplendoroso, lo cierto es que es todo el equipo el que se encuentra en ese modo, a pesar de que el Sr. Tebas nos haya dejado sin pretemporada y los de Xabi anden con las fuerzas justas.
Fuerzas que el propio Xabi se encarga de recargar a base de rotaciones (el once inicial nos dejó cuatro cambios en comparación con el que vimos frente a Osasuna) y a base de cambios tempraneros (a la hora salieron Vinícius y Brahim y ambos, sobre todo el primero, inyectaron nuevos bríos a su escuadra). Sobre todos estos pormenores podéis leer la galáctica crónica de Genaro Desailly, así como las calificaciones del amigo Panga.
Si Vinícius pudo ser decisivo saliendo desde el banquillo fue, obviamente, porque había comenzado el encuentro sentado en él. Como es costumbre, se ha buscado maximizar la polémica, si bien Xabi explicó el asunto con tranquilidad pasmosa en rueda de prensa: cuenta con muchos efectivos y desea que todos se sientan protagonistas. La portada de Marca explica en letra pequeña el gran impacto del brasileño en el resultado final (robo de balón, que desmiente su injusta fama de holgazán defensivo) con asistencia a Mbappé, así como gol propio cerrando el electrónico.
Así como cuenta lo bueno, Marca no se desmarca y refiere también lo malo (la tarjeta amarilla por un presunto fingimiento que no vimos repetido en condiciones). No es normal que en portada se mencionen las tarjetas a los jugadores, pero hombre, ¿cómo va Marca a desaprovechar la oportunidad de abundar en la imagen de un Vini conflictivo? ¿Cómo va a desaprovechar el inefable reportero Sergio Quirante la ocasión de verbalizar para la audiencia los insultos que está recibiendo el brasileño? ¿Cómo no va DAZN a poner de relieve el pequeño rifirrafe del delantero con la grada (condenable por ambas partes), mientras todos los medios tradicionales ignoran, por ejemplo, los vergonzosos tocamientos de genitales del muy arrogante y maleducado Lamine Yamal? Nunca es el qué. Siempre en el quién.
El caso es que hay razones para soñar. Seguimos sin encajar gol, Courtois apareció cuando fue requerido (qué mano con el 0-2), Carvajal jugó 85 minutos a gran nivel, Güler volvió a sacar el tarro de las esencias y Mastantuono… Mastantuono nos tiene obnubilados. Qué personalidad, qué manera de comerse el campo, de pedir el balón a los compañeros, de rebañárselo al rival, de regatear, de fintar, de soltar porritas, de moverse por todo el campo. Es un absoluto sinvergüenza en el mejor sentido de la palabra. Es un gamberro serio. Es un genio en ciernes, y es nuestro.
Y luego está lo de Tchouaméni, que se antoja la piedra filosofal de Xabi. Es un centrocampista, es un defensa, es la peor pesadilla del rival. Es una presencia. Modera, reparte, juega, templa, roba (sensacional en el primer tanto), se impone y remata. Futbolista descomunal, diga lo que diga el piperío.
Y luego, claro, está lo de Kylian.
“Simplemente Mbappé”, titula As. No nos parece mal. El francés está en un momento realmente dulce, no solo en el apartado anotador, sino en su aportación general al juego. Se le ve en una línea que recuerda al Mbappé que fascinó al planeta en el PSG, o incluso en el Mónaco. Es como si se hubiese quitado años (amén de kilos) de encima. Su desborde, sus fintas y su cualidad letal le permiten aspirar no solo a meter al menos tantos goles como el año pasado, sino a que alguno de ellos tenga lugar en la final de Budapest.
Hablando de letal, no sabemos qué perra han agarrado hoy en el nordeste peninsular con la palabreja. A ver, señores, lo que es letal de toda letalidad es que ustedes se compraran el sistema arbitral durante un mínimo de 17 años y que no se haya hecho justicia en modo alguno, ni se haya purgado dicho sistema hasta donde debiera.
Mientras La Galerna siga existiendo, ese tema no morirá.
Pasad un buen día.
Las comparaciones son inevitables. Fíjense en los toros: Morante y Roca Rey. Es así en casi todo, oigan. Y me parece bien. Da carrete, entretiene hablar de los buenos.
Y sí, el 10 del Madrid no es el 10 del Barça, de Mataró —ahora de Sarriá— y de España. Sí, en Sarriá sólo debería vivir Tamudo y su presencia en el barrio es otro ejemplo de desprecio al mérito, la memoria, los pioneros y las tradiciones. En fin.
Eso. Que Kylian no es Lamine, ni siquiera Gavi, si me apuran. Pero arriesgo y me atrevo a escribir que tiene cosas y le van la mar de bien a este Madrid que está en plena inmersión de la nueva Ilustración: el Alonsismo Ilustrado. Quizá, y apelando a Griezmann, con el tiempo podrá comer en la mesa de esas figuras.
Lo más resultón en Kylian es que mete goles. Los más avispados pensamos que hace más cosas, pero bueno. Hay costumbres en el Madrid que se repiten desde Casillas y Ronaldo I. Ninguno fue como Lamine y/o Gavi y tampoco lo pretendieron. Pero como Kylian valieron para rotos y descosidos. Buen ejemplo es Cristiano, Ronaldo II.
Y entre una cosa y otra ganaron algunas Copas de Europa. Y sin jugar a nada ninguno, lo que tiene mucho mérito. Ni ellos ni compañeros como Benzema, Bale, Ramos, Modric, Carvajal, Kroos, Casemiro, Marcelo… Gente honesta, pero poco dotada. Ahora estamos en Courtois y Kylian, el que para y el que enchufa: muy bien.
Lo más resultón en Kylian es que mete goles. Los más avispados pensamos que hace más cosas, pero bueno
El hombre hizo otros dos goles en el Tartiere. El que abrió el marcador y el que aseguró el triunfo. Que como el día de Osasuna iba a costar y costó. Este un pelo más porque tras encajar el primero, el entrenador rival decidió que de perdidos al río, quitó defensas y buscó lo que no hicieron los navarros, achuchar las pocas piernas del Madrid. El equipo pone 22 sobre el campo, pero a medida que pasan los minutos el número va menguando. De 22 pasan a 20, 15, 10…
Y llegan los cambios buscando aire que para eso están. El problema es que la cabeza es como aquello otro y tampoco tiene enmienda. Y el partido se te hace largo y más si no lo tienes dos goles a favor por lo menos. Esta vez uno de los cambios fue Vinícius, que no fue titular, para que saliera Rodrygo.
Que es un magnífico jugador en mal momento futbolístico y, por tanto, de ánimos y de todo. Celebré verlo en el titular. No sé qué será de él, si el 1 de septiembre estará o no en el Madrid. Pero fue bueno que su entrenador le permitiera demostrar.
No estuvo brillante, es imposible, pero sí participativo, voluntarioso, dejó un par de chispazos del jugador que vimos, tan importante, tan campeón.
Rodrygo es jugador para el Madrid. Son muchos los que parecieron descartados y acabaron siendo vitales, siempre recordaré a Amavisca. Pero sí, claro: hay otros futbolistas que también son buenísimos y no juegan en el Madrid. Lamine y Gavi, por supuesto. Ya nos contarán.
El caso es que cuando salió Vinícius hizo un gol, dio otro y vio la correspondiente tarjeta. No hay partido del Madrid completo sin la amarilla a Vinícius. Admito el debate sobre Rodrygo, que resumo en cuatro palabras: el fútbol es así. Pero no tolero una duda sobre su paisano. Vinícius, como Mbappé, tampoco es Lamine ni Gavi. Pero hace cosas. Tengan ustedes un feliz lunes.
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Courtois: BIEN. Tuvo que intervenir para interceptar un balón profundo nada más comenzar. Después, poco trabajo... hasta que realizó un paradón en el 89.
Carvajal: APROBADO. Sigue sumando minutos con objeto de recuperar su mejor forma.
Rüdiger: APROBADO. Aún no ha alcanzado su velocidad de crucero, pero ya pega alguna carrerita con las rodillas in the guánter. Nacho Vidal cometió penalti sobre él, pero De Burgos Bengoetxea no lo señaló.
Huijsen: APROBADO. Juega con la suavidad de un croissant de mantequilla recién horneado. No obstante, hoy ha estado más impreciso de lo habitual. Arriesgó demasiado en la acción con Rondón en el área blanca.
Carreras: APROBADO. En algunas acciones y decisiones se mostró más acertado que en otras, como todos en la vida.
Tchouaméni: NOTABLE ALTO. Es un valladar. Esta temporada se muestra muy acertado y está sacando todo el partido a su portentoso físico.
Valverde: APROBADO. En ocasiones más vistoso, en ocasiones menos. Siempre importante. Aarón, con una gran parada, le privó de marcar el segundo gol del encuentro.
Güler: BIEN. Fino y con calidad. Asistió a Kylian en el primer gol.
Mastantuono: NOTABLE. Creatividad, potencia, desparpajo. Ya ha conocido las maneras del arbitraje español.
Mbappé: NOTABLE. Dos partidos, tres goles, seis puntos.
Rodrygo: BIEN. Volvió a la titularidad con ganas. Incisivo. Disfrutó de alguna ocasión para marcar.
Vinícius: NOTABLE. Cazó, cocinó y sirvió el segundo gol para que lo marcara Mbappé. Después, anotó el mismo el tercero.
Brahim: APROBADO. No mejoró a Mastantuono.
Gonzalo: BIEN. Acertado en ataque y en defensa.
Trent: Sin calificar.
Ceballos: Sin calificar.
Xabi Alonso: BIEN. Presentó un once con novedades habida cuenta de las alturas de pretemporada en las que se encuentra el Real Madrid.
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Arbitró Ricardo de Burgos Bengoetxea del comité vasco. En el VAR estuvo Javier Iglesias Villanueva.
Luces y sombras del colegiado vasco en el Tartiere.
En las áreas hubo tres jugadas en las que se reclamó penalti. En dos de ellas Calvo y Huijsen compraron papeletas. El jugador del Oviedo por sujetar a Mastantuono cuando se internaba en el área y el madridista por un empujón a Rondón. Dos jugadas de contacto como debe ser el fútbol. En la que sí debió señalar los once metros fue en la de Nacho Vidal a Rüdiger, al que agarró ostensiblemente, de forma continuada, por detrás y sin querer jugar en un córner.
Solo sacó tres amarillas. Una Ilic por una entrada dura a Carvajal en el 65', otra a Dani Calvo en el 72' por derribar a Mbappé, que le había hecho un sombrero, y la última a Vini por simular un penalti. El serbio, por cierto, debió verla antes por un agarrón a Valverde en la medular.
También se reclamó falta de Tchouaméni a Dendoncker en el primer gol blanco, pero el francés sacó en un tackle limpiamente el balón. En el descuento debió usar el mismo listón cuando el francés perdió el balón en el campo madridista tras ser presionado por Breckalo. Sin embargo, pitó falta y el Real Oviedo perdió una ocasión clara de peligro.
De Burgos Bengoetxea, REGULAR.
El Madrid solventó con un 3-0 y buenas sensaciones (sobre todo en el primer tiempo) su primera salida de la temporada en territorio asturiano. Lo hizo merced a un brillante doblete de Mbappé y un tanto de Vinícius.
Llegaba el Madrid a Oviedo con el talante de quien busca el reencuentro con un viejo amigo y escoltado por una afición oviedista respetuosa y afín. La gente se agolpaba en torno al autobús blanco, como una minibusiana a domicilio y carbayona. En el recuerdo, muchos duelos noventeros de un Oviedo memorable y un héroe común en el recuerdo: Peter Dubovsky, el Maradona del Danubio.
Sorprendió Xabi dejando en el banquillo a Trent, Militao, Brahim e incluso Vini, esto último para escándalo de medio X Madrid, pábulo de polémicas y absoluta tranquilidad de quienes entienden que el Madrid está jugando ahora su pretemporada, incluso aunque esta conste de partidos oficiales. Rodrygo, Rüdiger, Mastantuono y Carvajal, de la partida.
En el saque de centro ya dio un susto el Oviedo, plantándose en tres segundos en las barbas de Courtois, que estuvo atento. ¿Señal de pájara inicial? No a juzgar por lo que sucedió a continuación, cuando Rodrygo se internó por la izquierda, su flanco predilecto, para forzar la intervención de Escandell.
El Madrid mostró su nuevo afán de robar en campo contrario, y una buena acción de presión por parte de Mastantuono y Güler fue despejada in extremis por Dani Calvo. Es una nueva filosofía, cuya exigencia física puede explicar en parte la tendencia rotatoria de Xabi. Por lo demás, el Madrid asentaba un dominio natural que se plasmó en una muy habilidosa acción de Mastantuono en la que pudo haber penalti. Antes, Rüdiger había sufrido un agarrón en el área. El colegiado que actualmente camufla su parentesco con nuestro editor, haciéndose llamar simplemente Ricardo De Burgos, se inhibió en ambas instancias. También lo hizo el VAR. Monumental sorpresa.
Como ante Osasuna, al Madrid le costaba generar ocasiones y, también como ante los rojillos, optaba por el tiro de larga distancia por medio de Valverde. El Oviedo se cerraba, aunque también intentaba contragolpes peligrosos. Dendoncker lo intentó de vaselina. Mastantuono se insinuaba como el elemento de mayor peligro en el ataque blanco (hoy blanquinegro), con virguerías promisorias. Güler chutó a la media hora, también con escaso peligro. Más cerca del gol estuvieron los vikingos en un formidable centro del propio Güler al que llegó Mastantuono en el segundo palo, pero su remate se marchó fuera.
En la mejor jugada del partido hasta el momento, una gran combinación entre Mastantuono y Rodrygo acabó en un rechace de Escandell al tiro de este último, y en otro al disparo a continuación de Güler a bocajarro. A renglón seguido, un robo de balón de Tchouaméni (que fue limpio, pese las protestas locales) acabó en una gran asistencia de Güler a Mbappé. El francés se la preparó con un excelente control roulettesco y no perdonó. 0-1 y final del primer tiempo.
El segundo tiempo comenzó con las mismas trazas de dominio y dinamismo de los de Xabi, que encadenaron minutos de posesión abrumadora. Tchouaméni mandaba en el partido con una autoridad incontestable. Con el paso de los minutos, se notó sin embargo a un Madrid gradualmente cansado, y se esperaba que Xabi introdujera cambios. Al Madrid le faltaba brío. Calentaban varios futbolistas, entre ellos Vinícius y Brahim, que al filo de la hora de partido (al cronista le encanta decir “al filo de”) entraron en lugar de Rodrygo y Mastan. Se habían perdido la frescura y la agresividad, y el Oviedo, sin hacer gran cosa ni crear ocasiones, daba la sensación de poder subirse a las barbas. No obstante, en el minuto 69 lanzó el Madrid un contragolpe fulminante que Valverde casi transforma en el segundo. Lo evitó Escandell.
Pese a esa ocasión a favor, el Madrid no mejoró demasiado. Las sensaciones no eran las mismas, y el mensaje en términos de preparación física eran algo inquietantes. Lo decíamos al principio: el Madrid está de pretemporada, y en el ideario de Xabi lo físico es muy importante. En el lado positivo estaba Tchouaméni, que integrado en la defensa se las bastaba y sobraba para frenar al Oviedo en área propia. También tenía tiempo para rematar los córners. A fin de brindar más energía, el tolosarra dio entrada a Gonzalo por Güler.
La inquietud ya no era solo fruto de lo exiguo del marcador y de las fuerzas, sino que Sibo la mandó al palo. Menos mal que una excelente recuperación por parte de Vini le permitió asistir a Mbappé, que sentenció el partido cuando más falta hacía. Ambas jugadas, en cuestión de segundos.
En el 84, Mbappé rozó el hat-trick, pero reforzó el papel de Escandell como héroe local. La cosa estaba vista para sentencia, aunque cabe reseñar la sustitución de Carvajal y Mbappé por Ceballos y Trent, así como el paradón de Courtois a tiro de Hassan y el gol definitivo de Vinícius.
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Buenos días, amigos. Del mismo modo que el acervo antimadridista popular sostiene que el Madrid es beneficiado por los árbitros desde tiempo ha, que Franco ganó no sé cuántas Copas de Europa para el Madrid o que el Barça es un ejemplo de valors, de igual manera, afirman que Marca es madridista. La Central Lechera. ¿Y quién es el valiente que osa negarlo a la vista de las pruebas?
El éxtasis de Santa Teresa se queda en un tenue arrobamiento, un pequeño embeleso al lado del clímax experimentado por Fernando Carnerero tras la victoria por 2-3 del Barça ante el Levante. Y esa es exactamente la actitud que debe mostrar un madridista de bien, un representante modelo de la Central Lechera, alguien que debe ensalzar al rival para de ese modo servir de acicate a los suyos.
«De dos en dos» —como los dónuts, añadimos— «El Barça suma y sigue y tiene pinta de que esto no va a parar. Javier Tebas debería incentivar de alguna forma a los equipos que sean capaces de quitarle algún punto a un Barça que no descarto que gane los 38 partidos de Liga». Claro que sí, Fernando, ¿acaso no es muestra de sensatez extrema, de criterio y de profesionalidad colegir a partir de dos encuentros de liga que el FC Barcelona vencerá todos los partidos del campeonato?
Pensamos que tu sabiduría, tu clarividencia y tu precognición están infrautilizadas. Si nos permites un humilde consejo, quizá pudieses aprovechar todo tu potencial poniendo en marcha, a la par de tu labor periodística, un programa nocturno de adivinación, un oráculo donde personas con todo perdido se aferren a las esperanzas que les proporciones con tu vaticinio certero.
Creemos también que Tebas, además de incentivar de alguna forma a los equipos que sean capaces de quitarle algún punto al Barça, incentive de alguna manera a la prensa seria y veraz, a la prensa de la cual Marca es adalid.
Continúas, Fernando, sosteniendo que el Madrid ganó «de aquella manera» a Osasuna, entendemos que como contraposición a la forma en la que lo hizo anoche el indestructible Barça, como lo califican tus compañeros de Mundo Deportivo.
Una vez más, aciertas, Fernando. Ganar 1-0 sin recibir ni un disparo a puerta después de haber disfrutado de menos descanso y haber podido hacer menos pretemporada que el resto de equipos es imperdonable. No se puede comparar con vencer 2-3 en el descuento con un gol en propia meta del rival, el modo en el cual los cánones dictan que hay que vencer. Los más grandes entrenadores de la historia, aquellos que definieron las líneas maestras que sirvieron de inspiración a los demás, figuras como David Vidal, Lotina o Maguregui, siempre tenían como objetivo último vencer 2-3 a un equipo inferior con autogol en el tiempo añadido. Ganar dejando la portería a cero es una ordinariez que debería estar prohibida cuando la perpetra el Madrid.
Claro, que tu buen hacer, Fernando, no nos toma por sorpresa, tienes un bagaje que es necesario recordar para ponderar tu valía como profesional.
Es el mismo cronista que tituló "La Aemet no detectó al 'huracán' Barça" tras ganar los azulgranas al Valencia el pasado mes de enero. https://t.co/sqc0Sm23aR
— albertocosin_ (@albertocosin_) August 23, 2025
No es la única muestra de central-lecherismo que podemos encontrar en el gallardo Marca. Una búsqueda en su web acerca de la información sobre el cuadro blanco arroja resultados como estos:
Muy bien. Si el Madrid ha ganado numerosos títulos a lo largo de la historia no ha sido por su buen hacer, no, sino por la exigencia extrema tanto de su público más fiel —ese que con sus pitos e insultos ha logrado que triunfen grandes estrellas en el Bernabéu— como de su prensa más afín —caso de Marca—. Es necesario buscar lo más negativo para espolear un conjunto de Xabi Alonso que ya con un partido disputado de temporada debería estar al 100 %.
Porque el Madrid, no nos engañemos, ahora mismo solo cuenta con Mbappé, el resto de futbolistas son meras comparsas más propias de un club de 2ª RFEF. Y esta realidad debe quedar más clara en las portadas, sobre todo en la de un medio que quiera ser catalogado como Central Lechera pata negra. La primera plana de As, sin embargo, puede contener trazas —además de frutos secos, como cualquier cosa— de positividad al loar el estado de forma del francés. Muy mal. Estos días de desliz, As debe fijarse en Marca y seguir el ejemplo de Fernando Carnerero, quien probablemente habría titulado: «Mbappé, último asidero del Madrid para no descender», y habría desarrollado que tras un partido ganado «de aquella manera, tiene pinta de que no va a ganar más. Javier Tebas debería incentivar de alguna forma a los equipos que sean capaces de regalar algún punto al Madrid, que no descarto que pierda los 38 partidos de Liga».
Amigos, sed como Fernando Carnerero, sed como Marca, ejemplo sin mácula de Central Lechera. Eso es el verdadero madridismo, y no el de esta aficionada que se encontraba ayer en el Metropolitano y tras el gol del Elche mostró su antebrazo con el lema: «HASTA EL FINAL ¡VAMOS REAL!». Fatal, defender a tu club jugándote el pellejo literalmente en un campo hostil y peligroso no es madridismo. Lo de Marca, sí. Eso dicen los antimadridistas, y ellos siempre llevan razón, ¿no? Además, no puso la coma del vocativo.
Pasad un buen día.