En un partido menos plácido de lo que el marcador parece indicar, el Real Madrid derrotó al Rayo Vallecano con un juego irregular, vistoso a ratos pero con algunas lagunas. Mbappé anotó un doblete, y Güler ofreció unos minutos memorables, al final, saliendo desde el banquillo.
Diomande se presentaba como la gran novedad en el once, presencia muy celebrada por las redes sociales con matices, eso sí. Se lamentaban algunos de que el sacrificado en lugar del marfileño fuese Güler, que tras haber descansado forzosamente ante el Inter se perfilaba como titular, y se preguntaban cuándo sucederá que el descanso llegue a alguno de los llamados intocables, léase Mbappé, Vini y Bellingham. El francés marcaría dos goles, y tanto el inglés como el brasileño intercalaron méritos y errores.
En defensa, Rüdiger y Carreras por Huijsen y Cucurella. Un centrocampista, Bernardo Silva, sustituía a un no-centrocampista que ante los italianos intentó en vano jugar como tal. Silva resultó mejor que Trent, pero tampoco hizo el mejor partido de su lustroso historial.
La cosa empezó con imprecisiones, especialmente por parte del árbitro, que no precisó lo suficiente su valoración de un agarrón a Diomande como para enseñar la preceptiva tarjeta. En el minuto de Juanito, Mbappé fue derrumbado en el área, pero ni al tal Verdura ni a los comentaristas de DAZN les pareció tampoco “suficiente”. Cuestión de precisión.
Presionaba el Rayo más arriba de lo esperado y el Madrid se mostraba algo atontolinado. De hecho, Camello hizo una primera aproximación, con un disparo flojito que no puso en apuros a Courtois. La ausencia de especialistas en el balón parado (ni Güler ni Trent) hacía albergar pocas esperanzas, siquiera, en el balón parado, con Mbappé y Vini botando gilicórners codo con codo.
A los doce minutos, penalti inocente de Lejeune sobre Carreras. Mbappé se quitó el mal sabor de boca del fallo ante el Betis. Empezó su carrera igual, con una de esas paradinhas que no nos gustan nada, según tenemos muy hablado en el pueblo, pero el disparo fue inapelable. 1-0.
Como ante el Inter, no tardó el Madrid en hacer valer la presión alta que Mourinho está implantando. Vini se la robó a (de nuevo) Lejeune, y el despeje de su centro por parte del portero rayista solo sirvió para que la bola cayera a los pies de Bernardo. A partir de ahí, sencillez: del portugués a Carreras, de él a Mbappé, y la pared de este la manda para dentro el lateral. 2-0, y el apunte de un partido plácido, apunte que por poco se acentúa a renglón seguido con un chut de Vini que Audero no llegó a blocar, pero sí a palmear después para evitar que remachase Mbappé. Camello, el rayista más incisivo, respondió a continuación con un tiro desde fuera del área al que respondió Courtois estirándose como un resorte.
El Madrid ganó en agilidad y empezó a gustarse. Diomande buscó el centro con pericia pero chutó fuera. Mbappé se mostraba dinámico y móvil, cayendo a ambas bandas, pero no siempre acertado. Como premio a esa mejoría, una internada marca de la casa de Vini acabó con el canónico pase de la muerte para que Bellingham hiciera el tercero desde la frontal del área con un remate certero y sabio. A estos dos les encanta regalarse goles, y el abrazo lo refrendó. Jude iría de menos a más. Otra incursión muy parecida minutos después, con el Madrid desatado, por poco supone el debut goleador de Bernardo, pero la cosa salió mordida.
El Madrid estaba en modo apisonadora. Diomande lanzó un córner que Rüdiger remató fuera por poco. Además, protagonizó incursiones que dan fe de su tremenda arrancada por potencia y calidad técnica. Le queda mucho camino, pero calidad le sobra, y muestra compromiso y seriedad.
La cosa se enfocaba ya hacia el descanso cuando Mbappé lanzó un trallazo al poste tras perfilarse después de un rápido saque de banda de Carreras. Hubo tiempo incluso para una parada de Courtois propia de ocasión más egregia que este partido: el belga voló a la escuadra. Su autor fue Pedro Díaz, que a la vuelta del descanso se confirmó como un gran chutador mandándola al poste desde su casa.
Otras cosas que pasaron a la vuelta del descanso es que Mou decidió dar ídem a Valverde y meter a Camavinga, y que Vinicius decidió dar pábulo a sus detractores perdiendo un balón arriesgado cerca de área propia que Camello no desaprovechó para el 3-1. Jugaban ahora con alegría los visitantes mientras los locales se empeñaban en dar rienda suelta a su peor vicio, adquirido últimamente: desaprovechar contragolpes. Un chutazo de Lejeune obligó a otra gran parada de Courtois, con Mou iracundo en el banquillo, máxime cuando vio a Dumfries conceder un córner absolutamente absurdo. La desconexión tras la salida del vestuario era notoria, motivo por el cual Mou puso a calentar al personal.
Superado el minuto 69, se desató la pitada. El Rayo lo bordaba, y por poco acorta distancias en triple jugada: primero, el enésimo buen tiro lejano, y la enésima buena parada de Thibaut; después, un remate de cabeza franco que fue fuera por poco; por último, otra vez Lejeune a escasos metros del gol. Mosqueo del público, organizado o no. Motivos había.
El Madrid intensificaba la presión mientras Mou metía a Tchouaméni en lugar de Bernardo Silva, tratando de meter cemento que frenara la sangría. Rüdiger y Konaté se ponían nerviosos y sembraban el pánico en las filas propias. Mou quitó a Diomande para dar entrada a Güler. No va a quitar a ninguno de los tres no quitables ni cuando OpenIA y Anthropic dominen el mundo y le arrebaten el poder.
La entrada de Güler se notó mucho, sobre todo a balón parado. En prácticamente el mismo minuto, en una falta lateral y un córner, casi amplía el marcador vía cabezazos de Dumfries y Rüdiger. En un visto y no visto, por añadidura, le hicieron un penalti y regaló al público tres o cuatro jugadas de una técnica y lucidez supremas, una de las cuales casi adelanta el segundo de Mbappé. Güler debe jugar siempre, como volvió a verse en la penúltima jugada del partido, un contragolpe, esta vez sí, bien aprovechado: cabalgada de Camavinga, Güler continúa y su asistencia la aprovecha Mbappé para marcar en un gran disparo raso, casi sin ángulo.
Con esa lección póstuma, que no es poca cosa (piénsenlo antes del quitar a Güler), el partido fue muriendo con un Rayo más que digno y un Madrid más compuesto merced al turco.












Como crece Guler bajo la batuta de Mou, partido a partido, aunque no sea titular, quizás sea lo mejor de esta temporada. 21 primaveras.
Por un lado se queja de los tres que se van a sustituir nunca y por otro Guller debe jugar siempre. Usted también tiene jugadores fijos amigo.