Franco Mastantuono ya es nuevo jugador del Real Madrid, y se incorporará a la disciplina del club blanco tras el Mundial de Clubes que se disputa en Estados Unidos.
El Real Madrid pagará 45 millones por un jugador aún en formación, pero cuyo techo y potencial merece cada millón que se va a desembolsar. Este fichaje forma parte de una exitosa política de fichajes aplicada durante la década anterior, en la que el Real Madrid contrataba directamente a los jugadores desde su club de origen al llegar a la mayoría de edad, antes de que dieran un paso intermedio hacia otro club, sobrepagando un poco al principio para tener el control sobre estos futbolistas. De esta manera han llegado jugadores como Vinícius, Fede Valverde, Rodrygo, o Arda Güler, entre otros.
Estos casos en concreto han sido muy exitosos, por lo que, si el Real Madrid se planteara vender a alguno de ellos, recibiría una mayor suma de dinero de la que desembolsó inicialmente. Anteriormente, encontramos jugadores como Casemiro, Sergio Ramos, Martin Ødegaard, o Marcelo. Algunos han dado un gran rendimiento en el club, y otros han salido dejando una cantidad importante de dinero, como es el caso del jugador noruego, por el que el Real Madrid desembolsó 2,8 millones en 2015, cuando tenía 16 años, y por el que recibió 35 millones en 2021, tras varias cesiones en las que también se recibió una cantidad de dinero en concepto de la misma.
Aunque también hay casos que no han salido bien, como Asier Illarramendi, Álvaro Odriozola, Lucas Silva, Reinier, o Luka Jovic. En estos supuestos el objetivo debe ser intentar recuperar una cantidad que se acerque a lo invertido.
El fichaje de Mastantuono forma parte de la exitosa política de fichajes aplicada la década anterior: el Madrid contrata a los jugadores en el club de origen al llegar a la mayoría de edad
Puede sonar un poco cruel, ya que hablamos de profesionales, pero esta estrategia de mercado se basa en un “acierto y error”, donde el objetivo debe ser atraer el mayor número de jugadores jóvenes posible para poder testar y valorar quién vale realmente y puede tener recorrido en el club, y quién no.
Si tuviera que apostar, diría que Franco Mastantuono va a ser de los que hará carrera en el Real Madrid; y no como jugador de rotación. Tiene el potencial para ser clave de cara a los próximos diez años. Por su perfil como futbolista y por su mentalidad.
Todavía es pronto para opinar sobre estos dos aspectos, porque es un jugador de 17 años que necesita terminar de desarrollarse físicamente, pero con esta edad se ha convertido en el mejor futbolista de uno de los equipos más importantes de Argentina, como lo es River Plate. El jugador al que todos miran. El que hasta sus propios compañeros saben que es el mejor. Prueba de ello fue el último Superclásico argentino, en el que anotó un golazo de falta para abrir el marcador en el Monumental. No suele ser habitual que un chico joven y recién llegado al primer equipo asuma la responsabilidad de chutar el balón parado, pero vuelvo a lo que he comentado unas líneas antes: sus compañeros saben que es el mejor.
Y no es solo que sus compañeros lo sepan. Es que el propio Franco también lo sabe. Y actúa como tal. Como un líder.
Respecto a qué tipo de jugador es Franco Mastantuono, la primera vez que le vi jugar pensé inmediatamente en su compatriota Paulo Dybala: un jugador de tres cuartos de gran golpeo de balón, buen regate en corto, cierta capacidad asociativa en el pico del área y un decente último pase.
Cuando volvió a rumorearse que el Real Madrid estaba interesado en la incorporación del jugador argentino, surgió la comparativa fácil con un exjugador madridista y también argentino: Ángel Di María. Sin embargo, Mastantuono no es este tipo de jugador. Di María era un extremo puro. Eléctrico. Con mucho desborde y una facilidad para regatear tremenda, y que podía conducir tanto en diagonal como ganar línea de fondo.
Mastantuono es un “10” con alma de “9”. Un mediapunta más punta que medio.
Mastantuono no es extremo, ni tampoco el típico mediapunta que filtra balones a los delanteros, o que baja a recibir para tejer el juego, como si lo puede ser Arda Güler. Mastantuono es más de acabar la jugada que de iniciarla. Más atacante que centrocampista. Y, a diferencia de Dybala, veo en Mastantuono una mayor vocación goleadora. Más instinto para atacar el área. No pienso ni mucho menos que acabe siendo un delantero centro, porque ni tiene las condiciones, ni creo que vaya a tener los conceptos para serlo. Pero sí que veo en él a un jugador letal en el área.
Recuerdo que de Karim Benzema se decía que era un “9” con alma de “10” por su excelso entendimiento del juego y capacidad para mejorar cada jugada con un toque o un movimiento. Con Mastantuono veo exactamente esta frase, pero a la inversa: es un “10” con alma de “9” por esa letalidad que le adivino.
Un mediapunta más punta que medio.
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Buenos días, amigos. Tras tomar un desayuno frugal, esta mañana comenzamos nuestra labor portanalista por el diario Marca.
El protagonismo es para Vinícius, que luce un peinado similar a una chichonera de ciclista. Las espantajerías capilares del brasileño son una costumbre veraniega más que afortunadamente suelen acabar con el otoño, estación que también supone el fin de otras desgracias, como tener que ver un exceso de pies ajenos en lugares donde no es preceptivo lucirlos.
Más allá de los gustos de cada cual, Marca destaca que se trata de “Un nuevo Vini” que busca recuperar en el Mundial el brillo perdido. Pero ya sabemos que el diario de Gallardo es incapaz de publicar algo bueno sobre Vini sin añadir algún ataque. Si Marca hubiese contraído matrimonio con este humilde portanalista, bien podría haberle espetado lo de aquel chiste viejo: “cariño, de tus amigos eres el más dotado”.
Lo de Marca contra Vinícius es otra costumbre veraniega. Y otoñal, invernal y primaveral.
Para el ataque de hoy a Vinícius y al Madrid han elegido a Mario Alberto Kempes, excelente pelotero que nunca destacó por ser el más dotado intelectualmente. En un sellito portadil, el exjugador argentino expele: “Vinícius juega más con la tribuna que con el equipo”. Se ve que los dos goles que anotó Vini en sendas finales ganadas de Champions los anotaron dos espectadores. Uno de Tordesillas y otro de Puebla de Sanabria.
Vaya, nos ha venido de nuevo a la cabeza Carlo Cipolla. No es la primera vez ni será la última. Como bien sabréis, el italiano formuló una teoría de la estupidez humana en su ensayo Allegro ma non troppo.
Esta teoría cuenta con cinco leyes fundamentales:
1.- Siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación.
La prensa en general, y Marca en particular, refrenda diariamente este primer punto. Cuando tu objetivo no es contar la realidad, sino evitar defraudar a la mano que te da de comer, suceden estas cosas. Nunca hemos hecho un registro de los mentecatos en circulación que atascan las portadas porque la vida es finita.
2.- La probabilidad de que una persona dada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica propia de dicha persona.
El mejor ingeniero aeroespacial puede ser un estúpido. El descubridor de una fuente de energía barata e inagotable, también. Y, por qué no, un futbolista glorioso y deportivamente admirable puede ser un cenutrio.
3.- Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ganancia personal alguna o, incluso peor, perjudicándose a sí misma.
La verdad es que esta ley no es aplicable a Marca. Sin embargo, ¿qué beneficio obtiene quien critica a un compañero de profesión que además de haber alcanzado los mayores éxitos con el Real Madrid es víctima de acoso físico, psicológico y racismo?
4.- Las personas no estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida.
El peligro latente de un mentecato es altísimo y nunca debe ser desdeñado. Porque tarde o temprano abandona su estado larvario y se muestra en todo su esplendor.
5.- Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que puede existir.
Al no actuar por maldad, sino por cortocircuito mental, el zoquete es impredecible. Es como soltar un petardo en un quirófano. Cuando se juntan maldad y estupidez, el combo es exponencialmente más peligroso. Y Marca lo sabe.
As opta por un frontispicio encabezado por Militao, Rüdiger y Carvajal ataviados con la nueva segunda equipación vikinga. “Vuelve la muralla”, titulan. Los tres lesionados podrían retornar durante el Mundial, aunque el Madrid no quiere arriesgar un ápice, sobre todo en los casos del brasileño y el español.
En un rectángulo en la zona inferior del periódico leemos que “El Atleti hace examen de conciencia: la banda izquierda, los centrales, Griezmann…”. En pequeñito y suavecito como pellizquitos de monja, no vayamos a juzgar, y a exigir, al Atleti como a un adulto. Ayer dimos buena cuenta de este asunto en el portanálisis.
Las portadas culés son menos variadas que la estructura de una “canción” de reguetón. A Mundo Deportivo hoy le toca hablar de Nico. Qué empacho.
Sport se centra en Cardoso Varela, que no es un músico de Bossa Nova sino una apuesta de futuro. Afirman que el Barça se ha asegurado su llegada con una fórmula similar al fichaje de Pedri. Sí, habéis leído bien, “fichaje de Pedri”. Ya sabemos que luego todos los jóvenes o no tan jóvenes talentos del Barça son producto de la Masía. Porque son canteranos con independencia de cuándo se fichen. Del mismo modo que uno de Bilbao nace donde le da la gana.
Ambos diarios mencionan, de una u otra manera, el asunto de la contratación del guardameta del Espanyol Joan García. Según Sport, “El club azulgrana abona 26,34 millones de euros en LaLiga por el portero”.
Aquí concurren dos circunstancias habituales.
La primera es que el Barça solo abona cláusulas; la prensa y en los fabrizios mediáticos solo informan de una parte del monto total que cuesta un fichaje, obviando impuestos, tasas y comisiones (estando Laporta de por medio es irónico). Mientras que detallan hasta el precio de los folios cuando quien ficha es el Madrid.
La segunda es que Joan García tiene derecho a elegir el club donde quiera jugar. Faltaría más. Sin embargo, por lo que sea, Figo no estaba legitimado para ello. A quién se le ocurre. Una cosa es que los buenos jugadores vengan a mi equipo y otra que los buenos de mi equipo se vayan al Madrid.
Pasad un buen día.
No me van a creer. Llevo años estudiando física por puro placer. Nuestro querido Fred Gwyne nos habla de la eternidad en un excelente artículo de esta semana y nos da pinceladas mundanas, otras personales y algunas metafísicas, para ilustrar un concepto en sí mismo inaprensible. El ser humano es incapaz de entender el tiempo. Una dimensión relacionada de alguna manera con el espacio y con la masa de los objetos. Un concepto abstracto, matemático, del que no sabemos mucho más que la huella que deja en nuestro cuerpo, los cambios en el paisaje, el asombroso proceso de crecimiento y de independencia de nuestros hijos y la dolorosa desaparición de abuelos, padres, amigos, maestros. Un misterio.
El tiempo, el espacio y la velocidad a la que suceden las cosas dependen de la perspectiva del espectador. Si bajamos lo suficiente en la escala de la naturaleza, podemos ver que el tiempo de los fenómenos microscópicos se acelera. En el mundo atómico, durante fracciones inconcebibles de millonésimas de segundo se suceden infinidad de eventos casi simultáneos. El tiempo del universo en grandes distancias y objetos enormes, al contrario, se hace casi eterno. Las estrellas viven miles de millones de años coexistiendo con partículas subatómicas cuya vida es asintóticamente más efímera que un parpadeo.
A escala humana, el Real Madrid es el club más ganador de la historia. Sin discusión. Igualmente, es la referencia mundial visto desde distancias astronómicas. En el fútbol, el club es el número uno absoluto, a enorme diferencia del resto. La historia está escrita en piedra y se repite de una forma inexplicable. Lo que no era posible hace diez años, hoy es una realidad. Ganar tres Champions consecutivas en el siglo XXI ya forma parte de nuestra memoria colectiva. Ganar seis plateadas orejonas en once años es tener éxito en más del 50% de los torneos de la competición deportiva más prestigiosa del fútbol. Frente a la magnitud de los rivales europeos y de sus turbopropulsadas finanzas, conseguir algo así es altamente improbable. Y ahí las tenemos, inmutables testigos del paso de los años, en la capilla más solemne del Bernabéu, ya para siempre.
La elasticidad del tiempo permite manipular las escalas. Quienes fijan los parámetros de la temporada 2024-25 lo hacen meticulosamente. Un año gris para el Real Madrid, por el momento. Un extraño descanso de victorias, en medio de la agitación de un país estupefacto y de un planeta fútbol inmunizado frente al delito y la corrupción del club que trató de adquirir la grandeza con dinero, aprovechándose de un ecosistema mugriento.
Lo que importa a la culerada es la "injusticia" del microsegundo actual, en su oportunismo carente de vergüenza. Nunca les importaron las reglas
Pero todavía se puede atomizar más el tiempo. Podemos simplemente cortar unas semanas entre junio y julio y compararlas con el resto de la temporada, para argumentar la "injusticia" de que un club que se arrastró por Europa en la última década no esté presente en el primer Mundial de Clubes de FIFA. Manipular el tiempo permite estas cosas. Tú fijas un argumento victimista predeterminado y vas moviendo la barra de minutos hasta que se acomode a tu relato.
No importan los hechos objetivos: la FIFA fijó los criterios de selección de equipos por países en diciembre de 2022. El club cliente de Negreira tuvo tiempo de asegurar su participación en el Mundial, pero cayó en la fase de grupos de la Champions de 2023 y en cuartos en 2024. En 2023, además, fue eliminado inesperadamente en una Europa League que declararon ganada con la misma impúdica soberbia que la Champions de 2025 y con idéntico resultado.
Lo que importa a la culerada es la "injusticia" del microsegundo actual, en su oportunismo carente de vergüenza. Nunca les importaron las reglas. Ya sabemos que para el Barca son sólo una molestia, una contrariedad que pueden resolver apelando a la pobre Cataluña, ese mundo paralelo habitado por un Barça limpio, y haciendo un par de llamadas.
Afortunadamente, el universo es independiente de la voluntad del Barca. Por eso es tan hermoso. La gravedad siempre termina por colocar las cosas en su sitio. El espacio (casi vacío) las mantiene ordenadas y girando armónicamente. De vez en cuando chocan o explotan cosas muy lejos, pero el equilibrio regresa invariablemente y las leyes de la naturaleza vuelven a ordenar el caos como la madre de un/una adolescente en su abnegada labor cotidiana.
Afortunadamente, el universo es independiente de la voluntad del Barca. Por eso es tan hermoso. La gravedad siempre termina por colocar las cosas en su sitio
Albert Einstein se encargó de explicarnos lo explicable de la naturaleza: la íntima relación entre espacio, tiempo, masa, energía, y velocidad, pero tuvo muchísimas dificultades con el tramposo universo encerrado en los átomos y en las partículas subatómicas, que se rige por leyes contraintuitivas, casi aleatorias vistas desde fuera.
En el universo de lo pequeño casi todo es probabilístico, incierto, como la posibilidad de que el Atlético gane alguna vez una competición. El propio Barca tiene una naturaleza cuántica, donde una misma partícula puede estar en varios estados al mismo tiempo, sin excluir ninguno. Por eso, quiere y no quiere estar en el Mundial de Clubes, como el vivo y muerto gato de Schroedinger. Entre nosotros, y más familiar, como la gata Flora. Permítanme omitir detalles explícitos sobre la felina y su conducta.
Y es que el pobre Barca y sus legiones mediáticas, licenciados y analfabetos simultáneamente, dada su esencia contradictoria, llevan semanas desconsolados a pesar de haber ganado casi todo esta temporada. Lloran como el niño malcriado que no tocará la Play hasta después de las recuperaciones, porque su papá le puso la condición de aprobar Matemáticas en junio para comprarle el FIFA26. Llorarán y patalearán, pero se les atascaron las matemáticas y sin multiplicar con llevadas no hay PlayStation.
Hay tanta crueldad en el mundo... Acostumbrados a que los profes de Lengua y de Valores Éticos, Tebas y Uribes respectivamente, hicieran la vista gorda una y otra vez durante el curso, nunca esperaron que el profe de mates, el señor Infantino, fuera tan estricto. Esta vez no pudo ser. La junta de profesores ya había decidido rescatar a un niño repetidor de Miami para que pasara de curso cateando mates. El papá del chico llevó al cole un jamón ibérico por Navidad y una caja de botellas de Rioja para repartir, fue tan amable…
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El Madrid ha fichado a un centrocampista argentino que se llama Franco. Franco Mastantuono, diecisiete años, cantera de River Plate. Lo gracioso, la verdad, es el nombre, que da juego a muchos chistes: vuelve Franco, el Madrid recupera a Franco, Franco aterriza en el Bernabéu. Hay quien se ha imaginado ya al estadio entero, enfervorecido, gritando a una ¡Franco, Franco, Franco! El club, que es muy suyo para estas cosas, se ha curado en salud por si las moscas: en toda la cartelería gráfica que se ha usado para anunciar el traspaso, se hace hincapié en el apellido, Mastantuono, inequívocamente italiano. Pero ¿acaso no nos brinda este muchacho, cuyo fútbol por otra parte desconozco por completo, una oportunidad preciosa de reírnos un poco del antimadridismo?
Franco, Franco Mastantuono, sin él saberlo ni tener arte ni parte en un asunto tan viejo, nos abre la puerta a desarmar por fin el mito ancestral, ¡fundacional!, del antimadridismo sociológico y cultural que hay en España. El humor es la mejor herramienta posible contra la propaganda y la gente en Twitter (X, para los modernos), que tiene un ingenio terrible, ya ha empezado a coger carrerilla: Franco aparece por la derecha y fusila a los rivales, Franco ejecuta al portero de Osasuna, etc.
Hay que reírse. Es lo mejor y lo único que se puede hacer en estos tiempos de oscuridad. Vamos a aprovecharlo.
Franco Mastantuono no llegará hasta agosto. Jugará el Mundial con River. Llega de la gran cantera del Cono Sur. Su fichaje refuerza la apuesta de cambio de modelo, de retorno al centrocampismo clásico: finito il trato di favore al modelo de eneryía. Su probable dupla con Federico Valverde en la media del equipo de Alonso abre las alas de la imaginación, es como un brindis al fútbol sudamericano histórico: Peñarol y River, Buenos Aires y Montevideo, un regreso a los orígenes, al abecé del balompié y justo en mitad del fútbol globalizado y postmoderno. No más negritud francófona, se da un viraje al tango y al toque, al pie duro y a la casta rioplatense. Ecos de Di Stéfano y de Fernando Redondo.
Franco Mastantuono nos abre la puerta a desarmar por fin el mito ancestral, ¡fundacional!, del antimadridismo sociológico y cultural que hay en España. El humor es la mejor herramienta posible contra la propaganda
Pero volviendo a la cuestión nominal, que es al fin y al cabo lo que nos ocupa (al menos, hasta que veamos jugar al hombre y sepamos cómo chanela), Franco nos da la oportunidad, a los madridistas, de enterrar para siempre el supuesto franquismo que, según los que nos odian, está en la base del éxito del Real. ¡Y de hacerlo con guasa! Decía Di Stéfano que se reía cuando escuchaba que ellos ganaban Copas de Europa gracias al general Franco, porque nunca lo vio ni poner un centro ni tampoco rematarlo. El Madrid, ahora sí, podrá cabalgar a lomos de Franco. ¡Que encima, es zurdo!
El Madrid, corporativamente hablando, casi nunca ha abordado de frente esta injuria. O sea, nunca ha hecho contrapropaganda. Pero Franco Mastantuono tiene la edad, prácticamente, de los nuevos madridistas zoomers a los que Franco, el de Cuelgamuros, les es tan cercano como Catalina la Grande. Es decir, que les da igual, les suda la polla, y si por algo lo conocen es por la machacona insistencia de la izquierda sistémica contemporánea. No olvidemos, a pesar de todo, que estamos, en este 2025, en el año de Franco. Todo el delirio en el que vivimos sólo puede ser vivible desde y con el humor. Mastantuono conecta a varias generaciones de madridistas, los tardomillennials y los niños rata, que están haciendo per se, sin complejos y sin pedirle permiso a nadie, su propio relato de las cosas, en el que la sátira, el cinismo cyberpunk y el tecnonihilismo barren del mapa la gazmoñería de sus abuelos, padres y tíos, tan preocupados de cuestiones que se las está llevando ante sus ojos el viento de la Historia.
Toda esa chavalería que enerva y encrespa las almas bellas de sus profesores en los institutos tiene, ahora, con Franco, con el Franco madridista, el argumento perfecto para seguir demoliendo los cimientos de una kultur terminal: el meme puede alcanzar cotas de verdadero arte, y más teniendo en cuenta la brillantez connatural de los argentinos para la chacota, el sarcasmo y la parodia. Mastantuono nos permite entroncar con esa subcultura internetera del insulto, que está elevando el idioma español, que está ensanchando sus límites etimológicos y lexicosemánticos, hasta niveles realmente eximios; esa forma de contestación, al margen del mainstream mediático, que pronto, en dos generaciones, será absolutamente dominante. Toda esa muchachada pasará por encima de lo culturalmente establecido, y más pronto que tarde. De hecho, ya lo está haciendo.
¡Subámonos a la ola! ¡Montemos en nuestro propio Dragon Rapide! Hagamos de Franco nuestro propio agitprop, dicho en términos marxistas.
A estas alturas de la película, quien sigue sosteniendo embustes acerca del pasado es, sencillamente, una mala persona. Así pues, cuando la verdad no importa, el humor y la comedia pueden llegar mucho más lejos que los factos. Al menos, nos hace más pasable esta vida perra.
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Buenos días, amigos. El Atlético de Madrid no tuvo más remedio ayer que ser vapuleado por el PSG (4-0) en su estreno en el Mundial de Clubes. Va a ser difícil que alguien arrebate a los hombres de Luis Enrique un título que, por calidad de sus múltiples grandes jugadores y estado de forma, parece destinado a ganar. También va a ser difícil que, a pesar del sonrojante resultado para los del Cholo, alguien critique al Atleti con un mínimo de la dureza que merecen tras este severo correctivo.
No. Al Atleti, tercer presupuesto de España, no se le critica nunca. Es el club menos exigido de la historia del fútbol. Cualquier vapuleo que sufra, cualquier fracaso por sonoro que resulte, va a ser referido con sordina y una mirada de simpática indulgencia. Ya lo sabemos. En el caso de la aparatosa derrota de ayer, la lectura solo puede centrarse en la brillantez del rival, obviando la endeblez y raquítica apuesta futbolística del ejército cholista.
Claro. “Mucho PSG”. Jamás podría haber sido “Muy poco Atleti”, aunque ambas cosas sean igualmente ciertas. No falta el apunte arbitral, bajo el que se deduce que al Atleti habría que aplicarle allá donde va los criterios de permisividad negreiril con sus frecuentes y con frecuencia sucias faltas. Resulta que no estamos en el universo negreiril, y que en este Mundial de Clubes se busca mantener la limpieza sobre el césped. Pero el equipo colchonero, con sus terminales mediáticos en perfecta sintonía, entre los cuales se cuenta Marca de manera muy destacada, está en modo plañidera desde… en realidad desde siempre, pero muy especialmente desde los dos toques de Julián Álvarez, que han situado a la entidad en una espiral de jipidos de difícil salida. Es como si el llanto se hubiera convertido ya de tal manera en la esencia misma de la institución que salir de ese bloqueo fuese contrario a los estatutos. Se diría de verdad que el Atleti prefiere llorar a ganar. Su capitán Koke lo dejó muy claro al final del partido.
Ese “todo el mundo ha visto lo que ha pasado” es ya un clásico rojiblanco. Pues oiga, a lo mejor resulta que yo he visto una cosa muy distinta a la que usted dice haber presenciado. Por quejarse, se han quejado también del calor. Se ve que afecta solo a los que visten en rayas blancas y rojas. Apasionante fenómeno atmosférico.
Por lo que se deduce, los hombres de Luis Enrique se habían hecho mucho mejor la pedicura que los del Cholo, y llevaban las uñas libres de peinetas bajo las que anida el calor más recalcitrante. En consecuencia, frenaban divinamente. Todo son pretextos que cuelan entre la prensa deportiva patria, cuidadosamente lubricada por Gil Marín. Nadie, nadie osa formular la menor autocrítica ni crítica. Si al Madrid le caen cuatro, es crucificado. No pedimos que pase lo mismo con el Atleti. Nos contentaríamos con algún atisbo de censuras a sus (numerosas) actuaciones deficientes.
Tampoco As quiere hacer leña de las uñas caídas, ni en portada ni a través del artículo de su presidente de honor, Alfredo Relaño, para quien todo se reduce a la fatalidad.
Invoca Relaño las leyes de Murphy. ¿Realmente al Atleti le cae siempre la tostada por el lado de la mantequilla, o es que se le precipita sobre la alfombra demasiadas veces, sin que nadie jamás llame la atención sobre su torpeza?
Todo en el texto del tótem deportivo prisaico es amable con el Atleti, ajeno a la exigencia. Son las leyes de Murphy, amigos, el mal fario, la leyenda del Pupas rediviva, el aftermath de los dos toques, el calor, el árbitro, las uñas, el efecto del calor sobre las uñas y el PSG que era mucho, mucho PSG, pobrecito Atleti.
En efecto, amigos. Incluso a la prensa cataculé le parece que era “mucho PSG”. ¿Por qué no “demasiado PSG”?, nos preguntamos. O incluso “demasiado PSG para nuestro querido Atleti, a quien jamás cejaremos de estimar y de quien nunca demandaremos nada más allá de que odie mucho al Real Madrid, con toda su fuerza y todo su ser”? Eso es todo lo que se le pide al Atleti, bien mirado. La prensa. Su afición. Odie yo caliente y ríase la gente, pero no tan caliente que las uñas de los pies me impidan frenar, eso sí. Pobrecito nuestro Atleti a quien han cascado cuatro, pero es que era mucho PSG, mucho Murphy, y además no olvidemos que los pobrecitos fueron “ultrajados” (Cholo dixit) por los dos toques de Julián Álvarez, los que primero no dio y luego sí dio pero habría que haberlo dejado pasar porque una nueva comunicación dice que a partir de ahora habrá que repetir. Ahí vive anclado el Atleti, y con él sus untuosos, ultrapermisivos, amables medios cercanos, o sea, todos.
Dicen que es muy fácil ser del Madrid. Nosotros a lo que no vemos más que ventajas, la verdad, es a ser del Atleti. Solo se les demanda aborrecer al enemigo blanco. Y aborrecer, como por desgracia nos muestra cada día este mundo que parece irse por el desagüe, es lo más fácil del mundo.
Os dejamos con Sport, por si la cosa no era ya suficientemente deprimente.
Pasad un buen día.
Salmo 90:2
"Antes de que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios”.
El concepto de eternidad me persigue desde niño. Mi educación religiosa, sumada a mi curiosidad infantil, ya fantaseaban con un apacible estado de vida eterna. No hay nadie que no se haya preguntado por esta idea tumbado una noche de verano bajo las estrellas, bien para referirse al espacio que se abre infinito sobre sus ojos, bien para delimitarlo temporalmente. Sobre la eternidad han teorizado teólogos como san Agustín, físicos como Newton o Hawking, filósofos como Platón o familiares como mi cuñado, que en cada cena de Nochebuena se empeña en contar, sin ninguna gracia, el mismo chiste, uno largo, horroroso, al que añade, para nuestra desgracia, una explicación final cuando nadie se ríe y se produce un incómodo silencio. La eternidad, queridos amigos, es un chiste de mi (o su) cuñado. Ustedes saben de qué hablo.
La eternidad también tiene mucho que ver con el sexo, especialmente con el onanismo juvenil. Y no por la duración del acto, si no por la perdurabilidad del castigo con la que los curas de los 70 nos amenazaban si lo practicábamos. Si tenías la mala suerte de morirte en plena faena, sin confesar tu pecado, te ibas derechito al infierno. Y ahí empezaba la eternidad. A un amigo se lo explicó claramente el sacerdote de su colegio:
—Escucha, Quique, si te tocas, si cometes ese acto impuro, irás de cabeza al infierno para toda la eternidad. ¿Quieres saber lo que es la eternidad, Quique? ¿Quieres saber lo que te espera en el averno? Imagínate un gorrioncillo, pequeño, grácil, con su pico diminuto y sus patitas de alambre. Y luego piensa en la Tierra, en el planeta en el que habitas, en sus cuarenta mil kilómetros de circunferencia; pues bien, ese pajarillo empieza a picotear precisamente aquí, en el patio del colegio, en el duro cemento, pica y pica sin descanso, y cuando ha profundizado un centímetro, da un saltito y sigue picando, y ahonda otro centímetro, y así, poco a poco, pica que te pica y saltito a saltito, abandona el colegio y llega a la calle, y sigue con su titánico empeño, y cuando la calle se termina, empieza con la siguiente, y así hasta que se acaba el pueblo y llega a las afueras, al campo, a la sierra, a las montañas, y pasa a otra ciudad, a otro país, a otro continente, y pica el Everest entero, hasta la cumbre, y el Himalaya, las cordilleras, los mares, los océanos, los ríos…
Da una vuelta completa a la tierra, sin desfallecer, y vuelve al punto de partida: el patio del colegio. ¿Entiendes, Quique?, ¿ves al gorrión?, ¿lo ves? Ha circundado la Tierra y va a empezar de nuevo, como si el mundo fuese una manzana y el gorrión la rodease picoteándola una y otra vez, y mil veces más, y un trillón de trillones de veces hasta desgastarla completamente.
Y ahora viene lo más importante, escucha, Quique, métete esto en la mollera: cuando el gorrión haya terminado con toda la Tierra, la eternidad no habrá ni empezado. Eso es lo que te espera.
Quique, mi amigo, me confesó que cada vez que alguien habla de la eternidad ve al gorrioncillo picando y picando. Eso sí, el miedo a la condena eterna duró lo que duró, la eternidad de no masturbarse le pareció mucho más larga.
La teoría de mi mujer sobre la eternidad es, a priori, mucho más divertida que esperar a que el pico de un gorrioncillo acabe con toda la Tierra dando vueltas y más vueltas. Ella se imagina la eternidad como la sala de un cine. Compras palomitas, te sientas, te acomodas lo mejor posible, y ves, una detrás de otra, a tiempo real, todas las vidas de todas las personas que han habitado, habitan y habitarán la tierra. Me entretuve en hacer el cálculo y según las últimas estimaciones han vivido en nuestro planeta unos 108.000 millones de humanos. Cada una de estas vidas de película, nunca mejor dicho, va a durar de media unos 60 años, o sea que nos vamos a ir a una sesión continua, como aquellas que empalmábamos de niños de Tarzán y Maciste, de más de seis billones de años.
—¿Y qué te ha parecido la película? Te preguntará algún amigo al salir del cine.
—Pelín larga, pero bien, entretenida, con ganas de ver la segunda parte.
No descarto que entre todas estas vidas alguna sea francamente interesante, incluso divertida (la de Ábalos no me la pierdo), pero apuesto que la mayoría serán más aburridas que una película de Tarkovski, el cineasta preferido de los atléticos (no lo puedes entender).
En la de mi cuñado, a media vida, cuando empiece con su eterno chiste navideño, ya nos habremos dormido.
Ahora que lo pienso, tengo que preguntarle a mi mujer si también entran los animales en el visionado, es posible que nos toque ver (como si fuese uno de esos documentales de La 2 para echar la siesta) la vida del pajarillo picando la tierra. La eternidad viendo la eternidad.
En fin, a lo que íbamos, que lo mejor está por llegar. Yo he escrito sobre la eternidad solo para recordarles un par de cosas: la primera es que el tiempo pasa volando y hoy se cumplen diez años desde que se publicó mi primer artículo en La Galerna, un feliz decenio que quería celebrar con todos aquellos que han tenido a bien leer alguno de mis textos; y la segunda, y mucho más importante, que dure lo que dure la eternidad, sea dentro de un mes, diez o cuatro trillones de años, con el gorrioncillo picando la tierra, o con la película de sesión continua a punto de acabar, siempre habrá un madridista recordando a un culé o a un antimadridista que el Barcelona pagó a un vicepresidente arbitral durante dos décadas (como mínimo) más de ocho millones y medio de euros.
Imágenes generadas con IA
Tercer rival del Real Madrid en esta competición. Y, como en los anteriores casos, también se ha visto las caras con nuestro equipo muy recientemente.
En concreto, en el mes de enero pasado, en la liguilla previa de la Champions, con una goleada 5-1 en el Bernabéu, con dos dobletes de los brasileños Vinicius y Rodrygo, y con un tanto de Mbappé.
El Red Bull Salzburgo se ha convertido en los últimos años en el auténtico dominador de la Bundesliga austriaca, por delante de los dos clubs históricos de la capital: el Rapid y el Austria. El equipo que más le hace sombra en la actualidad es el Sturm Graz, que precisamente acaba de arrebatarle esta temporada la liga, por lo que el Salzburgo tendrá que jugar la fase previa de la Champions si quiere formar parte de los 36 clubs que la disputarán a partir de septiembre.
El Salzburgo es una escuadra alegre, que juega y, sobre todo, deja jugar, y este verano ha decidido traer a dos buenos laterales para reforzar la que ha sido su línea más débil
El equipo de la ciudad natal de Mozart tuvo el gran mérito de ser incluido en el Mundial de Clubs 2025 por sus buenos resultados en Champions en el cuatrienio 2021-2024, quedando por ejemplo por delante de equipos franceses (solo participa el PSG), holandeses y belgas, cuyas ligas son más potentes que la austríaca.
No parece un rival peligroso, a priori, pero precisamente ahí pueden radicar sus posibilidades de pasar a la siguiente ronda, ya que vienen a Estados Unidos sin ninguna presión y sin aura de posibles "outsiders".
Repasando el conjunto que cayó hace cinco meses en el Bernabéu, y comparando con los que presumiblemente van a jugar el Mundial, vemos que su entrenador, Thomas Letsch, cambiará a la mitad del equipo.
El Salzburgo es una escuadra alegre, que juega y, sobre todo, deja jugar, y este verano ha decidido traer a dos buenos laterales para reforzar la que ha sido su línea más débil y que le costó en parte el no ganar la Bundesliga. De esta forma, Leimer, procedente del Borussia Moenchengladbach, y Krätzig, suplente en el Bayern de Múnich, cerrarán mejor las bandas que sus predecesores Dedić y Terzić.
Su figura puede ser el joven central francés de 18 años Gadou, llegado en invierno procedente de la cantera del PSG, y que se ha hecho con el mando en el eje en pocos meses. En el centro del campo, su capitán Bidstrup, con cierto olfato goleador, es el más destacado, junto al centrocampista ofensivo Nene, brasileño que jugó en punta el año pasado.
El Real Madrid se enfrentará al Salzburgo, esperemos que ya clasificado como primero de su grupo, mientras que es muy posible que los austriacos hayan arañado puntos por entonces en sus enfrentamientos ante saudíes y mexicanos, con lo cual su peligro puede acrecentarse, al tener aún opciones de pasar a octavos de final.
Una alineación tipo seria la formada por: Hamzic – Lainer, Gadou, Baidoo, Krätzig – Bidstrup (cap.), Nene, Kawamura, Gloch – Ratkov, Onisiwo.
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A todo esto, La Cátedra va posicionándose sobre los fichajes del Madrid y la conclusión es la mar de esperanzadora para las fuerzas blancas. A saber:
1.- Trent no defiende. Ya con 26 años parece difícil que aprenda. Se le reconocen ciertas habilidades. Viene de hacerse hombre en el Liverpool y lo ganó todo. Hombre/mujer, malo del todo no les parece. Advierten, por ejemplo, que poniendo córners es un peligro: hay videos. O sea, ha fichado medio futbolista. Uno entero defendería y atacaría, ¿estamos?
2.- Mastantuono no es Lamine. No había fichado y ya nos lo advirtieron. Lo cual anima a pensar que si vas a fichar tío, tía o animal similar, la referencia es este muchacho. Aunque se trate de un portero. Franquito parece ser un polivalente, luego el madridismo se daría con un canto en los dientes si sale una mezcla entre Casadó y Ferran Torres. Griezmann y el inglés del Atleti. ¿Gallagher? ¡Ese! Entre Calhanoglou y Arnautovic. Y así. El tiempo dirá.
3.- Lo de Huijsen es preocupante. Es al que más tolera La Cátedra. Pronto coincidieron que no es Cubarsí, el que avisa... Pero no se le discute mucho más. Les parece rápido, marcador correcto, buen desplazador de pelota y en el juego aéreo. Interesante ver eso en un tío que empieza a ras de suelo y acaba cerca de los dos metros. Pero, vamos, mal valorado por La Cátedra no está, lo cual invita a pensar que en un par de años puede estar de vuelta al Bournemouth, donde tan buen recuerdo ha dejado.
4.- Sobre Carreras no existen grandes sentencias de momento. Si acaso, que se manejó bastante bien frente a Lamine, siempre él. En cuanto fiche recibirá lo suyo, ojalá una conclusión durísima en su contra. Cosa deseable también si el Madrid incorpora otros futbolistas.
Pues esto es lo que hay. A mí me entusiasma: en realidad valer, lo que se dice valer, no vale ninguno. ¡Bien! Y a esperar. De mercado quedas dos meses largos. Bueno, a todos menos al Barça, que como tiene calendario propio puede mercadear, o sea, fichar, cuando le venga bien.
Para "La Cátedra", valer, lo que se dice valer, no vale ninguno de los fichajes del Madrid. ¡Bien!
Dos meses para saber si llega al Bernabéu el nuevo Joselu y un volante que complete lo que hay, cosa que vengo pensando quizá no se producirá. Cuentan que a Xabi le pone Güler y que Mastatuono también le ve posibilidades por dentro, la cosa polivalente esa. Veremos pues.
Es una espera interesante porque otra de La Cátedra y no menor es que el Madrid ha decidido inspirarse en el Barcelona. Y por eso se ha traído a Xabi y fichado lo que ha fichado. Bueno, yo pensaba que lo de los defensas, estos y el que vendrá, obedecía a la necesidad de alinear alguno sin escayola, pero no me hagan mucho caso.
El Madrid hará lo que el Barça porque tras lo que ha hecho estos últimos años, seis copas de Europa en once temporadas, 6/11, y lo que le han dejado hacer aquí, le urgía un plan que ríanse de aquellos de Mao Tse Tung, gran madridista, por cierto. Florentino se ha inspirado en preparar su Gran Salto Adelante, Blanco en ese caso, y La Cátedra lo ha descubierto.
El Madrid, en realidad, lleva años parado. Si hubiese podido contar con tipos parecidos a Carvajal, Ramos, Marcelo, Kroos, Modric, Casemiro, Bale, Di María, Ozil, Benzema, Cristiano, Isco, Valverde, Vinícius, Bellingham, Militao, ahora Kylian, algún buen portero... Total, que ya era hora. Ya hay plan.
Sí, es para cagarse. Con perdón.
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Poco antes del comienzo del Mundial de Clubes fui convocado a la sede de la redacción de La Galerna. Don Frank, el redactor jefe, es un señor con bigote, camisa de rayas, tirantes a lo Manuel Fraga y el pelo cortado a cepillo. Siempre con un puro a medio fumar encajado en la comisura del labio. Sobre la mesa, llena de papeles, tiene varias colillas de puros aplastadas contra el envoltorio de un sándwich de atún a medio comer. A don Frank se lo va a llevar puesto el colesterol.
Es don Frank un redactor jefe de la antigua escuela periodística, siempre a la caza de la noticia. Lleva tiempo investigando el asunto Barça-Negreira y en su despacho tiene una corchera enorme llena de fotos unidas por hilos rojos. Por el momento ha llegado a la conclusión de que Jan Laporta y Peter Parker son la misma persona, porque nunca se les ve juntos; así que pasa horas gritándole por teléfono a sus redactores para que le consigan fotos de Laporta vestido de Spiderman. Que imagino que será como contemplar un melocotón metido en un calcetín.
Don Frank me pidió en nombre de La Galerna que cubriera como corresponsal el Mundial de Clubes. Basó su petición en mi experiencia previa como cronista del LAFC durante la primera (y única) temporada de Gareth Bale como jugador de dicho equipo. También en mi profundo conocimiento de la idiosincrasia y cultura estadounidenses, basado en la cantidad de veces que he visto “Los Goonies”. Al menos cuatro.
Ser enviado especial me hace mucha ilusión y, por supuesto, accedí de inmediato. Dije que estaría encantado de seguir los partidos del Real Madrid durante su aventura mundialista. A don Frank le entró la risa floja y me sacó de mi error: no pensaba ni por asomo poner las crónicas de los partidos del Madrid en manos de alguien que cree que un medio centro es la mitad de un centro entero. En La Galerna pensaron que mi nivel de conocimientos futbolísticos era el adecuado para el partido inaugural de la competición.
Don Frank me pidió en nombre de La Galerna que cubriera como corresponsal el Mundial de Clubes. Entre otros motivos, Basó su petición en la cantidad de veces que he visto “Los Goonies”. Al menos cuatro.
Me pareció un honor indescriptible hasta que descubrí que era el encuentro entre el Inter de Miami y el Al Ahly, y entonces se me ocurrieron muchas formas de describirlo.
—Bueno, vale, pero me daréis para los viajes en avión —solicité.
—Por supuesto —respondió don Frank, y me entregó una almohadilla hinchable para las cervicales.
Poco después, me dirigí hacia el aeropuerto de Barajas con el mismo espíritu con el que Agustín de Foxá aceptó su nombramiento como cónsul en Tegucigalpa: “sin instrucciones concretas, sin idea de la misión que debo realizar y sin estar muy seguro de cómo llegaré a un lugar cuya localización geográfica desconozco, parto hacia mi destino en donde quedaré como siempre a las órdenes de vuecencia.”
Mi destino en este caso era el Hard Rock Stadium de Miami, Florida.
En Florida, como en el resto del mundo, estamos a mediados de junio. La temperatura media es de 30 grados. Con una humedad ambiente del 80%, paseas por la ciudad con la perenne sensación de llevar puesta la ropa que acabas de sacar de la lavadora. Para los que venimos de tierras de secano, Florida en junio es lo más parecido que existe al infierno.
En esta ciudad se enfrentaron el Inter de Miami y el Al Ahly de El Cairo. El Miami pertenece a David Beckham. Sir David Beckham, que ahora es caballero. De modo que hombres al servicio de un noble inglés se batieron contra un montón de egipcios, en una especie de reedición de la Novena Cruzada contra los mamelucos. En el partido de ayer no hubo mamelucos, pero sí jugaban Luis Suárez y Sergi Busquets, que viene a ser algo parecido.
Ver un partido del Inter de Miami es como asistir a un Classic Match del Fútbol Club Barcelona. Allí juegan Messi, Luis Suárez, Rakitic, Jordi Alba, Busquets y, para rizar el rizo, el entrenador es Mascherano. Para que luego digan que el Barça no juega en el Mundial. Por supuesto, en una tesitura semejante, cualquier madridista va con el Al Ahly, que es como una versión egipcia del Real Madrid: club centenario y el más laureado de su continente.
El partido, queda dicho, se jugó en Miami, ciudad donde vivían las simpáticas Chicas de Oro de aquella mítica serie de los ochenta. Las gentes de Florida observan grandes paralelismos entre Las Chicas de Oro y la plantilla del Inter Miami, compuesta de viejas glorias, viudas o divorciadas del fútbol de élite, que se han reunido para vivir juntas cómicas aventuras en el Estado Soleado. Con Luis Suárez haciendo de Blanche Devereaux, la coqueta devora hombres del trío, Jordi Alba como la pánfila Rose Nylund y Leo Messi en plan Dorothy Zbornak en la medida en que a ambos les sientan igual de mal los vestidos de lentejuelas con hombreras. Junto a ellos se encuentra Mascherano en modo Sofía Petrillo, recordando su juventud, no en la Sicilia de la mafia, sino en el Barça del negreirato.
El encuentro se llevó a cabo en el Hard Rock Stadium. Cuando no hay fútbol, suele ser el campo donde los Dolphins de Miami juegan sus partidos de la NFL. Tal vez eso explique por qué en las gradas gran parte del público llevaba camisetas de ese equipo. Cabe la posibilidad de que los fans de los Dolphins les confundiera el aspecto de cetáceo de Sergi Busquets, cuyo aspecto general es como el de un delfín superando su tercer divorcio.
El Miami cuenta con dos equipaciones: una color rosa algodón de azúcar y otra azul querubín. Su uniforme parece el de la selección nacional de los Pin y Pon. Ayer jugaron de rosa, es decir, de Pin (o de Pon, nunca tuve claro quién era quién). Los egipcios, color rojo faraónico. El rojo y el rosa son combinación muy ochentera, pero poco elegante. “Rojo y rosa, mala cosa”, decía Coco Channel cuando iba atascada de vino de Burdeos. Aquello ya era una señal de que no sería un buen partido.
Las gentes de Florida observan grandes paralelismos entre Las Chicas de Oro y la plantilla del Inter Miami, compuesta de viejas glorias, viudas o divorciadas del fútbol de élite, que se han reunido para vivir juntas cómicas aventuras en el Estado Soleado
Reconozco que no vi la primera mitad. Aturdido por el largo vuelo transoceánico, al tomar mi taxi en el aeropuerto musité “Hard Rock Stadium”, pero no se me entendió bien y el taxista me dejó en el restaurante Hard Rock de Little Havana, donde se celebraba un concurso de dobles de Gloria Estefan. Resultó más reñido que el partido inaugural del Mundial de Clubes. La ganadora fue la propia Gloria Estefan. Quedó segunda una simpática drag queen negra de Alabama, que tuvo a bien llevarme al auténtico Hard Rock Stadium para que pudiera llegar al final del encuentro.
Atravesar Miami a trescientas millas por hora en una ranchera del 85 conducida por una drag queen de Alabama con peluca y tacones de plataforma, resultó también mucho más emocionante que el partido entre el Inter Miami y el Al Ahly. Cuando llegué, el marcador seguía 0-0.
La segunda parte del encuentro sirvió para dispar cualquier duda sobre el merecimiento del Miami para participar en este torneo: es esencialmente nulo. El equipo de Mascherano juega al fútbol con la garra y la bravura de un paso de Semana Santa, mientras que en el Al Ahly da la impresión de que alinean defensas solo porque lo exige el reglamento. Que Anubis me perdone, pero habría sido más útil para el equipo cairota convocar a las momias de Ramés, Seti I y Seti II para bloquear a Leo Messi que la manga de paquetes que se encargaron de tal labor durante partido.
En resumen: 0-0 en el marcador. Pero el público se fue contento a casa: bebieron mucha cerveza, no vieron a los Dolphins, pero sí a Jordi Alba haciendo de Flipper; disfrutaron de un inesperado “revival” de Las Chicas de Oro y Luis Suárez no se comió a nadie. En fin, una tarde para el recuerdo. Como comienzo de mi corresponsalía virtual en EE. UU., no estuvo mal del todo.
Devolvemos la conexión.
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Dejar de formar parte de algo grandioso no debe ser fácil. De hecho, no lo es. Algo así me pasó cuando dejé de vivir en Roma. Pasé allí el tiempo suficiente como para sentirme parte de la ciudad, incluso llegué a ser ciudadano romano. Algo que hace siglos era sinónimo de alcanzar el éxito y la prosperidad. Amo Madrid, pero Roma… es Roma.
Un buen día todo terminó, tocó hacer las maletas y volver a casa. Uno no suele darse cuenta de lo que va a echar de menos las cosas hasta que las pierde. Mi regreso a España coincidió con el éxito de la película La Grande Bellezza. Independientemente de que te guste Sorrentino y el argumento del film, es innegable que la película ofrece un constante disfrute de la enorme belleza de la ciudad. Al final, cuando el director nos hace volar por encima del Tíber, una angustiosa sensación de pérdida se apoderó de mí. De repente, caí en la cuenta de que aquellos atardeceres (y algún amanecer), el omnipresente rumor del agua, la mezcla de olor a helado, queso fundido y al mejor café, los altares improvisados a la Virgen, sus omnipresentes ruinas milenarias, las estatuas parlantes que aún siguen teniendo voz, el imponente barroco, sus leyendas, su caos organizado, el poder del Vaticano, las terrazas del Tíber en verano… todo seguiría sucediendo, aunque yo ya no estuviera allí. Reconozco que era un pensamiento algo arrogante por mi parte. Como si la ciudad me debiera un gesto de despedida. Lo sé, no tenía sentido. Pero me dolió pensar que todo lo vivido, para la ciudad, no significó nada. Y en verdad era así.
Estos pensamientos me vinieron a la mente recientemente al acordarme de Carlo Ancelotti. En estos días de extraña pretemporada adelantada, con nuevo entrenador y carrusel de fichajes pre Mundial de Clubes, se me hacía raro ver que todos los focos apuntaban a Xabi Alonso, a Trent, a Huijsen y, ahora, a Mastantuono. La gente sólo hablaba ya del “nuevo Madrid”. Para rematar, vi a Ancelotti dando órdenes a Vinícius, pero vistiendo la canarinha. Entonces me pregunté: ¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha podido suceder todo esto tan rápido? ¿Qué estará pasando por la cabeza del míster?
Al igual que el Imperio romano, el Real Madrid paga a sus héroes con gloria. Carlo Ancelotti la alcanzó y por eso siempre será recordado. Espero que nunca le quepa la menor duda. Ci mancherai, míster
Carlo también dejó Roma hace muchos años, donde fue leyenda como futbolista. Supongo que la experiencia le serviría para aprender cómo son las despedidas de los lugares y entidades emblemáticas. Para mí, Roma es a las ciudades lo que el Real Madrid es al fútbol. Es la capital de todo. El “caput mundi”. Al igual que pasó conmigo, Carlo se fue y toda la ciudad seguiría funcionando, sin detenerse para mandar un “arrivederci” siquiera. Como sucede ahora mismo con el Madrid. Por eso, por si a Ancelotti le estuviera asaltando la sensación de que el Real Madrid ha pasado su página demasiado rápido, yo quisiera decirle que le echaremos de menos. Porque aparte de un gran tipo es el entrenador con más títulos de la historia del club. Que todos los éxitos que seguro llegarán en los próximos meses también serán en parte gracias a él por enseñar a ganar a unos chicos tan jóvenes. Y que cuando lleguen momentos difíciles, en partidos o eliminatorias, pensaremos que todo puede ser posible gracias a esa genial locura que era su Real Madrid.
Al igual que el Imperio romano, el Real Madrid paga a sus héroes con gloria. Carlo Ancelotti la alcanzó y por eso siempre será recordado. Espero que nunca le quepa la menor duda. Ci mancherai, míster.
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