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Aspas, Carla y yo

Aspas, Carla y yo

Escrito por: Pepe Kollins13 mayo, 2017
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Al término del partido disputado anteayer entre el Manchester United y el Celta, Iago Aspas declaró: "Un grupo de amigos ha arrinconado a jugadores de 80, 90 y 120 millones". Poco después, servidor, que había leído en Twitter una transcripción no literal de las palabras del delantero gallego, redacté el siguiente tuit:

<<Aspas: "El Celta es un equipo de amigos, el United solo es dinero". Claro, y tú te fuiste al Liverpool para ampliar tu circulo de amistades>>.

Lo que en principio pensaba sería un mensaje sin apenas recorrido, transcurridas 24 horas va camino de los 3.000 retuits. Antes de nada quiero expresar que me equivoqué. Primero, por no contrastar la información. Segundo, por entrecomillar una declaración que no era literal y en la que el uso del término “solo” añadía un tinte de menosprecio del que no fue participe el jugador del Celta. Por eso mismo pido sinceras disculpas a Iago Aspas, al Celta y al celtismo.

Pero ahora que le he cogido el relevo mediático a Carla, quisiera emularla manifestando cuál era la verdadera motivación que me llevó a escribir ese tuit (aunque sin micrófonos, que yo soy del Madrid). Últimamente asistimos con frecuencia a un descrédito de la victoria y los vencedores por parte de algunos vencidos que se valen de la demagogia para arrogarse una posición de superioridad moral.

En el reciente derbi madrileño disputado en Champions, la afición del Atlético de Madrid, los jugadores rojiblancos y el propio club colchonero enarbolaron la bandera del orgullo cuando fueron derrotados 3-0 por el Real Madrid en el Bernabéu. Ante el duro correctivo, en juego  y goles, del equipo blanco, en la orilla del Manzanares se rebelaron alegando que ellos habían aplaudido a los suyos en la derrota mientras que los merengues silbábamos a las primeras de cambio a nuestras estrellas. Habían sido goleados, pero, sorprendentemente, los únicos que habían tenido un comportamiento honroso (más allá de mancillar la memoria de un difunto) eran ellos.

Asistimos a un descrédito de la victoria y los vencedores por parte de algunos vencidos que se valen de la demagogia para arrogarse una posición de superioridad moral

En la previa de la vuelta, la cuenta oficial de Twitter del club del Manzanares inició una batería de tuits en ese mismo sentido: "Te quiero por tus valores, no por lo que ganas #NoLoPuedenEntender" rezaba uno de ellos. De nuevo, se menospreciaba a un equipo poniendo en solfa su triunfo en comparación con las virtudes éticas del club perdedor (más allá de alojar y amparar a una banda de bárbaros en uno de sus fondos).

El argumento no era novedoso. Hace apenas dos meses, Gerard Piqué rechazaba públicamente la posibilidad de aceptar una oferta del Real Madrid “porque no le gustaban los valores que transmitía”. A día de hoy, todavía no tenemos noticias ni de a qué valores se refería el central azulgrana, con respecto al club madridista, ni de cuáles presumía que serían los adecuados (más allá de divertirse escupiendo a un anciano por la espalda o de vejar a un policía municipal).

Tanto a la desconsideración de Piqué, como a la de los tuits de la entidad rojiblanca, salió al quite Sergio Ramos. A su compañero de la selección española el camero le advirtió de que “no iba a cambiar los valores ni los títulos de nuestro club por más que hablase”, en una precisión muy atinada que ponía en un mismo plano los títulos conseguidos y los valores.  Pues los unos no hubieran sido posible sin los otros. Al entorno colchonero, que atacaba en círculo como los indios, el capitán del Real Madrid les recordó que ni él ni sus compañeros “se habían criado en Beverly Hills” y que en todo momento ellos daban muestra de humildad sobre el terreno de juego.

Esa misma tarde Gabi rechazó, a colación de las palabras de Ramos, que un jugador del Real Madrid pudiera atribuirse el concepto humildad (entendemos que más allá de Filipe Luis, Juanfran y Saúl, formados en la cantera blanca). “La humildad no tiene que ver con el dinero”. Y efectivamente: por lo visto, para ellos tenía que ver con la derrota.

Y es en ese punto cuando retornamos el testigo de Iago Aspas. En su declaración de ayer (la textual) el de Moaña volvió a utilizar la misma táctica de hacer del presunto demérito de la victoria del rival un mérito de la derrota del perdedor: "Nosotros somos un equipo de amigos y ellos un equipo que ficha a jugadores de 80, 90 y 120 millones". Lo primero que habría que resaltar es que el Celta no necesita restar valor al triunfo del Manchester para destacar la enorme temporada que ha realizado en la Europa League. Lo segundo que hay que señalar es que Aspas no dice la verdad.

El Celta no necesita restar valor al triunfo del Manchester para destacar la enorme temporada que ha realizado en la Europa League.

Restringir el concepto amistad a su equipo es puramente arbitrario. Algunos tuiteros vigueses me argumentaban ayer que “eran un grupo que habían crecido juntos desde que eran niños”. Pero, si uno repasa los jugadores que participaron en el partido de anteayer, solo cuatro de los catorce futbolistas del equipo gallego eran de la cantera. El resto, todos extranjeros menos un sevillano fichado hace unos meses y solo uno  de ellos con más de tres años de antigüedad en el equipo. De hecho, entre los integrantes del United había un núcleo de veteranos y canteranos más numeroso que el de los gallegos. ¿Podían ser amigos? Probablemente no desde la óptica de Iago Aspas, porque el concepto “hemos jugado un grupo de amigos” del gallego - es de entender que referido a Hugo Mallo, Jonny, Sergio Álvarez y él mismo -  difícilmente se lo hubiera atribuido a Nacho, Carvajal, Morata y Lucas Vázquez.

Tampoco tenía razón Iago cuando afirmó que habían jugado contra jugadores de 80, 90 y 120 millones. De los catorce jugadores que disputaron el partido por parte del Manchester solo el coste de dos superó los 40 millones: Paul Pogba (105) y Mkhitaryan (42). Además, los fichajes de nueve de los red devils que jugaron el partido no llegaban ni a los 30. Pero sí, efectivamente el Manchester United, a pesar de ser el sexto clasificado de la Premier y de estar desde hace años en horas bajas, es un equipo que tiene muchísimo más dinero que el Celta. Una riqueza que es consecuencia de una historia centenaria plagada de éxitos conquistados a pulso. Por riqueza, historia y éxitos similares, él marchó un día a Liverpool y no a hacer amigos precisamente.

Porque el potencial futbolístico de un equipo no depende solo del capital con el que cuente, como ha quedado demostrado con clubs que han recibido un ingente mecenazgo durante años y que pese a ello no consiguen pesar en Europa. Es también, entre otras cosas, un carácter ganador que te confiere un palmarés que, a su vez, cala en la camiseta. Un carácter de quienes nunca salen a competir como si fuera una cosa de amigos. El carácter de una afición que se niega a aceptar como válida cualquier derrota.

Adoptar ese carácter es el primer paso para no refugiarse en excusas de mal perdedor, dicho sea con todos los respetos hacia el club Celta de Vigo y por qué no también hacia el Atlético de Madrid.