Buenos días, amigos. Ayer asistimos a la presentación de EFACCAA (El Futbolista Anteriormente Conocido Como Alexander-Arnold), según escribió nuestro editor Jesús Bengoechea poco después del acto. Del acto de presentación, queremos decir.
Trent se desenvolvió en castellano con soltura similar a la de Laporta en un bufet. Hecho que sorprendió hasta al diario Marca.
«Sorprende su buen castellano», puede leerse junto al antebrazo del lateral distribuidor. Quizá la pericia lingüística del inglés evite que Marca le endose una hernia en el futuro. Aunque si el jugador se limita a hacer su trabajo de manera óptima, pero no entra en el juego de los gallardistas, le endilgarán las hernias que sean necesarias. Ya sabemos cómo funciona esto.
Trent es un hombre de su tiempo y como tal creció viendo ganar al Madrid, como destaca Marca en su titular. Obvio. Cualquier persona joven de la Tierra creció viendo ganar a los blancos, porque el siglo XXI del Madrid no tiene parangón. Del mismo modo que todo individuo de edad similar creció viendo delinquir al club cliente de Negreira.
As también elige al fichaje vikingo como imagen de frontispicio. «El Madrid me hará mejor», por supuesto. Y tú harás mejor al Madrid. De eso se trata y eso esperamos que ocurra. Trent no escatimó en guiños: Xabi fue su ídolo, lucirá el 12 que popularizó Marcelo y siempre supo que solo cambiaría el Liverpool por venir al Madrid. El medio prisaico destaca que EFACCAA prefiere que le llamen Trent. Por ese motivo encabezan la información con un «Alexander-Arnold».
Cambiamos de asunto, pero no de diario, para adoptar un tono más severo.
Sentimos traer noticias tan luctuosas, pero el Mundial de Clubes tiene enemigos dentro de la prensa deportiva española, lo que sin duda os desincentivará profundamente a la hora de ver los partidos. ¿Por qué habría yo de ver un espectáculo que no cuenta con la aprobación de Julio Maldonado o Aritz Gabilondo?
Este último dejó ayer en As un artículo refractario a la exigencia de esa competición, o al menos escéptico respecto a su importancia o brillantez. Rescatamos del mismo este párrafo, que nos parece paradigmático.
Observad la magnitud de trampas que posee el extracto. Es (dice Gabilondo) “un Mundial al que le faltan estrellas de primerísimo nivel”. Nunca se ha pretendido que estén todas las grandes estrellas del fútbol (sí muchas de ellas, y lo están), en el entendido de que hay una serie de criterios de clasificación que no pueden tener que ver con méritos individuales sino colectivos. Resulta que los equipos donde militan Salah o Cristiano (por citar los dos primeros a los que alude el autor) no han cumplido con dichos criterios, definidos hace mucho tiempo, y que tienen que ver con las actuaciones de dichas escuadras en el periodo de cuatro años anteriores. Hay un límite de equipos por país, lo cual nos parece razonable, y Liverpool, por ejemplo, no lo hizo mejor que City y Chelsea en dicho periodo. Eso deja fuera a Salah. Grandes jugadores han quedado fuera de los Mundiales de selecciones por tener pasaportes de naciones débiles en el concierto futbolístico internacional.
El tercer jugador al que menciona Gabilondo, y cuya ausencia presuntamente resta brillo al torneo, es Lamine Yamal. Acabáramos, hombre. ¿Por qué no empezó por ahí?
El nuevo ídolo por decreto del balompié patrio (excelente jugador, pero todavía inédito en éxitos internacionales de su equipo) ha de ser, al parecer, la medida de la grandeza de los títulos en disputa, de suerte que allí donde Lamine no esté no se puede estar dirimiendo nada que importe. Da igual que el club cliente de Negreira haya hecho el ridículo en Europa dos años consecutivos, lo cual le hace quedar fuera del torneo. El icono patrio, en gran medida artificial, juega en ese equipo, y por tanto era preceptivo hacerle hueco, porque lo dicen Gabilondo y otros muchos.
El nuevo ídolo por decreto del balompié patrio ha de ser, al parecer, la medida de la grandeza de los títulos en disputa, de suerte que allí donde Lamine no esté no se puede estar dirimiendo nada que importe
Al llegar a Lamine, las trampas se tornan ya metalingüísticas. Se dice que Lamine “queda fuera de combate pese a estar luchando por el Balón de Oro”. Pero ¿qué es “luchar” por el Balón de Oro? ¿En qué consiste tal cosa?
Tenemos para nosotros que lo que Gabilondo llama “luchar” por el Balón de Oro consiste en que haya una serie de periodistas, entre ellos Gabilondo, empeñados en que lo ganes. En otras palabras, Lamine “lucha” por el Balón de Oro porque Gabilondo (entre otros) dicen que lucha, de manera tan empalagosa e insistente que al final parece que es una demanda que viene de otra parte, pero no: viene de ellos mismos, es una cosa endógena. Es como incluir lo definido en la definición, recurso barato al que ya en el colegio nos aconsejaban no acudir.
Por extensión, la trampa consiste en excluir de la ecuación aquello que no tendría por qué ser excluido. ¿Acaso los jugadores que disputen el Mundial de Clubes no están (ahora sí) “luchando” por hacerse acreedores a ese nombramiento mientras Lamine estrena gorras en la playa? Se diría que no.
Se diría que, implícitamente, se considera que ya se ha cumplido el plazo de los merecimientos para ese galardón. ¿Que por qué se ha cumplido ya? Muy sencillo: la temporada para merecer o desmerecer el Balón de Oro ha acabado porque lo ha hecho la temporada de Lamine Yamal, que estará “luchando” por ganar ese premio luciendo un nuevo peinado a bordo de un yate mientras Mbappé, Vinícius, Vitinha, Dembélé, Haaland, Mastantuono o Harry Kane están de vacaciones dando patadas a un balón en Estados Unidos.
Vamos con la prensa del club de los valors.
La portada de Mundo Deportivo recoge uno de los puntos clave de la curva del hype culé: del mito al mercadillo. Del Spotify al Wallapop. El ciclo Fati-Vinted podríamos denominarlo. Primero se crean expectativas artificiales bien sobre futbolistas jóvenes recién fichados bien sobre jugadores de La Masía. Recordad que para los culés un chico de Narboneta (Cuenca) de 21 años recién contratado hace 15 minutos para el filial es un canterano 100 % masío de toda la vida.
La primera plana del diario de Godó, grande de España, luce como una feria de segunda mano ambulante, una C-15 con Laporta al volante y megáfono en mano:
«¡Han llegado las rebajas a su barrio! ¡Compren, compren! ¡El canterazo final! Se afilan cuchillos, se hacen fundas a medida para sofás y sillones, y se venden juguetes rotos del FC Barcelona. ¡No dejen pasar la ocasión! ¡Outlet Barça! ¡Todo Todibo a 100! ¡Fati-Vinted! ¡Trincao-black friday! ¡Pablo Torre-Temu! ¡Stock fuera, de la Masía al eBay!».
Este ciclo de glorificación y desecho define a la perfección los valores culés. En la portada de Sport observamos una muestra más de los mismos.
«Ultimátum a Ter Stegen», reza el titular del diario que acoge a Iván San Antonio. Porque publicar una cabeza de caballo en portada era mucho, incluso para ellos. Si el bueno de Ter no se marcha ya sabe lo que le espera, no se andan con chiquitas. Que refuerce bien la seguridad de su hogar. Valors.
Ya que hemos mencionado al emético Iván San Antonio, os mostramos un titular que nos perturba:
Al tal Iván no le preocupa que el autoconocimiento reduzca el estrés, aporte relajación, ayude a conciliar el sueño. ¡Pero si Fermín está en la edad! Deja al muchacho que camele, Iván.
Terminamos con un sketch de Joaquín Reyes, quien hace una imitación chanante de Miguel Galán que no tiene desperdicio. Está logradísima. Mirad.
En el caso NEGREIRA, el @FCBarcelona_es es la VÍCTIMA, lo explico con @Sports360_toni aquí 👇 pic.twitter.com/eagMcCuWRC
— Miguel Galan (@MiguelGalanCNFE) June 12, 2025
El tipo no se da cuenta de que en su discurso admite sin darse cuenta la corrupción deportiva del Barça. Lo contrarío de lo que pretendía. Sí lleva razón en una cosa, en la última frase: «Yo no soy ni del Madrid ni del Barça». Efectivamente, Miguel, tú eres del dinero.
Pasad un buen día.
Y de repente, dejando al personal atónito, Trent Alexander-Arnold subió al atril y se puso a hablar en un perfecto castellano, revelando que es posible tener acento scouse en inglés y deje pucelano cuando se utiliza el español. Sí todavía no habla casi español y había memorizado su discurso, es un genio. Si ya lo domina así, es un genio también.
Así nos es dado comprender que no es posible dar esos pases largos sin andar a tope de IQ. Pregunten si no a quien a partir de ahora será el nuevo jefe de Trent, a saber, D. Xabier Alonso, otro apóstol destacado de la precisión en el vuelo de amplia distancia del balón, y otro reputado intelecto.
El propio Trent, ya en la rueda de prensa, contaría que Xabi estaba entre sus héroes de infancia, cuando soñaba con jugar en el Liverpool de su Xabi pero no en el Real Madrid que también sería de su Xabi. No en el Real Madrid porque eso es algo que está más allá de los sueños. En eso también fue original esta presentación. Lo que corresponde decir ahí es que siempre has soñado con jugar en el Madrid. Trent vino a confesar que ni se le había ocurrido, que hay una distancia entre lo imposible y lo inconcebible. La devoción que mostró por el recuerdo de todos los héroes madridistas de su edad más temprana (mencionó a Beckham, a Cristiano) llevaba una pátina de boquiabierta admiración por personajes de dibujos animados. Uno no sueña con ocupar el espacio de sus fantasías.
Esa devoción, ya, la mostró en inglés, idioma por el que optó para su conferencia de prensa, a diferencia de la presentación propiamente dicha. Pero la semilla de la virtud ya había sido sembrada, y la recogieron varios redactores españoles lanzándose a preguntar en inglés. No recordábamos haber visto ninguna de las dos cosas, ese intercambio cordial de gentiles valentías, pero lo edificante llama a lo bello, que es bello porque es de buena educación aunque uno chapurree. Nunca pensé que fuera exigible el aprendizaje de la lengua de Shakespeare para Bale o para el propio Beckham (lo que importa es qué tal jueguen), pero con la misma tranquilidad opino ahora que explicarte en la lengua de allá donde estés representa un bonus de amabilidad e inteligencia.
Una de las preguntas más interesantes tuvo que ver con la novedad dentro de la novedad. La camiseta ahora será blanca, pero para profundizar en el cambio como agente propulsor de la vida misma (“Si no estás ocupado en nacer, estás ocupado en morir”, cantó célebremente Dylan) tampoco el número ni el nombre serigrafiado serán los mismos. “Siempre tuve claro que solo saldría del Liverpool para ir al Real Madrid”. La aventura es tan abrumadora que hay que camuflarse (¿del fracaso?) con otros rasgos identificativos, como las máscaras de Misión Imposible. Así que el 66 casi satánico pasa a ser el marceliano (nada que ver con Santamaría) número 12, y del doble apellido pasamos al nombre de pila, monosilábico, rotundo. Ya lo avisé en este texto, sin tener la menor idea de que hablaba en serio. No se me ocurre nada más patético que ser visionario sin pretenderlo. Yo lo he conseguido. Call me Trent.
Call me Trent ‘cause I’m not the man I used to be, como cantaban esta vez los Fine Young Cannibals. Lo que ahora principia es demasiado abismal como para no jugársela al todo por el todo, como hacen los artistas que en su eterno sinvivir creativo buscan desvincularse de sí mismos. Él ya ha ganado la Copa de Europa, pero es muy consciente de que ganarla en el Madrid es otra aventura diferente donde el mundo bulle de sentido.
Demos la bienvenida a Trent, EFACCAA (El Futbolista Anteriormente Conocido Como Alexander-Arnold).
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Rara vez los comienzos son tan sorprendentes como el de ayer. El Real Madrid colapsó las fuentes de anotación y juego del Unicaja y al tiempo desbarató su personalidad, con una táctica tan bien diseñada como ejecutada. Así, el equipo dirigido con maestría por Mateo doblegó a un equipo malagueño disperso como nunca, alejado de su mejor versión.
Por supuesto, la mayor pare del mérito ha de ser atribuida al Real Madrid, que cuajó, quizás, la mejor actuación de la temporada. Resulta difícil destacar a alguno de sus jugadores, pues todos cumplieron su función con compromiso y exactitud, incluida la amplia rotación del banquillo. Pero es obligado centrar la atención en el timonel del equipo, el argentino Facu Campazzo, que volvió por donde solía, a la senda de la contundencia y de la brillantez. Su desempeño desbarató al unicajista Perry, el termómetro del equipo rival, el director que fabrica innumerables situaciones de canasta.
El real Madrid colapsó las fuentes de anotación y juego del Unicaja y al tiempo desbarató su personalidad, con una táctica tan bien diseñada como ejecutada
Ayer fue una sombra de sí mismo, acuciado por la inteligencia del base madridista. Junto a él, sucumbió el resto, anonadados por la contundencia defensiva del Madrid, que no les permitió correr ni jugar con comodidad, así que estuvieron siempre fuera de ritmo. Hubieran tenido alguna ocasión si los blancos no hubieran sido tan certeros, pero la artillería de Chus Mateo siguió con la inspiración que respiró en Vitoria, en el último encuentro de la serie contra el Baskonia.
Todavía queda mucho, pero la tradición nos enseña que el primer partido de la serie marca mucho. El golpe del Madrid no fue definitivo, por supuesto, pero dejó fuera de combate a los malagueños en el primer asalto, sin opción de réplica alguna. El único contratiempo fue la herida de Garuba en el pómulo, abierta y sangrante, que quizás pueda limitarlo en el futuro. Ojalá se restablezca pronto.
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Buenas días, amigos. El Mundial de Clubes ya está a la vuelta de la esquina. El Atleti, de hecho, ya está en Los Angeles, donde reina el caos por mor de las protestas públicas, las manifestaciones y el toque de queda decretado. En el portanálisis de ayer ya nos ocupamos de desmentir los rumores según los cuales la presencia del Atleti en Los Angeles tenía algo que ver con los disturbios. El Cholo siempre quiso ir a LA, dejar un día esta ciudad, cruzar el mar en tu compañía, pero no por ello vamos a sospechar una relación causa-efecto entre el arribo del cholismo a tierras californianas y los disturbios causados.
Simeone fue visto ayer, a la media hora de su llegada al hotel, jaleando a las masas desde el balcón, pero es de recalcar que el desorden público ya se había generado con anterioridad a la llegada de expedición rojiblanca a Los Angeles, y por causas (nos aseguran) que nada tienen que ver con el hecho de que Julián Álvarez diera dos toques al balón en el penalti que dejó a su equipo fuera de la Champions League. “Nos sentimos ultrajados”, gritaba el Cholo desde el balcón del Hotel Beverly Hills, llevándose las manos a la zona inguinal. Los manifestantes, abajo, le ignoraban y gritaban consignas que el bueno de Diego Pablo, esta vez sí, no podía entender.
La portada de Marca refleja los desórdenes. Lo hace en plan un poco peliculero. “En el ojo del huracán”. No aclara que los conflictos no son fruto de la frustración de los cientos de miles de hinchas del Atleti en Los Angeles a cuenta del penalti con doble toque de marras. Para eso está La Galerna, para puntualizar allá donde no llega Marca. A pesar del gran predicamento del equipo colchonero en tierras yankees, los dos toques de Julián no tienen nada que ver con el pifostio californiano. Tenedlo claro.
Por cierto, uno de los periodistas más reputados del periódico de todas las aficiones (Marca) es Roberto Palomar. Fijaos en este interesante extracto de una entrevista con el eximio comunicador, cuyo cenit profesional tuvo lugar el día en que acusó a Mourinho de pertenecer a la raza de ciudadanos que atropellan a otros y se dan a la fuga.
El extracto es muy significativo.
Nos sentimos muy identificados con estas palabras de Roberto Palomar. A La Galerna le pasa un poco como a Palomar, pero en el sentido contrario. Si nos ponen una pistola en la cabeza (y solo en ese caso), confesaremos que somos culés… pero poco. Estamos, de hecho, hartos de que se diga que La Galerna es MUY culé. La Galerna es culé, en efecto, pero a poquitos, una pizca, una brizna, un pellizquito. Para que no se note que lo somos, escribimos todos los días poniendo a parir a club cliente de Negreira, que es lo que le pasa a Palomar con el Madrid. Él bebe los vientos (un poquito, no mucho) por el club de Concha Espina, y por eso mismo, para que no se note mucho, crucifica todos los días al Madrid, que lo hace absolutamente todo mal.
Añade Palomar que en realidad él es “de lo que le venga bien a Marca”, y que a tal efecto deseaba que el club cliente de Negreira ganase este año la Champions, porque le venía bien a su periódico, sin que el hecho de que se trate de una entidad que ha corrompido, corrompe y corromperá para los restos el fútbol español sea óbice, valladar ni cortapisa para ese deseo. Al fin y al cabo, Palomar es madridista, sí.
Pero poco.
Caramba, no dejamos de ver coincidencias, aunque sea a la inversa, como cuando te miras en el espejo. A La Galerna le pasa una cosa parecida: somos culés (solo un poco, y además se nos está pasando), y sin embargo deseábamos que la Champions la ganara el Madrid. No sabíamos por qué, pero gracias a Palomar ahora lo entendemos. Queríamos que el Madrid ganara la Champions porque eso le habría venido muy bien a La Galerna, no por otra cosa. Al fin y al cabo, nuestro barcelonismo es pequeño, casi insignificante, y solo lo confesaremos si nos ponen una pistola en la cabeza.
Ha llegado la hora de confesarlo. En este preciso momento sentimos en nuestra sien derecha la gélida apertura del cañón de una lüger parabellum. Palomar la sostiene firmemente y vigila lo que vamos escribiendo en el ordenador. Insistimos, Roberto, cuanto quieras: somos del Barça, pero poco. Este párrafo se autodestruirá en treinta segundos.
Agrega Palomar (no aprietes tan fuerte contra la sien, Roberto, que me vas a dejar la Marca) que tiene “ganas” de que el Atleti vuelva a ganar la liga. A nosotros, a La Galerna, nos ocurre algo similar con el Real Unión de Irún, lo que pasa es que ellos no la han ganado nunca. Es que somos culés, pero poco. Nos produce un hondo pesar interno saber que el Real Unión de Irún lo tiene chungo en el campeonato de Primera, si bien nos consuela que aspiración no sea tan utópica como la de Palomar.
No somos tan poco culés como para privaros de las portadas blaugranas del día. Como (poco) culés que somos, nos incomoda ligeramente que nuestro equipo no vaya a estar presente en el inminente Mundial, pero al menos podemos especular con fichajes. Somos (un poco) culés, pero a La Galerna le habría venido bien que Joan García fichara por el Madrid en lugar de por el Barça. Seguramente (ahora caemos) es por ello por lo que nos fastidia un poco este fichaje.
Y poco más, queridos lectores. Hecha esta confesión, que habrá pillado desprevenido a más de uno, lo dejamos por hoy. Ya puedes soltar la lüger, Roberto. Os dejamos con la portada de As, y con la presentación de Trent Alexander-Arnold.
Pasad un buen día.
Benjamín Prado (Las Rozas, Madrid, 1961) es uno de los poetas más reconocidos y exitosos de nuestro país. Junto a Luis Alberto de Cuenca y Luis García Montero, Prado es el poeta contemporáneo español más traducido y vendido. Su prestigio es notorio y es una de las caras más conocidas de la literatura española pues es muy normal encontrarlo como tertuliano en numerosos programas políticos de La Sexta o ejerciendo de columnista en prensa. Intelectual inquieto, nunca duda en prestar su talento para causas sociales o implicarse en asuntos políticos. A su vez, es buen amante de la música rock y ejerce de militante madridista en el mundo de la cultura, una misión no siempre del todo fácil en este país.
Como buen madridista, Benjamín Prado es prolijo. El escritor madrileño ha sido generoso con su público aportando producciones de alto nivel desde 1986 cuando hizo su debut con Un caso sencillo. Su producción literaria no cesa y recientemente ha publicado El anillo del general, última novela de su serie sobre Juan Urbano. Fue en 2006 cuando Prado inició una saga de serie negra con Mala gente que camina, en ella un profesor de instituto llamado Juan Urbano se involucra en casos turbios del pasado reciente de nuestra historia ofreciendo un retrato crudo de nuestra sociedad.
Me gustó especialmente su último poemario de 2023 llamado Paradero desconocido con la editorial Visor dentro de su prestigiosa colección Palabra de Honor. Todos los estantes de los amantes de la poesía cuentan con alguno de sus más celebrados poemarios como Cobijo contra la tormenta (1995), Todos nosotros (1998), Iceberg (2002), Marea humana (2006) o Ya no es tarde (2014).
Benjamín Prado es bastante mitómano. En su afán por frecuentar ídolos suyos ha llegado a conocer a Bob Dylan o a ser amigo íntimo de escritores como la recientemente fallecida Almudena Grandes o de poetas como Jaime Gil de Biedma o Ángel González. En su juventud fue secretario personal de Rafael Alberti al que considera amigo y maestro. Es tal su espíritu fan que el escritor madrileño cuenta que cuando una vez estuvo en Budapest con motivo de una conferencia literaria lo primero que hizo al llegar a la capital húngara fue visitar la tumba de Puskas.
El poeta se confiesa admirador de los jugadores con clase tipo Emilio Butragueño o Guti. Es curioso como don José María Gutiérrez concita tanto consenso en el ámbito del mundo de la cultura. Toda persona sensible menciona al 14 que fue un jugador único e imposible de clasificar. Algo así sucede con Butragueño. No obstante, nuestro director de relaciones institucionales del club sí que marcó un tiempo nuevo y sí que alcanzó las mayores cuotas de reconocimiento individual que un jugador puede ganar. De hecho, Benjamín Prado cuenta que él empezó a acudir al Bernabéu en la época de la Quinta y que notaba cómo el aficionado quería y respetaba a Butragueño, ese poeta del área que se quedaba inmovil en el momento preciso y, luego, mágicamente decidía qué hacer en un palmo del terreno de juego.
Como aficionado al fútbol, Benjamín Prado confiesa ser seguidor de los grandes números 10. Tiene suerte de haber nacido cuando lo hizo porque en su juventud el 10 aún tenía un peso específico en el fútbol. Diego Armando Maradona marcó a esa generación de espectadores que en los años ochenta se bebían los partidos. Hoy el número 10 es una especie que desaparece. Al igual que el 9, o se reconvierte a interior o a extremo o parece no tener cabida en el dibujo de un equipo grande.
De hecho, ¿cuál fue el último gran 10 del Real Madrid? Hombre, Luka Modric ha lucido ese número con clase mundial pero siempre jugando como interior. Digamos que el gran héroe croata fue un mediapunta que tuvo que aprender a ser un interior. ¡Y qué interior! Precisamente si tuviera que imaginar a Benjamín Prado como futbolista lo vería como un interior talentoso e imaginativo. Y sin lugar a dudas, lo vería próximo a Luka Modric. Como el croata es talentoso y brillante. Al igual que el croata lo mismo sirve para sacar el balón jugado desde atrás que para meter un pase mortal con el interior en una jugada de gol.
Como escritor Benjamín Prado es bastante versátil pues no solamente cultiva el género de la poesía, también como novelista es exitoso. En su permanente labor de reciclaje y actualización, es increíble cómo puede llegar a conjugar una proyección mediática en televisión y en radio, muy interesante su colaboración semanal en La Ventana de la SER, con su papel como escritor. En los últimos años ha sumado a sus conferencias pequeñas colaboraciones con amigos músicos que le lleva a llegar a actuar en conciertos donde ejerce de rapsoda inspirado. Como vemos, Benjamín Prado es tan polivalente como Modric. Y como el gran Modric todos sus lectores esperamos que su carrera sea tan longeva como la del croata pues el mundo necesita de seres tan dotados para la magia como Modric y Benjamín Prado.
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Ya, por fin, tras estas dos semanas de detox, vuelve la Copa del Mundo de Clubes, un experimento que ya se probó hace veinticinco años. Vuelve revitalizado por ingentes cantidades de dinero. Entonces se jugó en Brasil, aunque, para qué nos vamos a engañar, fue un poco de aquella manera. El Madrid la jugó, pues, naturalmente, ¿cómo se va a jugar un Mundial sin el Madrid? Aunque hizo el ridículo. El equipo venía de ganar la Intercontinental en Tokio, que era lo que de verdad ponía a la gente en aquella época. La cosa esta parecía hecha a propósito para que la ganaran los brasileños, como así fue, se la quedó el Corinthians tras ganar en Maracaná al Vasco de Gama, al que el Madrid había derrotado dos años antes. Nadie se lo tomó demasiado en serio y no se volvió a jugar. La Intercontinental siguió existiendo casi diez años más y el fútbol brasileño se extinguió como una civilización anémica tras el último fulgor del Mundial de Corea y Japón.
Esta Copa del Mundo parece como esos toros sobreros que piden, y pagan, a veces los toreros, por pundonor, cuando la faena ha sido un desastre y anhelan el desquite.
Esta temporada ha sido tan amarga que los madridistas necesitábamos una desconexión. Han pasado sólo dos semanas, pero se nos han hecho cortas: el descanso debía durar hasta septiembre, por lo menos. Como nos tomamos, en realidad, nuestra afición con animus iocandi, nos olvidamos pronto de las penas negras. Llega el Mundialito para saciar la inextinguible sed de novedades del madridista promedio, beatus ille. El equipo que competirá en los Estados Unidos de América será un curioso puzle, desde luego. La experiencia, en todo caso, no puede servir de ninguna manera para testar en serio a Xabi Alonso, pero ¿quién sabe lo que puede pasar? El florentinismo, en ocasiones, tritura los proyectos antes de empezar, véase Camacho, o hasta Lopetegui, maldito desde el mismo día de su presentación. Esperemos que éste no sea el caso.
La Copa del Mundo de Clubes viene a sustituir, en realidad, a la vieja Intercontinental, aunque ahora esta haya regresado, con el mismo nombre pero con otro trofeo, para relevar a su vez al Mundialito que la sustituyó a finales de la primera década del siglo XXI. El antecedente directo de este torneo es la Pequeña Copa del Mundo, de la que el Madrid ganó dos: una competición que trataba de enfrentar a los mejores equipos de Europa y de Sudamérica antes de que naciera la misma Copa de Europa, y que se organizó durante un lustro en Venezuela hasta que la Copa Intercontinental liquidó su carácter amistoso y el secuestro de Di Stéfano terminara por conseguir que los europeos rehuyeran la aventura.
Aquella primera Copa del Mundo que ganó el Corinthians la jugaron ocho equipos. Sólo tres de ellos no eran ni europeos ni americanos: uno de Marruecos, otro de Arabia Saudí y otro, australiano. En realidad, sólo del equipo árabe, curiosamente el Al-Nassr, se puede decir que estaba fuera de la esfera eurocéntrica. Hace veinticinco años el mundo del soccer seguía reduciéndose a las dos orillas del Atlántico, en realidad a Europa y a la América de tradición latina. En un cuarto de siglo el fútbol se ha globalizado irreversiblemente, aunque los auténticos triunfadores de ese proceso, como siempre, son una élite extractiva occidental, a la que el Madrid pertenece.
En Barcelona, aunque disimulen, están rabiando: existe la posibilidad de que el Madrid, con un poco de suerte, se redima en unos cuantos partidos y mande al desván del olvido la hipervitaminada temporada de los chicos de Flick
Recuerdo aquel primer Mundial. Tenía algo como infantil, de pseudocompetición. Era casi, casi, amistosa. El Madrid estaba hecho unos zorros, aunque cinco meses después se trajo de París la Octava. Hay una foto de Guti y Roberto Carlos mirando desde la banda cómo el Madrid se quedaba fuera de la final por un gol de diferencia. Así me parece todo lo que se va saliendo del viejo surco: una chiquillada, un juego de niños, de niños grandes, en lo que están convirtiendo la industria del fútbol, otra casa de muñecas para el homo ludens que habita masivamente el mundo hoy.
Ahora, el Real viaja a Norteamérica con Modric y Lucas Vázquez, que no seguirán; sin un lateral izquierdo ni tampoco un creador de juego ni un delantero centro Joselu style. Será interesante ver cómo se lo plantea Alonso. Quizá reduzca el problema a una cuestión esencial: carriles largos y maximizar a Mbappé y a Vinícius.
Sí que es verdad que la perspectiva de que Trump entregue la copa, en Nueva York, alimenta mucho la hoguera de las vanidades. En Barcelona, aunque disimulen, están rabiando: existe la posibilidad de que el Madrid, con un poco de suerte, se redima en unos cuantos partidos y mande al desván del olvido la hipervitaminada temporada de los chicos de Flick. La banda de la venda no jugará este torneo y el mundo se quedará huérfano de las virguerías del eterno adolescente Lamine Yamal, lo que aumenta la tentación que le produce al madridista una copa nueva.
De todas formas sigo pensando que la vieja Intercontinental tenía más lustre, un sabor clásico a literatura y a belleza. El fútbol de verdad sigue siendo el que se juega en Europa y Sudamérica, por más que el subcontinente iberoamericano se haya transformado en una cantera de las grandes ligas europeas. El dinero del petróleo pérsico puede comprarlo todo pero, de momento, sólo pueden acceder a llevarse lo que en Europa sigue sobrando. De todas formas, este Mundialito como apéndice de una temporada en liquidación tiene algo irremediablemente antinatural, como mal hecho. Antes, estas cosas servían para comprobar, antes de Navidad, cómo iban a ir las cosas. Ahora, el equipo cruza el río como un jinete, a contracorriente, y creo que vale con sencillamente sobrevivir.
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Buenos días, amigos. El Barça siempre supo que en fútbol no solo ganan los goles, sino también el relato. El club cliente de Negreira ha ido perfeccionando su dominio del ecosistema desde los tiempos de Villar. Se compró al estamento arbitral vía Enríquez Negreira, su vicepresidente. La sinergia con Mediapro, cuyos jefes tienen intereses económicos con el propio club, garantiza el manejo del VAR y que las retransmisiones tengan la narrativa adecuada: si hay una entrada dura de Gavi, se habla de carácter; si Lamine hace un desplante al rival, qué mala gente es Vinícius.
Laporta es experto en estas lides y sabe que cuesta muy poco tener a todos contentos para que remen a favor de obra. Se sirve además de la «Anestesia general» —gracias, Alberto Cubero, por tu excelente artículo— de la sociedad para manejarse como nadie entre bambalinas. Estas maniobras no tan orquestales y no tan en la oscuridad hace tiempo que vienen dando sus frutos. Por ejemplo, podemos afirmar que Transfermakrt ahora se llama Transfi. Transfi es un miembro más del entorno culé. La herramienta necesaria para inflacionar a los Gavi, Pedri, Cubarsí, Fati, Xavi, Riqui, etc., que pueblan, poblaron y poblarán el vestuario azulgrana.
Ya lo veis, amigos. Lamine Yamal ya es el jugador más caro del mundo, como el turrón 1880. Ni el mejor Pelé valdría hoy más, ¿verdad, Segurola? Cuesta más que cualquiera que haya ganado varias Copas de Europa y haya sido decisivo en ellas. Es un jugador excelso, pero presenta unas estadísticas propias de un futbolista del Villarreal, ha ganado las mismas Champions que el Atleti y en los partidos cumbre internacionales se ha mostrado tan decisivo como Garfield en una pelea de leones. ¿Un poco de precipitación en su valoración? Los culés dicen que no.
Sin embargo, no es el caso más llamativo. Hay más. Cubarsí ha sido catapultado por Transfi como el central más valioso del planeta Tierra. De momento y a la espera de la colonización de nuevos cuerpos celestes. A Transfi se le cae la baba con Pau y lo valora igual que a Saliba y Bastoni. Hay inversores que han ido a la cárcel por inflar activos menos fantasiosos.
Dice Transfi que Pedri cuesta 60 millones de euros más que Vitinha.
…
Disculpad un momento, se nos ha salido el tercer café de la mañana por la nariz.
Continuamos. Imaginad lo friolero que tiene que ser el recientemente ganador de Champions y Nations League para que Pedri cueste un 75 % más que él. Si buceáis en busca de más ejemplos, seguro que podéis echaros unas buenas risas.
Transfi no marca la realidad, pero influye en la percepción. Y la percepción, en el fútbol, vende. El valor de un activo depende, en parte, de lo que la gente cree que vale, y el Barça ha entendido perfectamente el juego. Lo ha llevado al paroxismo. Transfi se ha convertido en el parque temático de la inflación blaugrana.
¿Y las portadas? Vamos con ellas.
Lo que nos importa a los madridistas: «Comienza la era Xabi». El nuevo técnico del Real Madrid dirigió ayer su primer entrenamiento y pasó en Valdebebas más horas currando que el guionista de Cuéntame.
Alonso trabajó, entre otros aspectos y con los jugadores disponibles, la salida de balón y la presión. Cuán necesario es.
En el resto de portadas seguimos sin ver nada parecido a reclamar alguna responsabilidad a Yamal por la derrota de España ya que, según los medios lubricados, se trataba de la final de Lamine.
Tampoco hacen referencia, salvo una frase en Marca, a la presentación de Huijsen con el Madrid, que tendrá lugar en un rato, a las 12:30. En La Galerna os la contaremos. También podéis leer esta pieza de Gonzalo Páramo sobre el central publicada hoy mismo.
Es hora de despedirnos. Después de asistir a la charlotada económica de Transfermarkt, no podemos evitar pensar que, si Laporta hubiera disfrutados de los placeres terrenales en la Antigua Grecia, seguramente se habría comprado el oráculo de Delfos, mediante el soborno a Apolo, y lo habría rebautizado como el oráculo de Delfi.
Pasad un buen día
Bien es sabido que la temporada del Real Madrid en defensa ha sido bastante turbulenta. La gestión tanto de la directiva como del cuerpo técnico no ha sido la adecuada en esta parcela, bien por inacción a la hora de reforzarse en el mercado, o bien por no tratar de buscar soluciones mirando a la cantera. Pero profundizar más en esta carencia sería redundar demasiado en un asunto ya tratado.
Como bien dice el refrán, “después de la tempestad, viene la calma”. En este caso, literalmente. El Real Madrid incorpora para el mundial de clubes a un central que llevaba tiempo sin fichar. Concretamente desde David Alaba. Ese central cerebral, con alma de centrocampista, de un excelso trato de balón, pero con la calidad y los conceptos para ser un defensor élite.
Así es Dean Huijsen. Un tío tranquilo. O, como refleja su ya conocida celebración, un “Chill Guy” (“chico tranquilo” en inglés).
Un central espigado, delgado, pero que no rehúye un enfrentamiento. Puede dar esa sensación de endeblez debido a su complexión, pero nada más lejos de la realidad. Es un central intuitivo, elegante, y con una inteligencia táctica y un posicionamiento para recuperar el balón fuera de lo común.
Pertenece a ese grupo de futbolistas que engañan a la vista. Lo lógico al ver a un jugador (y más a un defensa central) de 195 cm es pensar que sus virtudes residen en la fuerza, la dureza al choque y el dominio del juego aéreo, pero que, a la hora de distribuir el balón, resta más que suma. Bueno, pues además de reunir estas virtudes, Huijsen es un privilegiado en el apartado técnico.
Dean Huijsen es un central cerebral, con alma de centrocampista, de un excelso trato de balón, pero con la calidad y los conceptos para ser un defensor élite
Estos últimos partidos de Nations League le han servido como carta de presentación para el gran público. En ellos, ha dejado muestras de su calidad con balón, encontrando a Nico Williams al espacio en repetidas ocasiones o a los centrocampistas de la selección española entre líneas; de su anticipación y lectura, cortando varios balones ante Francia en el centro del campo para iniciar contragolpes; o de su defensa del área, repeliendo varios centros, bien fueran raseados o por alto.
Es un jugador muy especial en el que el Real Madrid acierta invirtiendo esos 60 millones. Porque no es solo una cuestión de añadir a central muy prometedor y con un techo muy elevado. Ese potencial lo sigue teniendo, pero ya no es una promesa. Dean Huijsen es una realidad. Viene para ser titular. Y, por el tipo de central que es, va a mejorar a cualquiera que sea su acompañante en la zaga. Porque sus virtudes casan a la perfección con el tipo de centrales que tiene el Real Madrid. Rüdiger, Asencio o Militão son zagueros mucho más exuberantes, acostumbrados a ganar duelos por velocidad, cuerpo o dureza al choque. Y tener al lado a un central más cerebral, encaja de manera perfecta las piezas del puzle de la línea defensiva.
Además, el incorporar un jugador con una salida de balón tan limpia como Huijsen, sumado al fichaje estratégico de Trent Alexander-Arnold, soluciona de un plumazo uno de los problemas más evidentes en esta temporada, como ha sido la creación de juego. La retirada de Kroos fue un golpe muy duro para esta faceta, pero esperaba más soluciones por parte de Ancelotti. Estoy deseando ver la manera en la que Xabi Alonso va a resolver este acertijo, para el que le han dado dos muy buenas herramientas. Sobre todo, porque es un entrenador que en el Bayer Leverkusen consiguió establecer una salida de balón muy camaleónica con jugadores que nunca habían cumplido el rol de organizadores, como es el caso de Granit Xhaka.
Dean Huijsen es una realidad. Viene para ser titular. Y, por el tipo de central que es, va a mejorar a cualquiera que sea su acompañante en la zaga
Si con jugadores de menor nivel consiguió hacer del Leverkusen un equipo alegre y combinativo, me ilusiona bastante pensar lo que puede hacer con futbolistas como Huijsen, Alexander-Arnold, Arda Güler (al que ya quiso cuando entrenaba en Alemania), o Bellingham.
Y lo que también me es inevitable pensar, y más después de ver sus dos partidos con la selección española, es la cantidad de balones y oportunidades que puede servir Huijsen al espacio a jugadores como Vinícius o Mbappé.
El Real Madrid ha rellenado una de sus mayores lagunas de la temporada pasada como fue la zona de centrales, y lo ha hecho añadiendo a un jugador que no solo aportará en defensa, sino que también lo hará en ataque y en los primeros pases.
Porque el Real Madrid no solo ha fichado a un central muy completo, ha fichado a un futbolista descomunal. Así es Dean Huijsen.
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Aquella película no es cualquier película. No es solo un sueño de cromo. Aquella película es una mirada al espejo de nuestras propias arrugas, de la marca del tiempo en nuestra cara como los trazos de un tronco seco. “El Crepúsculo de los Dioses” de Billy Wilder (nada menos) es un “recuerda que eres mortal” al nuevo general que recorre ufano su propio Main Street y el calor abrasador para un Ícaro imprudente. Su título, como bien apunta el gran Rafael Gómez de Parada, mejora con la traducción frente al aséptico e inanimado “Sunset Boulevard”. Pero, sobre todo, es un recuerdo de que todo caduca.
La arrogancia no siempre tiene réplica, pero cuando eso sucede se abre el cielo y deja de jarrear. Los ejércitos de aduladores rompen filas y se ocultan entre la maleza como criaturas ateridas y cobardes. Entonces, los rostros ajados pero ya sabios, aquellos que han aprendido a perder, fuerzan el rictus y vomitan una sonrisa orgullosa.
A alguien que ya se cree lo que será (o no) pero aún no es, le tengo especial antipatía. Primero, porque ha habido otros que ya han llegado ahí y lo han hecho con humildad y respeto, por caminos empedrados, sin colores chillones, sin estridencias. De manera callada y con perfil bajo. Cuál ha sido el peso abrumador de los Zidane, Gento, Van Basten y otros pocos unicornios para el arte del fútbol, ese de esculturas de mármol en aquel Panteón de dioses tallado por un Bernini imaginario, debe mesurarse con la báscula romana que es el tiempo. Comparar a cualquier Bad Bunny del balompié con los Stones, con Willie Nelson o con un McCartney otoñal es, ante todo y sobre todo, soez. Luego, esos arribistas mostrarán su poso si lo tienen. Y probarán su lugar en el mundo del fútbol que trasciende, del que no se olvida. Y puede que lo tengan. Pero hoy no se fía: los pagos, al contado. Por ahora, los catálogos ensombrecen ante las enciclopedias.
Segundo, porque ese alguien, al no eludir la comparación, presupone unilateralmente que ya es o merece ser lo que esos otros son y han sido tras tiempo, esfuerzo y sacrificio. Hay que despreciar a quien desprecia el sudor ajeno. A quien no reverencia a quienes han curvado el hierro candente. Aquellos árboles cuyo tronco sacudimos hoy merecen la dignidad de la distancia. Sombreros fuera y mirada baja. Quien escucha a los aduladores, quien se deja equiparar, quien abandona el escenario en una pose eterna, quien asume que la vida es un permanente reel de TikTok, quien no elige el mejor consejero muestra un perfil egocéntrico y soberbio que merece la némesis del fracaso. En este caso, que así sea. Y sí, hablo de quien Ud. piensa.
Ya nadie recuerda a Norma Desmond.
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Olía a domingo grande, a la hora de la comida/siesta/postsiesta/merienda, Carlos Alcaraz jugaba la final de “nuestro” Roland Garros (que bien podrían llamarle ya Roland Cañí) en el año de la inauguración de la placa eterna de homenaje a Rafa Nadal sobre el polvo de ladrillo de la Phillippe Chatrier y, con poco tiempo para recuperarnos y siquiera para preparar algo de cenar, la selección patria se medía en la final de la Nations League a la Portugal de Cristiano Ronaldo. Tarde echada, pensaba uno. Y sí, tarde/noche echada.
La cosa no empezó muy bien. Dos fallos de Carlos en el décimo juego del primer set le daban la manga a Jannik Sinner, un italiano con nombre poco italiano, un italiano con una expresión no verbal (y verbal) poco italiana, que tiene el mismo gesto cuando hace un golpe inverosímil que cuando comete una doble falta. Un potencial magnífico jugador de póker que se mueve por la pista como el que ha nacido en ella. Es el hijo ideal para ir de visita a una casa coñazo, no se va a mover, un verdadero velociraptor de la cancha, un jugador que, al margen de sus problemas legales, es un verdadero genio de esto del tenis y merecedor de ostentar el nº 1 del mundo (básicamente porque no pueden existir dos números uno a la vez, vaya).
Hacía mucho tiempo, desde los años del mejor Federer, que un servidor de ustedes no veía a un jugador con tanto talento salvo… ejem… nuestro Carlitos, que también perdió el segundo set, esta vez en un tie break que auguraba la imposibilidad de ganarle otro al gigante transalpino y que invitaba a hacer planes para el hueco entre el partido de tenis y la final de fútbol. La verdad es que, la perspectiva de salir a la calle con más de 35 grados de temperatura no era muy halagüeña, ya no eran horas de siesta y sólo quedaba mirar los partidos del play off de ascenso a Segunda. Pero no, ahí apareció el murciano para brindarnos una de las remontadas más épicas de la historia del deporte, similar a la de Rafa Nadal en Melbourne contra Medvedev, en la que iba perdiendo dos sets a cero, 2-3 y 0-40, pero que, para incredulidad de muchos y admiración de todos, acabó levantando el trofeo canguril.
Hacía mucho tiempo, desde los años del mejor Federer, que un servidor de ustedes no veía a un jugador con tanto talento salvo… ejem… nuestro Carlitos
Carlos rizó el rizo, Carlos ganó el tercer set y en el cuarto levantó tres bolas de partido. Carlos ganó el cuarto set, rompió pronto el servicio de Sinner en el quinto, sufrió, sufrimos, se levantó, nos levantó a todos de los asientos domésticos y se llevó la Copa de los Mosqueteros. Además, lo hizo con unas connotaciones impresionantes. Voy a ello.
Carlos Alcaraz ganó su quinto Grand Slam con la misma edad que Rafa Nadal.
Carlos Alcaraz ganó ayer remontando con exactamente la misma edad (22 años, 3 meses y 1 día) que tenía Rafa Nadal el día del partido del siglo contra Federer en aquella interminable e histórica final de Wimbledon de 2008.
Carlos Alcaraz ha remontado dos sets y tres bolas de partido en una final de Grand Slam por primera vez en el siglo XXI.
Igual que Roger Federer (en pie, por favor), ha ganado las cinco primeras finales de Grand Slam que ha disputado.
Carlos Alcaraz ha ganado, igual que Rafa Nadal en Wimbledon, la final más larga de la historia de Roland Garros (5 horas y 29 minutos).
Todo esto que acabo de glosar, lo ha hecho Carlos Alcaraz realizando un torneo impecable, tanto desde el punto de vista deportivo como desde el moral. Carlos es el contrincante ideal para jugar al tenis en tierra batida, y digo en tierra batida porque se ven las marcas de las bolas. Si la bola es buena, se la da al contrario aunque provoque una bola de break en contra. Si la bola es mala, se lo dice al de enfrente. Si da un golpe con la raqueta en el aire, corrige al juez de silla, al del línea, al rival, al público asistente, a los comentaristas y a los telespectadores, diciendo que el punto es para el otro. Ni un mal gesto durante el torneo, ni un desdén, ni un mal golpe a la raqueta. Incluso en la semifinal, cuando el también italiano Musetti tuvo que retirarse en el cuarto set por problemas físicos, Carlos tuvo el detalle de ir a interesarse por Lorenzo y no celebrar con aspavientos el pase a la final, incitando al público a despedir entre ovaciones al chico lesionado. En el discurso del campeón, Caritos se acordó más de Sinner, alabándole por su juego y su comportamiento, que de su propio triunfo.
Carlos Alcaraz ha realizado un torneo impecable, tanto desde el punto de vista deportivo como desde el moral
Ojalá muchos niños estuvieran viendo el partido ayer, ojalá muchos padres de deportistas hicieran lo propio, ojalá todos hayamos comprendido y asumido el ejemplo de deportividad de estos monstruos del tenis, para que unos y otros se den cuenta de que el deporte es deporte, competición sana, en buena lid, celebrando los triunfos y reconociendo los errores, con tesón y perseverancia, que es como se consiguen las cosas en la vida, pero con la humildad suficiente como para bajar a la tierra y no intentar engañar a nadie por un punto, un partido o un torneo. Estoy convencido de que ayer no habrían hecho falta jueces en la pista, que el resultado hubiera sido el mismo si los propios jugadores hubiesen arbitrado el choque. Estoy seguro de que no se hubiera habría ni una sola bola. Y esto, amigos míos, es muy grande en los tiempos de engañifas y picarescas que vivimos, pero que muy grande.
Igualito que los del balón…
Después del subidón tenístico, y casi sin poder escuchar orgullosos el himno nacional sobre la pista de Paris, nos pusimos a ver el partido de fútbol. Igualito, vaya. Lo de Lamine Yamal no sé cómo calificarlo, la verdad. Además de provocar el segundo gol portugués (Cristiano es eterno, pero eterno de pa siempre) con una mirada felina sobre Nuno Mendes mientras este le dejaba retratado y clavado en el sitio para avanzar y asistir a Cristiano, el muchacho se ha dedicado durante esta concentración a atribuirse el balón de Oro antes de tiempo.
Que existe una campaña mediática para que lo gane es público y notorio. Que The Relato ha encontrado a otro Messi para encumbrarle hasta el paroxismo, es también palmario. Pero que el niño vacile sin parar a rivales, propios y extraños, que se presente en una rueda de prensa con doble ración de gafas de sol, que sea arrogante, prepotente, que rete —“pues si nos lo jugamos el jueves, nos lo jugamos”— a Mbappé o al que se le ponga por delante, que se crea por encima del bien y del mal con 17 años es inadmisible. O alguien le para los pies al muchacho o acabará mal, porque, amigos, todo lo que sube baja, que se dice en mi tierra.
O alguien le para los pies a Lamine Yamal o acabará mal, porque, amigos, todo lo que sube baja
Además, Lamine Yamal tiene mal perder, muy malo, propio de alguien consentido que no ha sido entrenado para vivir y afrontar la frustración. Anoche, cuando el equipo portugués estaba levantando y celebrando el trofeo, toda la plantilla española se quedó, como dictan los cánones de la deportividad y el juego limpio, sobre el césped aplaudiendo al rival. Pues bien, el marroquí de corazón (véase su celebración de la eliminación de España en el Mundial) no tiene otra ocurrencia que la de irse al vestuario a mascullar su rabia. Así no, chaval, así no. Igual que Iñaki Williams obligó a su hermano pequeño Nico a ponerse la medalla de subcampeón, por respeto al rival, en una final que perdió el Athletic Club, alguien del entorno del Lamine tendría que haberle reprobado su actitud y haberle obligado a permanecer, junto a sus compañeros, sobre el césped del Allianz Arena a reconocer al justo vencedor de la Nations League 2025.
Porque si hace unos párrafos alababa a Carlos Alcaraz y a Jannik Sinner por el impoluto comportamiento que demostraron en la final de Roland Garros, jugándose más de dos millones de euros a un partido, delante de cientos de millones de personas de todo el mundo y siendo jóvenes también, impulsivos también (bueno, Sinner menos), siendo estrellas también, dieron el mejor ejemplo que se podía dar a los niños (y a sus padres, que telita los padres en los partidos…), sin embargo, Lamine Yamal dio el peor de los ejemplos posibles, el de no reconocer al justo vencedor de una competición, el de marcharse del campo mientras sus compañeros estaban aplaudiendo al rival. Que el que quieren que sea el líder de la selección de mi país, de MI selección haga estas cosas, me avergüenza como español y como aficionado al fútbol. La retirada de este muchacho del equipo nacional debería ser inmediata hasta que pasara un tiempo prudencial y un arrepentimiento puro y sincero. Pero ya se sabe, el fútbol español está manchado de inmundicia y herido de muerte por las corruptelas federativas y por las compras arbitrales del club al que pertenece este despreciable deportista, por lo que poca esperanza me queda.
Lamine Yamal dio el peor de los ejemplos posibles, el de no reconocer al justo vencedor de una competición, el de marcharse del campo mientras sus compañeros estaban aplaudiendo al rival
Lamine Yamal está acostumbrado a la impunidad, igual que el club al que pertenece, un club que pagó millones de euros al vicepresidente de los árbitros durante décadas para comprarse literalmente el sistema arbitral español y obtener, por ende, los títulos nacionales (y extranjeros, para quien lo dude, UNICEF está ahí) que ha conseguido de forma fraudulenta Y AÚN NO HA PASADO NADA. Que no se olvide. Que les retiren los títulos ilegítimamente obtenidos, que salgan del fútbol profesional y que pidan perdón. Lamine Yamal está, desde este momento y hasta que no se reconvierta, si es que lo hace, reprobado futbolísticamente y, lo que es peor, personalmente, por este humilde escribidor de cosas.
Por cierto, perdimos la final, la perdimos en la tanda de penaltis, básicamente porque los portugueses los tiraron mejor que España. No hay más que decir, señoras y señores lectores. Simplemente y para despedirme, que ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
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