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Prólogo pobre

Prólogo pobre

Escrito por: Antonio Escohotado15 junio, 2020
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Esperaba un Real exultante por recuperar a Hazard y Asensio, pero apareció la versión súper-campeonísimo que a veces prevalece, y me quedé con Ramos y Courtois como únicos dignos de encomio. Fue pletórica la cabalgada del capitán -desde un balón cortado al borde su área al empujado un par de metros antes de la portería contraria-, y demostró cuánto daño hace la subida en vertical de un hombre extra, cuando el fútbol ha acabado consistiendo en interferir al contrario, y las redes defensivas mal resisten la aparición de un jugador imprevisto. También nuestro portero me pareció brillante en un balón a la cruceta de los comienzos, cuando el marcador en contra habría forzado un partido muy distinto del que fue, probablemente superior por dinamismo y empeño.

También fueron excelentes los goles, en contraste con el churro absoluto del del conjunto eibarrés. El de Kroos fue marca de la casa, que los blancos solo echaremos de menos cuando su derecha deje de producir obras maestras, normalmente cruzadas hacia la parte superior o inferior del poste opuesto –a veces usando cámara lenta-, aunque otras sean trallazos al más cercano. Puede pegarla fuerte, a despecho de no soler hacerlo, y de sus goles me admira la proporción lograda con lanzamientos próximos a la raya del área grande. Los productos germánicos son insuperables en cualquier rama de la gama alta, y sin perjuicio de que los emperadores del balompié hayan sido sobre todo brasileños, argentinos, uruguayos y holandeses, Alemania añade a Beckenbauer, Müller y alguna otra estrella ingenieros como Kroos, una máquina de pasar que de vez en cuando la pega como Puskas. Si se tomase su profesión como vocación, en vez de cumplir sus jornadas laborales de modo acorde con una remuneración de alta gama, quizá habría crecido –o crezca- hasta el rango de crack destacado.

Del segundo gol ya intenté mencionar lo esencial, y cabe añadir la oportuna decisión de Hazard asistiendo a Ramos, cuando otros delanteros habrían chutado por ansia de gloria personal. Solo elogios merece algo después el misil de Marcelo, que reverdeció sus laureles con un balón rara vez empalmado así sin venir de bote pronto, perfectamente tenso desde la bota al fondo de las mallas. Compensaba con ello la enésima pifia de esta temporada y la previa, ya que en el minuto 4 ignoró una pelota suya en todo caso, deparando al Eibar un centro gratuito desde la zona del córner. Allá Zidane con sus alineaciones, y me gustó ver a Mendy por la otra banda, donde por lo visto sigue cumpliendo.

Aparte de lo dicho, la versión súper-campeonísimo del Real corresponde a una desidia inexplicable en otros términos, capaz por ejemplo de no chutar una sola vez a puerta durante todo el segundo tiempo, donde por juego no hubo modo de saber por qué difieren tanto las fichas de los merengues y las de los eibarreses. Dimitrovic no tuvo más trabajo que Courtois, y ni diez manos bastan para contar con los dedos la jugada madridista consistente en pasar para atrás o en horizontal, mediando cinco o siete toques de cada jugador, concluida por algún pase inexacto a algún compañero que está más arriba. Coagulado por algo inseparable de la autocomplacencia, el motor del conjunto funciona en estos casos al ralentí, y es una pena.

Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado

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