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Asensio, Lucas y una flor de 4,5 millones

Asensio, Lucas y una flor de 4,5 millones

Escrito por: Paul Tenorio27 abril, 2018
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Imaginemos, que no cuesta nada. El Real Madrid dobló la rodilla hace un año ante el Bayern, claudicando ante la portentosa exhibición de talento y personalidad, tanto en la ida, con una magnífica asistencia a Lewandowski, como en la vuelta, con un golazo en la prórroga arrancando del centro del campo y deshaciéndose de todos los defensores blancos, de un joven alemán que se estrenaba ese mismo año en el equipo bávaro, Markus Aschemacher. Un mes después, en la final de Cardiff, puso la guinda marcando el último gol a la victoria por 4-1 ante la Juve. Y al año siguiente, en semifinales y de nuevo frente al Madrid, fue capaz de encarrilar una importante victoria fuera de casa cambiando el partido tras el descanso y definiendo un contragolpe con la letal serenidad que sólo tienen los más grandes cuando encaran al portero. En la cúpula del Real Madrid, impresionados por esa descomunal zurda sujetada por una cabeza bien compartimentada y presionados por la prensa, que siempre quiere caras nuevas extranjeras aunque luego pida nacionales en el campo y siempre quiere fichajes de relumbrón aunque luego acuse de despilfarrar el dinero, contactaron con el Bayern y ofrecieron 250 millones de euros, que tal y como está el mercado parecía un precio razonable. “No está en venta” fue el exabrupto obtenido en contundente y cortante alemán. Inmediatamente, Uli Hoeness colgó. Ya le birlaron a Kroos casi gratis y a Markus no se lo iban a llevar ni por todo el oro del mundo.

Ahora aterricemos. La historia es al revés, ya saben. Markus Aschemacher no es de Augsburgo, sino de Palma de Mallorca, y se llama Marco Asensio. Ha destrozado al Bayern en sus tres últimos enfrentamientos, le costó al Real Madrid 3,5 millones de euros y su valor actual no puede estar por debajo de los 200 millones. Tuvo 27 ofertas en el verano de 2014, según le contó su agente Horacio Gagglioli a la periodista Arancha Rodríguez. Entre ellas una del Barcelona, de los primeros clubes en mostrar interés por ese adolescente (madridista) que emitía una luz especial en Son Moix. Los azulgranas lo pudieron amarrar unos meses antes de que el Madrid, en diciembre, se decidiera por la operación. Pero Bartomeu se negó a pagar de una sola vez los 4 millonazos que pedían en Mallorca. Quería abonar 2,5 millones en la firma y otros 2 cuando el chico debutara con el primer equipo. En el Madrid, club deportivamente a la deriva como todo el mundo sabe sin la imprescindible figura de un director deportivo, se lanzaron sin embargo a por el mallorquín. José Ángel Sánchez, que con Florentino y Zidane van haciendo esa labor de director deportivo y ganando Copas de Europa como buenamente pueden, cerró el trato y el ascenso meteórico de Asensio a ver quién lo frena ahora. Partiendo de una jerarquía muy inferior a las que ocupaban, en pasado, Benzema y Bale en la escala establecida por Zidane, les ha adelantado como Marc Márquez adelantaría a Alejandro Valverde. También frenó la llegada de Mbappé, pues Asensio fue uno de los elementos que se pusieron en una balanza, que andaba casi al 50% entre el sí y el no, junto con el precio, el salario que exigía el francés y su demanda de minutos. Porque Asensio tiene juventud, velocidad, potencia y gol, porque elige bien en el campo, porque siempre tiene una salida hacia delante (con lo infrecuente y diferencial que es eso) porque atesora uno de los mejores golpeos del fútbol actual y porque, desde el primer día, pisa firme en los partidos donde a muchos profesionales les tiemblan las piernas. En Münich no fue titular, pero volvió a acaparar los titulares. Poco a poco va añadiendo medallas a su recién estrenada carrera en la élite. Será titular muchas veces en el futuro en los grandes partidos. Todas las veces, si no le ocurre ninguna desgracia. Lo sabe Asensio, lo sabe Zidane, lo sabe el vestuario y lo sabe el Bernabéu. Hay fuerzas de la naturaleza que no se pueden contener, y Asensio es una de ellas.

Lucas Vázquez es otro que vuelve de Münich habiendo dado un salto de calidad. Uno más. Se trata de un caso muy diferente. Formado en Valdebebas desde el Juvenil C, tuvo que emigrar para demostrar sus cualidades como atacante, algo siempre difícil en un Madrid que realiza sus grandes desembolsos en jugadores de corte ofensivo, renombre internacional y rendimiento probado.  Pero en el club no perdieron de vista sus magníficas actuaciones en el Espanyol. Enmarcado en esa política tan criticada de vender, observar y en algunos casos recomprar (recordemos cuando, con sorna, los enemigos del Madrid se jactaban de que este o aquel canterano acabarían sus días en el Getafe o el Valladolid, como si por cierto eso fuera fácil y una deshonra), Lucas siguió los pasos de los Arbeloa, Casemiro o Carvajal. Regresó por un millón de euros a Madrid. Y desde entonces, cada vez que pisa el césped hace a su equipo jugar con 12. Así de sencillo. Así de valioso.

En ataque, Lucas es vertical, veloz, tiene desborde, sabe asociarse, es generoso no sólo en el esfuerzo, sino en su visible desinterés a la hora de buscar la gloria personal sobre la del equipo. Posee también Lucas una buena toma de decisiones en el campo, algo común a todos los buenos jugadores. Hace goles y asiste (de hecho, más que nadie esta temporada). Se entiende con Cristiano como si fueran hermanos. De hecho, su intercambio de roles en defensa en el tercer gol al Atleti en las semifinales del año pasado y su contraataque posterior es uno de los mejores tantos que he visto en los últimos años, aunque nunca gane un premio Puskas pues no tiene espectacularidad ni plasticidad, pero sí complicidad e inteligencia en dosis industriales.  Y siendo un 7,5 en todo, sin balón aporta un valor añadido que le hace marcar la diferencia, pues todo jugador del Madrid debe hacerlo de un modo u otro. En fase defensiva es un zaguero más, complicado de superar en el uno contra uno, con una gran resistencia para acumular kilómetros en las piernas, disciplinado, sacrificado, recorriendo con espíritu inquebrantable los 105 metros del largo del campo en ambas direcciones, una y otra vez. Y si tiene que hacer de lateral porque pierdes a Carvajal y Nacho está lesionado, lo hace con nota. Además, es madridista. Se ve en su cara, se escucha en sus declaraciones, se huele en el Bernabéu. Impregna el vestuario de buen rollo y jamás ha dicho una sola mala palabra cuando le ha tocado el banquillo o, como en la final de Cardiff, la lacerante grada. Tampoco le dio por patalear y  buscar una salida, como hizo Morata, quien igual no va a un Mundial donde sí va a estar Lucas en lo que sería una lección kármica inolvidable. Lucas sólo entiende el éxito desde el trabajo, y a eso se ha dedicado. Por eso es un elemento tan valioso para cualquier plantilla y por eso es un imprescindible en este Madrid de Zidane. Fueron especialmente injustas las críticas, a veces hirientes, que recibió de parte de la afición madridist