Las mejores firmas madridistas del planeta

At sea

Escrito por: Angel Faerna10 septiembre, 2015

Como siempre que vuelvo de las vacaciones estivales, me asalta el temor de no poder volver a entrar en la ropa de otoño-invierno. Hablo metafóricamente. No sé si será la lotería genética o alguna de las varias pedradas en la cabeza que recibí en mi belicosa infancia, el caso es que pasé de ser un niño más bien redondeado a adolescente larguirucho, y de ahí en adelante quedé privado de la facultad de engordar, como en una novela de Günter Grass. No, me refiero a ese sentimiento inquietante de haber perdido el hilo hasta tal punto durante el verano que parece imposible llegar a reconstruirlo. Por “verano” entiéndase aquí quince días, no se vayan a creer. Da igual: mi anclaje en la realidad debe de ser tan endeble que bastan dos semanas de desconexión para que a la vuelta me sienta como un antropólogo en Marte. (Aprovecho para agradecerle a Número Tres que interrumpiera fugazmente mi autoexilio para avisarme del triste fallecimiento de Oliver Sacks; entre los libros que me acompañaron en estos días de extrañamiento de lo real había uno suyo, como es lógico.)

 

El primer telediario siempre es una prueba de fuego. Asistes a la continuación de noticias cuyos primeros capítulos te has perdido, o de las que te faltan eslabones intermedios sin los cuales no puedes encadenar bien los nuevos acontecimientos con los que quedaron en tu memoria cuando te fuiste a la playa. Los ingleses usan una expresión muy gráfica para describir el estado de desorientación: to be at sea. No sé si la inventarían sus grandes marinos o sus veraneantes de Magaluf, pero así es como me siento en estos primeros días de septiembre, de regreso en Madrid: desconcertado como si aún siguiera con las canillas a remojo en el Cantábrico. Podría ponerles varios ejemplos, pero en atención a este foro me quedaré con el de la portería del Real Madrid.

Cuando eché la persiana a la realidad, el Madrid se había desprendido de Iker, había fichado a Casilla y trabajaba para traer a De Gea, mientras conservaba de momento a Keylor. No digo que no fuera un planteamiento inteligente, aunque desde luego de una inteligencia superior a la mía. Y como casi todo el mundo atribuye superpoderes a Florentino, la llegada de De Gea estaba fuera de toda duda y sólo quedaba saber por cuánto saldría al final la broma. Pero, al subir la persiana otra vez, me encuentro con que De Gea no sólo no viene sino que se plantea seriamente renovar con el United, con que Florentino ha perdido los superpoderes y se ha convertido en un pardillo, y con que el papá de Keylor está muy enfadado con el colonialismo español. Lo primero no me va a costar mucho procesarlo, es el pan nuestro de cada día en el mercado del fútbol aunque a alguna gente le encante llevarse las manos a la cabeza cada vez que ocurre (mejor dicho, cada vez que le ocurre al equipo que tiene clavado entre ceja y ceja). Lo segundo tiene algo más de enjundia: es curioso cómo se carga contra el presidente si le sale el tiro por la culata en una operación de fichajes, mientras que un cañonazo por la cureña como el de la frustrada remodelación del estadio (y alrededores) lo deja indemne, cuando imagino que el dinero perdido, el lucro cesante y lo turbio de la tramoya fue bastante mayor en el segundo caso. Pero, como tampoco estoy muy seguro de saber de lo que estoy hablando (con el fútbol siempre me pasa), dejo suelto este cabo por prudencia.

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Ya saben cómo funcionan las enumeraciones retóricas: el punto “tercero” siempre es el que uno quería de verdad mencionar. Ahí sí creo saber de qué estoy hablando: el colonialismo es sin duda el rostro más inmoral y despiadado de la historia de las potencias europeas, una mezcla terrible de saqueo económico, expolio cultural, abuso de fuerza y crueldad gratuita, del que nunca nos avergonzaremos lo suficiente. Esto está claro. Ahora bien: ¿qué me he perdido esta vez durante el verano? ¿Cómo hemos llegado de la portería del Real Madrid al colonialismo? I’m all at sea.

Para mi alivio, todos los años consigo recuperar el hilo en menos tiempo del que esperaba. Algún día no ocurrirá, lo sé, y será el momento de ir pensando en la eutanasia. Pero ahora al menos está ocurriendo, menos mal. Ahora caigo en que, cuando ningún argumento era lo bastante flojo como para no sumarlo a la lista de los dirigidos contra los defensores de Casillas, se llegó a decir que la suplencia (muy relativa) de Keylor era en el fondo una cuestión de xenofobia; y cuando se vio venir el fichaje de De Gea, se aprovechó para insistir en ello. Al parecer, había malas personas —además de malos madridistas— que consideraban una ignominia que la portería del Madrid fuera ocupada por un extranjero. ¿Alguna base para semejante aserto? Ni la más remota. El Real Madrid ha tenido extranjeros siempre y en todas las demarcaciones, casi da vergüenza tener que escribirlo. Muchos de ellos están en el panteón, con Don Alfredo en la cúspide; otros han sido olvidados, pero nunca por causa de su nacionalidad. Esto aquí lo sabe cualquiera, pero es posible que no resulte tan transparente para el público de Costa Rica, al que no tardó ni veinticuatro horas en llegarle la denuncia y entre el que caló instantáneamente por su más que comprensible susceptibilidad ante la discriminación de que son objeto sus emigrantes en países más ricos. La sustitución de la xenofobia por el colonialismo, aunque no tenga mucha lógica, ni histórica ni de la otra, parece una simple adaptación de la idea al imaginario latinoamericano.

El historiador de la familia es Número Uno, pero me atrevo a aventurar que la mentalidad propiamente colonialista murió en España con el Desastre del 98, si es que alguna vez llegó a arraigar de verdad. Ni siquiera la matraca paternalista del franquismo con la Hispanidad logró resucitarla; casi diría que la enterró para siempre, visto que a nadie con dos dedos de frente se le ocurriría enarbolar hoy esa bandera. Y en cuanto a la xenofobia, aunque ninguna sociedad esté libre de ella, no creo que forme parte de nuestros automatismos, como reza al menos el tópico sobre otros países. Si algo caracteriza todavía nuestro inconsciente colectivo es más bien un cierto complejo de inferioridad por el que lo extranjero siempre goza a priori de un plus de prestigio. Todo esto, por supuesto, no son más que vaguedades y generalizaciones, pero menos estrafalarias y, sobre todo, menos venenosas que la supuesta actitud xenófoba de nadie —que se sepa— hacia Keylor Navas.

Ahora que Keylor va a ser con toda probabilidad el titular de la portería la temporada entera, no sé qué tendrá que decir su padre. Y si el otro día oyó al Bernabéu aclamarlo contra el Betis, porque demostró su valía deteniendo un penalti (ojo, no parándolo solamente) y después con una impresionante estirada desde el suelo casi en la boca de gol, espero que no se le ocurra pensar que fue un acto de desagravio político. Bastante se desnaturalizan ya las reacciones de la grada, que a este paso van a tener que ser interpretadas por viejos kremlinólogos repescados de la jubilación, como para mezclarlas también con la agenda de la próxima Cumbre Iberoamericana.

Número Dos

Ángel, el segundo de los Faerna, es profesor de universidad. Procura enseñar Filosofía sin hacer más daño del inevitable. Su especialidad, si acaso, es la epistemología y el pensamiento clásico norteamericano, extravagancia que compensa con una desmedida afición por los buenos arroces.

5 comentarios en: At sea

  1. Hoy, creo que por primera vez si mi memoria no me falla, no estoy de acuerdo con Ángel. O sí, a medias. Estoy de acuerdo en la primera parte de su artículo, mas no en la segunda, pero que es la de mayor enjundia. El leitmotiv de su entrada de hoy, vamos. Y confieso que también me he quedado, después de leerle, en estado de desorientación: to be at sea (me quedo con la frase para el futuro, jé).
    El asunto Keylor es complejo, o así han querido "venderlo" desde la prensa deportiva española, que es donde se cocina todo esto y la que ocasiona estas interpretaciones con sus titulares, sus portadas, sus artículos y opiniones en radio, televisión y en prensa escrita desde hace dos años. Es mucho tiempo ya el que tenemos asistiendo día sí y día también, como testigos, al uso discriminatorio que han hecho (y siguen haciendo) los periodistas a Keylor. Y eso sí que no es subjetivo ni interpretable: las portadas, los audios, las emisiones están ahí, en las hemerotecas, disponibles para todos.
    Sí, puedo llegar a admitir que, tal vez -solo tal vez- hablar de xenofobia pudiera llegar a interpretarse como exagerado. Tal vez -y solo tal vez, repito-, el término más adecuado pudiera ser chovinismo. Pero el que realmente me desconcierta y me deja "fuera de base" (jerga beisbolera), es hablar acá de colonialismo.
    No lo veo. Pero prometo dejar pasar un par de días y volver a leer el artículo, con la mente fría, que siempre es bueno releer bajo otra perspectiva e intentar encontrar otros matices que ahora mismo no soy capaz de ver.
    En todo caso: me alegra saber que los Faerna están de vuelta. Eso siempre es buena noticia para La Galerna y para nosotros, los asiduos lectores de este rincón, "Band of brothers". 😉

    1. Imagino que Ángel habla de colonialismo porque las palabras textuales de Freddy Navas (padre de Keylor), extraídas de la prensa, son las siguientes:

      «En España ya saben cómo son, los de la colonización, quieren tener a un español como portero del Real Madrid, entonces al ver un centroamericano lo aceptan y no lo aceptan. Saben que es el mejor, pero por orgullo no lo aceptan»

      Entiendo que si yo me fuera de vacaciones dos semanas y vuelvo y me encuentro esto, alucinaría también un poco.

      ¡Un saludo!