Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Al carajo la resignación

Al carajo la resignación

Escrito por: Jesús Bengoechea1 marzo, 2019
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Una atmósfera plomiza pesa sobre el Bernabéu. Un fatalismo atroz se ha adueñado de las almas de cara al Clásico de hoy, en gran medida a raíz de lo sucedido en el Clásico copero del miércoles. La sensación es que el Madrid fue eliminado y vejado en el marcador por un Barça de medio pelo en el cual ni siquiera Messi tuvo que hacer verdadero acto de presencia. El buen juego de los de Solari fue tan constatable como baldío, y ello genera, a su vez, ante la perspectiva de un nuevo choque ante el mismo y gran rival, el apunte de un fatum irrevocable.

No sé ustedes, pero yo como madridista me niego.

Si yo, como madridista, no tengo un ápice de rebeldía ante esta especie de preaceptación de un nuevo varapalo, yo como madridista dejo mucho que desear.

Si yo, como madridista, asumo calladamente y con la cabeza gacha que esta noche los de Valverde nos vuelven a pintar la cara, yo como madridista estoy honrando muy remotamente el recuerdo de las grandes noches de gestas que han conformado la esencia del club.

Si yo, como madridista, doy por hecho un nuevo fiasco ante los de Bartomeu y Rubiales, estoy haciendo un deficiente homenaje al legendario orgullo que comporta el escudo.

Si yo, como madridista, salto hoy al campo o me siento en mi localidad o ante la tele (cada uno lo que proceda) con la testuz doblada ante la asunción de una nueva hecatombe, querré mucho a Juanito y a Don Alfredo y a Gento y a Zidane y a Mijatovic y a Raúl, pero no estoy teniendo la actitud que ellos tuvieron ni (más aún) siquiera la que ellos querrían que yo tuviera. Esta es una hermandad que venera a sus héroes. Hagamos lo que ellos harían, que es exactamente lo que querrían que hiciéramos, es decir: creer.

Porque yo, como madridista, tengo derecho al escepticismo, claro que sí. Yo como madridista tengo derecho a presumir (¡presumir!) en las redes sociales de que ya no estoy ni nervioso porque nos van a volver a fornicar. Yo como madridista tengo derecho al miedo de quedar como un ingenuo por haber creído que se podía. Yo como madridista tengo derecho a decir “borrón y cuenta nueva”. A decir “bah, para qué emocionarme”. A decir “me he acostumbrado a perder contra estos, a ser vejado por estos”.

Claro que tengo derecho. Ahora bien: si quiero ejercerlo, a continuación tengo que preguntarme para qué estoy entonces en esta historia. Si no creo absolutamente siempre que el Madrid (¡el Madrid!) puede ganar, para qué coño estoy en esta historia. Si no creo precisa y exactamente, sin resquicio para el derrumbe, que el Madrid puede ganar y luego remontar seis o siete puntos de 39 que quedan por disputarse, para qué demonios estoy en esta historia. Porque yo, como madridista, tengo derecho al derrotismo, pero si lo tengo es por una única razón, sencillísima y devastadora: que el mal madridista es tan madridista como el buen madridista. De esta máxima emanan los sacrosantos derechos al descreimiento a los que me refiero.

Salid ahí fuera y preguntad a los culés si están seguros de que van a ganar. Salid ahí fuera y preguntadles si saltarán al campo o se sentarán en su localidad o ante la tele (cada uno lo que proceda) con tranquilidad y sin miedo. Salid ahí fuera y preguntad. Digo yo que una confesión sincera por parte de ellos debería servir para enterrar vuestra aceptación, vuestro conformismo, vuestra (perdonad) blandura de mierda.

Al carajo la resignación. Salid al campo y a la grada y a la tele (es lo mismo, y la alquimia consiste en que lo sea) con el ánimo encendido y el espíritu presto para la lucha. Los obstáculos que se intuyen están ahí con la única función de haceros más grandes. Apretad los dientes, y en el grito posterior descubrid el gozo inabarcable de las grandes ocasiones.

Hala Madrid.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea