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Modric: luz de la Estrella de Eärendil

Modric: luz de la Estrella de Eärendil

Escrito por: Athos Dumas2 agosto, 2017
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Para mi amiga Marilés.

El dorsal 10 siempre tuvo una magia especial en el fútbol, no en vano lo portaron, ya bien en sus clubs o en sus selecciones nacionales jugadores que forman parte de los mejores de siempre: Pelé, Maradona, Zidane en Francia. Hay muchos más ejemplos.

En el Real Madrid, si bien es cierto que hasta 1995 en nuestra liga no se oficializó la normativa de los dorsales fijos para toda una temporada, ese dorsal lo lucieron nada menos que Pancho Puskas, Manolo Velázquez, Günter Netzer, Martín Vázquez, Laudrup, Clarence Seedorf o Luis Figo. Ciertamente, desde que se marchó Figo al Inter en 2005, el dorsal número 10 en el Madrid ha tenido dueños cuyo rendimiento fue cuando menos irregular: Robinho, Sneijder, Özil y últimamente James Rodríguez. Por no hablar de la laguna que supuso que lo portara una mediocridad como Lass Diarra, a todas luces esas temporadas 2009-2010 y 2010-2011 (luego jugó con el “24”, cuando desembarcó Mesut Özil por Chamartín) el mítico dorsal no pudo caer más bajo, en cuanto a calidad futbolística se refiere.

12 años después de la marcha de Figo, por fin podemos decir que nuestra zamarra del 10 vuelve a su máxima dignidad en 2017: la va a lucir el gran Luka Modric, portador hasta hace poco del 19 (con el que jugó y ganó las Copas de Europa en 2014, 2016 y 2017), y que también viste como capitán de la selección nacional de Croacia.

Luka Modric es el faro del equipo desde hace 5 años. Es la luz de la Estrella de Eärendil, la misma que Galadriel regaló al hobbit Frodo para afrontar los peligros por las tierras de Mordor. “En este frasco —dijo Galadriel— he recogido la luz de la estrella de Eärendil, tal como apareció en las aguas de mi fuente. Brillará más en la noche. Que sea para ti una luz en los sitios oscuros, cuando todas las otras luces se hayan extinguido".

Más de una vez, de diez veces, de cien veces, cuando las demás luces madridistas se han apagado en los terrenos de juego, ha aparecido la luz de Luka para brillar en los sitios oscuros. ¿Qué sitio más oscuro, más siniestro, más pavoroso se le ocurre a cualquier madridista que estar en el minuto 92 y 30 segundos, cierto 24 de mayo de 2014, en el Estádio Da Luz en Lisboa? Yo, no recuerdo nada parecido a estar al borde de un horrendo precipicio, un abismo fatal digno de la batalla entre Gandalf el Gris y el demoníaco Balrog, que acabó con ambos precipitándose al vacío, ante el estupor de la Comunidad del Anillo. Yo así me sentía en ese mismo instante. Todo era oscuridad, Mordor estaba a punto de salirse una vez más con la suya. Ya no habría esperanza en la Tierra Media futbolística. En ese mismo momento, cuando todas las otras luces ya se habían extinguido, apareció nuestra Estrella de Eärendil, el hijo de Zadar, ciudad que sufrió notablemente la guerra en los Balcanes entre 1991 y 1995 (Luka nació en 1985). Sólo Luka podía arreglar el desaguisado que iba a coronar en breves minutos al Atlético de Madrid como campeón de la Copa de Europa. Quedaban un par de minutos para que el holandés Kuipers pitara el final del encuentro. Y Luka, ayudado por las plegarias de Galadriel y de todos los Hobbits, Enanos, Elfos y Humanos (incluidos los Montaraces) de la Tierra Media, puso milagrosamente un balón que el gran Aragorn/Trancos/Ramos pudo alojar de un certero cabezazo en las redes de Thibaut Courtois (al que no llamaré orco, parece buen chaval).

En esa ocasión, la luz que emana Modric nos salvó de la amargura, de los sinsabores, de la ignominia eterna de perder una final ante nuestro histórico rival convecino. Ha habido muchas más. Muchísimas más. No en vano, en las cinco temporadas que hemos tenido el privilegio de contar con él en nuestro equipo, ya ha disputado más de 200 partidos (214 en concreto), aportando entre otras perlas 11 goles y 32 asistencias, 2 de las cuales han sido en finales de Copa de Europa: la de Lisboa y la muy reciente de Cardiff, que valió para que Cristiano pusiese el 3-1 en el marcador y que el Madrid noquease definitivamente a la Juventus de Turín.

No es ninguna casualidad que la temporada en que sufrió una larga lesión (2014-2015) fuese la peor de las últimas cinco temporadas del Real Madrid. Ese año se perdió, por ejemplo, los cuartos de final de UCL ante el Atlético de Madrid (la eliminatoria agónica de Chicharito) y, sobre todo, la infausta semifinal ante la Juve, en donde el centro del campo Kroos (como pivote), Isco y James no pudo con el poblado mediocampo rival de Vidal-Pogba-Pirlo-Marchisio. Casi todos los madridistas pensamos que, con Luka presente aquella noche, es más que posible que el Madrid hubiese remontado el 2-1 de la ida en Turín.

La lesión de Modric en la 2014/2015 coincidió con la peor de las últimas cinco temporadas del Real Madrid

También es bueno recordar que en la semifinal 2012-2013, en la ida en el Signal Iduna Park de Dortmund, el día del famoso póker de Lewandowski (4-1), todo hizo pensar que Luka Modric jugó muy mermado físicamente (fue sustituido por el Fideo Di María en el segundo tiempo) en un día que se difuminaron las esperanzas de que el Madrid de Mou llegase, en el tercer intento, a una final de Copa de Europa.

Luka, a quien algún periódico (creo recordar que fue Mundo Deportivo) le quiso otorgar el premio al peor fichaje de 2012-2013. “42 millones para tapar vergüenzas”, fue el titular de Sport cuando se confirmó su fichaje, mientras en aquellos días titulaban aquello tan cómico como “Crack Song”. Periodistas afamados como Maldini criticaron su fichaje desde el minuto uno, aunque ahora lo ensalzan. Algún tuit indecente como aquél “No cambio a Luca (sic) Modric por Miguel de las Cuevas ni de coña” ya forman parte de lo más absurdo jamás escrito en la historia del balompié.

Luka Modric está ya, por méritos más que notables, en el corazón de todos los aficionados merengues. Por su humildad, jamás ha sacado los pies del plato ni sobre el terreno de juego ni fuera de él, por su discreción, por el buen rollo que transmite su talante, por su calidad innata, por su profesionalidad, por haberse adaptado a Madrid y al Real Madrid (recordemos que en el Tottenham fue media punta, en Croacia se adapta al pivote o a veces al volante derecho), por apadrinar a un muy posible futuro Modric como es Mateo Kovacic. El 10 en la élastica blanca está, por fin, en manos y espalda inmejorables.

Luka, doy a las gracias cada día por esa aparición que hizo que apareciera la luz en las tinieblas de Lisboa. Sin ti no habría Décima. Quién sabe lo que hubiese pasado sin ese mágico pase tuyo. ¡Muchas gracias, Luka! O, como bien decís en lengua croata, “Puno hvala!”.