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3-0: Real Cristiano

3-0: Real Cristiano

Escrito por: Quillo Barrios2 mayo, 2017
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Suele decirse que uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde. Y es verdad. Pero en el fútbol, a veces, cabe una excepción. El Real Madrid ya sabe lo que tiene cuando le mira a los ojos a Cristiano Ronaldo. El portugués es el Real Madrid. Ha encarnado 115 años de historia en su imponente figura. Le caben todos y cada uno de los días de vida que tiene el club blanco. Cristiano es grandeza, es mito, es fuerza, es prodigioso. Algún día volverán a pitarle porque en el Bernabéu hay injusticias que nunca morirán, pero este es un futbolista al que ya se le reconoce su inmenso tamaño sin ni siquiera vislumbrarse su retirada.

Cristiano Ronaldo es grandeza, es mito, es fuerza, es prodigioso

Imagínense dudar de Cristiano Ronaldo tras triturar al Bayern Munich con cinco goles. En realidad, no lo imaginen, directamente sucedió. Se le puso en el ojo del huracán. Del más grande siempre se espera que resbale y caiga. Pasa con el Real Madrid y lleva años pasando con Cristiano Ronaldo. Por eso los dos son uno. Ante el Atlético de Madrid, ambos volvieron a gritarle a Europa que el Rey viste de blanco. No es fácil meterle tres goles a uno de los equipos más rocosos del planeta. Y mucho menos en un partido en el que los miedos atenazan y el respeto se multiplica por dos. Cristiano no tuvo ningún miedo y sintió, desde el minuto uno, que el respeto había quedado arrojado en el vestuario justo antes de pisar el césped.

Fue una noche con sabor añejo, una de esas que reconcilian a cualquiera con la Copa de Europa. El Real Madrid venía de vivir una así contra el Bayern Munich y quiso repetir. Entró al campo enchufado, con Isco desordenando y el equipo instalándose rápido en territorio colchonero. El Bernabéu se encendió como sólo se enciende en las noches que huelen a gloria. Pronto supo el Atlético de Madrid que el partido se le haría largo. Al filo del minuto diez, primer gol de Cristiano. Centró Casemiro y el portugués cabeceó con violencia a la red. Estalló el estadio y celebró con cierta calma Zidane, que parecía indicar con su mirada que el plan iba según lo previsto. Los hombres de Simeone acusaron el golpe en los instantes posteriores y Simeone se pasó media primera mitad pidiendo un fuera de juego que ni Neptuno vio en el 1-0.

Pese a todo, la Copa de Europa tiene momentos que pueden cambiar hasta las mejores historias. Gameiro y Keylor Navas protagonizaron uno de ellos. El francés quiso regatear al portero blanco para poner el 1-1 y congelar el Bernabéu, pero Keylor sacó una mano donde parecía imposible y evitó el empate. Hundió más al Atlético de Madrid esa intervención que el propio gol de Cristiano Ronaldo. Esta vez la suerte no estaba de su lado y en Europa volvía a mandar el de siempre.

En la segunda mitad, con Nacho en lugar del lesionado Carvajal, el Real Madrid mezcló control con transiciones feroces. El partido era indescifrable para un Simeone que ni siquiera cerró la herida con los cambios. Más bien al contrario. Sólo un gigantesco Griezmann mantuvo el orgullo de un Atlético de Madrid que se arrodilló ante cada golpe.

Las líneas empezaron a abrirse ante la llegada de los minutos finales y Zidane decidió meter a Marco Asensio por Isco. Aparecieron espacios y el Real Madrid intuyó el cielo a lo lejos. Asensio castigó con dureza la banda derecha del Atlético de Madrid. Toni Kroos, cuyo partido fue antológico, terminó de tomar el centro del campo para firmar un encuentro absolutamente memorable. Y, en medio del escenario, Cristiano Ronaldo. Quiso sentenciar y lo hizo. Esta vez no hubo miel en los labios. Dos zarpazos y 3-0. Zidane se agitó en el área técnica como nunca. Se vio tan cerca de Cardiff que corrió en las celebraciones como si fuera un jugador más. De hecho, a esta histórica noche sólo le faltó un control suyo para frenar en seco un balón caído del cielo.

Quedan noventa minutos y Simeone ya ha avisado que el Atlético de Madrid peleará hasta el final. Sin embargo, el madridismo puede y debe ilusionarse con una final que parece más cerca que nunca. Historia por hacer.