Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Casillas en el universo Valdano

Casillas en el universo Valdano

Escrito por: Antonio Valderrama23 noviembre, 2018
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Ha vuelto a hablar Casillas, esta vez en una conversación con Jorge Valdano. “Universo Valdano” se llama el programa, que emite Movistar + y que parece otro intento más de intelectualizar el fútbol, como el programa de reportajes de Robinson en Canal Plus o las cosas que hacen ahora en BeIN para rellenar la parrilla entre semana. Valdano ha ido a Oporto y ha puesto dos butacones orejeros en el césped de Do Dragao. Me ha recordado las entrevistas de Joaquín Soler Serrano en “A fondo” que todavía se pueden ver en Youtube gracias al empeño de esos duendecillos anónimos que suben estas joyas a Internet. “Universo Valdano” debe estar muy bien, no tengo ninguna duda. No he visto ninguno de sus programas y por lo que leo va ya por la segunda temporada pero todo lo que hace Valdano o en todo lo que interviene Valdano, incluso un Éibar-Huesca a las cuatro de la tarde en octubre comentado por Valdano, tiene ese no sé qué de bien hecho (y sobre todo de bien dicho) que desprende Valdano; una finura retórica, estilística, discursiva, que al Madrid, lo creo de verdad, le vendría estupendamente recuperar ahora que ya ha pasado mucho tiempo de las guerras de Mourinho y de aquellos años locos donde se dijeron tantas cosas. Además Valdano y el valdanismo es un barniz que le conviene a la proyección pública del madridismo, por lo bien conectado que está con la ortodoxia prisaica que regula lo que está bien y lo que está mal y por lo lejana que parece todavía una política rotunda, firme, desacomplejada y orgullosa que dirija la comunicación oficial del Madrid. Con Valdano fue a hablar Casillas.

La conversación ha causado mucho revuelo en los mentideros habituales de la opinión futbolera pero sospecho que más por haberse producido en mitad de un parón de selecciones que por la relevancia actual del personaje en sí misma. Casillas va teniendo ya un tufo a ex-presidente jubilado, en este caso agraciado con el don mediático de la disidencia. El casillismo es al madridismo florentinista lo que el aznarismo fue al PP de Rajoy. Cuando habla o dice algo se genera cierto temblor parecido a lo que pasa en la opinión pública nacional cuando sale Aznar a decir algo, ambos personajes permanecen enrocados en la torre de su gran castillo, embobados con el recuerdo de lo grandes que fueron; con la diferencia de que Casillas adolece de su proverbial blandura retórica y de que su sosez, más que servirle a él mismo, ayuda a los críticos de Florentino en la sombra para lanzar la inevitable campaña periodística de desprestigio contra el presidente.

Pero ya cada vez menos, o esa es la impresión que me ha dado. Lo más notable de la entrevista ha sido comprobar que Casillas sigue atrapado en efecto en la imagen que de sí mismo le devuelve ese espejo deformado, pomposo, que le construyeron a lo largo de su carrera periodistas de cámara y lacayos con micrófono. Lo peor es que se intuye que va a construir su legado y su personaje de ex-futbolista sobre ese rencorcillo delbosquiano y no sobre sus momentos estelares como portero del Madrid.

Han pasado más de tres años desde su marcha pero Casillas sigue habitando el mismo país de víctimas y culpables de toda la vida. La entrevista va naturalmente a favor de obra: Casillas siempre ha sabido cómo se juega en el terreno de juego ideológico de los que cuentan el fútbol en España. Empieza reconociéndose madridista desde la cuna (“Yo soy madridista y quiero que el Madrid gane siempre”) como excusándose. No recuerdo que otros mitos de otros clubes españoles se vean siempre obligados a hacer profesión de su fe antes de cada declaración pública, como pidiendo perdón por ello o como si tuvieran que recordárselo a alguien. Luego se disculpa haciendo la consabida alabanza del xavismo (“con 17 años ya era un adelantado a su tiempo”) que es el salvoconducto con el que se entra en el reino de los justos en el sanedrín intelectual del fútbol español.

Por más que pase el tiempo uno sigue sintiendo el pinchazo de dolor al ver al portero de la Octava, la Novena y la Décima postrándose genuflexo ante el hijo en la Santísima Trinidad antimadridista (el padre, claro, es Guardiola, y el Espíritu Santo por supuesto, Messi, la entidad omnímoda a la que no se le conoce voluntad propia pero que ejecuta la devastación en nombre del Bien) sin tener por qué, como dicen los viejos en los pueblos. No es posible olvidar cuando, anunciado el Príncipe de Asturias conjunto para los dos (un premio al antimadridismo, como dice Ángel del Riego, el autor de La Biblia blanca) la web del Barcelona fijó una portada estática en la que salía Xavi metiéndole un gol a Casillas en comunión extática con la hinchada del Camp Nou mientras que la del Madrid los mostraba a los dos, vestidos con el chándal de la Selección, dándose un abrazo.

Y tantas otras cosas.

Uno puede pensar que los años de alejamiento del ruido y la furia que rodean al Madrid, la paternidad, la madurez, la edad, la experiencia del fracaso y la intemperie en una liga menor fuera del gran circo podrían haber devuelto un Casillas reflexivo y autocrítico. No lo parece. Cuando dice “con Mourinho empezó a salir ese madridismo que a mí nunca me ha gustado” da la impresión de que está pidiendo perdón. ¿Por ser del Madrid? ¿Por haberle discutido la primacía futbolística a aquel Barcelona? ¿Por no dejarse meter los goles? “Parecía que había una guerra de política entre Cataluña-España” como si la primera pancarta industrial del “Catalonia is not Spain” no se la hubieran puesto a él en frente por primera vez en el Barcelona 3 - Real Madrid 0 de otoño de 2004.

De lo de Mourinho me llamó la atención otra cosa. “A nivel personal la situación quedó tocada tras la segunda temporada y en el tercer año ya había mucha gente que empezó a agitar la relación y no fue bueno ni para él, ni para mí ni para el Real Madrid”. No explica por qué. Se parece sospechosamente al viejo amagar y no dar, al golpe esquinado, al bisbiseo jesuítico y moralizante tan guardiolista, tan catalán en realidad: ¿acaso no fue esa la esencia del pujolismo? ¿Y no fue el guardiolismo un pujolismo aplicado a la retórica futbolística? Si el tiempo no ha desgastado la coraza de vanidad de Casillas, tampoco parece haber oxidado los resabios que aprendió compartiendo selección tanto tiempo con Xavi Hernández, eso parece evidente.

No se deja atrás un puyazo a ex-compañeros cuando dice de Hierro que “lo dejó solo en la habitación en lugar de apoyar a un joven de 18 años” el día de su debut en San Mamés. Cabría preguntarse acerca de su implicación con los jóvenes talentos que llegaban al vestuario del Madrid cuando él ejerció de capitán pero estos palos a destiempo, en frío y en plazas cómodas como “Universo Valdano” son tradicionales entre los veteranos del fútbol español de ayer y de hoy.

La impresión, en fin, que a uno le queda después de leer a Casillas es de una cierta tristeza. “Ya no quiero ser presidente del Real Madrid”, concluye, y se me corta el cuerpo leyéndolo. “Además que Florentino Pérez ahora lo ha puesto más difícil para optar a la presidencia”. No obstante no puedo dejar de compadecerme, hay una coletilla entrañable al final de la entrevista; hay una identificación íntima de mi yo-niño que lo redime por todo lo anterior, que conecta irremediablemente con Casillas cuando dice “pero me gustaría volver al Real Madrid”. Pues claro. A quién no le gustaría.