Buenos días. El Real Madrid fue derrotado (1-0) en Anfield, en el que constituyó el primer traspiés de los de Xabi Alonso en la presente edición de la Champions League.
Al respecto, el madridismo de las redes sociales está dividido en dos: el 50% considera que ha vuelto el peor Madrid de la era Ancelotti y que hay que vender a media plantilla; la mitad restante, aun considerando que el partido del Madrid fue tétrico, no ve las similitudes con la temporada anterior pero sí aboga por una pronta liquidación del club para que entre las calles Castellana, Concha Espina, Padre Damián y Rafael Salgado se erija un convento de benedictinos que no inquiete a los vecinos más que con el anuncio de algún que otro cántico gregoriano. O sea, medio madridismo piensa que todo mal; el otro medio opina no solo que todo está mal ahora, sino que todos los partidos anteriores del Madrid de Xabi fueron igualmente nefastos, aunque la inmensa mayoría se saldaran con una victoria que solo cabe achacar a las veleidades de los dioses.
Los madridistas son así. Su tolerancia a la derrota es cero. Probablemente así haya sido siempre. Es más: probablemente deba ser así. Pero una cosa es lamentar la derrota y el mal juego (ambas cosas, en el Madrid, tienen que ser graves) y otra pretender que ya nada vale y que con estos mimbres no vamos a ninguna parte.
Curiosamente, la prensa está últimamente, en la derrota, más soportable que el madridismo 2.0, aun con sus dosis de dureza. Ya veis a Marca. “Derrota inapelable en Anfield en otro duelo para olvidar”. Lo cierto es que no todo el duelo fue para olvidar. El primer tiempo resultó parejo en juego, si bien no en ocasiones (Courtois estuvo milagroso en varios momentos). El segundo sí que nos pareció un completo descalabro.
“Segunda derrota de un Madrid que repite los errores del derbi”. No nos pareció que el partido se asemejase en nada o casi nada al del Metropolitano. Fueron dos tipos de derrotas completamente distintas. ¿No será que Marca tiene interés en mantener vivo el trauma de los cinco goles del Atleti, y por tanto nos mentará ese partido, proceda o no, en cuanto tenga ocasión?
“Courtois se quedó solo”, nos suelta As. Lo cierto es que la actuación del belga superó con mucho a la de la mayoría de sus compañeros. Nos pareció que nuestros dos laterales brillaron a gran altura, como lo hicieron Militao y Tchouaméni, pero el resto de jugadores estuvieron grises, cuando no directamente fallones.
Nuestro análisis también está teñido de desencanto, especialmente a cuenta del lamentable segundo tiempo de los nuestros, en el cual fue ampliamente superado por un Liverpool energético y tácticamente magnífico. El primer tiempo, como decíamos, fue sustancialmente mejor, si bien quedó marcado, como gran parte del segundo, por la incomparecencia de un Mbappé inoperante y los continuos errores de un Dean Huijsen que tuvo, el pobre, una noche toledana. En todo caso, podéis leer la crónica de Paco Sánchez Palomares y las notas de Genaro Desailly para ver si compartís sus visiones en medio de la decepción.
Desencanto y decepción, decíamos, pero no dramatismo ni derrotismo. Nos parece que la justísima derrota fue resultado sobre todo de una mala actuación personal de varios futbolistas, sin que deban hacerse enmiendas a la totalidad del proyecto. Simplemente, aún nos falta.
Paciencia es una palabra sucia en el madridismo, pero de vez en cuando no hay más remedio que emplearla. Cristiano, Karim, Modric y Kroos se han ido para no volver, y no se ventila el impacto de esas ausencias en un cuarto de hora. Ahora tenemos una camada de excelentes futbolistas. Algunos son ya campeones de Europa, pero lo consiguieron con la ayuda de las estrellas recién mencionadas (y de otras). Falta por verse si algún día podrán auparse a la condición de jerarcas que enarbolaron los nombres que figuran en el altar. Esta es la verdad. Quienes quieran acompañarles en el viaje que dilucidará si adoptan esa magnitud, que vengan con nosotros. Quienes deseen, en cambio, quemar las naves pueden estar tranquilos. Cibeles no toma nota de su mezquindad, y serán recibidos con los brazos abiertos y los leones en pie cuando deseen subirse al barco.
Os dejamos con las portadas cataculés que, como corresponde, celebran la derrota madridista.
Pasad un buen día.
-Courtois: SOBRESALIENTE. Ya ganó al Liverpool, él solito, una final, y hoy por poco le empata un partido de fase de liga. Intratable hasta que le cabecearon lo imparable.
-Valverde: SOBRESALIENTE. Como decía Jesús Bengoechea, el mejor lateral derecho de la historia de todos los que no han querido ser laterales derechos.
-Carreras: NOTABLE. Excelente ejercicio defensivo ante Salah, aunque cometió algunos fallos en la entrega.
-Huijsen: SUSPENSO. Triunfará en el Madrid, pero no gracias a este partido. Continuos fallos en el pase y bisoñez atrás.
-Militao: NOTABLE. Sigue imperial.
-Tchouaméni: NOTABLE. Sostuvo al equipo durante gran parte del naufragio del segundo tiempo.
-Güler: APROBADO. Tibio en el primer tiempo, desaparecido en el segundo.
-Bellingham: APROBADO. Buen primer tiempo que se diluyó en un segundo donde estuvo intrascendente.
-Camavinga: SUSPENSO. Su descalabro fue el más grave de todos los descalabros individuales que se vieron en la segunda mitad.
-Vinícius: APROBADO. Amenazante en el primer tiempo, se dejó arrastrar por la inoperancia del segundo, aunque siempre lo intentó.
-Mbappé: SUSPENSO. No puede uno presentarse al partido en el minuto 80.
-Rodrygo: SUSPENSO. Sus días de titular se acabaron. Sus días de revulsivo parece que también.
-Trent: APROBADO. Aportó algo de peso en ataque, sobrellevando con entereza la injusta presión del público, pero no tuvo mucho tiempo.
-Brahim: sin calificar.
-Xabi Alonso: SUSPENSO. Inerme esta vez ante el vendaval scouse de la segunda mitad. En esta ocasión, cosa rara en él, mostró escasos reflejos y acierto en los cambios.
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Arbitró el rumano Istvan Kovacs. En el VAR estuvo el alemán Bastian Dankert.
Partido intenso y trepidante propio de la Champions League, y más si hay un equipo inglés. Hubo varias jugadas polémicas y acertó en casi todas menos una.
La primera fue una caída de Carreras ante Bradley que no fue nada. Luego, Tchouaméni impactó con su brazo un disparo de Szoboslai. Pitó falta pensando que era fuera del área, pero le reclamaron desde el VAR. En el monitor vio que era una mano pegada al cuerpo, no despegada ni abierta. Bien Kovacs no indicando los once metros. Unos minutos después hubo una jugada parecida a la del clásico entre Lamine y Vinícius. Aquí Robertson también puso el pie por delante de Arda antes del golpeo y tampoco decretó nada. Parece que se perita igual en España y en Europa. Por último, antes del descanso sí se equivocó en la acción entre Vinicius y Bradley. El defensa impactó con su brazo en la cara del brasileño. Era penalti.
Por lo demás, dejó jugar bastante, y aunque pudo sacar más tarjetas se quedó en cinco, una para los locales y cuatro para los madridistas. Vini la vio por agarrar a Bradley, Huijsen por una entrada dura a Ekitiké, Mac Allister por sujetar a Mbappé, Bellingham por un tackle abajo a Gravenverch y Carreras por derribar a Chiesa. También enseñó una a Xabi Alonso por protestar.
Kovacs, REGULAR.
El Madrid visitó Anfield con el objetivo de seguir invicto en Champions, pero cosechó su primera derrota europea. El desempeño sobresaliente de Courtois no fue suficiente para doblegar a un Liverpool mejor.
Xabi conformó un once previsible, aunque con Camavinga en el ala derecha, lo cual redundaría en una menor profundidad por esa banda del Madrid, pues Fede tampoco se prodigó en ataque, centrándose en la defensa.
El Liverpool comenzó apretando las tuercas al Madrid. Hacía un tiempo de perros, con lluvia inglesa, pero cesó con el pitido inicial. Ni el agua quería perderse un encuentro entre estos dos grandes de Europa. Antes del 10', Huijsen cometió su segundo error consecutivo y Mac Allister golpeó fuera. Siempre hay algún Mac Allister en algún lugar en algún momento.
Los reds dominaban aupados por el rugido de su afición. El Madrid no presionaba como de costumbre cuando no tenía el balón.
La primera del Madrid la tuvo Mbappé, que culminó una buena combinación de él mismo con Jude y Vini. Echó el cuerpo hacia atrás, como si estuviese en una tumbona, y el balón se le marchó a las nubes esas que habían dejado de llover hacía un rato. La acción pareció desentumecer al Madrid, que se sacudía en ese momento la hegemonía del Liverpool. Fue un espejismo. Así se llegó al 20, el minuto en el que se homenajea a Diogo Jota.
Xabi Alonso, desde la banda y ataviado con una camisa que recordaba a la moda en Pionyang, pedía al equipo que jugase más alto.
El Madrid consiguió enhebrar una jugada larga sin perder el balón, que hasta entonces era la tónica habitual —después también lo continuó siendo—, que concluyó con incursión y disparo de Tchouaméni. La respuesta del Liverpool, gol de Szoboszlai que no entró porque Courtois obró su enésimo milagro. Diez de cada ocho acciones como esas terminan en tanto. Los niños de Liverpool tienen pesadillas con Thibaut. El gigante verde tuvo que intervenir también para despejar de cabeza.
Después, un nuevo disparo de Szoboszlai rebotó en Tchouaméni y le rozó en una mano. El francés se estaba cubriendo, tenía la mano pegada y se hallaba de espaldas. El colegiado señaló falta al borde del área, pero el contacto se produjo dentro. Después de varios minutos le llamaron desde el VAR. Segundo milagro: no pitó penalti.
El conjunto inglés estaba acogotando al Madrid, que achicaba agua y cuando recuperaba el balón lo perdía con prontitud. Tras una de esas pérdidas, Güler recuperó y se coló hasta la cocina. Lo derribaron, pero el árbitro le dijo que se levantara. Penalti claro al limbo. Poco después, a Vini le endiñaron un manotazo dentro del área. Tampoco señalaron nada. Después pudo haber una mano en una dejada de Güler a Kylian, ni siquiera repitieron la jugada. Era dantesco escuchar a Mateu y compañía hacer malabares dialécticos para justificar todas las decisiones de István Kovács. Alipori máximo.
Courtois seguía a lo suyo. Otro trallazo de Szoboszlai y mano dura del belga que recordó a una de las de la final de la Catorce. Respondió Bellingham con una bella acción en la que se plantó en área chica regateando, pero Mamardashvili despejó con los pies.
Al descanso se llegó con una nueva intervención de Courtois. 0-0. Dominio local, que no se marchó con ventaja a los vestuarios debido la actuación excelsa del portero blanco. El Madrid no tenía el control y el centro del campo brillaba por su ausencia.
Xabi permutó las posiciones de Güler y Camavinga de cara a la segunda mitad, que comenzó como acabó la primera, con despeje imposible de Courtois. Virgil había cabeceado a bocarrajo. En el córner siguiente, despejó de manera aún más bella otro testarazo, en esta ocasión de Ekitiké.
Courtois estaba firmando un partido de esos que solo ha firmado él en la historia. Pero en fútbol, para ganar, también hay que marcar gol, no solo evitarlo, y nada hacía pensar que los blancos estuviesen en disposición de anotar.
El Madrid estaba de nuevo contra las cuerdas. La siguiente de los reds, también para Szoboszlai, esta vez de faltita directa. Despejada de puños por Thibaut.
El Madrid quería, pero no le daba para ganar: Courtois evita goles, no los marca.
El Madrid se desenvolvía por el partido como quien no sabe nadar y ha de ir de puntillas por la piscina porque le cubre por la nariz. Era difícil perder más balones. A los blancos les duraba el esférico no más de dos segundos.
Se ve que Carreras se cansó, cogió el balón y se introdujo hasta dentro regateando, pero ningún compañero acudió a rematar su pase.
Los de Xabi, además, se empeñaban en conceder faltas al borde del área, sabiendo que el rival cuenta con Szoboszlai. Una botada por él acabó en la red tras cabezazo cercano de Mac Allister. Carlos Martínez lo calificó como golazo. Era imposible que no acabara entrando alguno.
Xabi volvió a colocar a Camavinga en la derecha, aunque a esas alturas Eduardo ya olía a banquillo. Rodrygo salió en su lugar. Oh, qué ilusión, entraba Goes. El brasileño no decepcionó y perdió el primer balón que tocó: se había integrado a la perfección en el juego del resto de compañeros.
Dean no daba una a derechas. Ni a izquierdas. A partir del 70, los blancos comenzaron a tener más el balón, quizá más porque el Liverpool levantó el pie del acelerador que por méritos propios. Mbappé pudo anotar en el 75, pero su disparo se marchó rozando el palo izquierdo de Mamardashvili.
A diez minutos del final, Alonso introdujo a Trent en lugar de Arda. Valverde adelantó su posición. El Madrid intentaba empatar, sobre todo por medio de Mbappé, que parecía haber despertado un pelín. No así Vini, que fue de más a menos, y tampoco había empezado muy bien.
En el 86', primero Courtois y luego Militao evitaron el segundo scouse, que parecía más cercano que la igualada blanca. El Madrid quería, pero no le daba para ganar: Courtois evita goles, no los marca.
Brahim reemplazó a Valverde en el 90' y el árbitro añadió cinco minutos de prolongación, pero los blancos no consiguieron ningún punto en Anfield. El Liverpool fue superior, en el banquillo y en el campo, solo el acierto de Courtois evitó un resultado más abultado.
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Antes de entrar en materia, quiero recordarles que mi ignorancia es comparable a la capacidad del club cliente de Negreira para delinquir. Y también… ¿qué era? Ah, sí, también que tengo muy mala memoria. Después de unas vacaciones se me olvidó vivir, luego fue un engorro aprender de nuevo a hacer la mitosis y todos esos procesos.
Mi amigo Falstaff me había cedido su entrada para La Filarmónica en el Auditorio Nacional —solo me cae bien por estos detalles— y yo pensé que era una ocasión especial merecedora de darme una ducha. Una previa ideal para el Liverpool-Real Madrid del día siguiente.
Limpito y arreglado me presento en la entrada, donde se congregan más personas aseadas, salvo un joven con aspecto de cochino y la camisa más arrugada que la gomaespuma del asiento del coche de Laporta.
No es la primera vez que acudo, cuando estudiaba Teleco nos proporcionaban entradas para que apreciáramos los elementos arquitectónicos destinados a mejorar la acústica del Auditorio. En otra ocasión, gané dos entradas en un concurso de un periódico. Como fui solo, le regalé la que me sobraba a una señora mayor que se había quedado sin ella. Esto lo digo solo por presumir de bondad (dime de qué presumes…).
Además, hace décadas, mi padre se encargó de las tarimas del escenario y otros lugares de la recinto. Pero, como tengo mala memoria, cada vez que voy es como la primera.
Leo «puerta 10» en la entrada digital. «Imposible, solo hay una», pienso. Me pongo a la cola y una vez dentro ya preguntaré. Al leer el QR, el empleado de la puerta me indica, pero estoy tan pendiente de atender a las indicaciones que no presto atención a las mismas. Me pongo nervioso y sigo adelante.
Una escalera a la izquierda y otra a la derecha. Me asomo a la primera. Hay una plaquita con números de puerta. Ya entiendo por dónde iban los tiros. No es esa, sino la derecha. Ya es sencillo: al llegar a la correspondiente, solo tendría que atravesarla y buscar la fila y el asiento indicados. Aparcao. Vista fabulosa lateral. Debajo, dos pianos: uno descapotable y el otro targa.
En lugares como este me encuentro cómodo, la proporción de maleducados es menor. Aunque siempre hay alguien que incordia. «¿Podés cambiarme la butaca para estar con él?» pregunta la mujer que tengo al lado a otra que se sienta varias filas más arriba, junto a su acompañante. Lo intenta sin éxito con más espectadores. A mí no me pregunta, debe de verme el gesto.
Entre aplausos, salen a escena Terele Pávez y Pepe Viyela. Eso me parece. Además, hace apenas unos meses que ajusté la graduación de las gafas. Mas un runrún en la cabeza me dice que aquello no puede ser, la gran Terele hace tiempo que nos dejó, y aunque la presencia que estoy viendo tiene un aspecto espectral, totalmente de negro con la melena cana, se me hace raro que sea ella. Lo de Pepe Viyela, en cambio, no me llama la atención.
Entonces recuerdo las palabras del WhatsApp de Falstaff: «Es un recital de piano de Martha Argerich (una leyenda, para muchos la mejor intérprete viva de piano) y otro notable pianista argentino, Nelson Goerner. Obras de Mozart, Beethoven, Shostakovich y Ravel». Misterio resuelto.
También caigo en que me han entregado un díptico de cartón que hasta ese momento estoy utilizando como paipay. Es el programa. En él aparecen los nombres de los músicos. Ya les había prevenido acerca de mi ignorancia. Pido disculpas por la confusión.
Ambos pianistas interpretan de maravilla las piezas. Junto a ellos, dos efebos aguardan sentados al acecho leyendo la partitura para pasar de página cuando sea menester. ¡Flash! Lo hacen rápido, intentando no molestar. No obstante, Martha Argerich a menudo no queda conforme con el resultado y aplana la página izquierda —que siempre queda abombada por efecto del peso de la misma— en gesto fugaz. No cambia ni mejora nada, pero ella se siente mejor haciéndolo.
La mujer que quería cambiar de asiento mete la mano en su bolso y comienza a hacer ruiditos. Tarda unos treinta segundos en extraer una mascarilla. Se la coloca tapando boca y nariz. No logro comprender cómo mejora la visión o la escucha del espectáculo.
Tras muchos aplausos, sube la intensidad lumínica y un señor con estructura de Óscar López mezclado con Jesús Posada y ataviado con una americana de pata de gallo se levanta. La mujer que lo acompaña hace lo propio. Ella también viste una chaqueta con motivos de pata de gallo. Quizá regenten una pollería.
Unos minutos para estirar las piernas. Huelo a café. Camino en una dirección, llego a los baños. Aquí no es. Camino en la contraria, hay una barra. Aquí sí es. Me pongo a la cola, pues leo en un cartel: «Barra libre de copa de cava».
Me extraña, no es propio de la clase de un lugar así. Según me acerco confirmo mi error, el letrero reza: «Barra de copa de cava». A 5,85 € la copita. Ya que estoy…
Vuelvo a mi asiento. La señora de la mascarilla no está, pero sí su abrigo y su bolso. Tal vez se ha disuelto, o se ha evaporado, y solo han quedado sus objetos materiales sobre la butaca. En todo caso, mejor.
Tanto Martha Argerich como Nelson Goerner son primorosos. La velada es una delicia. Perfecta para relajarse antes de un partido de Champions entre la realeza europea en Anfield.
Cuando aplauden mucho durante más tiempo, entiendo que ha concluido. De las cuatro obras, me han gustado más las de Beethoven y Ravel, pero por poco, como un fuera de juego de esos que le inventan a Mbappé.
Los señores de la pollería se levantan y se marchan. Alrededor de un 15% de los espectadores, también. Son los mismos que no presenciaron las remontadas del Madrid de la Catorce porque «hay que irse ya, que luego se forma mucho atasco».
Yo me quedo. Acierto, porque hay bis. Los pianistas interpretan She Loves You. Creo que mi cabeza ha abandonado la realidad y se está posando sobre el partido del Madrid de mañana. Yeah, yeah, yeah.
Gracias, amigo Falstaff.
Fotografías: Francisco Javier Sánchez Palomares
Me van a disculpar por el término. No acostumbra una a ser grosera, más bien todo lo contrario, y menos a modo de presentación con una palabra tan sonora, aunque de momento indefinida. Tiene que ver con que hay una plaga sobrevenida de la dolencia denominada “pubalgia” en algunos de los jóvenes futbolistas de la Liga.
Ya se harán una idea de por dónde van estos tiros. Me van a volver a disculpar, porque a medida que se suman palabras se agranda la (mala) sombra, pero yo a esta coincidencia de padecimientos en tan mancebos cachorros peloteros la voy a llamar mejor “follalgia”. Ya está, ya se ha dicho (por segunda vez).
He leído algunas consideraciones médicas al respecto del achaque, y no existe ninguna que me convenza por su casi expresa vaguedad, lo cual me lleva inevitablemente a extradiagnosticar el problema. El “estrés físico temprano” y el “rápido crecimiento”, por ejemplo, son algunas de las causas referidas por los facultativos.
Estos recomiendan poco menos que nuevas ambigüedades como descanso o prevención.
No hay tratamiento específico para la pubalgia, que no es nueva. Otros futbolistas jóvenes del pasado también la sufrieron en un curioso contexto de sensación de cortina, como cuando deslizan esta violentamente las enfermeras en las urgencias de un hospital.
Lo que les pasa a los jóvenes futbolistas españoles es follalgia, que podría considerarse la expresión latina original de la que se deriva la oficial pubalgia
Así que mi evaluación del asunto es que se trata, en realidad y definitivamente, de follalgia. ¿Y qué es la follalgia? Pues sin más: un exceso de fornicio con su correspondiente excesivo movimiento rítmico o arrítmico o explosivo del pubis, derivado de la juventud rozagante y de las infinitas posibilidades que ofrece ser famoso y deseado, a pesar incluso, o a propósito de los, en algún caso, atavíos contrarios a cualquier muestra de auténtica sensualidad que una conozca. Pero una es una y nada más.
La follalgia no tiene cura. “Prevención y descanso”, dicen los médicos. La generalidad que recomienda casi sin misterio un poco de contención en el impulso. Eufemismos por doquier. Pero una, madre de hijos adolescentes y hermana de hermanos adolescentes, sabe de lo que habla.
Lo que les pasa a los jóvenes futbolistas españoles es follalgia, que podría considerarse la expresión latina original de la que se deriva la oficial pubalgia: el irrefrenable estímulo de acceder a las profusas insinuaciones sobrevenidas que están causando una pequeña ola de estragos sin curación, a no ser que se les confine, por su bien y el de los clubes que les pagan, en sus respectivas ciudades deportivas.
Una situación inviable por su evidente privación de libertad, contraria a los derechos humanos, y por la que una recuerda aquella escena de la sicalíptica Amarcord de Fellini, cuando la familia va a visitar al tío ingresado en un psiquiátrico quien, al volver de la pequeña excursión, se escabulle antes de regresar y se encarama a un árbol al grito desesperado de: “¡Quiero una mujer!”.
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A estas alturas de la temporada se puede decir ya que el de Álvaro Carreras ha sido un gran fichaje. El sábado metió un golazo, por toda la escuadra, un trallazo prácticamente en seco desde el pico del área que recordó a Roberto Carlos y a Marcelo. Es verdad que hay una cultura madridista del lateral izquierdo muy acentuada que forjaron los genios brasileños, a partir de la cual se puede hablar también de heterodoxia: Coentrao y Mendy como grandes laterales alternativos que han triunfado incluso a la vez que Marcelo o, en todo caso, que han ayudado o hecho sencilla la transición, siempre difícil en equipos campeones.
Carreras se inscribe en esa tradición. Es grande y rápido, de zancada potente y envergadura. Va al choque con contundencia aunque no es exactamente una roca. No es ni Rüdiger ni Pepe ni tampoco Carvajal, no tiene cuerpo, pero es valiente y buen marcador, hábil para el tackle y la intercepción, virtud capital en los grandes defensas del Madrid, que tienen que acostumbrarse a trabajar sin red. También ha mostrado temple y casta, como un buen torero.
El camino de Carreras hasta el Madrid ha sido un renglón torcido. Aunque no es exactamente el mismo caso, Carreras se parece a Carvajal: en La Fábrica desde cadete, no llegó a debutar sin embargo con el Castilla porque se fue a hacer el erasmus antes, al Manchester United, desde donde llegaría, previo paso por el Granada y la Primera División, al Benfica. Allí, una buena temporada y un gran marcaje a Lamine Yamal le abrieron las puertas, definitivamente, del Real Madrid.
El contraste con Yamal es interesante. Representa, desde luego, otro tipo de españolidad. Carreras es un tipo serio, de aspecto tranquilo y apariencia de cayetano. Los cayetanos tienen mala fama y no se sabe muy bien por qué, quizá sea fruto de la envidia, mal endémico español. Lo quinqui llama más la atención, desde luego, y el rollo bling-bling es, comunicativamente, más potente: es el campo semántico de las estrellas de la NBA, del reguetón y el trap, de la ordinariez y vulgaridad rampantes que se han hecho irremediablemente dueñas del mundo. Yamal, además, encarna el mito de la «España plural» y diversa al que con tanto regocijo se apuntó la izquierda política y cultural, que es la que domina el relato.
A estas alturas de la temporada se puede decir ya que el de Álvaro Carreras ha sido un gran fichaje
La nueva españolidad está de moda. Es prisaicamente vendible, carne de El País Semanal y de la Cadena SER. O sea. Yamal, Nico Williams, los talentos que surgen del mestizaje de los extrarradios, toda esta supuesta alternativa a lo ibérico tradicional que amplifican las redes sociales hasta el agotamiento mental se levanta, en el plano de lo simbólico, contra el lugar común que asocia al Madrid con la vieja idea cerril y apolillada de España.
Carreras no es ni diverso ni plural, sino de El Ferrol, provincia de La Coruña, ciudad de insigne abolengo por su cercanía con Santiago de Compostela y base principal de la Armada Española. Va a lo suyo y es inteligente, no alimenta el circo en el que TikTok, Instagram e Internet en general han convertido el fútbol de hoy. Es un español que tuvo que salir fuera para competir, está adaptado a la jungla global, aprendió inglés en la Premier y volvió con mando en plaza. No tiene progenitores estrambóticos o con bellas historias de superación perfectas para que las cuente Évole. En ese sentido su origen tiene poco de inclusivo, es lo que antes se entendía por un español normal, especie hoy en peligro de extinción y rara avis en el gran escenario del mundo como el lince ibérico blanco al que le hicieron una foto el otro día.
Su zurda tiene ecos de Bale. Juega con la música anárquica y fabulosa de los grandes jugadores del Madrid, esos que siempre bailan un chotis con la muerte sobre el filo de una navaja
Pero Carreras es un cañón. Su zurda tiene ecos de Bale. Juega con la música anárquica y fabulosa de los grandes jugadores del Madrid, esos que siempre bailan un chotis con la muerte sobre el filo de una navaja. Recuerda a la energía de Carvajal, tiene su determinación y la firmeza de Nacho pero, también, la inclinación a la locura de Sergio Ramos. Quizá sea un defecto congénito de su exuberancia física, de su poderío. Tiene tiempo para aprender, desde luego. Además, a diferencia de Fran García, Carreras ha caído de pie y la gracia, como la fe, es un don: se tiene o no se tiene y está claro que el Bernabéu no se la concede a cualquiera.
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Esta noche viviremos en Anfield un duelo de titanes entre dos miembros de la realeza europea: el Liverpool y el Madrid.
Los amigos de fcQuiz quieren ponerte a prueba con el siguiente cuestionario.
¿Te atreves?
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Buenos días, amigos. Si fuera un vino estaría picado. Si fuese un pepino, amargaría. Hablamos de Aritz Gabilondo, paradigma de la meritocracia. La consigna siempre es la misma: desestabilizar al enemigo, que en este caso es el Real Madrid porque es el único club que aboga de verdad por un fútbol limpio y, claro, en esa situación, ¿de qué vivirían los medios?
Esta vez la cosa hiede como una pechuga de pollo fuera de la nevera en julio durante quince días en una cocina de Écija. El Madrid va bien, y lo único a lo que se pueden asir es a un asunto antiguo y zanjado: el enfado de Vini tras su cambio contra el Barça y sus posteriores disculpas.
Seguir a vueltas con esto es como si aún estuviésemos comentando un rifirrafe en el Congreso entre Cánovas y Sagasta. Pero no tienen otra cosa donde inocular su veneno mediático.
El bueno de Aritz escribe: «Sobre si será titular o suplente en Liverpool se pueden avanzar innumerables conclusiones: o el técnico claudica como claudicó ante el Valencia o el brasileño paga su desaire del Clásico en el partido más gordo de lo que va de Champions».
A Gabilondo no le vale con que Vini pidiese disculpas, Xabi diese por zanjado el asunto, jugase contra el Valencia, la afición —a quien de verdad le importa esto— lo aplaudiese y técnico y jugador se diesen la mano en el momento de la sustitución. No, para Aritz la polémica sigue viva, aunque sea el mismo trozo de pollo anterior, e intenta reanimarla con maniobras de RCP bochornosas.
Mientras Mbappé siga marcando y el Madrid ganando, el perdedor en esta guerra es Vinicius.
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— Diario AS (@diarioas) November 3, 2025
Según este insigne periodista, Xabi claudicó contra el Valencia, lo sabe él y punto. Esta reacción fue predicha por todo ser humano funcional no untado por el antimadridismo, no es nada nuevo, pero destaparte con que el castigo podría venir casi diez días después de los hechos es una pirueta de mérito. Ahí has estado brillante, Gabilondo.
Además, esta teoría es válida hasta el infinito: si dentro de tres meses Vini no juega un partido de titular, será como castigo por su reacción a la sustitución contra el club cliente de Negreira.
La dosis de veneno aumenta en el párrafo siguiente: «También el indulto posterior de Alonso se quedó corto, pues hizo la vista gorda sin escrúpulos y miró hacia otro lado en su discurso y en su alineación. No hay duda de su estrategia: las decisiones drásticas —si es que las hay—, mejor en verano que ahora que puedan perjudicarles a él y al equipo. La realidad es que mientras Mbappé siga marcando y el Madrid ganando, el perdedor en esta guerra es Vinicius, no Xabi. Recálquese por eso que en su arrepentimiento postizo Vinicius incluyera a todo trapo al presidente, esa figura que en el Madrid puede mostrar el pulgar abajo a cualquier estrella, también, por supuesto, a él».
Sigue patente la omnisciencia de Aritz, él lo sabe todo y además conoce por qué. No solo de las situaciones que acontecen en lugares donde él no se encuentra, sino los sentimientos internos de los protagonistas. Este hombre es un ser maravilloso, un semidiós.
Cabe destacar este hito del periodismo: «mientras Mbappé siga marcando y el Madrid ganando, el perdedor en esta guerra es Vinicius, no Xabi». Para los profesionales pagados para escribir el relato siempre es todo mal cuando del Real Madrid se trata. ¿Se para a leer lo que escribe? Imaginemos que hoy Mbappé marca dos goles con sendas asistencias de Vini y los blancos se imponen en Anfield, según Gabilondo, el perdedor no sería el Liverpool, sino Vinícius.
Un Vinícius que es la pesadilla de Anfield, como destaca Marca.
Nada es casual, saben que el 7 del Madrid ha sido, es y será pieza clave desequilibrante capaz de darle la vuelta él solo a un partido trascendente en el cual hasta ese momento estaba desaparecido. Eso lo convierte en peligroso y en el principal objetivo a eliminar. Lo asombroso es el aguante de Vini, que lleva años sufriendo una campaña de acoso como jamás se había visto.
Para instilar este relato en la sociedad, es condición sine qua non ocultar cualquier buena acción del perseguido, manipular y encarrilar la narrativa hacia el lugar deseado, aunque este se encuentre a un mundo de la verdad.
Jesús Bengoechea dio en el centro de la diana anoche con esta publicación en X:
Cuando Koke le suelta a Vini “Mbappé te está comiendo la tostada”, Vini le responde “Ya, y juega en mi equipo”.
Cuando Ferran trata de poner nervioso a Vini al producirse un penalti, preguntándole “¿Lo vas a tirar tú?”, el brasileño le replica: “No, lo tira Kylian, que los mete… https://t.co/eH2CrDjJ5q
— Jesús Bengoechea (@JesusBengoechea) November 3, 2025
«Cuando Koke le suelta a Vini “Mbappé te está comiendo la tostada”, Vini le responde “Ya, y juega en mi equipo”. Cuando Ferran trata de poner nervioso a Vini al producirse un penalti, preguntándole “¿Lo vas a tirar tú?”, el brasileño le replica: “No, lo tira Kylian, que los mete siempre”. Son las cosas que nunca se destacan de Vini, y que me parecen suficientes para desacreditar este intento de intoxicación».
Efectivamente, estas cosas del brasileño nunca se ponderan, porque hacerlo supondría desactivar el relato. Del mismo modo que no se emiten las imágenes en las que se preocupa por el rival, bromea con él, lo ayuda, le presta agua. Ni cuando se queda el tiempo que sea necesario a firmar autógrafos y posar sonriente con los mismos aficionados que minutos antes lo han estado acribillando a insultos, a menudo racistas. No interesa hacerlo. Que me quedo sin comer.
El motivo por el cual Vini no cae fulminado con el veneno mediático es que él mismo es el antídoto al tóxico.
Gabilondo hoy verá el partido contra el Liverpool atento a Vini, a Xabi y a cualquier vapor intrascendente que pueda atrapar en su tubo de ensaño para fabricar más veneno.
Mientras tanto, el Madrid, a lo suyo. Primero, realizó una ofrenda floral y honró la memoria de Diogo Jota y André Silva en un emotivo homenaje. Y esta noche, a por el partido. This is Real Madrid. Alberto Cosín ha diseccionado al equipo de Slot para que sepamos a qué rival nos enfrentaremos. Podéis leer aquí su previa del encuentro.
En Can Barça también están a sus cosas. Para Mundo Deportivo lo más destacado del día es su Gala Femenina. Sport, en cambio, apuesta por Dro. Nosotros apostamos por Gabinete Caligari.
Pasad un buen día.
Cuarta jornada de la Champions League y el Real Madrid visita el templo de Anfield. Enfrente, un Liverpool que se reforzó de manera cuantiosa en verano, pero que todavía no ha arrancado como se esperaba. La situación en la que se ven los dos equipos es radicalmente distinta a la de la temporada pasada. Ahora es cuando el Real Madrid llega en gran dinámica, a diferencia de los reds, que pese a ganar el sábado al Aston Villa, vienen de una racha negativa en varias competiciones. Arne Slot todavía no ha dado con la tecla esta temporada y hay muchos jugadores lejos de su mejor momento. También la mayoría de los fichajes no se han adaptado todavía. De todas formas, es el Liverpool y Anfield, y eso son palabras mayores.
El cuadro inglés tiene varias bajas: Alisson, Isak, Frimpong y Leoni, como más destacadas. Además, Curtis Jones se ha recuperado a última hora, pero sigue siendo duda. Slot tiene varias alternativas en el once, sobre todo en el lateral derecho, y dependiendo del que ocupe esa zona se verá un equipo u otro. En portería estará Mamardashvili; Bradley (o Szoboszlai) lateral derecho y Robertson en el izquierdo; Konaté y Van Dijk de centrales; doble pivote para Gravenberch y MacAllister; por delante Szoboszlai (o Wirtz, si el húngaro es lateral), Gakpo a la izquierda y Salah a la derecha; en punta, Ekitiké.
Una seña de identidad del técnico neerlandés. La presión es una de sus características como técnico y una de las razones por las que el Liverpool fue una máquina de ganar en Premier la temporada pasada. Este año, sin embargo, no está funcionando. El neerlandés pide agresividad, intensidad y vehemencia en los duelos muy arriba. Si consiguen robar el balón o generar pérdidas peligrosas cerca del área, acaban con ocasiones claras o goles. MacAllister es el que tira del equipo de arriba para meterlo prácticamente en el área rival y la defensa se sitúa en el mediocampo. El papel del Real Madrid en la salida será fundamental para saltar la primera línea con ayuda de los mediocampistas. Si se logra superar la presión, las posibilidades de hacer daño en transiciones a los reds serán muy altas, ya que el ataque será un cara a cara con los centrales, dándose situaciones de 3 vs. 3 o 4 vs. 4. Es una de las formas de hacer daño al equipo inglés.
La salida de balón del Liverpool depende en gran medida de Van Dijk. Con él consiguen sacar el esférico jugado y limpio desde atrás. Tanto a ras de suelo como en los desplazamientos en largo que realiza con enorme precisión el neerlandés. Otra de las alternativas es el húngaro Szoboszlai si juega por banda, gracias a su pie, precisión y visión de juego. Si el Real Madrid sigue con su dinámica de presión, se les puede ahogar sacando réditos muy importantes y obteniendo situaciones de peligro muy cerca de la meta de Mamardashvili. Un factor vital a tener en cuenta será el mediocampo, y en especial MacAllister y Gravenberch, que también colaboran en la salida al bajar unos metros su posición y apoyar a los centrales. Tienen movimientos muy trabajados y los laterales también progresan con el cuero en velocidad. Además, buscan pases en largo en diagonal a las bandas para aprovechar la velocidad de Salah o el cuerpo y la agilidad de Ekitiké y Gakpo.
El devastador poder goleador del Liverpool de otros años no vive su época más lúcida en lo que va de temporada. Isak está acusando el haber llegado tan tarde, Salah está lejos de cifras de otros años y Ekitiké tampoco es un consumado goleador, aunque está sumando en esta faceta. Gakpo sí está viendo puerta y sobre todo creando peligro desde el costado izquierdo. En la Champions, vienen de golear al Eintracht, pero en Premier League han recibido 14 goles en 10 partidos, a más de uno de media por encuentro. El papel de los laterales es básico en la idea de Slot, siendo casi extremos cuando se desenvuelven en ataque. Tratan de llegar hasta línea de fondo, doblar a los extremos y participar en las jugadas ofensivas. Los dos, pero sobre todo Szoboszlai, disponen de un guante para centrar, y en el caso del húngaro también para probar desde la larga distancia. En el medio campo, Granvenberch está tirando de la pareja que forma con MacAllister, que lleva irregular desde que comenzó la temporada. Por último, en el juego aéreo cuentan con valladares como Van Dijk y Konaté, que deben estar vigilados a balón parado.
El conjunto rocoso, complicado de ganar y que dejaba la portería a cero muchos días ha desaparecido. Su sistema defensivo ha hecho aguas en muchos partidos, ya no es fiable y recibe goles y ocasiones con bastante facilidad. Les falta atención y concentración en segundas jugadas y rechaces y lo están pagando. Konaté empezó muy mal el curso y Van Dijk ha bajado un par de escalones respecto a los que nos tenía acostumbrados. Kerkez no es el del Bournemouth y Robertson está volviendo a tener minutos, mientras que la baja de Frimpong la suple el húngaro, aunque Bradley también tiene opciones de jugar. Además, también destacaba por ser un equipo muy físico y poderoso, pero no lo está mostrando hasta la fecha y en muchos encuentros caen en los segundos tiempos.
Partidos a un gran ritmo de balón, circulación, presión e intensidad. Un equipo que agobia y te hace sufrir en el terreno de juego. Son aspectos que figuran en el librillo de Slot pero que están brillando por su ausencia. Se conoce de sobra al Liverpool y sabemos que tiene jugadores muy dinámicos, rápidos y verticales con campo para correr. Además, los primeros minutos suelen ser una tortura para el rival en Anfield. En este aspecto el Real Madrid ya lo sabe de sobra y debe salir preparado y concentrado para la tormenta inicial, porque es una escuadra que crea ocasiones para marcarte dos goles en cinco minutos sin que te des cuenta. Si consigue el Real Madrid detener esa primera oleada, se equilibrarán las fuerzas y ahí es cuando el cuadro blanco debe tratar de imponer su ritmo y estilo de juego. Es un partido importante para los reds, camino de encauzar su principio de curso, en su feudo apoyados por el público y con un campo que es más corto de lo habitual (unos 101m de largo), apretarán seguro.
Las temporadas pasan y Salah lo está notando en estos primeros meses de curso. Está lejos de guarismos goleadores con los que empezaba las campañas y suma 5 tantos en 14 partidos, el último el sábado a puerta vacía por un grave error del Dibu Martínez. Pero es el jugador de más talento y gol del tridente red y nunca te puedes relajar con él. Seguro que quiere enmendar su flojo inicio y reivindicarse ante el Real Madrid. Su duelo con Carreras será apasionante. El egipcio posee olfato goleador, técnica, velocidad y desborde. Marca y asiste y sus compañeros le buscan continuamente para que trate de hacer diabluras. Si Salah te encara en velocidad, es prácticamente imparable, y pese a ser zurdo no tiene mala salida por su perfil derecho para centrar o disparar.
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