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El brazalete, a debate

El brazalete, a debate

Escrito por: Ramón Álvarez de Mon7 julio, 2015
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Tras ser publicado hace unas tres semanas mi artículo El reto de los capitanes,
muy sabiamente me comentó @diosamaracana por Twitter la necesidad de hacer una segunda parte abordando el debate sobre si debía ser la antigüedad la que marcase la línea sucesora en la capitanía del Madrid.

Lo cierto es que me lo apunté como un deber futuro que habría de ser realizado en un momento oportuno. Ese momento pienso que ha llegado cuando Marca, a propósito de las posibles salidas de Casillas y Ramos, se preguntaba hace pocos días si el siguiente en antigüedad -Marcelo- es la persona indicada para esta compleja labor.

Antes de entrar en el análisis, no quiero dejar de señalar que este debate abierto por Marca se produce en el preciso momento en el que el brazalete puede ir a parar al brazo de un no español. Curiosidades de la vida, supongo o, siendo peor pensado,  la misma línea editorial puesta de relieve por el editor de esta revista, Jesús Bengoechea, el pasado viernes con motivo del debate de la portería y el menosprecio con tintes xenófobos sufrido por Keylor Navas.

Vuelvo al tema, no se preocupen. Como decía, el domingo Marca abría el melón sobre la capitanía. En este aspecto, la normativa madridista es muy clara: la antigüedad en la primera plantilla marca el orden de prelación en la posesión del brazalete. Algunos de los argumentos que abogan por continuar por esta senda se los leí a @soymadridista, a saber: la transmisión del ADN histórico de la entidad al grupo, el respeto al pasado del club siendo fiel transmisor de ese pasado y constituir un ejemplo a nivel deportivo y humano para la afición. Digamos que Miguel hacía una breve compilación de los requisitos del perfecto capitán, veía más fácil alcanzarlos para el más veterano en la plantilla, pero acababa concluyendo, en otro twit, que no encontraba en la plantilla actual esa figura que atesorara todos esos atributos de forma sólida y consistente.

Pese a coincidir plenamente con él en los requisitos de todo buen capitán, no estoy de acuerdo en que deba ser siempre la antigüedad la que determine su elección. Bien es cierto que la prolongada permanencia en la primera plantilla del Madrid normalmente dota de más posibilidades a un jugador de ostentar estas cualidades, pero no siempre la probabilidad juega a favor de obra. En el reciente documental sobre la Décima, es muy significativo comprobar cómo el capitán del equipo no participa en la arenga final, minutos antes de saltar al campo. Dejando al margen otros comportamientos de Iker Casillas, ese simple documento gráfico me parece suficientemente significativo como para entender que la comunicación con el grupo no es uno de sus fuertes, y en un momento en el que el capitán se debe hacer presente, otros tomaron el testigo de forma natural para alentar al grupo en busca de la ansiada Décima.

Adicionalmente, como reflejaba en mi artículo anterior, la permanencia tan prolongada en el club posibilita que los jugadores adquieran tal ascendencia dentro del club, que si en algún momento dejan de guiarse por intereses colectivos para dirigir sus pasos en una proclama más individualista, su condición de capitanes con carácter permanente se vuelve del todo contraproducente, puesto que dejan en suspenso su función y emplean esa fuerza mediática que les insufla el brazalete en pos de poner en una situación de enorme complejidad al club, que encuentra enfrente importantes condicionantes.

Por eso mismo me parece que la condición de capitán debería ser revisable y depender de la elección del que mejor conoce la ascendencia, en sentido positivo, de cada jugador: el entrenador. Recuerdo cuando se especulaba sobre el deseo de Mou de cambiar de capitán. Ese rumor llegó antes de los primeros ecos sobre los desencuentros personales entre el portugués y Casillas. Para Mou, el capitán no sólo desempeñaba un papel fuera del campo, sino que su presencia dentro del mismo también era importante. Por eso mismo, que el capitán del equipo se encontrase casi siempre a cincuenta metros o más del árbitro era un hándicap de relativa gravedad. No podía ejercer sobre el terreno.

Mi opinión es que el capitán del Madrid debe ser un ejemplo dentro y fuera del campo. No considero como un atributo exclusivo de los más veteranos o de los nacionales el conocimiento del pasado y la grandeza del club. Salvo que me hayan informado mal, un jugador como Stielike muy pronto se ganó el respeto de todo el entorno madridista y vivió y sintió el club como el mayor de los madridistas. Un ejemplo más reciente es el de Zidane, que si bien podría adolecer de cierto liderazgo comunicativo, resultó un perfecto ejemplo de integración y de respeto hacia la grandeza de este club. Que en el 90% de los casos el que más condiciones, de las antes comentadas, cumpla sea el que más tiempo lleva mamando el madridismo desde dentro no implica que esto tenga que ser inamovible. Independientemente de los deseos que tengamos cada uno, ¿acaso Sergio Ramos está teniendo una actitud digna de admiración por parte del madridismo? El manido "Con lo que nos ha dado" no debe ser un motivo decisivo y perenne, sino que los méritos de la capitanía se deben devengar día a día, ejemplo a ejemplo.

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Quizás pueda ser una locura, pero como apuntaba el Portanálisis de La Galerna, ¿por qué no Modric? Todo un ejemplo dentro y fuera del campo, trabajador como el que más y, aunque sólo lleve tres años en el club, que me digan en qué difieren los valores que irradia con los del madridismo de toda la vida. Pienso que la posible y controvertida capitanía de Marcelo hará que el propio club se replantee la idoneidad de sus criterios.

Es hora de posicionarse, madridistas, ¿qué pensáis vosotros?

 

(Foto de martiperarnau.com)