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50 años del madridismo de John Ford

50 años del madridismo de John Ford

Escrito por: Athos Dumas31 agosto, 2023
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El 31 de agosto de 1973, justo hoy hace 50 años, se iba en silencio, como hombre siempre parco en palabras, el mejor director cinematográfico de todos los tiempos, Sean Aloysius O’Fearna, o bien John Martin Feeney, conocido por todo el mundo como John Ford, aunque para sus íntimos era Jack Ford o, simplemente, Pappy.

Una figura irrepetible, admirada por todos sus compañeros de profesión —algo insólito en ese mundo tan competitivo— y enormemente respetada. En el mundo del fútbol, tan solo figuras como Santiago Bernabéu, en tareas directivas, o Alfredo Di Stéfano, como deportista excepcional, podrían ser comparadas con el mítico John Ford. Curiosamente, a estos tres colosos inigualables se les achacaba tener bastante mal genio, o por lo menos, un carácter agrio y difícil. Erróneamente, sin duda alguna, ya que aquellos que tuvieron la fortuna de convivir o de trabajar con ellos siempre hablaron maravillas, como enormes profesionales que eran y como líderes indiscutibles. Su supuesta acritud era debida a ciertos rasgos de timidez y a su incansable lucha por la búsqueda de la excelencia en todo lo relacionado con sus tareas de trabajo. Había que perforar esas duras corazas para descubrir que estos tres seres excepcionales no eran, en realidad, tan fieros. Ni mucho menos.

Di Stéfano y Bernabéu

El más grande innovador del cine desde D.W. Griffith, Orson Welles, siempre decía que el mejor director de la historia era Jack Ford. Frank Capra, Howard Hawks (íntimo amigo de Ford), John Huston, Leo Mc Carey, William Wyler, Anthony Mann o metteurs en scène europeos como Fritz Lang, Jean Renoir, Michael Curtiz, Otto Preminger, pensaban exactamente igual. Los mejores directores de la actualidad, ya veteranos, como Martin Scorsese, Clint Eastwood, Steven Spielberg, siempre nombran a Ford como aquel director que les inspiró para iniciar sus exitosas carreras dentro del cine. No puede ser pues casualidad que todos coincidieran o sigan coincidiendo: John Ford ha sido el más grande de toda la historia, sobrepasando a mitos excepcionales como el propio Griffith, a Chaplin, a De Mille, a Kubrick y a todos los genios de la industria del celuloide.

Además de centenares de testimonios al respecto, hay datos irrefutables que corroboran dicha afirmación: y es que, como el Real Madrid, único club capaz de haber alcanzado, hasta hoy, 14 Copas de Europa, el trofeo más valioso y deseado de todo el planeta fútbol, John Ford sigue siendo, 50 años después de su fallecimiento, el rey de los trofeos de cine: ganador nada menos de 6 premios Oscar de Hollywood (cuando los Oscar eran realmente sinónimo de prestigio y de calidad) al Mejor Director.

Hace 50 años, se iba en silencio, como hombre siempre parco en palabras, el mejor director cinematográfico de todos los tiempos, Sean Aloysius O’Fearna, o bien John Martin Feeney, conocido por todo el mundo como John Ford, aunque para sus íntimos era Jack Ford o, simplemente, Pappy

A saber, 4 por diversos largometrajes, El delator, Las uvas de la ira, ¡Qué verde era mi valle! y El hombre tranquilo, más otros 2 por documentales, La batalla de Midway y El 7 de diciembre. Para hacerse una idea, los dos segundos realizadores más laureados en estos premios (como el AC Milan en el balompié, que está a 7 trofeos de distancia del Real Madrid), son, con 3 estatuillas, los fabulosos Frank Capra y William Wyler. Y con 2 premios están, entre otros, nombres tan ilustres como Leo Mc Carey, Billy Wilder, Joseph L. Mankiewicz, George Stevens, Elia Kazan, David Lean, Fred Zinnemann, y más recientemente, por ejemplo, Steven Spielberg, Clint Eastwood, Oliver Stone, Ang Lee y los mexicanos Alfonso Cuarón y Alejando González Iñarritu.

Y es que Ford también tenía la costumbre, como nuestro Real Madrid, no de jugar una final, en este caso no de ser simplemente nominado a mejor director, sino de ganar dicha final, o sea, el trofeo. 7 nominaciones (la séptima fue La diligencia, película que Orson Welles confesó haber visto no menos de 30 veces antes de emprender el montaje final de su fabulosa y revolucionaria Ciudadano Kane), para 6 premios ganadores, una estadística casi inmaculada.

John Ford Oscars

Lo mejor de todo es que ninguno de sus memorables westerns, género que reinventó y lideró durante casi 4 décadas, incluyendo a La diligencia, consiguió ganar ningún Oscar, y ni tan siquiera fueron nominadas obras maestras absolutas como su célebre Trilogía de la Caballería (Fort Apache, La legión invencible y Río Grande), Pasión de los fuertes, sobre el célebre duelo a muerte en OK Corral, Centauros del desierto (la mejor película de la historia para Steven Spielberg), Misión de audaces o El hombre que mató a Liberty Valance, además de sus valiosas colaboraciones en un episodio de La conquista del Oeste (sobre la Guerra de Secesión) o de numerosas escenas en las que asesoró activamente a su querido John Duke Wayne en El Álamo. Por no nombrar otras joyas como El caballo de hierro (su mejor película muda), Tres padrinos, Caravana de paz, El sargento negro, Dos cabalgan juntos y tantas otras.

Curiosamente, en los años 40, 50 y 60, el género del western no merecía el reconocimiento de la Academia de Hollywood pese a ser prolífico en cintas de calidad que arrasaban en taquilla y que eran muy del gusto del gran público. Ford hizo una obra maestra tras otra sobre el Lejano Oeste, pero no logró premio: algo así como la Quinta del Buitre, que conquistó miles de corazones y enamoró a toda una generación, con un fútbol exquisito de alta escuela, con exhibiciones semanales sobre cada terreno de juego y con la admiración de toda la afición, madridista o no, pero cuya maravillosa trayectoria nunca fue premiada con una Copa de Europa.

Como el Real Madrid, único club capaz de haber alcanzado, hasta hoy, 14 Copas de Europa, el trofeo más valioso y deseado de todo el planeta fútbol, John Ford sigue siendo, 50 años después de su fallecimiento, el rey de los trofeos de cine: ganador nada menos de 6 premios Oscar de Hollywood (cuando los Oscar eran realmente sinónimo de prestigio y de calidad) al Mejor Director

Hubo que esperar a 1990 (precisamente el año de la 5º liga seguida de la Quinta) para que Hollywood premiase como mejor película a un western, Bailando con lobos (Kevin Costner también logró el premio al mejor director), y, 2 años después, volvió a triunfar ese mismo género, tan menospreciado décadas atrás, con la victoria de la espléndida Sin perdón, dirigida (también con premio para su realizador) por uno de los más grandes admiradores del viejo Jack Ford, Clint Eastwood.

Pese a que gran parte de las jóvenes generaciones dan cada vez más la espalda a los viejos clásicos cinematográficos (los tachan a menudo de lentos, aburridos, anacrónicos, obsoletos, pasados de moda, conservadores, anticuados, extemporáneos, incluso inadecuados), lo cierto es que nadie ha sabido dirigir cada escena como Pappy Ford. Les invito a que vean —si no las han visto todavía— por ejemplo La diligencia o Fort Apache o El hombre tranquilo. No hay ni una sola toma de más, ni un gesto sobrante. La cámara siempre está en su debido lugar, sin tener que emplear arabescos, planos estrambóticos o travellings audaces. Cada actor que aparece en cada plano está colocado perfectamente en él por algún motivo. Permítanme decirles que eso no pasa hoy en día con ninguna película ni con ningún director: siempre hay escenas prescindibles, diálogos de más, planos que aportan poco o nada a la trama.

La diligencia

Alguna vez que hablamos sobre cine mi amigo Joe Llorente y yo coincidimos, en plan jocoso —pero no sin tintes serios—, en que el cine de verdad acabó hace ya 60 años, con El hombre que mató a Liberty Valance. He sabido después que un erudito estudioso del cine como Eduardo Torres-Dulce dice a menudo lo mismo en el programa de radio “Cowboys de Medianoche”. Algo de eso hay, créanme. A mediados de los años 60, la mayoría de los estudios míticos de Hollywood se desmoronaron, por quiebras económicas o por cambios de los gustos de los espectadores o por múltiples factores socio-políticos de diversas índoles. Liberty Valance, estrenada en 1962, es un western en blanco y negro (el anterior western sin color de Ford fue 12 años antes, Rio Grande), absolutamente crepuscular, y muestra la decadencia del viejo Oeste, el triunfo de los políticos sobre los míticos héroes pistoleros, el triunfo de la leyenda por encima de la realidad. Describe un poco el fin de la inocencia. Coincide curiosamente con la decadencia y final del mejor equipo de fútbol de toda la historia universal, el de Di Stéfano, Gento, Santamaría, Puskas, Kopa, Zárraga, Rial, Alonso, Marquitos. No se ha visto nada igual desde entonces, será prácticamente imposible que ningún conjunto consiga 5 copas de Europa seguidas en el futuro; todos los que tuvieron la suerte de vivir esa época coinciden en que aquello será irrepetible, un equipo tan dominador, tan luchador y con tan exquisito talento, admirado y respetado como ninguno en todo el planeta. Coincidieron 5, 6, 7 de los mejores jugadores del mundo en el mismo momento, en el mismo lugar. El futuro desde ese instante iba a ser, ni mejor ni peor, simplemente muy diferente.

Y Liberty Valance, en ese sentido, es un punto y aparte. La obra que resultó ser el testamento final del mejor director de todos los tiempos (aunque luego hizo tres películas más, La taberna del irlandés, El gran combate y Siete mujeres, todas muy notables, pero de valor mucho menor) cierra una etapa del cine y se abrieron otras, diferentes, y, para este articulista, notablemente inferiores.

El cine de verdad acabó hace ya 60 años, con El hombre que mató a Liberty Valance

Hace pocos días tuve la oportunidad de volver a ver una película de Ford que en su momento no me convenció, me parecía lenta, intrascendente y algo tediosa. Se trata de Cuna de héroes. Su título original es The long gray line, que es como se define en Estados Unidos la tradición de las generaciones de cadetes (vestidos de gris y que desfilan con perfectas líneas rectas) que van pasando por la prestigiosa academia militar de West Point, en el estado de Nueva York. Cambié radicalmente de opinión al volver a visitarla, es francamente recomendable.

Cuna de héroes

La historia del protagonista, un suboficial, Marty Maher, que pasó 40 años en la academia formando cadetes (memorable interpretación de Tyrone Power, arropado por la divina Maureen O’Hara) se puede relacionar con la tradición que se vive desde hace décadas en el Real Madrid, en el que el testigo de los valores como el compañerismo, el deber, la entrega, el respeto y tantos otros se transmiten desde los tiempos de Zamora, pasando por los de Di Stéfano y de Gento, hasta la generación yéyé de Amancio y Pirri, seguidamente, la Quinta del Buitre, el Madrid de Raúl y sus tres copas de Europa, hasta llegar poco a poco a los tiempos actuales, una nueva Edad de Oro del club con otras 5 copas de Europa en 9 años. Los jugadores, incluso los mejores, van pasando (como los militares brillantes de West Point, en la película vemos los comienzos, por ejemplo, del que llegó a ser presidente de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower), pero la institución sigue firme en pie, manteniendo los pilares fundamentales de su razón de ser y aumentando su prestigio con el paso de los años.

No podemos dejar pasar al hablar de Jack Ford de la inmensa pléyade de secundarios excepcionales que pasaron por sus películas. Ford, como ha quedado dicho, cuidaba todos los detalles de la producción, y, en particular, todos y cada uno de los miembros de los respectivos repartos. Además de sus estrellas favoritas, John Wayne (en 24 películas), Henry Fonda (en 9), Maureen O’Hara (en 5), James Stewart (en 5), siempre se rodeaba de su John Ford Stock Company, fieles compañeros de batallas a los que nunca dejaba en la estacada: Jack Pennick (41 películas, nada menos), y los imprescindibles Harry Carey Sr. (27), Ward Bond (24), Victor McLaglen (12), George O’Brien (12), John Carradine (11), Anna Lee (8), Hank Worden (8), Jane Darwell (7), Donald Crisp (5), Andy Devine (5), Barry Fitzgerald (5), Ben Johnson (5), Berton Churchill (5), Vera Miles, Woody Strode, Thomas Mitchell y decenas de característicos más, sin olvidar a su hermano mayor, Francis Ford (32 películas), que fue el que le inyectó el veneno del cine.

No podemos dejar pasar al hablar de Jack Ford de la inmensa pléyade de secundarios excepcionales que pasaron por sus películas. Y es que las estrellas son importantes en un equipo, sin duda, pero muchas veces, el pegamento para lograr el éxito es a través de secundarios imprescindibles

Y es que las estrellas son importantes en un equipo, sin duda, pero muchas veces, el pegamento para lograr el éxito es a través de secundarios imprescindibles. Eso pasa también en el Real Madrid, en el que tienen mucho valor por supuesto los mejores de cada época (Zamora, Quincoces, Regueiro, Molowny, Di Stéfano, Gento, Puskas, Kopa, Santamaría, Amancio, Pirri, Santillana, Juanito, Stielike, Butragueño, Michel, Sanchis, Raúl, Hierro, Redondo, Roberto Carlos, Casillas, Zidane, Ronaldo Nazario, Marcelo, Ramos, Cristiano, Xabi Alonso, Modric, Benzema, Kroos, Bale, Casemiro, Courtois) como los que les acompañaron y sostuvieron en cientos de ocasiones: los Ciriaco, Ipiña, Barinaga, Muñoz, Rial, Marquitos, Zárraga, Zoco, Velázquez, Grosso, Miguel Ángel, Benito, Del Bosque, Camacho, Gallego, Cunningham, Chendo, Buyo, Martín Vázquez, Gordillo, Guti, Salgado, Helguera, Morientes, Mijatovic, Seedorf, McManaman, Beckham, Higuaín, Robben, Arbeloa, Pepe, Di María, Varane, Isco o los actuales Carvajal, Nacho, Lucas Vázquez y Alaba. A los que ya se están incorporando nuevas generaciones de “cadetes” que seguirán dando toneladas de gloria como Vinicius, Militao, Valverde, Rodrygo, Camavinga, Tchouaméni, Bellingham y muchos más.

En buena lid: Una forma de vida

50 años han pasado desde su marcha y, posiblemente, entre las 100 mejores películas de todos los tiempos tendrían cabida una docena de las de John Ford. En definitiva, un director único, comprometido con sus valores y con su país (acabó la 2ª Guerra Mundial con el grado de Comandante) y una persona íntegra, como lo demuestra un episodio que describe su forma de ser.

Somos directores de cine y hablemos de cine. Como el Real Madrid. Somos un club de fútbol y hablemos de fútbol. En el terreno de juego. No hacemos ni haremos política. Nunca

Y es que Ford, que tenía fama de ser parte del establishment y al que se le tildaba de feroz anticomunista, protagonizó valientemente, allá por 1950, una gran defensa a favor de Joseph L. Mankiewicz, director y guionista sospechoso de ser comunista en plena caza de brujas en tiempos del senador McCarthy. Ford se enfrentó nada menos que a Cecil B. de Mille (gloria del Hollywood dorado y furibundo McCarthysta), que pedía la cabeza de Mankiewicz, precisamente por sus ideas políticas. Esta fue la famosa intervención de John Ford en la liga de directores de Hollywood: “Me llamo John Ford y hago westerns. No creo que haya nadie en esta sala que sepa lo que quiere el público estadounidense como lo sabe Cecil. Pero no me gustas, Cecil, y no me gusta lo que has estado diciendo hoy aquí. Propongo que le demos un voto de confianza a Joe (Mankiewicz) y luego nos vayamos a casa a dormir un rato”.

Es decir, integridad, autoridad moral y preeminencia artística. Y huir siempre de la política. Somos directores de cine y hablemos de cine. Como el Real Madrid. Somos un club de fútbol y hablemos de fútbol. En el terreno de juego. No hacemos ni haremos política. Nunca.

Que nunca quede en el olvido la inmensa obra cinematográfica de Jack Ford, por favor.

 

Getty Images.

2 comentarios en: 50 años del madridismo de John Ford

  1. ¡Jodo! Este pedazo de artículo, que empezando en agosto casi termino su lectura en septiembre, me ha parecido una maravilla. El mejor halago que puedo hacer de Pappy Ford, no sabía que era el apelativo cariñoso con que se dirigían a él los íntimos, es la pura verdad; no me gustan los westerns, me gusta John Ford.
    Este escrito de es de una minuciosidad , rigor y acierto impresionante.
    Las analogías entre el Real Madrid y el cine relacionado con el maestro de maestros son perfectas.
    Uno también cree percibir la integridad moral de
    buena parte de los autores de la Galerna.

  2. Imposible. ¿Cómo olvidar a un grande entre los grandes cuyos clásicos es imposible cansarse de ver una y otra vez? No lo duden, si Ford viviese, sería madridista.
    Eso sí, discrepo de mi admirado cowboy Torres-Dulce: películas como "Primera plana", "El padrino", "2001", "Sin perdón", "En busca del arca perdida", "Blade runner" y hasta la menos popular "Dublineses", todas posteriores a Liberty Valance, demuestran que hubo clásicos del cine a finales de siglo XX. ¿Y en el XXI? Guardo silencio.

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