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Andrés Nocioni, uno de los nuestros

Andrés Nocioni, uno de los nuestros

Escrito por: Mariano Galindo3 abril, 2017
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Un día de verano, de ese verano que debía suceder al mejor curso de la historia del Real Madrid pero que se quedó sólo en una Copa del Rey, el cuadro merengue anunciaba el fichaje de Andrés Nocioni, camino entonces de los 35 años, con casi todo hecho en el baloncesto, título olímpico con Argentina incluido. Nocioni llegaba al Madrid que casi no es de Laso, pues en esa jornada de julio de 2014 cuando se hizo oficial la contratación de El Chapu, Pablo Laso acababa de ser confirmado en un banquillo que estuvo cerca tener que abandonar una semana antes.

Estaba el Madrid ante los posos de su peor café, ante la resaca de su peor fiesta, aquella que prometía amor eterno y que terminó con un desmoronamiento sin precedentes. El Madrid de los récords, el Madrid de la 2013/14 que se iba a comer el mundo, sufrió la pesadilla de Milán, el ver cómo se le escapaba la segunda Euroliga seguida, de manera dramática otra vez, con una prórroga imborrable en el triste recuerdo de las tragedias blancas. Al naufragio de Italia le sucedió la Final de la Liga Endesa, perdida 3-1 contra el Barça y Pablo Laso abandonando el Palau en silla de ruedas, expulsado, enfurecido, abatido.

“Nos ha faltado garra, espíritu, sabe jugar estos partidos”, era el comentario común que muchos aficionados lanzaban tras la derrota en Milán. Como la debacle última en la Liga Endesa respondía más a una razón física, y principalmente mental,  por el disgusto europeo, el Madrid pronto se puso manos a la obra. ¿Queréis carácter, veteranía, arrojo, garra? El hombre era Andrés Nocioni.

Media Euroliga fue suya

Con la mente fría para no hacer locuras, en el Madrid se apostó por Laso, por el proyecto, sin volantazos. Aquello que decía Rubalcaba de que no era bueno “legislar en caliente” alcanzaba aquí su mejor ejemplo. Unida a la continuidad de Laso, con algunas ausencias de su cuerpo técnico, el Madrid se empezó a reconstruir. Se iba Mirotic a la NBA, un golpe que sobre el papel parecía crítico pero que luego se reveló como menos duro de lo que se pensó en un inicio. El club veía salir también a Draper, al que se le echó tanto de menos en la funesta tarde de Milán y a Darden, complemento perfecto que buscaba un contrato todavía mejor en Grecia.

Pero llegaron recambios como KC Rivers, Maciulis…y ¡Nocioni! No fueron pocos los que dijeron que se había fichado a un tipo de vuelta de todo. A sus casi 35 años, con temporadas en la NBA y campeón olímpico, ¿qué iba a hacer este hombre ya en el Madrid? Pues precisamente poner la guinda a su vida deportiva, justamente con lo único que le faltaba: coronarse como campeón de Europa.

Y para ello no dudó en irse a uno de los eternos rivales del que era, hasta ese momento, el equipo de su vida, el Baskonia. Nocioni salía de Vitoria consciente de que si quería ganar la Euroliga, el destino debía ser el Real Madrid. Estaba ante la última oportunidad de lograrlo, en el invierno de su carrera profesional.

Nocioni necesitaba al Madrid pero el Madrid también lo necesitaba a él. La relación que fundaron en 2014 termina ahora, al menos en lo que a las pistas se refiere. La retirada de Nocioni nos pone un punto nostálgicos y, como todo jugador que lo deja, nos hace un poquito más mayores.

Es inevitable reconocer que ese dúo Madrid-Nocioni triunfó a la primera, con la Euroliga ganada en casa en mayo de 2015. Nocioni llegó al club más laureado de la historia para esto, para sumar, para alcanzar el título que le faltaba y de paso darle al Madrid la gloria continental que tanto tiempo llevaba sin amasar.

En ese Madrid del triplete (Liga, Copa y Euroliga) decir que Nocioni fue esencial no es descubrir nada. Él, inteligente en la pista al mismo nivel que los bemoles que ponía sobre ella, por no utilizar una palabra más fuerte y más ilustrativa, se convirtió en la llave que le dio al Madrid su Novena.

El argentino siempre reconoció que había llegado al Madrid para eso, para ser el rey de Europa. Acabó como MVP de la Final Four 2015 y para siempre quedará su semifinal ante el Fenerbahçe y la final contra el Olympiacos, en la que los fantasmas de 2013 sobrevolaron el Palacio. Entonces, Nocioni colocó un tapón en el primer cuarto, robó una pelota en el segundo y lanzó con sus triples al Madrid tras la vuelta del descanso. Esos detalles puntuales en la primera mitad, ese tapón, ese robo, pusieron como una moto a sus compañeros, les quitaron la tela que les podía hacer dudar de que esta vez sí, Europa era suya. En un equipo casi perfecto, la dureza del Olympiacos y la historia pasada había creado algunas fisuras al inicio de la final. Nocioni lo arregló y el resto terminó de entrar en calma. El Madrid, otra vez campeón de Europa.

Había llegado para eso y se va con eso. Y con algunas Ligas y Copas que todavía pueden ser más de aquí a junio, incluido un posible nuevo éxito continental.

Con un curso en el Madrid Nocioni ya se ganó el cariño de la afición y se podría haber marchado siendo uno de sus ídolos contemporáneos. No es fácil en un plantel así, en un club con tanto relato detrás, convertirte en uno de los nuestros. Él lo ha logrado en menos de tres temporadas. Y ya se queda para la eternidad en el selecto grupo de jugadores blancos elegidos para el recuerdo.